(navigation image)
Home American Libraries | Canadian Libraries | Universal Library | Community Texts | Project Gutenberg | Children's Library | Biodiversity Heritage Library | Additional Collections
Search: Advanced Search
Anonymous User (login or join us)
Upload
See other formats

Full text of "Boletín - Real Academia de la Historia"

BOLETÍN 



HBAIv ACADEMIA EB l^JL HISTORIA 



BOLETÍN 



DE LA 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



TOMO XL.II 




MADRID 

ESTABLECIMIENTO TIPOGRÁFICO DE FORTANET 

IMPRESOR I>E LA REAL ACADEMIA OE LA HISTORIA 

Calle de la Libertad, núm. 29 
I <)o3 



«En las obras que la Academia adopte y publique, cada autor será res- 
ponsable de sus asertos y opiniones; el Cuerpo lo será solamente de que 
las obras sean acreedoras á la luz pública. 



I 



£07831 



Es/ a /ufo xxv. 



tomo xlii. Enero, 1903. cuaderno i. 



BOLETÍN 



DE LA 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



INFORMES 



i. 

D. JUAN BAUTISTA MUÑOZ. CENSURA POR LA ACADEMIA 
DE SU .HISTORIA DEL NUEVO MUNDO». 

Antecedentes. 

Nombramiento de Académico de D. José de Guevara Vasconcelos. 

A propuesta del Director, limo. Sr. D. Pedro Rodríguez Cam- 
pomanes, del Consejo de S. M., Fiscal en el Supremo y Cámara 
de Castilla, fué admitido como Académico supernumerario, en 
Junta de 31 de Agosto de l/JO, D. José de Guevara Vasconce- 
los, clérigo, doctor en Sagrada Teología, natural de Ceuta, cole- 
gial en el de Jesuítas y en el inglés de Sevilla, y en el Sacro- 
monte de Granada. Tomó posesión en 7 de Septiembre. 

El mismo Director volvió á proponerle para ocupar vacante 
en la clase de numerarios, y se posesionó en 1 1 de Agosto de 
1 775. Designósele al mismo tiempo para desempeñar las funcio- 
nes de anticuario, y habiéndose instalado por entonces la Aca- 
demia en la Real Casa Panadería, se le arregló habitación en e! 
edificio. Al discutirse el informe de la Comisión encargada de 
examinar la «Historia del Nuevo Mundo», de Muñoz, formuló 
voto particular y lo sostuvo con empeño, pronunciándose en 
contra de la impresión de aquella historia. 



6 boletín de la real academia de la historia. 

Nombramiento de Académico 
de D. Ramón de G nevara Vasconcelos. 

También le propuso para Académico supernumerario el Direc- 
tor Campomanes, tomando la posesión en II de Abril de 1777. 
\ poco tiempo, el 8 de Agosto, leyó en Academia la traducción 
castellana que había hecho de algunos lugares de la Historia de 
América, que acababa de publicar en inglés, en dos tomos en 4. , 
el I)r. Robertson, Rector de Edimburgo y Cronista de Escocia, 
advirtiendo que este célebre escritor hacía elogio del Director 
de la Academia. 

Diéronse al Sr. Guevara gracias por su trabajo y se le estimuló 
á emprender por completo la traducción de la obra, considerán- 
dola muy útil y gustosa al público. 

En sesión del 5 de Septiembre notició el Director haber he- 
cho el Sr. Guevara la traducción recomendada, y le encargó co- 
men/ara la lectura en la Junta siguiente. Así se verificó, conti- 
nuándola en las consecutivas, y el referido Director fué hacien- 
do observaciones para formar las notas con que se había de ilus- 
trar la versión castellana. 

Se concluyó esta lectura en 14 de Noviembre, Junta en la que 
se nombró una Comisión para que, reunidas las observaciones 
hechas, redactara las notas.de ilustración. 

Gestión del Director Campomanes. 

Propuso en sesión de 19 de Diciembre que la Academia con- 
sultase á S. M. sobre impresión de la traducción castellana hecha 
por D.Ramón de Guevara Vasconcelos de la «Historia fiel descu- 
brimiento de la América» del Sr. Guillermo Robertson, y acep- 
tada la idea, lo fué asimismo la minuta como sigue: 

Señor: La Real Academia de la Historia, para desempeñar el 
largo de Cronista mayor de las Indias, está obligada á promo- 
ver por todos los medios que pueda la instrucción pública, y 



D. JUAN BAUTISTA MUÑOZ. 7 

perpetuar la memoria de las acciones ilustres de los españoles en 
aquellos vastos dominios de V. M. 

No son menos recomendables la equidad, acierto y justicia 
con que establecieron y consolidaron su Gobierno los augustos 
progenitores de V. M. 

Los historiadores regnícolas refieren aquellas acciones célebres 
y sabias providencias con gran naturalidad y orden: con todo, 
sufren la injusta nota de interesados en las glorias y la política 
de su nación. 

Los escritores extranjeros circunspectos, instruidos y juicio- 
sos, están libres de aquella censura, si por otro lado se han im- 
puesto en los monumentos originales de nuestra historia de In- 
dias y han sabido con imparcialidad hacerse cargo de los hechos 
y de las causas coetáneas. 

Estas cualidades se ven unidas en el Dr. Guillermo Robertson, 
y hacen recomendable su «Historia del descubrimiento de Amé- 
rica», que acaba de publicar en idioma inglés. 

La Academia la ha juzgado digna de ser traducida al castella- 
no, y ha encargado este trabajo á D. Ramón de Guevara Vas- 
concelos, uno de sus individuos. 

En ella se verá elogiado el mérito verdadero de los varones 
insignes que dieron pruebas de su valor, de su celo por la reli- 
gión, y aumentaron tan grande espacio de país á la obediencia 
de sus soberanos. Se ven aplaudidas las ordenanzas que fué ne- 
cesario promulgar para su nuevo gobierno y población, de don- 
de ha resultado el cuerpo legal en que está arreglada la Admi- 
nistración de justicia á aquellos vasallos, la integridad y sabidu- 
ría de sus tribunales, el estado actual de su comercio, sin olvidar 
Robertson. lo que puede contribuir á extenderle y mejorarle. 

En esta obra se hace el debido elogio al Gobierno de Indias, 
desde que subió al trono de España la augusta Casa de Borbón 
y al comercio libre de las islas y península de Yucatán, debido á 
las consumadas experiencias de V. M., de que se ven felices y 
rápidos progresos, no siendo menos digno de nuestra gratitud el 
establecimiento del correo marítimo con que se ha facilitado el 
tráfico y allanado el camino á los recursos de aquellos vasallos. 



8 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Las naciones cultas han conocido el juicio y solidez de esta 
obra, y han procurado traducirla en el idioma propio, y mayor 
es el interés de la nuestra en que se comuniquen sus noticias y 
reflexiones. 

I). Ramón de Guevara ha concluido la traducción: se ha visto 

en la Academia, y puede afirmarse que el traductor no cede en 

- elegancia ni en la pureza del estilo al inglés, y podrá mirarse 

como si originalmente la hubiese producido nuestra Academia. 

La Academia añade sus notas en aquellos pasajes históricos, 
cuya puntualidad no era dable al Dr. Robertson por falta de do- 
cumentos. 

Aunque este docto escritor observa mucha exactitud, la tra- 
ducción se aventaja en esta parte, y nada omite la Academia 
para que salga completa bajo de los soberanos auspicios de V; M. 

Para dar á la nación la Academia un constante testimonio de 
su celo, suplica á V. AI. se digne permitirle imprimir esta tra- 
ducción con las notas y adiciones correspondientes, ó resolverá 
\ . AL lo que más sea de su agrado. — Madrid y Diciembre \J 
de i;;;. 

Para que acompañase á la consulta entregó el Director un 
papel que dice: 

Excmo. Sr.: Muy señor mío: en 17 de Agosto de este año 
manifestó á V. E. como se estaba haciendo la traducción de los 
dos primeros tomos de la «Historia del descubrimiento del Nue- 
vo Mundo» hecho por los españoles á fines del siglo xv. 

Y. E. se sirvió decirme en 18 del mismo, en contestación á mi 
oficio, con aquel deseo que tiene de adelantar la instrucción pú- 
blica, facilitaría se diesen por esa Secretaría de Estado y del 
Despacho universal de Indias del cargo de V. E., por las del 
Consejo y su Contaduría general, las noticias que se necesitasen 
para rectificar las notas de Robertson. 

lia llegado este caso por haberse concluido la traducción de 
esta obra y estar en estado do empezarse á imprimir, como lo 
v-rá Y. E. por la consulta de la Academia, que va adjunta, para 
obtener el Real permiso y licencia. 

Para que sean conocidas las personas destinadas por la Acá- 



D. JUAN BAUTISTA MUÑOZ. 9 

demia para recoger estas noticias, se ha nombrado átres Acadé- 
micos, que son, D. Ignacio Hermosilla, D. Antonio Mateos Ma- 
nilo y D. Ramón de Guevara Vasconcelos, que ha hecho la tra- 
ducción. 

Por este mismo orden, estando D. Ignacio de Hermosilla en 
la Secretaría del Despacho de Indias, puede desempeñar en ella 
este encargo. 

D. Antonio Murillo acudirá á solicitar las noticias oportunas 
en las dos Secretarías del Consejo de Indias, y D. Ramón de 
Guevara á la Contaduría general, sirviéndose Y. E. expedir sus 
órdenes respectivas para que tenga cumplimiento, en el supues- 
to de que no se intenta sacar de las Secretarías ni Contaduría pa- 
pel y documento alguno original, quedando el modo y la forma 
á la instrucción que V. E. se sirva prescribir. 

Ea calidad de las noticias que se desean es bien conocida de 
V. E., pues está reducida á las especies que contiene en sus no- 
tas la Historia de Robertson, en que se advierte disminución y 
error algunas veces por falta de documentos en lo geográfico, 
político, económico y comerciable, y mucho más en el cálculo 
de población. 

Como D. Ignacio Hermosilla sigue las jornadas, convendría que 
V. E. autorizase á D. Manuel de Ayala, que puede facilitar mu- 
chos documentos, por su curiosidad en recogerlos de todas partos. 

Y como la Academia desea hacer el mejor uso de ellos, es 
digna de la protección de S. M. en todo esto, y acreedora á que 
se le suministren, como Cronista mayor de las Indias, los docu- 
mentos necesarios para puntualizar las obras que vaya produ- 
ciendo tocantes al desempeño de su instituto; pues sin hechos 
bien averiguados, mal puede acrisolarse la verdad. 

Con ellos, la traducción de Robertson parecerá original y ga- 
nará la preferencia, sin duda, á las que se están haciendo en otras 
partes, esto es, en París y Florencia. 

Y ofreciéndome á la disposición de V. E. , ruego á Dios guar- 
de á V. E. muchos años. — Madrid y Diciembre 2/ de I JJJ. — 
B. L. M. á Y. E. su más atento servidor D. Pedro Rodríguez 
Campomanes. — Excmo. Sr. D. José de Gálvez. 



10 boletín de la real academia de la historia. 

Nombramiento de Académico correspondiente del Dr. William 

Robcrtson . 

Cuando se dio cuenta en Academia de la aparición de esta 
obra de Robertson, el Director Campomanes, notando la predi- 
lección que al autor merecía nuestra historia nacional, le propu- 
so para Académico correspondiente, y la Academia acordó la 
admisión en 8 de Agosto de 1777- 

Encargóse el mismo Director de comunicar la noticia, verifi- 
cándolo en carta transcrita á continuación: 

Muy señor mío: Sería inútil extenderme en manifestar á V. S. 
cuánta estimación hacen los españoles literatos de sus obras y los 
motivos que me obligan á escribir esta carta. 

Después de haber escrito V. S. la historia de su patria con tan- 
ta concisión y acierto, emprendió la de Carlos Quinto en la más 
delicada crisis de la Europa. 

Desempeñóla Y. S. con admiración compenetrando los mayo- 
res arcanos de la Constitución de nuestra monarquía española. 

Pero ¿qué mucho á vista de su excelente discurso sobre el go- 
bierno feudal desde la decadencia del imperio occidental hasta 
el tiempo del mismo Carlos? 

En él se ven desenvueltas por otro aspecto aquellas particula- 
res costumbres que mezclaron la barbarie tártara con un despre- 
cio alto de los vencidos y un descuido de todas las clases de los 
pueblos, á excepción de pocas privilegiadas; ningún verdadero 
amor á las artes, y un general abandono de las investigaciones 
útiles, sustituyendo en su lugar las sutilezas escolásticas dictadas 
en las celdas de los solitarios ó cenobitas, trasladadas después á 
las universidades literarias. 

Es cierto que los nuevos descubrimientos al Oriente y al Oc- 
cidente fueron parte para sacar la Europa del espíritu feudal. 

\ ' . S. da á estos descubrimientos en sus dos primeros tomos 
de la América aquella serie y enlace de la historia antigua y mo- 
derna á que pueden alcanzar pocos hombres. 

Yo he leído el primer libro con admiración y un gusto indeci- 



D. JUAN BAUTISTA MUÑOZ. I I 

ble. El mismo he advertido en la célebre controversia del obis- 
po de Chiapa, cuya disputa resuelve V. S. con un juicio supe- 
rior. 

Yo pensaba escribir á Y. S. por más extenso, pero no puede 
ser en esta ocasión; ahora me reduzco á remitir á V. S. el título 
de Académico que la Real Academia de la Historia, con univer- 
sal aclamación, me ha encargado de dirigirle por mano de My- 
lord Grantham. 

Espero en breve, y según lo permitan los muchos negocios que 
me rodean, remitir á V. S. algunas observaciones, y la primera 
será acerca de si el derecho, y espíritu feudal ha tenido propia- 
mente lugar en España. 

La traducción que se está haciendo por D. Ramón de Gueva- 
ra de la «Historia de los descubrimientos de América», á vista 
de la Academia, tiene una frase que parece original, y al parecer 
exprime con mucha propiedad la fluidez y la elocuente dicción 
del autor original. 

Yo, en mi particular, le doy gracias por las honras que me 
hace V. S. en sus escritos. Mis ocupaciones son tales, que no me 
dejan tiempo para vacar seriamente á aquellas detenidas compa- 
raciones de las edades, de las costumbres, de la diversidad de los 
gobiernos y de las causas que han influido en las catástrofes po- 
líticas de las naciones más dignas. 

Esto es lo que sabe V. S. desempeñar desde su gabinete como 
si estuviese entre nosotros, sin declinar en parcialidad. 

Yo me ofrezco á V. S. con todas veras, y puedo asegurarle sin 
lisonja que pocos libros han podido granjear una estimación tan 
sólida entre las gentes de letras de este país. Entretanto, pido á 
Dios guarde su vida muchos años. — Madrid y Septiembre 29 de 
1777 '• — Sr. Guillermo Robertson. 

La contestación de este caballero, traducida del inglés, se con- 
signó en acta. 

Del Colegio de Edimburgo, 31 de Enero de 1778. 

Señor: Mylord Grantham tuvo, la bondad de remitirme la car- 
ta que Y. S. I. tomó la molestia de escribir para darme parte de 



12 BOLETÍN de la real academia de la historia. 

la muy distinguida y no esperada honra que la Real Academia 
de la Historia se había servido hacerme. La opinión favorable de 
varones de discernimiento y de candor es una de las más agra- 
dables recompensas de sus trabajos literarios que un autor puede 
recibir. Una prueba de aprobación de una Sociedad tan justa- 
mente estimada por el mérito y habilidad de sus individuos, debe 
ser todavía más lisonjera y gustosa. 

Cuando yo me hallé en precisión de dar alguna noticia de la 
antigua Constitución de la monarquía española en mi «Historia de 
Carlos Y», y después me atreví á describir el estado interior y la 
política de las colonias de España en el Nuevo Mundo, muy bien 
veía las muchas dificultades á las cuales un extranjero está pre- 
cisamente expuesto mientras hace semejantes indagaciones. Yo 
procuré vencerlas buscando la verdad en los A. A. originales y 
en las leyes de vuestro país, con una industria paciente, deci- 
diendo con mucha cautela y guardándome con grande atención 
contra aquellas preocupaciones que podrían levantarse en la 
mente de un hombre criado bajo una forma de gobierno y un 
sistema de religión muy diferentes de los de la nación que esta- 
ba describiendo. La sanción de su aprobación que la Real Aca- 
demia se ha dignado dar á mis obras me lisonjea con la espe- 
ranza de que, ó los yerros en que he caído han sido menos de lo 
que recelé, ó las personas respetables que se han servido dar- 
me un lugar entre sí habrán mirado mis errores con ojos de in- 
dulgencia, en atención al cuidado con que yo me había esforzado 
á evitarlos. 

Si Y. S. I. tendrá la bondad de apuntarme como yo podré 
contribuir en algún grado á promover los loables importantes 
lints de vuestro Instituto, yo estimaré una honra el cooperar con 
tales socios, y una felicidad si puedo hallar una nueva ocasión de 
manifestar mi celo por el honor de una nación que yo he respe- 
tado más que algunos otros escritores extranjeros, porque he 
procurado conocerla mejor. 

Me permita V. S. I. el decir que yo siento mucho gusto en re- 
flexionar que ahora tengo la honra de estar puesto en una rela- 
ción tan cercana con V. S. I., y de hallarme inmediatamente de- 



D. JUAN BAUTISTA MUÑOZ. 1 3 

bajo la dirección de una persona cuyos talentos yo ya por mucho 
tiempo he admirado, y de cuyos escritos he aprendido mucho. 
Se sirva V. S. I. añadir á sus otros favores el de asegurar á to- 
dos los miembros de la Real Academia las afectuosas disposicio- 
nes de respeto, estima y gratitud que yo tengo por ellos. 

Tengo la honra de ser, con la más perfecta estimación, ilustrí- 
simo señor de V. S. I. el más obediente y obligado humilde ser- 
vidor. — William Robertson. — limo. Sr. D. Pedro Rodríguez 
Campomanes. 

Acusó el Director recibo diciendo: 

Muy señor mío: He leído la carta de V. S. de 3 1 de Enero de 
este año á nuestra Academia. La oyeron con gusto todos sus in- 
dividuos, y hacen justicia á su mérito y á la sinceridad de sus ex- 
presiones, habiendo causado las que se leen en su carta á los 
concurrentes la más patética impresión,- ya que la distancia no 
permite el personal trato. 

Yo tengo una verdadera satisfacción en que el título de Aca- 
démico nos una en un mismo gremio, así como la lectura de sus 
obras había engendrado en mí una estimación particular de un 
hombre honrado que discierne con igual perspicacia sucesos pre- 
sentes y los que han pasado siglos há; distingue la diversidad de 
las costumbres y de las leyes para aplicarlas á los mismos su- 
cesos. 

La historia, á la verdad, cuando no nos acerca las cosas pasa- 
das y distantes presentándonos de ellas un retrato ñel de que 
podamos tomar enseñanza en los casos nuevos ó mejorar nues- 
tro siglo ó nuestra propia conducta, la miro como nuestra serie 
de hechos ó cuentos que pueden conducir á la diversión de gen- 
te ociosa. 

Batallas, catástrofes de personas públicas, conquistas y destro- 
zos de ciudades, provincias ó imperios, son cosas comunes y pro- 
ductos de la ambición humana: se representan diariamente, al 
modo de las obras dramáticas, en el teatro de Marte. Si el histo- 
riador las refiere con poca crítica, sin reflexión política, sin la 
ciencia necesaria de las causas que influyen en tales mutaciones, 



14 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

y una imparcialidad superior á las pasiones vulgares de. todo país, 
en lugar de representar ordenadamente como en unas galerías 
progresivas los acaecimientos humanos, formará un oscuro de- 
pósito de hechos, incapaz de agradar ni de instruir. 

La concisión de Tácito no se pierde en relaciones menudas; 
nunca omite las necesarias, y siempre lleva adelante el sistema 
político que guiaba los hechos de que trata. 

Nuestras lenguas modernas no dan igual facilidad para escri- 
bir obras tan precisas. Lo que yo puedo asegurar á V. S. con 
verdad es que la «Historia del descubrimiento de las Indias occi- 
dentales» da en dos tomos más noticias importantes, y dichas con 
más pureza, que una multitud de colecciones de libros de histo- 
riadores particulares ó generales, cuya lectura ofuscaría á los 
más, y serían muy raros los que pudieran sacar de ellas tanta 
enseñanza. 

En la Academia se está acabando de reveer la traducción que 
ha hecho nuestro socio D. Ramón de Guevara, y espero se acer- 
que á imitar la elegancia del original. 

La Academia ha estimado mucho los- ofrecimientos de V. S. y 
me ha encargado el manifestarle su agradecimiento y el deseo de 
corresponder en cuanto dependa de su posibilidad. Yo digo lo 
mismo por mi parte. 

Dios guarde á V. S. muchos años. — Madrid y Marzo 6 de 
1/88. B. L. M. de V. S. su más atento y seguro servidor, I). Pe- 
dro Rodríguez Campomanes. — Sr. D. Guillermo Robertson. 

Autorizó S. M. la búsqueda de documentos que la Academia 
había solicitado, por Real orden de I.° de Enero de 1 7/8, en la 
que expresaba estar dispuesto á permitir la impresión de la His- 
toria de Robertson traducida, y aun á dar auxilios para realizar- 
la, cuando se concluyeran las notas y se le enviaran originales. 
Empezaron, por tanto, las investigaciones; mas antes de concluir- 
las, en 8 de Enero de 1/79, expuso el Director en Junta haber 
recibido comunicaciones relativas al particular, que tenían ca- 
rácter reservado y se referían á las circunstancias generales de 
Europa. 



D. JUAN BAUTISTA MUÑOZ. I 5 

No volvió, pues, á tratarse del asunto. 

Pasados ocho años, empezando el de 1787, se dio cuenta en 
Academia, de orden Real, haciendo saber que, enterado el Rey 
del fruto producido por los viajes é investigaciones de D. Juan 
Bautista Muñoz y de la gran copia de documentos que había 
juntado, deseando facilitar el pronto y feliz éxito de la «Historia 
general de Indias», que estaba á su cargo, mandaba se le franquea- 
sen cualquier impresos y manuscritos existentes en las reales 
bibliotecas, debiendo hacerlo la de la Academia y permitir lleva- 
se á su casa todo lo que juzgase conveniente, mediante recibo, 
y obligación de devolverlo luego que hubiese sacado copias ó 
apuntamientos. 

Se acordó desde luego el cumplimiento de lo ordenado, de- 
signando Comisión compuesta de los Académicos Murillo, Gue- 
vara (Ramón) y Flores, para facilitar al Sr. Muñoz noticias que 
pudieran servir á su objeto; pero quedó pendiente representar 
á S. M., y se acordó también que deputase el Director algu- 
nos individuos que con su asistencia formalizasen el procedi- 
miento. 

El censor recordó este acuerdo en Octubre de 1 788, y en su 
virtud se designó nueva Comisión de los Sres. Murillo, Jovella- 
nos y Alcedo, para que lo cumplieran, concurriendo á la posada 
del Director. Prontamente lo hicieron, mereciendo asentimiento 
su trabajo, del tenor siguiente: 

Representación que la Real Academia hizo al Rey nuestro Señor. 

Señor: En Real orden de V. M. comunicada á esta Academia 
por el difunto Marqués de la Sonora con fecha 23 de Enero de 
este año, se le manda franquear á D. Juan Bautista Muñoz, Cos- 
mógrafo de las Indias, los papeles y documentos que hubiese en 
su archivo pertenecientes á la historia general de aquel Conti- 
nente, de cuya extensión está encargado Muñoz por especial 
comisión de V. M. 

La Academia obedece con toda prontitud esta Real orden, y 
no solo se halla pronta á prestar los auxilios que se la pidan» 



1 6 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

mas también los demás que estén en su arbitrio y lucren nece- 
sarios para el desempeño de una empresa tan útil y tan análoga 
á la esencia de su instituto. 

Pero al mismo tiempo no puede dejar de representar á V. M. 
con el debido respeto, que hallándose distinguida con el empleo 
de Cronista de las Indias, que le confió el augusto Padre de V. M. 
por decreto de 5 de Octubre de l/44> se le ha agregado perpe- 
tuamente por Real cédula de 18 de Octubre de 1 75 5> y cuando 
lejos de poner en olvido la obligación en que esta gracia la cons- 
tituye, no ha dejado desde entonces de recoger memorias, noti- 
cias y documentos para ilustrar los varios artículos que abraza 
tan vasta Comisión, no le es lícito mirar con indiferencia que se 
haya fiado su desempeño á una persona particular que ni aun es 
del número de sus individuos, encargándole, con desaire suyo, las 
más esenciales y preciosas funciones de su empleo. 

Sabe también la Academia que con el mismo objeto se ha 
autorizado á Muñoz para reconocer el Real Archivo de Simancas, 
los de la Contratación de Cádiz y Sevilla, el de la Torre del Tum- 
bo de Lisboa y otros varios archivos y bibliotecas, ya de Comu- 
nidades, y ya de particulares, de los cuales sacó todas las copias 
y apuntamientos que juzgó necesarios y tenían relación con su 
encargo; y siendo un derecho incontestable del Cronista, por la 
Ley 3. a , tít. xii, lib. 1 de la Recopilación de Indias, la participa- 
ción de esta especie de documentos para que pueda aprovechar- 
los en sus relaciones históricas y usar de ellos con la circuns- 
pección y reserva que exige la materia y previene la misma ley, 
tampoco puede la Academia dejar de sentirse desairada cuando 
no solo se la defrauda de este derecho, sino que se pretende en- 
riquecer la colección de Muñoz con los mismos documentos de 
su archivo, que son su peculiar patrimonio y fruto de su aplica- 
ción y Sus tareas. 

No pretende la Academia menguar el mérito ni la suficiencia 

de 1). Juan Bautista Muñoz, de cuya laboriosidad y literatura 

tiene muy buen concepto; pero sean las que fueren sus luces y 

cimientos, juzga la Academia que trabajando á su vista y 

bajo su dirección y auxilios, deberían estar más seguros del buen 



D. JUAN BAUTISTA MUÑOZ. 1 7 

desempeño, no solo el Gobierno y el público, sido también el 
mismo autor. 

Parece, por lo dicho, que agregando á Muñoz al número délos 
Académicos de la Historia, y subordinando su comisión al voto 
y dirección de la Academia, quedarían conciliados el honor é 
jnterés de aquél con el decoro y justa consideración que se debe 
á ésta. Entonces se podrían depositar en el Archivo de la Aca- 
demia los documentos recogidos por Muñoz para que estuviesen 
allí con la reserva y seguridad que previene la ley de Indias; se 
nombrarían algunos individuos que trabajasen con Muñoz en la 
misma empresa; se reconocerían, extractarían y ordenarían, tan- 
to los materiales debidos á la diligencia de Muñoz como los que 
posee la Academia, de la misma clase; se arreglaría el plan gene- 
ral de la Historia, y se daría principio á ella por una descripción 
geográfica de aquellas dilatadas regiones que fueron teatro de 
los descubrimientos y grandes hazañas de nuestros mayores, y 
forman la principal materia de esta Historia; objetos todos de la 
mayor dificultad é importancia, y que solo se podrán desempe- 
ñar trabajando Muñoz bajo la dirección de la Academia y con el 
auxilio de las luces reunidas de sus individuos. 

La Academia, Señor, á quien tantos y tan distinguidos testi- 
monios hacen recordar con la más tierna gratitud la augusta 
protección con que V. M. la ha distinguido desde su elevación 
al trono, tiene la más fundada esperanza de que Y. M. se dignará 
mandarlo así, y á este fin pone á sus reales pies esta reverente 
súplica, muy confiada de que, defiriendo benignamente á ella, la 
reintegrará en el uso de los preciosos derechos que ha debido á 
la piedad de los augustos Reyes padre y hermano de V. M. 

Real orden. 

limo. Sp: Habiendo dado cuenta al Rey de la representación 
que la Real Academia de la Historia hizo á S. M. acerca de la 
Comisión con que se halla D.Juan Bautista Muñoz, oficial de la 
Secretaría de mi cargo, de escribir la «Historia general de Indias», 
con las demás reflexiones que en ella hizo presentes, y tratádose 

TOMO XLII. 2 



1 8 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

de antemano este punto con la atención que se recomienda, se 
ha servido S. M. resolver que, sin embargo de lo expuesto por la 
Academia, continúe Muño/ la comisión que lo está conferida de 
escribir la «Historia general de Indias». Que para su decoro le 
despache el título de Académico que le ofrece ose Cuerpo; que 
como á tal le franquee los libros y papeles que necesito de su 
archivo para dicho fin, v últimamente, que promueva y fomente 
la Academia tan útil empresa, do la que le resultará el honor de 
ver que uno do sus individuos so aplique á desempeñar una obra 
tan deseada en todos tiempos y que tanto puede conducir al ho- 
nor de la nación v á vindicarla de las groseras calumnias con que 
la han pretendido infamar algunas plumas extranjeras. Y de 
orden do S. M. se lo participo á V. S. para su inteligencia, la de 
la misma Academia, y que disponga su cumplimiento. Dios, etc. 
San Ildefonso, 23 do Septiembre de 1/88. — Antonio Porlier. — 
Sr. Conde de Campomanes. 

Ningún acuerdo so tomó on el particular. 

D. Ramón do ( iuevara, traductor de la obra de Robertson, ocu- 
pó plaza de numerario dosde principios de I/87, y falleció en el 
año 1790. 

Al tratar de cumplir la indicada orden de 9 de Septiembre de 
1 79 1, mandando censurar los seis primeros libros de la Historia 
del Nuevo Mundo., ya escritos por Muñoz, se dividió la opinión 
do los Académicos, siendo una de las consecuencias que el Con- 
de de Campomanes, Director desde 1 764, reelegido por acla- 
mación ó voto unánime veintisiete veces, dejase de serlo en di- 
cho año 1 791, si bien volvió á elegírsele en I79&. 

La censura. 

En Junta celebrada el viernes 9 de Septiembre de 1791 se 
leyó un oficio de I). Silvestre Collar, Secretario del Real Con- 
sejo do las Indias, con focha 25 de Agosto, en que de orden de 
este Supremo Tribunal, y cumplimiento do otra de S. M., remitía 
á la Academia dos tomos de la Historia del Nticvo Mundo, cscri- 



D. JUAN BAUTISTA MUÑOZ. 1 9 

tos por el cosmógrafo de aquellos reinos D. Juan Baptista Muñoz, 
para que expusiera con la mayor brevedad su censura, á fin do 
que no hallándose reparo ni inconveniente sustancial, se pudie- 
ra proceder á la impresión y publicación. 

El Director, D. Pedro Rodríguez de Campomanes, encargó el 
examen de la obra á una Comisión, compuesta de los Sres. Duque 
de Almodóvar, Conde del Castillejo, D. Tomás Antonio Sánchez 
y D. Joaquín de Flores, previniéndoles se reunieran dos veces 
por semana en el Palacio de la Panadería. 

Presentó dictamen la Comisión el / de Octubre y lo leyó en 
la Junta ordinaria de este día D. Joaquín de Flores, de conformi- 
dad con los demás comisionados. Expuesto sucintamente el or- 
den, distribución y materia de cada uno de los seis libros que 
formaban la obra, y de lo que contenía y describía cada uno de 
los tres mapas que la acompañaban; después de referir el plan, su 
método, la precisión y rapidez del estilo y la pureza del lenguaje, 
propios de las buenas calidades de un historiador, opinaban su 
trabajo digno de toda recomendación; pero creían conveniente 
añadiese el autor al fin de cada reinado ó época un apéndice de 
los documentos inéditos en apoyo de la verdad de sus narracio- 
nes, y que asimismo al principio de cada libro pusiese un sumario 
do lo contenido en él. 

La Academia, en vista de lo expuesto y de ciertas dudas so- 
bro la idea general de la Geografía, que ocupaba el primer libro, 
acordó que éste se leyera en la próxima Junta, para mayor ins- 
trucción y más solemne examen de la obra en esta parto, á fin 
de que con tal requisito se pudiera dar al Consejo Real de las 
Indias el juicio pedido de orden de S. M. 

El referido Sr. Flores leyó, pues, el 1 4 de Octubre el libro pri- 
mero de los seis que contenían los manuscritos de Muñoz; y 
aunque la Academia quedó satisfecha del orden, método y estilo, 
se objetó por algunos individuos impropiedad en la apreciación 
hecha por el autor respecto al viaje á Oriente del judío Benjamín 
de Tudola, y no pudiéndose conciliar los pareceres se recurrió 
al medio do recoger los votos de los asistentes por nómina. La 
pluralidad convino en que el Sr. Muñoz podía anunciar el viajo 



20 BOLETÍN de la real academia de la historia. 

de Benjamín de un modo que salvase los insinuados reparos, y 
en cuanto al informe sobre el mérito de la Historia, que se arre- 
glase al juicio que habían emitido los cuatro censores, inclusos 
los elogios que hacían del desempeño de su autor. 

En la sesión siguiente, celebrada el 2 1 de Octubre, después de 
leída el acta, manifestó el Académico D. José de Guevara Vascon- 
celos no hallarse conforme con el favorable juicio de la obra, y 
en especial con los términos de recomendación que se habían 
'acordado, y anunció que extendería por escrito su disentimiento, 
formulando voto particular, que le fué admitido. Lo presentó y 
leyó en Junta extraordinaria el 10 de Noviembre, como sigue: 

Voto singular y nuevas reflexiones criticas sobre la obra 
de D. Juan Bautista Mufwz, por D. José de Guevara. 

«Excmo. Sr.: 

1. »Haría yo un grandísimo agravio al mérito y literatura 
de D. Juan Bautista Muñoz si hubiese creído que en la Historia 
del Niievo Mundo, que, con orden expresa del Roy X. S., remite 
al examen de la Academia el Supremo Consejo de indias, había 
errores substanciales en orden á los hechos históricos. La noto- 
ria instrucción del Sr. Muñoz, sus grandes conocimientos, su 
infatigable aplicación á este objeto, la diligencia y cuidado que 
ha puesto en recoger la preciosísima colección de documentos 
que ha hecho copiar de los Archivos y Bibliotecas, sus viajes, y 
finalmente, el haber dedicado la obra á S. M., forman una pre- 
sunción tan favorable del desempeño de esta comisión, que sería 
temeridad dudar de ella; poro estas mismas circunstancias y el 
temor de que no se comprometiera la Academia en su dictamen, 
fueron los únicos motivos que me obligaron á separarme del jui- 
cio casi uniforme de este Cuerpo, pareciéndome que el asunto 
era de suma importancia, y que por ser la Academia cronista 
mayor de las Indias pedía un examen más detenido. 

2. »En efecto, la obra del Sr. Muñoz no puede ni debe con- 
siderarse como de un simple particular: es una historia que se 



D. JUAN BAUTISTA MUÑOZ. 21 

escribe por encargo especial del Rey padre, costeada por su 
munificencia, anunciada á la nación y á la Europa muchos años 
há, y que tiene en espectación á los sabios, así nacionales como 
extranjeros, y por consiguiente debe mirarla la Academia como 
una obra de la nación. 

3. »Bajo estos respetos, en que yo la he considerado, expon- 
dré sencillamente y con entera imparcialidad las observaciones 
que he hecho sobre los cuatro primeros libros, que son los úni- 
cos que he leído, no dándome las ocupaciones, que sabe la Aca- 
demia tengo en el día, tiempo para otra cosa. 

4. » Desde luego echo de menos un prólogo en que se ex- 
ponga el motivo, idea, plan y método de esta obra. Es tan nece- 
sario este prólogo, que siendo una Historia general del Nuevo 
Mundo, como anuncia su título, y no habiéndose presentado más 
que seis libros en dos tomos, no se puede saber de qué número 
de tomos se compondrá, y por consiguiente si guardarán la de- 
bida proporción unas partes con otras, y éstos con los restantes, 
objeto que me parece no debe ser indiferente á una Academia 
de la Historia, cuando informa sobre una obra de esta naturaleza. 

5. »Si se ha de inferir por los presentados, no podrán dejar 
de ser muchos volúmenes, porque si en los dos viajes de Colón, 
y tiempo que medió desde el descubrimiento hasta la muerte de 
la Reina Católica, y en que la materia es muy escasa, se han 
ocupado dos tomos con seis libros, cuando la materia sea más 
abundante se aumentarán necesariamente, como ya se observa 
en el tomo n, que solo contiene dos libros, y el primero consta 
de cuatro; de suerte que si siguen en esta proporción en los 
trescientos años, no será temeridad pronosticar que ascenderán 
á IOO tomos ó más; á que debe añadirse que los libros no están 
divididos en capítulos, ni tienen epígrafes para saber de qué tra- 
tan, ni poder encontrar con facilidad algún punto que se busque. 
Tampoco debo omitir que hasta ahora no es la Historia del Nuevo 
Mundo, sino la Historia de los españoles en el Nuevo Mundo. Por 
el contexto de este informe se verá que no son voluntarias estas 
observaciones. 

6. »Echo también de menos un discurso preliminar, porque 



22 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

si en muchas obras no es necesario, en ésta le tengo por indis- 
pensable. Son tantos los puntos controvertibles, tantas las difi- 
cultados y cuestiones, que es necesario desembarazar al lector 
antes de que (Mitre en la historia y relación de los hechos. La 
población de la América, su descubridor, el origen de los indios, 
su gobierno, sus leyes y otros puntos semejantes, deben entrar 
en el discurso preliminar, adoptando el autor con buenos funda-. 
montos la opinión más probable, porque debiendo tocarse estos 
puntos, ó se ha de hacer en el contexto de la obra, lo que inte- 
rrumpiría la narración por las dificultades y opiniones que sería 
necesario exponer, ó un discurso preliminar, disertaciones ó no- 
tas que sería conveniente precedieran á la narración. El mismo 
Sr. Muñoz lo ha creído así, pues en el libro primero toca alguno 
de estos puntos, pero superficialísimamente y sin ninguna prueba, 
como se verá más adelante. 

/. »Echo asimismo de menos los documentos, así los publi- 
cados como los inéditos, los unos á lo menos citando sus edicio- 
nes y los otros en toda su extensión, para ver si se les ha dado 
la inteligencia y aplicación convenientes que afiance y confirme 
los hechos ó lo que se dice; sin esta circunstancia me parece que 
es anticipada y expuesta la aprobación, como se verá en el dis- 
curso de este dictamen. 

8. »Es de notar que habiendo querido el autor dar una idea 
de la navegación antes del descubrimiento de la América, nada 
habla d<>l estado de la Astronomía en Europa, que tanto influyó 
en el descubrimiento, y aun de la navegación trata tan rápida y 
superficialmente, que solo indica los viajes de los portugueses, 
sin decir cuáles fueron, cuando el orden pedía que se especifica- 
ran estos viajes, pues prepararon el de Colón, como lo confiesa 
su mismo hijo I). Fernando. 

g. »l\>r el mismo hecho de haber hablado, aunque con tanta 
brevedad, del estado de la navegación, so echa de monos que 
nada diga del estado político de la Europa, pues uno y otro co- 
rrespondían al historiador del Nuevo Mundo. 

10. »No os menos de admirar que no haga ninguna reflexión 
filosófica sobre la generosidad, buena fo, afabilidad y otras virtu- 



D. JUAN BAUTISTA MUÑOZ. 23 

des morales de los isleños; sobre el cuidado que tenían las mu- 
jeres de cubrir sus partes, y no los hombres, en algunas islas; 
sobre la construcción de sus embarcaciones ó canoas, que las 
había hasta de /O hombres, con las que hacían el comercio de 
unas islas á otras; sobre sus armas, su gobierno; sobre no estar 
permitida la poligamia sino á los príncipes, punto que no toca; 
sobre que las mujeres trabajaban más que los hombres, de que 
tampoco habla; sobre la generosidad con que daban á otro cuanto 
tenían, de suerte que Colón llegó á dudar si tenían bienes pro- 
pios; sobre los adornos de las mujeres de los caribes, y otros 
puntos que constan del primer documento de la Historia de 
Indias, que en mi juicio es la carta que, apenas llegó Colón á 
Lisboa, de vuelta de su primer viaje, escribió con lecha de último 
de Febrero á D. Rafael de Sánchez, y que tradujo en latín Ale- 
jandro Cosco con el título ad Magnificum Rafaelcm de Sauxis. 
No sé si ha visto este documento que de letra de Tortis se con- 
serva entre los manuscritos de la Real Biblioteca, y que impri- 
mió Scoto en el tomo n de la Hispania Yllustrata. No parece 
probable que haya dejado de verlo; pero es de admirar que nada 
diga de la poligamia de los caciques, régulos ó príncipes, que 
podían tener hasta veinte mujeres, contentándose los particula- 
res con una. De cualquier modo, lo cierto es que este documento 
ofrecía materia abundante para reflexiones juiciosas é instructi- 
vas, que no hubiera omitido un historiador como Tácito. 

11. »Nada habla del comercio de unas islas con otras, ni 
cómo se hacía, ni con qué frutos antes del descubrimiento ni 
después de él, en lo que he leído, siendo este el objeto principal 
de Colón en el descubrimiento, pues lo único que en esta parte 
dice es qlie cuanto hallaba Colón le confirmaba en que el país 
descubierto era la India. 

12. »Esta misma carta de Colón daba materia para tratar de 
la Historia natural, y apenas se refieren algunas producciones, 
pero sin describirlas científicamente, y no sería cargar la histo- 
ria de menudencias detenerse en puntos tan substanciales como 
los que dejo notados, y de que tanta instrucción puede resultar 
al lector. 



24 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

13. »Habiendo expuesto en general lo que echo de menos 
en esta obra, paso á poner algunos ejemplos de estos defectos, 
que me parece necesitan corrección. 

14. »Ya observó la Academia que califica de curioso el viaje 
de Benjamín de Tudela. Sospecho que este nombre lo tomó el 
autor de M. de la Roche en su Voyage de Sirie et dn Mont Liban, 
en que dice que.se leen en él noticias muy curiosas y ciertas] 
pero en el dictamen de los hombres más sabios y juiciosos el 
itinerario está lleno de patrañas y de errores gravísimos en la 
geografía y en la historia, que no merecían el nombre de curioso; 
pero además de esto, Baratier, entre otros sabios, es de opinión 
que Benjamín no hizo tal viaje, y lo prueba con los lugares 
del mismo itinerario, que publicó para • consolar á los de su 
nación. 

15. » Además de esta observación tan juiciosa de la Acade- 
mia, yo apuntaré algunas de las muchas que he hecho. 

16. »En el párrafo 1/ de] libro 2.° dice: «tal pudo ser el 
»Mapa Mundo, que se dice haber trahido de Roma el Infante 
»D. Pedro de Portugal, para auxiliar á su hermano D. Enrique, 
»donde suponen diseñados tanto tiempo antes de conocerse el 
»cabo de Buena Esperanza y el estrecho de Magallanes, con los 
» nombres de Erontera del África y cola de Dragón. Igualmente 
» fundada debió de ser la Carta que traxo de la misma capital 
»Martin Alonso Pinzón, la que Paulo Físico invió á Lisboa, y la 
»que hizo Martin Behem, ó de Bohemia. Ni por conservar esta 
» tienen gran tesoro los Archivos de Nuremberga, ni es de la- 
» mentar que la del Infante D. Pedro haya desaparecido de los 
»de Alcobaza». 

17. »Sin detenerme en que llame Carta á la de Martín de 
Bohemia, no puedo menos de notar que esto se dice con gran 
confianza, pero no se prueba. Martín de Bohemia tiene á su favor, 
además de los documentos de Nuremberga, historiadores del 
mismo tiempo, confirmados por los coetáneos españoles y otros 
posteriores de las demás naciones. En 1493 se imprimió en Ro- 
buger la Crónica de Hernán Schcdl, en que se asegura que Behem 
descubrió antes que Colón la América, y esta noticia la insinuó 



D. JUAN BAUTISTA MUÑOZ. 25 

Gomara, y los comentadores de Eneas Silvio insertaron el texto 
de Schedl. 

18. »Una opinión, apoyada con estos documentos coetáneos, 
que quita á Colón la gloria del descubrimiento y á los reyes de 
España el derecho á las Indias occidentales, me parece que no 
ha debido tratarse con tanta ligereza, cuando es muy difícil que 
el lector pueda por sí mismo dar solución á tan grave dificultad. 

19. »Además, que la exactitud que debe guardar todo histo- 
riador no permite que el Mapa Mundo, como llama el autor, 
aunque en mi juicio impropiamente, que trajo el infante D. Pe- 
dro de Roma para auxiliar á su hermano D. Enrique, el que do 
la misma capital trajo Martín Alonso Pinzón, y el que envió á 
Lisboa Paulo físico á su amigo Colón, se confundan con el de 
Martín de Bohemia, que regaló al rey de Portugal, y en que es- 
taban señalados los descubrimientos en que él se había hallado. 
Aquéllos pudieron ser imaginarios, pero no se puede juzgar de 
ellos porque no existen; pero el de Martín de Bohemia confiesa 
ol autor que se conserva en el Archivo de Nuremberg, y yo 
añado que el que se halla en Nuremberg es copia del de Portu- 
gal, hecho por el mismo Behem. A fines del reinado de Alonso V 
de Portugal dice que fué Colón á Lisboa, y siendo éste el héroe 
principal de estos descubrimientos, y refiriendo muchas menuden- 
cias, debió señalar el año, que no es difícil. 

20. »En el párrafo I O del mismo libro dice el Sr. Muñoz: 
«por que las Islas de Puerto Santo y Madera, halladas casual- 
»mente por Capitanes suyos. (de D. Enrique) en ese medio tiem- 
»po, bien que prometiesen desde luego grandes utilidades, ni 
»hacian al nuevo plan, ni acaso eran desconocidas de Navegan- 
tes Castellanos». 

21. »Esta aserción es aventurada, porque el mismo infante 
D. Enrique, en el plan que formó de descubrimientos, no sabía 
qué tierras había de hallar, ni los navegantes qué rumbo debían 
seguir, pues se engolfaban en mares desconocidos; y es muy di- 
fícil que el Sr. Muñoz presente el plan que formó el Infante, ni 
tampoco podrá probar que los españoles acaso no desconocían 
dichas islas. ' 



26 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

22. »En esto mismo párrafo llama al infante D. Enrique 
Joven é inexperto, sin embargo ele que ya había estado en las 
guerras de África como valeroso capitán, y si mal no me acuer- 
do mandando las tropas, según consta de la crónica de Bello 
Septensi, escrita el año do 1460 y publicada últimamente por la 
Academia de Lisboa; pero á pocos renglones le llama sagaz y 
observador, y en el párrafo inmediato, 12, dice que desde la 
tierna edad se dedicó á la cosmografía y navegación. En prueba 
de que no era inexperto, aunque fuese joven, particularmente 
en punto del descubrimiento de nuevas tierras, hay historiadores 
portugueses que dicen que el Infante tuvo noticia de muchas de 
ellas, y en particular de la línea que seguía la costa de África, 
de ciertos moros instruidos con quienes consultó sus expedi- 
ciones. 

23. »\o sé con qué fundamento, dice el Sr. Muñoz, libro 1, 
párrafo 3. , que de haber protegido los Reyes de Castilla á prin- 
cipios del siglo xv la población de las Canarias por europeos, se 
siguió que se hiciesen osadas expediciones en el Océano Atlán- 
tico á distancias notables de la tierra, que de esto resultaron sos- 
pechas de nuevas islas hacia el Occidente, y que dio también oca- 
sión á las contrataciones con los pueblos bárbaros del África, en 
que se adquirieron frutos ó metales preciosos por fruslerías de 
ninguna estimación entre nosotros; porque además de no infe- 
rirse estas aserciones de la protección que los Reyes 'de Castilla 
dieron á la población de las Canarias, ellas en sí mismas no son 
ciertas. 

24. »Si por osadas expediciones no entiende los viajes hechos 
á las Canarias, no será fácil que señale el Sr. Muñoz otros que 
pasasen de las Canarias; porque las expediciones que se llamaron 
osadas fueron en las que se descubrieron las islas de la Madera, 
Azores, Cabo Verde, etc., y aquellas en que se dobló el cabo de 
Non, que por su incertidumbre y riesgo se le dio este nombre, 
y todas estas que fueron desde mediados del siglo no tienen co- 
nexión alguna con la protección que los Reyes de Castilla dieron 
á la población de las Canarias. 

25. »Es asimismo poco cierta la segunda aserción, porque 



D. JUAN BAUTISTA MUÑOZ. 27 

las sospechas de nuevas islas hacia el Ocidente era muy anterior, 
pues venían desde Platón, Aristóteles, Séneca, etc., como el 
mismo Sr. Muñoz lo dice en el libro n. 

26. »La tercera me parece un error histórico y cronológico, 
porque ni los portugueses ni ninguna nación europea hizo estas 
célebres contrataciones y rescates hasta después de mediado el 
siglo xv; á lo menos este modo de expresarse no es exacto. 

27. »Supone el Sr. Muñoz que estos viajes fueron anteriores 
á los de los portugueses y á las expediciones del infante D. En- 
rique, pues dice Émulos los Españoles de las glorias de sus veci- 
nos, etc. 

28. »Si eran tan gloriosas á los españoles, debió citar el do- 
cumento en que se funda para satisfacción del lector. Yo á lo 
menos lo ignoro; pues si estas contrataciones, viajes, etc., se en- 
tienden hechos á la parte occidental de África ya conocida hasta 
las cercanías del Cabo de Xon, ya lo era antes de la segunda 
conquista de las Canarias, y siempre se echará de menos que 
el autor no diga qué pueblos bárbaros del África eran estos con 
que se contrataba. 

29. »En el párrafo 20 del libro i, dice: «derramado (el géne- 
»ro humano) por lo más septentrional de la Europa, por donde 
»quizá están unidos los continentes, ó hasta el extremo oriental 
»del Asia, por donde hoy dia se hallan separados por un corto 
» estrecho, que acaso fué menor, ó ninguno, en aquella Era, Una 
»porcion de gentes de las más rústicas al parecer transmigra á 
»la América, y luego por varios accidentes á las islas del mar 
»del Sur». 

30. »Vese aquí cómo trata la grande y difícil cuestión de la 
población de la América y sus islas, aun las distantes del conti- 
nente, sin otra prueba, fundamento ni conjetura probable, que 
accidentes, acasos, etc. 

31. »Todo lo que dice el autor de los' americanos hasta el 
siglo xv, se reduce á estas pocas expresiones: «sin duda corrie- 
ron no pocos siglos desde el dilubio antes que formasen sus pri- 
» meros imperios; siguen hasta el siglo xv separados del resto de 
»las hombres, y corriendo varias fortunas, experimentando tal 



28 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

»vez más inundaciones, guerras más continuas y sangrientas, y 
»otros infaustos accidentes, llegan al estado en que son descu- 
biertos», etc. 

32. »A la verdad, me parece que este modo de tratar los 
puntos más esenciales no es . propio de las luces del siglo xvm. 

33. »En el párrafo 18 dice: «si la especie humana procede 
»de un solo principio, si pereció toda en una inundación univer- 
»sal, salvo la familia de Noe», etc. 

34. »Aun cuando ésta se tenga por una hipótesis, me parece 
que el dogma del diluvio universal no debe exponerse con esta 
condicional, para evitar el peligro del lector incauto. 

35. »Solo me resta que hablar de estilo, y á la verdad no 
puedo darle denominación, porque no tiene carácter, expresiones 
pomposas, locuciones de construcción difícil, voces anticuadas, 
defectos en la Gramática castellana, desigualdad, obscuridad, etc. 

36. »De todo pongo la lista siguiente: 

» Libro 1, § 2. Después de las celebres expediciones cruzadas se 
hubieron nociones mas extensas y menos equivocadas. Haber no- 
ciones no se usa el día de hoy. 

» Libro 1, § 16. Mientras no se apoderase de los Principes el 
espíritu de descubrir nuebas tierras. Ni es francés ni español. 

»§. Protegiendo la población Europea de las Islas Cana- 
rias. Presenta un sentido equívoco, porque no se sabe si era la 
población ya establecida en aquellas islas ó la que de nuevo se 
enviaba, y siempre es obscuro. 

»§ 11. Esta pequeña parte de la tierra engreída con mil pre- 
tensos privilegios halló por todo la misma naturaleza con aquella 
7iniforme variedad que forma su carácter. Locución francesa: 
trouva par tout. 

»§ 12. Extiéndese (la América) hacia el norte hurtándose á la 
observación cerca de los So grados, y corre por el sur obra de 
2.J00 leguas. El hurtarse á la observación y el obra de 2.700 
leguas, no nacieron en un mismo país. Siempre que ha de usar 
del como ó de poco más ó menos, usa de la voz obra, v. gr.: obra 
de 15 leguas, obra de 8 grados, obra de tantos días, obra de 
tantos hombres. 



D. JUAN BAUTISTA MUÑOZ. 29 

Ȥ 21. Solamente han prevalecido algunos edificios de varia 
antigüedad, algunas sombras débiles de ciertos sucesos distingui- 
dos, en tradiciones. Acaso querrá decir que la tradición ha conser- 
vado algunos sucesos notables; pero distinguidos en tradiciones, 
ó no se entiende ó peca contra la Gramática castellana. 

»§ 25. Ya raros (los puros americanos) ó ningunos en cier- 
tas islas y provincias donde eso no obstante provienen frutos y 
géneros con que se mantienen mucho mayor numero de gentes. Si 
provenir lo entiende por producir, no se usa; si por venir, falta 
á la Gramática. 

» Libro iv, § 21. Viven una vida salvage. 

»Libro m, § 27. Autorizados Aíitores. Las- voces anticuadas 
Enpero, Enpos, liviandad, acatar al través, etc., son muy fre- 
cuentes; también lo es el usar del infinitivo por el substan- 
tivo. 

» Libro 11, § 21. De entre las tinieblas de los siglos barbaros 
salió la luz, etc., que dirigió á los Navegantes por el grande 
Occeano donde estaban encerradas, y oailtas las dilatadas regio- 
nes. Este es un estilo muy metafórico y muy hinchado para la 
historia, y no se le disculpa á Tito Libio ni aun en las arengas. 

»§ 27. Hizo fastidiar en gran parte las sutilezas estériles. 
Fastidiar las sutilezas no tiene gramática. 

»E1 mismo defecto de gramática hay en aplicar artículos mas- 
culinos á nombres femeninos y al contrario: como despreciando 
los continuos señales en el § 3 1 del libro 111, las continuas sinsa- 
bores; lib. ni, § 48, los entretenidas y sinsabores pasadas, el Ar- 
mada del Artillería del América, frecuentísimamente. 

»Libro 11. Iufimdió espíritus. Por decir espíritu, confianza ó 
valor. 

y>La Nao mayor procurada para el intento, en vez de que se 
procuró; pero es frecuente en esta obra usar de los participios: 
salido el sol, amanecido el día, vuelto de la universidad de Pavía, 
llevado, conducido, visto, etc. 

» Concluye el libro 11 con decir que confesaron y comulgaron 
para esforzar sus espíritus d imitación del Pió General, en lugar 
del piadoso. 



30 boletín de la real academia de la historia. 

» Libro ni. Después de haber deliberado si en lugar de ella 
tomarían otro Navichuelo de 4.0 toneles, por toneladas. 

s>§ 2. Suspiraron y lloraron desconfiados de volver jamás en 
tierra) ya había dicho antes sacar en tierra, por volver á tierra, 
sacar á tierra. 

» Un Medico llamado Maestre Alonso Físico. Si físico no es ape- 
llido, que probablemente no lo es, es una repetición, porque á 
los médicos se les llamaba físicos. 

» Animólos el General con largas esperanzas, largos ofrecimien- 
tos, proveyó largamente. No so usa de este adjetivo en el sentido 
del autor. 

»Todo prometió- notable población, por mucha ó grande po- 
blación. 

»Por el día que era fue llamado de San Nicolás, asi el Puerto 
como el Cabo que le demora al Norte. Los cabos no demoran. 

» Libro ni, § 42. Con algunas contezuelas de vidrio, porcuen- 
tezuelas, y no es descuido de pluma, pues se repite en el § 49, 
con tez uelas coloradas. 

»Doude acaeció llevar algunas Canoas con naturales de otras 
Islas á la usada permutación de oro, á varatijas, en vez de por 
ó con. 

»Libro 111, $ 27. Hacia tiempo que Colon traia esta máquina 
en su mente = se dejó correr la Caravcla á Dios y á la ventura 
1 iv-20) al romper del dia (iv-51) con pocas esperanzas de que arri- 
base á Puerto de salvación: un negocio de tanto gasto y tomo. 
Lstas y otras semejantes expresiones son muy familiares y de 
estilo bajo. 

»Libro 111, v; 45. Se despachó un Mensagero á toda furia, por 
á toda pris 1. 

s> Abrazó Colon esta cuenta que frisaba con sus ideas = cada 
dia se iba poseyendo de su especioso plan; poseerse de su especio- 
so plan, no lo entiendo. 

» Apuran todos los medios de un examen sabio y detenido; apu- 
rar los medios de un examen, no se entiende. 

» Libro [ii, >; 30. El qual (Colon) parece haber hecho presa de 
esta indicac: n para disponer el rumbo de su viage. 1 íacer presa 



D. JUAN BAUTISTA MUÑOZ. 31 

solo se dice de los perros ó de las embarcaciones en tiempo de 
guerra. 

»Libro iv, § 2. Para decir que continuaba el mismo viaje, 
dice: el ó insistiendo en la empezada ruta. 

» Disimuló sus sentimientos temeroso délos espíritus délos 

Pinzones, no moviesen alguna sedición. Xo sé qué quiere decir 
aquí espíritus, si será el genio, carácter, valor. 

»A esta causa deseaba salir de su Compañía, en lugar de por 
esta causa deseaba. 

»§ 3. Reservándose para otra vez seguir el rastro de las mi- 
nas. Las minas, no tienen rastro. 

»§ 4. Había (Martín Alonso) llevado á fuerza 4. hombres y 
dos mugeres mozas. En lugar de traído ó robado. 

»§ 5- Llegados á ella encontraron algunos naturales de arte 
y parecer muy diverso de lo pasado. De arte muy diverso, no lo 
entiendo. 

»§. Únicamente salió cierta la noticia de las Islas de Cari- 
bes. Falta el artículo los. 

iLa fiereza del rostro, su hablar bronco todo conformaba con 

las señas que la gente de lo pasado daba de sus crueles enemigos. 
La gente de lo pasado, por la de las otras islas. 

Ȥ 10. Hasta el ultimo de Enero andubo cosa de 4.00 leguas. 
En lugar de como unas 400 leguas. 

» A poco mas de legua por hora compensando en variedades fa- 
vorables algunas calmas. Compensar las calmas en variedades 
favorables es obscuro. 

»§ 17. Le afea (Colón á Castañeda) su traición. Cominale 
la indignación del Rey. Cominar la indignación no sé que se 
diga en castellano, y será amenazarle con la indignación del 
Rey. 

Ȥ 22. Arboles y yerbas nacidos y crecidos hasta dentro en el 
agua, por dentro del agua. 

»§ 23. Las raridades que traía Colon, por curiosidades ex- 
trañas. 

»§ 28. Por vía temperada, en lugar de por rumbo ó camino 
templado. 



32 boletín de la real academia de la historia. 

»§ 29. Gozó Colon esta gloria sin ninguna mella. Gozar la 
gloria sin mella no sé que lo diga nadie. 

»Por de contado se le saluda (á Colon) por los Reyes Catholicos 
con los títulos de Don, de Almirante, de Virrey, y de Gobernador. 
No sé qué quiere decir aquí saluda. Lo cierto es que estos títu- 
los se le habían dado en la contrata, como el mismo autor con- 
fiesa, y que Colón había usado ya de ellos con el Rey de Por- 
tugal. 

»§ 49. Sin embargo quedó firme el tratado (entre Castilla y 
Portugal) que á los principios estubo á pique de abortar una san- 
grienta guerra. El tratado estar á pique de abortar, no lo en- 
tiendo. 

»§ 5 O- A Fonseca se le mandó estar alerta, y en el caso que 
saliese armada de Portugal aprestar otra doblada', querrá decir 
otra al doble mayor. 

»§ 53. Poblczuclos, por aldeas ó pueblecillos. 

Ȥ $6. Varias observaciones hechas de priesa con poco saber, 
y menos exacción] por exactitud, prisa y sabiduría. 

»Concluye el libro iv diciendo: Antes de anochecer se avistó la 
Española en Comarca del Golfo de Samaná, etc. 

»Además de la impropiedad de llamar comarca en el Golfo, 
no se sabe si era la isla ó la armada la que estaba inmediata al 
Golfo de .Samaná. 

^Finalmente, no permitiéndome la brevedad con que se me 
ha mandado presentar mi voto particular detenerme en otras 
observaciones, concluyo mi dictamen diciendo: Que esta obra 
nada contiene contra la fe, buenas costumbres, ni contra las leyes 
del reino, que impida su publicación, pero que nada substancial 
añade á lo que dicen los historiadores de Indias, así nacionales 
como extranjeros; antes, bien, falta no solo lo que dejo notado, 
sino muchas otras especies que podrían señalarse después de una 
lectura y examen más detenido; que carreo de autenticidad, por- 
que no trae los documentos ni las citas que confirmen ó prue- 
ben los hechos; que le falta el interés, porque se han omitido las 
reflexiones que pueden instruir al lector: que está escrita sin la 
filosofía propia del siglo y á que daban lugar y abundante mate- 



D. JUAN BAUTISTA MUÑOZ. 33 

ria los mismos hechos; que el estilo es desigual y poco correcto 
el lenguaje; pues aunque hay párrafos de estilo más sublime, se 
pueden considerar como la púrpura de Horacio cosida con el 
paño bajo; por consiguiente, le falta la dignidad correspondiente 
para que se publique dedicada al Rey N. S. y como una obra de 
la nación. 

»En este juicio, que sujeto gustosamente á la sabiduría y luces 
de la Academia, me parece que no podrá encontrarse expresión 
alguna que ofenda la persona del autor, á quien estimo particu- 
larmente, y cuyas satisfacciones y felicidades deseo muy de ve- 
ras, ni al informe de los censores, ni últimamente al juicio de la 
Academia. Solo he creído que una obra de esta importancia 
pedía un examen más prolijo para no comprometer el augusto 
nombre de S. M. y el decoro de la nación; cualquiera otra inter- 
pretación será siniestra, contraria á mis intenciones, y desde 
ahora la protesto. 

» Madrid 10 de Noviembre de 1 791. — José de Guevara Vas- 
conzelos-». 

Las dudas suscitadas por la lectura de este papel acerca de la 
puntualidad y exactitud de la referida Historia promovieron 
nueva votación para determinar si, no obstante el juicio emitido 
por los cuatro censores que tuvieron la comisión de su examen, 
convendría leer y reconocer de nuevo toda la obra en Academia 
plena con preferencia á otro cualquiera trabajo, lo cual por vota- 
ción también se decidió, determinando celebrar, á más de la ordi- 
naria, otra sesión todos los lunes, empezando el 1 4 del mes 
corriente. Asistieron á la votación los Sres. Director Campoma- 
nes, Guevara, Ortega, López, Rivero, Celada, Palomares, Duque 
de Almodóvar, Conde de Castillejo, P. Banqueri, Vargas y Ponce, 
Manuel y Rodríguez, P. Cáñez, Antonio Gillemán, P. Montejo, 
P. Cuenca, Cornide, Fernando Gillemán, Posada, P. Centeno, 
P. Traggia, Capmany, Secretario, total 22. 

Reunida por consecuencia la Academia el lunes 14, antes de 
empezar la lectura se ventilaron dos puntos á propuesta de algu- 
nos de los asistentes, á saber: 

TOMO XLII. 3 



34 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

i .° Si la Historia del Nuevo Mundo debía llevar prólogo en 
que el autor manifestara la idea y plan de ella. Habiéndose votado 
por nómina decidió la mayoría: «Que era preciso prólogo, y que 
éste se había de presentar previamente al examen de la Aca- 
demia». 

2.° Si debía preceder al cuerpo de la obra un discurso preli- 
minar en que se tratasen las grandes cuestiones, así geográficas 
como políticas y morales, que tenían divididas las opiniones de 
los historiadores y literatos de Europa. 

En votación nominal igualmente se decidió: «Que no era nece- 
sario este discurso», siendo el número de votos ocho por la afir- 
mativa y seis por la negativa; pero los Sres. Rivero, López, 
P. Banqueri, P. Cáñez, Gillemán y Capmany, reservaron su pare- 
cer hasta después de la lectura de los dos tomos presentados. 

El Duque de Almodóvar llamó la atención sobre el voto par- 
ticular del Sr. Guevara, estimándolo poco fundado, contradicto- 
rio y demasiado crítico contra la práctica de la Academia, y la 
intención del Real Consejo de las Indias, según los términos 
en que había encargado la censura. Sin embargo, se procedió á 
leer la obra según el anterior acuerdo. 

Continuando esta lectura, en la sesión del 1 8, fué el Sr. Gue- 
vara particularizando las observaciones y reparos de su voto par- 
ticular; promoviendo largas discusiones y variedad de pareceres 
sobre algunos puntos, que se prosiguieron en la junta del 21, y 
en la inmediata del día 25 se dio cuenta de la siguiente disposi- 
ción comunicada por el Sr. Conde de Floridablanca, Secretario 
de Estado del Despacho Universal, fecha en San Lorenzo el 24. 

Real orden. 

El Rey ha entendido las diferencias y disputas ocurridas y que 
aún penden en esa Real Academia, con motivo del examen y 
censura de los seis primeros libros que de su Real orden está 
escribiendo D. Juan Bautista Muñoz, y mandó pasar al Supremo 
Tribunal de las Indias para que expusiera su dictamen, oyendo 
antes á la Academia. Para tomar S. M. conocimiento y resolver 



D. JUAN BAUTISTA MUÑOZ. 35 

lo conveniente en una materia de esta naturaleza, quiere que con 
la mayor brevedad informe la Academia con copia auténtica de 
todo lo ocurrido en el particular desde que recibió del Consejo 
los seis expresados libros hasta el presente. Lo participo á V. S. 
de orden del Rey, para inteligencia de la Academia y para su 
pronto y debido cumplimiento. Dios, etc. San Lorenzo, 24 de 
Noviembre de 1791. — El Conde de Floridablanca. — Sr. D. Anto- 
nio Capmany. 

Acordado el inmediato cumplimiento, se prosiguió la lectura 
y discusión de la obra en esta misma Junta, así como en las de los 
dias 28 de Noviembre, 2, 5, 9, 12 y 16 de Diciembre, en que se 
concluyó la de los seis libros y la de reparos que se habían ido 
haciendo. Volvió á presentarse la proposición de «si debía llevar 
la obra un discurso preliminar», y la pluralidad decidió que sí. 

Seguidamente se preguntó si había ó no inconveniente en que 
los referidos seis libros leídos de la Historia del Nuevo Mundo se 
dieran á la luz pública, y acordado que la votación fuera secreta, 
resultaron diez votos en pro y siete en contra. Por consecuencia, 
se resolvió devolver el original al Real Consejo de las Indias con 
certificación del acuerdo. 

A las referidas sesiones, desde la de 1 4 de Noviembre, no asis- 
tió el Director Campomanes, presidiéndolas el Sr. Guevara, autor 
del voto particular, lo mismo que la de 23 de Diciembre, en 
la que el P. Fr. Juan de Cuenca presentó por escrito protesta 
contra la votación de la precedente, calificándola de contradic- 
toria y nula, entre otras razones por haber emitido voto indivi- 
duos que no habían asistido á todas las Juntas en que se hizo la 
lectura, y acordó la Academia que este escrito pasara con urgen- 
cia á informe del censor. 

Lo era D. Felipe de Rivero, y cumplió la encomienda el 28 de 
Diciembre leyendo su dictamen. Consideraba preferible que la 
Academia trabajara en unión y paz, lejos de discordias y espí- 
ritu de partido enemigo de todo bien, y por tanto, que en vez 
de llevar adelante el acuerdo del día 1 6, se comunicaran á Don 
Juan Bautista Muñoz todos los reparos puestos á su Historia para 
que hiciera de ellos el uso más conveniente á la mejora y perfec- 



36 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

ción de los trabajos, y que de lo que practicase se volviera á dar 
vista á los primeros cuatro censores, á cuyo juicio se confiara la 
Academia, pasando el manuscrito sin más examen al Supremo 
Consejo de las Indias. 

2.° Que sería oportuno y útil que se representase á S. M. sobre 
las dudas y reparos que se habían ofrecido con motivo de la gra- 
cia de Académico hecha al Sr. Muñoz (en 14 de Septiembre 
de T 788 ), dudas que habían detenido la posesión y ejercicio, 
defraudando todo ese tiempo al Cuerpo de un individuo tan digno. 

3. Oue la Academia procedería noble y generosamente si 
<Mi la elección de Director (i) siguiese la costumbre de tantos 
años á favor de un personaje que renunció la perpetuidad por- 
que conservase su libertad la Academia; que sería inesperada 
novedad el primer ahóndela exoneración de sus empleos y reci- 
biría la ofensa en una sesión en que las dos terceras partes, lar- 
gamente, eran Académicos á propuesta suya. 

En fin, que no había circunstancia que no reclamase para rec- 
tificar un hecho que se oponía á la correspondencia, memoria y 
honradez, y que volverían las cosas al pie de concordia y unifor- 
midad, en cuya conservación solo se interesaba el censor. 

Alabó la Academia la discreción y buen celo del Sr. Rivero; 
v aunque hubo discrepancias, acordó aceptar su dictamen en 
punto á comunicar al Sr. Muñoz los reparos hechos á su obra, en 
la forma que indicaba, y en el de que se diera al mismo posesión 
de la plaza de Académico que tenía concedida por orden de Su 
Majestad, de 23 de Septiembre de 1/88, en clase de supernume- 
rario. 

En la elección de Director no quedó complacido: ocho escru- 
tinios fueron necesarios para reunir número suficiente de votos, 
y esto, en el último, después de haber eliminado la candidatura 



(1) Se había verificado en la sesión anterior del día 23, obteniendo diez 
votos el Conde de Campomanes, nueve el Duque de Almodóvar, uno Don 
Tomás Sánchez y uno el Conde de la Roca. No dio resultado en razón ;i 
no haber obtenido ninguno de los candidatos las dos terceras partes de 
los votos, requeridas por los Estatutos. 



D. JUAN BAUTISTA MUÑOZ. 37 

del conde de Campomanes. Así obtuvo mayoría el duque de Al- 
modóvar. 

Tomó posesión el 13 de Enero de 1792, y en la primera se- 
sión de su Presidencia se dio cuenta de regia determinación que 
ponía término al asunto de la Historia del Nuevo Mundo, suscri- 
biendo el Académico de la Historia D. Antonio Porlier, Marqués 
de Bajamar, Secretario de Estado y del Despacho de Gracia y 
Justicia de Indias, la siguiente 



Real orden. 

Excmo. Sr.: He dado cuenta al Rey de una representación 
que han dirigido á S. M. por mano del Sr. Conde de Florida- 
blanca, con fecha 20 de Noviembre del año próximo pasado, los 
censores que la Real Academia de la Historia deputó para el 
examen que de Real orden se la cometió por el Consejo de In- 
dias, de la Historia del Nuevo Mundo, escrita por D. Juan Bau- 
tista Muñoz, Cosmógrafo de Indias y Oficial de la Secretaría de 
Estado y del Despacho de Gracia y Justicia de aquellos domi- 
nios de mi cargo, en la cual, con otros individuos del propio 
Cuerpo, se quejaban de que á pesar de la honorífica aprobación 
que habían -dado á dicha obra por su exactitud, buen método, 
pureza de lenguaje y demás prendas que la hacen muy recomen- 
dable, se habían suscitado diversos pareceres, y contra la cos- 
tumbre de la misma Academia, y con desdoro de los cuatro in- 
dividuos censores, en quienes había comprometido todas sus fa- 
cultades, se mandó leer y examinar de nuevo en sus Juntas ordi- 
narias y en las extraordinarias tenidas á este fin, en las que tam- 
bién se leyó el dictamen particular que formó el Académico Don 
José de Guevara Vasconcelos, y dio motivo al nuevo examen y 
dilaciones que se han seguido. 

Asimismo he hecho presente al Rey la representación de la 
Academia de 29 de Noviembre del citado año, en que satisfa- 
ciendo á la Real orden de 24 del propio mes, comunicada por el 
ministerio de Estado, acompañó copia auténtica de todas las ac- 



38 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

tas celebradas por la expresada Academia y demás ocurrido des- 
de que por el Consejo de Indias se le pasó para su censura la 
Historia de Muñoz. 

Enterado de todo S. M. muy particularmente, y deseando cor- 
tar disputas y opiniones, se ha servido resolver, conformándose 
con el uniforme dictamen de la Suprema Junta de Estado, que 
la Academia cese en la revisión de toda la obra de Muñoz que 
tenía acordada, por estar ya vista, examinada y aprobada con 
elogios por los cuatro censores á cuyo juicio la confió, y que en 
cumplimiento de lo que se la ha prevenido por el Consejo de 
Indias, le devuelvan los dos tomos de la mencionada Historia, 
acompañados de la censura de los cuatro Académicos comisiona- 
dos, para que en su vista tome aquel Tribunal la determinación 
que hallare justa acerca de su publicación. Todo lo cual preven- 
go de Real orden á V. E. á fin de que, haciéndolo presente á la 
propia Academia, disponga el más puntual y debido cumplimien- 
to de la soberana determinación. Dios, etc. Palacio, 8 de Enero 
de 1/92. — El Marqués de Bajamar. — Excmo. Sr. Duque de Al- 
modóvar.. 

Cumplido el precepto, dispuso el Consejo de Indias la publi- 
cación, y salió de las prensas de la Viuda de Ibarra el año 1793 
un tomo en 4. , conteniendo el manuscrito leído ante la Acade- 
mia, sin otra variación que la de agregar al final Sumarios de los 
libros de este tomo por el orden de sus secciones. El Cuerpo no 
volvió á tratar del asunto, ni el autor, posesionado de su plaza 
de Académico, hizo en lo sucesivo alusión á los escritos que se 
le habían comunicado. Escribió, sin embargo, respuesta al voto 
particular del Sr. Guevara, reservándola en uso privado, al cono- 
cimiento de sus amigos, por curiosidad de alguno de los cuales 
ha llegado á su natural destino, transcurridos más de cien años, 
en esta forma (i) : 



(1) Perteneció el documento original, ron anotaciones de mano de 
Muñoz, al general de Marina D. Jo.-^c de Mazarredo, y ha sido remitido á 
la Academia con otros varios, como obsequio del Sr. D. Antonio de Maza- 
nedo y Allende Saladar, en el año «le 1902. 



D. JUAN BAUTISTA MUÑOZ. 39 

Respuesta de D. Juan Bautista Muñoz al voto 

del Sr. D. José Guevara sobre la «Historia del Nuevo Mundo». 

Resumen del hecho. 

«Presentados al Rey, nuestro señor, los seis primeros libros de 
mi obra en dos tomos manuscritos, se remitieron con Real orden 
al Consejo de Indias para que informase si había en ellos reparo 
ó inconveniente substancial que impidiese su publicación, oyen- 
do antes á los Fiscales y á la Academia de la Historia. Pasó mi 
escrito á este cuerpo literario á fines de Agosto antecedente, y 
se nombró para el examen una Junta compuesta de los señores 
Duque de Almodóvar, Conde de Castillejo, D. Tomás Sánchez 
y D. Joaquín de Flores; éstos presentaron su dictamen, muy 
favorable á mi Historia, en la sesión* de 7 de Octubre. Todos los 
Académicos se dieron por satisfechos. Solamente el Sr. Guevara 
hizo oposición, diciendo haber oído que la parte geográfica era 
copiada de Munster. Bastó este escrúpulo para que el Sr. Direc- 
tor mandase suspender la aprobación hasta la sesión próxima, 
en que, para satisfacción del Cuerpo, se leería públicamente el 
libro primero, donde, según decían, estaba mi sistema geográfico. 
En efecto, se leyó este libro con general aplauso, y á consecuen- 
cia se confirmó la honorífica aprobación de la Junta por votación 
unánime. Disipóse el escrúpulo del Sr. Guevara, y aun se le hizo 
confesar que no había visto la Cosmografía de Munster. Sin em- 
bargo, repugnó los elogios, aunque no quiso asistir á la lectura, y 
convidado á tomar conocimiento de la obra, se negó entonces 
constantemente. No asistió el Sr. Director á esta sesión. En la 
siguiente del 21, al tiempo de ratificar el Acta, dijo el Sr. Gue- 
vara que había sido de voto singular y lo quería dejar por escri- 
to. Bastó esto también para que se detuviese la certificación, que 
debía remitirse al Consejo conforme á lo acordado, hasta ver el 
voto singular. Para extenderlo tomó el Sr. Guevara los tomos, 
y aunque ofreció devolverlos con su voto en la sesión próxima, 
no lo hizo hasta el 30 de Noviembre. Leído el papel se suscita- 
ron varias disputas; y so color de cortarlas, dispuso el Director, 



40 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

sin respeto á todo lo actuado, que se leyesen los dos tomos en 
Academia plena y se fuesen criticando menudamente. Así se ha 
hecho, y empleando en ello dos días cada semana, se ha concluí- 
do la lectura en 1 6 del corriente Diciembre, día en que, á pesar 
de varias maquinaciones, se ha decretado nue\-amente la apro- 
bación á pluralidad de votos» . 

Respuesta de D. Juan Bautista Muñoz al voto particular 
del Sr. D. José de Guevara sobre la «.Historia del Nuevo Mundo». 

«Empieza el Sr. Guevara confesando que en mi obra no hay 
errores substanciales en orden á los hechos históricos. «La noto- 
ria instrucción del Sr. Muñoz (dice), sus grandes conocimientos, 
su infatigable aplicación á este objeto, la diligencia y cuidado 
que ha puesto en recoger una preciosísima colección de docu- 
mentos, y el haber dedicado la obra á S. M., forman una presun- 
ción tan favorable del desempeño de esta Comisión, que sería 
temeridad dudar de ella. Pero estas mismas circunstancias y «"1 
temor que no se comprometiera la Academia en su dictamen, 
fueron los únicos motivos que me obligaron á separarme del 
juicio casi unánime de este Cuerpo». Pudiera quitar el casi, pues 
fuera de él todos los Académicos juzgaron que yo había imitado 
felizmente á los antiguos clásicos, y llenado dignamente las 
buenas partes de un historiador; así en el plan, la distribución y 
orden, y las oportunas descripciones geográficas, como en la 
precisión y rapidez del estilo, la propiedad y pureza del" lengua- 
je. Este fué el dictamen de los cuatro Censores que examinaron 
la obra con la debida atención y diligencia, con que se confor- 
maron todos los individuos del Cuerpo en la sesión del 14 de 
Octubre, después de leído en ella el primer libro, según el acuer- 
do de la sesión antecedente. Solo el Sr. Guevara, que no quiso 
asistir á la lectura, llevó á mal los elogios que oía en boca de 
todos sus compañeros, y se obstinó en que la obra sería un libro 
más en el mundo, al mismo tiempo que protestaba no tener de 
ella ningún conocimiento ni quererlo tomar. Una conducta tan 
ajena de un hombre sensato, y las expresiones preñadas que so 



D. JUAN BAUTISTA MUÑOZ. 41 

le han oído , dan una presunción vehementísima de que el origen 
de la censura que después hizo es muy distinto del que significa. 
Será, en realidad, lo que quiera el Sr. Guevara; ni juzgo de su 
corazón ni me opongo á que hay cosas ciertas que son suma- 
mente inverosímiles. Vengamos á sus reparos. 

»Los defectos que el Sr. Guevara pone á mi escrito se redu- 
cen, según dice, á pecados de omisión y de comisión. De los 
primeros tenía yo largas noticias, y las personas que saben ante- 
cedentes señalan, como con el dedo, al autor de este capítulo. 
Se me culpa que no haya dividido los libros en capítulos, ni 
puesto epígrafes; que falta un prólogo en que se exponga el 
motivo, idea, plan, método y extensión de esta obra; que se 
echan de menos los documentos, las citas y las pruebas. Yo echo 
de menos, en los que así censuran, ó la noticia de los mejores 
libros históricos de todos tiempos y países, pues todos los más 
carecen de tales circunstancias, ó el juicio y gusto con que se 
pretende imponer unas leyes desconocidas en la república lite- 
raria. Los que conocen á Herodoto, Tucidides, Jenofonte, Poli- 
bio, Livio, Salustio, Bucaman, el Presidente de Thou, Grocio, 
Mariana, Mendoza, etc., deben mirar como nuevas y extrava- 
gantes las reglas del Sr. Guevara, y despreciar como se mereco 
el dictamen de los que á su contemplación dijeron que aquellos 
autores ya no rigen en el día. Y de hecho es así, que por nues- 
tra desgracia se estudian y se imitan muy poco los modelos de 
la antigüedad. Aunque en la presente acusación no tiene tanta 
parte la ignorancia cuanto el prurito de notar á diestro y sinies- 
tro. No ignora el Sr. Guevara que tengo ofrecidos los documen- 
tos, las pruebas é ilustraciones, y también el prólogo. Ale he pro- 
puesto hacer más de lo que se me exige, confiando en Dios y en 
mi aplicación satisfacer al Rey, al ministerio, al público y par- 
ticularmente á los doctos y juiciosos, bien que sin esperanza de 
contentar á mi antagonista. 

»Desde luego no sabré decirle qué número de tomos conten- 
drá toda la Historia. Su merced se mete en cálculos que cierta- 
mente no entiende, pues yerra en los datos más obvios. Mis seis 
libros finalizan con el gobierno del primer Almirante: el calcu- 



42 boletín de la real academia de la historia. 

lador dice que con la muerte de la Reina Católica, confundiendo 
los tiempos y precipitándose vergonzosamente. No es esto lo 
peor. I'or semejantes datos saca que la obra entera tendrá loo ó 
más tomos. Mótala de prolija al mismo tiempo que entre tantas 
censuras arbitrarias, pueriles y ridiculas, no hay una siquiera 
sobre superfluidad de palabras ó cosas. Muy al contrario, echa de 
menos tal multitud de entrambas, que si la obra hubiera de dis- 
ponerse según su fantasía, sería la más larga y monstruosa del 
mundo. Juzga indispensable el Sr. Guevara un discurso preli- 
minar, disertaciones ó notas que precedan á la narración. En 
estos aparatos previos quiere se traten tantos puntos controver- 
tibles, tantas dificultades y cuestiones, que es necesario desem- 
barazar al lector antes que entre en la historia. Asimismo «orde- 
na y manda» se trate en los preliminares sobre la población de 
América, su descubridor, el origen de los indios, su gobierno, 
sus leyes y otros puntos semejantes, exponiendo innumerables 
dificultades y opiniones y adoptando el autor con buenos funda- 
mentos la opinión más' probable. Manda otrosí se exponga lar- 
gamente el estado político de la Europa, el de la Astronomía y 
el do la Navegación en los tiempos anteriores al descubrimiento». 
Ni le satisface que tales puntos se toquen y orillen rápida y li- 
geramente, como hago yo en muchos de ellos en el primer libro: 
deben extenderse /r0 dignitate. «No fué Aristarco tan severo, ni 
pidió tantas leyes como pides» (Lup. Argensola). Quien haya visto 
un buen tomo en folio empleado en uno solo de estos puntos, y 
otro tal bajo el título de Ensayo sobre la cuestión, cuándo y 
cómo fué poblada el América, «podrá tantear el número de vo- 
lúmenes que ocupará el discurso preliminar del Sr. Guevara. ¡Qué 
picado tan gordo haber tratado esta grande y difícil cuestión en 
pocos renglones! Las luces del siglo xvm (dice) pedían otra cosa. 
¡Qué 1 bárbaros no serán en su concepto los ingleses, autores de 
la Historia universal, que en la de América, no obstante su título 
tan general y pelado con el mío, pasan por alto todos esos pun- 
tos, que su merced llama los unís esenciales] y en cuanto á la 
cuestión gratule solo se dignan advertir en una nota» que dejan 
á los académicos y especuladores ociosos la inútil fatiga de in- 



D. JUAN BAUTISTA MUÑOZ. 43 

vestigar cómo fué poblada la América; porque esta materia pa- 
rece ajena de un historiador. ¡Qué mal corresponde Robertson 
á las luces del siglo, pues que en su Historia general de Amé- 
rica omite ó toca á la ligera todos los más asuntos que el señor 
Guevara echa menos en la mía; y en la de su país abandona la 
primera época á las investigaciones y credulidad de los compila- 
dores de viejas crónicas, porque no ofrece mas que fábulas y 
conjeturas; y aun la segunda cree deberse tratar muy ligera- 
mente! Pero Robertson es para el Sr. Guevara un autor lleno de 
disparates cuando se le arguye con su autoridad. Lo mismo Livio 
y cualesquiera otros que se le citen. Es singular en todo el buen 
señor. 

» Además de las omisiones previas señala otras concomitantes. 
¿Por qué no he de tratar yo la Historia natural, siempre que los 
hechos dan ocasión á ello? ¿Por qué he de referir solo algunas 
producciones? ¿Por qué no he de describirlas científicamente? 
Que esto no sería cargar la Historia de menudencias. Conten- 
tóme con responder que desearía ver una historia civil de su 
mano, donde se fuesen insertando, por partes, todas las artes y 
ciencias. ¿Qué gusto no sería ver repartida en la del Nuevo 
Mundo la enciclopedia metódica por un nuevo método? De allí 
sacaría todo literato cuanto hubiese menester; señaladamente 
los Predicadores tendrían un tesoro en las innumerables refle- 
xiones del Sr. Guevara. Sobre la primera carta de Colón haría 
su merced un comentario como el que echa de menos en mi 
escrito, donde campearían el arte de la construcción de las na- 
ves, la maniobra, la religión, la legislación, la moral, la agricul- 
tura, el comercio de los indios, con sus reflexiones filosóficas á 
cada punto. El abad de Mably observa que cuanto los historia- 
dores son más sabios y de gusto más delicado, tanto más son 
breves y rápidos en sus reflexiones, las cuales quiere se usen 
con mucha parsimonia, y generalmente disimuladas y embebidas 
en la narración. Lo contrario, dice, no puede perdonarse sino en 
quien escriba solo para niños. Nada reprueba tanto como el pru- 
rito de ostentar erudición y filosofía; ostentación, á su juicio, 
ajena de la historia y muy propia de los que por el mismo caso 



44 BOLETÍN de LA real academia de la historia. 

de no tener la verdadera filosofía, quieren hacer del filósofo fuera 
de tiempo y lugar. Y añade, que en esto convienen los mejores 
historiadores modernos con los antiguos clásicos. Mas para el 
Sr. Guevara, que piensa de otro modo, el abad de Mably será 
indigno de las luces del presente siglo. 

»Nada es tan gracioso, en el lugar de que vamos hablando, 
como el que mi antagonista afecte instrucción en documentos de 
América, y descubra su miseria por quererlo lucir. Entre los 
puntos que pedían de justicia reflexiones filosóficas pone «las 
»embarcaciones de los indios, que las había hasta de /O hombres, 
»los adornos de las mujeres de los caribes y otros, que consta 
»(dice) del primer documento de la Historia de Indias, que en 
»mi juicio es la carta que, apenas llegó Colón á Lisboa de vuelta 
»de su primer viaje, escribió con fecha de último de Febrero á 
»D. Rafael de .Sánchez, y que tradujo en latín Alexandro Cosco 
»con el título ad magnificum Rafaelcm de Sanxis. No sé si (Mu- 
Ȗoz) ha visto este documento, que de letra de Tortis se con- 
»serva entre los manuscritos de la Real Biblioteca». Quien no 
ha visto ese documento impreso en 1 493 con letra de Tortis es 
el Sr. Guevara, y se convence por los errores que copia de la 
reimpresión de Schot, poniendo Rafael Alejandro Sanxis en lugar 
de Gabriel Leandro Sánchez. Aún da motivo para dudar si ha 
visto la reimpresión, pues trae errado lo que copia: no dice Ra- 
faelcm de Sanxis y Cosco, sino Rafaelcm Sanxis y Cosco. Perdo- 
nóle que llame título á la dirección; pero no es perdonable el 
que tenga esta carta por el primer documento de la Historia de 
Indias, siquiera por estar antes la relación que Colón escribió 
durante el viaje. Ni lo es el suponer que en dicho documento se 
habla de los adornos de las mujeres de los caribes, no hablándose 
sino solamente de sus armas. Utuntur arcubus ct spiculis... mu- 
niunt seré laminis acncis quarum máxima apud eas copia; y aun 
en esto último se engañó Colón, porque, no tenía noticias sino 
de oídas é inexactas. Mi buen antagonista se lo cree todo. Tra- 
góse el error de la reimpresión donde dice speculis, y de ahí, sin 
duda, se le ofreció 1<> de los adornos. 1.a impresión de letra de 
Tortis dice Spiculis. Otra prueba de que no la ha visto. Tampoco 



D. JUAN BAUTISTA MUÑOZ. 45 

es exacto en cuanto á la capacidad de las embarcaciones, pues 
en la tal carta se dice haberlas no solo de hasta JO hombres, sino 
de hasta 8o. Lo más notable es que yerre la fecha y haga en Lis- 
boa á Colón muchos días antes de tomar tierra. Confunde las 
idus con las calendas, y así, donde leyó pridie idus Martii, inter- 
pretó el último de Febrero, siendo el 1 4 de Marzo. Si no enten- 
día bien el latín ó la cuenta romana, ¿por qué no registraba mis 
libros, donde en números y palabras vulgares hubiera visto y 
aprendido lo que necesitaba para no confundir los tiempos? 
Tantos y tan crasos errores comete el Sr. Guevara por querer 
afectar erudición en materias que le son desconocidas. 

»Aún, si cabe, son de más bulto sus alucinaciones en orden á 
los descubrimientos de Martín de Bohemia, ó sea Behem. Re- 
prende el que toque yo ligeramente la opinión de algunos que 
atribuyen á ese navegante el descubrimiento de América; opi- 
nión, á su parecer, apoyada en varios documentos é historiado- 
res coetáneos. Si he de decir lo que pienso, no tanto es este el 
parecer de mi antagonista cuanto el de un Académico de Fila- 
delfia, con cuyos trapos feos y mal zurcidos pretende engala- 
narse nuestro Académico, ocultando el dueño de ellos y la mano 
por donde le han venido. ¡Qué ha de hacer el pobre una vez me- 
tido en el empeño de presentarse delante de gentes, sino cubrir 
su desnudez como quiera que sea! Mas vamos al asunto. «Martín 
»de Bohemia (escribe) tiene á su favor, además de los documen- 
tos de Nuremberga, historiadores del mismo tiempo confirma- 
idos por los coetáneos españoles». ¿Quién creería que no hay ni 
sombra de todo eso ? quiero decir, ni un solo autor ó documento 
coetáneo que exima de la nota de imaginario el mapa de Behem 
en la parte del Océano occidental, donde pone tierras por pura 
fantasía, á imitación de los miserables geógrafos de su era. Los 
documentos se reducen por todo á un papel mojado de los Ar- 
chivos de Nuremberga, que sobre carecer de autenticidad, es de 
tiempo muy posterior, pues habla ya, y no como de un hecho 
reciente, de los descubrimientos de Magallanes. En cuanto á los 
supuestos autores coetáneos, no se producen otros que Pedro 
Matei, el cual habla manifiestamente de las expediciones portu- 



46 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

guesas sobre la costa de África; y Hartman Schedl, en cuya cró- 
nica, según la rara inteligencia del Sr. Guevara, se asegura que 
Behcm descubrió antes que Colón la América. Vea el lector las 
palabras de Schedl: Auno Do/u. T4S5: Joannes II. Portugalliae 
rex... certas galeas ómnibus ad victum necesariis instruxit, eas 
que ultra columnas Herculis ad meridiem misit. Praefecit autem 
his patronos dúos, Iacobum Canum portugallcnsem, et Martinum 
Behemum homincm germanum... Ili dúo bono Dcorum auspicio 
mare meridionale saleantes, a litorc non longe evagantes, superato 
circulo aequinoctiali in alterum orbem delati sunt. Aperuere igitur 
sua industria alium orbem liactcuus nobis incoguitum , et multis 
a unís a nullis quam a Ianucnsibiis fi-ustra tentatum. Xo son me- 
nester grandes luces para conocer que en este lugar, asimismo 
como en el de Matei, solo se trata de una navegación al Medio- 
día por junto á las costas de África, en que pasado el ecuador se 
llegó al hemisferio antartico, el cual fué llamado otro orbe, así 
por Schedl como por otros muchos escritores del tiempo ante- 
rior al descubrimiento de Colón. ¿Dónde está la aseguración de 
que Behem descubrió la América, dónde los fundamentos de una 
opinión, que, si creemos al Sr. Guevara, quita á Colón la gloria y 
á los Reyes de España el derecho á las Indias occidentales? Pero 
Gomara insinúa la misma noticia. Xi Gomara insinúa tal dispa- 
rate, ni es escritor coetáneo. Buenos andarían los derechos de la 
nación si se pusieran en manos del Sr. Guevara. En lugar más 
oportuno diré otras cosas sobre Behem y su carta ó globo, como 
quiera su morced, que ambos nombres se le dan en la diserta- 
ción de Mr. Otto, de quien se aprovecha; sino es que se aprove- 
che solamente de los apuntamientos de un amiguito, según oigo 
y lo indican las equivocaciones de Hernán por Hartman, y de 
comentadores por copiantes de Eneas Silvio. 

Acabo con los pecados de omisión por la del año en que fué 
Colón á Lisboa, el cual no es difícil de señalar en dictamen del 
Sr. Guevara. Confieso que no he podido averiguarlo á punto fijo, 
v por tanto me contento con decir que fué á fines del reinado 
de Alonso V de Portugal. El Sr. Guevara, por su bondad, nos 
favorecerá quizá con noticias más puntuales cuando estudie la 



D. JUAN BAUTISTA MUÑOZ. 47 

materia. Por ahora le basta vender por fácil lo que, á mi parecer, 
no sabe si es fácil ó difícil. 

»Pasemos á otras pruebas de su ligereza y falta de instrucción. 
Hállanse muy copiosas y evidentes en lo poquísimo que dice 
mi antagonista de los pecados de comisión acerca de las cosas. 
Uno de los más graves consiste en llamar curioso al itinerario 
de Benjamín de Tudela. Contra esto se trae únicamente que 
algunos dudan si Benjamín viajó, y que se le notan crasos erro- 
res en Historia y Geografía. Concedo uno y otro. ¿Luego el iti- 
nerario que escribió no es curioso? Estudie el Sr. Académico el 
significado de esa palabra y use de mejor lógica. Conozca tam- 
bién que no la usó muy buena Baratier, Barthio, L' Empereur, 
Pinedo, Spanhemio, Baile y otros; hombres doctos y de maduro 
juicio enseñaron á ese niño los errores de Benjamín y aun las 
patrañas fabricadas de industria sobre el estado y número de los 
judíos en el Oriente; mas no por eso se propasaron á negar sus 
peregrinaciones, como nadie osa negar los viajes de Polo, Man- 
deville, Rubruquis y otros mil viajeros de todos tiempos, por 
ver sus relaciones atestadas de sueños y errores groserísimos. Ni 
Robertson, ni los autores de la enciclopedia metódica, ni otros 
muchos sabios del día, hacen caso de la niñería de Baratier, ni 
le hicieron los Académicos más instruidos cuando oyeron ese 
escrúpulo en boca de un compañero. El Sr. Guevara lo adoptó 
desde entonces por su ansia de criticar. 

» Adoptadas son también, á mi juicio, las especies que expone 
acerca de las, navegaciones de españoles y portugueses en el 
Océano antes del descubrimiento de América. Hallo parte de 
ellas en el comentario que el Director de la Academia publicó 
sobre el Periplo de Hamon, donde se advierten trastornadas 
todas las ideas, en el particular, ni más ni menos que en el voto 
singular del Académico. En ambos escritos se pretende quitar á 
nuestros navegantes la gloria de haber precedido y estimulado á 
los de Portugal en orden á dichas navegaciones. Ignoran la his- 
toria de una y otra nación, y particularmente la de las Canarias. 
Nuestra gloria es cierta y confesada por los mismos portugueses; 
tan cierta como la ventaja que éstos hicieron luego á sus precur- 



48 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

sores y maestros. Ignora el Sr. Guevara los tiempos en que se 
fueron reconociendo las costas é islas del África ; ignora lo que 
es el cabo de Xon y cuándo se pasó; ignora las noticias de las 
islas de Madera, que se tenían en España primero que diesen en 
ellas, por casualidad, los capitanes del infante I). Enrique; igno- 
ra el plan que se propuso esto ilustre Infante y cuanto se hizo 
por su industria y protección en la primara mitad del siglo xv. 
Sirva para muestra de sus ignorancias el lugar siguiente: <sLas ex- 
»pediciones que se llamaron osadas fueron en las que se descu- 
brieron las islas de la Madera, Azores, Cabo Verde, etc., y 
» aquellas en que se dobló el cabo de Non, que por su incerti- 
»dumbre y riesgo se le dio este nombre, y todas estas que fue- 
»ron desde mediados del siglo (xv), no tienen conexión alguna 
»con la protección de los Reyes de Castilla, dieron á la pobla- 
»cióñ de las Canarias». ¿Qué extrañeza, que alharacas no serían 
las del Sr. Guevara si hubiera visto, como Dios mediante verá 
en mi obra, que por. autores del principio de aquel siglo consta 
que ya un español había reconocido antes las tierras de la otra 
parte del cabo Bojador? Si hubiera leído siquiera á Barros, sabría 
que todas las más expediciones que dice haber sido desde media- 
dos de dicho siglo fueron anteriores; sabría que antes del 
año 1450 hicieron los portugueses mucho más de lo contenido 
en los documentos que logró ese historiador; sabría que antes 
del expresado año no solo habían navegado los portugueses 
mucho más allá del cabo Non, sino tal vez más allá de la equinoc- 
cial; sabría, por fin, dónde está el cabo del -Rescate, cuándo y 
por qué causa se le impuso ese nombre, cuándo eran ya consi- 
derables los rescates y negociaciones con los bárbaros de África, 
y cuándo se hizo gracia de su quinto y diezmo al infante D. En- 
rique. I >e otros libros y papeles pudiera haber aprendido las osa- 
das navegaciones de castellanos, aragoneses, genoveses, norman- 
dos y otros en el ( )céano, antes de la época en que su merced 
las pone; cómo renacieron las antiguas y ya olvidadas sospechas 
de nuevas tierras hacia el Occidente; el influjo y parte que en 
todo olio tuvieron el favor de los Royes de Castilla, la población 
europea de las Canarias y la conquista de ellas por España. El 



D. JUAN BAUTISTA MUÑOZ. 49 

Sr. Académico extraña todo eso, y se atreve á censurar mis 
dichos, sin exhibir prueba alguna de sus aserciones arbitrarias y 
erradas, porque no ha visto documentos, porque no sabe, por- 
que ignora, según confiesa en los números 23 y 28 de su papel, 
y según añado yo, porque la precipitación acompaña de ordina- 
rio á los que se meten- á censores en materias de que apenas tie- 
nen una ligera tintura. 

»La falta de lógica en este paso es lo más notable. Censura el 
Sr. Guevara que en un párrafo se llame al infante D. Enrique 
joven é inexperto, y en el siguiente sagaz y observador, sin adver- 
tir que lo primero se le atribuye cuando concibió y empezó á 
poner en obra, con espíritu superior á su edad, un plan de impor- 
tantes descubrimientos; y muchos años después se le dice de 
ánimo sagaz y observador, cuando á consecuencia de haber pasa- 
do sus capitanes el cabo Bojador hizo construir naves mayores y 
más sólidas para que pudiesen navegar sin zozobra los mares 
profundos y tempestuosos de adelante. Llámase al Infante, en 
contraposición de los marinos ejercitados, inexperto en la náu- 
tica; y el Sr. Guevara juzga inferirse lo contrario dé haberse 
hallado antes en la guerra de Ceuta, como valeroso capitán, y 
adquirido noticias de las costas de África y del rumbo que se- 
guían. La consecuencia es como suya. Omito la afectación de 
citar impertinentemente la obra intitulada Gesta ill regis Ioan- 
nis de bello septensi denominando crónica á la relación de un 
hecho de pocos días. ¿Si querrá escudarse con los Anales de 
quince días de Quevedo ? 

»Y hé aquí las estupendas censuras de Sr. Guevara en orden 
á las cosas. Dignísimas, por cierto, para que el Director de la 
Academia se empeñase en trastornar el orden y práctica recibi- 
da, y sin respeto al dictamen de los cuatro comisionados, y á la 
aprobación unánime de todo el Cuerpo, mandase examinar otra 
vez la obra de un modo inaudito. Ahora el Sr. Guevara, ufano 
con las alabanzas que su papel ha merecido al Director, y con 
haber prevalecido él solo contra una Junta de tantos literatos, ha 
depuesto los temores que antes tenía, y va se atreve á entrar en 
los asuntos propios de la obra. Como ilustrado de una ciencia in- 

TOMO xlii. 4 



50 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

lusa habla divinidades acerca de la Historia del Nuevo Mundo. 
«Colón no pudo atravesar de las Canarias á las Lucayas, desvián- 
dose poco del paralelo de la isla del Hierro. La conquista de 
Méjico y los hechos del gran Cortés fueron en tiempo de Feli- 
pe II». Estos y otros tales reparos pone de repente en las sesio- 
nes académicas, sin acobardarse porque le saquen los colores á 
la cara. 

»Pero vamos á la última parte de su papel. En la proposición 
de ella ofrece el Sr. Guevara manifestar que «mi estilo no tiene 
carácter, expresiones pomposas, locuciones de construcción difí- 
cil, voces anticuadas, defectos en la Gramática castellana, des- 
igualdad, obscuridad», etc. Acaso habrá quien dude si el etcétera 
quiere decir algo. Quiere decir mucho, y tanto, que es suficiente 
á compensar las vaciedades de las notas antecedentes. Ni para 
verlo es necesario esperar á que el Censor, libre de los graves 
negocios que le ocupaban al tiempo de alargar su voto, exponga 
otras muchas faltas que podría señalar. Sirva de ejemplo la terri- 
ble censura puesta en el epílogo: «esta obra nada substancial aña- 
de á lo que dicen los historiadores de Indias». Verdad es que el 
Sr. Guevara no ha visto más del primer tomo. Lo es también 
que en eso que ha visto halla cosas nuevas que ignora de dónde 
se hayan tomado, y por tanto me culpa de no haber presentado 
los documentos. Esto, en fin, según lo visto en varias sesiones 
Académicas y en el voto singular, que su merced no ha leído las 
historias de Indias, que si carease con ellas mis libros encon- 
traría muchísimas especies nuevas en todo punto, y todos los 
hechos ó rectificados ó referidos con novedad. Pero se trataba 
de acumular notas, y no de dar las pruebas. 

»Segundo ejemplo del mismo epílogo: «Está escrita (mi His- 
toria) sin la filosofía propia del siglo». El Sr. Guevara reserva 
las pruebas de esta censura para cuando las dé de su instrucción 
filosófica. Entretanto basta que lo diga. Si no es que tenga por 
prueba el que no haga yo del pedante á cada paso, afectando 
filosofía; prurito, como dice un sabio, en los que no la saben, que 
corrompe la historia enemiga de toda ostentación y de todo 
adorno que no sea de absoluta necesidad. Procure el Sr. Cueva- 



I>. JUAN BAUTISTA MUÑOZ. 5 1 

ra entender á fondo el quid decead, quid non, con otros consejos 
de Horacio, señaladamente el que empieza ordiuis Jtaec virtus 
erit. 

»Otro ejemplo de lo que encierra el preñado, etc. Entre los 
elogios dados á mi escrito por los cuatro censores y por los de- 
más Académicos que oyeron el primer libro, ninguno parece 
haberle sentado peor que el celebrar la precisión y rapidez del 
estilo, la propiedad y pureza del lenguaje', y así contra esto diri- 
gió sus principales baterías. Concibió su plan, y cuando iba de 
parto dijo en la Academia que mi obra era un puro galicismo. 
Rieron los oyentes y anunciaron el ridiculus mus que han 
visto ya en el voto singular. Leyó cuatro libros, agotó el cau- 
dal de su crítica, y al cabo encontró un por todo que le pare- 
ció galicismo. Véase el lugar. «Esta pequeña parte de la tierra 
que decían el mundo habitable, engreída con mil pretensos pri- 
vilegios, halló por todo la misma naturaleza con aquella unifor- 
me variedad que forma su carácter y hermosura». El Sr. Gue- 
vara ve el trouva par tout en el halló por todo, engañado de la 
correspondencia material de las voces, sin advertir que los sen- 
tidos son muy diferentes. El par tout francés es nuestro donde 
quiera. El español por todo es el latino per omnia. Así decimos 
atropcllar por todo, pasar por todo. Ouien entienda el latín Natu- 
ram per omnia secum consentientem ¿uveuit, penetrará la fuerza 
de mi expresión. Si yo me hubiera explicado así: hallo tina misma 
por todo á la naturaleza, ya separado el por todo del verbo hallar, 
no vería galicismo el Sr. Guevara, mas quizá vería dureza. Si 
hubiera escrito halló en todo y por todo, sin duda se abstendría 
>de censurar el lenguaje; pero yo no quería decir tanto. Quise 
indicar la uniformidad de la naturaleza de un modo vago y gene- 
ral, y escogí el por todo para indicarla en cuanto se descubría 
con relación así á los lugares como á las cosas en su totalidad. 
Aun cuando mi por todo equivaliera al par tout francés, no por 
solo eso sería galicismo, como no lo son otras innumerables fra- 
ses en que ambas lenguas convienen y se parecen como hijas de 
una misma madre. 

Estos son todos mis galicismos. Vengamos á otras notas muy 



52 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

propias de los que hablan el castellano solo por uso, y le estu- 
dian en los libros franceses, abandonando á nuestros autores 
clásicos. En éstos se hallan frecuentemente los infinitivos 
substantivados, los participios y los ablativos absolutos; hallán- 
se también las expresiones y voces liviandad, en pos, al través, 
acatar, contczucla, poblezuclo, trocar oro á baratijas, obra de, á 
toda furia, dentro en el agua, echar en tierra, y otras que mi 
antagonista llama antiguadas. Pero sepa que no han dejado de 
usarse enteramente esas y otras palabras y frases muy propias, 
muy expresivas, muy hermosas; si bien se oyen menos que antes 
en el común de las gentes y en el vulgo literario. Estos gustan 
más de cualesquiera voces y maneras de hablar corrientes, por 
más que sean bárbaras y mal adoptadas, que de las que proferían 
sus abuelos; las cuales han dejado perder ó enmohecer, por ig- 
norar la riqueza que tenían dentro de casa. Así manchan la pu- 
reza de la lengua, la empobrecen y quitan su vigor, su variedad 
y su gracia. Ouintiliano se lamentaba de este vicio entro los ro- 
manos, y á su imitación se han lamentado y lamentan en los 
tiempos últimos cuantos aman y cultivan con esmero sus idio- 
mas. Todos los doctos convienen en la necesidad de renovar y 
repulir con el uso ciertas partes del lenguaje antiguo, nada me- 
nos que en la sobriedad é inteligencia con que debe procederse 
en ello. Esta ha sido la práctica de cuantos se han esmorado en 
dar á sus escritos la propiedad y majestad conveniente. Salustio 
fué en esta parto menos tomplado que yo, y no obstante mereció 
ser llamado el Príncipe de los historiadores latinos. Nuestro 
Mariana declinó tal vez al mismo extremo. Tito Livio y IX Diego 
de Mendoza guardaron un cierto medio. Yo procuro guardarlo 
también, esforzándome cuanto alcanzo por satisfacer al gustodel 
pueblo y al do los verdaderos sabios. De los fastidiosos semi- 
eruditos no me curo. 

»Por lo que haco al Sr. Guevara, no sé qué género de len- 
guaje podría satisfacerle. Lo antiguo y lo del día todo lo lleva 
por un rasero, (irán copia de vocablos y locuciones que su mer- 
ced reprueba se hallan hoy en uso, y se traen como corrientes 
con el mismo significado que yo los doy en los últimos dicciona- 



D. JUAN BAUTISTA MUÑOZ. 53 

ríos (le nuestra lengua. Tales son, pío, insistir, provenir, apurar, 
llevar, frisar, haber, hurtarse, raridad, exacción, tonel, doblado, 
priesa, empero, espíritu, largo, largamente. Pues ¿por qué se 
censura? Permítaseme que, obligado de las quisquillas á que des- 
ciende nuestro Académico, me detenga un momento en demos- 
trar lo fútil y arbitrario de ellas. 

»Sin decir por qué, se nota la expresión vivir una vida sal- 
vaje, siendo esta manera de hablar comunísima en todas lenguas. 
Bart. do Argensola dice: 

«Vida ya diligente, ya remisa, 

como lo habéis probado, agora vive . 

en otro lugar: 

«Vive, pues, vida digna de memoria». 

» Mella en sentido metafórico no gusta al Sr. Guevara, aunque 
lo dice todo el mundo. 

»A esta causa, en lugar de por esta causa, es de Coloma, Cer- 
vantos y otros; no obstante se reprueba. 

» Hacer presa no puede decirse sino de los perros y las em- 
barcaciones. 

»Bart. de Argensola: 

«Todos los vicios 

De ánimos juveniles hacen presa». 

»Y Fr. de León: «¡Oh, qué vida será la de aquel en cuyo 
ánimo hace presa todo aquello que se le pone delante!». 

i>Los cabos no demoran. — Si el Sr. Guevara hubiera leído nues- 
tras obras de viajes marítimos sabría que demoran los cabos, 
las puntas, los montes, las islas y cuanto puede arrumbarse. 
Pedro Sarmiento le proveerá de ejemplos, y los presentes mari- 
nos hablan aún como Sarmiento. 

»Las minas no tienen rastro. — Tiénelo cuanto se rastrea ó busca 
por indicios. ¿Por qué llamaron alcaldes del rastro á los del 
crimen? 



54 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

»No sabe de qué lengua sea: apoderarse de los Príncipes el es- 
píritu de descubrir. De la misma que esto verso del M. León: 

«Circe del corazón apoderada». 

»E1 mismo en prosa: «Pone Christo en nosotros una pequeña 
semilla de su espíritu... para que viva... y vaya pujando y exten- 
diéndose hasta apoderarse de nosotros del todo». Y más ade- 
lante: «El mismo espíritu... va subiendo y haciéndose señor de 
nosotros». 

»Afecta no entender ciertas expresiones clarísimas. Por ejem- 
plo, en una carta de los Reyes á Colón «se le saluda con los títu- 
los de Don, de Almirante, Virrey y Governador». Hasta los 
niños saben lo que es la salutación de una carta. Tampoco en- 
tiende qué cosa sea apurar todos los medios de un examen. Menos, 
entenderá lo de Cervantes: Bien apurada lo cosa, burla fue, etc. 
Menos lo de León: 

«Por más que se conjuren 
el odio y el poder y el falso engaño, 
y ciegos de ira apuren 
» lo propio y lo diverso ageno extraño». 

»Son famosas las afectaciones del Sr. Guevara. Digo yo pro- 
vienen frutos; con abrir el Diccionario se sabría que ese verbo 
se toma por nacer, proceder; y se duda si lo tomaré yo por pro- 
ducir. Quiérese fingir obscuridad en esta expresión: «El estudio 
de la naturaleza hace fastidiar las sutilezas estériles». Copiando 
las palabras de un papel antiguo, escribo por vía temperada, su 
merced enmienda por rumbo ó camino templado. Aquí, en verdad, 
no entiende la expresión. ¿Si será tan inocente otra siniestra in- 
teligencia? Escribo yo* «Quedó firme el tratado (entre 1 Portugal 
y España) y compuesta una disensión que á los principios estuvo 
á pique de abortar una sangrienta guerra». Aquí el censor: el 
tratado estar á pique de abortar, no lo cutiendo. Salvo sú buena 
fe con la posibilidad de faltar palabras en la copia por error del 
escribiente. La misma posibilidad veo en la frase comiuar la in- 
dignación. Yo escribí con la indignación. 



D. JUAN BAUTISTA MUÑOZ. 55 

»¿En qué hará consistir el Sr. Guevara la dignidad del lenguaje, 
cuando nota por faltas de ella unas expresiones usadas por auto- 
res gravísimos? Llama familiares, y de estilo bajo, las siguientes: 
Traer una máquina en la mente, al romper del día, correr un 
bajel á Dios y á la ventura, arribar á puerto de salvación, em- 
presa de mucho gasto y tomo. Aunque en la última suplió su falta 
de razón un amigo, diciendo que es baja la locución de tomo y 
lomo. Por donde nos enseña que cualquiera vocablo puesto en 
una locución baja es bajo donde quiera que se ponga. Por esta 
regla serán de hoy más faltas de dignidad las voces puerto, mente, 
Dios, salvación. De los nombres de Christo del maestro León se 
quitará la palabra tomo, so pena de pasar por un escrito chaba- 
cano. De este libro y otros tan malos como él, así antiguos como 
modernos, aprendí á usar muchas veces el artículo él con varios 
femeninos que comienzan por A. De los mismos otras locuciones 
y voces que he puesto muy de intento cuál por- énfasis, cuál por 
eufonía, cuál por variar y enriquecer el lenguaje. El Sr. Guevara 
se muestra muy poco versado en los maestros de la lengua, y 
desconoce su variedad y riqueza. Así nota arbitrariamente, y sin 
dar razón, ya obscuridad, ya falta de gramática, ya un modismo 
menos usado; y en todo se parece á las claras su poquísima lec- 
tura y observación. 

»Demos fin á las quisquillas del Sr. Guevara, por su infeliz ob- 
servación sobre estas palabras: Si la especie humana procede de 
un solo principio, si pereció toda en tina inundación universal, 
salvo la familia de Noe, etc. «Aun cuando ésta se tenga por una 
hipótesis (dice) me parece que el dogma del diluvio universal no 
debe exponerse con esta condicional para evitar el peligro del lec- 
tor incauto». Yerra en que ésta se mire como una hipótesis, y tam- 
bién en que la proposición sea condicional. Es una aserción ab- 
soluta, donde el si equivale á siendo así que. Y así es preciso que 
sea para verificarse lo que el censor mismo reconoce y confiesa, 
que no hay error contra la fe en ese ni otro algún lugar de mi obra. 
Lo que se hace muy reparable es que exprese temer peligro en 
orden á la universalidad del diluvio, y no en orden á si la especie 
humana procede de un solo padre. Esto segundo es un dogma 



56 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

católico, mas no así lo primero; quiero decir no está declarado 
por de fe que el diluvio fuese universal, tomada esta voz en toda 
su extensión, por manera que se hubiese inundado por entero el 
globo terráqueo. Esta es una opinión muy conforme, sin duda, 
á la letra del texto sagrado, tanto que níe parece aventurado, y 
mal seguro, defender lo contrario. Pero es mucho peor vender 
por dogma lo que no lo es. Si el Sr. Guevara estuviera bien ins- 
truido en su facultad teológica, sabría que, habiendo publicado 
Isaac Yosio que el diluvio no inundó toda la tierra, se delató en 
Roma esta doctrina, y no se procedió á su condenación por las 
razones que puede ver en un voto dado por el célebre Mabillon, 
que á la sazón estaba allí, y fué consultado. Estudie más el señor 
Guevara, y, entretanto, absténgase de tocar puntos delicados. 

» Trate de palabritas que en esto va poco, y por ventura dirá 
alguna cosa buena. En este mismo papel, á vueltas de tantos des- 
propósitos, nota con acierto que señal es femenino y sinsabor 
masculino. Eso es lo común, eso lo que sigo y he seguido siem- 
pre, aunque tal vez se halle lo contrario en mi obra, sea por error 
del copiante ó por inadvertencia mía. Cada día procuro enmendar 
varias menudencias del lenguaje, aprovechándome tnmbién de 
las advertencias de los inteligentes. Ojalá el Sr. Guevara hubiera 
sabido censurar mejor, que le daría mil gracias; pero empeñado 
en hacer un largo catálogo de censuras, ha tenido poca cuenta 
con su honor y mi provecho. 

y La censura que menos honor le hace es la de mi estilo. Dice 
que no puede darle denominación porque no tiene carácter. Cali- 
fícalo de metafórico y muy hinchado para la historia, de falto de 
dignidad, aunque en parte sublime. Por toda prueba de tan for- 
midables censuras, no produce más de esta cláusula: «De entre 
las tinieblas de los siglos bárbaros salió, como casualmente, la 
luz que ha dirigido á los navegantes en sus expediciones por el 
grande Océano, en cuyo seno estaban encerradas y ocultas las 
dilatadas regiones del Nuevo Mundo». El lector juzgará si es su- 
ficiente la prueba. Lo más gracioso es que, reconociendo haber 
en Livio períodos como ("1 mío, añade: «No se le disculpa á 
T. Livio aun en las arengas». Como si dijera, que el historiador 



D. JUAN BAUTISTA MUÑOZ. 57 

nunca debe levantar su estilo, y Livio es reprensible por ha- 
berlo hecho. No temo la reprensión de los doctos, si desprecio 
los preceptos de mi antagonista; y acomodándome á los que han 
dado los maestros del arte, no pretendo dar gusto á quien no 
gusta Livio. Este historiador interrumpe muchas veces la mono- 
tonía de la narración y varía su estilo por todos los caracteres 
del decir, según los tiempos, los sucesos y las materias. Cuantas 
personas introduce hablando, otros tantos son los tonos de su 
estilo. Va es un río que corre lento y majestuoso, ya un torrente 
que se precipita con ímpetu. Erit rebus ipsis par et aeqiíalis ora- 
tio, dijo Cicerón. Parezca yo en buen hora en este lugar templa- 
do, en. aquel sublime, unas veces filósofo, otras orador ó poeta. 
No parezca narración de historiador el estilo de mi libro primero, 
como dijo un Académico queriendo auxiliar al Sr. Guevara, con- 
fundido por otros compañeros. ¿Qué hombre de seso reprobará 
el edificio de un excelente arquitecto, por no parecerse la fachada 
y lo interior? El buen orador ¿guarda el mismo tono en el exor- 
dio y las demás partes de su oración? No es para censores desti^ 
tuídos de humanidades y buen gusto el conocer la unidad entre 
infinitas variedades. El Sr. Guevara ha dado pruebas palpables 
de no entender qué cosa sea carácter de estilo, ni las diferencias 
de los caracteres del decir. Esto pide más estudio de lo que su 
merced piensa. Fácilmente demostraría su ninguna disposición 
para juzgar en esta como en las otras partes de mi obra. Lea 
cualquiera su voto singular, siquiera los seis primeros párratos, 
y quedará bien convencido. Pero lo está todo el público por la 
Gaceta (i), ló están principalmente los literatos, en vista de las 
pocas menudencias de su mano que han visto la luz. Baste, para 
muestra, el siguiente título: «Vida de Flavio Josefo, compuesta 
en griego por el mismo y tradujo en latín Juan de Hudson, edi- 
ción de Habercampos, y de ésta al castellano por Juan Martín 
Cordero». 



(i) D. José de Guevara fué primer redactor de la Gaceta con sueldo 
de 12.000 reales. Véase Bosqmjo //isto'rico-documental de la Gaceta de Ma- 
drid, por D. Juan Pérez de Guzmán y Gallo. Madrid, 1902, páginas 98-1 10. 



58 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

«Vcote santiguar con maravilla 

desto que voy diciendo; pues no dudes, 

que fábula serás en esta villa». 

Ya (]uo no dentro de la Academia, no dejaron de ocuparse de 
la Historia del Nuevo Mundo ante mayor concurso los que la 
veían con ofuscados ojos. En 1/9/ se publicó Carta crítica sobre 
la Historia de América, del Sr. D. Juan Bautista Muñoz, escrita 
de Roma por D. Francisco Iturri, con pasión nada disimulada. 
.Asentábase que la tal Historia, traducida servilmente de la do 
Robertson, era la peor de cuantas han salido á luz. 

Otra Carta de D. Antonio Alemán, impresa en Valencia por 
Joseph de Orga en 1 798, ponía correctivo á la primera, calificán- 
dola de libelo. Declaraba que los que forjaron el papelón fingían 
un nombre barrueco y suponían haberse escrito en Roma, pero 
que la superchería estaba descubierta, y que su juicio podia com- 
pararse con el emitido en el Magasin cncyclopédique de París, 
que insertaba íntegro en francés acompañado de la traducción. 

Sin acabar el año apareció Carta segunda en que se continúa 
la crítica de la Historia del Nuevo Mundo de D. Juan Bautista 
Muñoz, por M. A. R. F., y, en efecto, continuaba ó repetía que 
«la historia es la peor de cuantas han salido al público». 

No hay que decir lo que distaban de semejante apreciación 
las de Sempere en los Escritores del reinado de Carlos III; de 
Fuster, en la Biblioteca valenciana; de Fernández de Navarrete, 
en la marítima. Estas, y las más. formuladas en España en tiem- 
pos ele serenidad de juicio, son bien conocidas. Quizá no lo es 
tanto la que en nuestros días ha manifestado en aquel nuevo 
mundo I). Eduardo Madero al redactar la Historia del Puerto de 
Buenos Aires (Rueños Aires, 1892), por lo que no me parece 
ocioso transcribirla. 

I ). Juan Bautista Muñoz — dice — nombrado en 17/0 Cosmó- 
grafo mayor de Indias por el gran rey Carlos III, fué comisiona- 
do el 17 de Julio de 1 779 para escribir con entera libertad la 
historia de América, franqueándole todas las bibliotecas y ar- 
chivos públicos, de las comunidades y de particulares para que 
los utilizara sin reserva. Era digno del encargo: filósofo v geó- 



D. JUAN BAUTISTA MUÑOZ. 59 

grafo esclarecido, docto en historia, laborioso y metódico para 
recopilar y organizar materiales, amante de la verdad y escrupu- 
loso en buscarla, ingenuo y fiel para decirla, severo con el mal, 
«en lo que basta para detestarlo», hábil para encadenar los su- 
cesos y hacerlos bien inteligibles, de maduro criterio para apre- 
ciar á los hombres é imparcial para juzgar sus acciones, tenía 
además ciencia para estimar las cosas y elegancia, claridad y pu- 
reza ejemplar en el lenguaje para exornar las grandes historias. 
La colección en 93 volúmenes que contienen las copias, extrac- 
tos, referencias, manuscritos diversos, documentos originales y 
mapas — publicados é inéditos — que recopiló en cinco años de 
asiduo trabajo y organizó metódicamente en dos años más, for- 
ma un tesoro histórico que, con razón se ha dicho, bastaría para 
honrar su nombre. 

»Pensó Muñoz dividir en tres épocas la Historia del Nuevo 
Mundo, comprendiendo la primera el reinado de los Reyes Ca- 
tólicos, la segunda el del Emperador Carlos V y la tercera el de 
Felipe II y sus sucesores. Presentó á la censura el primer tomo 
en 1 79 1, pero por varios incidentes se difirió su publicación has- 
ta el año 1793. Después del prólogo (que á lo que parece era eJ 
prólogo general de toda la obra) y de relatar las diligencias he- 
chas por Colón ante las cortes europeas, Muñoz estudia sola- 
mente los tres primeros viajes del glorioso almirante, hasta la 
época que precedió al golpe fatal que acibaró el resto de sus días. 
Tan arduas tareas debilitaron durante cinco años la salud de 
Muñoz. Recobrada ésta en 1 798, dedicóse con ardor á su obra, 
y tenía casi concluido el segundo tomo, en que terminaba la épo- 
ca de los Reyes Católicos, cuando el 1/ de Julio de 1799 — día 
en que casualmente hacía veinte años que Carlos III le comisio- 
nara para escribir — un ataque apoplético extinguió tan ilustre 
talento. Por todo esto, el título del tomo publicado de la Histo- 
ria del Nuevo Mundo contiene para la república de las letras una 
melancólica palabra: escribíala D. Juan Bautista Muñoz!». 

Cesáreo Fernández Duro. 



ÓO BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 



II. 



TABLAS DE REDUCCIÓN DEL COMPUTO MUSULMÁN 
AL CRISTIANO Y VICEVERSA. 

Excmo. Sr.: Para los efectos expresados en el Real decreto de 
I.° de Junio de 1900, el Ministerio de Instrucción pública remite 
á informe de esta Academia el libro manuscrito de D. Eduardo 
Jusué, titulado «Tablas de reducción del cómputo musulmán al 
cristiano y viceversa». 

El Sr. Jusué es persona ya conocida por sus excelentes traba- 
jos relativos á la cronología cristiana, y ahora acomete la empre- 
sa de dar las concordancias de ésta con la musulmana. La tarea 
no es nueva, y corresponde á nuestro P. Mariana el mérito de 
haber sido el primero que diera á la estampa una tabla de co- 
rrespondencia de las fechas de ambas Eras, trabajo reproducido, 
enmendado y aumentado por varios autores nacionales y ex- 
tranjeros, hasta el alemán Wüstenfeld, quien á imitación de 
Masdeu, rio se limitó como los demás á dar la correspondencia 
de la entrada de cada año musulmán, sino que la extendió á la 
(Mitrada de todos los meses. 

La obra del Sr. Jusué se distingue de las anteriores por dos 
condiciones especiales. La primera nace del estudio singular y 
detenido que ha hecho de la sucesión de las entradas y corres- 
pondencias de los años musulmanes, los cuales, por períodos 
de 33 corresponden á diferencias de 32 en los años cristianos, 
con otras diferencias también constantemente repetidas en el 
día del mes latino y en la feria ó día de la semana. Esto le ha 
conducido á disponer la tabla general de entradas de años en 
columnas de 33 cifras, con lo cual, calculada cuidadosamente la 
primera de dichas columnas con arreglo á las fórmulas de Sán- 
chez Cerquero, todas las demás columnas se deducen de aquélla 
por simples sumas practicadas en las líneas horizontales. Este 
método, que excluye todo error de cálculo, y es muy semejante 



TABLAS DE REDUCCIÓN DEL CÓMPUTO MUSULMÁN. 6 1 

al que se emplea para formar las tablas de las funciones mate- 
máticas, ha permitido al autor descubrir las equivocaciones par- 
ciales en que han incurrido varios de sus antecesores, los cuales, 
bien sea determinando una por una las fechas buscadas, bien 
realizando la suma de los años sucesivos desde el principio de la 
hégira hasta cada uno de los siguientes, no han tenido medio de 
hacer á simple vista una comprobación de la exactitud de sus 
resultados. 

La segunda novedad de este libro consiste en la voluminosa 
colección de tablas destinadas á determinar directamente la co- 
rrespondencia de las fechas día por día. Los que se ocupan en 
estudios históricos de la dominación árabe tenían necesidad do 
calcular por una operación aritmética, aunque sencilla, enfadosa 
y expuesta á error, las fechas intermedias de cualquier mes, y 
el Sr. Jusué ha conseguido por medio de un trabajo inmenso y 
minucioso que tal averiguación quede hecha con la simple lectu- 
ra de dos.de sus tablas y sin necesidad de tomar la pluma en la 
mano. ' 

En cuanto á la determinación de las ferias no ha hecho mas- 
que seguir el plan adoptado para el mismo objeto en su obra an- 
terior de cronología cristiana. 

Compone así el libro una colección de 369 tablas, con una in- 
troducción explicativa sobre la manera de contar los años mu- 
sulmanes, la organización de su calendario, la historia de los tra- 
bajos análogos y el cuadro demostrativo de los errores que en 
cada uno de ellos ha hecho descubrir el empleo de su método 
verdaderamente matemático. No cabe dudar, por consiguiente, 
del mérito extraordinario del libro que nos ocupa y de la utili- 
dad que ha de prestar á cuantos se dedican á estudios de histo- 
ria arábiga, tan favorecidos en el día por personas eminentes de 
dentro y fuera de España. Por otra parte, es ésta una de las 
obras cuya impresión ha de costar una suma de que difícilmente 
podrá reintegrarse un particular,, no obstante el lustre que de 
ello ha de recibir la nación en que se publique. Estas considera- 
ciones mueven á la Academia á mostrarse favorable á que so 
concedan á esta obra los beneficios del Real decreto de i .° de 



62 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Junio de 1900, aun cuando cree- que se podría aconsejar al autor 
alguna mejora que le diese todavía mayor importancia. Una de 
ellas sería que en las tablas se escribieran en latín los nombres 
de los meses cristianos, para que pudieran ser manejadas cómo- 
da é indiferentemente por los eruditos de todas las naciones, sin 
hacer más que una sola tirada de ellas. Con el mismo objeto 
convendría escribir en árabe los nombres de los meses musul- 
manes encima de sus transcripciones á la española, con todo lo 
cual, para que el libro tuviera aceptación en el extranjero, bas- 
taría hacer una edición especial latina ó francesa del corto núme- 
ro de páginas de la introducción. 

No vendría mal en una obra de tal importancia una noticia de 
las fuentes de conocimiento de la cronología musulmana, ni tam- 
poco estaría de más un cuadro de fechas concordantes sacadas de 
documentos diplomáticos, de los cuales es evidente que el señor 
Jusué ha tenido muchos á la vista. 

Por todo lo expuesto, la Academia entiende que la obra obje- 
to de este informe es original, de relevante mérito y de gran 
utilidad para el estudio de la Historia, por lo cual se halla de 
lleno comprendida en las disposiciones del Real decreto de I.° 
de Junio de IQOO. 

Madrid, 3 de Octubre de 1902. 

Eduardo Saavedra. 



III. 

DOS ANTIGUAS RELACIONES DE LA FLORIDA. 

Don Jenaro ("jarcia es un vecino de México, más ó menos afi- 
cionado á las letras y á la Historia, y que ha publicado reciente-' 
mente en aquella culta capital Dos antiguas relaciones de la Flo- 
rida. Ya lo conoce de antes la Academia, porque hace poco 



DOS ANTIGUAS RELACIONES DE LA FLORIDA. 63 

tiempo publicó también una obra, titulada Carácter de la conquis- 
ta española en América y en México, de cuyo trabajo, del espíritu 
profundamente anti-católico y anti-español en que está inspirado, 
del criterio soberanamente injusto que en todo él campea, dio 
en su día buena y debida cuenta nuestro eminente compañero, 
el Secretario perpetuo de esta Real Academia D. Cesáreo Fer- 
nández Duro, en un informe, como suyo, que de seguro los seño- 
res Académicos no han olvidado. El escritor mexicano hace á la 
Academia lo que en aquel antiguo juego, tan frecuente en mi 
mocedad, un favor y un disfavor; nos hace el favor de regalar- 
nos sus libros, pero haciéndonos en ellos el disfavor de injuriar 
y de maltratar á España. No queda lugar para agradecerle lo 
primero, doloridos como nos deja la injusticia de lo segundo. 

Hoy, animado siempre de iguales sentimientos, vuelve á la 
palestra D. Jenaro García, publicando las dos antiguas Relaciones 
de la Florida, sobre cuyo libro nuestro digno Director ha que- 
rido que fuera yo quien informara ala Academia, sin fijarse acaso 
en que cualquiera otro de nuestros doctos compañeros hubiera 
cumplido muchísimo mejor esta comisión, por ser tan escasa mi 
competencia en asuntos de América, como confieso sin rubor 
ante vosotros. Afortunadamente, no es el nuevo libro del señor 
García tan importante que escape á mi poco dominio de la ma- 
teria, como trataré de hacer ver á la Academia en los cortos 
renglones que constituyen la presente noticia. 

Por de pronto, las dos Relaciones en cuestión, que pomposa- 
mente anuncia D. Jenaro, son publicadas por primera vez por él, 
nada dicen que no se sepa ya, principalmente la más importante, 
concerniente á la vida y hechos del insigne asturiano Pedro 
Menéndez de Aviles, por fortuna tan conocidos después de los 
notables estudios del difunto Académico D. Jacobo de la Pezuela 
y de la obra especial de D. Eugenio Ruidíaz, por esta sabia Cor- 
poración premiada. 

Toda la novedad, casi la única novedad de la última publica- 
ción del Sr. García está en las 102 páginas primeras, que son en 
la mayor parte de su propia cosecha, en el Proemio ó Prefación, 
que se compone de los tres capítulos siguientes: i.°, Noticias 



64 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

bio-bibliográficas, donde se contienen las de los dos autores de las 
Relaciones, Bartolomé Barrientes y Fr. Andrés de S. Miguel; 
2.°, La Florida, con breve noticia de la vida de cada uno de sus 
descubridores primitivos; y 3. , Los naturales de América bajo la 
dominación española, reducido á páginas sobrado escasas para 
materia tan interesante. 

Nada en realidad nuevo dice el Sr. García, ni de los dos auto- 
res de estas Relaciones antes, ni de los descubridores de la Flo- 
rida después; y desde luego malhumorado con Barrientos, cuyo 
hondo sentido religioso y cuyo absoluto españolismo no pueden 
ser de su gusto, aunque confiesa á regañadientes que con razón 
lo calificó Quevedo de doctísimo maestro, cierra con pueril enojo 
contra la ortografía de aquél, acusándole con inconcebible can- 
dor de que la descuidara totalmente, por el enorme pecado de 
que el escritor usaba la ortografía de su tiempo. 

Y aquí el Sr. García, olvidándose de que ha de ser 

el que ha de reprender, irreprensible, 

queda convicto y confeso de no estar en poco ni en mucho fami- 
liarizado, no ya con los manuscritos, pero ni aun con los impre- 
sos de aquella época, desconociendo, al parecer, el significado de 
la constante tilde con que se marcaba la letra ausente, y aspi- 
rando, por lo visto, á que Bartolomé Barrientos escribiera en 
pleno siglo xvi con la ortografía que en el siglo xx nos enseña el 
Diccionario de la Real Academia Española. 

Más benévolo y hasta amable con Fr. Andrés de S. Miguel, 
como que su Relación de los trabajos de la gente de la Nao La 
Merced no se roza para nada con el recuerdo del descubrimiento 
y conquista di- aquellos países, que parece ser donde más duele 
al Sr. García, échale en cara, sin embargo, como al anterior, su 
mala ortografía, que á pesar de que escribió cincuenta años más 
tarde, no iba en zaga á la de Barrientos, como era natural. 

I tejando de lado estas mínimas y anacrónicas censuras, que 
demuestran bien la poca autoridad de D.Jenaro para recopila- 
dor v publicador de códices antiguos, y entrando en el fondo de 



DOS ANTIGUAS RELACIONES DE LA FLORIDA. 65 

las ideas que aquí y allá, á través de las innumerables citas y 
párrafos ajenos, esmaltan dicho prefacio, lo que en primer tér- 
mino aparece es una ciega pasión contra la nación descubridora, 
un rencoroso desvío contra la España de todos los tiempos; con- 
tra la España del siglo xvi, representada por sus conquistadores, 
sus misioneros, sus soldados y sus gobernantes; contra la España 
presente, representada por los que hoy cultivan entre nosotros 
los estudios históricos y tratan noblemente de vindicar á la patria 
agraviada y escarnecida de tan injustificados ataques. 

El dice que solo se guía por el amor de la ciencia y de la ver- 
dad, y cierra á tambor batiente contra los historiadores españo- 
les, á quienes declara culpables de violarlas frecuentemente, solo 
movidos con (esta es la preposición que emplea) sentimientos 
mezquinos de necio y retrógrado patrioterismo. 

Para sostener su tesis, resume á su manera los hechos de los 
principales héroes de aquella conquista, Juan Ponce de León, 
Lucas Vázquez de Aillón, Panfilo de Xarváez, Hernando de Soto, 
Podro Menéndez de Aviles, truncando textos y entretejiéndo- 
los á capricho, olvidándose de que en todas partes está desacre- 
ditado este sistema de escribir la Historia, desde que alguno se 
fijó en lo que dice el Credo cuando se comienza en Poncio Pilato. 
Pero sin poder evitar que aun así aparezcan en el fondo de su 
relación, más ó menos veladas y confusas, las verdaderas hazañas, 
las energías sobrehumanas, los trabajos y los sacrificios de aque- 
lla generación de gigantes, á quienes se debe la conquista y la 
civilización del Nuevo Mundo. 

Para tratar de esta nobilísima cohorte de matadores de indios 
• — así los llama — de hombres rudos y crueles por raza, que ni 
poblaron ni conquistaron la tierra, sino que la asolaron y la 
devastaron, sin duda por amor al arte, según ha descubierto el 
culto ciego á la verdad del Sr. García, prescinde generalmente 
D. Jenaro hasta de las apreciaciones de los escritores anglo-ame- 
ricanos, muchas veces imparciales, sin perjuicio de acoger amo- 
rosamente sus conceptos cuando son de censura para nosotros. 
En cambio, la imparcialidad más austera, el más vivo amor de la 
ciencia, llegan á las más grandes alturas en el prefacio de que 
tomo xlii. 5 



66 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

trato, cada vez que hay que juzgar á los hugonotes franceses que 
intervinieron en las expediciones de aquel mismo tiempo. Inspi- 
rados por el Almirante Coligny, ardiente patriota, más deseosa 
del bien público que del suyo propio, aparecen ante los ojos del 
Sr. García Jean Ribaut y Rene de Laudonniére, hombre el uno 
de corazón y de consejo, austero y probo personaje el otro, y 
hasta el célebre John Hawkings, hombre de bien y caritativo 
negrero, especie de D. Juan de Robres inglés. 

Todos estos caballeros cumplidísimos, que no cabían en su 
propio país, donde los esperaban la horca ó el presidio, resulta- 
ban del lado allá del Océano inmejorables sujetos, verdaderos 
patriarcas, dulces y paternales con los indios, recibidos en cam- 
bio, por éstos con franco regocijo y muy cordial agasajo; hombres 
de alto nivel moral, contraste vivo y chocante con los bandidos 
españoles; culpables cuando más de faltas ligerísimas y menudas, 
nunca de los enormes crímenes con que se manchaban á cada 
paso los soldados de Castilla. Cuando el Embajador de la Señoría 
de Venecia Donato calificaba á los hugonotes de la Florida de 
venturieri, per non dir vagamondi; cuando otros los tenían por 
gente condenada en Francia á muerte, á galeras ó á presidio, y 
los mismos escritores franceses no protestantes los consideraban 
como perturbadores en su tierra y piratas en la mar, de quienes 
aquellos gobernantes solo deseaban verse libres, fuera como fuera, 
¡cuan distantes estaban, aunque coetáneos, de estas verdades his- 
tóricas que nos han revelado á estas alturas la absoluta imparcia- 
lidad y el solo amor de la ciencia de D. Jenaro García! Por fin, 
para no dejar nada en el tintero, hasta la figura única y venerada 
de la Reina Católica merece las amargas censuras del escritor 
mexicano, en cuanto á sus opiniones y á su conducta con los indí- 
genas de América, negando la suma bondad y rectitud, la dul- 
zura y la entereza de aquella mujer admirable y soberana sin 
igual, que en su testamento y en su codicilo dictaba á sus here- 
deros la suprema recomendación para que «non consientan nin 
den lugar que los yndios vecinos e moradores de las dichas 
yndias e tierra firme ganadas e por ganar, reciban agravio alguno 
en sus personas nin bienes, mas manden que sean bien e justa- 



DOS ANTIGUAS RELACIONES DE LA FLORIDA. 67 

mente tratados, e si algund agravio han recibido lo remedien». 
No; hay que juzgar de más arriba toda aquella maravillosa 
epopeya de la obra española en América, aplicándole más que á 
empresa alguna el distingue témpora et concordabis jura, que no 
han de olvidar jamás los que honradamente se consagren al estu- 
dio de la Historia. ¿Quién desconoce que aquellas brillantes pági- 
nas están en muchos momentos oscurecidas por hechos lamen- 
tables, hijos de la condición humana, inevitables en la guerra, 
inseparables de toda conquista, huella forzosa de toda invasión y 
de toda lucha? ¿Oué historiador español contemporáneo, de esos 
á quienes tan malamente juzga el Sr. García, asegura que todo 
es perfecto, y acabado, y sin sombras, en el cuadro grandioso de 
la obra de los españoles en América? En medio de esa labor ex- 
traordinaria, que será eternamente la honra de la gran familia 
española en los anales de la humanidad, hubo necesariamente 
faltas, hubo manchas, hubo crímenes, que, según la frase de 
nuestro inmortal poeta, • 

culpa fueron del tiempo, y no de España; 

pero ¿qué digo del tiempo? ¿Es que acaso en nuestros días las 
guerras de conquista, hasta sobre otros pueblos civilizados, se 
hacen á nuestros ojos en otra forma, cuatro siglos después de que 
vivieran esos Narváez, esos Sotos y esos Aviles, objeto de los 
furiosos anatemas del Sr. García? 

No; entre lo constantemente laudatorio y la censura injustifi- 
cada y acre, entre la apología y el libelo, hay un término medio 
prudente y mesurado, donde tiene su sitio el historiador que se 
respeta. Censuremos, si se quiere, el detalle sombrío y triste, 
casi siempre inevitable, y descubrámonos con admiración ante 
la obra grandiosa, que solo los espíritus mezquinos pueden en 
absoluto desconocer. 

Y además, ¿por qué esa pasión contra los conquistadores espa- 
ñoles en el ánimo de un hombre que se apellida García? Debe- 
mos á nuestros padres en la Historia todo respeto, como se 1<> 
debemos en la vida. Esos indios tan admirados del escritor mexi- 



68 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

cano, esos franceses por quienes siente tantas simpatías, ¿qué tie- 
nen (¡ue ver con él? Sangre española corre seguramente por sus 
venas, y esas glorias de los conquistadores españoles serán pro- 
bablemente glorias de su raza y hasta de su nombre. Lo que la 
epopeya del descubrimiento de América representa de heroico 
y de grande constituye un patrimonio moral, común á los habi- 
tantes de España y á los de la América presente: los pueblos no 
se componen solo, como ha creído el grosero individualismo de 
nuestra época, ya entre todos los pensadores en derrota y en fuga, 
de los seres vivientes en cada país en momento determinado de 
su historia, sino siempre con ellos de los que fueron y de los que 
serán. Vivimos á toda hora con los que pasaron y con los que 
han.de venir, sin lo cual todo concepto de patria fuera vano y 
sin significación alguna. 

Levanten, pues, un poco el espíritu y el corazón esos que se 
llaman allí amantes de la verdad, de la Historia y de la ciencia, 
y. sacrifiquen en sus altares pueriles rencores y odiosidades injus- 
tas y trasnochadas. Piensen en el profundo concepto que se 
encierra en aquellos famosos versos que les consagró el Duque 

de frías: 

... odio, venganza, 
nos juraréis cual pérfidos hermanos; 
mas ya del indio esclavos ó señores, 
españoles seréis, no americanos! 

F: Eernáxdez de Béthencourt. 
Madrid. 21 Noviembre 1902. 



IV. 

DOS BASÍLICAS ALAVESAS. 

En concepto del que suscribe son de relevante mérito las Mo- 
nografías escritas por D. Manuel Díaz de Arcaya, Cronista de 
Álava, é intituladas: Armentia, su obispado y su basílica de San 
Andrés; la basílica de Nuestra Señora de Estibaliz. Aunque la 



INSCRIPCIÓN ARÁBIGA DE BENIMACLET. 69 

materia histérico-artística de la que tratan haya sido objeto de 
notables estudios en diferentes obras de renombrados autores, 
todavía en las presentes tal cúmulo se ofrece de datos inéditos, 
tan buen criterio, precisión y elegancia de selección y de estilo, 
tanta copia de pinturas y esculturas monumentales, examinadas 
y en parte descubiertas por el autor, y, finalmente, tanto esmero 
en fundar las apreciaciones con claridad, distinción y solidez, re- 
alzándolas con escogidos fotograbados que esmaltan el texto, 
que, á no dudarlo, deben estimarse una y otra Monografía en su 
ramo sobresalientes, y darse por acreedoras á los más favora- 
bles efectos del Real decreto de I.° de Junio de 1900, salvo el 
superior dictamen de la Academia. 

Madrid, 5 de Diciembre de 1902. 

Fidel Fita. 



V. 

INSCRIPCIÓN ARÁBIGA DE BENIMACLET. 

Benimaclet es un lugar situado sobre la ribera izquierda del 
Turia, distante un cuarto de legua de la ciudad de Valencia. Figura 
en varias partidas del repartimiento hecho por D. Jaime el Con- 
quistador (i). Básteme citar la primera (3 Octubre 1237): 

«Monasterium de Benifaga: domos in Vaíentia et v jo(vatas) in termino 
de Valentía in alquería de Benimaglet». 

Una inscripción arábiga de este lugar halló refugio en la casa 
del Dr. D. Agustín Sales, ilustre epigrafista valenciano, con cuyos 
escritos se ha honrado más de una vez nuestro Boletín acadé- 
mico (2). El Dr. Sales, en una de sus cartas (3), escribió: 



(1) Bofarull (D. Próspero), Colección de documentos inéditos del Archivo 
general de la Corona de AragJn, tomo xi, páginas 157, 158, 186, 221, 235, 
241, 261, 264, 266, 276, 288. Barcelona, 1856. 

(2) Tomo ni, páginas 51-62; iv, 1 15-144. 

(3) Citada por D. Rodrigo Amador de los Ríos, Memoria acerca de algu- 
nas inscripciones arábigas de España y Portugal, pág. 220. Madrid, 1883. 



70 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. . 

«Sobre todo atrae la curiosidad una rarísima inscripción sepul- 
cral árabe que me agenció el licenciado Francisco Sales, mi primo 
hermano, curioso en todas materias raras, la cual, trasladada do 
una quinta muy antigua inmediata á Benimaclet, lugar que fun- 
daron los moros en la vega de Valencia, hice colocar á la puerta 
de mi casa». 

1 .a lápida se conserva en toda su integridad, y ha permane- 
cido hasta nuestros días «en el muro exterior de la puerta de la 
entrada de la casa, que en la calle de la Cruz tenía el núm. 3, 
donde la puso el Dr. Sales; pero, dislocada hoy de su primitivo 
asiento, y ocultada por sus dueños á los ojos de los transeúntes 
para evitar todo percance de quebranto ó de deterioro, ha sido 
coaveniente sacar de ella fotografías, una de las cuales me ha 
sido enviada por I ). Francisco Bárbara, ilustrado y rico fabri- 
cante de Barcelona, para ponerla, como lo hago, á disposición de 
esta Real Academia. Con ella se podrán mejor estimar y dirimir 
las cuestiones de lectura é interpretación, que andan pendientes, 
y acrecentar el tesoro paleográfico del Corpus iuscriptionum semi- 
ticarum en la parte comprensiva de la Península. 

Don Rodrigo Amador de los Ríos expuso la inscripción así (i): 

<Jr- J \J (^ 9-.. 

.X_^_*_, % 1__¡j.J! üL_Jl ._x^_*_; 
__,, ^ ¿si ^Ul ,,1.,^ ,LxJI .1 






- cr* ójfi ^W ^ ^ lT*^ IO 



i — >' — ■ >>■ — * X ..y 

«ti! 



(1) O/. £■//., pág. 218. 



INSCRIPCIÓN ARÁBIGA DE BENIMACLET. 



71 




72 boletín de la real academia de la historia. 

«En el nombre de Alláh, el Clemente, el Misericordioso! Nues- 
tro Señor es Alláh! ¡Oh vosotros hombres! Creed que las prome- 
sas de Alláh son ciertas y no os dejéis seducir por los halagos 
del mundo, ni os aparten de Alláh las falacias (del demonio). 
Este es el sepulcro de Mohámmad ben Abdil-lah ben Said-Bau- 
láh Al-Anssary." Confesó que no hay divinidad fuera de Alláh 
único, para quien no existe compañero; que Mahoma es su siervo 
y su enviado; que el paraíso es dogma; que el fuego eterno es 
dogma, y que la hora (de la muerte) ha de llegar, no hay duela 
en ello. Murió, apiádese de él Alláh y le perdone, en la noche 
del jueves en la luna de Chumada, primera del año tres y cin- 
cuenta y cuatrocientos. Apiádese de él Alláh». 

La fecha corresponde al jueves, 24 de Mayo de IOÓI. Del pro- 
pio año IOÓI, y del miércoles, 24 de Octubre, es el epitafio 
arábigo hallado en Castellón de la Plana y fotograbado en la 
página 49 del tomo 111 del Boletín. 

Sobre esta inscripción de Castellón de la Plana advirtió Don 
Pascual de Gayangos dos variantes en el texto del Alcorán 
(Sura xxxv) por ella reproducido. 

I^jU en lugar de 1$->J o 
5 La. » ^-rr 3 - 

Las mismas variantes aparecen afectando á la inscripción de 
Benimaclét, grabada en la misma región de Valencia y en un 
mismo año, con el mismo tipo de escritura ó carácter paleo- 
gráfico. 

A la fotografía, que nos ha remitido D. Francisco Bárbara, 
acompaña la nota siguiente: 

«Esta lápida que se veía en Valencia y en la calle de la Cruz, 
empotrada en la fachada de la casa que fué propiedad de Don 
I [< «norato Valentí y Bonaplata, hoy está en poder de los Sres. Ta- 
rín hermanos, por efecto de haberse derribado la casa y haberse 
convertido en plaza el terreno que ocupó. El mármol epigráfico 
mide aproximadamente So centímetros de alto por 40 de ancho . 

Madrid, 12 de Diciembre de 1902. 

Fidel Fita. 






VARIEDADES 



HAGIOGRAFÍA. 

EL SANTO ASALTO DE LA DUQUESA DE ALBA EN 1603. 

RELACIÓN CONTEMPORÁNEA É INÉDITA. 

Libro de los anales del monasterio de nuestra señora de la laura lunda- 
do en el instituto de n.tro p. Santo domingo. Capitulo 31. De como a costa 
de muchos peligros grangeao Reliquias de mucha debocio7i para la laura. 

«Tenia la patrona de la laura, mui insignes rreliquias que el 
santo pontífice sisto quinto la havia embiado í su primer desierto, 
donde estando un dia en un oratorio mirando como no tenia rre- 
liquias acordóse de las muchas que en alúa abia degado: y aunque 
los estados y todo lo demás de bienes libres, que heran suyos 
habia holgado mucho de degar: de las rreliquias se acordaba mu- 
cho con soledad, y pudiera no degarlas pues no hera del mayo- 
razgo, y estavan depositadas en ella para la yglesia, donde los 
Duques se enterrasen: estando en esto y con deseo de otras bió 
entrar por la puerta del oratorio artos criados de un cavallero 
cargados con fuentes de rreliquias, que aquel cavallero que benia 
de rroma en nombre de su Santidad a consolarla de la muerte 
del duque la traya: estubo con tenerlas muy consolada todos 
aquellos años antes que fundase el monasterio: mas después pa- 
recíale que parra onrrarle y Santificar los altares, fuera bueno 
tener algunos cuerpos de Santos: estando pues con este deseo 
en billafranca un dia mate en una Camilla y con ella en el apo- 
sento los padres maestros Fray diego de yanguas su confesor y 
Fray geronimo de llamas, natural de la billa de San clemente que 
fue mui Santo y escribió una suma de casos de conciencia muy 



74 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

docta, rreligioso del convento donde estava el cuerpo del duque; 
digoles no sé qué es que después que estoy en hillafranca me 
parece que tengo cerca cuerpos Santos; y no sé donde: Respon- 
dióla el maestro llamas, once ay, a una gomada de aqui, en 
los montes aquilianos, en Santiago de peñalva, y en San pedro 
de montes: todos canonigados al uso de su tiempo: diole deseo a 
la duquesa de traer a la laura especialmente huno que se llamaba 
San osteban: Santo que por serlo abian hecho venir de Francia, 
cuando mucho florecía allá la Santidad, a gobernar aquellas aba- 
días. El negocio se encomendó mucho a dios; enbiose por licen- 
cia en el ínterin que en su casa y en la laura mucho se encomen- 
daba la enpresa a nuestro Señor, con horacion y penitencias. 
Abiendo hocupado en esto algunos días partieron de billafranca; 
y la misma duquesa que le tomo devoción por la rrelacion que le 
avian hecho de A - isitar aquel yermo: y para que lo que pretendía 
no le pareció decente, degar de ir en persona: y fue la primera 
y última vez que en toda su bida por su boluntad salió de casa 
ni una legua: porque aunque andaba muchos caminos fueron por 
boluntad agena, y obediencia: acompañáronla el marques su her- 
mano, y su santo confesor, y no mas que huna docena de cria- 
dos dentranbos, y una sola criada, y otra biuda devota señora 
de basallos muy faborecida de la duquesa: llevaban tragado de 
acer el santo asalto en secreto por no alborotar un lugarillo de 
Cabreros y un cura que el abad de peñalba dignidad de la ygle- 
sia mayor de astorga alli tenia puesto: y de velar la duquesa en 
la yglesia una noche y en ella sacar el santo cuerpo: y asi avia 
mandado que en la misma litera en que yba pusiesen una palan- 
ca para levantar las losas y llevar un cofre muy bien aderegado 
con olandas y tafetanes: y un ornamento para dar á la yglesia, y 
cargas de achas para sacar con solenidad las Reliquias. Al tiempo 
que yba a entrar en su litera mandó sacar acaso la palanca, que 
si alli fuera parece tornara con huna compañera menos: la gor- 
nada hora toda de ocho leguas y tardaron asta bolber a billa- 
franca cuatro dias: porque según pareció, el enemigo pretendió 
quitar en aquel camino la bida a la que entendía en los negocios 
de la laura. Ycieron noche en rrimor lugarillo del marquesado; 
partieron el siguiente dia para San esteban de balduega con in- 
tento de Comer alli y llegar a la tarde a la yglesia de peñaba: 
yba la duquesa leyendo en el libro de San doroteo; y queriendo 
que lo hoyóse doña madalena Sarmiento, aquella biuda que la ha- 



hagiografía. 75 

compañaba, ygola pasar de otra litera adonde yba a la suya, y 
en ella llevaba aquella imagen del Cristo glorioso que la Santa 
madre Teresa de Jesús, su gran amiga ygo cuanto pudo el 
arte ymitar (y) Sus palabras, y (con) ellas al bivo Señor quen la 
horacion avia bisto: yban atrás el marques y el maestro en otra 
litera y al pasar la primera por un camino, — que toda su lon- 
gitud acia pendiente acia un Rio que se pasaba por un pontón 
de un arco tan escuro con los peñascos que del otro lado abta, 
y la misma agua del rrio hera tan negra, que parecía abitacion 
de los del infierno. Era muy cerca de San esteban donde helios 
tenían tanta mano como se dirá — la huna bestia de las dos que 
llevaban la litera, no tenia acemilero siendo tan necesario huno 
para cada huna, como las dos para la litera, arrodillóse la que 
yba a la banda, de la duquesa y por aquella parte bago al suelo 
la litera. La doña madalena hera muí medrosa y púsose como 
muerta: estábala consolando y animando la duquesa cuando llego 
un gentil onbre y la digo V. X. a salga questá en mui gran peli- 
gro, digole hella: qué peligro? levanten esa acémila. El criado an- 
tiguo que la tenia amor holvidandose del rrespeto y diciendo buesa 
excelencia me perdone, ybala a hasir de los brazos para sacarla. 
Digole: teneos! que si asi a de ser yo saldré; y salió, y al mismo 
punto mando sacar á doña madalena que no tenia animo para 
salir y el que llegó á sacarla, se quedo con una parte de su toca 
en las manos: y la bestia que estava de rrodillas al mismo tiempo 
que salió la duquesa, se colgó; y como havia grande altura del 
camino al rrio y hera enpinada como huna pared derecha, no 
tuvo en qué se detener; y en colgándose, como peso mas que la 
que estava, entranvas cayeron con la litera y la que quedó den- 
tro: y toda la litera se ygo Ragas y ningún mal doña madalena. 
Asi como cayo, púsose de rrodillas la duquesa, y con harto dolor 
digo: Madre de Dios ayudalda; y luego sentada en huna losa 
mando mirasen de lo alto, qué se avia hecho? y digeronla muerta 
está: asomóse y digoles no, que hun brazo mueve, bagad esa ca- 
milla por ella: ygoles buscar una bagada y se la trageron con solo 
el mal del miedo y espanto que hen ella no hera poco; llegaron a 
San estevan y paro alli para acería curar del espanto: y degan- 
dola en casa de un primo suyo que avia sido el huésped partie- 
ron al amanecer para subir hunas cuestas, que ni las de Monse- 
rrate, ni las de monseni no serán mas ásperas ni enpinadas, ni 
de tan estrechas sendas, que no cavia ningún cavallo por ella: 



76 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

([insiéralas subir a pie por su devoción la duquesa, mas sus con- 
tinuas enfermedades no la tenian con fuerzas que lo pudiese acer. 
Fueron ella y su criada rn unas sillas: y los criados, maestro, y el 
marques a pie con hunos báculos. Son aquellos montes admira- 
bles de altos, ásperos y fértiles de arboles y buenas yerbas: que 
se nacen entre las garcas, y malegas, y muy abundantes de aguas 
de arroyos, que sacándolos el arte de los rromanos de los Rios 
de que también ay artos en aquella soledad, por entre las peñas 
como por condutos aciendo las hunas aguas y las otras un rru- 
mor y estruendo como de mar enbravecido, los trayan para la- 
brar gran cantidad de minas que por alli ay: ni faltan también 
bestigios, de las que los Santos que abitaban aquellos montes 
grangeavan y descubrían con su oración en unas hermitas que 
por alli se ven echas de arboles i yerbas; por donde pasando la 
duquesa allava a su santo confesor arrimado a su báculo descan- 
sando en oración: no benia el marques, tan descansado porque 
sobre ser tan baleroso y bravo soldado estava tímido en algunas 
ocasiones: que no temia su ermana siendo muger, y el temblavá 
pensando que al sacar los santos habia de caer algún rrayo del 
Cielo, fio tragarlos la tierra: y benia no menos melancólico 
que arrepentido de aberse encargado de aquel camino : disi- 
mulaba su ermana la moyna quel ama mostrava, esperavala a 
la puerta con mucha y como la puso en su asiento, salióse. Ella 
se rreconcilio y digo a su confesor que antes de atreverse a ha- 
brir los santos sepulcros tuviesen en comulgando huna ora de 
oración, en que él de nuebo lo encomendase a dios, aciendo 
quenta que no avian benido a trasladar Santos, sino a solo bisi- 
tarlos y le ordenase qué arian: oyeron tres ó cuatro misas; digola 
el maestro y comulgóla; pusiéronse en oración, y estando en ella 
entro el marques con mui gran alegría diciendo; sus! señora aga- 
mos lo que hemos de acer oy y agame merced questa noche la 
tengamos en San pedro de montes ques abadia de benitos, y no 
aqui, que esta humedísimo; ya tengo guardas a tres puertas de esta 
yglcsia. Fuimos, pareciendo al maestro questa mudanca hera la 
rrespuesta del Cielo, al sepulchro de San esteban abad con gran 
deseo de sacarle; porquestava a la entrada de una puerta; en el 
arco estava un onrrado lietrcro; y con ser mas fácil que sacar los 
domas, nos fue tan inposible que tubimos por voluntad del Cielo 
que no ]<■ llebasemos de alli. Esta yglesia (es) de obra mui particu- 
lar do pylastras y arcos tan rredondos que casi acaraba el circulo, 



hagiografía. 77 

y de obra mosayca, toda de una nabe. Tiene una capilla del Santí- 
simo Sacramento al un testero, y al otro hotra en questaban en 
dos ermosos y muí grandes sepulchros de gruessisimas losas do 
marmol los cuerpos de San genadio y de San Urbano confeso- 
res anacoretas y obispos antiguos de astorga: que aun los santos 
en aquel tiempo que, a mas de setecientos años que murieron, 
por Reberencia del Santísimo Sacramento, los ponían a los pies 
de las yglesias y asi a los rreyes. Tenia el cuerpo de la yglesia 
dos Capillas por banda adonde por ella se sale por puertas de 
arcos y colunetas de alabastro y en ellas otros cinco cuerpos con 
el del abad esteban: Fue esta yglesia una de las abadías que san 
genadio fundo, cuyas Ruinas allí parecen y aunquel monte en que 
se edifico, y se abia subido, es altísimo, de aquella altura se leban- 
ta otro que parece dexa las 1 nubes debago, y que les queda supe- 
rior: y llamase asta oy el silencio; que gano el nonbre del mucho 
que los Santos en el guardavan sin ablar gamas palabra sino las 
de la misa y Oficios divinos muchos tiempos que en el se rreti- 
raban: i oy dia se ven las ermitas de pobre fabrica, y sin faltar- 
les una piedra y todas cubiertas gunto con una yglesia, que en 
el medio esta de malezas que parecen echas de yerbas las er- 
mitas. 

A este monte del silencio no pudimos las mngeres subir por 
su aspereza grande: Mas solo mirarle infundia devoción y amor 
de la soledad. Bolbiendo a la yglesia, aquella losa del sepulchro 
de san genadio que cierto parecía heran menester cinquenta 
honbres para moverla: después de aver quitado huna Rega que 
la cubría, y estaba cubierta de atadillos con tierra, de gunto a 
las losas, quentodo el bierco se le atan al cuello para las calen- 
turas, y en quitándoseles, que dicen es infalible la tornan allí. 
Solos el marques y tres criados, quitada la cal de las gunturas, y 
la lebantarori y abierta la tenian, todos quatro de rrodillas con 
palancas: el maestro rrebestido y de rrodillas y con achas blancas 
encendidas; lloravan de devoción y suavidad del grande y suave 
olor que del sepulchro salió; y no falto alli quien vio salir Res- 
plandor. Sacóse el cuerpo, que estaba compuesta toda el armadu- 
ra de los huesos: y a la rredonda la carne convertida en un pol- 
billo pardo: y alguna en su ser pegada a las canillas: degaronse 
los huesos pequeños; porque no ydolatrasen los que alli acuden 
ciertos pocos dias en el año, con procesiones. Sacóse asi también 
el cuerpo de san urbano degando algo, y el de san fortes. Y en 



7§ BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

comiendo y abiendo limpiado la yglesia y adornado los altares se 
partieron, seria el medio dia, y asta muí noche tardaron en solo 
una legua, que caminaron por una sendilla, no usada desde la 
muerte de los Santos que por alli yban de una avadia a otra: 
mui mas áspera que lo pasado, y tan estrecha que pareció mila- 
gro dellos no nos despeñar, porque las sillas nocavian. Cuando 
pararan para mudarse, los que las llebavan, quedava sin duda lo 
mas en el aire, sobre hun avismo de ondura ha donde las acé- 
milas a cada rrato rrodavan por no caver en lo angosto de la 
sendilla. Saibó la que traia la Santa arca que esa gamas cayo; y 
al sacar los .Santos, sucedieron tres milagros que no quento por 
abreviar algo esta larga Relación. Llegamos a san pedro: y en 
san esteban.nos tenian llorados por muertos, quando supieron 
nos avian encaminado por alli: donde a San fructuoso le tiraron 
unos ballesteros como a fiera no creyendo que hombre umano 
alli estubiera: aquella noche tubo mui buen aposento la duquesa 
que fue la misma yglesia, donde no osava arrimarse a las pare- 
des que por sus manos fabricaron los Santos. Bueltos al dia si- 
guiente a san esteban, y tomando ala conpañera, y aciendo com- 
posición alli en unos bandos de todos los becinos, cavegos dellos 
dos mugeres onrradas, y asi fue fácil conponer las mugeres; aun- 
que no poco, porquel mismo cura fomentava los bandos, y ubo 
la duquesa menester mas animo para rreprenderle que para 
meterse en la pendencia que rrebolbian aquellos malos espíritus 
que abitavan en el pontón, donde ygo poner huna gran cruz, y 
enbio predicadores a san esteban; que los mas viegos no seacor- 
davari haver oydo Sermón en su vida: tanta falta ace la palabra 
de dios. Después desto se tornaron a billafranca parando el sil tan 
crecido que pareció milagro no se aogarse: hunos esclavos de 
mui alto tamaño trayan la silla de la duquesa, y otros ocho o 
diez para que no se la llevase la corriente y sobre sus ombros, y 
con todo eso benia la duquesa mirando al agua dentro de su 
misma silla que le llegava a las rrodillas. Los santos cuerpos se 
entregaron este año en la laura por inbentario y con la solenidad 
debida que ser pudo, el dia del mártir san Cipriano (i); y se saca- 
ron de sus sipulchros a los setecientos}?' tantos años de su depo- 
sición. Tratan dellos el Obispo de Tuy, y agora escribirá en la 
crónica de san benito el avad del- rreal de Valladolid; i después 

(ii [6 de Septiembre. 



hagiografía. 79 

le dio dios a la duquesa otros de mártires: San gynes el repre- 
sentante, San timoteo y San suero». 

Sigue á continuación el capítulo 32, que empieza así: «Por 
poner en primer lugar la traslación de los santos, se queda para 
el segundo un suceso y mudanca de perlada que la laura ubo 
luego en el principio deste año de 1603 y tercero de su funda- 
ción...» 

A esta narración sencilla y animada, cuanto verídica, hecha 
por una señora del acompañamiento de la Duquesa, y testigo 
presencial del suceso, debió remitirse el clarísimo Flórez en la 
España Sagrada. Hablando de los cuerpos santos que se llevó la 
Duquesa, escribe (i): «Colocólos, cerca del año 1603, en su nue- 
vo Convento de Villafranca, donde perseveraron, hasta que poco 
después fué trasladado el Convento y las santas Reliquias á Va- 
lladolid, donde existe, conocido con el título de la Laura-». 

Tres mujeres tan solamente tomaron parte en la expedición: 
la Duquesa Doña María de Toledo y Colonna; la viuda y señora 
de vasallos Doña Magdalena Sarmiento; y una dama de servicio, 
ó criada de la Duquesa. De una de ellas es la frase que se lee en 
la narración: «A este monte del Silencio no pudimos las mujeres 
subir por su aspereza grande; mas solo mirarle infundía devo- 
ción y amor de la soledad». ¿Cuál de las tres esto escribió? Xo 
fué Doña Magdalena Sarmiento, que se quedó transida de es- 
panto en San Esteban de la Valdueza, por haberse despeñado con 
las muías de su litera al río, y no subió á San Pedro de Mon- 
tes, ni á Santiago de Peñalba. Bien es verdad que la Duquesa 
(-j- l.° Diciembre, 1612) pudo escribir ó hacer escribir el relato 
hablando de sí en tercera persona; con todo, parece natural que 
debamos atribuirlo á su dama de servicio ó de honor, que pinta 
más que describe lo que presenció con tan gallardo estilo como 
pésima ortografía, y que por modestia calló decorosamente su 
nombre. Lo cierto es que tan importante relación (2) se trazó 
entre el año 1607, cuando empezó á ser obispo de Tuy Don 
Fr. Prudencio de Sandoval y el año 1613 en que imprimió el 
P. Fr. Antonio de Yepes el tomo iv de su Crónica general de la 
Orden de San Benito. 

F. F. 



(1) Tomo xvi (2. a edición), pág. 147. Madrid, 1787. 

(2) Debo su copia al R. P. Galo Iglesias S. J. 



NOTICIA 



Ei. anillo Marcosiano de Astorga. — Tomamos su descripción del Bo- 
letín de la Comisión provincial de Monumentos históricos y artísticos de 
Orense (i), donde el antiguo correspondiente de nuestra Academia en 
aquella ciudad, D. Marcelo Macías, expone el epígrafe y conjetura el des- 
tino de tan precioso objeto. 

Anillo de oro, liso, de forma octogonal, de 19 mil. de diámetro inte- 
rior, 4,50 de ancho y 5 gramos de peso. Apareció en Astorga. en una here- 
dad del arrabal de Rectivia, y lo posee el rico industrial y comerciante 
D. Juan Panero. 

Las letras están distribuidas de manera que corresponden dos á cada 
lado del octógono, sin puntos que las separen, ni señal alguna que indi- 
que donde empieza ó donde acaba la inscripción, y ni leídas seguida- 
mente, ni de dos en dos como si fuesen siglas, dan un sentido cabal y 
adecuado. 

TP I o)0 I TP I wA I HO I YP I toH | TO 

La identidad de lengua y caracteres con la descubierta en Ouintani- 
11a (2) inducen fuertemente á creer que procede, como ésta, de los gnós : 
tico-priscilianistas, que tanto abundaron en la antigua Astúrica». 

Según el sistema del egipcio Marcos (3), que á fines del siglo 11 infestó 
á la España y las Galias con su herejía, predecesora ó raíz de la Priscilia- 
nística, las letras del anillo Asturicense se permutan con las siguientes 
s9 I ax. I eO I iw I nv. | sO | zi | s/., cuya suma numeral (4) equivale ala del 
eón avQpo^o; (5), á quien el heresiarca llamó cuerpo de la Verdad. No es de 
hoy ni de ayer el humanitarismo de las sectas secretas en España. 

F. F. 



(1) Tomo 11, núm. 29, páginas 86-88. Noviembre-Diciembre 1902. 

(2) Véase el fotograbado de esta lápida gnóstica en el tomo x de nuestro Boletín, 
pág. 244. 

(3) San Ireneo, contra Aaereses, libro l, cap. 14. 

(4) 14 4- 21 4- 14 ■+- 801 4- 220 4- 14 4- 201 4- 25 = 1310. 

(5) 1 + 50 + 9 4- 100 + 800 -f- 80 4- 70 + 200 — 1 3 10. 



tomo xlii. Febrero, 1903. cuaderno ii. 



BOLETÍN 



DE LA 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA 

Durante el segundo semestre del año 1902. 



REGALOS DE IMPRESOS. 



DE SEÑORES ACADÉMICOS DE NUMERO. 



♦Carrasco y Sayz (Excmo. Sr. D. Adolfo). «La guerra», por el coronel Don 

Eduardo González Velasco. Madrid, 1893. 
«La calle de Temprado en Teruel», por el teniente coronel de Artillería 

D. Ricardo Pascual de Quinto. 
¡Historia del primer regimiento divisionario de Artillería desde su 

creación hasta el i.° de Julio de 1891», por el teniente coronel del 

mismo D. Arturo Arnaiz y Garralda. Valladolid, 1891. 
«Monografía político-militar de Mfndanao», por D. Francisco J. de 

Moya. Madrid, 1895. 
«Biblioteca de la Dirección general de Artillería. índice por orden de 

materias y alfabético de autores. Madrid, 1887. 
.«índice general del Memorial de Artillería desde su íundación, en Junio 

de 1844, hasta fin de la tercera serie en Diciembre de 1893». Tomo 1. 

Madrid, 1902. 
Catalina García (Excmo. Sr. D. Juan). ¡Catálogo de la Exposición nacio- 
nal de retratos celebrada en Madrid en 1902». 
Fernández Duro (Excmo. Sr. D. Cesáreo). «Cinco opúsculos de Mr. Kon- 

rad Haebler ■. 
«Apontamentos numismáticos?, por Sousa Viterbo. Lisboa. 1902. 
«Memoria del monumento que se erige en Madrid á la patria española, 

personificada en el rey D. Alfonso XII». Madrid, 1902. 
-Álbum de Minerva. Fiestas escolares de 1901». Guatemala. 

tomo xlii. 6 



62 boletín de la real academia de la historia. 

«Arte nova de Algarismo» (em verso). Inédito do seculo xvi, dado á 

estampa por A. F. B. Evora. 
«D. Luís de Requesens, Comendador Mayor de Castilla y Gobernador de 
los Países-Bajos por Felipe II», por D. Francisco Barado. Madrid, 1902. 
Cristóbal Colón» (rectificaciones é hipótesis), por R. Monner Sans. 
Buenos-Aires, 1901. 
«La Argentina y Cataluña>. Discurso por R. Monner Sans. Buenos- 
Aires, 1900. 
«Estudos bistorico-archeologicos-, por el Sr. Philotheio Pereira d'An- 

drade. Bastora, 1901. 
«Discurso leído en el Congreso Católico de Compostela por el Exce- 
lentísimo Sr. D. Andrés Manjón». Madrid, 1902. 
«Algumas achegas para a Historia da Tinturaría em Portugal», por 

Sousa Viterbo. Lisboa, 1902. 
«Estudios de estrategia y organización del Ejército y Armada», por el 
capitán de Caballería D. Francisco de Francisco y Díaz, Doctor en 
Derecho y en Ciencias. Valladolid, 1899. 
«El Ferrocarril de Pennsylvania y la Exposición Colombina». Philadel- 
phia, 1892. 
Fernández de Béthencourt (Excmo. Sr. D. Francisco). «Historia genealó- 
gica y heráldica de la Monarquía española, Casa Real y Grandes de 
España». Tomo iv. Madrid, 1902. 
Gómez de Arteche y Moro (Excmo. Sr. D.José). «Guerra de la Indepen- 
dencia. Historia militar de España de 1808 á 1814-. Tomo xm. Ma- 
drid, 1902. 
Herrera (D. Adolfo). «Medallas españolas». Personales, tomo 11. Militares, 
navales y político-militares, tomo vn. Bodas Reales, tomo 11. Madrid, 
1 90 1. 
Laurencín (Excmo. Sr. Marqués de). «Comedia llamada difcordia y queí- 
tion de Amor, compuerta por Lope de Rueda». Reimpresa en Madrid, 
Viuda é hijos de Manuel Tello, Julio de 1902. 

DE ACADÉMICOS HONORARIOS. 

Loubat (Excmo. Sr. Duque de).'«Codex Fejérváry-Mayer». Berlin and 
London, 1901-1902. 
«Codex Vaticanus Nr. 3.773». (Codex Vaticanus B). Berlín, 1902. 

DE CORRESPONDIENTES NACIONALES. 

Aledo (Excmo. Sr. Marqués de). «Anuario de la Cuna de Jesús». Año 1.. 
1901. Madrid, 1902. 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA. 83 

Alvarez de la Braña (D. Ramón). -¿Apuntes para la Historia del Puente 
del Castro». León, 1902. 
«Catálogos de la Biblioteca provincial de León». Tomos 1 y 11. León, 
1897. 

Cáceres Pía (D. Francisco). «Lorca. Noticias históricas, literarias, estadís- 
ticas, etc., de la antigua Ciudad del Sol-». Madrid, 1902. 

Canella (D. F. y Bellmunt (D. O.) «Guía general del viajero en Asturias». 
Gijón, 1899. 

Cola y Goiti (D.José). «Guía de Vitoria». Vitoria, 1901. 

García de Quevedo y Concellón (D. Eloy). «Excursiones por la provincia 
de Burgos». Madrid, 1899. 
«El Abad Maluenda y el Sacristán de Vieja Rúa (poetas burgaleses)». 
Madrid, 1902. 

López Ferreiro (D. Antonio). «Galicia histórica». Revista bimestral. 
Tomo 1. Año 1902. Núm. vi. Mayo-Junio. 

Pardo de Figueroa (D. Mariano). «Nombramiento de Comisario del Santo 
Oficio de la Inquisición de Granada, hecho á favor del Licenciado 
D. Francisco Antonio Belmonte y Serrano, vecino de la ciudad de 
Vera y Beneficiado de la villa de Antas». Granada, 17 de Febrero 
de 1685. 
«Juramento prestado por D. Pedro de Lorca y Valero sobre guardar 
fidelidad y obediencia á la Iglesia Católica y al Pontífice Benedic- 
to XIII y sus sucesores». Año 1625. 
«Cuarta ración de artículos del Doctor Thebussen». Madrid, 1902. 

Walls y Merino (D. Manuel). «La Alemania Imperial», por Sidney Whit- 
man, traducción del inglés por Manuel Walls y Merino. Madrid. 

DE CORRESPONDIENTES EXTRANJEROS. 

Ayres (Sr. Cristovam). «Pela Patria! A conquista de Portugal». Lisboa, 

1902. „ 

Chavero (D. Alfredo). «La piedra del Sol». Estudio arqueológico. 
«Calendario de Palemke. Los signos de los días». México, 1902. 
Dbdgson (Mr. E. S.) «Catalogue of Books printed at the Clarendon press, 
Oxford » . 
«Guide to the casts of sculpture and the Greek and Román antiquities 

in the Ashmolean Museum, Oxford». Oxford, 1901. 
«A provisional catalogue of the Paitings exhibited in the University 

Galleries Oxford >.' Oxford, 1891. 
«Additions to the Libray of the Taylorian Institution». July, 1901-1902. 

Oxford. 
«Oxford University Calendar, 1902». 



84 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

«Ordine della Solennissima Processione fatta dal Sommo Pontífice 
nell' alma citta <li Roma per la felicissima noua della destruttione 
della setta Ugonotana . London. 

Dognée (M. Eugéne M. O.) «Un Officier de l'armée de Varus». Bruxelles. 

Ganare! (M. Paul); «Le Corsaire Jean Fleury». Rouen, 1902. 

Haebler (Dr. K.) «Le soi-disant Cisianus de 1443 et les Cisianus Alle- 
mands». Besancón. 1902. 

Ilamy (M. E. T.) «Le Capitaine Rene de Laudonniere, nnuveaux rensei- 
gnements sur ses navigations (1561-1572) . Taris, 1902. 

Laigne (M. de). «Notice sur une Nécropole préromaine et une inscription 
latine découvertes á Nesazio». París, 1902. 

Longin (M. Emile). «Francois de Lisola, sa vie, ses écrits, son testament 
(16 1 3- 1674)». Dole, 1902. 
" «Relation de l'incendie de Saint-Claude (1639)», publiée avec une in- 
troduction et des notes. Dole, 1902. 

Mann (Rev. Horace K.) The lives of the Popes in the Early Mieddle 
Ages». Vnl. 1. Part. 11, 647-795. London, 1902. 

Marcel (M. Gabriel). «Le Plan de Bale et Olivier Truchet». París, 1902. 
«Musée rétrospectif de la classe 14. Cartes et appareils de géographie 
et de cosmographie. Topographie á 1'ExpositionUniverselle Interna- 
tionale de 1900 á París. Rapport du Comité d'installation . 

María (D. Isidoro de). «Nomenclátor de las calles y plazas de la ciudad y 
principales caminos del Departamento». Montevideo, 1902. 

Medina (Sr. J. T.) «Colección de documentos inéditos para la Historia de 
Chile, desde el viaje de Magallanes hasta la batalla de Maipo, 1518- 
18 18». Tomo xxx. Santiago de Chile, 1902. 
«Biblioteca Hispano-Americana (1493-1 8101 , por José Toribio Medina. 

Tomo vi. Santiago de Chile, 1902. 
«Colección de historiadores de Chile y de documentos relativos á la 
Historia nacional». Tomo xxix. Santiago de Chile, 1902. 

Paso y Troncoso (D. Franciscoi del). «Comedia de los Reyes, escrita en 
mexicano á principios del siglo xvn (por Agustín de la Fuente). 
La tradujo al castellano Francisco del Paso v Troncoso. Florencia, 
1902. 

Quesada (D. Ernesto). «El Criollismo en la literatura argentina-. Buenos- 
Aires, 1902. 

Romy (M. Léon de). «L'Atlantide His'torique. Études d'Ethnographie et 
d'Archéólogie Américaines . París, 1901. 

Tardieu (Ambroise). Ilistoirc illustréedu Bourg deR0y.1t en Auvergne». 
Clermoñt-Ferrand, 1902. 

Vieira Natividade (Sr. M.) «Grutas de Alcobaca*. Materiaes para o estu- 
dio do homen. Porto, 1901. 



ADQUISICIODES DE LA ACADEMIA. 85 



DEL GOBIERNO DE LA NACIÓN. 

Dirección, general de Aduanas. -Estadística del comercio de cabotaje 
entre los puertos de la Península é Islas Baleares en 1900, formada 
por la Dirección general de Aduanas». Madrid, 1902. 
«Resúmenes mensuales de la estadística del comercio exterior de Es- 
paña». Números 150-155, Mayo-Octubre, 1900-1902. 
Producción y circulación de azúcares, achicoria y alcohol industrial». 
Segundo y tercer trimestre de 1902. Números 10 y 11. 
«Estadística del impuesto de transportes por mar y á la entrada y salida 
por las fronteras». Números 9-10, i.°-3.° trimestre de 1902. 
Dirección general de Contribuciones. «Estadística del impuesto sobre los 
transportes de viajeros y de mercancías por las vías terrestres y flu- 
viales». Año 1901. Madrid, 1902. 
«Estadística del impuesto sobre el consumo de luz de gas, electricidad 
y carburo de calcio». Año 1901. Madrid, 1902. 
Dirección general de Sanidad. «Sobre la mezcla de pimentón y aceite», 
por el limo. Sr. D. Ángel Pulido, Director general de Sanidad. Ma- 
drid, 1902. 
«Sanidad pública en España y ministerio de las clases médicas», por 
D. Ángel Pulido y Fernández, Director general de Sanidad. Madrid, 
1902. 
Ministerio de Gracia y Justicia. «Discurso leído por el Excmo. Sr. D. Juan 
Montilla y Adán, Ministro de Gracia y Justicia, en la solemne aper- 
tura de los Tribunales, celebrada en 15 de Septiembre de 1902». Ma- 
drid, 1902. 
Estadística de la Administración de Justicia en lo criminal durante 
el año 1900 en la Península é islas adyacentes, publicada por el Mi- 
nisterio de Gracia y Justicia. Madrid, 1902. 

DE GOBIERNOS EXTRANJEROS. 

Dirección general de Estadística de la provincia de Buenos-Aires. La 
Plata. «Boletín mensual». Año 1, núm. 5, Diciembre 1901. Año 11, 
núm. 6, Enero 1902. 

Dirección general de Estadística Municipal de Buenos-Aires. «Anuario 
estadístico de la ciudad de Buenos-Aires». Año xi, 1901. Buenos- 
Aires, 1902. 
«Boletín mensual de Estadística municipal de la ciudad de Buenos- 
Aires». Año xvi, números 5-9, Mayo-Septiembre, 1902. 

Dirección general de Estadística de la República del Uruguay. «Comercio 



86 BOLETÍN de la real academia de la historia. 

exterior y movimiento de navegación de la República Oriental del 
Uruguay y varios otros datos correspondientes al año 190 1 , compa- 
rados con 1900». Montevideo, 1902. 
Estadística municipal de la ciudad de Santa Fe. República Argentina. 

«Boletín». Año 1, números 2-3, Abril-Septiembre, 1902. 
Ministerio de Guerra, de Colombia. Nueva Geografía de Colombia», por 

F. G. Vergara y Velasco. Tomo 1. Bogotá, 1901. 
Ministerio de Obras públicas de la provincia de Buenos-Aires. La Plata. 
Memorias presentadas por las oficinas dependientes del Ministe- 
rio». Año de 1895 á 1896. La Plata, 1898. 
«Memorias descriptivas sobre el proyecto de ensanche del puerto de 
La Plata . La Plata, 1898. 

Memoria presentada á la Honorable Legislatura por el Ministro de 
Obras públicas, Dr. Emilio Frers». La Plata, 1898. 
«Memoria presentada á la Honorable Legislatura por el Ministro de 

Obras públicas, Dr. Adolfo Saldías». La Plata, 1901. 
< Memoria presentada á la Honorable Legislatura por el Ministro de 
Obras públicas, ingeniero Julián Romero». La Plata, 1902. 
Oficina Demográfica Nacional Argentina (Ministerio del Interior). Buenos- 
Aires. «Boletín Demográfico Argentino . Año m, Marzo-Septiembre, 
1902. 

DE ACADEMIAS Y CORPORACIONES NACIONALES. 

Asociación Artístico-Arqueológica Barcelonesa. Barcelona. «Revista». 
Vol. ni, año vi, números 31-33, Mayo-Octubre 1902. 

Asociación de Arquitectos de Cataluña. Barcelona. «La Catedral de Bar- 
celona». Ligeras consideraciones sobre su belleza arquitectónica, por 
D. Augusto Font y Carreras. 

Ateneo de Madrid. «Discursos pronunciados durante las conferencias 
marítimas celebrados en estos últimos meses por los Sres. D. Damián 
[sera, D. Joaquín Sánchez de Toca y D. Antonio Maura». Madrid, 1902. 

Ayuntamiento de Madrid. «Boletín». Año vi, números 287-311, 29JU11Í0- 
14 Diciembre 1902. 

Biblioteca-Museo Balaguer. Villanueva y Geltrú (Barcelona). «Boletín». 
Época 3. a , año ni, números 30-35, Junio-Noviembre 1902. 

Círculo de la Unión Mercantil é Industrial. Catálogo de las obras exis- 
tentes en su Biblioteca en Enero de 1900 . Madrid, 1900. 
Memoria presentada por la Junta de gobierno á la general ordinaria 
de señores 501 ios el día 28 de Enero de 1 90 1 . Madrid, 1901. 

Centre Excursionista de Catalunya. Barcelona. Butlletí . Any xn, núme- 
ros 89-94, Juny-Novembre 1902. 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA. 87 

Comisión provincial de Monumentos históricos y artísticos de Orense. 
«Boletín». Tomo n, números 26-27, Mayo-Agosto 1902. 

Comisión del Mapa Geológico de España. Madrid. «Boletín». Tomo xxvi. 
Tomo vi, segunda serie (1899). 

Comisión provincial de Monumentos de Baleares. «Historia de Pollensa», 

por D. Mateo Rotger y Capllonch. Vol. 1. Palma de Mallorca, 1897-98. 

•Nuestra Señora de Costitx», por D. Mateo Rotger. Palma de Mallorca, 

1897/ 
«El Reverendo Padre Maestro Fray Gonzalo Ferragut y Cerda, Domi- 
nico», por D. Mateo Rotger y Capllonch. Palma de Mallorca, 1899. 
«El Seminario Conciliar de San Pedro», por D. Mateo Rotger y Cap- 
llonch. Palma de Mallorca, 1900. 
< Origens del Cristianisme en la illa de Menorca y fases per que passá 

fins la invassió sarrahina», per D. Mateu Rotger. Palma, 1900. 
«Academia Bibliográfico-Mariana. Certamen público celebrado con mo- 
tivo del concurso de premios dedicado á Nuestra Señora de Lluch 
(Mallorca)». Primera parte. Lérida, 1900. 

Instituto del Cardenal Cisneros. Madrid. «Memoria acerca de su estado 
durante el curso de 1900 á 1901, escrita por D. Rodrigo Sanjurjo é 
Izquierdo, Catedrático y Secretario del Establecimiento». 

Instituto general y técnico de Guipúzcoa. «Discurso leído en la sesión 
inaugural del curso académico celebrado bajo la presidencia de S. M. 
el Rey D. Alfonso XIII el día i.° de Octubre de 1902, por el Catedrá- 
tico D. Manuel M. Añibarro». San Sebastián, 1902. 

Institución Libre de Enseñanza. Madrid. «Boletín». Año xxvi, números 
S^-S 11 ' 30 Abril-31 Octubre 1902. 

Real Academia Española. Madrid. «Discursos leídos en la recepción pú- 
blica de D. Ramón Menéndez Pidal el 19 de Octubre de 1902». Ma- 
drid, 1902. 
«Memorias de la Real Academia Española». Tomo vni. Madrid, 1902. 
«Discursos leídos ante laReal Academia Española en la recepción pú- 
blica del Excmo. Sr. D. Raimundo Fernández Villaverde el día 23 de 
Noviembre de 1902». Madrid, 1902. 

Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Madrid. «Discursos 
leídos ante la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en la 
recepción pública del Sr. D. Jacinto Octavio Picón el día 9 de No- 
viembre de 1902». Madrid, 1902. 

Real Academia de Buenas Letras de Barcelona. «Boletín». Año 11, núme- 
ros 6-7, Abril-Septiembre 1902. 
«Discursos leídos en la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona 
en la recepción pública de D. Federico Rahola y Tremols el día 4 
de Junio de 1902». Barcelona, 1902. 



bb boletín de la real academia de l\ historia. 

Real Academia de Ciencias morales y políticas. Madrid. El sufragio uni- 
versal y la elección por clases' y gremios:, por D. Ángel Salcedo y 
Ruíz. 
«Extractos de discusiones habidas en las sesiones ordinarias de dicha 
Corporación sobre temas de su instituto». Tomo n, parte i. a Madrid, 
1902. 

Real Academia de Jurisprudencia y Legislación. Madrid. Sesión necro- 
lógica en honor de M. Rolin Jacquemyns, Director que fué del Insti- 
tuto de Derecho Internacional, celebrada el día 18 de Mayo de 1902». 
Madrid, 1902. 

Real Academia de Medicina. Madrid. «Anales». Tomo xxn, cuadernos 2. 
Y 3-°> 3 o Junio 1902. 
«Discursos leídos en la Real Academia de Medicina para la recepción 
pública del académico electo D. Ángel de Larra y Cerezo el día 9 de 
Noviembre de 1902». Madrid, 1902. 
Discursos leídos en la Real Academia de Medicina para la recepción 
pública del académico electo D. José Codina y Castellví el día 23 de 
Noviembre de 1902». Madrid, 1902. 

Real Sociedad Geográfica. Madrid. «Boletín». Tomo xliv. Primero y se- 
gundo trimestres de 1902. 
«Revista de Geografía Colonial y Mercantil, publicada por la Sección 
de Geografía Comercial». Tomo 11, números 9-12. 

Sociedad Arqueológica Luliana. Palma. «Boletín». Año xvm, tomo ix, nú- 
meros 265-267, Abril-Junio 1902. 

Sociedad Española de Salvamento de Náufragos. Madrid. «Boletín». Nú- 
meros ccv-ccix, 1. ° Junio- 1. ° Octubre 1902. 

Universidad Central. Madrid. «Discurso leído en la solemne inauguración 
del curso académico de 1902 á 1903, por el Dr. D. Blas Lázaro é Ibi- 
za, Catedrático de la Facultad de Farmacia». Madrid, 1902. 

Universidad de Salamanca. «Discurso leído en la inauguración del curso 
académico de 1902 á 1903, por el Ministro de Instrucción pública y 
Bellas Artes, Excmo. Sr. Conde de Romanones». Madrid, 1902. 
«Discurso, leído en la solemne apertura del curso académico de 1902 á 
1903, por el Dr. D. Manuel González Calzada, Catedrático de Química 
general». Salamanca, 1902. 

Universidad literaria de Santiago. «Discurso inaugural leído en la solem- 
ne apertura del curso de 1902 á 1903, por el Dr. D. Miguel M. Sojo, 
Catedrático de la Facultad de Farmacia». Santiago, 1902. 

Universidad literaria de Sevilla. «Discurso leído en el acto solemne de la 
apertura del curso académico de 1902 á 1903, por el Dr. D. José de 
Castro y de Castro, Catedrático numerario de la asignatura de Lógica 
Fundamental». Sevilla, 1902. 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA. 89 

«Memoria del año académico de 1899 á 1900 y anuario de 1900 á 1901 
de su distrito universitario». Sevilla, 1901. 
Universidad literaria de Valladolid. «Discurso inaugural leído en la so- 
lemne apertura del curso académico de 1902 á 1903, por el Doctor 
D. Gregorio Burén García, Catedrático numerario de la Facultad de 
Derecho?. Valladolid, 1902. 

«Datos estadísticos de la enseñanza en el curso de 1900 á 1901 y anua- 
rio del curso de 1901 á 1902». Valladolid, 1902. 

DE ACADEMIAS Y CORPORACIONES EXTRANJERAS. 

Académie des Inscriptions et Belles Lettres. Paris, «Comptes rendas des 

séances de l'année 1902». Bulletin de Mai-Aoüt. 
Académie des Sciences. Paris. «Comptes rendus hebdomadaires des 

séances». Tome cxxxv, n° 17 (Octobre 1902). 
Académie Royale d'Archéologie de Belgique. Anvers. «Annales». 5 e serie, 

tome iv, i e -2 e livraison. 
«Bulletin», vi-vn. 1902. 
Akademie der Wissenschaften in Krakau. «Anzeiger». Pnilologische 

Klasse. Historisch-Philosophische Klasse. Nos 5-7; Mai-Juillet 1902. 
Annales de la Faculté des Lettres de Bordeaux et des Universités du 

Midi. Revue des études anciennes». Tome iv, nos 3-4, Juillet-Décem- 

bre 1902. 
«Bulletin Hispanique». Tome iv, n°s 3-4, Juillet-Décembre, 1902. 
«Bulletin Italien >. Tome n, n°s 3-4, Juillet-Décembre 1902. 
Ateneo de Lima. Perú. «El Ateneo», órgano del Ateneo de Lima. Tomo iv, 

núm. 24, segundo trimestre de 1902. 
Biblioteca Nazionale Céntrale di Firenze. «Bolletino delle pubblicazioni 

italiane ricevute per diritto di Stampa». Nos 18-23, Giugno-Novem- 

bre 1902. 
Biblioteca pública de la provincia de Buenos-Aires. La Plata. «Boletín». 

Año iv, números 43-48, Mayo-Octubre 1902. 
«Registro oficial de la provincia de Buenos-Aires». Enero-Junio 1902. 
Catholic University of America. Washington. «The Catholic University 

Bulletin». Vol. vin. No 3, July, 1902. Whole No xxxi. No 4, Octobeu 

1902. Whole No xxxn. 
Centro de Sociedades, Letras e Artes de Campiñas. «Revista:. Núm. 1, 

31 de Octubre de 1902. 
Direzione dil Regio Archivio di Stato di Cagliari. «Inventario del R. Ar- 

chivio di Stato di Cagliari e notizie delle carte-conservate nei piü 

notevoli Archivi Comunali , Vescovili e Capitolari della Sardegna». 

Cagliari, 1902. 



90 boletín de la real academia de la historia. 

Faculty oí Política! Scienze of Columbia University. «Political Science 
Quarterly». Volume xvn, Number 2-4, June-September 1902. 

Histórica] Society of Pennsylvania. Philaclelphia. «The Pennsylvania Ma- 
gazine of History and Biography». Published Quarterly. Vol. xxvi. 
No 102-103, July-October 1902. 

Historischen und Antiquarischen Gésellschaft zu Basel. «Herausgegeben». 
11 Band. 1 Heft. 

Instituto de Cóimbra. O Instituto». Revista Scientifica e Literaria. Vo- 
lume 49. Nos 7-12, Julho-Dezembro 1902. 

Instituto do Ceará. Fortaleza (Brasil). Revista trimensal». Anno xvi, 
3. y 4. trimestres de 1902. Tomo xvi. 

Koninklijke Akademie van Wetenschappen. Amsterdan. Verslagen en 
Mededeelingen». Letterkunde. 4 e Reeks. DI. iv. 
«Centurio. Accedunt Quinqué Poemata Laudata». Amstelodami, 1902. 

K. B. Akademie der Wissenschaften zu München. «Sitzungsberichte der 
philosophisch-philologischen und der historischen Classe». 1902. 
Heft i-n. 

Koninklijke Bibliotheck's Gravenhage. Catalogus van de Pamfletten 
Vezzameling ■. Vierde Deel. 17 14- 1775. 

Kr. Hrvatsko-Slavonsko-Dalmatinskog-Zemaljskog Arkiva. Zagreb. «Vjes- 
tnik . Godina iv. Soezak 3-4. 

Kuniglich Preussischen Akademie der Wissenschaften zu Berlin. «Sitzung- 
sberichte». xxiii-xl, 1, 15, 29 Mai; 5, 12, 19 Juni; 3, 10, 17, 24, 31 Juli 
1902. 
«Corpus inscriptionum latinarum, consilio et auctoritate Academiae 
Litterarum Regiae Borussicae editum». Voluminis tertii supplemen- 
tum. Berolini, 1902. 
«Acta borussica. Das preussische Münzwesen im 18. Jahrhundert. Bes- 
chreibender Teil, Erstes Heft». Berlin, 1902. 

Museo Nacional de México. -Anales». Tomo vn. Entrega 9. a Junio, 1902.. 

Museu Ethnologico Portugués. Lisboa. «O Archeologo Portugués». Vo- 
lume vn, n«s 2-9, Fevreiro-Setembro 1902. 

Numismatic and Antiquarian Society of Philadelphia. «Proceedings for 
the years 1899-1901». Philadelphia, 1902. 

Oxford University. The Periodical». Some of the Forthconing Publica- 
,tions of the. N 0íi xvn-xx, March-December 1902. 

Reale Accademia dci Lincei. Roma. Rendiconti». Classe di Scienze mo- 
r.ili. storiche e filologiche. Serie quinta. Vol. xi. Fase. 3.°-io.°. 
Atti della Reale Accademia dei Lincei». Anno eexcix, 1902. Serie 
quinta. Classe di Scienze morali, storiche e filologiche. Vol. x. Par- 
te 2. a Notizie degli Scavi. Fase. 4.°-8.°. 
Atti della Reale Accademia dei Lincei. Anno eexcix, 1902. Serie quinta. 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA. 9 1 

Rendiconti . Classe di Scienze fisiche, matematiche e naturali. 
Vol. xi. Fase. 1 2. e Indece del volume. i.° semestre. Fase. i.°-2.° se- 
mestre. 
«Rendiconto dell' Adunanza solenne del i Giugno 1902, onorata dalla 
presenza delle LL. MM. il Re e la Regina. Vol. 11. 

R. Accademia Floritana. Messina. «Atti». Anno xvi. 1901-1902. 

Real Associacáo dos Architectos Civis e Archeologos Portuguezes. Lis- 
boa. «Boletim». Tomo ix. Quarta serie. Anno 1902. No? 4-5. 

R. Deputazione Véneta di Storia Patria. «Nuovo Archivio Véneto». Nuova 
serie. Nos 6-7 , 46-47. 

R. Societá Romana di Storia Patria. Roma. «Archivio». Vol. xxv. Fase. 1-11. 

Sociedad Jurídico-Literaria. Quito (Ecuador). «Revista». Año 1. Núme- 
ros i.°-3.°, Mayo-Junio 1902. 

Societá di Storia, Arte ed Archeologia della provincia di Alessandria. 
«Annali di Alessandria di Girolamo Chilini». Vol. 1. Dispensas i. a -6. a . 

Societá Storica Lombarda. Milano. Archivio Storico Lombardo. «Gior- 
nale >. Serie terza. Anno xxDfe Fase, xxiv-xxv. 1902. 

Societá Storica Messinese. Messina. Archivio Storico Mc^sinese. Anno 11. 
Fase. 3-4. 

Société d'Archéologie de Bruxelles. «Annales». Tom: seiziéme. An- 
née 1902. Livraisons 1-11. 

Société des Antiquaires de l'Ouest. Poitiers. ' Bulletin». Deuxiéme serie. 
Tome neuvieme. Deuxiéme trimestre de 1902. Avril-Juin. 

Société des Études Juives. Paris. .Revue des Eludes Juives». Tome xliv, 
no* S8-8-9, Avril-Septembre 1902. 

Société de Géographie et d'Archéologie de la province d'Oran. «Bulletin 
trimestriel de Géographie et d'Archéologie de la province d'Oran». 
Vingt-cinquiéme année. Tome xxn. Fase, xci-xciii. Avril-Septem- 
bre 1902. 

Société Historique Algérienne. Alger. «Revue Africaine». Bulletin des 
travaux. Quarante-sixiéme année. N os 244-245. i er et 2 trimestres, 
1902. 

Société Nationale des Antiquaires de France. Paris. «Bulletin». 2 tri- 
mestre 1902. 

Sociedade Martins Sarmentó. Porto. «Revista de Guimaraes». Vol. xix. 
N°s 3-4, Julho-Outubro 1902. 

Universidad de Chile. Santiago. «Anales de la Universidad». Año 59, 
tomos cvni-cx, Noviembre-Diciembre 1901. 

Universidad Nacional del Paraguay. Asunción. «Anales». Año m, tomo m, 
núm. i.° 

Universitat Freiburg i. d. Schweiz. «Behorden, Dozenten und Studieren- 
de». Sommersemester und Wintersemester, 1902. 



92 boletín de la real academia de la historia. 

cVerzeichnis dér Vorlesungen». Sommersemester, 1902. 22 April- 
25 Juli. Winterseméster, 1902-1903. 21 Oktober-27 Márz. 

■ Bericht über das Studienjahr, 1 900-1901». Freiburg, 1902. ■ 

«Etudes de Toponymie Romande -, par Jcan Stadelmann. Fribourg, 
1902. 

«Über den Ursprung und die gegenseitigen Beziehunger der Krystall- 
formen , von Prof. Dr. Heinrich Bavmhauef. Freiburg, 1901. 
Beitrage zur Verglcichenden Anatomie des Durchlüftungssystems», 

von Lie. phil. P. Damián Buek. 
Contribution á l'étude des condensatións de l'éther cétipique avec les 
polyamines aromatiques», par Albert Striebel. Fribourg, 1902. 
Vermogensrechtliche Anstande bei der Trennung von Religionsge- 
n<i»ensehaften», von Johann Bossi. Chur, ¡901. 

«Die inspirationslehre des Orígenes», von AugustZollig. Freiburg, 1902. 
Su. Stanislaw, Biskup Krakowski , n apiña] Ksiadz Franciszek Buczys. 
Krakow, 1902. 

«Probléme de la classification des Sciences d'Aristote á St. Thomas , 
par le Chanoine Joseph Mariétan. Paris, 1901. 

«Ueber das 2-Brom-3-Aetho.xyflavon», von Heinrich Ryl. Bern., 1902. 

«Uber die Eeinwirkung der Aminobenzoésauren auf einige aliphatisehe 
y Aldehydosíiuren», von Dr. León Tochtermann. Freiburg, 1902. 

«Die Aetherhypothesen von Descartes bis Fresnel, ihr inhalt und ihre 
Entwickelung», von Lie. phil. P. Beda Anderhalden. Samen, 1901. 

«Collectanea Friburgensia. — Veroffentlichungen der Universitiit Frei- 
burg». Neue Folge. Fase, iii-iv. 
Universitiits-Bibliothek in Heidelberg. «Neue Heidelberger Jahrbücher 
herausgegeben vom Historich-Philosophischen vereine zu Heidel- 
berg;. Jahrgang xi. Heft. 2. 

DE PARTICULARES NACIONALES. 

Andreu (D. Jaime). «Catálogo de una colección de impresos (libros, folle- 
tos y hojas volantes) referentes á Cataluña». Siglos xvi, xvn, xvm 
y xix. Barcelona, 1902. 

Argamasilla de La Cerda y Bayona (D. J.). «Nobiliario y armería general 
de Naba'rra». Cuaderno 2. Madrid, 1902. 

Arias (R. P. Fr. Evaristo F.). «Panegírico de Santo Tomás de Aquino». 
Madrid, 1902. 

Chapes il>. José). «Los Archivos de Ibiza». Año 1, números iii-vín, Junio- 
Noviembre 1902. 

Cotarelo y Morí (D. Emilio). «Isidoro Maiquez y el teatro de su tiempo». 
Madrid, 1902. 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA. 93 

Fernández (P. B.). «Antigua lista de manuscritos latinos y griegos inédi- 
tos del Escorial». Madrid, 1902. 
Fort y Roldan (D. Nicolás). «Anuario ferrolano para 1903 . Año ni. Ferrol, 

1902. 
Ibañez Marín (D. José). «Lusitania y su primer coronel». Madrid, 1902. 
Maciñeira y Pardo (D. Federico). «Un interesante bronce». Madrid, 1902. 
Manjón (D. Andrés). «Síntesis de El Pensamiento del Ave María». 1889 á 
1 90 1. Granada, 190.2. , 

«Derechos de los padres de familia en la instrucción y educación de 
sus hijos. Discurso presentado al Congreso Católico de Santiago en 
1902 >. Granada, 1902. 
«Hojas del Ave-María». Granada. Números 71-85. 
Marino Seco (D. Gualterio). «La corona heredada». Poesía á S. M. el Rey 
D. Alfonso XIII con el plausible motivo de la declaración de su ma- 
yoría de edad. Tarragona. 
Mazarredo (D. Antonio de). «Examen militar del combate naval dado el 
21 de Octubre de 1805 (Trafalgar) entre la escuadra combinada de 
España y Francia y la de Inglaterra, por un oficial de marina español 
que se halló en él. Carta en contestación á este escrito por A. de E. 
(Antonio de Escaño) desde la Isla de León á 8 de Septiembre de 
1806, y juicio de los papeles que anteceden, sin firma». Copias. 
Tratado de paz y amistad ajustado entre Su Magestad Católica y el 

Dey y Regencia de Argel en 14 de Junio de 1786». Impreso en 4° 
«Censura del tratado de paz hecha con Inglaterra en 1750 dirigida al 
Marqués de la Ensenada desde Cádiz á 8 de Marzo de 1 75 1 , por Don 
Isidoro Pérez, de la Vega». Minuta. 
«Exposición á S. M. del Conde de Aranda en 27 de Mayo.de 1788, abo- 
gando por las preeminencias de los Capitanes generales del Ejército 
y Armada». Copia. 
«Carta del Conde de Aranda á D. Jerónimo Caballero en 25 de Julio de 
1788, recomendándole la exposición que elevaba á S. M. sobre pre- 
eminencias de los Capitanes generales del Ejército y Armada». Copia. 
«Diario del viaje que D. Joaquín de Olivares y Centeno, Comandante 
de la fragata de S. M. San Antonio, ha hecho desde el Río de la Plata 
hasta el Río Gallegos al reconocimiento de la costa del Sur en 1746». 
•Relación del combate naval de 20 de Octubre de 1782, copiada del 
diario de D. José de Mazarredo, Mayor general de la escuadra com- 
binada hispano-francesa». 
«Noticia de los trabajos literarios del Instituto de la Academia de la 
Historia emprendidos por su individuo Josef de Vargas y/Ponce desde 
Junio de 1793 á Diciembre de 1797». Original. 
«Respuesta de D.Juan Bautista Muñoz al voto particular del Sr. D. Jo- 



94 boletín de la real academia de la historia. 

seph de Guevara sobre la Historia del Nuevo Mundo». Sin fecha ni 
firma. 
Siete cartas relativas á la Comisión diplomática ele D.José de Maza- 
rredo en París en los años de 1799 á 1801. Remitidas por D. Antonio 
de Mazarredo por complemento de las anteriores». 
«Carta de Luís Vaez de Torres al rey Felipe III desde Manila á 12 de 
Febrero de 1607, dando cuenta de sus descubrimientos. Copia envia- 
da al general D. José de Mazarredo por D. Juan Bautista Muñoz, con 
papel autógrafo suyo». Obsequio á la Academia de D. Antonio de 
Mazarredo. 

Morcillo y Valero (D. Jesualdo). Informe para la Historia de Villarro- 
bledo». Guadalajara, 1899. 

Nieto (Excmo. Sr. D. Emilio). «Vejeces»., por D. Matías Nieto Serrano, 
Marqués de Guadalerzas. Madrid, 1902. 

Olascoaga (D. Fernando). «La bandera del Vizcaya ». Reimpresión de 
1902. Bilbao. 

Pérez de Guzmán (D. Juan). «Bosquejo histórico de la Gaceta de Jlfadr/d». 
Madrid, 1902. 

Pérez Pastor (D. Crisótbal). «Documentos Cervantinos hasta ahora inédi- 
tos». Tomo 11. Madrid, 1902. 

Salvador (Excmo. Sr. D. Amos). «Concepto de la estrategia». Madrid, 1902. 

Santiaga y Gadea (D. Augusto C. de). «Inglaterra y el Transvaal». Apun- 
tes sobre la guerra en el Sur de África. Toncos 1 y v. Burgos, 1902. 

Somoza de Montsoriú (D. Julio). Inventario de un Jovellanista». Madrid, 
1 90 1. 

Valls David (Rafael). «Pallantia (vulgo) Valencia la Vieja». Vinaroz. 1902. 

Vives y Liern (D. Vicente). «Las casas de los Estudios en Valencia». Va- 
lencia, 1902. 

DE PARTICULARES EXTRANJEROS. 

Alcover (Antonio Miguel). «El periodismo en Sagua». Habana, 1901. 
«Bayamo: su toma, posesión é incendio». 1868-1869. Habana, 1902. 
Blanchet (Emilio). «Abreviada historia de Cuba». Matanzas, 1902. 
Calore (Sgr. Luigi). «Interpronivm e Ceii». Atri, 1900. 
«L'Abbazia di San Clemente a Casauria». Roma, 1891. 
«La ricomposizione delle porte di San Clemente a Casauria». Roma, 

1894. 
«La parola valva nelle porte di bronzo di San Clemente a Casauria». 
Atri, 1902. 
Delorme (Mr. Emmanuel). «Note sur un moule árabe découvert en Es- 
pagne». Toulouse, 1902. 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA. 95 

Duron (Sr. Rómulo E.).' «Gobernantes de Honduras. — Lempira». Teguci- 

galpa, 1902. 
Fitz-Gerald (Sr. John D.). «Caballeros Hinojosas del siglo xn». Madrid, 
1902. 
«Spanish Etymologies». Paris, 1902. 
García (D. Genaro). «Dos antiguas relaciones de la Florida publicadas 

por primera vez». México, 1902. 
Grunwald (Sr. M.). Portugiesengraber auí deutscher Erde». Kamburg, 

1902. 
Huntington (Sr. Archer M.). Poem of the Cid». Text Reprinted from the 
Unique manuscript at Madrid. 
«La historia de los nobles caualleros Oliueros de Caftilla y Artus dal- 

garbe » . 
«Las Julianas de Hernando Merino ofpañolo». 
«Reportorio de todos los caminos de España». 
«La Araucana, de D. Alonso de Erzilla». 

«Glosa á la obra de D. Jorge Manrique. Hecha por Diego de Barabona: 
dirigida al muy ilustre Sr. D. Gaspar destuñiga de auellaneda, abad 
de castro». 
«Cartilla para enseñar á leer á los niños, con la doctrina christiana que 

se canta, amados hermanos». 
«Vias contra Fortua, hecho por coplas por el marques de Santillana, 

enderezado al duque dalua». 
«Relación de la salida que hizo desta villa de Madrid el serenísimo 
Principe de Gales a nueue de Setiembre deste año de 1623, acom- 
pañado del Rey N. Señor y del Infante Carlos, y el Cardenal su her- 
mano, hasta S. Lorenzo el Real del Escurial, etc.» 
«Cartilla» y «Luz en la verdadera destreza» sacada de los escritos de 
D. Luís Pacheco y Narváez y de los autores que refiere, por don 
Nicolás Tamariz. 
Meyer (Sr. Karl). «Defensa de la «National Asphalt Company» en el jui- 
cio seguido contra ésta por el Sr. Karl Meyer, respecto á la mina 
Lagumllas». Caracas, 1902. 
Moulin (Henri-Alexis). «Le litige Chilo-Argentin et la délimitation politi- 

que des frontiéres naturelles». Paris, 1902. 
Outes (D. Félix F.). «El primer establecimiento español en el territorio 

argentino (1527-1902)». Buenos-Aires, 1902. 
Pereira dAndrade (Philotheio). «Contribuicoes para a Bibliographia In- 
do-Portugueza, por Ignacio Salvador Leonardo Días». Fase. 1. Bas- 
torá, 1899. 
Pernambuco (Sr. Belisario). «Ganganelli e Saldanha Marinho». Río de 
Janeiro, 1901. 



')<> BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

«Commemoracao do i de Maio. — A Maconaria e o Proletariado». Río 
de Janeiro, 1902. 
Pinna (Dott. Michele). «Traccie dell' Inquisizione in Sardegna». (Appun- 
ti). Cagliari, 1893. 
«II primo atto político di Casa Sabauda nel, dominio della Sardegna». 

Cagliari, 1899. 
«L* Archivio del Duomo di Cagliari . Cagliari-Sassari, 1899. 
L' Archivio comunale di Iglesias». Cagliari-Sassari, 1898. 
Réné-Moréno (D. Gabriel). Bolivia y Argentina». Notas biográficas y bi- 
bliográficas. Santiago de Chile, 1901. 
Schlumberger (Mr. Gustavo. «Le tombeau d'vme Imperatrice byzantine 

a Valence, en Espagne». Paris, 1902. 
Torro Acevedo (D. Luís). «Revista de Costa-Rica en el siglo xix». 

Tomo 1. San José de Costa-Rica, 1902. . 
Torres e Dias (Raymundo Agapyto C. da Silva». -Oriente illustrado». 
Vol. 1. Bastorá, 1899. 

Á CAMBIO DE PUBLICACIONES NACIONALES. 

Archivo Católico». Barcelona. Año vn. Vol. vn, números 67-69, Junio- 
Octubre, 1902. 

Boletín de la Cofradía de ánimas benditas de Santo Domingo de Silos». 
Burgos. Año iv, números 9-12 , Julio-Octubre, 1902. Año v, números 
1-2, Noviembre-Diciembre, 1902. 

I orico Interior Josefino». Tortosa. Año vi, números 67-72, Julio-Diciem- 
bre, 1902. 

I¿1 Eco Franciscano >. Santiago (Coruñá). Año xix, números 218-223, Ju- 
lio-Diciembre, 1902. 

La Ciudad de Dios». Madrid. Tercera época. Año xxn. Vol. lviii, núme- 
ros v-viii, 20 Junio-20 Agosto 1902. Vol. lix, números i-vii, 5 Septiem- 
bre-:; Diciembre 1902. 

Memorial de Artillería . Madrid. Año 68, serie iv, tomo xvn, entrega 6. a 
Tomo xviii, entregas i. a -5. a , Julio-Noviembre, 1902. 

Memorial de Ingenieros del Ejército». Madrid. Año lvii. Cuarta época, 
tomo xix, números vi-xi, Junio-Noviembre 1902. 

Monumenta Histórica Societatis Jesu nünc primum edita a Patribus 
, Ejusden Societatis». Madrid. Fasciculus 104. Mense Augusto. 

Razón y Fe . Revista mensual, redactada ppr los Padres de la Compañía 
de Jesús. .Madrid. Tomo rn¡ números 3-4, Julio-Agosto 1902. Tomo iv, 
números 1-4, Septiembre-Diciembre 1902. 

Revista de Aragón . Zaragoza. Año m. Julio-Noviembre 1902. 

Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos . Madrid. (Tercera época). 
Año vi, números 4-1 1, Abril-Noviembre 1902. 



ADQUISICIONES DE LA ACADEMIA. 97 

«Revista de Extremadura». Cáceres. Año iv, númer > xxxvi-xli, Junio- 
Noviembre 1902. 

«Revista de Menorca». Mahón. Año vm. (Cuarta época). Vol. i. Números 
i-iii, Enero-Marzo 1902. 

«Revista general de Marina >. Madrid. Tomo li, cuadernos i.°-6.°, Julio- 
Diciembre 1902. 

«Unión Ibero-Americana;>. Madrid. Año xvi, números 197-200, Junio-Oc- 
tubre 1902. 

Á CAMBIO CON PUBLICACIONES EXTRANJERAS. 

«Analecta Bollandiana >. Bruxelles. Tomus xxi. Easc n-iv, Juin-Octobi c 

1902. 
«Boletín Salesiano». Turín. Año xxm, números 8-10, Julio-Noviembre 

1902. 
«Bulletin Historique du diocése de Lyon>. Lyon. 3 e année. Nos 16-18, 

Juillet-Décembre 1902. 
«Études». Revue fondee en 1856 par des Peres de la Compagnie de 

Jésus. Paris. 39 e année, tome 92 e de la collection,' 5 Juillet-5 Octobre 

1902; tome 93 e de la collection, 20 Octobre-5 Décembre 1902. 
«KwartalnikHistorycny». Organ Tovvarzystwa Historycznego. Rocnik xvi. 

Zeszyt 2-3. 
«La Civiltá Catholica». Roma. Serie xvín, vol. iv, quadernos 1. 248-1. 252, 

21 Giugno-16 Agosto 1902; vol. vn, quadernos 1. 253-1. 255, 6 Set- 

tembre-4 Ottober 1902 ; vol. vm, quadernos 1. 256-1. 259, 18 Ottobre- 

6 Dicembre 1902. 
«La Ouinzaine*. Paris. 8 e année, nos 185-195, I er Juillet-Décembre 1.902. 
«Napoli nobilissima». Napoli. Rivista di topografía e d'arte napoletana. 

Vol. xi. Fase, vi-xi, Giugno-Novembre 1902. 
«Polybiblion». Revue bibliographique universelle. Paris. Partie littéraire. 

Deuxiéme serie. Tome cinquante-sixiéme, xcv e de la collection. Pre- 

miére-cinquiéme livraison, Juillet-Novembre 1902. 
«Partie téchnique ». Tome vingt-huitiéme, xcvi e de la collection. Sep- 

tiéme-onziéme livraison, Juillet-Novembre 1902. 
«Revue Bénédictine». Belgique. Dix-neuviéme année. Nos 3-4, Juillet-Oc- 

tobre 1902. 
«Revue Celtique». Paris. Vol. xxm, nos 2-3, Avril-Juillet 1902. 
«Revue Historique >. Paris. Vingt-septiéme année. Tome soixante-dix- 

neuviéme. 11, Juillet-Aoüt 1902. Tome quatre-vingtiéme. 1-11, Septem- 

bre-Décembre 1902. 
«Rivista di Storia, Arte, Archeologia della provincia di Alessandria . 

Alessandria. Anno xi, fase, vi-vn (serie 11), Aprile-Settembre 1902. 
«Rivista di Storia Anticá». Padova. Nuova serie. Anno vi, fase. 3.°-4.° 
tomo xlii. 7 



98 boletín de la real academia de la historia. 

«Rivista Storica Italiana». Torino. Armo xix, 3. a S. Vol. 1, fase. 3-4, Lu- 

glio-Dicenibre 1902. 
cSchweizer Archiv für Heraldik». Zürich 1902. Jahrgang xvi. Heft. 3-4. 
«The English Historical Review». London. Vol. xvn. Nos 67-68, July-Oc 

tober 1902. 
«Voz de Santo Antonio». Braga. S.° anuo, 4. a serie, nos 6-1 1, Junho-No- 

vembro 1902. 

DE LAS REDACCIONES Y POR CORREO. 

«Bulletin des livres relatifs a l'Amerique de A. Lesouef». Paris, 1902. 
«Esperanto». Año 1, núm. 3. Santander, 17 de Mayo de 1902. 
«Euzkadi . Revista trimestral. Bilbao. Año 1, núm. 4, Diciembre 1902. 
«Fiftieth annual Report of the trustees oí' the Public Library of the City 

of Boston, 1 901 -1 902». Boston, 1902. 
«La Alhambra». Revista quincenal de Artes y Letras. Granada. Año v, 

núm. 1 12, 31 de Agosto de 1902. 
«L : Art et l'Autel >. Paris. 2 année. Juillet-Décembre 1902. 
«La Semana Católica», de Barcelona. Año xiv, números 650-669, 29 Junio- 

9 Noviembre 1902. 
«Notes oí a trip to the veddahs of Ceylon», by Dr. H. M. Hiller.and 

Dr. H. F. 
«Revista de bibliografía catalana». Barcelona. Any 11, número 4 , Janer- 

Juny 1902. 
«Revista de Derecho, Historia y Letras». Buenos-Aires. Año v, tomo xm, 

Agosto-Septiembre 1902. 
«Revista del Instituto Paraguayo». Asunción. Año iv, núm. 36, 1902. 
«Revista de Obras públicas . Madrid. Año l, números 1.397-1.421, 3 Julio- 

18 Diciembre 1902. 
«Revue Épigraphique». Paris. Vingt-quatriéme année, nos cent-quatre- 

cinq, Janvier-Juin 1902. 
«Revue mensuelle du Paraguay». Asunción. 2 e année, nos 2-6, Février- 

Septembre 1902. 

ADQUIRIDOS POR SUSCRIPCIÓN Y COMPRA. 

«Boletín de la Librería. (Publicación mensual.) Obras antiguas y moder- 
. ñas. Librería de M. Murillo, Alcalá, 7, Madrid. Año xxix, núm. 12, 
Junio 1902. Año xxx, números 1-5, Julio-Noviembre 1902. 
Supplément aux Acta Sanctorum pour des vies de Saints de l'époque 
mérovingienne, par L'abbé C. Narbey». Paris. Tome 11, 1 i e et i2 e li- 
vraison. 
«The Imperial and Asiatie Ouarterley . Woking. Third series, vol. xiv, 
nos 27-28, July-Oetober 1902. 



EL HOSPITAL DE LA LATINA. 99 



INFORMES 



1. 



DOCUMENTOS DESCONOCIDOS SOBRE EL HOSPITAL 
DE LA LATINA, EXISTENTE EN MADRID. 

Por ser el Hospital de la Concepción de Nuestra Señora, co- 
munmente llamado de La Latina, de las fundaciones más anti- 
guas y notables de esta corte y uno de sus más preciados mo- 
numentos, merece sin duda alguna que se ilustre su historia y se 
aclaren algunos puntos desconocidos de ella. Bien sabido es que 
sus fundadores, así de ésta como de otras obras piadosas, fueron 
el noble y valeroso caballero Francisco Ramírez de Drena, se- 
cretario y afamado general de artillería de los Reyes Católicos, 
y su segunda mujer la señora Beatriz Galindo, más conocida por 
La Latina, camarera mayor y consejera estimadísima de la 
reina Doña Isabel, en virtud de bula concedida á sus instancias 
por Alejandro VI, á 7 de Octubre del año 1500. Poco después 
de esta fecha se comenzaron las obras de tan loable institución, 
impulsadas por el ardiente y vehementísimo celo cristiano de 
aquel modelo de matrimonios ; mas no llegó, por desgracia, á 
verlas terminadas el insigne caudillo, porque habiéndole encar- 
gado el rey D. Fernando que sometiera y rindióse á los moros 
rebeldes de la Serranía de Ronda, murió heroicamente comba- 
tiendo con ellos el día 1/ de Marzo de 150L Acabó, pues, de 
construir este hospital su viuda, y cuando se disponía á poblarle 
de religiosas para mejor contribuir al benéfico fin que ella y su 
marido se habían propuesto, un obstáculo firmísimo é inespe- 
rado se opuso á su realización. ¿Cuál podía ser éste, contando, 
como contaba, con el más decidido apoyo del Rey Católico, de 
sus ministros y de toda la Corte? 

Ni el venerable Gerónimo de Quintana, rector que fué do esto 



1 00 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Santo Hospital, y autor de la reputada obra Historia de la anti- 
güedad, nobleza y grandeza de la villa de Madrid, publicada en 
1629; ni Gil González Dávila, ni Alvarez Baena, ni Mesonero 
Romanos en su Antiguo Madrid, ni los diligentes historiadores 
do Madrid, Sres. Ríos y Rada, refieren lo más mínimo acerca de 
esta oposición. Acaso en los archivos de protocolos se encuen- 
tren algunas escrituras sobre este punto, por los pleitos á que 
dio lugar. 

Mas quiso mi buena suerte que examinando un registro, de 
cartas del Rey Católico, de letra de su tiempo, me encontrase 
con la explicación clara y detallada de este suceso, dada por tan 
autorizado testimonio, como lo es el del mismo rey D. Fernando, 
en carta escrita en Burgos á 21 de Marzo de 1508 y dirigida á 
sus embajadores en Roma. Dice así: 

«El Rey. — D. Enrique de Toledo, pariente, e Gerónimo de 
Vich e licenciado Fernand Tello, todos del nuestro Consejo ó 
nuestros embaxadores en Corte de Roma. Beatriz Galindo, cria- 
da. que fué de la Serenísima Reyna doña Isabel, mi muger, que 
haya santa gloria, hedeficó una casa extramuros de la villa de 
Madrid junto, á un hospital que ella y el secretario Francisco de 
Madrid, su marido, ya defunto, ficieron para poblar de religio- 
sas de la Orden que á ella pareciese, y estando la dicha casa así 
hedificada, el Guardian y frayles del Monesterio de Sant Fran- 
cisco de la dicha villa, le pusieron impedimento en la dicha po- 
blación, diciendo que la dicha casa estaba hedeficada dentro de 
las trezientas canas (i) que ellos tienen por previlegio que no se 
edifique monesterio cerca de sus casas, no embargante una 
licencia que de su General ella hobo para la hacer y poblar, y 
sobre ello litigaron y fué declarada la dicha casa estar hedificada 
dentro de las dichas canas; y aunque la dicha Beatriz Galindo 
tenia causas y títulos para apelar de la dicha declaración y sen- 
tencia y seguir la dicha causa, eonsintió en ella por no distraerse 



1 1 1 Según Covarrubias, cana era una medida así llamada porque se to- 
maba con una caña. Kl Diccionario de la Academia afirma que consta d<- 
dos varas, con corta diferencia, variando algo según los países. 



EL HOSPITAL DE LA LATINA. 



en pleitos e por no litigar con los dichos religiosos; y cesado 
esto, por continuar y efectuar su buen propósito, tiene acordado 
de trasladar la advocación y población del dicho monesterio á 
unas casas de morada principales que el dicho secretario Fran- 
cisco de Madrid, su marido, y ella tenían é tienen en el arrabal 
do la dicha villa ( I ), y que la dicha casa que se hedeficó para el 
dicho monesterio, sea casa de morada para ella y para sus fijos 
y decendientes, así como era é habia de ser la otra dicha casa; y 
porque aquella estaba inclusa en el mayorazgo de Fernand Ra- 
mírez, fijo mayor del dicho Secretario Francisco de Madrid e de 
la dicha Beatriz Galindo, la Serenísima Reyna mi muy cara e muy 
amada hija, ha dado licencia para separar del é incorporar en su 
lugar la dicha casa que estaba edificada para el dicho monesterio; 
y agora la dicha Beatriz Galindo querría que. nuestro muy Santo 
Padre lé diese licencia y facultad para que en la dicha casa del 
arrabal, que así se ha sacado del dicho mayorazgo, pudiese facer 
y trasladar el dicho monesterio y poblarlo de religiosas de la. 
Orden de Santiago del Espada, y que las personas y casa y bie- 
nes del dicho monesterio gocen de los privilegios é gracias é in- 
dulgencias de que gozan las otras casas de la dicha Orden, y que 
les conceda la reservatoria que tienen el Maestre y caballeros y 
conventos della y que para la conservación del dicho moneste- 
rio, sobre las constituciones que tienen en el recibir de las reli- 
giosas y las que han de guardar para su clausura y para la forma 
de su visitación, que la dicha Beatriz Galindo pueda facer cons- 
tituciones y que no se reciban más religiosas de las que ella de- 
xare en la institución, y que todo lo que ella ordenare en este 
caso sea firme; y que demás de los conservadores que son y se- 
rán elegidos por la dicha Orden, puedan elegir cada vez que les 
lucre necesario conservador cual quisieren para sus casas y per- 
sonas; y que el dicho monesterio y bienes del- sean esentos de 
todo tributo 6 décima, si en algund tiempo se echare ó repar- 
tiere, y que las bullas y letras que desto se concedieren y espe- 
dieren vengan con las mayores fuercas y censuras que ser pue- 

(i) En la Concepción Gerónima. 



102 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

dan, para que todo lo susodicho que así se concediere se guarde 
y cumpla y no se pueda añadir ni menguar cosa alguna dello. 
Y porque esto es obra pia y meritoria y de que Dios nuestro 
señor será servido, nos vos mandamos que de nuestra parte su- 
pliquéis lo susodicho á su Santidad, y todo lo otro que para más 
información y favor dello vos escribiere ó enviare por memoria 
la dicha Beatriz Galindo, y fagáis cerca dello toda la instancia 
que convenga con la diligencia y cuidado que de vosotros con- 
fiamos: que en ello nos hareys mucho placer y servicio. De la 
ciudad de Burgos á xxi dias del mes de Alargo año de mil e qui- 
nientos e ocho. — Yo el Rey. — Por mandado de su alteza. — Mi- 
guel Pérez dalmagan». 

Y para que mayor efecto obtuviese la petición de los emba- 
jadores al Pontífice, la apoyó el Rey Católico con la siguiente 
carta á Su Santidad : 

«Muy Santo Padre: Vuestro muy humil é devoto hijo etc. A 
la cual plega saber que yo escribo á mis embaxadores que resi- 
den en essa su Corte, que de mi parte hablen y supliquen á 
vuestra Santidad ciertas cosas tocantes á un monesterio de mon- 
jas que Beatriz Galindo, criada que fué de la serenísima Reyna 
doña Isabel, mi muger, que haya santa gloria, quiere facer y 
y trasladar en unas casas de morada de la villa de Madrid. Muy 
humilmente suplico á vuestra Santidad les dé entera fe y creen- 
cia, y aquello mande conceder: que demás de ser cosa en que 
nuestro Señor será muy servido, yo lo recibiré en muy singular 
gracia y beneficio de vuestra Beatitud, cuya muy santa perso- 
na, etc. Scripta en la ciudad de Burgos á xxi dias del mes de 
Margo año de mil e quinientos y ocho. — De vuestra Santidad — 
muy humil e deuoto hijo que vuestros santos pies y manos besa, 
el Rey de Aragón, de las Dos Sicilias, de Ierusalem, etc. — El 
Rey. — Almagan». 

Con el mismo ardiente deseo de favorecer en todas sus partes 
la pronta realización del humanitario proyecto de La Latina, es- 
cribió también desde Burgos al párroco de la iglesia de Santa 
María de esta villa de Madrid para obviar dificultades que por 
todas partes, increíble parece, se suscitaban en este asunto. 



EL HOSPITAL DE LA LA/TINA. 103 

«El Rey. — Arcipreste Per Alvares de Montoya, cura de la 
iglesia de Santa María de la villa de Madrid: Por parte de Bea- 
triz Galindo me es fecha relación quel préstamo del aldehuela 
de la diócesis de la cibdad de Cibdad-Rodrigo y el medio prés- 
tamo de la iglesia de Santa María de la Puebla de Alcocer de la 
diócesis de Toledo, que fueron puestos en cabeza vuestra en 
nombre del hospital que en esa dicha villa hicieron el secretario 
Francisco de Madrid y la dicha Beatriz Galindo, nuestros cria- 
dos, fasta tanto que se le diese facultad para los tener y poseer, 
diz que vos los queréis renunciar en el dicho hospital, segund 
fue asentado entre vosotros, pero diz que ponéis en ello algún 
impedimiento fasta ver la dicha facultad. E porque yo quiero 
enviar suplicar á nro. muy Sancto Padre gela conceda, la cual 
se podrá fazer muy mejor y más brevemente con la dicha vues- 
tra renunciación: yo vos ruego y encargo deis poder á la per- 
sona que la dicha Beatriz Galindo os señalare para que la faga en 
vuestro nombre, que demás de facer lo que sois obligado, en ello 
me hareys mucho placer y servicio. De la cibdad de Burgos 
á xviii dias del mes de abril de mil quinientos e ocho años. — Yo 
'el Rey. — Por mandado de su alteza. — Miguel Pérez dálmagan.» 

Seguían, sin embargo, los frailes de San Francisco oponién- 
dose á los nobles designios de Beatriz Galindo, y aprovechando 
el Rey la ocasión de celebrarse en Barcelona Capítulo general 
de la Orden, escribió al Vicario general de ella la siguiente per- 
suasiva y preciosa carta para que procurase en aquella solemne 
ocasión hacer justicia á La Latina y un buen servicio á Dios y 
al Rey. Dice así: 

«El Rey. — Venerable e devoto padre Vicario general é devo- 
tos padres diffinidores é religiosos del Capítulo general de la 
Orden de Sant Francisco de observancia. Beatriz Galindo, criada 
que fué de la Serenísima Reina mi muger, que haya santa gloria, 
me ha fecho saber que habiendo ella ediñcado un monasterio de 
monjas junto al hospital que el Secretario Francisco de Madrid, 
su marido, y ella ficieron en el arrabal de la villa de Madrid, con 
licencia que para ello vos el dicho vicario general le concedistes 
aunque fuese dentro de las canas que esa orden tiene privilegio 



104 boletín de la real academia de la historia. 

que no se pueda facer monasterio de otra orden; y habiendo 
gastado en él muchas quantías de mrs., diz que el guardián e 
frayles del Monasterio de San Francisco de la dicha villa, 
le movieron pleito sobre la labor del dicho monesterio , so 
color de las dichas canas, porque diz que supieron que lo 
queria poblar de religiosas de la Orden de Sant Jerónimo: 
y que olla por no se distraer en el dicho pleito dexó de le 
seguir, aunque recibía en ello mucho agravio e danio así por 
haber fecho los dichos gastos como por no poder efectuar 
su propósito; é me envió suplicar sobre ello vos escribiese ó 
le proveyese de remedio con justicia. E yo habiendo respecto 
á la justa causa que hay para ello, y porque he visto la dicha 
licencia, helo habido por bien; e porque como veis parece gran 
cargo de consciencia estorbar obra tan pia é meritoria como es 
esta que la dicha Beatriz Galindo facia, specialmente consin- 
tiendo ella con autoridad apostólica que las dueñas é doncellas 
que en el dicho monasterio quisiesen servir á Dios fuesen reci- 
bidas sin dote alguna, lo cual demás del proposito principal es 
de mucha ayuda y beneficio para las tales doncellas y para sus 
padres, y también es sin razón haberle hecho gastar tantas quan- 
tias de mrs. con esperanza que la dicha licencia le seria valiosa 
y después estorbarle la población del dicho monasterio por se- 
mejante razón, cá que entre religiosos no se debe mirar; y porque 
así por servicio de Dios como porque la dicha Beatriz Galindo 
no reciba semejante daño, antes se cumpla su propósito, pues es 
bueno; y porque las dueñas y doncellas que quisieren servir á 
Dios, tengan casa, mantenimiento y disposición para ello: yo de- 
seo que dicha licencia se le guarde y acabe de facer y poblar el 
dicho monasterio, mucho vos ruego que considerando lo susodi- 
cho hayays por bien que así se haga, y mandéis que adelante no 
la molesten ni fatiguen sobre ello en pleito ni diferencias algu- 
nas: porque no se faciendo así, seria forzado proveerla de justi- 
cia cerca de los gastos y edificios que en el dicho monasterio ha 
fecho, pues lo fizo con vuestra licencia y con esperanza de la 
observación della; pero porque cosa alguna desto no haya lugar, 
vos encargo mucho que por contemplación mía proveays en el 



EL HOSPITAL DE LA LATINA. IO5 

remedio desto, que en ello me haréis mucho placer y servicio. 
De Burgos á xxm de Mayo de mil quinientos y ocho 'años. — Yo 
el Rey. — Almazan secretario. 

No satisfecho todavía con esto el monarca, escribió al lugar- 
teniente general de Cataluña y al gobernador del Rosellón, para 
que con toda decisión y solicitud trabajasen cerca de las más 
altas dignidades de la Orden de San Francisco allí congregadas 
en capítulo, para conseguir lo que tan ahincadamente deseaba 
La Latina. 

«El Rey. — Spectable, noble e amado conseiero e lugarteniente 
nuestro. — Con la presente va una carta que yo escribo al Padre 
Vicario general de la Orden de Sant Francisco y á los diffinido- 
res y religiosos del capítulo general de la dicha Orden, que se 
hace en essa ciudad de Barcelona, rogándoles que dexen poblar 
á Beatriz Galindo, criada que fue de la sereníssima Reyna mi 
muger, que haya santa gloria, un monesterio que hizo para mon- 
jas en el arrabal de la dicha villa de Madrid con licencia del di- 
cho General, segund más largamente os informará el padre que 
esta os dará, y veréis por la copia de la dicha mi carta que él 
lleva. E porque yo querría que lo que les escribo hobiese efecto, 
yo vos encargo e mando que si cuando el dicho capítulo se cele- 
brare, os fallardes en esa dicha ciudad, deis la dicha mi carta al 
dicho Padre Vicario general y trabajéis con él y con el dicho ca- 
pítulo que fagan lo en ella contenido; y haced de nuestra parte 
cerca dello la instancia que os pareciere ser necesaria, que en 
olio seremos servido. Dada en la ciudad de Burgos á xxm días 
de Mayo de mil quinientos y ocho. — Yo el Rey. — Almacan se- 
cretario». 

A continuación se lee esta nota: 

Fuit expedita similis etiam pro Gubernatore Rossillionis. 

No debió el Capítulo de la Orden franciscana celebrada en 
Barcelona resolver plenamente el asunto con tanta eficacia reco- 
mendado por el Rey Católico, contentándose con escribir á éste 
en términos ambiguos y generales, que tenían mucha voluntad 
de hacer justicia á Beatriz Galindo, cuando de nuevo tuvo nece- 
sidad de insistir D. Fernando en carta al Vicario general de la 



IOÓ BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

( )rden para que se resolviese definitivamente esta querella en el 
Capítulo que en Burgos se iba á celebrar en el próximo mes de 
Septiembre: 

«El Rey. — Venerable e denoto Padre Vicario general. Ya sa- 
beys lo que cscreví al Capítulo general de vuestra Orden y ob- 
servancia que en dias pasados se celebró en la ciudad de Barce- 
lona, sobre la población de monjas del monesterio que Beatriz 
Galindo, criada que fue de la serenísima Reyna mi muger, que 
haya santa gloria, edificó en el arrabal de la villa de Madrid, con 
licencia del Vicario general vuestro antecesor, el qual y el dicho 
capítulo general me respondieron á ello, de que he habido pla- 
cer, porque he entendido que tienen mucha voluntad de le guar- 
dar su justicia sobre ello; y al tiempo que el otro día venistes á 
mí, quisiera tomar conclusión en ello pero con los muy grandes 
negocios y ocupaciones que. á la sazón me ocurrieron, no se pudo 
facer. E porque agora he sabido que para el dia de Nuestra Se- 
ñora de Setiembre primera que viene, tornáis á facer otro capí- 
tulo de la dicha vuestra Orden y observancia en la ciudad de 
Burgos, y querría que en todo caso se determinase en el fin y 
conclusión deste negocio, por manera que la dicha Beatriz Ga- 
lindo no reciba agravio, antes pueda efectuar su buena devoción 
y gana que tiene de servir á nuestro Señor y de alimentar las 
dueñas y doncellas que quisieren ser religiosas: por ende yo vos 
ruego afectuosamente que assí por lo susodicho como por con- 
templación mia deis orden cómo en el dicho capítulo se acabe 
este negocio, por manera que la dicha Beatriz Galindo quede sin 
perjuicio de su derecho y razón y daño de sus espensas,. antes 
sea en todo lo que hubiere lugar muy ayudada y favorecida, pues 
es para obra tan pia y meritoria: que en ello me fareis muy agra- 
dable placer e servicio. — De Arcos á xm dias del mes de Julio 
de mil y quinientos y ocho años. — Yo el Rey. — Por mandado de 
su alteza. — Miguel Pérez Dalmagan». 

En el registro de cartas del Rey Católico, de donde he sacado 
los antecedentes documentos, no existen otros posteriores sobre 
este particular; mas á juzgar por las Constituciones para el go- 
bierno del Hospital que en 1 8 de Agosto de I5 2 5 hi zo I a ilustre 



LA INQUISICIÓN. IO7 

fundadora (i) para el gobierno del benéfico establecimiento, en 
virtud de la facultad que para ello había dispensado Alejandro VI 
al ilustre matrimonio, se deduce claramente que fueron inútiles 
todas las gestiones practicadas por el rey D. Fernando para con- 
seguir tan justo y caritativo propósito. Demuestran, sin embargo, 
estas documentos una vez más la templanza y prudencia con 
que en todos los negocios, así grandes como pequeños, procedía 
el Rey Católico, tachado por muchos de monarca tirano y des- 
pótico. Hase visto cómo procuraba en los casos de discordia 
apurar todos los medios de Concordia y armonía; cómo rogaba 
afectuosamente á los que, usando de su potestad real, podía man- 
dar con absoluto imperio, cuanto más estando convencido de la 
bondad y de la justicia que á su antigua criada asistía. En 
cuanto á esta inmortal española, á quien consultó el rey D. Fer- 
nando después de viudo sobre algunos negocios, y á la que en 
persona visitó el gran Carlos V, recién venido de Flandes, 
atraído por la fama de su discreción y de sus virtudes, diremos 
con Lope de Vega: 

«Célebre vivirá de gente en gente 
con nombre de Launa eternamente». 

A. Rodríguez Villa. 



II. 



LA INQUISICIÓN, LA COMPAÑÍA DE JESÚS 
Y EL P. JERÓNIMO ROMÁN DE LA HIGUERA. 

Entre los papeles procedentes de la Inquisición de Toledo 
que cuidadosamente se conservan en el Archivo Histórico Nacio- 
nal, hay una causa, ó por mejor decir, un fragmento de causa, 

(1) Falleció el 23 de Noviembre de 1535. 



IOS BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

una simple denuncia casi, que no tanto por ella misma cuanto 
por atisbarse á través de sus escasas páginas la tirantez mal encu- 
bierta entre dos poderosísimas instituciones, y por la calidad del 
denunciante (de lamentable y sonadísimo renombre en los anales 
de la erudición histórica de nuestra patria), creo digna de pre- 
sentarla á la consideración de la Real Academia de la Historia. 

Es el denunciador el P. Jerónimo Román de la Higuera, el 
denunciado el P. Pedro de Carvajal, vicerrector y .prefecto de 
estudios del Colegio de la Compañía en Ocaña, y el motivo de la 
denuncia cierta especie de resistencia por el P. Carvajal opuesta 
á que, en cumplimiento de reciente decreto de la Inquisición, se 
diese á ésta cuenta de una afirmación, á todas luces errónea, pero 
sin mala intención lanzada en el calor de la controversia por un 
escolar de la Compañía en el Convictorio del Colegio de Ocaña. 

No creemos pecar de ligeros al afirmar que no fué éste sino 
un pretexto aprovechado por el P. Román de la Higuera para 
desquitarse de los disgustos que, por causas que no podemos afir- 
mar pero sí maliciar, venía teniendo de tiempo atrás con sus 
superiores, sin excluir al P. General, que lo era por entonces el 
M. R. P. Claudio Acquavivá. 

Basta, efectivamente, pasar la vista por el memorial que á con- 
tinuación publicamos (que es un autógrafo del nefasto urdidor de 
cronicones) para convencerse de lo que decimos. Apenas si hace 
hincapié en el hecho concreto que lo motiva: todo él se enca- 
mina á hacer resaltar, exagerándolos acaso, el desvío, la repug- 
nancia si se quiere, con que la Compañía de Jesús se doblegaba 
ante la Inquisición, cuyo omnímodo poder se extendía á todo y 
á todos, sin tener en cuenta exenciones de ningún género, é 
imposibilitando aquel ideal de directa y exclusiva dependencia 
de Roma, que ha sido y es el principal secreto de la incontras- 
table fuerza de las órdenes religiosas, y muy especialmente de la 
Compañía de Jesús. 

Todo en él respira la misma pasión contra sus superiores: pone 
de relieve la cualidad de extranjero y la excesiva autoridad del 
P. General, indicando la conveniencia de ponerle coto, restau- 
rando al electo el antiguo cargo de Comisario general en España, 



LA INQUISICIÓN. 109 

tal como lo había ejercido el P. Jerónimo Nadal; refiere cómo 
llamó al P. Antonio Mareen «martyr de la compañía», por lo que 
la Inquisición le había hecho sufrir, añadiendo que por ello 
«merecía mejor ser general que él»; pondera las vejaciones de 
que él fué objeto cuando volvió de Plasencia de declarar ante el 
Santo Oficio, tanto por parte del Provincial, Luís de Guzmán, 
que le privó del oficio de consultor y de otros que 'tenía en el 
Colegio de Ocaña, como por la del Rector de éste, P. Manuel do 
Arceo, quien «me amenazó — dice— que si dijera en el S.° Officio 
avia de tener miserable vida y me la darían...» «y con ser cos- 
tumbre en la conpañia a todos los que vienen de largo camino 
regalalles tres dias, ami se me negó de cenar un viernes (cenando 
yo antes aun en la quaresma)..» «y por averse sabido que yo 
denuncie del p. p benavides poderoso en esta provincia están las 
provincias llenas dello y el general muy avisado, y estoy con 
harto temor que me han de hundir»; en suma, apenas cita á un 
padre que ejerciera ó hubiera ejercido autoridad (salvo el P. Dá- 
vila á quien alaba y propone para el cargo de Comisario), sin 
que, ó por las palabras que les dedica, ó por el tono con que los 
nombra, no nos revele que no vivía con ellos en la más frater- 
nal armonía; más aún, si de alguno habla con cariño, habrá de ser 
otro perseguido, como el P. Diagómez, desposeído del cargo de 
Confesor de los de la Compañía en Ocaña, por ser su amigo y 
consejero, ó el P. Juan de Mariana, cuya especialísima situación 
dentro de la Compañía es sobradamente conocida. 

Ahor.a bien, ¿á qué obedeció esta singular actitud del P. Román 
de la Higuera con respecto á sus superiores todos? ¿Cómo expli- 
carnos que un sacerdote, á quien no tenemos motivo alguno para 
dejar de tener por buen religioso (aunque la invención de sus 
diabólicos cronicones sea un verdadero estigma para su memo- 
ria), se manifestara al cabo de más de cuarenta años de vida 
religiosa, y siendo por añadidura profeso de cuatro votos, es 
decir, de los escogidos entre sus hermanos, en abierta rebelión 
con ellos, delatándolos ante la Inquisición, redactando memoria- 
les y más memoriales en que, más que faltas individuales, se esfor- 
zaba por denunciar defectos colectivos, orgánicos del Instituto 



I I o boletín de la real academia de la historia. 

que Ubérrimamente había abrazado, hombre ya y doctor en Teo- 
logía, después de haber leído Filosofía en la Universidad alcalaina, 
y en el que ocho años más tarde había de morir en santa paz? 

No podemos — lo repetimos — contestar Categóricamente á esta 
pregunta, aunque sí nos es lícito sospechar que todo ello obede- 
ció en gran parte á las dificultades con que tropezaba para lan- 
zar á la publicidad sus escritos, ninguno de los cuales vio la luz 
durante su vida. Con entera claridad lo da á entender él mismo 
cuando dice: «temo que cuando este padre benavides venga de 
Roma con orden del p. e general no me destruya, que ya pasava 
con tenerme aquí arrinconado y empantanados algunos libros 
que creo serian de servicio de Dios y de algún lustre de mi 
nación, como la historia de Toledo asi en lo que toca á la ciudad 
como a la s. iglesia y vidas de los arzobpos. que en ella ha ávido 
(como fundaciones, historia Eclesiástica despaña, geographica de 
este tpo. y de los Romanos. El itinerario de Antonio pió emmen- 
dado y declarado) muchos trabajos sobre los concilios despaña 
que sin duda si yo no me ubiera aventurado a descargar mi con- 
ciencia y hacer el officio devido a buen christiano y temeroso reli- 
gioso de Dios se lograran mejor que han hecho» 

Esta debe ser la clave del enigma: sus disgustos debieron ser 
de origen exclusivamente literario. Dada su afición, su prurito, 
por intervenir en cuantos asuntos históricos y arqueológicos se 
debatían en su tiempo (lo que, á falta de otros expedientes, le 
arrastraba hasta á inventar las mayores falsedades); dada su ver- 
dadera manía por aparecer en toda ocasión como una especie de 
providencia histórica que todo lo esclarecía, el no haber podido 
lograr, ;í pesar de sus repetidas y hasta pesadas súplicas al Arzo- 
bispo do Granada, que sus superiores le permitieran ir allá á 
fallar en última instancia, como era su anhelante deseo, en la tan 
traída y llevada cuestión délos plomos del Sacro-Monte, le debía 
traer fuera de sí; pero lo que más debía exacerbarle era el con- 
templar de continuo en su aposento, inéditos, en aquella su pér- 
fida letra menuda de aparente belleza, tantos y tantos trabajos, 
producto de su enfermiza actividad. 

Era muy grande á la sazón la severidad de la censura para la 



LA INQUISICIÓN. I l I 

publicación de libros en la Compañía de Jesús, severidad tal vez 
nacida por el «De Rege et Regis institutione», que cuatro años 
antes había dado á la prensa el P. Juan de Mariana, y era natu- 
ral que, si el eminente historiador encontraba obstáculos en sus 
superiores para la publicación de nuevos trabajos, que siempre 
habrían de redundar en honra de la Compañía, no los encontrara 
menores el P. Román de la Higuera. Y en efecto, desde 1 599, 
en que se editaron en Toledo el tratado antes dicho y el «De 
ponderibus et mensuris», hasta 1609, en que aparecieron en 
Colonia otros siete tratados, entre los que figuraba el «De mone- 
tae mutatione» (que habría de proporcionarle aún más disgustos 
que el «De Rege et Regis institutione»), no se publicó — que sepa- 
mos—obra alguna del P. Mariana. Y en este lapso de tiempo es 
cuando precisamente se agitaba más el P. La Higuera por bullir 
y lanzar á los cuatro vientos de la publicidad sus históricos 
engendros. 

Este y solo este fué, á nuestro juicio, el motivo de que apare- 
ciera como un hueso desencajado en la Compañía un sacerdote 
de vida en lo demás ejemplar: en la lucha entablada entre el 
escritor — -mejor diríamos el grafómano — y el religioso, venció 
durante largo tiempo aquél, aunque la victoria definitiva la 
ganara por fin el religioso. 

Mas, á su vez, ¿qué papel desempeñó en este asunto la Com- 
pañía de Jesús? ¿Se negó á dar á la estampa las obras del P. La 
Higuera por constarles á sus superiores la falsedad de la historia 
de los hallazgos que aquél decía haber realizado en Worms el' 
para entonces difunto P. Torralba? ¿Fué aquella oposición un acto 
de consciente y muy laudable probidad literaria? No lo creemos, 
porque si bien es cierto que no estuvo solo en contra del 
P. Higuera el sabio obispo de Segorbe, limo. Sr. D. Juan Bau- 
tista Pérez, pues el P. Mariana no creyó nunca en sus invencio- 
nes, y terminantemente las condenó, no lo es menos que el 
sapientísimo P. Gabriel Vázquez, eximio lector de Teología en la 
Universidad complutense, se aprovechó — y desde luego quere- 
mos suponer que de buena fe — de la histórica superchería del 
cronicón de Dextro, Máximo y Eutrando en sus «Disputationes 



I 1 2 BOLETÍN de la real academia de la historia. 

duae contra errores Foelicis ct Elipandi de servitute et adop- 
tione Christi in concilio Francofordiensi damnatos», que dio á luz 
en I594i en que de pasada dice de él: «Hieronymus Higuera 
nostrae societatis theologus, et antiquitatum diligentissimus in- 
vestigator», y que el P. Alegambe, en su «Bibliotheca scripto- 
rum Societatis Jesu», le alaba sin restricciones de ninguna clase, 
como «vir de Ecclesiastica ántiquitate bene meritus, et dignus 
eruditissimis nostri saeculi accenseri», y líneas después acepta 
como inconcuso que «Vormatia a Patre 'Porralba exemplar 
M. S. Cronici Flavii Lucii Dextri repertum». Esto, sin contar con 
que los escritos todos del P. La Higuera se conservaron durante 
muchos'años con religioso cuidado, sin higiénicas mutilaciones, 
en la Casa Profesa de Toledo. 

Todo hace, pues, suponer que no Fué esta la causa del reto 
impuesto á la publicación de las obras del P. Jerónimo Román 
de la Higuera por sus superiores, quienes es más verosímil per- 
tenecieran al número de aquellos bondadosos lectores, de quie- 
nes con fina ironía dijo Nicolás Antonio: «Plañe industriam ejus 
(de Higuera) et diligentiam summis in coelum usque landibus 
efferunt vulgo nostri homines, qui, cum fallere nesciant, falli se 
ab alus posse haud facile credunt». 

Ignacio Olavide. 

«En ocaña onge de mayo 1604 anteel Sr. Inq. 1 ' don ir."' de 
Muxica dio este memorial en quatro hojas El p. e Gerónimo de 
la higuera de la conp. a q. juro en forma ser verdad lo q. alli dice. 

»hago este brebe memorial por aver meló v. m. mandado y 
por entender q. se servirá ntro. señor del, puesto queyo como 
escarmentado de muchos trabajos que he pasado en mi religión 
deque tengo dados memoriales alsupremo consejo de la s. a inqui- 
sigion y a el s. officio de la villa de Uerena. digo pues señor como 
dije á v. m. que es más penosa y trabajosa cosa aun pobre reli- 
gioso (i ) de la compañía de jesús aver de acudir aquese tribunal 



(1) Al margen de las siguientes líneas: 

• mayormente q. avece-, las cosas deque se ha de hacer la denunciación 



LA INQUISICIÓN. I I 3 

del s.° officio, porque como se aya de salir con licengia particu- 
lar diziendo a el superior donde van y aque van y los compañe- 
ros den de ello cuenta nose puede hacer tan secreto que no lo 
vean los superiores, y luego se escriven cartas a el provincial 
ael general y a otros y los tales son tenidos acosados y como 
dicen sobre ojos cosa que quita la libertad de poder acudir y si 
el s.° officio con su mucho zelo y prudengia no cierra la puerta 
aeste inconveniente sesiguen de aqui también en cierta manera 
cerrarla aque tarde con difficultad acudan los de la compañía a 
ese santo tribunal, siendo cosa de muchos inconvenientes (como 
algunos officiales han querido decir q. se acuda por via de me- 
moriales y cartas lo qual tiene este inconveniente q. no se mues- 
tra en esto tanta obediencia y sujeción como es debido a tan 
santo tribunal no se puede acelerar el que asi escrive como es 
menester y se hace con las preguntas y repreguntas, y asi suplico 
a v. m. se mire que medio se tendrá para que enninguna manera 
el superior que supiere que subdito suyo va ael santo officio ma- 
yormente quando se sabe que va adeponer depersonas de la 
conpañía para que ni haga plato escriviendo ni comunicando, 
ni amenazando a la tal persona que asi va de todo esto yo daré 
exemplos palpables, ntro. p. e general como estranjero y que no 
ha hecho concepto de la grandeza auctoridad sanctidad entereza 
y peso del s.° officio despaña no advierte a las cosas de acá (como 
reprehendiéndole le dijo el p. e Bartolomé Andrés de Olivenza 
consultor que fue en el collegio de quenca de aquel tribunal y 
esto siendo provincial de cerdeña q. a esto y a otras cosas paso 
a Roma) antes tubo para si y dicen que lo dijo quando fue el p. r 
mareen a Roma por procurador desta provincia que por lo q. 
avia padecido por la compañía (y fue en materia de jurisdicción)* 5 ' 
merecía mejor ser general que el) a otros he oydo decir que le 
llamo martyr de la compañía aunque por aver mucho tpo. no 
me acuerdo de las personas, temóme que deste principio no se 



son públicas como al presente paso en este collegio de Ocaña y si es 
contra superiores mas difficultosa cosa y lo mismo contra persona grave 
y poderosa de la compañía». 

tomo xlii. 8 



114 boletín de la real academia de la historia. 

pegue por los miembros de acá (o que lo hacen con la poca es- 
periensia y advertencia q. devian tener en este particular, y mé- 
teme- q. el hablar algunos con menos respeto del que se devian 
,1 les ministros del S.° officio no nazca algo de aqui aunque no lo 
affirmo. 

•ya he dado memorial a los que tengo dicho de muchas veja- 
ciones que pase el año pasado en el collegio de placeñgia q. se- 
gún tubo carta el doctor Villalobos, con quien tratava mis cosas 
por aver sido consultor dése s.° tribunal y ser familiar del s.° offi- 
cio, antes que venga a tratar masen particular lo mando suplico 
a v. m. si fuese necesario se informe de fran. de quero como y 
conque voluntad y cuydado he acudido en muchos a. s que he 
vivido en este collegio al serv. y cosas del santo officio y de el 
doctor Villalobos lo mismo y que yo no pretendo sino fuese en 
caso que me viese mas apretado que derecho natural es mirar 
cada uno por si quando Ir hiciesen alguna sinrazón. 

»yo fui el año pasado por orden del supremo consejo de la 
s.' 1 inquisición a el santo offi. de llerena como de papeles que 
alli están podra claramente constar dijome don al. de cárcamo 
corregidor que fue de toledo y dicen que al presente esta seña- 
lado para la misma ciudad que por el camino a la yda y buelta 
rnbiaron del collegio de placcncia espías tras mi. a la buelta (des- 
pues déme aver hecho muchas mds. el señor liedo. blanco que 
entonces presidia y el s. 1 ' don femando alva y el sr. don simeon 
de gazela y darme dos cartas para don d.° de carvajal las quales 
mandaron a el fiscal me leyese y por ellas mandava que me mu- 
ríase '-I provincial a el collegio de'madrid con officio de prefecto 
destudio que tenia quando sospechio que yo tenia cosas de que- 
dar cuenta a el s.° tribunal de la inquisición y con decir el fiscal 
en su carta q. aquellos señores ordonavan lo uno y lo otre sola- 
mente fui mudado a Madrid y no esenvio aunq. se lo pedi lo del 
officio mandóse alli leer el edito en el collegio y sin orden leyó 
las cartas suplicándole y requiriendole que no lo hiciese por sa- 
ber yo la expresa voluntad de esos señores como después consto 
resulto de el leer las cartas q. publicamente decían todos los del 
collegio que yo (pieria destruyrla compañía, y agraviándome de 



LA INQUISICIÓN. I I 5 

esto a el rector el dice que hige yo no vi nada ni menos el pro- 
vincial antes aviendose de hacer ciertas diligencias q. yo avia do 
enviar a llerena me andavan acechando como me aviso el secre- 
tario y el rector me dijo que no me dejarian mientras yo no de- 
jase las diligencias, halle a la vuelta del camino de llerena q. el 
provincial me avia quitado el offi.° de consultor y otros q. tenia 
en el collegio y con ser costumbre en la compañía a todos los 
que vienen de largo camino regalallcs tres días, ami se me negó 
darme decenar un viernes (cenando yo antes aun en la quares- 
ma). El dicho rector que se llama Manuel de Arceo me amenazo 
q. si dijera en el s.° officio avia de tener miserable vida y me la 
darían y sealabo de desto aun p. e llamado Juan bautista pacheco 
q. vive en Madrid y por sospecharse que tocava mi denuncia- 
ción a el padre fran. co de benavides que fue nombrado en el ca- 
pitulo provincial q. se tubo el año pasado en Madrid, por procu- 
rador general desta provincia y ser padre que vandea toda la 
provincia y ser su grande amigo el p.' ! Juan gama prepósito de 
la casa de Toledo, aquion avian ya escrito que el s.° officio de la 
inquisición general le mandava parecer en Valladolid trayendo 
yo cartas para mi provincial en Toledo, no me dejo pasar alli 
sino trato muy ásperamente de obras y palabras con gran colera 
yo le signifique que lo hacia por lo q. de mi le avian escrito y le 
requerí me tratase bien por medio del p. e doctor Mariana, hable 
a el provincial aqui en Ocaña y le pedí q. pues avia escrito el 
comisario don d.° de Carvajarthesorero de plazencia me embiase 
a Madrid, adonde poco después de yo ydo ubo una gran junta 
en q. se hallaron ol p/' provincial luis de guzman, su compañero 
gabriel de vega el p. e fran.'° de porres el p. e fran. 00 Rodríguez 
q. vive en Alcalá ol p. e doctor esteban de ojeda, el p. e fran. co 
Antonio, p.'- Sebastian hernandez do Madrid p. e lucero p. e alma- 
can p. e gabriel vazquez de alcalá y a lo q. me dijo don al.° de 
cárcamo y allegado que se trato alli de mi, y que decian q. yo 
me queria subir a mayores y que se quejarían al consejo supre- 
mo délo que los señores inquisidores de llerena avian mandado 
en plagengia y q. mirase que me trayan espiado. Sucedió que 
vino por rector de aquel collogio el p. e fran. 00 de benavides des- 



Il6 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

pues de aver estado en el consejo do Valladolid déla s. a inquisi- 
cion y M uc P or pedir su cuñada mujer de don albaro de benavi- 
des a el señor duque de lerma y no se si la reyna al señor inqui- 
sidor mayor se le avia dado licencia para yr a Roma, quando 
vino este p. e benavides a madrid higo trato con el padre pro- 
vincial q. no me dioso el officio y viéndome desfaborecido y que 
avia de ser perseguido podi al p." provincial me mandase donde 
quisiese y el me mando aqui con condición que haria partir con- 
migo do los libros del collegio por ser muy dado a buenos es- 
tudios. 

«dcsta yda del p. e benavides me temo vehementemente so ha 
tomado atrevimiento a no mirarse tanto en el devido comedi- 
miento a ol s.° officio en puntos de jurisdicción más que un 
p. e <]. avia sido secretario on un negocio en que manifiestamente 
se atropellava la auctoridad y jurisdicción q. si fuere necossario 
lo esp'ecificare como tengo especificado on el s.° tribunal de la 
general de valladolid y^de llorona, lo 2.° que sientiendo los se- 
ñores inquisidores do llerena mucho lo que conmigo / ó por me- 
jor decir contra ella higo el p. ft manuel de arceo -acabado de ser 
rector como en premio de las vexaciones q. me higo, lo hagan 
compañero del confesor de la reyna y confesor de las damas de 
su mag. d y por acabar a el viccrector que aqui esta le darán otro 
mejor y mas honrrado puesto, y esto es causa de gran desmayo 
viendo que los q. han tratado las cosas del s.° officio con la ver- 
dad, entereza q. yo he tratado como si v. m. juzga ser necessa- 
rio hagorse informagion do mi pobre vida lo podra hallar y los 
q. so doscuydan en ol officio devido con el s.° officio son asi 
premiados honrrados y mejorados, e también que la compañía 
os poderosissima religión q. tiene entrada con todos los princi- 
pa ecclesiasticos y seglares q. ay en el mundo, tiene ganadas 
muchas voluntades puede destruyr no digo a mi q. soy un gu- 
sano sino a personas muy poderosas y temo q. quando este pa- 
dre venabides venga de Roma (con orden del p.'' general no me 
destruya q. ya pasava con tenerme aqui arrinconado y empan- 
tanados algunos libros que croo serian de servicio de Dios y do 
algún lustre de mi nación / como la historia de Toledo asi en lo 



LA INQUISICIÓN. I 17 

que toca á la ciudad como a la s. iglesia y vidas de los arzobpos. 
q. en ella a ávido / como fundaciones / historia Ecclesiastica des- 
paña / geographica de este tpo. y de los Romanos. El itinerario 
de Antonino pió enmendado y declarado / muchos trabajos sobre 
los concilios despaña que sin duda si yo no me hubiese aventu- 
rado a descargar mi consciengia y hacer el officio devido a buen 
christiano y temeroso religioso de Dios se lograran mejor q. han 
hecho, todo esto no estimo en nada conque aya salido del re- 
mordim.° q. con tpo. hube, y plega á Dios q. con bien salga de 
lo presente q. como fue publico lo q. yo he dicho en este colle- 
gio y- la persona del vicerector reprehendido temo algunas ma- 
chinas: que como los de la compañía son de buenos ingenios sa- 
ben y pueden inventar muchas cosas, y plega adiós que assi Dios 
me favorezca como procure descargar mi conciengia por los me- 
dios mas suaves q. yo pude y supe governandome siempre por 
la dirección de un conpañero q. se llama el p. e diagomez profeso 
de quatro A-otos q. entonces estava en plagengia gran servidor y 
zelador del s.° officio y porque se supo q. me avia aconsejado la 
ida á llerena y descargo de mi conciengia le privo el provincial 
luis de guzman del officio de confesor de los de casa y aviendole 
prometido por algunas cartas le sacaría de alia el verano por ser 
tierra muy enferma para el le dejo alli donde por poco se mu- 
riera y pidiéndole muy ahincadamente le sacase de alia quando 
le vine á buscar a este collegio, me respondió que pasase y llego 
al punto de morir y al fin del principio deste yvierno le saco y 
trujo a toledo / esto senti yo mas q. otra cosa ninguna que con- 
tra mi se haya hecho / otras algunas cosas no me acuerdo pero 
no dejare de decir con q. cejo y mala cara me recibiéronlos pa- 
dres q. dije se juntaron a consultar a Madrid, di fin aeste memo- 
rial Domingo X de mayo de 1604 estando en el collegio de 
ocaña de donde al presente soy morador. 

T 
/ger m0 Romano \ 

\ de la higuera / 

«y lo de la plana pr. a puede 
venir antes de la firma. 



1 1 S BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

«-J- por los ardides que tienen los superiores para que nadie 
acuda con cosas del buen govierno de la compañía ael sumo pon- 
tífice, q. son muchos, severa lo quede secreto hacen para avisar 
de todo a el general sin exceptuar cosa ninguna q. fuera de con- 
fesión se sepa, y por averse sabido que yo denuncie del p. e be- 
navides poderoso en esta provincia están las provincias llenas 
dello y el general muy avisado, y estoy con harto temor q. me 
han de hundir 1 )¡os me favorezca con la intención q. me movió 
a denunciar y con la verdad que en todo he seguido, buscando 
los medios mas blandos y suaves que yo pude y desto son bue- 
nos testigos los señores inquisidores de llerena adonde esta el 
proceso desta causa, q. sino me engaño es mas atrevida q. el 
atrevimiento que tino el p. e mareen en castilla la vieja, pues 
acá se puso un visitador a querer hacer información como con- 
tra hereje contra el doctor hsbreo q. entonces era de la compa- 
ñía por q. hablava mal de una extravagante de la s. a memoria 
de gregorio xm. y esto con ánimo de se la enbiar a su s.' 1 no me 
acuerdo de que papa, y esta avia de estar en el archivo de Ma- 
drid q. es el archivo desta prov. a y si no se hallo sin duda se 
traspuso por quanto se supo antes q. llaman ael dho. p. e al con- 
sejo de la s. a inquisición de Yalladolid adonde sabe Dios quanto 
me quisieran descomponer y yo digo q. soy un demonio pero 
que impide silo denunciado es verdad y passo assi. el q. denun- 
cia con mala intención peca gravemente, pero si dice verdad 
q. perjudica al s.° tribunal mayormente en cosas q. no dependen 
de circunstancias o sospechas sino del hecho de verdad. 

■j- temóme q. estas libertades de algunos en no acudir no naz- 
can de una santa soberbia q. los ciega cjue viendo la buena fama 
que tienen de ordinario los desta religión de virtudes y letras y 
ser generalmente recebidos ayudados y favorecidos de todos no 
les aya sido ocasión de parecerles que todo les es licito, y abuel- 
tas se llega aesto alguna punta de ambición y asi tienen tomados 
todos los puestos de principes seglares y eclesiásticos y aver de 
registrarse todo a el general hombre extranjero y q. no conoce 
el braco de la s. a inquisición despaña abre puerta a esto. Si a 
v. m. y a los señores con quien v. m. ha de comunicar estos bo- 



FRANCISCO CÁSCALES. IH) 

rrones les pareciese seria de mucha importancia para todo que 
como antiguamente ubo en españa comissario general déla com- 
pañía le ubiese, el qual con el poder grande q. tendria seria un 
freno para el general y este respetaría con la devida reverencia 
las cosas del s.° officio, animase a todos a ello, facilitase á todos 
el acudir aestos santos tribunales, y a los que acudiesen los am- 
parase y honrrase. porq. si se me da licenqia para decir esto 
quando se acuden a algunos tribunales ay tanta dilación en el 
remediar agravios y malos tratamientos q. primero abra bien pa- 
decido qualquiera q. acude q. sea remediado, y de mas de 40 
años q. ha q. estoy en la compañía no he hallado superior q. asi 
acuda ni aiude como el p. e gonzalo davila quando íue provincial 
desta provincia de T.° lo higo es este p. e hermano de don R.° del 
águila cavallero natural de Avila, y torno a suplicar a v. m. q. si 
no se ataja con medios efficaces el escrevir a los provinciales y 
al general de los denunciadores y denunciados en este s.° tribu- 
nal no queda camino llano sino muy difficil y fragoso para po- 
der acudir a el y q. estos no sean murmurados ni en caso nin- 
guno maltratados, sino q. se sepa q. ay toda libertad y se en- 
tienda y desmenuce el mandato del Edicto cerca del enbiar y 
acudir los q. supieren o oyeren de que me temo ay ignorancia, 
plega a dios no sea no quererlo entender. 

t 
/Ger m0 Romano \ 
\de la* Higuera»/ 



III. 

MONUMENTO ERIGIDO AL HISTORIADOR MURCIANO 
FRANCISCO CÁSCALES. 

En la sesión celebrada por esta Comisión provincial el día 25 
de Septiembre próximo pasado, su digno é ilustrado Vicepresi- 
dente, Excmo. Sr. Conde de Roche, dio lectura á un erudito (• 



120 BOLETÍN de la real academia de la historia. 

interesante informo (ya publicado en El Diario de Murcia de 3 
de Junio), demostrando documentalmente que el insigne histo- 
riador murciano Francisco Cáscales ni murió en Cartagena, ni 
fué enterrado en el convento di' PP. Franciscanos de dicha ciu- 
dad, como erróneamente venían afirmando algunos historiadores, 
siiio que su fallecimiento tuvo lugar en Murcia el día 3° de No- 
viembre de IÓ42, según consta en el libro 7. de la Colecturía de 
la parroquia de Santa María, y que con arreglo á lo dispuesto 
en el testamento que otorgó ante el escribano Diego López 
Abarca en ió de Noviembre de dicho año, fué sepultado en la 
iglesia del convento de Santo Domingo de esta ciudad, en el en- 
terramiento propio que tenía en la capilla mayor junto á la bó- 
veda que servía de panteón á los religiosos. Terminaba el señor 
Conde de Roche su excelente trabajo proponiendo á la Comi- 
sión que, puesto que ya se sabía con certeza dónde estaban las 
cenizas del gran maestro, se sirviese acordar que en aquel sitio se 
colocase una lápida conmemorativa (que el Sr. Conde ha cos- 
teado de su bolsillo particular), con una inscripción que dijese 
así, poco más ó menos: «En las antiguas bóvedas de la capilla 
mayor || fueron sepultados los venerables restos || del Licenciado 
francisco Cáscales || insigne historiador || notable filólogo y es- 
clarecido humanista. || Murió en esta ciudad de Murcia el 30 de 
Noviembre de 1642. || R. I. P. || A su eterna y feliz memoria. || 
La Comisión provincial de Monumentos, 1902». 

La ( omisión oyó con especial complacencia este informe que, 
á más del testamento de Cáscales, contiene otros muchos datos 
curiosos referentes á la persona y familia del ilustre autor de los 
«Discursos históricos»; lo aprobó en todas sus partes, acordó que 
se archivase un ejemplar de El Diario, y que el Sr. Secretario se 
en< argase de lo relativo á la ejecución de este acuerdo, otorgán- 
dose plácemes y un voto de gracias al Sr. Conde. 

En su consecuencia, el día 22 del corriente, á las diez de la 
mañana, tuvo lugar en la iglesia de Santo Domingo el acto de 
descubrir la lápida con las solemnidades de rúbrica, y después 
dijo una misa en sufragio del alma de Cáscales el señor cura de 
Santa ( atalina, I). Antonio José González, vocal de esta Comi- 



FRANCISCO CÁSCALES. 



sión, asistiendo el señor gobernador civil de la provincia, D. José 
Contreras, vocal de la Comisión de Monumentos de Córdoba, los 
señores correspondientes de ambas Reales Academias y muchas 
personas distinguidas de esta localidad, que creyeron rendir así 
merecido tributo al primer historiador de Murcia. 

Tengo el honor de participarlo á V. E., remitiéndole un ejem- 
plar de El Diario de Murcia, donde se publicó dicho informe. 

Dios guarde á V. E. muchos años. 

Murcia, 26 de Diciembre de 1902. — El Secretario , Joaquín 
ÍU<;uena. — Excmo. Sr. Director de la Real Academia de la His- 
toria. 

«A la Comisión de Monumentos históricos y artísticos 
de esta provincia. 

Cuando hace ya bastante tiempo leí yo por primera vez el 
«Pantoja sobre Comedias» del limo. Sr. D. Simón López, y 
cuando años después, en los debates histórico-literarios sosteni- 
dos por el cartagenero Sr. González y otros escritores, hallé gra- 
bada en letras de molde la especie de que nuestro historiador y 
humanista el Licenciado Erancisco Cáscales murió y fué ente- 
rrado en la vecina ciudad de Cartagena, no sé por qué razón se 
me puso en la cabeza que la tal noticia no debía tener más fun- 
damento que el dicho gratuito del impugnador dé la supuesta 
doña Pantoja. 

He dicho «no sé por qué razón» y debo rectificar, pues que 
alguna tenía: la de que naciendo Cáscales, según común sentir, 
en virtud de fundadísimas conjeturas, por los años ó alrededor 
de los años de 1565, y sabiendo yo que residió en Murcia y re- 
gentó su cátedra de Gramática y Retórica hasta 1 638, en qué á 
propuesta del Coadjutor de Maestrescuela D. Dionisio de Esqui- 
vel, acordó el Cabildo jubilarle de la Preceptoría para encomen- 
darla al Licenciado Cervellón, catedrático á la sazón de Alcalá 
de Henares, no me parecía muy verosímil ni muy conforme á un 
discurrir prudente, que nuestro humanista, con ya más que un pie 
en la sepultura y á la avanzada edad de 72 años, se resolviese á 



122 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

abandonar de pronto su patria para ir á morir entre extraños. 

Vacilé, no obstante, ante la afirmación rotunda del autor de 
la «Biblioteca histórica de Cartagena», Sr. Yicent, quien dice 
terminantemente que á nuestro Licenciado «diéronle caritativo 
enterramiento los PP. de N. P. San Francisco de Cartagena en 
su iglesia... poniéndole una losa sepulcral que marcó el sitio 
donde yacía... la cual se conservó hasta 1 834» (!). 

Dedicaba entonces algunos días á visitar el archivo de nuestra 
Catedral y algunos otros (costumbre que ya el estado de mi sa- 
lud me impide continuar), en busca de noticias y papeles sobre 
hijos ilustres de Murcia, y en una de estas visitas, hojeando el 
libro 7. de la Colecturía de la parroquia de Santa María, cata 
con que la suerte puso ante mis ojos la siguiente partida de de- 
función: 

«En Murcia en treinta de Noviembre de mil y seiscientos y 
quarenta y dos, murió el Ldo. Franc. Cáscales, Catedrático de 
Humanidad en la dha. ciudad, hizo testam. ante Diego López 
Abarca, Scriv.° Fueron sus albaceas D. Diego González de To- 
ledo, su hierno, y Juan Ferrer Muñoz, su cuñado. Se enterró en 
S. t0 Domingo; dejó las misas siguientes... etc.» 

Rn seguida, como es natural, pasé á registrar el Protocolo de 
escrituras públicas del citado escribano, correspondiente al dicho 
año, y efectivamente al folio 1. 1 86 me tropecé con el testamento 
de nuestro humanista, que á continuación copiamos, y por el 
cual, no solo se comprueba su verdadera y hasta ahora. descono- 
cida sepultura, sino que se viene en conocimiento de la familia 
del anciano testador, de su mujer, de sus hijas, de sus yernos y 
de sus cuñados, que indudablemente lo fueron, como hermanos 
de D. Juan Ferrer Muñoz, los Licenciados Pedro y Bartolomé 
Ferrer Muñoz, Alcalde de la Justicia de S. M. en Córdoba el 
primero (i), y beneficiado de las villas de Illar ó Instinción el 



(1) Posen copia de su nombramiento certificado por el Secretario del 
Consejo de Su Majestad, D. Sebastián Antonio de Contreras, en 5 de Fe- 
brero de [626, y en la misma fecha acatado y reconocido por el Ayunta- 
miento de Córdoba. 



FRANCISCO CÁSCALES. I 23 

segundo, ambos poetas citados por Jacinto Polo, y sujetos ambos 
á quienes el esclarecido autor de las «Cartas filológicas» dedica 
las dos de ellas que tratan respectivamente sobre Instrucción 
para bien gobernar y Sobre la cría y trato de la seda. 
Hé aquí la copia exacta de tan precioso documento: 
«In Dei nomine amen. Sepan cuantos esta carta de testa- 
mento última y final voluntad vieren como yo el licenciado 
Francisco Cáscales catedrático de letras umanas en la santa ygle- 
sia de Cartagena y becino desta ciudad de Murcia, estando en- 
fermo del cuerpo de grave enfermedad que Dios nuestro señor 
fue servido de me dar, creyendo como firmemente creo en el 
misterio de la Santísima Trenidad padre, hixo, y espiritu santo 
tres personas y un solo Dios verdadero y en todo lo demás que 
cree y confiesa la Santa madre yglesia Católica rromana, to- 
mando como tomo por mi intercesora á la gloriosa siempre Vir- 
gen Maria, madre de Dios para que interceda con su precioso 
hixo perdone mis pecados y me lleve á gozar de su santa gloria 
para do fui criado, ago y ordeno este mi testamento en el qual 
y del qual dexo y nombro por mis albaceas y meros executores 
del á don Diego González de Toledo mi yerno y á Juan Ferrer 
Muñoz, mi cuñado á los dos juntos y á qualquier dellos yn soli- 
dum doy poder cumplido para que aunque sea pasado el año del 
albaceazgo entren y tomen de mis bienes los que les pareciere y 
los vendan en publica almoneda ó fuera della y de su valor cum- 
plan y paguen este mi testamento que ordeno en la forma y 
manera siguiente: 

»Lo primero ofrezco mi ánima pecadora á Dios nuestro Señor 
que la crió y redimió por su preciosa sangre, muerte y pasión y 
el cuerpo á la tierra de cuyo elemento fué formado, el qual 
mando sea sepultado en el convento de Santo Domingo el rreal 
desta ciudad en el entierro que tengo en el dho. Convento en la 
Capilla mayor junto á la bobeda donde se entierran los rrelixio- 
sos y vaya mi cuerpo en un ataúd aforrado y vestido con el 
• abito del señor San Fran. co y le lleven los hermanos de la horden 
de San Juan de Dios y le acompañen los veinte i cuatro capella- 
nes del número y en cuanto á lo demás que se ofreciere y fuere 



124 boletín de la real academia de la historia. 

necesario para en cuanto á mi entierro lo dexó á disposición de 
mis albaceas. 

Mando que el dia de mi entierro vengan á absolver sobre mi 
cuerpo á las casas de mi morada los conventos de Santo Do- 
mingo y San Fran.'" 

[ten se aga por mi alma honrras nobcna y caodaño (cabo de 
año) como se acostumbra y se dé de ofrenda lo que pareciere á 
mis albaceas. 

Mando que el dia de mi entierro si fuere ora y si no el si- 
guiente se diga una misa cantada con diácono y subdiacono y 
ocho rrezadas, en los altares reserbados. 

» Mando se digan por las animas de purgatorio diez misas rre- 
zadas. 

»lten se digan por mi ánima otras ciento y noventa misas rre- 
zadas las quarenta y siete de San Vicente Ferrer — seis de las 
llagas de nuestro Señor Jesuchristo — tres al ánima sola — cinco 
las del Señor San Agustín — quarenta y una de la emperatriz — 
trece las de los freyes — siete las de San Nicolás — trece las de la 
Luz — siete las de Santa Monica — treinta y tres las de San Ama- 
dor — siete las del destierro de nuestra Señora y tres de la rreyna 
doña Catalina — y quince de los quince misterios, las cuales de 
mi voluntad se digan la tercia parte en la parroquial de señora 
Santa María donde soy parroquiano que es la parte que le toca 
v no mas, y la otra tercia parte en la parroquia del señor San 
Nicolás, y la otra tercia parte al Convento de el señor Santo Do- 
mingo — y quiero no puedan ser apremiados mis albaceas y he- 
rederos hasta que aya pasado un año después de mi fin y muerte 
al cumplimiento deste mi testamento. 

»I)eclaro que tengo entregados á D. a Alejandra Cáscales mu- 
xer de J ). Diego González de Foledo, y D. a Feliciana Cáscales 
viuda del licenciado Jósef Granados mis hixas los bienes que 
ubieron de abcr por herencia de D. a Juana Ferrer Muñoz mi 
muger v los que pudieran heredar mios de forma que á mi no 
me quedan bienes que di- mi puedan heredar, si solo los mue- 
bles y libros que saben mis hixas quales son, los quales es mi 
voluntad los aya y lleve para si la dha. D. a Alexandra Cáscales 



FRANCISCO CÁSCALES. I 25 

mi hixa con calidad y condición que quede por su qüenta y car- 
go el pagar mi entierro y cumplir este mi testamento y si alguna 
cosa montaren mas los bienes le hago gracia y mexora clellos. 

»Declaro que quando entraron por monxas en el Convento ele 
Santa Clara la rreal desta ciudad á D. a Juana y á I). a Leonor 
Cáscales mis hixas pagué sus dotes, alimentos, ajuar y propinas, 
y gasté por cada una mil y trescientos ducados con cuya canti- 
dad les pagué y satisface los bienes que obieron de aber de la 
dicha D. a Juana Ferrer Muñoz s"u madre, y de los bienes que 
pudieren heredar mios y ansi conforme á lo que tengo entregado 
á las dhas. D. a Alejandra y D. a Feliciana Cáscales mis hixas están 
satisfechas. Declarólo para que en todo tiempo conste y que no 
aya pleytos ni diferencias. 

»Y cumplido y pagado este mi testamento, si pareciere perte- 
necerme algunos derechos y acciones en qualquier manera y por 
qualquiera causa nombro por herederos de todo ello á las dichas 
D. a Alexandra y D. a Feliciana Cáscales mis hixas para que lo 
ayan y hereden en la forma que mexor aya lugar de derecho. 

»Y rreboco y anulo otros testamentos que antes deste haya 
fecho y otorgado que quiero que no valgan salvo este que de 
presente otorgo que quiero que valga por tal mi testamento en 
la forma que mejor ha lugar de derecho en cuyo testimonio lo 
otorgué en la ciudad de Murcia en diez y seis dias del mes de 
Noviembre de mil y seiscientos y quarenta y dos años, siendo 
testigos Andrés de Montasdid, Antonio García de Cardenal. 
Gines de Llanos vecinos de Murcia. — Y estando en este estado 
el dho. licenciado Fran.' Cáscales otorgante mandó se diese un 
luto de bayeta al dho. su cuñado y fueron testigos los dhos. y 1<' 
firmó el otorgante que doy fé conozco. — El Lid." hran. " Cas- 
cales — ante mi Dg.° López Abarca». 

Dicha copia saquéla yo de mi puño el 20 de Junio de 1 888. 
Después he adquirido varios otros documentos relacionados con 
nuestro historiador é individuos de su familia, siempre con «1 
propósito de escribir una biografía del mismo, que aunque mal 
perjeñada, contuviese noticias más exactas que las que por mu- 
cho tiempo han circulado; pero los achaques por un lado y mis 



1 26 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

ocupaciones por otro, me hicieron desistir de mi intento, ó por 
mejor decir, me inclinaron á conferirlo á nuestro ilustrado amigo 
y colega D. José Pío Tejera, que á la sazón empezaba á ordenar 
y poner en limpio sus trabajos bio-bibliográficos para su Biblio- 
teca del Murciano, que, como sabemos, ha sido recientemente 
premiado en uno de los concursos públicos de la Biblioteca Na- 
cional. 

Los datos principales que para este fin hube de franquearle 
fueron: la partida de defunción y testamento ya transcritos, filia- 
ción de las hijas del testador, noticias sobre la toma de hábito,' 
profesión y muerte de las que fueron monjas (i), antecedentes 
sobre las familias, heredades, pías memorias y demás circunstan- 
cias di- las que vivieron en el siglo, y últimamente una nota en 



(i) He aquí las que me fueron facilitadas en 1892 por la amabilidad de 
la señora abadesa de Santa Clara, Sor Francisca de los Remedios Ji-mgnez: 

«En 10 de Julio de 1 63 1 , siendo provincial el R. P. Fr. Diego Carrasco- 
sa y Abadesa la R. M. Sor Leonor Sorio. Tomó el hábito D. a Juana Cásca- 
le-, hija legítima del Licenciado D. Francisco Cáscales y de D. a Juana 
Ferrer. Trajo de alimentos 25 ducados y 12 fanegas de trigo.» 

«En 1 1 de Julio de 1632, siendo Provincial el R. Pr. Fray Diego Carras- 
co-a y Abadesa D. a Leonor Sorio, profesó en este convento D. a Juana Cas- 
cales, hija del Licenciado D. Francisco Cáscales y de D. a Juana Ferrer, ve- 
cinos de Murcia. Trajo por dote nuevecientos ducados sin renunciación 
y esta dote se encargó al Mayordomo en las cuentas del año 1632.» 

Murió y se enterró en este Convento Real de N. M. Sta. Clara de Mur- 
cia, la M. Sor D. a Juana Cáscales, Religiosa profesa en este Convento y 
Abadesa actualmente en 23 ele Febrero de 1653.» 

«En 15 dias del mes de Agosto de 1635, siendo Provincial el R. P. Fray 
Pedro Guerrero y Abadesa la R. M. Sor Gerónima de Berdú, entró para 
Religiosa D. a Leonor Cáscales, hija legítima del Licenciado D. Francisco 
Cáscales y D. a Juana Ferrer. Trajo de alimentos 25 ducados y 12 fanegas 
de trigí >. 

«En 27 de Diciembre de 1639, siendo Provincial el R. P. Fr. Juan de 
Moya y Abadesa la'R. M. Sor Micaela de Lison, Profesó en este nuestro 
convento D. a Leonor Cáscales, hija del Licenciado D. Francisco Cáscales 
y de D. a Juana Ferrer. Trajo de dote nuevecientos ducados sin renuncia, 
1 tsque dio en una casa y recompensa de más valor de ella sola y en gra- 
cia del favor y alimentos desde 15 de Agosto de 1639 hasta el día de la 
profesión.» 

«Murió y se enterró en este Convento Real de N. M. Sta. Clara de Mur- 
cia, D. a Leonor Cáscales, Religiosa profesa, en 27 de Septiembre de 1658, 
siendo Abadesa la M. Sor D. a Luisa Vaeza.» 



FRANCISCO CÁSCALES. 127 

que le hacía observar, que en las siguientes cláusulas ele la se- 
gunda edición de los Discursos históricos (Discurso de los lina- 
jes, página 422) donde se dice: «El Licenciado Guardiola, Señor 
del estado de la Guardia, casó en Granada con D. a Violante del 
Pulgar, y tuvo por hijos... á I). Cristóbal Guardiola, Capitán de 
caballos, que en la conquista de León Saoni en Borgoña, estando 
yo presente, murió con tanto valor y honra, que con solo su 
compañía detuvo el paso á más de mil franceses... > etc.; la ex- 
presión «estando yo presente», que dejamos subrayada, no se 
halla en el mismo discurso de la primera edición. Circunstancia 
chocante que nosotros nos explicábamos con la siguiente con- 
jetura, que por cierto mereció la conformidad de D. Marcelino 
Menéndez y Pelayo, á quien hube de consultar el caso por es- 
crito. 

«En la primera edición de los Discursos históricos hecha por 
Luis Berós, no se halla la expresión que elejamos subrayada; mas 
como no es posible imaginar que la inventara el ilustrado editor 
de la segunda, Francisco Benedito, no yéndole en ello beneficio 
alguno, antes por el contrario mucho descrédito, más fáci el 
creer que, acaso, en el antiguo ejemplar que él al estamparla 
tino presente, y que, según nos dice, hubo de facilitarle don 
Joaquín Saurin (principal director de la edición), se contendría 
aquella frase ó nota interlineal ó marginal de puño y letra de 
Cáscales; frase que pudo bien comerse Berós, y que aquel no 
añadió en los moldes por razón, sin duda, de que, como persona- 
lísima, no afectaba en nada á lo esencial de su historia ni á la 
noble casa de los Guardiolas murcianos» (i). 

Dije que esta conjetura mereció el asentimiento del Sr. Me- 
néndez y Pelayo, y así es la verdad; pero, sin embargo, bueno 
sería que quien en vista de mis noticias prestadas al Sr. Tejera, 
y que pronto, sin duda, verán la luz pública, con otras nuevas 
que se adquieran, hoy que con tanta diligencia y tan buen fruto 



(1) Como quiera, es lo cierto que Cáscales estuvo en aquellas tierras 
antes de restituirse á su patria, como consta por otros pasajes de sus 
obras. 



I2S BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

so 'hacen los rebuscos, quien, en vista do tocio ello, digo, quiera 
decidirse á escribir una extensa y acabada biografía del ilustre 
historiador murciano, dilucídase más cumplidamente este impor- 
tante punto de la diferencia entre las dos citadas ediciones: 
punto iv dicho sea esto de paso) en que no me extraña no hayan 
reparado algunos aficionados, pues son muy pocos los que tienen 
un ejemplar completo de la primera edición; y por lo que á 
Murcia so refiere, no sé que exista mas que el mío, que, por no 
faltarlo nada, ni aun carece de la portada de Cartagena; bien 
así, como tampoco he visto sino en mi librería el ejemplar de la 
segunda edición hecha en gran papel de folio marquilla. 

Por ahora, y entretanto no aparece quien quiera echar sobre 
sus hombros aquella magna empresa, lo que yo propongo y rue- 
go, como objeto principal de este ya pesado artículo, á la docta 
y celosísima Comisión de Monumentos á que tengo la honra de 
pertenecer, es que, sabiendo ya, como sabemos con certeza, dón- 
de estuvieron por mucho tiempo depositadas las venerables ceni- 
zas del gran maestro, se sirva acordar que en aquel sitio se pon- 
ga una hermosa lápida de mármol, que yo en tal caso costearía, 
sobre la cual so grabo una inscripción que en sustancia venga á 
decir, poco más ó menos lo siguiente: 

«.En las antiguas bóvedas de esta Capilla: fueron sepultados los 
venerables restos: del Licenciado Francisco Cáscales: Insigne 
historiador, notable filólogo y esclarecido humanista: Murió en 
osta ciudad do Murcia el 30 de Noviembre de 1 642: R. 1. P.: A 
su eterna y feliz memoria: La Comisión de Monumentos de esta 
Provincia». 

Es cuanto tongo el gusto de exponerá repetidas instancias de 
varios amigos, uno de ellos perteneciente al seno do osa ilustrada 
Corporación. 

Murcia, 31 <l<- Mayo de 1902. 

P. — -El Conde de Roche. 



NUEVAS ANTICUEDADES DE CARTAGENA. 



129 



IV. 



NUEVAS ANTIGÜEDADES DE CARTAGENA. 

En esta ciudad se han hecho días pasados, dos notables descu- 
"brimientos. El primero es el de un busto de mármol amarillo, 
alto 18 cm., cuya fotografía acompaño. 




Lo hallaron unos operarios al construir los cimientos de una 
casa, propiedad de D. Erancisco Barrera, núm. 2/ de la calle 
Larga de San Cristóbal. Con este busto fué descubierta una lá- 
pida epigráfica, quizá conmemorativa del numen ó del personaje 
representado por ella. Los operarios la hicieron añicos, ó la des- 
truyeron bárbaramente. 

TOMO XLII. 9 



130 boletín de la real academia de la historia. 

E! otro es una estampilla en letra cursiva, que se halló en los 
desmontes de la calle de Gisbert, á espaldas de la plaza de toros. 
Tiene unos 1 3 cm. (i). 



^a 



Está en una boca de ánfora, que conservo, y es resto de una 
respetable cantidad de este género de vasijas que .se hallaron en 
otra excavación, de la cual y de la otra he dado cuenta en el 
reciente número, que acompaño, del periódico de esta localidad, 
titulado El Mediterráneo, número del 8 del mes corriente. 

Cartagena, 26 de Noviembre de 1902. 

Diego Jiménez de Cisneros. 



V. 
NUEVAS INSCRIPCIONES. 

Beja. 

Lo que llevo dicho (2) acerca de la Sede episcopal Pacense, 
que ocupó el ilustre Apringio á mediados del siglo vi, y que no 
estuvo en Badajoz, sino en Beja, capital de la provincia portu- 
guesa del Alentejo, va recibiendo de año en año nueva confir- 
mación ante la luz que la infatigable Arqueología hace brotar de 



(1) Léase O f (fitina) Ba(ssi). Otros ejemplares de la misma leyenda se 
conservan en Tarragona y en Elche.— Nota de la R. 

(2) Tomo xli, pág. 357. 



NUEVAS INSCRIPCIONES. I3I 

los monumentos. La Revista Archcologo Portugucz, que nues- 
tra Academia recibe á cambio de su Boletín, ofrece en su cua- 
derno postrero (i), un buen artículo firmado por el Sr. Leite de 
Vasconcelhos, donde se da noticia y explicación de cinco lápidas 
romanas, que no figuran en la colección de Hübner. 

Las cuatro primeras aparecieron en Beja, al derribarse en 1900 
una porción de la antigua muralla de la ciudad. Con ellas se re- 
cogieron varios objetos de arte escultórico, cuales fueron un 
busto varonil marmóreo labrado en el primer siglo, restos de 
frisos, capiteles, fustes de columnas, etc. Todo ello se trasladó, 
como tesoro público de historia y de arte, al Museo municipal, 
que es uno de los mejores del reino y abunda en antigüedades 
cristianas anteriores á la dominación de los árabes. 

1. 

Ara de mármol, alta 0,85; ancha 0,47,' gruesa 0,27. Neto de 
la inscripción 0,36 X042. Altura de las letras 0,05. 

D'M-S 

Q CASSIVS VETTO 

NIANVSPACENSIS 

ANNOR 

XXVI 

H-S'E-S'T'T'L 

D(is) M(anibus) s(acrum). Q(uiníus) Cassius Vettonianus Pacensis, an- 
nor(um) XXVI, h(ic) s(itus) e(st). S(it) t(ibi) t(erra) l(evis). 

Consagrado á los dioses Manes. Quinto Casio Vettoniano, natural de 
Beja, de edad de 26 años, aquí yace. Séate la tierra ligera. 

El cognomen Vettonianus, que no aparece en las colecciones 
de Hübner, se forma regularmente de Vettonius, adjetivo geo- 
gráfico usado por Prudencio en el himno que dedicó (2) á Santa 
Eulalia de Mérida: 



(1) Año vil, números 10 y 11, correspondientes á Octubre y Noviem- 
bre de 1902. 

(2) Peristephano?i, m, 186-190. 



I32 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Nunc locus Emérita est túmulo, 
Clara colonia Vetfoniae, 
Quam mémorabilis amnis Ana 
Praeterit, et viridante rapax 
Gurgite moenia pulchra lavit. 

Pasan do veinte las inscripciones romanas 'de Beja, donde 
campean sus títulos al nombre y á la dignidad de Colonia Pax 
Julia; siendo así que ninguna bajo este concepto, ni bajo el de 
Pax Augusta, conviene á Badajoz. Acaso el busto marmóreo de 
estatua varonil últimamente descubierto, figuró sobre el pedestal 
en que se leía la inscripción siguiente (i): L(ucio) Marcio Piero\ 
Pace iis i I augustali col(oniaé) Paccnsis \ et municipii Eborcnsis,\ 
amici oh merita eius \ aer(e) conlato posuerunt. \ L(ucius) Mar- 
cius Pierus \ honor e contentas \ impensam remisit. 

Al asomar el siglo iv las ciudades de Evora (Ebora) y Faro 
(Ossonoba), estuvieron representadas en el concilio de Ilíberis 
por sus obispos Quinciano y Vicente. Reconocían á Beja por 
capital de su convento jurídico, y no es creíble que esta gloriosa 
ciudad careciese 'entonces de cristiana grey ni de propio pre- 
lado. Nuevos monumentos que se descubran, despejando la in- 
cógnita, resolverán el problema. 



2. 



En un fragmento de sarcófago cupiforme. El cuadrado de la 
inscripción mide 0,20x0,21. Letras altas 0,02 5. ¡Puntos trian- 
gulares. 

D«M'S 
1VL-CLEOPATR- 
ANN • XXXIII • 
FERENPRI.SCVS- 

ÍARIT • PIISSI/VG • 
H'S'E-S'T-TL 



(1) Ephemeris epigraphica, vol. vin, pág. 357. Berlín, 1897. 



NUEVAS INSCRIPCIONES. 



133 



D(is) M(anibus) s(acrum). Tul(ie) Clcopatr(e), ann(orum) XXX1IJ, Heren- 
(nius) Priscus marit(e) pus sime. H(ic) s(ita) e(st). S(ii) i(ibi) ¿(erra) l(evis). 

Consagrado á los dioses Manes. A Julia Cleópatra, de edad de 33 años, 
á su mujer piadosísima Herennio Prisco erigió este monumento. Aquí 
yace. Séate la tierra ligera. 

La ligatura de la H con la E, al principio del cuarto renglón, 
se evitó, produciéndose en la aspirada el tipo de F. 



Fragmento de sarcófago cupiforme. 

D M s 

/,/ • P • ORICLIO 
FLORICEAGATI 
A1ARITE PIENT 
I S S I M E C V M 
Q_VAM VIXIT 
COMMVNIS 
ANNOS XXX X 
I I • MENSE • I 

En los renglones primero y tercero han padecido desgaste la 
D y la F. La A carece siempre de travesano, y en el renglón 
tercero se figura como una lambda griega (A) minúscula. En el 
renglón segundo hay un punto delante de la P, indicando que 
fué cortada ó ha desaparecido la sigla del prenombre. 

D(is) M(ambus) s(acrum) . [T(itus)}} P(ompeius) Oriclio Flor i ce Agatí, 
marite pientissime, cum quam vixit commftnis afinos XXXXIf, mease I. 

Consagrado á los dioses Manes. ¿Tito? Pompeyo Oriclión á su esposa 
piadosísima Flórica Ágata, con la cual hizo vida común 42 años y un mes. 

El cognomen Oriclio, genitivo Oridionis, parece derivarse de 
os, oris, como Florica de f/os, f/oris, y dar pie para formar ori- 
culiun (=oscu/w/t), oriclum y Oriclio. En dos epígrafes de Lis- 
boa (288, 4994) salen respectivamente nombradas Florilla y 
Florica. El dativo Agati, correspondiente al griego 'AyaSf, hace 



134 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

sonar la iota suscrita, al paso que el nominativo (544-6, 6137) se 
escribe Agathe , mostrando cómo la pura n se pronunciaba e 
(larga). Con el presente epitafio se compagina otro de Beja (i): 
D(is) M(anibiis) s(acrinn). \ Cocccia Cl \ arillo, vix(it) an- 
n(os) LXXX. H(ic) s(ita) e(st). P(ompeius) Commitnis m(aritae) 
p(ientissimae) b(enc) me(renti). 



Ara, alta 0,69; ancha 0,27; gruesa 0,17. Letras altas, 0,025. 
Puntos triangulares. En el renglón cuarto el grabador omitió 
la S. 

T>- M«S 
IVL «CRYSIS 
ANN • XXIII 
HS-ET-T-L- 

D(is) M(anibus) sfairum). lul(ia) Crys/s ami(orum) XXI II h(ic) s(ita) 
e(st). [S(¿iJ] t(ibi) ¿(erra) l(evis). 

Consagrado á los dioses Manes. Julia Crisis, de edad de 23 años, aquí 
yace. Séate la tierra ligera. 

Crysis, tomado del griego Xpuarjí; (hija de Grises), se escribe 
Chruseis en una lápida de Játiba (5981), Cruseis en otra de Ta- 
rragona (6107), Chrisis en otra de Cazlona (3289), Ckrysis en 
otras muchas (374, 1 790, 3571, 4361, 4577, 5770), y se repite 
en una de Adra (1993) y en otra de Guimaráes (55°9). 



Lisboa. 

Cupa funeral, marmórea, descubierta en Mayo de 1902 en el 
jardín del palacio del Duque de Palmella. Larga 0,93; alta 0,29. 
Altura de las letras 0,02. Puntos triangulares. 

(1) Epliemcris epigraphica, t. vin, pág. 357. 



NUEVAS INSCRIPCIONES. 335 

D M S 

COGITATA ni N 

NORV • V • FIRMI 

DIVS PERE&RINV 

FIL-FC H-SE-ST-TL 

D(is) M(anibus) s(acrum). Cogitata \a\miorum V. Firmidius Peregrinu(s) 
fil(iae) f(aa'endum) c(uravit). H(ic) s(ita) e(st). S(it) t(ibi) ¿(erra) l(evis). 

Consagrado á los dioses Manes. Cogitata, de edad de 5 años, aquí yace. 
Séate la tierra ligera. Firmidio Peregrino hizo labrar este monumento 
para su hija . 

En Tarragona suena otra Cogitata (4150) y en Sevilla un Co- 
gí taus (1 201). 

La forma de cupa (cuba ó tonel), que tiene el monumento es, 
ajuicio del Sr. Leite de Vasconcellos, indicio de que se llevó á 
Lisboa desde la provincia del Alentejo. Sospecho que provino 
de Mértola, de donde fué transportado á Lisboa el sepulcral del 
padre de Cogitata, cuyo epitafio decía (17): 

L'FIRMIDÍVS 
P E RE GRI N VS 
VTICENSIS 
VIXIT'AN «LX 
H-S« E'S«T«T- L 

Lucio Firmidio Peregrino era africano y natural de Utica. No 
de otra manera el ínclito Apringio pudo más tarde emigrar de 
Berbería y venir á morar en la comarca de.Beja. 



San Pedro de Arcos. 

Hoy se llama Nuestra Señora de Arcos esta feligresía, perte- 
neciente al concejo de Arcos de Yaldevez, junto al río Vez, 
afluyente del Limia. Dista la villa de Arcos tres leguas al Norte 
de Braga, en la provincia portuguesa de Entre Duero y Mi- 



136 



BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 



ño (i), no lejos de la frontera española. Sobre un monumento 
epigráfico de dicha feligresía, encontrado en su vetusta necrópo- 
lis, ha disertado, no sin exquisita erudición, el distinguido arqueó- 
logo portugués I). Félix Alvos Pereira (2), intitulando su docto 
artículo Epigraphia chistiano-latina. Urna inscripto inédita. 
1 Té aquí la descripción que hace del monumento (3): 




«Essa pedra, scnsivelmente trapezoide, se completarmos o 
canto que lhe falta, mede no seu maior comprimento apenas 
O m ,8/ e na largura da cabeceira O"', 14. É urna lage granítica de 
tosca superficie, em que s? abriram no sentido da sua maior ex- 
tensivo tres linhas de caracteres, profundamente gravados. Na 
posigáo em que se acha embutida na parede, a pedra offerece 
leitura normal; mas, se a suppusermos posta sobre urna sepul- 
tura, a leitura tinha que se fazer lateralmente. Assim collocada, 
urna pequeña cruz, chamada grega, encimava a campa c o epi- 
tafio.» 

El Sr. Alvos so vale de interesantes documentos para poner 
en claro la historia de la localidad, donde á principios del si- 
glo xii, reinando Alfonso VI, existía un monasterio benedictino, 



(1) Véase el tomo xxvi del Memorial histórico, publicado por La Aca- 
demia, tomo xxvi, pág. 219. Madrid, 1893. 

(2) En la revista O Arclicologo Portuguez, año vil, números 14 y 5) de 
Mayo y Junio de 1902. — El autor me ha enviado un ejemplar de la tirada 
aparte que hizo del artículo, y cuyas páginas citaré. 

(3) Pág- 4- 



NUEVAS INSCRIPCIONES. I 37 

que edificó Doña Teresa, hija de aquel monarca. En 1 782 el 
monje cisterciense Fr. José de San Lorenzo, practicó diligentes 
excavaciones , y puso de manifiesto numerosísimas sepulturas , 
que dieron un resultado análogo al obtenido recientemente den- 
tro del término de la villa de Dueñas, junto al río Pisuerga en el 
ameno pago de Miravete (i). En las necrópolis de San Pedro de 
Arcos se codean los restos de los sepelios paganos por incinera- 
ción y de los cristianos de inhumación, cuya forma trapezoidal 
se ajusta á la integridad del cadáver, dirigidos ó mirando los pies 
hacia el Oriente. 

En balde ha rogado el Sr. Alves Pereira á los actuales dueños 
de la preciosa lápida que permitieran su traslación al Museo et- 
nológico de Lisboa. La baja situación en que está colocado el 
epígrafe (2), se habrá también resistido al empeño de fotogra- 
fiarlo; y de aquí la necesidad de presentarlo ú ofrecerlo grabado 
exactamente en madera. 

Prevaleciéndose de un minucioso estudio paleográfico, que harto 
le honra, el Sr. Alves Pereira se inclina á pensar que la inscrip- 
ción pertenece á la segunda mitad del siglo xn (3) y la lee así (4): 

[]>i] lioc locumrequi \ esset f(a)m(u)l(u)s chr(ist)¿ Ordo \ nius confr(ater) in 
era... 

Con todo, á mi entender y salvo mejor aviso, es anterior á la 
dominación é invasión musulmana , y probablemente del si- 
glo vil ú viii, debiendo añadirse á la colección de las inscripcio- 
nes -visigóticas y leerse de esta mañera: 

f [j]n hoc locum requi \ esset f(a)m(u)l(u)s Chr(ist)i Ordo \ nius confíe- 
so) r in era... 

En este lugar descansa el siervo de Cristo, Ordonio, confesor en la era. 

(1) Boletín, tomo xli, páginas 476-4S0. 

(2) «A lapide conserva-se embutida numa parede baixa á direita do 
portal da quinta, e baldados teem sido os meus esforcos para conseguir 
que os seus actuaes donos enriquegam com ella o dito Musen, nobilitan- 
do-se a si mesmos com esse acto de justa generosidade.» Pág. 19. 

(3) D'este estudo parece-me resultar que teria sido no seculo xn, e 
mais plausivelmente na sua segunda meacao, que este epitafio foi lavra- 
do. Pág. 1 1. 

(4) P-g- 6. 



138 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Del numeral de la era pueden quedar algunas huellas, aunque 
se hubiese grabado con letras de menor profundidad que las an- 
teriores. El roce, la picadura ú otros accidentes, gastan con el 
tiempo las letras ó las borran completamente. Ejemplo de ello 
veremos en la inscripción de San Pedro de Vivero, de la que 
pronto hablaré. Para esclarecer cuestiones de esta índole, fun- 
damentales de la investigación, y llevar el convencimiento al 
ánimo de los lectores, hay que echar mano de la fotografía. Bien 
es verdad que algunos epitafios se labraron en vida del nom- 
brado por ellos, quedando en blanco el numeral indicativo del 
año del fallecimiento, y no llenándose después de "haber éste 
ocurrido; pero semejante excepción no se debe asentar sin pro- 
banza evidente. Después del vocablo ERA, queda bastante es- 
pacio para escribir DCC ú DCCC y pico. 

Descartada esta cuestión, las tinieblas de la época, destituida 
de su principal elemento, pueden combatirse y cedernos en 
parte la explicación de su enigma ante el examen de las fórmu- 
las, de las palabras y de los caracteres paleográficos. 

La expresión faniulus Christi ó fámula Christi no comparece 
<mi ninguna inscripción posterior á la Edad visigótica. Sale, y 
muy rara vez, desde el siglo v hasta el vn inclusive (i); al paso 
que el dictado famiilus Dei ó fámula Del, tan frecuente en aque- 
llos siglos, va prolongando su eco en los siglos posteriores ó me- 
dioevales. El perímetro de aquella fórmula se circunscribe, por 
ahora, á la faja occidental de la Península, limitada al Norte por 
el Miño. No es, pues, de extrañar que se nos dé á conocer por 
un letrero de San Pedro de Arcos. 

El nombre Ordonius no debe ser óbice contra el tiempo que 
asigno. No se leía en la colección Hübneriana de los epígrafes 
visigóticos; pero en el mismo caso está Froila, que con toda cla- 
ridad hemos advertido en la inscripción de Dueñas (2), y que 
fué propio de un obispo y de un procer que firmaron las actas 



(1) Hübner, 3, 14, 31, 45, 46, 47, 66, 68. 93, 98, 99, 120, 122, 180, 303, 
309,324, 328, 329, 333, 378. 

(2) Boletín, tomo xli, pág. 477. 



NUEVAS INSCRIPCIONES. 139 

del Concilio Toledano VIII en el año 653. En la colección de las 
medioevales se repite más de una vez el nombre Ordonins (i), 
que fué impuesto en la primera mitad del siglo ix al hijo y su- 
cesor de D. Ramiro I. En la escritura del rey D. Alfonso II (28 
Enero 835), que concede á Froila, obispo de Lugo, la adminis- 
tración de la Sede metropolitana de Braga, y fué publicada por 
Contador de Argote (2), firmaron Ordonius Egani y otro Or- 
donius. Provino, si mal no pienso, del latín ordo, no de otra ma- 
nera que Homonius (3) de homo, y Celedonius de c/jXiSú-j (golon- 
drina), que en una lápida gaditana y en otras (4) de la Bética y 
Lusitania se escribe Chelido, equiparable por su raíz al vocablo 
hirundo. 

El Sr. Alves Pereira, para robustecer su cálculo cronológico, 
se fija en cuatro consideraciones que, respetando su criterio, no 
creo ser concluyentes. 

1. a El uso neotérico del nombre Ordonius (5). He apreciado 
ya la nulidad de este argumento. 

2. a La lengua rústica, ó el romance de la inscripción, cargado 
de cuatro solecismos: concordancia vizcaína de hoc con locnm 
regido de la preposición de ablativo in; mudanza de c en s y de 
i en e en reqniesset, que está en lugar de requiescit (6). Con todo, 
bueno es decir que el erudito arqueólogo portugués no hace 



(1) Números 242, 250, 259, 267. — La variante Ordinüís del número 
275, si bien puede admitirse, parece haber provenido de una equivoca- 
ción de lectura, en que incurrió Ambrosio de Morales. 

(2) Memorias de Braga, tomo m, pág. 395. — Cf. España Sagrada, 
tomo xl, pág. 380. Madrid, 1796. 

(3) Hübner, I. H. L., núm. 6340. 

(4) Ibid., números 196, 1422, 1789, 19 14. 

(5) Nenhuma epigraphe traz Hübner pertenecente a um Ordonius, 
nome que alias seria commun ñas populacoes do oeste da península do 
seculo ix e seguintes. Veem apenas referencias aos reis d'aquelle nome. 
Ainda em documentos do sec. xn apparece e por ventura em mais recen- 
tes. Pág. 13. 

(6) «De barbarismos gramaticaes, o epitafio de Santa María de Valle 
dá-nos exemplo da troca do ablativo pelo accusativo, com o aggravante 
da ma concordancia ni hoc loaim; do c pelo s (requiesset); do i pelo c 
Página 13. 



140 boletín de la real academia de la historia. 

hincapié en este argumento (i); el cual si fuese decisivo daría al 
traste con la verdadera época de muchas lápidas, no solo visigó- 
ticas, sino también romanas. Ya hemos visto en una de las ro- 
manas (3 1, recién hallada en la ciudad de Beja, el solecismo aun 
(jiiam vi.xit, que debe achacarse menos á la barbarie que á la 
pronunciación característica de los idiomas lusitano y gallego. 
Pónganse en una boca gallega los tres vocablos in hoc loco, y la 
última vocal sonará u con cierta resonancia seminasal que ex- 
presa la m de locum. A un procedimiento análogo se ajusta re- 
quiesset (2). I lübner no ha notado la mudanza de la c delante de 
de e ó de i (pronunciada c ó z) en s, pero sí la de la z (3), es de- 
cir Soili por Zoili (de Zoilo), que lo mismo da bajo el concepto 
fonológico. 

3. a La forma rectilínea de la S no penetró en España, traída 
de Francia, hasta el siglo xn (4). 

4. a La C inversa y marcada, ó no, con un punto en el seno, 
tampoco es anterior al siglo xn (5). 

Estas dos razones paleográficas (3. a y 4. a ) son las que más han 
pesado en la opinión del Sr. Alves Pereira, pero creo que no 
encierran la gravedad que les atribuye. 

Por de pronto en el facsímile de la inscripción por él publica- 
do, ni es la S enteramente rectilínea, sino desmochada ó cepilla- 
da en sus ángulos, ni la C inversa está marcada con un punto, 
ni tiene por sí sola el valor de la sílaba con. L T na o pequeña se 
ve representada en el hueco de la C inversa, y encima campea 
un trazo horizontal, tendido hacia esta consonante y la F si- 
guiente, indicando el sonido de u y el nexo de la primera sílaba 
con lo restante del vocablo. En segundo lugar nada se opone á 
que semejante disposición de los caracteres deba ó pueda atri- 



(1) «Casos semelhantes se veem em Hübner, menos <> $ por c (Htib- 

111 r, oh. ai., n." 99, 101 e 174), em Rossi (ob. á/., n.° 798, pag. 346) e na 
Revista Archeologica (pág. 25, 1). > Pág. 13. 

(2) Véase lo dicho en el tomo xli del Boletín, páginas 499 y 504. 
■ (3) I. II. C. núm. 448. 

(4) Páginas 8 y 9. 

(5) Página 10. 



NUEVAS INSCRIPCIONES. 



buirse á la edad visigótica, y mucho menos á siglos medioevales 
anteriores al xn. En ambas épocas reconoce el docto editor nu- 
merosos ejemplos de la forma rectangular que toman la C y la 
O. ¿Por qué no podría hallarse alguna vez en el mismo caso la S? 
Sobre la arena paleográfica de aquellos tiempos se ven luchar, 
y aun codearse en una misma inscripción las formas curvilíneas 
y rectilíneas de la D, la E, la G y de otras letras; y precisamente 
para la S ó para sus dos senos, ¿hubade ser absoluta la exclusión 
de la recta? ¿Ni qué necesidad tenía la caligrafía española, de que 
solomente en el siglo xu viniesen con este motivo á realzarla 
los franceses? ¿Acaso no conocíamos durante la época romana la 
forma de la C inversa? ¿No comparece la S inversa durante la 
dominación visigótica? (i) Si alguna dificultad puede haber, resulta 
de la figura de la M en el presente epígrafe; mas luego se 
resuelve con el de Mérida (31), fechado en 10 de Marzo del 
año 662. 

El Sr. Alves Pereira interpreta confrater la abreviatura cofr; 
mas no puede citar de ella ningún otro ejemplo. Nosotros pode- 
mos alegar la de conf(cssor), que sin disputa alguna se debe su- 
plir así en la inscripción 57 de Hübner. Sobre la significación de 
este vocablo discurrí en otro lugar (2). Dado caso que el epita- 
fio se labrase en vida de Ürdoño, y que por esta razón omita el 
numeral de la era, no negaré que confessor podría denotar el 
empleo de cantor que tuviese aquel personaje en la iglesia de 
San Pedro de Arcos, propia quizá de un monasterio erigido por 
San Fructuoso de Braga. 

La cruz griega del epitafio, colocada en el centro de la cabe- 
cera, formada por los tres renglones, ofrece un carácter pecu- 
liar, digno de atenderse. Hállase con esta misma disposición en 
un monumento sepulcral antiquísimo de San Eusebio de Peroja, 
sobre la derecha del Miño, en la provincia de Orense (3), del 
cual epitafio D. Arturo Vázquez Núñez me ha enviado excelen- 



(1) Hübner, núm. 22. 

(2) Boletín, tomo xxx, pág. 499-504. 

(3) Boletín, tomo xli, pág. 510. 



142 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

té fotografía (i), y que ahora estimo puede leerse: -+- Avilas f(aj- 
m(u)\l(u)s Ckr(ist)i\ XXXVII ann(is) mortaus fuet.'Lz. línea verti- 
cal, tirada desde el centro de la cruz á lo interior del sepulcro, 
bajaba al centro de la frente del cadáver, que tendido boca arriba 
con los pies hacia el Oriente, aguardaba la final y gloriosa resu- 
rrección de la carne. La cruz puesta sobre la frente era, como 
es sabido, emblema preferido de los primitivos cristianos, y á 
su anagógica significación alude expresamente el Apocalipsis 
(xiv, I). 

Hübncr (núm. 328) se quejó de no haber conseguido una foto- 
grafía de la inscripción, que se halla en Celorico da Beira y salió 
á luz en nuestro Boletín (2). Está fechada (3) en el mes de No- 
viembre del año 666; y la revisión de su texto y su estudio paleo- 
gráfico, que no se ha hecho aún, bien podrían recomendarse 
á los arqueólogos portugueses para ilustrar las cuestiones que 
suscita el monumento ¿visigótico? de San Pedro de Arcos. 



San Pedro de Vivero. 

Esta feligresía está situada sobre la derecha del río Landrove, 
y no muy distante del Océano Cantábrico en la provincia de 
Lugo, en el partido judicial y ayuntamiento de Vivero, cuatro 
kilómetros al Suroeste de esta villa, hacia lo interior del gran 
valle de Galdó. Su antigua iglesia parroquial conserva el hermoso 
ábside de estilo románico, rodeado por la parte de afuera por 
un cementerio, en el cual descubrió, hace años, nuestro corres- 
pondiente D. Federico Maciñeira, una laja de piedra arenisca, 
que mide 0,30 X 0,50, y estaba arrimada á un nicho. Es histó- 
rica de la restauración de la iglesia en la segunda mitad del 
siglo x; restauración que sin duda hicieron necesaria las irrupcio- 



(1) El Sr. Vázquez Núñez la insertará fotograbada en el próximo nú- 
mero del Boletín de la Comisión de Monumentos de Orense. 

(2) Tomo xxviii, pág. 269. 

( 3 ) _|_ Rcqiiicvit fámula \ Chr(¿st)i in pace Svinthi \ liaba sub menee No- 
vembres era \ DCCII11. 



NUEVAS INSCRIPCIONES. 



143 



nes de los piratas normandos en aquel tiempo (i). Hübner pro- 
dujo en su colección (núm. 531) la fotografía del monumento, no 
del todo perfecta, que le suministró nuestro correspondiente 
D. Federico Maciñeira; mas no se atrevió á precisar la fecha, 
que dejó vacilante entre los siglos x y xi (2). Me ha escrito el 
Sr. Maciñeira (3), que cuando estuvo á fotografiar la piedra, la 
sacó del asiento en que descansaba, y la colocó «sobre el pretil 
del atrio, en sitio de buena luz», la que vigorizó poniendo enci- 
ma del pretil y debajo de la laja epigráfica un pañuelo blanco, 
como lo muestra el ejemplar de la fotografía: 




4- Ob honorem sa(nc)t(i) Petre apostolus Pelagius pr(e)sb(iie)r a(bba)s 
restauravit ccc(les)i(am)ista vir praest (ans) efraj M. 

Para honor del apóstol San Pedro, el presbítero abad Pelagio, varón 
excelente, restauró esta iglesia en el año 962. 

Al fin del renglón 3. hay ligatura de R A S. Son muy nota- 
bles las diversas formas de la S, pareciéndose una de ellas á la 



(1) Dozy, Recherches sur Vhistoire el la litteralure de /' 'Espague pendanf 
le Moyen-Age, tomo 11 (3. a edición), pág. 293. París. — Leyde, 1881. 

(2) «Litterae videntur esse saec. x vel xi». 

(3) Carta fechada en Ortigueira á 19 de Enero de 1903. 



144 



boletín de la real academia de la historia. 



del 8. En la inscripción de Santa María ele Bretona (Hübner, 
381), cuya fotografía me ha prometido el Sr. Maciñeira, aparece 
también un presbítero, nombrado Pelagio, como restaurador de 
aquella insigne basílica. No es diverso el estilo de ambas inscrip- 
ciones, que parecen ser del mismo tiempo y referirse á una 
misma persona. 



El anillo gnóstico de Astorga. 

Ks de oro macizo, octogonal por defuera y circular por den- 
tro; su diámetro interior, 19 mm.; su peso, 5 gramos. Cada faceta 
exterior, cuadrilonga, tiene grabadas dos letras griegas, separa- 
das una de otra, que pueden atribuirse al comienzo del siglo m 
dé la era cristiana. Los fotograbados adjuntos, que amplifican 
las dimensiones del natural, se han tomado de ejemplares' saca- 




NUEVAS INSCRIPCIONES. 



«45 



dos directamente del anillo original por el fotógrafo de Astorga, 
D. José Cordeiro, y se han obtenido á petición de D. Marcelo 
Maclas, Correspondiente de la Academia, en Orense, bajo la di- 
rección de D. Matías Rodríguez, distinguido arqueólogo. 




El anillo fué descubierto en 1890 por un labrador al arar una 
tierra próxima al arrabal de Rectivía, extramuros de Astorga. 
Acerca de su autenticidad no hay duda. 

En carta del 26 del corriente, me escribe desde Astorga don 
Matías Rodríguez: «Secundando deseos de mi querido amigo Don 
Marcelo Alacias, de Orense, tuve el gusto de copiar á pluma las 
letras que en sus ocho lados contiene extériormente el anillo 
misterioso, que posee aquí el industrial D. Juan Pañero. Dichas 
letras, que luego las he visto reproducidas en el Boletín de la 
Comisión de Monumentos de Orense (Diciembre, 1 902), las copié 
-con la posible fidelidad, y el Boletín las reprodujo bien. Por in- 
TOMO xlii. 10 



I46 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

dicación del referido Sr. Macías y con anuencia del Sr. Pañero,, 
presenté el anillo al único fotógrafo que hay en esta ciudad, para 
que de él hiciese una fotografía. Dicho señor ha dedicado verda- 
d< :ro deseo á complacernos; pero dice que el brillo del oro da 
tales reflejos, que no permito copiar la pieza con detalles. La 
forma angular que los lados del anillo presentan no da lugar á 
enfocar con precisión, como se lograría si las letras apareciesen 
en un solo plano. A pesar de repetir unas cuantas veces la prue- 
ba, solo hemos logrado lo que le envío directamente». 

El epígrafe, que resulta de las ocho facetas, es el siguiente: 

u p I b o ¡u í I u a t 3 U •' to » íi 3 

La leyenda, circular, es indeterminada cuanto á su dirección 
y punto de arranque. Ni en griego, ni en aljamiado de hebreo, 
ó de otra lengua semítica, combinadas de cualquier manera, dan 
las dieciseis letras un sentido cabal y satisfactorio. Tres veces se 
repite ov> que parece fónica transcripción del hebreo iix (Ur luz). 
Tres veces asoma también ovtu (luz de él?); pero la síntesis de 
toda la inscripción se esconde y se evapora ante el que la persi- 
gue por este camino. 

Si recordamos que en Astorga estuvo el foco principal de la 
herejía de Prisciliano, nacida de la gnóstica, Marcosiana, pronto- 
llegaremos á un eficaz resultado. Astorga, capital de los Astures, 
augustanos y transmontanos, ó de un distrito casi tan dilatado 
como el de los reinos de León y Asturias, que son como dos ra- 
mas de su tronco antiguo, temprano hubo de recibir la luz evan- 
gélica y formar el núcleo de una cristiandad vigorosa. En toda 
la primera mitad del siglo m los mártires de León que alabó 
Tertuliano y los obispos y clero de Astorga conocidos por una 
célebre carta de San Cipriano, dan motivo fundado para creer 
que' la región Asturicense no se escapó á la invasión de la here- 
jía gnóstica, que trajo á España el egipcio Marcos, hacia el pro- 
medio del siglo 11, después de haberla difundido en las Galias, 
recorriendo las márgenes del Ródano y del Garona ( i). 

(1) Véanse los textos que alegue sobre esta materia en la Revista ma- 
drileña Razo'ny Fe, tomo m, pág. 476 y siguientes. Madrid, Agosto, 1902- 



NUEVAS INSCRIPCIONES. • 1 47 

Nadie mejor que el mártir San Ireneo, obispo de Lyon (i), ha 
dado á conocer el fondo y la contextura, las varias transforma- 
ciones y los matices de la gnosis, monstruoso parto del sincre- 
tismo greco-egipcio-hebraico, que so color de interpretar las di- 
vinas Escrituras del Antiguo y del Nuevo Testamento, deslum- 
hraba y pervertía á los incautos é ignorantes y minaba por su 
base la ortodoxia. No he de cansar á la Academia con la expo- 
sición del pleroma con sus treinta Eones desde Bu8d; hasta Spofa 
hija de "AvOpw^o; (hombre), madre virgen de 'A/aufóS denomina- 
da 'Iaró, sus dogmas fantásticos de la caída y reparación de una 
gran parte del mundo ideal y de la creación, lucha y restaura- 
ción final, no menos fantásticas del mundo real, obra del ciego 
Demiurgo. Todo ello es harto sabido. Mas lo que importa á mi 
objeto es recordar la forma especial que dio al sistema gnóstico 
el heresiarca Marcos, y proceder desde este punto de vista á la 
explicación del enigma ya propuesto. 

Retería que una vez se le apareció en figura de hermosa mujer 
la primera tétrade del pleroma, compuesta de BjOó; (profundo), 
"Ewoiai (percepción), Noü? (entendimiento) y 'AXr¡Qsia (verdad). 
Forma la tétrade dos conjugaciones andróginas, derivándose la 
segunda de la primera, clasificándose así los cuatro elementos 
que pueden distinguirse en la idea pura, ó simple percepción del 
espíritu intelectual, cuando esta percepción pasa del no-ser al 
ser. Toda percepción ó evidencia, en cuanto tal, se resuelve en 
la verdad ó en la ecuación de lo ideal y lo real, el aprensor y lo 
aprendido. De la segunda conjugación ó pareja, dimanaba otra, 
que en lenguaje gnóstico se dice Ao'yo; (Verbo) y Zun\ (Vida); por- 
que en efecto el acto intelectual de la razón ó del juicio, se sigue 
al de la pura percepción, y en él singularmente se ejerce y se 
conoce la vida. De esta pareja brotaba otra: "AvOpto^o; (hombre) 
y 'E-/./.X7¡a:x (iglesia), es decir, el acto de la conciencia individual y 
social. 

Tal era la primera ogdóade del pleroma divino, constituida 
por cuatro parejas ideales que llamaban los gnósticos ápxépvov 

(1) Migne. Patrología graeca, tomo va., París, 1857. 



I48 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

'Oyooáoa, óTav /al facáffTouTiv xt3v návTwv (principio de toda generación, 
raíz y sustancia de todas las cosas). La forma octogonal del ani- 
llo que examinamos provino de aquel concepto. 

El heresiarca Marcos, sin variar el fondo de un sistema, tan 
abstruso como ininteligible á los pueblos, arbitró un medio de 
hacerlo sensible al vulgo y seductor por la ciencia del cálculo y 
el arte de la simetría. Narraba, según ya dije, que se le apareció 
la primera tétrade, y le mostró cómo en el nombre de cada una 
de las letras griegas hay un semillero de otras innumerables; 
porque el nombre, verbigracia de la d, tiene cinco (o, s, X, -, a), y 
el nombre de cada una de estas cinco, descompuesto de la misma 
manera, va produciendo otros nombres, que desarrollan la serie 
hasta multiplicarla en número de letras infinito. Por aquí expli- 
caba la condición de profundo é inagotable que tiene el primer 
Eón Bu0óc, padre y generador de todos los seres; porque si una 
letra, tan mezquina como es, tiene capacidad de producir una in- 
finidad de otras, ¿cuál no será la fecundidad del Ser absoluto, 
progenitor (IIporaéToip) inefable y anterior á todo conocimiento? 

Para manifestar su arcano secreto el cuarto Eón de la primera 
tétrade, es decir la Verdad ('AXrJOí-.a), se apareció á Marcos pura 
y hermosísima entre dos fajas de luz donde centelleaban las 24 
letras del alfabeto griego, simétricamente distribuidas. Combiná- 
banse sobre una misma línea horizontal la primera letra con la 
última, la segunda con la penúltima, etc., y se apropiaban armo- 
niosas á doce regiones del cuerpo. 

A Cabeza Q 

B Cuello W 

T Hombros y manos. . X 

A Pechos <1> 

E Diafragma 1' 

Z Dorso T 

H Vientre X 

Muslos P 

I Rodillas II 

K Piernas O 

A Tobillo- Z 

M Pies N 



NUEVAS INSCRIPCIONES. 1 49 

Tal es el organismo fonético, tales los elementos característi- 
cos, ó la complexión adecuada del cuerpo de la Verdad. Su nom- 
bre místico es "AvOpojro; (hombre). El representa la fuente de toda 
palabra, el principio generativo de toda voz humana, el habla de 
lo inefable y la boca del Eón segundo, ó de la taciturna Ennoia. 

Veamos ahora si el anillo áureo de Astorga, cediendo á los re- 
sortes de la guematria y themura cabalísticas, empleadas por 
Marcos, nos hace penetrar en el fondo del enigma, ó de la pa- 
labra mágica que oculta. Esta palabra es SyOp&wros. 

Con efecto. La leyenda del anillo 

up I (do I up ¡ wa I rp I up I o.)?] I 'jo 

se transforma por medio de la themura, significada en el cuerpo 
de la Verdad, ó se muda en 

e8 I ax I e8 I aw | <r/. | e8 | aa ¡ £•/. 

cuya suma numeral es 

i4-f-2i-r- I 4 + 8oi+22o-f-i4H-2oi-j-25 = 1310 

La suma total es la misma que resulta del valor numérico de 

oív8pw7:o;: 

1 -f- 50 — f- 9 -f- 1 00 + 800 -\- So -f- 70 -f- 200 = 1 3 1 o 

Esta equivalencia no es casual, sino elaborada cuidadosa- 
mente para corresponder á otra que pone aún más en evidencia 
el sistema distintivo de la gnosis Marcosiana. 

Refería Marcos que después que hubo contemplado, tal como 
queda descrito, el hermoso cuerpo de la Verdad, aprendió de la 
primera tétrade qne se le había aparecido, ser todo aquello em- 
blema del Eón "AvOpw-o;. No te baste eso, le dijo la tétrade. Le- 
vanta el ánimo á mayores. Vas á oír de la boca de la Verdad la 
palabra interior que produce en el espíritu el ser y la gracia del 
Padre. Los ojos de la Verdad resplandecieron y se fijaron en los 
de Marcos; los labios, divinos se abrieron y emitieron un concepto 
racional, que se hizo sensible modulando un nombre, y este nom- 
bre es el que todos conocemos y del que todos hablamos, Xpiotó; 



150 boletín de la real academia de la historia. 

'l7]<joD; (Cristo Jesús). La Verdad lo nombró y al punto se calló. 
Mas como pensase Marcos, que iba Ella á decir algo más, aguardó 
á que lo hiciese. Fué en balde; porque la Verdad había vuelto á 
sellar sus labios. «Marcos, le dijo entonces la tétrade, no vayas 
á tener en poco la palabra de la Verdad pensando que se refiere 
á un personaje del vulgo de los humanos, yo te explicaré su 
secreto». 

Lo esencial del secreto es general y común á la descabellada 
teoría de los gnósticos, y no lo ignoraba Marcos, ni rehusaba ad- 
mitirlo, pero lo revestía de nuevas formas y aparatos del alfabeto 
griego, distinguiendo y combinando los valores numéricos de las 
Letras, con tal arte y profusión de cálculo y simetría, que los ini- 
ciados lo admirasen y los profanos no lo entendiesen. 

La letras visibles del anillo de oro, hecha la cuenta de sus va- 
lores numéricos, producen la suma, ó un total muy considerable, 
del número 4527'- 

oupw !37° 

oupo) I 37° 

<*r, 9 } 

O'joo) 1370 

7¡'J 4O8 

Sin duda alguna, deben encerrar el valor numérico de los vo- 
cablos Xo'.cjto; 'IrjToü; que decía Marcos habérselo revelado por 
boca de la Verdad. Para descubrir el complemento de las pala- 
bras griegas necesarias á la integración de la suma, bastará re- 
cordar el papel que hacían los Eones Cristo y Jesús en el pie- 
roma divino, según el sistema general de la gnosis, que con toda 
precisión y claridad explica San Ireneo (i). En el Eón Jesiís se 
juntaron, como en la caja de Pandora, las perfecciones de todos 
los que le habían precedido: flor, fruto, estrella, armonía y her- 
mosura perfectísima del pleroma, mereció Jesús los dictados de 
EwtiJp (Salvador), Xpiatói (Cristo), A<fyo; naTptüvujxixñs (Verbo pro- 
cedente y manifestativo del Padre), en todo y por todo, porque 

(.) 1,2. 



NUEVAS INSCRIPCIONES. I 5 I 

«en él se refunden todos los Eones y todas las cosas (i). A seme- 
jantes conceptos corresponde la fórmula numérica del anillo; la 
cual, si mal no juzgo, abarca los vocablos siguientes: 

Jesús 'It)<joG; 888 \ 

Salvador Somjp 1408 j 

Cristo XpLOTo's 1480 > 4527 

Verbo Ao'yo; 373 \ 

(2) 'AvOr¡X..o; 378 I 

Los cuatro primeros vocablos están sacados de la fórmula su- 
ministrada por San Ireneo; pero es muy posible que los dos pos- 
treros, cuya suma numeral equivale á 751, se expresasen de otra 
manera, por ejemplo ó Buflo's (El Bythos, ó el primer Eón), ó bien 
siguiendo el pensamiento íntimo de la gnosis por návTT] 3r ( Xo; (del 
todo patente, enteramente luminoso), ó quizá por otros nombres 
aljamiados del hebreo, que figuran en los ritos de la iniciación 
Marcosiana, tales como Baas^á (en el nombre), pouá xaSouatá (Espí- 
ritu Santo), Mea<jL<x (Mesías), Na£apta (vastago de Jehová, Naza- 
reno), etc. 

Cifra de tres series misteriosas, según lo explicó á Marcos la 
tétrade soberana, ha de estimarse el nombre 'IrisoQ?. Su número 
es 888, compuesto de 8 unidades, 8 decenas y 8 centenas. Com- 
prende todas las letras del alfabeto; y así Jesús en el Apocalip- 
sis, denomínase a y w. Esto mismo, añadía Marcos, la anuncian 
místicamente los Evangelios, narrando cómo al ser bautizado 
Jesús en el río Jordán, descendió el Espíritu Santo sobre él en 
figura de paloma; ave cuyo nombre griego (rcepicrtepá) forma el 
número 8oi, equivalente á la suma del a y «. I^a primera letra 
del nombre 'Ir^oD; vale 10. Combinándose por multiplicación con 



(1) "Eva exokjtwv t¿5v Atcóvtov (cprjutv), 'ór.zp eí-/ev ev ;jj:w xóAXtarov xai 
xvOrjpÓTaTOV, (TUVEVEYxafxÉyo'j; xai ipav'.iauivo'j:, xai xaüTa Íz\íwjmz -).3;avia; xa''. 
:[/;;.:/.f'j; Ivtóaayxac, JtpoPaAe'aSat J/popXTfjjLaira sí? ttfiíjv xa''. oo;av toü BuOoO, 
teXeiotoctov xáXXo^ te xai Sdtpov toO TlArjoajijiaTo:, téXsiov xapTcóv, tóv 'It)ao3v, 
ov xai StüTTJpa ^poaayopsuG^vat, xai Xpiaxóv xai Aóyov 7iaTptüvup.ix¿Ss za't Kaxá- 
~ávTa, oía to á-ó -ávTwv Eivai. 

(2) Nombre de varia significación según la raíz de que se deriva: avOo; 
(flor) y rJAios (sol) precedido de ávxí. 



I52 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

la segunda que vale 8, produce 80; y elevándose á su cuadrado 
para multiplicarse otra vez, produce 800, resultando así con solo 
dos letras la suma total á que asciende todo el nombre. Podría- 
mos sospechar que los ocho pares de letras distribuidos simétri- 
camente en las facetas del anillo, obedecen á esta última combi- 
nación, siendo representado por cada par un vocablo entero, 
verbigracia ¡Jpov (colmena) por up, ¿><fo (huevo) por too, ¿ioaaí (ay) por 
'■>*, etc.; pero sobre lo infecundo y vano de este método, trope~ 
zaríamos con que las dos letras de cada faz del anillo separadas y 
;í buena distancia una de otra, excluyen la suposición antedicha. 
Lo peculiar del sistema de Marcos no está solamente en la 
aplicación del vocablo 'IrpoO; á la introspección que hizo del alfe- 
beto griego, sino también en la del nombre Xpirrd;, que fingió ó 
creyó haber oído de la boca de la Verdad. Es cierto que las 
24 letras de la tabla alfabética se distribuyen, como antes que él 
lo habían notado los gramáticos;, en 

9 mudas [i, r., cp , y, /, y , o, x, 0. 

8 semivocales X, (i, v, p, <j, £, £, <|». 

7 vocales a, e, tj, t, o, j, w. 

observación preliminar que debe hacer quien quisiere penetrar 
y dominar el mecanismo del lenguaje helénico. Marcos, partiendo 
de este principio, ideó lo siguiente: dio por supuesto que la con- 
textura de "Av0sro7:o; y 'ExxATjoía es perfectísima, porque cada uno 
de estos nombres consta de ocho letras. A esta conjugación ó 
par de Eones atribuía las siete vocales, que suenan por sí solas 
y dan la vida, ó el alma, á las consonantes. De éstas, las nueve 
mudas se adjudican á la primera tétrade inefable, y las ocho 
semivocales á la conjugación de Ao'yo; y Zt»r¡, cuyos nombres jun- 
tos dan 8 letras. Para nivelar por un mismo rasero del número 8 
las tres series de 9 mudas, 8 semivocales y 7 vocales, entendía 
que la '/. de la primera serie descendió á la segunda y se puso en 
lugar de la ,-, la cual á su vez se metió entre las vocales, al lado 
y como sustituible de la vocal t. Hagamos la prueba do semejante 
procedimiento en el letrero del anillo, y al momento toda su 
oscuridad se disipa. Xo se ven sino vocales, que son la vida y 



NUEVAS INSCRIPCIONES. I 53 

los cielos del sistema del heresiarca; los números 8, 8o y 800 se 
destacan combinados en disposición armónica, y no se ocultan 
los nombres del uló; (ávOpw-ou) y de 'IaoS, que se refieren al nom- 
bre del Redentor *l7¡<?oü;. El de 'Iaoí es bien conocido por otra 
inscripción griega de Astorga. 

El adepto de la secta, cuando era bautizado según su rito, pro- 
nunciaba la fórmula sacramental, cuyo tenor nos ha conservado 
San Ireneo (i): «He sido confirmado y redimido, y redimo mi 
alma de la esclavitud del mundo presente y de todas las cosas 
que al mundo atañen, por virtud del nombre de Iao, la cual redi- 
mió su alma para completa redención (de tinieblas) en Cristo, 
el (Eón) viviente». Tan pronto como el neófito había pronun- 
ciado la protestación de su fe Marcosiana, y antes que fuese un- 
gido con el crisma de opobálsamo, decían en coro todos los asis- 
tentes á la ceremonia: «La paz sea con todos en quienes descansa 
este nombre». 

La redención que obtuvo 'Aya;j.wQ, sobrenombrada 'latió, por 
gracia del Salvador Paráclito que Cristo le envió, pertenece á la 
realidad cosmogónica que se obró fuera del pleroma, según la 
explicaban los gnósticos. No he de llevar mi excursión más lejos; 
porque lo dicho basta para dar cabal idea de la significación del 
anillo. La cabala themúrica, que Marcos bosquejó describiendo 
el cuerpo de la Verdad, tiene mil otras aplicaciones conforme á 
su sistema. Así el número 888 directo del nombre 'Ir ( ?oü; es el 
themúrico del segundo Eón S'.yiñ. La suma themúrica de los nom- 
bres 'Ir^oü; -f- 2wir¡f + Xp'.-jTo;, conviene á saber, el número 68 1, 
es el directo, ó gemátrico, del primer Eón BuGo'.-. 

Madrid, 30 de Enero de 1903. 

Fidel Fita. 



(1) 'E'JTrío'.yij.a'. xat XsXÓTpa>¡Aat, xái XurpoSfiat ríjv '-¿-j/v fxou xr.o roO sciwvo? 

TÓÚTOU XOl -ávTOJV TWV ~X0 'aÜ7Ci3, ÉV ÓvÓjlCCTI 'Iaco, ó'; ¿X'JTp'óaaTO 777/ Y J í~'i' zv'oü 

eu; á-oX'jTp(jj;tv ev Xp-.aTtp :w ¡JwvTi. Contra haer. 1, 21. 



VARIEDADES 



i. 

LA INSCRIPCIÓN ARÁBIGA DE BENIMACLET. 

En la transcripción de la leyenda contenida en la lámina pu- 
blicada en el número anterior se han pasado algunas erratas de 

imprenta, que es bueno corregir: 1^.j u por 1$jL> — S~> y*J por 

JCAjD — >:.^l J^sr^ por íJ-^í !j^s- j - — ¿sLJi por icLJi — -¿~>! 

por Li'l — ^y por ,¿J — ¿JU por Í.U — ¡r^' P or j-^ip-l y 

Al final de la primera línea, donde se ha leído t&\ Uj ,, no 
dice eso, ya que para ello faltan trazos, distinguiéndose en la 
fotografía, y mejor en copia bastante buena de tamaño natural 
que tenemos á la vista, los trazos J! l> , ; en la segunda palabra 
podría admitirse que hay un trazo más ¿J!, y aun pudiera supo- 
nerse que este trazo es solo un fragmento por i: pudieran quizá 

esos trazos interpretarse por ¿J ' b , ai une lítense los servidores de 
él, que aunque parezca fórmula rara y quizá no se encuentre en 
otra parte, consignándose en Freytag, que se emplea la locución 

i&\ J' familia ó pueblo de Dios, ya no parecerá tan violenta la 
fórmula: la primera palabra podría interpretarse ti., en cuyo 
caso tendríamos mire con amor (Dios) á su pueblo: si se admite 
que hay un trazo más y que no ha habido ruptura de una letra 
diferente, cuestión que solo podría decidirse en vista del origi- 
nal, entonces pudiera la segunda palabra transcribirse ¿J1 y 
decir mire con amor (Dios) á sus pueblos, á los que le siguen, en 
cuya acepción pudiera tener esta forma de plural. 

Erl la línea quinta, dónde se ha leído ¿J«j j , parece que 

deba leerse jJ»j _\~_, sobrenombre de varios individuos que men- 
cionan Abenalabar y Abenaljatib, con la particularidad de que 

el primero vocaliza varias veces la segunda palabra jJ<j, indu- 
ciéndonos á leer Sidbono (Señor-bueno): no puede ser inconve- 



ANTIGÜEDADES DE ORENSE. 



'55 



niente para esta interpretación el que el trazo del J sea muy 
largo y pueda tomarse muy bien por í, ya que en otras palabras 
de esta misma inscripción las letras : y; en *~=vJI, ^-^1 y 
L^¿! aparecen con la misma prolongación. 

En la línea penúltima en vez de j^L r /> debe leerse J^x—>», 
resultando que el Mohámed hijo de Abdala hijo de Sidbono, 
murió en la noche del jueves, principio de chumada primero, que 
efectivamente era jueves 24 de Mayo de 1061. 

Aprovechando la ocasión, rectifiqúese una palabra de la ins- 
cripción publicada en este Boletín, tomo xli, pág. 144; donde 
se leyó ¿s^ con duda, el Dr. Seybold, sabio profesor de la Uni- 
versidad de Tubinga y correspondiente de la Academia, propone 
que se lea^sr 2 ', en cuyo caso el sentido es muy natural, diciendo 
que Sir había muerto al medio día del domingo, en vez de supo- 
ner que había muerto de alguna enfermedad especial, cuyo sig- 
nificado no constase en los Diccionarios: la lectura propuesta es 
muy aceptable, aunque lo retorcido del último trazo haga algún 
tanto violento el suponerla 1 ra en vez de J? ya: la intercalación 
de la letra ~ cabe sin violencia. — Francisco Codera. 



II. 

ANTIGÜEDADES DE ORENSE 

El pliego impreso, que con el título Arqueología, publicó en 
1841 D.Juan Manuel Bedoya, Deán de la catedral de Orense, 
ha sido reproducido por el Boletín de la Comisión de Monumen- 
tos de aquella provincia (i), merced á un ejemplar rarísimo del 
original que posee D. Eugenio Marquina, catedrático de Arqueo- 
logía sagrada en el .Seminario conciliar. Dice así: 

«Léese en las Memorias de la Real Academia de la Historia 
(tomo v, pág. xxn), que en Orense no se conocía otro monu- 
mento del tiempo de la dominación romana sino la piedra de la 
dedicación á las ninfas presidentas de las fuentes, de que hace 
allí mérito aquel ilustre cuerpo literario, y á que alude el señor 
Ceán Bermúdez en su Sumario de Antigüedades romanas im- 
preso en Madrid en 1832 (pág. 22l). Es la que se halla coro- 

(1) Tomo 1 i, núm. 29. 'Noviembre-Diciembre de 1902. 



156 BOLETÍN de la real academia de la historia. 

nando la fuente de la huerta sobre las burgas en la fábrica de 
curtidos de D. Santiago Sáenz, rico comerciante de esta ciudad, 
cuya inscripción, que comunicó en 1802 á la Academia el señor 
I). Juan de YillamM, después su Director, con su explicación y 
reflexionas dice así: 

NYMPHS 

CALPURn 

IA ABANa 

AEBOSO 

EX VISV 

V S L. 

Recientemente el señor canónigo D. Pedro Telmo Hernández 
descubrió otra dedicación votiva á la Tierra en una piedra de 
tres cuartas y media de alto que servía de pedestal á una mesa 
también de piedra en la huerta llamada del Caneiro, propia del 
cabildo catedral, que lleva en arriendo la familia del difunto don 
Pedro Sánchez Toca, caballero comendador de la real orden 
americana de Isabel la Católica. La inscripción que se lee muy 
claramente en ella, es como sigue: 

TELLVRI 
C SVLP 
FLAVVS 
EX VOTO 

En 1836, hallándome en Madrid, di parte de este hallazgo á 
dicha Academia de la Historia, que lo apreció mucho, por ser 
poco comunes en España estas dedicaciones á la Tierra. Luego 
la copió y publicó el académico D. Miguel Cortés en su Diccio- 
nario geográfico histórico de la España antigua (tomo n, pá- 
gina 14o), sobre la voz Aqitcc Occrenses del Ravenate que aco- 
moda á ( )rense. Por aquí se ve el aprecio con que se miraba la 
agricultura entre los Gallaicos, y que no les era desconocido el 
culto de la Tierra, á la que los gentiles veneraban con el título 
de madre 

Terra Ceres cunctis mater dans omnia large, 

como el de padre á su esposo Urano (el cielo), por lo que influ- 
yen ambos en la producción y mantenimiento de todo lo que 
vive. 

Esta piedra acaba de trasladarse ahora para su conservación 
y mejor vista á la oficina construida en el patín nuevo de la ca- 



ANTIGÜEDADES DE ORENSE. I 57 

tedral para guardar las piezas del catafalco del Excelentísimo se- 
ñor Quevedo, y otros enseres de la iglesia, empotrándola en la 
parte superior de la pared del norte contigua á la capilla de las 
Nieves, de modo que se puede cómodamente leer desde la calle. 
También en la provincia se han hecho recientes descubri- 
mientos muy apreciables de antigüedad cristiana. D. Francisco 
Taboada y Vasadre, actual abad de San Juan de Baños de Bande, 
á la raya de Portugal, al derribarse la iglesia parroquial para cons- 
truirla nueva, ha hallado una como lápida sepulcral que cubría 
toda la mesa del altar mayor con la inscripción siguiente: 

RECES STE TALE PIUS IN NOMENE . XP ANNO 
RVM X5II X KL NOVEMBRIS ERA DXL5II 

Parece ha de leerse : Recessns saneta? Tala? pins in nomine 
Christi annorum septendeein décimo kalendas novembris erra 
quingentésima, qnadragesimá séptima. Y significará que el lugar 
donde primeramente se puso esta memoria era el de la piadosa 
muerte en Cristo, ó bien el del sepulcro, ó del retiro que esco- 
gió para hacer vida eremítica la santa á los 17 años de edad el 
IO de las calendas de Noviembre de la era 547> c ] ue corresponde 
al 23 de Octubre del año del Señor 509. 

En el primer renglón la 7" y ¿"del sancta' están enlazadas, y 
puede estarlo una / en la L de Tale, y contraída la A inicial en 
el nombre, siendo el de esta santa Tala Talia Atalia ó Átala. En 
el segundo nos parece extraña entre las numerales romanas la 
figura del 5 arábigo. Acaso sea una V mal figurada. La piedra 
volvió á colocarse en el mismo sitio, cubriendo la mesa del altar; 
y hubiera sido bien ponerla al descubierto en otro paraje más vi- 
sible. 

En esta población de Baños de Bande suele fijarse la segunda 
mansión de la tercera vía militar de Braga á Astorga en el iti- 
nerario de Antonino. A 39 millas de Braga Aqnis Oríginis, ó 
más bien Origínis ó Auriginis como quiere el maestro Sar- 
miento. La denominación de AqncF Anrigina: viene del nombre 
de la ciudad Aureginm, de donde los Aurigenses de Idacio ó los 
Aobrigenses de la famosa inscripción del puente de Chaves sobre 
el Tamega. 

Sirva lo dicho para avivar la afición de los curiosos á nuevas 
investigaciones para el progreso de las letras y mayor gloria de 
la patria. Orense y Abril 12 de 1 84 1. — J. M. Bedoya.» 



NOTICIAS 



S. M. el Rey de Portugal se sirvió recibir en audiencia al señor Direc- 
tor de la Academia que, acompañado de los Sres. Sánchez Moguel, Sua- 
rez Inclán y Fernández Duro, fueron en comisión á felicitarle por su pre- 
sencia en esta capital, y hacerle presente el homenaje que, como acadé- 
mico honorario, le ofrecían. Añadió el señor Director que la Academia 
hubiera celebrado con mucho gusto en su obsequio una Junta solemne y 
pública, si no fuera tan rápido su paso. Noticióle además que el señor 
Sánchez Moguel, presente, le tenía dedicado un trabajo especial acerca 
de las memorias que en Marruecos se conservan déla desgraciada batalla 
de Alcázarquivir. 

S. M. el Rey de Portugal se manifestó complacido y deferente con la 
Comisión, expresando que estaba muy reconocido á la Academia por 
sus atenciones, y que lo estaba también, muy especialmente, á la pobla- 
ción porel recibimiento de que le había hecho objeto. 



Armada española desde la unión de los reinos de Casulla y de Aragón, por 
D. Cesáreo Fernández Duro. 

El Secretario de la Academia la ha obsequiado con el tomo vm de la 
historia de nuestra marina, que acaba de salir de la prensa, aunque en la 
portada señala el año 1902. 

Abraza este libro el reinado de Carlos IV, ó sea el período breve, pero 
accidentado, de diecinueve años, comprendido entre los de 1789 á 1808; 
durante el que por la influencia del tratado de alianza con la República 
francesa, mejor dicho, por la dependencia aceptada por nuestros gober- 
nantes, estuvo la nación trabajada por incesante guerra. 

Las funciones del Cabo de San Vicente, de la isla de Trinidad, de 
Mahón, de Finisterre, y últimamente de Trafalgar, fueron marcando el 



NOTICIAS. 1 59 

rápido descenso del prestigio y de la reputación naval y militar, agravado 
con sensibles pérdidas de territorio y con dolorosos incidentes que más 
afectaban al espíritu de la nación. Todas las contingencias relata la obra, 
crítica é imparcialmente, sin dejar en silencio las leves compensaciones 
obtenidas por las armas en Puerto Rico, en Santo Domingo, en Ferrol, en 
Tenerife y en el Río de la Plata especialmente, donde historiadores y 
poetas tuvieron amplia materia para enalteeer hechos gloriosos. 

El autor, consecuente en el plan seguido desde el principio de la obra r 
apoya sus juicios con gran copia de documentos de probanza y con ilus- 
traciones bibliográficas de no vulgar conocimiento, extendidas, lo mismo 
que á las operaciones de guerra, á los servicios hechos durante la paz , al 
progreso de la ciencia y- de la cultura, á los adelantos conseguidos en la 
navegación, en la hidrografía, en la mejora de los navios y de su arma- 
mento. 



Partida de matrimonio de los padres del autor dramático D. Juan Ruiz 
de Alarcón. — «Tengo el gusto de enviar á la docta Corporación de que us- 
ted es digno Secretario, y por su conducto, copia literal de la partida de 
matrimonio de los padres del insigne autor dramático D. Juan Ruíz de 
Alarcón y Mendoza, gloria de México, por haber aquí nacido y hecho sus 
estudios, así como por haber desempeñado algunos cargos con celo é in- 
teligencia, y gloria también de España, pues en ella floreció y ahí murió; 
legando al mundo joyas de inestimable precio. 

Esta partida, hasta hoy inédita, escapó á la paciente y eruditísima inves- 
tigación del más diligente de los biógrafos de Ruíz de Alarcón, D. Luís 
Ferrnández Guerra y Orbe, y ella rectifica el nombre del padre de D. Juan 
que consignó en su precioso libro, y contiene el nombre de la madre y 
los de los abuelos paternos y maternos del gran poeta. 

Si á la Academia le parece conveniente, y juzga de interés el documen- 
to que le envío, sería mi mayor deseo verlo publicado en su Boletín, y que 
usted tuviese la bondad de favorecerme con el número en que se im- 
prima. 

De usted atento s. s. q. s. m. b. — Luís González Obregón. » 

La partida dice así: 

En el libro primero de matrimonios de la Catedral de la ciudad de 
México, que comienza en el año de 1568 y concluye en el de 1574, á fo- 
jas 59, se encuéntrala partida siguiente, que al pie de la letra dice: 

«en domingo | nueve dias del mes de marco de mili y quinientos y se- 
tenta y dos años | yo el cura ynsfrascrito despose por palabras de présete 
según orden de la S. a madre yglesia | a p.° Ruiz de alarcón hijo de Gar- 
cía Ruiz y de doña m. a de valencia | vz.os de alvaladejo. con doña leonor 



I ÓO BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

de mendosa hija de her. d0 de mendoca | y de m. a de mendoca vz.os de las 
minas de tasco | fueron presentes por tes. cs el illeS.or doctor luis de vi- 
llanueva j oydor desta Real audiencia | y don fr. c0 de velasco | ydonluys 
de velasco | y al. de villaseca.=fn. cu moreno.=Cura.» 

Al margen: p.° Ruiz de alarcon.=doña leonor de mendoca.» 
Me comunicó esta partida mi erudito amigo el distinguido bibliófilo 
D. José M. a de Agreda y Sánchez, á quien debo la copia que existe en mi 
poder. 

México 5 de Enero de 1903. — Luis González Obregón.» 



D. Joaquín Argamasilla de la Cerda ha publicado el cuaderno 2. de su 
Nobiliario y Armería general de Navarra, que ha sido recibido con aprecio 
por la academia. Compónese de 276 páginas, en las cuales se enumeran 
todos los títulos de aquel antiguo Reino y muchos de Castilla concedidos 
á naturales suyos hasta el año 1800, y se insertan varias genealogías de 
sumo interés, como son las de la familia de los Mariscales de Navarra, 
línea de su Casa Real, de los Garzos, Vizcondes de Zolina, de los Maga- 
llones, Marqueses de San Adrián, de los Armendariz, Marqueses de Cas- 
telíuerte, de los Peraltas, Marqueses de Falces y Sres. de Valtierra, de 
algunas líneas de los Beaumont y Gramont, igualmente famosos, de los 
Eguía y otras menos importantes. 

Nada había escrito hasta ahora de historia genealógica navarra: lo que 
hace aún más difícil y más meritoria la labor del Sr. Argamasilla, quien 
además escribe de esta complicada materia sujetándose de todo punto á 
las exigencias de la crítica moderna, siguiendo lo que comprueban los 
documento- y prescindiendo de todas las fantasías de la antigua escuela. 

Si el Sr. Argamasilla continúa como hasta aquí, hasta dar fin á su tra- 
bajo, habrá hecho una obra verdaderamente útil y de indispensable con- 
sulta y guía para todo el que después aborde en cualquiera forma el es- 
tudio de la historia, de la genealogía y de la heráldica navarras. 



Dictiotinaire d' Archéologie chrétienne et de Litttrgic, publié par le R. P. dom 
Fernand Cabrol, Bénédiétin de Solesmes, Prieur de Farnborough (An- 
gleterre), avec le concours d'un grand nombre de collaborateurs. 
Paris, 1903. 

El primer fascículo de tan importante obra, puesta al nivel de todos los 
adelantos modernos, llega hasta el artículo Aaiisations contre les chréticns. 
Lo realzan numerosos fotograbados. 

F. F.— A. R. V.— F. F. de B. 



tomo xlii. Marzo, 1903. cuaderno iii. 



BOLETÍN 



DE LA 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



INFORMES 



i. 



HISTORIA DE ESPAÑA. 

REPAROS SOBRE LA TRADUCCIÓN DE LA ECLESIÁSTICA 

ESCRITA POR EL CARDENAL ORSI. 

Ii/L. mo Señor 

Por orden- ele V. S. Ilt. ma hemos visto un libro cuyo título es: 
Historia Eclesiástica del Emin. m0 Cardenal Josef Agustín Orsi, 
proseguida por el P. Fr. Felipe Ángel Bequeti; traducida del ita- 
liano por el P. M. Fr. Julián Sainz, ambos del mismo Orden de 
Predicadores. Tomo primero: contiene la primera parte del Siglo 
7. de la Iglesia. Esta primera Parte comienza en el año 601, y 
da fin en el 630. Comprende los libros 46 y 47, de los quales el 
l.° consta de 145 números ó §§, y el 2.° de 183. Y los primeros 
28 §§ son los mismos 28 primeros del' libro 46 que se publicó 
en Madrid año 1 763 en el tomo 23 de la Historia del Cardenal 
í )rsi; y los únicos que son trabajo de su Emin. a en el tomo dicho, 
obra de un amigo de este Eminentisimo. 

Las cosas que en él hemos observado, nos ha parecido con- 
veniente distribuirlas en ciertas clases, para escusar repeticiones 
y prolixidad, y para que puestas en algún orden hagan ver mas 
breve y claramente el mérito del libro, y lo que del ha de juz- 

TOMO XLII. 1 1 



1Ó2 BOLETÍN DE LA REAL' ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

garse. Y como la líistoria se compone de Narración, y de Ins- 
trucción', y la Narración debe poner delante los tiempos, los lu- 
gares, las personas, las costumbres, las acciones; y la Instrucción 
debe inspirar máximas que nos hagan mejores para con Dios, 
con el Estado, y con nosotros mismos; y la una y la otra debe 
hacerse con tan buen estilo, que deleytando enseñe: seguiremos 
esta división, exponiendo lo que hemos notado sobre cada uno 
destos puntos. Pero porque la Instrucción es la parte mas esen- 
cial de la Historia, aunque debiera ser la segunda en el orden; 
lo invertiremos, y la pondremos la primera, para que primero 
se vea lo que mas importa; y dexarémos para lo último lo que 
pertenece á la Narración, para exponer, sin tocar al autor del 
original, lo que hemos advertido en sola la traducción. 

Es la Instrucción la alma de la Historia, la qual en vano con- 
servaría la memoria de lo pasado, si no diera enseñanza á los 
venideros; pues aprovecha poco á los hombres saber el número 
de los que antes dellos fueron célebres y gloriosos, si no saben 
y aprenden las máximas ni el camino por donde, siguiendo sus 
huellas, alcancen igual renombre. Veamos como en esta obra se 
desempeñan las principales, que son las pertenecientes á la Re- 
ligión y al Estado. 

En quanto á lo primero en el § 12 del libro 47 dicen el A. y 
T. que Dios según los altos decretos de su justicia se queria servir 

(de Mahoma y de los Cali/es) para llevar en gran parte de la 

Asia y África el conocimiento de un solo Dios verdadero, Criador 
de todas las cosas (i). Con estas palabras quieren por equivocación 
hacer que Dios, cuya maravillosa providencia en la promulgación 
del Evangelio se había sen-ido de flacos y desvalidos ministros 
que lo anunciasen, mudase con Mahoma de conducta, y lo nom- 
bra Apóstol que por la espada sujetase á su ley los que no ha- 
bían oido las dulces y amorosas voces de la Predicación. Dicen 
que llevaron á la Asia y á la África el conocimiento del solo 



(1) Pag. 215, de' quali Iddio secondo gli alti decreti della sua giustizia 
si voleva serviré... per portare in una gran parte dell' Asia, c dell' África la 
cognizionc d' un solo vero Dio, creatore di tutte le cose. 



HISTORIA DE ESPAÑA. 1 63 

Dios verdadero, quando es cierto que en donde lo habia, lo borra- 
ron; y donde no lo "había, no lo introduxéron. Porque aunque 
Mahoma en su Alcorán enseña que hay un Dios, criador del 
mundo, pió, misericordioso, remunerador de los buenos, castiga- 
dor de los malos; no habla del Espíritu Santo, y niega que este 
Dios tenga hijo y que Jesu-Christo lo sea: el qual, dice que fue 
reprendido de Dios porque se mandó adorar como tal. ¿Pues 
qual Dios verdadero enseñó Mahoma á los pueblos que sujetó, 
negando las Personas de la Santísima Trinidad, y la divinidad de 
Jesu-Christo? 

En el § 117 del libro 46 dice el A. (i) que los Monjes que vi- 
vían baxo la obediencia de S. Teodoro, habiéndolo hecho pintar le 
presentaron su retrato, para que lo bendixése; y que conociendo el 
Santo que llevaban la intención de que se hiciese milagrosa aquella 
imagen, para recoger de los fieles abundantes limosnas, dixo son- 
riendose: vosotros habéis hecho esto con ánimo de robar después al- 
guna cosa: y con todo eso la bendixo. Asi el A. Este hecho además 
de parecer inverosímil, por serlo el que S. Teodoro quisiese san- 
tificar con su bendición una imagen hecha con animo de robar; 
puede ser ocasión de mal, sirviendo para autorizar en el ánimo 
de los fieles los artificios y estratagemas aparentemente pios, 
con que se les sacan abundantes limosnas con imágenes, estam- 
pitas y cosas semejantes. El Tr. fue mas cauto; pues donde el 
A. pone: con ánimo de robar, lo moderó diciendo: con ánimo de 
ganar. Solo faltó que añadiera: injusta ó ilícitamente. 

En el § 35 del libro 47 dice, tomándolo de Leoncio (2) autor 



(1) Pag. 161, i suoi Frati avendolo fatto dipingere, gli presentarono il 
suo ritratto, accioché lo benedicesse: onde egli accortosi della loro inten- 
zione di rendere prodigiosa quella imagine per raccogliere abbondanti 
limosine da' Fideli, sorridendo disse: voi avete íatto questo con animo di 
poi involare' qualche cosa: e con tutto cío la benedisse. 

(2) Pag. 244, era di un cuore talmente duro verso de' poveri, ohe fino 
al giorno della sua conversione non aveva dato per elemosina che un solo 
pane, e questo ancora nella maniera la piü impropria. II perché caduto 
infermo gli parue d'esser condotto avanti al tribunale del supremo giudi- 
ce a render contó delle sue azioni: e che da una parte della bilancia 
fossero poste tutte le sue iniquitá, e dall' altra quel solo pane da lui donato 
ad un povero, e que questo solo equilibrasse il peso di quelle. 



1 64 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

tic l.i Vida de S.Juan Limosnero, que S. Juan Teleonario antes 
de convertirse era tan duro de corazón con los pobres, que hasta 
el dia de su conversión solo bahía dado de limosna un, pan; y este 
con un modo muy impropio: y que habiendo enfermado, le pareció 
que lo presentaban ante el tribunal del Supremo Juez, para que 
diese cuenta de sus acciones: y que poniendo en una balanza todas 
sus iniquidades, y en la otra aquel solo pan, este solo igíialaba el 
peso de sus maldades. Este caso, aunque tomado de A. antiguo, 
debiera haberse puesto con mas circunspección y con mas corta- 
pisas, porque da muy falsa idea del verdadero valor do la limos- 
na, la cual es verdad que puede mucho, que redime la alma de 
pecado; pero hecha sin amor á los pobres, sin agrado, sin com- 
pasión de su miseria, no puede ser grata á Dios en tan alto gra- 
do que en la balanza de su justicia, que mira al ánimo del que 
da, y no al don, un solo pan dado de mala manera pese tanto 
como muchos pecados. V asi esta relación solo sirve para fomen- 
tar la ignorancia y la tibieza de los malos y falsos devotos, con- 
solándolos en sus vicios con la vana confianza de poder aplacar 
la ira de Dios con pocas obras é imperfectisimas. 

En el £ 14(5 del libro 47 dice, que viendo el rey Dagoberto 
que de las muchas mugeres y concubinas con quienes tenía un 
continuo ilícito comercio, no habia tenido el consuelo de tener 
hijos: qué para esto eran inútiles todos los medios humanos; y 
que era necesario esperar solamente del cielo esta gracia: recu- 
rrió á las oraciones de los siervos de Dios, para que con sus mé- 
ritos le alcanzasen de Dios un hijo que le sucediese en el reyno. 
Estas oraciones, dice el \. I 1 1, tuvieron el deseado fin: y al prin- 
cipio del año de 630 de Ragnetrudes que un año antes habia en- 
trado en el numero de sus concubinas, le nació Sigeberto, el qual 
por parte de sus. padres fue fruto de sus desórdenes; pero por parte 



(1) Pag. 368. Queste orazioní otteBner.0 il bramato fine, e al principio 
di quest' armo 630, gli aaeque da Ragnetrude, aggiunta 1' ap.no scorso al 
numero <\<- le sue concubine, Sigeberto, il quale per parte de' suoi genito- 
ri tu frutto delle loro sregolatezze, ma per parte di quelle multe persone 
dabbene, 1 he avevano preséntate fervoróse suppliche all 1 Altissimo, per- 
che si degnafse di propagare la Real famiglia, fu un frutto di vita &q. 



HISTORIA DE ESPAÑA. 1 65 

de las muchas personas piadosas que suplicaron fervorosamente á 
Dios que se dignase de propagar la Real familia, fue fruto de 
vida, &c. Sobre la relación deste hecho no me detengo á refle- 
xionar, y solamente pregunto: ¿podrán sacar provecho los leto- 
res que vean en ella que se tiene por fruto de vida, y por fruto 
de las oraciones de los santos el fruto de un continuo ilícito co- 
mercio? y de que se llame prosperidad de la Familia Real el que 
el Rey tenga hijos solamente de la concubina?- 

La Instrucción que en orden al Estado de este tomo, mira 
principalmente á establecer las máximas de la Corte de Roma, y 
destruir las mas asentadas regalías de los Soberanos. Asi nos lo 
asegura el Trad. en el Prefacio de la Continuación, cuyas pala- 
bras son estas: «No será desagradable al letor saber el motivo 
»que tuvo el Eminentísimo Orsi para escribir de planta la Histo- 
ria Eclesiástica en el idioma vulgar toscano. 

» Cerca del fin del pontificado de Clemente XIII con el motivo 
»de haberse empezado á imprimir en Venecia en el idioma ita- 
liano la Historia Eclesiástica del Abad de Fleuri, se formó en 
»Roma una particular Congregación compuesta de dos Cardena- 
les, y de varios hombres doctos y de singular probidad, para 
» examinar si era ó no conveniente que se prosiguiese la impre- 
»sion de Venecia. Examinada la materia, todos se convinieron 
»en que no se debía permitir, y se dio orden para que cesase, y 
»quedáse suprimido el primer tomo, que ya se hallaba fuera de 
»la prensa. Pero en el modo con que se podia proceder en este 
»asunto, hubo varios dictámenes: á unos les pareció que quitadas 
»de la Plistoria de Fleuri aquellas máximas y discursos opuestos 
»á el modo de pensar de los Romanos, se podía dar al público, 
»para que el común del pueblo no quedase privado del gran 
»deséo que tenía de emplearse en la lecion de la Historia de 
»Fleuri. 

»Nuestro Orsi, que era uno de los que componían aquella 
»congregacion, fue de parecer de que para dar satisfacion a el 
»comun de los fieles, era mucho mejor que se escribiese de plan- 
»ta en lengua toscana una Historia Eclesiástica, purificada de 
»todos los discursos y máximas que no aprueban los Romanos 



1 66 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

»cn la de Fleuri. Este dictamen fue aplaudido de toda la Congre- 
gación. Pero contemplando que era muy difícil encontrar sujeto 
»que pudiese desempeñar con acierto un asunto tan vasto y de 
tan suma gravedad, prevaleció el dictamen de que, purificada la 
» Historia de todos los discursos y doctrinas que notó la Congre- 
»gacion poco ó nada conformes á el modo de pensar de los Ro- 
»manos, se podía proseguir la impresión de Fleuri en el vulgar 
»toscano. 

» Reflexionando nuestro Orsi que la única causa que tuvo la 
»Congregacion para que no prevaleciese su dictamen, consistía 
»en la gran dificultad de hallar sujeto que pudiese desempeñar 
»con acierto una empresa tan ardua como difícil: quiso examinar 
»sus fuerzas, y ver si la podía vencer. Á este fin para poder adqui- 
»rir un estilo claro, puro, y que sin ninguna afectación, al mismo 
»tiempo que instruyese ael letor, lo 'deleytáse y moviese á la 
»lecion de la Historia: se exercitó en escribir varios tratados en 
»el vulgar toscano. Después de haber dado este primer paso, se 
»aplicó á examinar el modo con que debe proceder el que desea 
» escribir historia con acierto, así en la relación de los hechos y 
»modo de proponer las noticias como en el orden de los tiem- 
»pos y propiedad en proponer y escribir los hechos; que son las 
»tres reglas que prescriben así los antiguos como modernos Es- 
critores, para escribir una historia. 

» Movido con este dictamen dio a luz el primer tomo de su 
»Historia; y viendo que todos los hombres doctos aplaudieron 
»el método que habia elegido, se determinó á proseguirla en el 
»mismo estilo. Es verdad que su ánimo fue dar á el publico una 
» Historia eclesiástica conforme á el modo de pensar de los Ro- 
» manos. Pero sin defraudar el mérito de Fleuri, dexó en su pro- 
babilidad las máximas y distinta inteligencia que da á varios 
»hechos históricos este docto escritor. Los expresados Historiado- 
res mutuamente se exceden: uno, en ponderar las máximas de 
»Roma, dando á los hechos históricos una inteligencia muy con- 
» forme á su modo de pensar; otro abatiendo sus máximas, é in- 
terpretando los hechos en distinto sentido. Pero mereciendo 
»uno y otro los aplausos que son muy debidos á los que se toman 



HISTORIA DE ESPAÑA. 1 67 

3>el trabajo de dar á el público los mas famosos hechos de la 
» Iglesia: podrá llegar tiempo en que algún sujeto de singular ta- 
píente y doctrina quite de la historia de Fleuri ciertas máximas 
»y discursos, opuestos á el modo de pensar de muchos escrito- 
»res; y de la de Orsi.la estension de autoridad que no todos con- 
ceden á el Papa, y la interpretación de varios hechos histori- 
aos: pueda poner sn el claro orden lo que es mas conforme á 
-»la razón desnuda de toda preocupación y particular afecto ó 
»bien á los escritores Italianos ó á los Franceses, que por lo co- 
»mun se suelen empeñar en seguir las doctrinas de sus autores, 

¿Mientras llega este caso: á fin de no privar á el público de 
»una lecion tan gustosa como lo debe ser para todos la Historia 
:» Eclesiástica, asi como me apliqué á traducir quanto escribió de 
apropio puño su Eminentísimo Autor, también ahora me veo en 
»la obligación de practicar lo mismo con los tomos que va dando 
»á el público su ilustre Continuador». 

Hasta aquí son palabras del Traductor, cuyo parecer es tan 
verdadero que solamente en este tomo tiene muchas y muy cla- 
ras pruebas: pues todo él está lleno de máximas contrarias á los 
derechos de los Príncipes. Propondré algunas. 

En el lib. 46 § 44 se cita y defiende por auténtico el Privile- 
gio de S. Gregorio al Monasterio de Autun, en que á los que- 
brantadores, sean Reyes, ó de qualquiera grado eclesiástico ó 
seglar, amenaza según piensan el A. y el Tr. con la privación de 
su dignidad por estas palabras (i): Si alguno de los Reyes, Sacer- 
dotes, Jueces, ó alguna otra persona seglar, teniendo noticia desta 
nuestra constitución, intentase proceder contra ella, sera privado 
de su grado: y sepa que deberá dar estrechísima cuenta en el juicio 
de Dios de la iniquidad que hubiese cometido. 

Movidos destas rigurosas clausulas Launoi, Maimburg, y otros 



(1) Pag. 73. Se alcuno de' Regi, de' Sacerdoti, de' giudici, o alcun' altra 
persona secolare avendo notizia di questa nostra contituzione, tenterá di 
procederé contro di essa, sia privato della dignitá del suo grado; e sappia, 
che della iniquitá che sará da lui commessa, dovrá rendere strettissimo 
contó nel divino giudizio. 



1 68 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

críticos, han tenido por apócrifo esto privilegio y de tiempo pos- 
terior á S. Gregorio. No obstante, el A. y el T. lo defienden 
como legítimo. Yo no entraré derechamente en la disputa; sola- 
mente diré lo que debo y entiendo de las palabras citadas. 

Aunque estas sean verdaderamente del santo Pontífice; no- 
juzgo como el A. y el T. que en ella haya un decreto que prive 
de reynos y dignidades á los contraventores; sino que es una 
cláusula imprecatoria, en que para mayor terror se ponen aque- 
llas amenazas, y que el santo representó con los castigos eternos 
los temporales, que suelen no amedrentar menos á los hombres 
poco espirituales. 

Muéveme á pensar desta manera (demás de otros instrumentos- 
y escrituras antiguas que á lasque cita Bosuet pudieran añadirse) 
el testamento de S. Genadio Obispo de Astorga, hecho en la 
er <i 953 ° ;mo de Christo 915. En él, después de haber distri- 
buido diversas tierras y libros á sus monasterios: para hacer per- 
petuamente valedera su disposición, pone 'estas amenazas. vSV al- 
gún trasgresor, sea Principe ó Juez, Obispo, Abad, Presbítero, 
Monje, Clérigo, ó Lego, quisiere quebrantar, ó mudar esta mi vo- 
luntad, ó intentaste obrar contra ella; que primeramente ciegue y 
no goce desta luz que nos alumbra: que sea por la divina venganza 
castigado con las mas malas llagas desde los pies d la cabeza: que 
bañado en los arroyos que destilen sus heridas, y comido de gusa- 
nos cause d todos terror y horror; y en el otro siglo envuelto con 
los impios y malvados sea echado en las llamas vengadoras: y ade- 
más sea imdtado con penas temporales, y obligado del juez á que pa- 
gue á la Iglesia once por uno de lo que la hubiere quitado. 

Aquí se ve que el santo Obispo igualmente amenaza á los tras- 
gresores, sean Principes, Obispos, ó Jueces, penas eternas, que 
pecuniarias: y no con autoridad de superior, sino como particu- 
lar con imprecaciones, cuyo fin era atemorizar los eme las leye- 
sen, y asegurar la duración de su testamento; pero no ejercer 
sobre Reyes, Obispos y Jueces, facultades que no tenía. Lo mis- 
mo entiendo de otros muchos privilegios; y del de San Gregorio; 
ni pueden entenderse de otra manera. 

Este doctísimo Papa envió su carta para dar fuerza en quanto- 



HISTORIA DE ESPAÑA. 1 69 

dependía de su autoridad, á lo que la Reyna Brunequilde y su 
nieto Teodorico habían dispuesto, y le habían escrito é insinua- 
do. Ni pudo venirle á su pensamiento que podía con justicia pri- 
var de sus estados á un Rey que promoviese algún Abad á obis- 
pado sin que renunciase la abadía: que es una de las cinco cosas 
prohibidas con tanta severidad en el privilegio. 

Porque escribiendo el santo á Félix obispo de Mecina, muestra 
quan lejos estuvo de pensar con tan poco respeto de los sobera- 
nos. Dice en la carta, que David el más justo de los Reyes no se 
atrevió á poner las manos en Saúl, á quien, constaba que Dios 
había reprobado y desechado: que Alaria porque murmuró de 
Moysés su hermano, se cubrió de lepra: que en el Psalmista 
manda Dios que no toquen á sus ungidos; y en el libro de la ley: 
no maldecirás al Príncipe de tic pueblo. Los qualcs lugares, aun- 
que el santo los aplica á los Obispos, es evidente que hablan de 
los Reyes, y no pierden la fuerza que en su sentido natural tienen; 
antes la reciben nueva con las razones con que los ilustra. 

Porque así como Moysés, Capitán y Principe del pueblo, le 
decia que sus murmuraciones y hablillas no eran contra si ni con- 
tra su hermano, sino contra Dios: asi S. Gregorio dice que las 
que se hacen contra los Obispos, son contra Christo, de quien 
son vicarios en la tierra: que hablando mal dellos y deprimiendo 
su autoridad, se hacen mas atrevidos para despreciarlos: que de- 
linquiendo contra ellos se resiste al decreto del que los hizo nues- 
tros superiores. Razones todas c{ue valen igualmente en los Re- 
yes, vicarios de Dios que nos los da: y que hacen ver que el glo- 
rioso Papa no pensaría en dar con sus cartas ocasiones á que en 
los vasallos se disminuyese el obsequio, fé, y obediencia debida 
á sus Señores. 

Y aun quando esta sólida doctrina del Santo no demostrase lo 
que sentía acerca de la depresión y deposición de los Reyes hizo 
ver otras veces que no juzgaba que los delitos fuesen justa causa 
de quitar un reyno; pues no reputó por tal la herejía, que es uno 
de los mas graves. Porque hablando de san Hermenegildo, da á 
entender que obró mal y sin razón en hacer guerra á su padre: y 
que solo volvió en sí y pensó cuerdamente después que Leovi- 



170 BOLETÍN DE I.A REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

gildo lo habia encarcelado: entonces, dice, comenzó á despre- 
ciar el reino de la tierra, buscando con vivos deseos el del 
cielo. 

Y en esto se conformó S. Gregorio con la doctrina cons- 
tante de la Iglesia, con las razones con que defienden Ter- 
tuliano y S. Agustín á los Christianos de la tacha de traydo- 
res que les ponían: haciendo ver que se dejaban pasar á cuchillo 
antes que rebelarse á sus Principes Gentiles y Perseguidores. Por 
esto S. Isidoro, I). Lucas de Tuy, el Abad de Valclara, el Arzo- 
bispo I). Rodrigo, y otros llaman á Hermenegildo hijo rebelde y 
desobediente; y S. Gregorio Turonense dice del estas notables pa- 
labras: no sabiendo el desgraciado que tramando tales cosas con- 
tra el padre aunque hereje, le amenazaba el divino castigo. 

Tampoco los Papas, y doctísimos Obispos de España creyeron 
dignos de ser depuestos los Reyes Godos Arríanos, que desde 
Ataúlfo hasta Recaredo ocuparon el trono. 

Todo esto, y mucho más que pudiera añadirse, debiera haber 
tenido presente el Trad. para no persuadirse a que hiciese San 
Gregorio una ley en virtud de la qual por la ligera trasgresion de 
un privilegio de poca importancia al bien universal de la Iglesia 
y del Estado, puedan ser privados de la corona los Monarcas, 
que la recibieron de Dios, que á él solo la rinden, y a quienes él 
solo puede quitársela de la cabeza. 

Verdades son estas que ha reconocido constantemente nuestra 
nación con todas las demás en todos los siglos: y así padeció el 
Trad. muy notable equivocación quando en un discurso aparte 
con que alteró y añadió al citado § 44 del lib. 46 dice: «Algunos 
»Criticos modernos, contra el común consentimiento deloscódi- 
»gos manuscritos que se conservan en las librerías de Francia, In- 
»glaterra, Italia y Roma, han tenido poragenas é impropias de un 
»tan sabio y moderado Pontífice las rigurosas penas que impuso 
ȇ los violadores de los privilegios de un monasterio y hospital 
»en particular, hasta amenazar á los Reyes con la privación de 
»su grado. Pero si se hubieran querido hacer cargo de la disci- 
»plina que reynaba en PTancia en el tiempo que el santo Pontí- 
»fice impuso tan graves penas, y tenido presente que en el si- 



HISTORIA DE ESPAÑA. I 7 I 

»glo vil dominaba la barbarie é ignorancia, que las naciones del 
» Septentrión trajeron consigo quando se apoderaron de todos los 
»reynos y provincias del Imperio Romano: conocieran que si de 
»presente un Pontífice tan sabio y moderado como S. Gregorio 
»el Magno, no podia imponer tan graves penas, las pudo poner 
»en el tiempo de su pontificado sin la menor nota de su gran 
» nombre. Por aquellos siglos solo dominaba el valor de las ar- 
»mas, y los soberanos nunca pensaron en averiguar si su autori- 
»dad era ó no independiente, ni en si los subditos en ningún caso 
»se podían oponer á los Príncipes. Estas disputas tuvieron prin- 
cipio quando la Divina Providencia, que gobierna el mundo se- 
»gun la diversidad de los tiempos, dispuso que desterrada la ig- 
norancia y supersticiones de los siglos bárbaros, empezaran los 
»hombres á ilustrar sus entendimientos con superiores luces, y á 
»salir de la ignorancia y barbarie en que los pusieron sus con- 
quistadores. Desde aquel tiempo, estimulados en el exceso de 
»autoridad que en algunos casos solían practicar los Papas, se 
»aplicaron á averiguar el origen de la autoridad que tienen los 
»Principes Soberanos; y con el proceder de los siglos han mani- 
»festado y puesto en el mas claro conocimiento que la autoridad 
»de los Príncipes Soberanos es independiente, y que como tal 
»solo á Dios es á quien deben dar cuenta de sus acciones. Si los 
» modernos críticos hablasen destos últimos siglos, gustosos le con- 
cederíamos que un Pontífice tan sabio y moderado como San 
»Gregorio el Magno no hubiera usado de semejante expresión; 
»pero en su pontificado lo pudo practicar sin ningún reparo. En 
»el siglo vil no se había tratado esta materia, y por entonces era 
»práctica común en FYancia usar de semejantes amenazas contra 
»los violadores de los bienes dedicados á los lugares sagrados y 
»pios. De esta práctica son testigos de mayor excepción los Pa- 
»dres de los Concilios de Orleans, Paris y Tours. Estos en los 
»Cánones que, á petición de los Soberanos, establecieron contra 
»los violadores de los bienes eclesiásticos sin distinción de perso- 
»nas ni dignidades, pusieron las mismas amenazas que expresó 
»S. Gregorio en los privilegios que concedió á instancia de Bru- 
»nequilde. A esto se añade, que esta imperiosa Reyna en su sú- 



[72 boletín de la keai. academia dk la historia. 

plica sol. 1 pidió ;í el santo Pontífice (como comunmente se cree) 
>que en sus privilegios pusiese las mismas terribles amenazas que 
los* obispos de Francia acostumbraban establecer en sus sínodos. 
Por loque no estando por entonces tan claray manifiesta la inde- 
ndencia délos Soberanos, como lo está después que con las dis- 
cutas se puso en el nías claro orden el origen de su autoridad: 
- tuvo dificultad el Giran Gregorio en condescender á la peti- 
»cion de la mencionada Reyna, ni en estender sus amenazas hasta 
»la persona de los Reyes. Porque escribiendo, no como Profeta, 
-ni como quien difine un dogma de fee, sino como un Pontífice 
»que arreglado á la disciplina de su tiempo prescribe en un punto 
»puramente gracioso las mismas amenazas que en semejantes 
»casos eran comunes en los sínodos de Francia: se infiere que 
dos modernos Críticos, sin querer tener presente que lo que se 
practica sin reparo en un siglo, no se puede practicar en otros 
porque antes no se había disputado ni puesto en claróla ma- 
teria, >'i porque se comtempla por un punto de pura disciplina 
»sujeta á la variedad de los tiempos, solo la preocupación á favor 
>de su modo de pensar les pudo mover á censurar á S. Grego- 
»rio en un punto de pura disciplina». 

1 lasta aquí el Trad. en donde se ve la poca justicia que hace 
á la Iglesia Galicana, cuyo doctísimo clero ha demostrado que 
siempre se ha defendido y practicado en Francia la doctrina de 
su Declaración del año 1 682. 

Ni debiera proponer á los españoles como ciertas é indubita- 
bles del tiempo de S. Gregorio, máximas que nunca han tenido 
por verdaderas; pues desde los primeros siglos ha creído cons- 
tantemente nuestra nación que solo Dios da, y solo Dios quita 
los imperios; y ninguno otro sobre la tierra. 

El gran ( Miispo ( )su> en su celebrada carta al emperador Cons- 
tancio le dice, Que Dios puso cu sus manos el imperio: que quien 
so lo quite, contradice al divino ordenamiento. 

El católico Rey Recaredo claramente dijo en el III Concilio 
Toledano, que Píos había puesto d su cuidado el gobierno de sus 
pueblos. 

S. Isidro fie Sevilla enseña, que los pueblos tienen por jueces 



HISTORIA DE ESPAÑA. 



'73 



á los Reyes; pero que estos no tienen otro freno que el temor de 
Dios, y el miedo del infierno. 

El IV Concilio de Toledo cap. 75 amonesta al Rey Sisenando, 
que rija con justicia y con piedad las gentes que el Señor Dios 
le ha entregado, y corresponda bien á la confianza que la liberali- 
dad de Christo le ha hecho. 

A D. Pelayo y á sus Descendientes no puso el cetro en la 
mano Breve alguno del Papa enviado por el Arzobispo de To- 
ledo Sinderodo desde Roma, á donde huyendo de los Moros se 
había retirado; pusiéronselo nuestros mayores, ó Dios por su me- 
dio, para rescatar debajo de su conducta las provincias perdidas: 
y de los Romanos Pontífices recibían como Tesoro preciosísimo 
las indulgencias que para animar á tan heroyea recuperación les 
concedían. 

El Papa Juan VIH escribiendo al Rey D. Alonso III le dice, 
que Dios lo ha constituido Rey de Galicia-. 

Quando los Aragoneses y Navarros determinaron tener Re- 
yes para sacudir el pesado yugo de los Sarracenos; aunque (se- 
gún creen falsam. te algunos) consultasen al Papa y á los Longo- 
bardos sobre las leyes con que debían fundar y gobernar sus 
reynos, nadie há dicho que lo consultaron sobre el nombra- 
miento de Soberano. 

En el año 11-34, habiendo por la muerte de D.Alonso Rey de 
Navarra y de Aragón, quedado sin sucesor la Corona, los Nava- 
rros nombraron á D. García, y los Aragoneses á Don Ramiro I. 
El año I412, las Cortes de Caspe declararon legítimo Rey de 
Aragón al Infante D. Fernando, sin que el Papa tuviese parte 
alguna ni en la declaración, ni en el examen del derecho de los 
Pretendientes. 

El Rey D. Bermudo se llamó Emperador de Galicia. D. San- 
cho Conde de Castilla tomó el título de Emperador; y lo mismo 
hicieron D. Fernando el Grande (Ti, y D. Alonso VI después de 
la conquista de Toledo, sin consulta del Papa. Y pudieron muy 



(1) V. Concil. Coianc. ann. 1050, constituí. 13. 



174 boletín de la real academia de la historia. 

justamente, aunque con malicia lo duda Mariana declarado 
opresor de la suprema autoridad y sagrada persona de los 
Reyes. 

También quiso distinguirse con este título D. Alonso VII el 
dia que fue coronado en León. Sobre lo qual el Dr. Francisco de 
Pisa cita y aprueba lo que dice Sandovál, quepara semejante im- 
perio hay opiniones que no era necesaria la autoridad y aprobación 
del Papa, siendo cosa puramente temporal. 

Y no solamente opiniones, sino clara y asentada justicia de los 
que se llamaron Emperadores; pues habiéndose quejado el Em- 
perador Enrique, favorecido en su pretensión del Papa, de que 
D. Fernando el Grande sin su consentimiento se llamase Empe- 
rador: las Cortes de Castilla, y en ellas el célebre Rodrigo Diaz 
de Vivar el Cid, se ofendieron de que el Pontífice y Enrique in- 
tentás-n privarlos de su derecho y libertad, y poner sebre su 
cuello el duro yugo de sujeción y dependencias, que con el va- 
lor de su brazo habían sacudido de los bárbaros; y declararon so- 
lennemente que nuestros Soberanos no reconocen otro superior 
que al Rey de los Reyes, Señor de los Señores. 

Pero nunca mostró mas claramente nuestra nación lo que 
entendía sobre su libertad e independencia, que quando se vio 
mas combatida de aquellos que ineptae religionis siiuulatione, 
como hacen hablar al Cid en dichas Cortes, han creído hacer 
obsequio á Dios y á S. Pedro trastornando el orden de las po- 
testades establecidas por la divina, y estendíendo los límites que 
Christo puso á la de sus vicarios. 

La época de esta estension fue el pontificado de S. Grego- 
rio VIL I >eseoso este Papa de aumentar el resplandor y poder 
de su silla, cuidó mucho de darla nuevos privilegios que la hicie- 
sen mas distinguida. 1 Iabíanse llamado los Obispos antes de su 
tiempo Papas: S. ( iregorio VII les quitó este nombre , y lo hizo 
propio del Pontífice Romano. Había conservado la Iglesia de 
España el oficio gótico en medio de su esclavitud y persecucio- 
nes, con aprobación de muchos Concilios y Papas. S. Grego- 
rio VII, para introducir el Romano, lo reprueba y declara inficio- 
nado de errores manifiestos contra la Fe; y á los que lo defienden, 



HISTORIA DE ESPAÑA. 



175 



llama lobos fieros, carniceros y que con encantos intentan inficio- 
nar los hijos de la Iglesia. Y en otra parte dice, que en tiempo 
del Rey Ramiro de Aragón, repudiados los errores de la supers- 
tición toledana que estendida entre las gentes había imbuido de 
necia creencia los ánimos de los hombres, se había introducido 
en España la magestad del rito romano, que había sacado los es- 
pañoles de tinieblas. 

Pero no se contentó con aumentar su poder dentro de los 
términos de la jurisdicción eclesiástica; propuso y defendió má- 
ximas desconocidas hasta entonces, y encaminadas á poner en 
manos del Papa las facultades de regir y gobernar los reynos, de 
poner y quitar Reyes á su arbitrio. 

Siempre se había creído, y cree todavía, que toda potestad 
viene y ha sido establecida y ordenada de Dios: que por él rey- 
nan los Reyes y hacen leyes justas; pero S. Gregorio VII esta- 
blece otros principios diciendo, que nadie ignora que Reyes y 
Emperadores tuvieron principio en los que no conocían á Dios; 
y por instigación del diablo, y su codicia, ambición, y otros vicios 
quisieron hacerse superiores á los demás hombres, que eran sus 
iguales. Desacreditado asi el origen de las potestades tempora- 
les, quiere darlas otro mas a propósito para sus designios: y así 
en la carta al Rey D. Sancho de Aragón dice, que Jcsu Christo 
constituyó á S. Pedro sobre los reynos del mundo: y en carta á 
D. Alonso de Castilla, que á S. Pedro sujeto' todos los principados 
y potestades de la redondez de la tierra, y le dio poder de atar y 
desatar en el cielo y en la tierra. 

Destos principios saca conseqüencias muy acomodadas á su 
intento de sujetar á la disposición del Papa la administración de 
todos los estados. Hablaré solamente de lo que toca á nuestra 
España. 

Año 1073 escribe á todos los Príncipes españoles, que cree 
que no ignoren que el reyno de España desde tiempos anti- 
guos fue del derecho de S. Pedro; y si después fue ocupado de 
los Moros, todavía por ley de justicia á ningimo pertenece sino á 
la Silla Apostólica. Y mas abajo les avisa, que en virtud deste 
derecho ha concedido al Conde Enulo de Roceio, que pueda 



176 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

venir á España á hacer guerra á los Moros, y tener para si, ele 
parte de S. Pedro, todo cuanto terreno conquistase. 

\ esfuerza de tal modo sus pretensiones que no repara en 
declararles que, si alguno quisiese entrará parte de la conquista 
destinada al dicho Conde, sin el pacto de pagar á S. Pedro el 
derecho que en aquel reyno tiene, antes quiere prohibirles con 
autoridad apostólica el que hagan la guerra, que permitir que 
nuestra Madre la Iglesia reciba de sus hijos el mismo daño que 
de sus enemigos. 

¡Sentencia estraña y muy notable! ¡Que el daño que los Chris- 
tianos harían no pagándola un tributo imaginario fuese igual al 
que causaban los Moros, que tiranizaban nuestras provincias! ¡y 
que por no perder aquel, quisiese mas dejar estas en las tinie- 
blas y esclavitud de la ley de Mahoma! ¿Quien no esclamaría 
entonces como esclamó después S. Bernardo: Quis mihi det, au- 
tequam moriar, viderc Ecclesiam Dei sicut iu diebus antiquis) 
quando Apostoli la.xabant retia iu capturam, non in capturam 
argeuti ve/ auri, sed iu capturam auimarum? ¿Y quién no podría 
lamentarse con las palabras del mismo Santo, hablando do los 
Legados Apostólicos: Quid boui adhuc cum illis égerint needum 
audivimus, et fórsitan audivissemus, uisi prae auro Hispanicé 
salus popuü viluisset? 

Pasó todavía adelante en sus designios este santo Papa. El 
Rey I'. Alonso de (astilla no había hecho á un Legado suyo la 
acogida que deseaba el Pontífice, ni dádole crédito en cosas de 
que tenía el Rey informes contrarios. Irritado desto Grego- 
rio Vil manda á 1 íugon que haga saber á D. Alonso que ha in- 
currido en la indignación de S. Pedro y provocado contra si y 
contra- su reyno la venga urja, por haber tratado mal al Legado de 
la Iglesia Romana, y haber dado mas crédito d la mentira que a 
la verdad: y le encarga que intime al Rey que, si no enmienda 
su culpa, lo descomulgará, y revolverá contra él para su confusión 
ai/nautas vasallos tiene S. Pedro cu España. Y que si no obede- 
ciese, dice, á mis preceptos , no tendré por gran trabajo el ir á 
lis paña, y tramar contra él cosas duras y ásperas, como contra 
un enemigo de la Religión Christiana. Asi este santo Pontífice 



HISTORIA DE ESPAÑA. 177 

se olvidaba de rescatar nuestras provincias, que todavía gemían 
bajo el yugo de los Moros, y pensaba venir en persona á ven- 
garse en quien las redimía, de una injuria acaso imaginada, pero 
que, por grande que fuese, nunca podia merecer demostración 
tan ruidosa. 

No obstante todo el empeño del glorioso Papa en establecer 
el ejercicio de su jurisdicion sobre imperios y reynos, los Mo- 
narcas españoles y sus vasallos se esmeraron á porfía en mani- 
festar por su parte al mundo, que en lo temporal de ninguna 
manera dependía su corona de la Silla Apostólica. 

Deseando Pasqual II separar la Reyna D. a Urraca y D. Alonso 
de Aragón del incestuoso matrimonio en que estaban unidos, 
escribió á D. Diego Gelmirez, Obispo de Compostéla en estos 
términos: Para esto determinó Dios que presidieses á su pzieblo, 
para que corrijas sus pecados, y anuncies la voluntad del Señor. 
Procura, pues, según la potestad que de Dios has recibido, enmen- 
dar con el debido castigo el gran delito que ka cometido la hija 
del Rey: para que ó desista de su temerario intento, ó sea privada 
de la comunión de la Iglesia y de la potestad secular. 

Severino Binio y el Cardenal Aguirre sobre esta carta dicen, 
que por no haber obedecido á ella los Reyes, los castigó Dios: 
a D. a Urraca con muerte repentina, abriéndosela las entrañas; y 
á D. Alonso por mano de los Sarracenos, que lo mataron en 
una batalla. Pero ni es verdad que dejaron de separarse, ni que 
se separaron en fuerga de la carta. 

Doña Urraca veneró los avisos y amonestaciones del Vicario 
de Christo, y de los Sucesores de los Apóstoles, como dice el 
P. Berganza ; pero la causa que la movió á separarse de Don 
Alonso fueron los malos tratamientos, las injurias, las befas que 
este la hacía, las profanaciones de las iglesias, los desafueros 
contra los Obispos, eclesiásticos, y toda clase de personas. Ni 
necesitaría de muy graves motivos paro ello, habiéndose casado 
contra su voluntad, como ella misma confiesa en carta al conde 
D. Fernando. Y asi abierta la puerta al divorcio por las altera- 
ciones del reyno declaró nulo su matrimonio, sin acordarse de 
la privación de los estados con que la amenazaban. Los severos 
TOMO xlii. 12 



178 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

castigos que cuentan dolía, ha hecho ver el P. Bcrganza que son 
falsos, y forjados por los que ó tramaron, ó sin diligencia copia- 
ron errores que nos pintan escandalosa la vida, y desgraciada 
la muerte de aquella gran Reyna. 

D. Alonso su marido no esperó el beneplácito del Papa para 
llamarse Emperador después de la batalla de Yaltierra, en que 
desbarató el ejército de Abuhasalem. Y si en una de las cin- 
quenta batallas que dio á los Moros y le ganaron el renombre 
de Batallador, perdió la vida; no es prueba de que murió por 
castigo, sino por aquel orden de providencia con que # murieron 
peleando contra bárbaros muchos piadosos y valerosos Capitanes. 

El Papa Adriano 1Y, consultado por los Reyes Luis VII de 
Francia y Enrique II de Inglaterra, sobre la expedición que in- 
tentaban hacer contra los Moros de España, les responde, que 
no tiene por prudente ni seguro consejo el ir á tierra y señorío 
ageno sin consulta ni súplica de sus Señores y Príncipes: que si 
estos aprueban su resolución, él la aprueba también, y no de otra 
manera. En lo qual mostró contra el sentir de San Gregorio VII, 
que ni España era tributaria de S. Pedro, ni sus Vicarios podían 
disponer de sus reynos. 

Llamado á juicio I). Rodrigo, Señor de los Cameros, por el 
santo Rey D. I^ernando, se escusaba con que había recibido del 
Papa la cruz para ir á Tierra Santa: que era lo mismo que decir, 
que por privilegio suyo estaba esento de comparecer en tribunal 
seglar. Pero el santo Rey no creyó faltar al respeto debido al 
Santo Padre, usando con un vasallo de su legítima autoridad, de 
que no podía el Papa privarlo: y asi lo obligó a presentarse en 
Vallado! id, y l'' formó proceso, y lo condenó, y quitó sus tierras 
y castillos. 

Bonifacio VIH escribió á Felipe el 1 lermoso, que no casase sus 
hijas sin participárselo: y poco después en una Bula le prohibió 
casar hijas, hermanos y hermanas con D. Sancho de Castilla, ó 
con sus hijos^ sin su licencia. No obstante la prohibición, Marga- 
rita de Francia, hija mayor del Rey, casó con D. Fernando IV 
de Castilla, hijo de Sancho, sin pedir á Bonifacio licencia que no 
necesitaba. 



HISTORIA DE ESPAÑA. 1 79 

Descomulgó el Cardenal Guillelmo, Legado Apostólico, al Rey 
D. Pedro el Justiciero, lo multó en una gruesa suma por viola- 
dor de los tratados firmados con el Rey de Aragón, y mandó 
-que ningún Príncipe hiciese Liga con él por estar descomulgado. 
Pero el Papa mismo desaprobó su atrevida y temeraria resolu- 
•cion, y revocó la Legacía: y el Rey despreció el decreto, que 
por malicia y manejo del Rey de Aragón se había hecho con 
designio de desacreditar mas al Rey, y enagenar el ánimo de los 
vasallos, como dice Mariana. 

Y acercándonos mas á nuestros tiempos, habiendo por los 
años de 1 49 1 el Obispo de León Presidente de Valladolid, y 
quatro Oidores, admitido una apelación á Roma de una causa 
en que no debían, los Reyes Católicos los depusieron, y quita- 
ron los empleos como á Ministros que no sabían defender la So- 
beranía é independencia de sus Monarcas. 

En el reynado de Carlos V descomulgó Paulo III al Arzobispo 
Elector de Colonia, dispensando sus subditos del juramento de 
fidelidad; pero el Emperador no quiso aceptar la sentencia, aun- 
que para ello le hacía el Papa grandes instancias. 

Ni tampoco se tuvo por descomulgado quando el mismo Pon- 
tífice lo declaró incurso en la Bula de la Cena, y mandó que el 
Viernes santo, en que se ruega, como dice Felipe II, por los 
Judíos, Moros, y Cismáticos, dejasen la oración en que se ruega 
y debían rogar por aquel nunca vencido Emperador, escudo y 
amparo de la Iglesia. 

Pero el invencible ánimo suyo no se amedrentó de las vanas 
amenazas; antes bien mandó castigar al que imprimió la dicha 
Bula, y que no se aceptase en sus dominios como contraria á la 
preeminencia Real. 

Felipe II su hijo nos dejó repetidos ejemplos de igual cons- 
tancia y firmeza en defender sus derechos. En el año 1578, es- 
cribe al Marqués de las Navas que pida á su Santidad reforme 
la Bula de la Cena, y le dé á entender, que por relaciones que 
tiene de su Consejo... no es obligado el Principe seglar á cumplir 
los mandamientos del Papa sobre cosas temporales. 

Con ocasión de la sucesión á los Reynos de Portugal por 



1 8o BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

muerte del Rey D. Sebastian, envió el Papa un Nuncio á Es- 
paña para solicitar que el negocio se remitiese á su juicio; y el 
prudentísimo Rey (dice un grande Historiador) respondió, que 
no era necesaria la mediación de su Santidad en tan justa causa: 
temiendo (añade el mismo) perjudicar en lo venidero a la Digni- 
dad Real poniendo en manos del Pontífice estas cosas, y hacerlo 
con este ejemplar arbitro y como juez de los Reynos. 

Habiendo su Santidad querido legitimar á D. Antonio Prior 
de Crato, lo impidió el Rey, como cuenta el Conestagio. 

Entrado después en la posesión de Portugal, y para quitar 
todo escrúpulo y satisfacer también á los flacos, consultó los 
Teólogos sobre si debría someterfe al juicio del Santo Padre. 
Y le respondieron que no tenia obligación alguna de sujetarfe 
á jurisdicción ni parecer ageno: que el Papa no podía conocer 
en aquel asunto meramente temporal: que después de elegidos 
los Reyes, estos y sus sucesores tienen todo el derecho y auto- 
ridad, y de nadie pueden ser juzgados. 

El año 1586 hizo una Pragmática que comprendía Cardenales,. 
Obispos, y demás Eclesiásticos. Quejóse Sisto V en consistorio 
de que se ofendían los sagrados derechos de la Iglesia: que si no 
se exceptuaban de la ley los eclesiásticos, la pondría en el índice 
de libros prohibidos, y descomulgaría á Cardenales, Obispos y á 
quantos la obedeciesen ; y escribió al Rey una carta muy nota- 
ble; mas no le hizo alterar la Pragmática. 

Antonio de Herrera, que refiere esta controversia, añade estas 
palabras: algunos dixeron, que si se consultara con el Papa y con 
el Emperador, fuera mas firme la Pragmática; pero estos no con- 
sideran que los Príncipes soberanos atienden á proveer lo que 
cumple á sus subditos, sin necesidad de agena consulta: porque 
cada uno puede hacer en su dominio á su voluntad; y mas que 
todos los Reyes de España en lo tempor.il no reconocen superior. 

Entre las fuertes razones que movían el animo de Felipe II 
á defender sus derechos libres de la dependencia de Roma, se- 
ñala (en carta al Comendador mayor de Castilla D. Luís de Re- 
quesens) la confusión y turbación en que se pondrían las cosas 
apretándolas deba.ro de censuras y publicándolas en el pueblo; y 



HISTORIA DE ESPAÑA. l8l 

los grandes inconvenientes, y ocasión de turbar la paz y quietud 
pública. 

Y .esto lo había aprendido sin duda de lo que sus antecesores 
los Reyes de Aragón hicieron, los quales mostraron gran firmeza 
en mantener su libertad y dignidad, y en desconcertar los arti- 
ficios con que intentaban oprimirla los Romanos. 

El Rey D. Ramiro de Aragón año de 1 067 se habia hecho á 
si y á sus sucesores, tributarios de la santa Sede; pero no tuvo 
efecto su devota promesa, como ni la de D. Pedro II llamado el 
Católico. 

Este Monarca con deseo de ser favorecido de la Sede Apostólica 
en la empresa de las islas de Mallorca y Menorca, fue á coronarse 
á Roma por mano de Inocencio III, y ofreció szt Rey no al Apóstol 
san Pedro, y al Pontífice, y á sus sucesores, haciéndolo perpetua- 
mente censatario de la Iglesia. Pero los Aragoneses se sintieron 
muchísimo, porque un reyno que había sido conquistado de los 
Moros por el valor de los Reyes, con el ayuda y favor de sus sub- 
ditos, y que por el consiguiente era libre, lo hubiese hecho el Rey 
tributario ; y así además de hacer varias escrituras de protestos, 
en conservación de su derecho para que lo hecho por el Rey no 
quedase válido, acordaron de impedir de hecho esto que el Rey 
había intentado; y así se juntaron todos en voz de unión, que 
fue la primera vez que se había visto; y lo que della resultó fué que 
jamás permitieron que el tributo de la Iglesia se pagase... y es- 
cusandose el Rey que en lo que había hecho con el Papa solamente 
había sido renunciar su derecho y no el del Reyno hicieron tan 
grande instancia que hubo de condescender con ellos. Asilo cuenta 
Gerónimo Blancas. 

Lo mismo que el Reyno en tiempo de D. Pedro, hizo después 
•su hijo el Rey D. Jayme. Deseaba este príncipe que Gregorio X 
lo coronase en el Concilio General de León; mas 110 quiso el Papa, 
dice Zurita, darle la Corona sin que ratificase primero el tribtito 
que el Rey D. Pedro su padre había otorgado de dar á la Iglesia; 
y pidió que se pagase lo que se debía á la Sede Apostólica desde 
aquel tiempo. El Rey envió á decir al Papa, que habiendo él tanto 
servido á nuestro Señor y á la Iglesia Romana, mas razón fuera 



1 82 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

que el Papa le hiciera otras gracias y mercedes, que pedirle cosa 
que era en tan notorio perjuicio de la libertad de sus Rey nos, de 
los quales en lo temporal no debía de hacer reconocimiento d nin- 
gún Príncipe sobre la tierra: pues él y los Reyes sus antecesores 
los ganaron de los Paganos derramando su sangre, y los pusie- 
ron debajo de la obediencia de ¿a Iglesia: y que no había ido á la 
Corte de Roma para hacerse tributario sino para eximirse y que 
mas quería volverse sin recibir la corona que con ella con tanto 
perjuicio y diminución de su preeminencia Real. 

Con quanta razón cuidasen de conservar su libertad é inde- 
pendencia, lo da á entender muy bien el citado Gerónimo Blan- 
cas: Y tío fue, dice, esto que hizo este Rey (D. Pedro II) de hacer 
tributario su Reyno á la Iglesia, de tan poco momento que no fuese 
causa de grandísimas turbaciones, que después se vieron en tiempo 
del Rey D. Pedro III, que dixeron de los Franceses: Porque de ai 
tomó ocasión el Papa para proceder contra él hasta privallo del 
Reyno , diciendo que lo hacía como contra vasallo y subdito de la 
Iglesia, dando la investidura del á un hermano del Rey de Fran- 
cia, que acompañado del mismo Rey entró muy poderoso á tomar 
la posesión con tanta gente, que se escribe que para traer el baga- 
ge entraron ochenta mil acémilas. Pero no les fue tan fácil como 
se persuadían; porque este nuestro Rey (D. Pedro III) les impidió 
la entrada y los desbarató junto á Giróna. 

Temiendo estas malas conseqüencias el dicho D. Pedro III,. 
por no perjudicarse á si ni á sus sucesores, ni que pareciese que 
en recibir la corona de mano de algún Prelado tácitamente apro- 
baba el reconocimiento hecho por su abuelo, hizo antes de co- 
ronarse protesta de que no entendía recibir la corona de maño 
del Arzobispo en nombre de la Iglesia, ni por ella, ni contra ella: 
y repitióla el Rey D. Alonso III. 

Pero otros Reyes, para quitar toda duda y sombra de preten- 
sión, tomaban de sobre el altíír la corona, y ellos mismos se la 
ponían. Asi lo hicieron D. Alonso IV, D. Pedro el Ceremonioso,, 
D. Juan I, D. Martin y D. Fernando. 

Y en la coronación de D. Pedro el Ceremonioso pasó una cosa 
muy singular, que el mismo Rey cuenta en su Historia. Estando 



HISTORIA DE ESPAÑA. I 83 

él y los Obispos para salir de la sacristía á comenzar la fiesta, 
el Arzobispo de Zaragoza, revestido como estaba para decir la 
Misa, suplicó al Rey que le diese lugar á que delante de todo el 
pueblo le pusiese la corona, ó á lo menos le permitiese que se 
la aderezase. El Rey que entonces tenía apenas 1 5 años, se halló 
confusísimo como él escribe, y lleno de pena de que en el dia 
de su mayor gloria y honor se le pidiese cosa en tanto detri- 
mento y menoscabo de la dignidad Real: y viendo las instancias 
que le hacían, respondió al Arzobispo que norabuena se la ade- 
rezase; pero luego al tiempo de la ceremonia, acercándose el 
Rey al altar, tomó de sobre él la corona y metiósela sobre la 
cabeza, y al Arzobispo dixo que no se la tocase ni aderezase. 

Escarmentado pues de las dificultades y dudas que se le ofre- 
cieron en su coronación, hizo después en Valencia un ordena- 
miento, en que provee á las de sus sucesores. Practicáronlo 
quantos Reyes desde entonces se coronaron, y consérvase toda- 
vía con este título: De la manera como los Reyes de Aragón se 
f aran consagrar, é ellos mismos se coronarán. 

Ni fue sola esta la prueba que dio de su independencia. Hacía 
guerra al Rey de Mallorca y Menorca, rebelde y tramador de 
asechanzas á su vida: reprendióle Clemente VI la empresa, y le 
encargó que ajustase con él algunas treguas; mas D. Pedro entre 
otras cosas importantes responde al Santo Padre con estas pala- 
bras: Porque, como me acuerdo de haber ya escrito á vuestra San- 
tidad, no debiendo vuestra clemencia (salvo en todo el respeto y 
honor que se le debe) introducirse en question meramente temporal 
ni en proceso de mis vasallos, pues per juidicaria no solam. te á mis 
regalías sino á las de todos los Reyes y Principes del mundo, es- 
candalizaría á todos, disminuiría la potestad Real, e incitaría á 
turbulencias, motines, y grandes escándalos; de ninguna juanera 
sufriría yo tales atentados: y mas quando ni yo ni los Reyes de 
España reconocemos después de Dios superior ninguno en lo tem- 
poral. 

Estas y otras muchas pruebas de la suprema é independiente 
autoridad de nuestros Soberanos debiera haber tenido presentes 
el Traductor para no sentar como máxima cierta que desde el 



84 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

tiempo de S. Gregorio se había creído que el Papa tiene facultad 
de disponer de lo temporal de los Reynos. Debiera haber mirado 
no solamente la falsedad y la ninguna legítima aceptación desta 
doctrina, sino también los peligros é inconvenientes que della han 
nacido siempre, y hemos visto poco hace nacer escandalosamente 
de ingenios poco instruidos, mal intencionados y fingida ó su- 
persticiosamente piadosos. Y esta consideración debiera también 
hacerlo mas cauto, para no pasar por hechos que en esta Histo- 
ria se refieren de modo que pueden dar ocasión de abusar 
dellos. 

En el § 24 y siguientes del libro 46 el Carden. 1 Orsi, Autor, 
como dixe, de los 28 §§ primeros deste libro y del tomo 23 pu- 
blicado en el año 63, defiende largamente la carta de S. Grego- 
rio á Focas; en la qual alaba á Dios de que hubiese quitado el 
imperio á Mauricio, y trasladadolo á sus manos. Gloria dice el 
Santo (i), in e.vcelsis Deo, el qual, según está escrito, muda los tiem- 
pos, y transfiere los reynos: y según el Pro jeta, es señor del reyno 
de los hombres, y lo da á quien quiere. Y seg/iu los incomprensi- 
bles decretos de Dios omnipotente alterna' el gobierno desta vida 
mortal: y mías veces, quaudo hay muchos malos que castigar, es 
ensalzado quien por su dureza con el yugo de la tribulación los 
oprima, como hemos experimentado cu nuestra larga aflicción. 



(1) Pag. 38. Gloria in excelsis Deo... Egli domina secondo che é 
scritto in Daniele, nel regno degli nomini, e lo da a chi vuole. E secondo 
1' incomprensibile disposizione dell' onnipotente Dio della vita mortale 
si alternano le vicende; e talora quando i peccati di molti traggono sopra 
di loro i flagelli della divina giustizia, taluno é innalzato, per la cüi du- 
rezza gemono i sudditi soto il giógo della tribolazione, come noi abbiamo 
sperimentato nella riostra lunga afflizione. Ma talvolta, allorche il mise- 
ricordioso Dio si compiace di consolare quei che gemono nell' afflizione, 
ei promue taluno alia sommitá del governo, per la cui misericordia e 
bontá infonde nel cuor.di tutti la grazia d' un' indicibile contentezza. Di 
questa grazzia noi, che di presente ci rallegriamo del vostro innalzamento 
all' imperio, speriamo di quanto prima riceverne 1' abbondanza. Dunque 
si rallegrino i cielo, ed esulti la tena: e tutto il popólo della repubblica 
stato ñnora in una grande afflizione pe' vostri benefici intiussi divenga 
ridente e [estoso. 

La traducción del cuerpo va según el orignal latino del Santo. 



HISTORIA DE ESPAÑA. 1 85 

Otras veces, quando Dios misericordioso determina recrear con 
sus favores los ánimos de los tristes, levanta á la cumbre del im- 
perio á uno, por cuya misericordia infunde en el animo de todos la 
gracia de la alegría y del júbilo. De la abundancia deste alborozo 
creemos que seremos colmados los que celebramos que la benignidad 
de vuestra piedad haya sido ensalzada al trono. Alégrense los cie- 
los, regocíjese la tierra, el pueblo afligidísimo hasta ahora alégrese 
de vuestras benignas acciones. Sean comprimidos en el yugo de 
vuestro imperio los soberbios ánimos de los enemigos: sean alivia- 
dos con vuestra misericordia los atribulados y abatidos corazones 
de los subditos. 

Estas son las expresiones con que S. Gregorio celebra la de- 
posición y muerte de Mauricio, y la coronación de Focas: el 
abatimiento de uno de los mejores Emperadores, y la exaltación 
de uno de los mas malos. No me meto á examinar si lo hace por 
insultar á las cenizas del difunto Mauricio, y adular al recien co- 
ronado Focas, como hace Basnage; ni á pesar las razones con 
que lo defiende el Cardenal Orsi: no entro á averiguar la justicia 
con que el Santo colocó en el oratorio de S. Cesario las imáge- 
nes de Focas y de su muger. De Papa tan señalado en doctrina 
y santidad, y de sus acciones debo antes callar que por falta 
de pulso aventurar mi parecer. Solamente sujetándolo á la sabia 
censura de la Academia diré lo que pienso. 

Juzgo que el A. declara su apasionado ánimo en el modo con 
que defiende la Carta. Escusa á S. Gregorio de que alabe las be- 
nignas acciones de Focas, y de que anime el pueblo á que se 
alegre con ollas, no habiéndose hasta entonces señalado sino por 
la cruel muerto de Mauricio y de su familia, y por algunos do- 
nativos hechos á la plebe y soldados que lo aclamaron. Pero de 
que á Mauricio (que, según el A., era piísimo y mansuetísimo, y 
que si cayó en el yerro de sacrificar doce mil de sus soldados al 
furor de un Rey bárbaro, fue porque la divina providencia per- 
mite que sus escogidos caygan para que se levanten mas glorio- 
sos, como permitió el estrago de Tesalonica para hacer á Teodosio 
mas ilustre por su penitencia:) de que á Mauricio, digo, lo llamo 
el Santo opresor del pueblo, soberbio enemigo, y á su imperio 



1 86 BOLEXÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

yugo de la tribulación, á sus vasallos tristes, atribulados, abati- 
dos, afligidísimos: nada habla, nada dice: como si bastase para 
que fuese verdadera esta horrible pintura de su gobierno, el que 
hubiese hecho una ley que, aunque justa, pareciese al glorioso 
Pontífice contraria á la libertad de la Iglesia: y como si el Santo, 
quanclo expone al Emperador lo que en ella desaprueba, no usase 
del mayor respeto y de las palabras mas obsequiosas. 
- En varios lugares desta Historia se introduce á S. Columbano 
Abad aconsejando, reprendiendo, y ultrajando Reyes. En una 
parte, lib. 46 § 102, rogado de la Reyna Brunequilda que ben- 
diga á sus nietos, no quiere. En otra, lib. 46 § 192, convidado 
cariñosa y respetuosam. tr á cenar del Rey no acepta, y en agra- 
decimiento, cuenta el A. que hizo que á su voz se hiciesen pe- 
dazos los vasos y platos, y que los licores y las viandas se des- 
perdiciasen. En otra, lib. 46 n. 103, sacado por orden del Rey 
de sus dominios, no quiere obedecer, y se vuelve intrepidamenti 
al monasterio: v. lib. 46 n. 125. A todo esto da el A. ayre de 
zelo y de libertad apostólica, y lo autoriza con milagros. 

Se obstina el santo Abad en defender contra los Sínodos la 
celebración de la Pascua según la costumbre de la Iglesia de Ir- 
landa condenada muchos siglos habia por la Iglesia Universal; 
y encarga á sus monjes que perseveren aun á pesar de los Obis- 
pos en el uso que del habían aprendido (i). También esta perti- 
nacia se escusa lib. 46. § 129 con que eran preocupaciones de 
la educación, &c. 

Pero quando en el § 1 37 del lib. 46 refiere el A. que el mismo 
Santo ganado é informado siniestramente por los Cismáticos de 
Istria, escribió al Papa con la fortaleza que acostumbraba: dice (2) 
que se deseubre en la carta una santa, ó, por mejor decir una bár- 
bara y tosca libertad, con la qual no duda hacerse censor de los 



(1) Pag. 177: non dubitó di commendar loro che persistessero, ancora 
a dispetto de' vescovi, nell' uso che su di ció avevano da lui appreso. 

(2) Pag. 187: si scorge una santa, o per meglio diré una barbara, c 
rozza liberta, colla quale non dnbita di farsi il censore d'Papi, di con- 
dannare la loro condotta e di ammonirgli i loro pretesi doveri. 



HISTORIA DE ESPAÑA. 1 87 

Papas, de condenar su conducta y de advertirles sus pretendidas 
obligaciones. 

En todo esto se ve la parcialidad del A. que tacha á S. Co- 
lumbario de que con tosca y bárbara libertad se atreva á acon- 
sejar, censurar, condenar los Papas; y lo alaba de que con la 
misma aconseje, vitupere, y desobedezca los Reyes, que también 
son vicarios de Dios, y sus imágenes, puestos por él sobre la tie- 
rra para regirla en paz y justicia, y que de los vasallos sean aca- 
tados, reverenciados, y obedecidos: como si el santo Abad de- 
biera hacerse maestro y censor de los Reyes en términos y con 
modales que nunca usaron los Pontífices y Obispos, quando por 
razón de su ministerio espiritual lo juzgaron ó necesario ú 
oportuno. 

Debiera también el A. tachar mas el desobedecer á los Obis- 
pos y á los Reyes, que el aconsejar y censurar los Papas: y pro- 
curar infundir en los subditos de todas clases y condiciones que 
leyeren su Historia, el respeto, obediencia y sumisión que se 
debe á los Prelados y á los Soberanos. Esto me trae á la memo- 
ria aquello de Eusebio: Non probandi sunt historia qui se suam- 
que gentcm scmpcr in Capitolio locant; exteros vero et Jiostes suos 
sciupcr vituperant. 

En el núm.° 96 del lib. 46 refiere que Constantina, viuda de 
Mauricio, queriendo solevar el pueblo, y aclamar Emperador á 
su hijo Teodosio, huyó de la prisión en que Focas la tenía en- 
cerrada, y se refugió en la iglesia mayor de Constantinopla. In- 
dignado Focas, dice el A. (1), de este atentado, mandó á sus mi- 
nistros que la sacasen por fuei'za del sagrado templo. Pero oponién- 
dose fuertemente el Patriarca Ciríaco á un atentado con que pre- 
tendía violar la inmunidad eclesiástica, fue preciso que Focas pro- 



(1) Pag. 139. Foca sdegnato di questo loro attentato ingiunse a' suoi 
ministri di estraerla a forza dal sacro tempio. Ma essendosi il Patriarca 
Ciríaco validamente opposto a un attentato, col quale si pretendeva di 
violare 1' immunitá ecclesiastica, fu necefsario a Foca di venire a patti, e 
di giurare, che per tal motivo non avreble fatto loro soffrire alcuna vio- 
lenza. 



1 88 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

metiese y jurase que por este motivo no la haría padecer violencia 
alguna. 

Aquí el A. llama hacer violencia á la Iglesia y quebrantar su 
inmunidad, sacar della á Constantina tramadora de rebeliones y 
autora de tumultos: y dice que no consiguió Focas el sacarla sin 
permiso del Patriarca. No advierte que el privilegio de la inmu- 
nidad no es de derecho divino ni natural: que se debió antes á 
los Emperadores que á los Pontífices, como dice D. Josef de 
Ledesma: que por esto dixo el Rey D. Alonso tratando indivi- 
dualmente desta inmunidad local: Previlejos e grandes franquezas 
han las ¡iglesias de los Emperadores e Reyes: que el Concilio XII 
de Toledo para mandar que ninguno sea osado á sacar de la 
iglesia con violencia á los que se acogie7'en, ó residieren en ella, 
pone primero el consentimiento del Rey Ervigio. Dando á en- 
tender que en su mano estaba el dar valor, ó anular el decreto: 

-i 

asi como está en la de los Reyes el declarar que los privilegios 
y franquezas que conceden, no tienen lugar en ciertas circuns- 
tancias. Y sería por cierto cosa dura que los que dan las esen- 
ciones, no puedan, quando conviene, quitarlas, ni aun mediando, 
como aqui, la quietud y bien público. 

Si Pocas prometió no castigar con pena de muerte á Constan- 
tina, fue porque se había templado su rigor por la venerable in- 
terposición del Patriarca: asi como por la de otros Obispos ó se 
salvó la vida de los retraídos al templo, ó se dilató el castigo para 
tiempo en que ya hubiesen hecho penitencia; pero siempre reco- 
nociendo este beneficio por efecto de la misericordia de los Em- 
peradores, como se convence de S. Agustín y de San Am- 
brosio. 

En el § 83 del lib. 46 dice que el Emperador (i) schabía arro- 
gado el derecho de confirmar la elección del Papa. En donde se 
tiene por usurpación el justo derecho con que los Emperadores 
querían que el Papa, que tenía su silla en sus dominios, fuese 
persona de su aprobación y confianza: cosa tan arreglada á razón, 



(1) Pag. 120.1.a persona eletta in Pontífice doueva essere approbata 
dalT Imperadore, che si era arrógalo ¡] gius <li confermare la elezione. 



HISTORIA DE ESPAÑA. 1 89 

que aun hoy se requiere que sea de la de los Soberanos, por las 
justísimas causas que expusieron á Felipe II Fr. Diego de Yepes, 
y Fr. Gaspar de Córdoba, Confesores de S. M. y Príncipes: el 
P. e Acosta, el P. Mro. Fr. Juan Vicente y Monseñor Peña Audi- 
tor de Rota, en varios memoriales y consultas. Por esto también 
el A. nota en el § 57 del lib. 47 como cosa singular, que las ca- 
lamidades de Roma y las revoluciones de Constantinopla movie- 
ron al clero y al pueblo á consagrar el Papa sin esperar la con- 
firmación de Eraclio. 

En el § IIO del lib. 46 (i) dice que la autoridad de los Patriar- 
cas de Alejandría era tan grande, que podían publicar leyes, y 
poner penas gravísimas á los transgresorcs: que S. Juan Limos- 
nero puso la de confiscación de bienes á los que fuesen convencidos 
de haber vendido en los mercados públicos con pesos o medidas no 
cabales. Aquí debió advertir que si es verdadera esta relación de 
Leoncio, solamente por concesión de los Emperadores usaron 
los Patriarcas destas facultades, que por ningún otro título lo 
podían tener. 

En el § 130 del lib. 46 dice, que el Papa Bonifacio IV en una 
carta al Rey, clero, y pueblo de Inglaterra (2) amenaza con ex- 
comunión á los mismos Reyes sus sucesores si impidieren que en 
Cantorberi se conserve el orden monástico. De lo qual se ha de 
decir lo mismo que de la Carta de S. Gregorio, que amenaza con 
la privación del reyno á los quebrantadores de los privilegios de 
Autun. 

Y con mayor razón debemos los Españoles defender en este 
caso el decoro y esencion de nuestros Monarcas, los quales según 
los Concilios Toledanos no solo no eran descomulgados, sino que 



(1) Pag. 153. Estendendosi tant' oltrel' autoritá che avevano in questi 
tempi i Patriarchi d' Alessandria, ch'era fin loro permesso di publicare 
editti, e d' imporre gravissime molte a' trasgressori delle loro leggi, egli 
ne volle pubblicare uno, nel qual imponeva la pena della confiscazione 
de tutti i beni a coloro, &c. 

(2) Pag. 180. Minaccia gli stessi Re suoi successori della pena dell' 
anatema, se impediranno ch' in detto luego si conservi 1' ordine mo- 
nástico. 



I9O BOLETÍN DE LA. REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

hacían que los vasallos que lo habían sido, con solo volver á su 
gracia entrasen en la comunión de la Iglesia. Además de que las 
necesidades y utilidades della y del Estado han obligado siempre 
;i que los Reyes manden la traslación ó extinción de los monas- 
terios, según han creído conveniente: é impedirles el uso desta 
facultad sería quitarlos una regalía de que siempre han usado 
para común provecho. 

En el § 95 del libro 46 asegura que no habiendo podido con- 
seguir S. Gregorio ni Pelagio II, que los Patriarcas de Constanti- 
nopla dejasen el título de Patriarca Ecuménico, Bonifacio III (i) 
recurrió á Focas, cuyo decreto, dice el A., aunque emanado de tm 
juez incompetente, y de un Principe impío y malvado, tuvo tal 
fuerza por respeto á la justa causa que en él se defendía, que los obli- 
gó á dejar de usar aquel soberbio título. 

Aqui el A. en lugar de callar y disimular á Focas sus defectos, 
por haberse portado como verdadero y zeloso protector de la 
Iglesia perfeccionando con la poderosa autoridad de su ley lo 
que inútilmente habían intentado con su doctrina muchos Pon- 
tífices: lo llama juez incompetente, y fuera de propósito Principe 
impio y malvado, para que los letóres no se persuadan á que 
hizo cosa legítima y buena en favorecer con su poder la disci- 
plina: y se disminuya el concepto de lo que pueden los Reyes 
en materias eclesiásticas. 

En el § 31 del lib. 47 cuenta que estando amenazado el Egipto 
de una irrupción de Barbaros, S. Juan Limosnero Patriarca de 
Alejandría fue á Constantinopla para mover el ánimo del Empe- 
rador Eraclio á socorrer aquella ilustre ciudad; y que habiendo 
Eraclio enviado al Patriarca Nicetas para que cuidase de su de- 
fensa, este considerando el deplorable estado de la república, y 
que era necesario hacer gastos exorbitantes para mantener la 
guerra, determinó valerse de las riquezas de la Iglesia. Pero el 



(1) Pag. 138. Ebbe questo decreto, sebbene emanato da un giudice in- 
competente e da un Principe empio e scelerato, per riguardo alia giusti- 
zia della causa che vi si defendeva, tal forza che eostrinse alia per fine 
que' Patriarchi a cessare dall' usurparsi quel superbo titolo. 



HISTORIA DE ESPAÑA. 191 

Santo Patriarca, dice el A., (i) d la primera instancia que le hi- 
cieron, protestó altamente que no era justo que los bienes dados á 
Christo para alivio de los pobres, cayesen en manos de un Príncipe 
terreno; ni se podía hacer esto sin cometer un gravísimo sacrilegio. 

En esta narración el A. hace que el Santo se contradiga á si 
mismo. ¿Va á la Corte á buscar el socorro y amparo de sus ove- 
jas, y niega el que tiene en los tesoros de su Iglesia, que es el 
único recurso en tan deplorables circunstancias; y el darlo tiene 
por sacrilegio gravísimo? Hace también que contradiga á los sen- 
timientos de la Iglesia nuestra madre: la qual dice San Ambro- 
sio, tiene el oro no para guardarlo, sino para distribuirlo y socorrer 
necesidades. ,¿Pues qué? dice el Santo mas abajo ¿no preguntará el 
Señor porque se han llevado á vender tantos cautivos, á quienes 
porque no se redimieron dieron muerte los enemigos? Mejor fuera 
que guardaras los vasos de los vivientes, que los de metal. Aquellos 
son vasos ve?'daderamcnte preciosos, que redimen los hombres de la 
muerte. Aquel es verdadero tesoro del Señor, que obra lo que obró 
su sangre. Hasta aquí San Ambrosio. 

¿Como pues podía el santo Patriarca tener por sacrilegio gra- 
vísimo el que cayesen en las manos del Emperador los tesoros 
de la Iglesia que necesitaba tomar para defenderla de que los 
Bárbaros la saqueasen, abrasasen, y llevasen el clero y pueblo 
cautivos, y lo hiciesen apostatar de Christo, y adorar al Sol, como 
había amenazado Cosroes á Eraclio? lib. 47 num. 30. Sería mejor 
que por un mal entendido respeto se perdiese la provincia, y 
con ella la libertad y la Religión Christiana? Muy diversamente 
pensaron Eraclio y el Patriarca de Constantinopla, pues antes de 
abrir la campaña contra los Persas, viéndose el primero despro- 
visto de dinero acuñó la plata y oro de las iglesias y monaste- 
rios de Constantinopla, sin resistencia del segundo. 

Lo mismo hicieron los señores Reyes Católicos D. Fernando 



(1) Pag. 240. II santo Patriarca alia prima istanza che gliene fü fatta, 
protesto altamente non essere cosa giusta che i beni donati á Cristo per 
sollievo de' poueri, andassero in mano del Principe terreno, né potersi 
ció fare senza commettere un gravissimo sacrilegio. 



192 boletín de la real academia de la historia. 

y D. a Isabel. Xo tenían estos grandes Monarcas dinero para sos- 
tener la guerra comenzada, no contra Bárbaros que la hacían 
también á la Fe, sino contra el Rey de Portugal; y después de 
muchas pláticas habidas sobre las maneras de tenerlo, los del su 
Consejo, dice Antonio de Xebrija, dixeron que se debía tomar la 
plata de las iglesias. Y que nooviesen esto por cosa nueva ni grave: 
porque permitido era quando extrema necesidad (como esta) ocurría 
en los rey nos, que se suele tomar no solo la plata, mas los bienes y 
las rentas de las iglesias y de las cosas sagradas. Lo qual se avia 
hecho muchas veces en otros reynos y provincias: y aun se lee en la 
sacra scriptura que para las necesidades que ocurrían en íerusa- 
lem, no solamente se tomava el tesoro del templo, mas tomavan los 
ornamentos y las limosnas que se ofrecían para la fabrica, y para 
las otras obras pías, para remediar á las necesidades que ocurrían 
en la tierra. Porque aquel remedio también es para las cosas ecle- 
siásticas como para las seglares: porque no padezcan los males y 
dcstruiciones que de las guerras se les siguen. Después feuescida 
aquella necesidad los buenos Reyes restituían lo que tomavan del 
Santuario... El Rey y la Reyna oídas estas razones, parescioles 
grave cosa tocar los bienes de las iglesias. Pero considerando su 
necesidad, y conoscido que á los prelados y clerecía placería dcllo, , 
acordaivu que se tomásse solamente la meitad de la plata de las 
iglesias, y la otra meitad quedasse para el servicio y culto divino, 
con obligación que ficicron de la pagar. 

En el § 144 del lib. 46 cuenta que San Lupo Arzobispo de 
Sens fue siempre del partido del Rey Teodorico, y contrario al 
de Clotario: que quando las tropas de este atacaron su ciudad la 
defendía dellas; y que quando Clotario, apoderado de todo el 
reyno, envió por Presidente de Sens á Farulfo, todos los de la 
ciudad fueron a prestarle omenaje, menos el santo Arzobispo: y 
que ofendido mucho Farulfo desta omisión, el .Santo (i) le hizo 
saber que la obligación de un Obispo era gobernar el pueblo, y ense- 



(1) Pag. 196. Fece intendere: che il douere di un Vescovo era di gouer- 
nare il popólo e d' insegnare a' Grandi i eomandamenti di Dio, e che to- 
caya a Farulfo a venire in persona a ritrovarlo. 



HISTORIA DE ESPAÑA. 1 93 

ñar á los Grandes los mandamientos de Dios: y que tocaba á Fa- 
rulfo ir en persona á verlo. Las mismas obligaciones tenía S. Am- 
brosio, y nunca rehusó ir al palacio de Teodosio, sino quando 
con su retiro pensó disponerlo á llorar la miserable carnicería de 
Tesalónica. 

Si á grandes y á chicos debía san Lupo enseñar los manda- 
mientos de Dios, que manda que respetemos la soberana dispo- 
sición con que traslada los imperios, y ordena que lo honremos 
en nuestros superiores: no sé qué quiere el A. que les enseñe, 
contando que no fue con los demás á prestar omenaje á un Go- 
bernador que llegaba á tomar posesión de una ciudad recien 
conquistada por un Monarca á cuyos intentos se había antes 
opuesto vigorosamente. 

Otras muchas cosas de esta clase podrían advertirse; pero se 
pasan en silencio, para que este juicio no forme un libro. Por 
todas ellas se convence que este tom. I.°de la continuación está 
escrito con el designio que el mismo Trad. confiesa en su Pre- 
facio, de establecer las máximas y sistema de la Corte Romana 
en las disputas de jurisdicion entre el Sacerdocio y el Imperio, 
aplicando e interpretando diestramente los hechos á favor della. 

Pero no puede omitirse lo que el mismo Trad. dice, el qual 
no solamente no abandona estas máximas, sino que las apoya, y 
contradice á las de nuestra nación y de sus magistrados, y pre- 
tende que los lectores las abracen, pues en el Prefacio trahe estas 
palabras: «Nuestros Escritores siempre han estado uniformes en 
»la mayor y principal parte a favor del modo de pensar de los 
^Romanos como lo demuestra el D, r Yermo, que después fue 
»Arzobispo de Santiago, en su libro intitulado Defensio Cathedrce 
»Saneti Petri: sin que se oponga á esta uniformidad el Itl. mo Abú- 
cense ni el docto Castro, como se puede ver en el mencionado 
»libro: y fuera agraviar á nuestros mayores no seguir su unifor- 
»midad en su modo de pensar». Asi el Trad. 

Fácil sería probar que nuestra nación desde que hay memo- 
rias de la Iglesia de España, ha sabido unir siempre un sumo 
respeto y obediencia á la Silla Apostólica con la mas constante 
resistencia á las opiniones de la Corte Romana: lo qual consta de 
tomo xlii. 13 



194 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

muchos testimonios y Escritores, y señaladamente de los Espa- 
ñoles que concurrieron á los Concilios de Constancia, de Basilea, 
y de Trento, y no solamente del Ut. rn " Abulense y del docto 
Castro. 

Es verdad que muchos de nuestros autores han sido de con- 
trario parecer; pero á este flaco argumento se satisface con lo 
que Antonio de Herrera sobre la fé de otros refiere: «Que una 
»nave de mercaderes Cartagineses acaso descubrió en el mar 
»Oceáno una isla de increíble fertibilidad, copiosa de rios nave- 
»gables, remota de la tierra, camino de muchos dias de navega- 
ción; no habitada de hombres sino de fieras: por lo qual se 
»quisieron quedar en ella. Y que dando noticia en el Senado de 
»Cartago, no permitió que nadie navegase á ella; y para mejor 
»prohibirlo mandó matar á los que la habían descubierto.» 

Muchos temerosos de castigo semejante no se atrevieron á es- 
cribir; y si escribieron, fue infructuoso su trabajo, recogidos y 
prohibidos sus libros: con lo qual, como se quejaba Felipe IV de 
los autores modernos, apenas se halla ninguno que no favorezca 
las opiniones de los Romanos. La misma queja repite Salgado, 
que sabía esta verdad por propia experiencia. 

Todo el rigor que usan contra quienes contradicen sus máxi- 
mas, se convierte por el contrario en dulzura, alabanzas, y pre- 
mios de los que las promueven. De lo que ha habido siempre y 
tenemos mas pruebas que quisiéramos y fuera justicia. 

Destas causas proviene que muchos AA. hayan abrazado y 
seguido las opiniones de la Corte de Roma contra la intención de 
nuestros Soberanos, que desearon siempre y mandaron que se en- 
señen y defiendan los derechos de su Real corona. 

Hánoslo enseñado la experiencia en la Bula de la Cena: pues 
estando suplicada siglos hace, y mandado que no pasase ni tu- 
viese autoridad, no dejaron muchísimos Prelados y Escritores de 
defenderla y publicarla contra razón, contra derecho y contra la 
obediencia debida al justo mandamiento de superior legítimo. 

Por lo qual, asi como á este abuso remedió el Consejo reno- 
vando la prohibición, asi también convendría que remediase los 
graves daños que nacen de dar licencia para que corran los li- 



HISTORIA DE ESPAÑA. 1 95 

bros en que se sientan, aprueban, ó defienden las máximas de la 
Corte Romana. Y si el Traductor aprueba en su Prefacio la sen- 
tencia que se dio en Roma que no debía permitirse que se im- 
primiese la Historia de Fleuri, porque contenía máximas y dis- 
cursos opuestos al modo de pensar de los Romanos; tampoco 
debe aprobar, ni debemos los Españoles permitir que se publi- 
quen libros opuestos á las máximas y derechos de nuestros So- 
beranos. 

Felipe IV en Cédula al Cardenal de Borja su Embajador en 
Roma le dice: De la misma suerte que su Santidad pretende defen- 
der su jurisdicion, no ha de querer que la mia quede indefensa, 
sino que corra con igualdad; y así diréis á su Santidad que si 
mandare recoger los libros que salieren con opiniones favorables á 
la jurisdicion seglar, mandaré yo prohibir en mis reynos y seño- 
ríos todos los que se escribieren contra mis derechos y preeminen- 
cias Reales... y que tenga entendido se liará con efecto. 

En vista desto, lá Academia, que tiene su mayor lustre en la 
soberana protección y amparo de los Reyes nuestros señores, 
resolverá si para la defensa de los derechos de su corona convie- 
ne que se publique ó no este tomo I de la Continuación de una 
Historia escrita conforme al modo de pensar de los Romanos, 
que entre otras cosas apoya Que los Reyes pueden ser depuestos 
por el Papa, desobedecidos con título de zelo y libertad apostó- 
lica: Que no pueden moderar, ni quitar los Asilos; ni trasladar, ó 
extinguir los Monasterios; ni valerse en las necesidades extremas 
del Estado del tesoro de las iglesias sin sacrilegio gravísimo: Que 
los Patriarcas de Alejandría podían hacer leyes en materias tem- 
porales, imponiendo penas pecuniarias. 

La Academia determinará si se ha de aprobar que llegue á 
manos de todos un libro que dice: Que Mahoma enseñó á los 
pueblos que sujetaba, un solo Dios verdadero: Que una imagen 
hecha con intención de robar mereció que un Santo, conocién- 
dola, la bendijese: Que una limosna mal hecha pesó en la balan- 
za de Dios mas que muchos pecados: Que el fruto de un conti- 
nuo ilícito comercio es fruto de vida, fruto de las oraciones de 
los santos, y prosperidad de la Real familia. 



I96 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

[ [emos propuesto lo que hemos advertido acerca de la Instruc- 
ción que en orden á la Religión y al Estado da este tomo. Dire- 
mos ahora acerca de la Narración, ciñendonos á la sola tra- 
ducción. 

El señalar los tiempos y los lugares, que pertenece á la Cro- 
nología y Geografía, llamadas los dos ojos de la Historia (y que 
yo llamaría las dos Antorchas) es tan necesario para informar 
bien de los sucesos como lo es la luz para caminar por sendas 
ásperas y desconocidas. Por esto el Continuador Italiano ha se- 
ñalado cuidadosamente los años á la cabeza de cada pagina; 
pero el Traductor en este tomo I de la Continuación se ha des- 
cuidado. 

Es también de notar la equivocación que padecen el A. y el 
Trad. lib. 47 § 84 (i) en decir que egira significa persecución, 
quando todos la han entendido siempre y con razón por huida. 

En señalar los lugares alguna vez ha sido omiso el Trad. En 
el lib. 47 § 149 omite el sitio en que S. Eloy fundó su convento 
ó colegio de Niñas, que fue en Paris. Pero las mas veces los ha 
señalado, aunque con tanta alteración que casi se desconocen. 
A la Iglesia de la Santísima Virgen que llamaban en Constanti- 
nopla de las Blaquernas llama de las Balchernas, lib. 46 § 12. A 
la ciudad de Laon llama Lion y León lib. 46 § 42, 145. A Turs 
unas veces Turón (§ 44 lib. 46:) otras Tour (§ 20 lib. 47.) A 
Chalón, Scialon (§ 49 y 131, lib. 46) y Escialon (§ 104, lib. 46). 
Por decir la Iglesia de Diocléa, dice: la Iglesia de Oclca, y de 
Ocle (§ 54, lib. 46). Del Papa Bonifacio IV dice (lib. 46, § 108), 
que (2) era hijo de Juan, Medico de la cmdad de Valeria en Mar si, 
en lugar de decir: en el p ais de los Marsos, pues esto dice el Ita- 
liano: ne' Marsi. Y aunque no lo dijera, debría no ostante enten- 
derse. Porque de la ciudad que antiguamente hubo con silla 
episcopal llamada Marsi, y de la que hoy hay en el Abruzo ul- 



(1) Pag. 308. Questa época viene da loro chiamata egira, cioé persecu- 
zione. 

(2) Pag. 150. Bonifacio IV figliuolo di Giovanni medico della cittá di 
Valeria ne' Marsi. 



HISTORIA DE ESPAÑA. 1 97 

terior, no puede decirse que en ella estuvo la ciudad de Valeria, 
sino en el pais de los Marsos pueblos de Italia junto al lago de 
Celano, diversos de otros que había en la Gemianía y venció 
Cecina, como refiere Tácito. A los Saxonés, y Anglo-Saxones los 
nombra Sasoues y SalsoJies: Anglo-sasones, y Anglosalsones 
(lib. 46, §§ 4, 84, 85, 87. sigg.) Al monasterio de Luxcuil llama 
siempre como en italiano, de Lusonio. 

Haciendo mención del Concilio de Huesca, la llama Huesear 
añadiendo una letra: hablando de Egara, hoy S. Pedro de Terra- 
sa, la llama Egar quitando otra: y á Gerona llama Girona mu- 
dando otra; que es notable alteración en ciudades conocidas de 
España, y en un solo §, que es el 23 del libr. 47. Refiriendo lo 
que el cap. 1 76 del Prado Espiritual de Mosco habla de Asea- 
Ion ciudad de Palestina, y de su Obispo Dionisio, la llama Es- 
calona (§ 39 y 40, lib. 47). A Rúan, ó Roan llama Roueu (§ 25, 
lib. 47). 

A la batalla dada junto al lugar cilio de Domicilie (presso alia 
térra di Domicilie) la cuenta dada en el pais de Dormeille (§ 47, 
lib. 47). En el§ 85 del lib. 47 dicen el A. y el T. que Medina quiere 
decir Ciudad del Profeta, significando en arábigo Ciudad solamen- 
te;- pues cuando quieren llamarla del Profeta, dicen: Medinah al 
Nabi (i). Para decir, que al Concilio de Reims concurrieron en- 
tre los Obispos de otras provincias los de las cinco Lugdunen- 
ses, dice: Los de las Leonesas (§ 99, lib. 47). A Surges en un 
sólo § (que es el loo del lib. 47) llama Burges, Burgués y Bur- 
gos. A la plaza del Buey que habia en Constantinopla, llama 
en italiano la plaza del Boue (§ 1 1 5, lib. 47): y á la muralla 
larga ó grande de la misma ciudad nombra tam. n en italiano 
muro longo (§ 1 19, lib. 47). 

Lo mismo que he dicho de los nombres de los pueblos y pro- 
vincias, debe decirse de la equivocación con que pone los de las 
personas. Porque unas veces les da nombres que no tienen, como 
el Obispo de Egabra ó Cabra lo (§ 59 del lib. 47) Aniano, quando 



(1) Pag. 308. Iatreb chiamata poco dopo Medina, cioé cittá del Pro- 
feta. 



I98 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

este es el nombre del Diácono Egabrense que en el Concilio II 
de Sevilla refirió á los Padres el exceso de su Obispo, de quien 
no consta el nombre en el canon 5-° de dicho Concilio, de donde 
el A. y el T. lo tomaron equivocado. 

Otras veces omite el Traductor los que trahe el original: v.g. 
lib. 46, § 8, habla do la señora Gurdia y de su hija Teotista; y el 
T. calla el nombre de la última. En el § 29 el original da el 
nombre de Godescalco al yerno del Rey Agilulfo; y el T. se lo 
quita. 

Otras veces los deja en el traje y figura italiana. A Focas, Ni- 
cetas, Raquis, Rotaris, Narsetes, llama siempre Foca, Niccta, Ra- 
qui, Rotari, Narsete, cotra el genio y costumbre de nuestra len- 
gua, que no capa las palabras. Dice Sccondo 6 Secuudino por vSV- 
gnudo ó Segundino (§ 32). Fiorentino por Florentino (§ 5°)- 
Ottato por Opiato (§ 66). Minóse por Minos (§92). Lupone, Gun- 
zone, Adone, y Dadone por Lupon, Gunzon, Adon,y Dadon (§43, 
136, 148). S. Eligió por S. Eloy (§ 149). 

Otras veces los altera y desfigura; y esto frequéntemente. A 
Teofanes llama Teofano (§ 21). A Launoi, Latino gio, y á Maim- 
burg, Mariembnrg (§ 44). Citando los Monjes San Martanos, dice 
los Monjes de S. Martin (§ 49). A Jaime Folquerio, escritor del 
siglo iv, Jacobo Porquerio (§ 79). A Constantino Pogonato llama 
Pabonato (§ 74 del lib. 47). Y (§ 1 8 1, lib. 47) al Rey Eurico, En- 
rique; y por la raza de los Carlovingios dice de Carlovingio, 
como si este fuera el nombre del tronco della. 

También se equivoca en la explicación de las dignidades y 
cargos antiguos. A quien el original llama Duque ó Capitán Ge- 
neral, el Traductor llama Capitán 6 General (§ 5, lib. 46) como 
si fueran nombres diversos. Al que nuestros Escritores llaman 
Conde Espatario ó de los Espatarios, da el nombre del primero 
de los Escuderos (§ 7); y al Curopalata, que es Mayo7'domo Ma- 
yor, llama Gefe ó Mayordomo mayor (§ 7), como si Gefe fuera lo 
mismo que Mayordomo mayor ó Curopalata. De San Juan Teleo- 
nario dice (§35) lib. 47) que huyó porque no lo volviesen á su 
primer empico de Sellador de moneda, en lugar de decir: arrenda- 
dor ó administrador de rentas Reales; que esto significa Finan- 



HISTORIA DE ESPAÑA. 1 99 

ziere (i). Al Comandante del Ejército llama Conductor (lib. 47, 
§ 1 3 1 ) porque es en italiano Condottier e . 

Algunas antigüedades que debiera aclarar, las hace mas desco- 
nocidas con las palabras que usa é inventa para explicarlas. Dice 
(libro 46, § 115) que Sto. Tomás de Constantinopla fabricó el 
gran Triclinio, que de su nombi'e se llamó Tomaite: dejando la 
mayor parte de los letores en la necesidad de recurrir al latin 
para entender que es Triclinio. Hablando (lib. 47, § 19) de Santa 
Sopatra, dice que se celebra su fiesta asi en el Martirologio Ro- 
mano, como en los Meneos de los Griegos, en lugar de Menologios: 
aunque luego (§ 1 1 5) se arrimó algo mas á la verdad diciendo 
Monologio. De la misma Santa dice que es lustre y ornamento de las 
tablas eclesiásticas, por de los catálogos de los Santos. Dice el origi- 
nal (§ 33) q ue á S. Juan Limosnero regaló un Noble doscientos 
mil modios de trigo; y el Trad. sin .tomarse el trabajo de cotejar, 
dice en general: doscientas mil medidas: que pueden entenderse 
grandes, medianas, pequeñas: v.g. cahíces, fanegas, celemines, 
quartillos, ó aludes. Refiere (§ 160, libro 47), que el Rey Sise- 
nando por no privarse del vaso de oro que Aecio habia regalado 
á Turismundo, dio á Dagoberto doscientos mil sueldos de oro, que 
reducidos á nuestra moneda componen cerca de medio millón de 
escudos Romanos. En donde llama el Trad. moneda nuestra á la 
Romana, dejando los letores en casi la misma obscuridad, pu- 
diendo con poca fatiga reducir la moneda de Roma á reales ó 
maravedís, ya que no quisiese entrar en la dificultad de reducir 
los sueldos de oro. 

Pero parece que el Trad. no cuida tanto del bien de su patria 
como el Autor del de la suya; porque Jiabiendo este en el § 171, 
lib. 47, cotejado la moneda antigua de los Romanos con la mo- 
derna de Florencia, en donde escribía, el Traductor por no ata- 
rearse á hacer el mismo cotejo reduciendo ó la antigua Romana 
ó la Florentina, á la Castellana, deja sin traducir mas de 1 4 li- 
neas enteras. En lo cual es muy culpable: porque ademas de no 



(1) Pag. 245, nella sua prima carica di Finanziere. 



200 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

ser fiel en la traducción, deja con este descuido los letores en la 
ignorancia del valor de las monedas antiguas: cosa muy necesa- 
ria, como él mismo y el Autor confiesan al principio del dicho §, 
para entender la gravedad de las penas establecidas en las leyes y 
monumentos destos siglos, de que habla. Inútil ha sido para que 
el Trad. instruya sus letores, la docta fatiga de muchos naciona- 
les que en todos tiempos han escrito con acierto sobre la reduc- 
ción de las monedas antiguas. Mayor provecho nos han procu- 
rado los mejores traductores nuestros, que no solo no omiten lo 
que trahe el texto original, sino que con escrupulosa diligencia 
notan ya en el cuerpo de la obra, ya en la margen, quanto puede 
aclarar las antigüedades. 

En el § 1/3 para explicar la prueba ó examen que se hacia en 
aquellos siglos por medio del hierro encendido, usa destas nue- 
vas y elegantes palabras: lo aspergiaba (l) con agua bendita... y de- 
bía el acusado tomar en la mano el hierro rojo: en lugar de hierro- 
enalbado, encendido, hecho ascua, que en italiano es rovente. En el 
§ 178, cuyo epígrafe debe ser en castellano Escrituras públicas; 
pone Cartas públicas (2). Y hablando en él de las formalidades 
con que se celebraban los contratos, dice el original que el com- 
prador de una tierra tomaba un puñado della &c. y esto se lla- 
maba scotazione de la palabra alemana scot que significa tributo, 
y el Traductor deja en su mismo ser italiano el scotazione, como 
si no tuviera correspondiente en castellano. En el mismo §, á las 
que el original llama manumisiones (3), llama el Traductor Le- 
tras de cambio. 

Pues de los muchos hechos que en traducción ó se varían, ó se 
cuentan al revés de como los trae el original, solo pondré algunos. 

Lib. 46, § 3, hablando de una carta de S. Gregorio á Teotista, 
dice el original: parece que el Santo supone que esta gloriosa mu- 



( 1) Pag. 396, aspergeva il ferro coll'acqua beneik-tta... l'acusato doueva 
prendere in mano quel ferro rovente. 

(2) Pag. 401. Carte publiche. 

(3) P a g- 4° 2 i manumissioni. 



HISTORIA DE ESPAÑA. 



ger era como directora (i) de espíritu de la Emperatriz. Y el Tra- 
ductor: era tan buena como su directora. 

§ II, dice el original, que se sospechó que Comenziolo hubiese 
de intento sacrificado el ejército (2): y el Traductor deja la cir- 
cunftancia de haberlo hecho de intento. 

§ 13. San Teodoro profetiza que después de la muerte de Mau- 
ricio vendrán más desgracias, que nuestra edad no teme, no ima- 
gina (3): y el Trad. dice: que nuestra edad 110 tiene presentes. 

§ 15. Hablando Mauricio á su cuñado Filipico (4): he sospe- 
chado de tu lealtad, y me has sido persona desagradable; traduce: 
y ya me hallo pesaroso. 

§ 43. El original (5), la iglesia de Autuu de que era Obispo el 
venerable Siagrio, fue la que dio ocasión á S. Gregorio. Y el 
Trad.: la iglesia de Autuu dio ocasión á S. Gregorio: dejándose 
la importante noticia del Obispo. 

§ 44. En lugar de decir que los violadores de un privilegio se- 
rán descomulgados, si no procuran hacer condigna penitencia (6); 
traduce: continua penitencia, que es pena mas grave. 

El § 64, que comienza (7): Víctor que regía ó gobernaba la 
iglesia de Palermo; traduce: que reynaba en la iglesia de Palermo. 

§ 71 j pintando el deplorable estado de la salud de S.Gregorio, 
dice el original (8): ni pudiendo ya la debilidad de su cuerpo re- 
sistir á la fuerza del mal, ni vencer la violencia de sus dolores, y 
traduce: no pudiendo mas resistir á la debilidad de su cuerpo por 
la fuerza del mal, y exceder la violencia de sus dolores. 



(1) Pag. 6, Pare, che supponga esser ella come la sua direttrice. 

(2) Pag. 20, non senza sospetto d'essere stato a bella posta sacrificato 
dallo stesso suo duce. 

(3) Pag. 24, dopo di lui sopraverranno molto pui gravi sciagure, che 
1' etá nostra non atiende. 

(4) Pag. 26, ho sospettato della tua fedeltá, e mi sé stato aplacente. 

(5) P a g- 7 1 . I a chiesa d'Autun, della quale era vescovo il venerabile 
Siagrio, fu quella &c. 

(6) Pag. 73, le lacrime d' una condegna penitenza. 

(7) Pag. 99, Vitore, che reggeva la chiesa di Palermo. 

(8) Pag. 108, ne potendo omai pui la debolezza del suo corpa resistere 
alia forza del male, e superare la violenza de suoi dolori. 



202 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

§ 98, dice el original que Focas era el blanco ó el objeto de la 
divina venganza (i); y el Traductor: debía ser castigado de la di- 
vina justicia. 

§ 120, dice el original que (2) Eraclio juntamente con su mu- 
ger Eudoxia, á quien antes habia declarado Augusta, fue coro- 
nado por Sergio Patriarca de Constantinopla. Y el Tracl. tras- 
torna así: fue coronado junto con su muger Eudoxia, á la que an- 
tes Sergio Patriarca de Conftantinopla declaró Augusta. 

§131, dice el A.: los Lo ngob ardo s por justo juicio de Dios co- 
menzaron á padecer quantos males habían ellos causado á la infe- 
liz Italia. (3). V el Traductor: empezaron á sufrir todos aquellos 
males que cayeron sobre la infeliz Italia. 

§ 144, dice el original: vio que las tropas de Clotario venían á 
atacar su cuidad ed Seus (4). Y el Traductor: iban á tomar po- 
sesión. 

Lib. 47, § 17, señalando los primeros que engañó Mahoma y 
se empeñaron en defender su doctrina, dice el original: estos fue- 
ron Zeid su cunado y primohermano, y Alí, que después fue su 
yerno casándose con su hija Fatima (5). Y el Traductor: estos 
fueron Zeid su cuñado, y sobrino Alí, &c. en lo que comete la 
falta de no poner por primohermano á Zeid, y la de hacer á 
Alí su sobrino. 

§ 133, explicando la patria y origen del Beato Pipino, dice el 
original que los llaman gloria y ornamento délos Teutónicos, sien- 
do tal por su linage, y por su nacimiento (6). Y el traductor: sien- 
do tal por lengua ge, &c. 

§ 169, hablando de las penas el original dice: que si el ofensor 



(1) Pag. 140, era divenuto il bersaglio della divina vendetta. 

(2) Pag. 165, su corónate, insieme colla sua moglie Eudocia da luí 
prima dichiarata Augusta, da Sergio Patriarca di Constantinopnli. 

(3) P a 8- I ^°' P er giusto giudicio di Dio cominciarono a soffrire tutti 
que'mali che app irtati avevano all' iníelice Italia. 

(4) Pag. 196, vidde le truppe di Clotario venire ad attacare la sua cittá 
de Sens. 

(5) P a 8- 221 - Questi íurono Zeid suo cognato e cugin germano, e Ali, 
il quale divenne suo genero eolio sposar suafiglinola Fatima. 

(6) Pag. 358, essendo tale per legnaggio, e per nazione. 



HISTORIA DE ESPAÑA. 203 

era persona libre, debía el ofendido contentarse con la composición 
d que sus fuerzas alcanzasen (i). Y el Traductor dice que podía 
contentarse: como si le quedase libertad para no hacerlo. 

§ 172, dice el original que entre los Bárbaros el absolver, ó- 
condenar las personas todo se hacia brevemente, sobre la marcha (2). 
Y el Traductor: todo se practicaba estando todos presentes. 

§ 163, dice el original que Teodosio y Justiniano /#r¿z formar 
sus códigos se valieron del trabajo, ó lo hicieron por obra de los 
mejores Jurisconsultos de sus tiempos (3). Y el Trad.: se sirvieron 
de las obras de los mejores Jurisconsultos. 

§ 173, ayunar y orar tres días (4), traduce: estarse tres dias 
ayuno en oración: que es algo mas trabajoso. 

Esta libertad del Traductor en alterar los pensamientos del 
Original hace esperar, que suelto de la .dura ley de atarse á la 
letra, usara de castizas y elegantes expresiones; pero no es así: 
toda la obra está ílena de improprias y malas maneras de hablar, 
de las que apuntaré algunas. 

En la Dedicatoria á su Santidad para decirle con el Original 
entre otras cosas, que tina generosa índole, un corazón tierno, un 
genio agudo, eran las prendas con que lo adornó la naturaleza (5), 
dice: una noble índole, un buen corazón, un ingenio agudo eran 
vuestra herencia. 

Dice mas abajo (6): la Historia eclesiástica, en la cual tuvisteis 
tan grandes adelantamientos. 

Para decir como el Autor conoce que no ha puesto primor 
alguno por el cual merezca esta obra publicarse, dice: conociendo 



(1) Pag. 392, se poi egli era una persona libera:: :doveva l'offeso con- 
tentarsi di quella composizione, alia quale le fue forze potevano arrivare. 

(2) Pag. 395, si assolveva, o condannava la persona, e tutto si faceva 
quasi su due piedi. 

(3) P a g- 385, nel compilare i loro codici si erano serviti delle opere 
d' migliori Giureconsulti de' loro tempi. 

(4) Pag. 396, passare tre giorni in digiuno, e in orazione. 

(5) P a &- VI > una nobil índole, un cuor tenero, un spirito pronto, un in- 
gegno acuto erano il vostro retaggio. 

(6) Pag. xv, la Storia ecclesiastica, nella quale faceste giá si gran pro- 
sressi. 



204 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

que no he dado á esta obra alguna estimación que ¿a haga dig 
na, &c. (i). 

En el lib. 46, § I, por decir que San Gregorio habló proféti- 
camentc, dice: habló de Profeta (2). 

§ 4, á las personas devotas llama personas de bien (3). 

§ 6, por les da el parabién, dice: se alegra con ellos; que es ale- 
grarse en su compañía (4). 

§ 9, por decir: se halló en peligro de morir, dice: se halló en 
gran peligro de vida. 

§ 13, dice: privados del numero de los vivientes por quitados, ó 
muertos. 

§ 65, y lib. 47 § 58, tr -ahe jus eclesiástico y jus del asilo, por 
derecho. 

§ 138, dice que el rio Trebia es célebre por la derrota que en 
él consiguió Sempronio de las armas de Aníbal. Conseguir derro- 
ta por recibirla. 

§ 28, dice que Focas podría tomar una sonora venganza. § 3, 
lib. 47, que Dios castigó los bárbaros con tina sonora venganza. 
§ 41, lib. 46, castigos sonoros por ruidosa venganza, famosa, &c. 
Y § 69, lib, 47 repite la sonora venganza. 

§ 62, para decir que S. Gregorio se alegró de que muchos 
volviesen á la Iglesia, dice: tuvo gusto... con el retorno que mu- 
chos hacían a la Iglesia. 

§ 73, en los elogios que S. Isidoro y Paulo Diácono forman 
de S. Gregorio, traduce asi entre otras cosas: estuvo tan repleto 
de la compunción del temor de Dios: este habitáculo del Espíritu 
Santo. Y lib. 47, § 4, repletos de celestial caridad. 

§ 120, dice: venía á desmembrar el imperio de sus mas bellas 
provincias (5): como si el todo pudiera desmembrarse de las par- 



(1) Pag. xvi, conoscendo di non aver dato a quest' opera alcun pregio, 
-che la renda degna, &c. 

(2) Pag. 2, Parlo il santo Pontefice da Profeta. 

(3) Pag. 8, persone dabbene. 

(4) Pag. ii, si rallegra con essi. 

(5) P a 8- '66, venivá a smembrare dall' impero le piu belle provincie. 






HISTORIA DE ESPAÑA. 205 

tes: en el lib. 47, § 76, trahe bien: ¿as provincias desmembradas 
del imperio. 

§ 126, dice: si se quita el enemigo, también se quita la pugna: 
por batalla, pelea. 

En el libr. 4/ § 37, por una invasión ó irrupción (i) de los 
bárbaros dice: una intrusión. 

§ 93 1 P or el resumen de su vida dice: el restrito de su vida; 
del ristretto italiano. 

§ 96, para decir que es difícil que la insinuación (il cenno) de 
tm Principe no se ejecute dice: no es difícil que la manifestación 
de un Principe no tenga efecto (2). 

§ 99, el canon 22 del Concilio de Rems que prohibe á los 
Obispos vender los vasos sagrados só pena de la suspensión de 
su oficio, lo refiere asi: en el 22 se prohibe á los Obispos la sus- 
pensión de su oficio, si vendiesen los vasos sagrados (3). 

§ 131, para explicar que á Dagoberto de una cuchillada le 
rompieron la celada (4), dice: un golpe de espada le derribó la 
celada. 

§ 1 36, por mandó qtte le quitasen la vida, dice: mandó que in- 
mediatam. u fuese privado del numero de los vivientes (5). 

§ 141, ocurrió á la oración, por recurrió (6), y § 149 ocurrían 
d su persona, por recurrían (7). 

§ 149, para decir que S. Eloy se alimentaba de las sobras ó 
relieves de la mesa de los pobres que recogía en su casa (8): se 
mantenía con las reliquias que les sobraban. 



(1) Pag. 248, un' incursione de' Barban . 

(2) Pag. 321, era difficile ch' il cenno di un Principe non íoíse ese- 
guito. 

(3) P a g- 325, vien proibito a' vescovi sotto pena della sospensioni dal 
loro uffizio il venderé i vasi sacri. 

(4) Pag. 356, un copo di scimitarra che gli spezzó ía celata. 

(5) Pag. 361, comando che fofse incon táñente messo a morte. 

(6) Pag. 365, ebbe ricorso alia orazione. 

(7) P a g- 37 1 , § 149. avevano a lui ricorso. 

(8) § 149, pag. 372, si cibava de' loro avanzi. 



20Ó BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

§ ióg, dice: Las leyes que dictó Dracon á los Atenienses, casi 
á todo delito añadían pena de muerte', por imponían (i). 

§ 172, si tenía el esófago tan largo que lo podía tragar, por 
tan ancho (2). 

8 175, por decir que las leyes tuvieron que poner remedio, 
dice: tuvieron que poner reparos (3). 

§ 1 76, trabajar en Dominica, por en Domingo. 

Vea pues V. S. I. si podrán los letores sacar fruto de una tra- 
ducción en que con tanta frequéncia se alteran y vician los nom- 
bres de los lugares, de las personas, de las dignidades y cargos 
antiguos: en que las antigüedades que se debían aclarar, se obs- 
curecen y hacen por la mala explicación mas desconocidas: en 
que se varían los hechos: en que todo se escribe sin elegancia y 
sin propiedad de lenguaje: todo con tan, mala ortografía como el 
proceso mas desaliñado. 

Ni crea la Academia que todos estos defectos son del Ama- 
nuense; ni espere que se corregirán por el Impresor, ó por la 
revisión del Traductor: porque en los tomos impresos se hallan 
los mismos descuidos, como seria fácil el mostrarlo, si no fuera 
molesto y prolijo. 

Esto es lo que deste tomo 1 de la Continuación de la Historia 
del Cardenal ( )rsi se ha entresacado para que la Academia juz- 
gue del mérito de la obra, y para que determine su publicación, 
(') supresión, con la debida madurez que acostumbra. Madrid y 
Octubre 23, de 1 772. 

D. Miguel de la Iglesia Castro. 



(i) § 169, pag. 391. Le leggi che dettó Dracone a gli Ateniesi, quasi 
ad ogni delitto aggiugnevano la pena di morte. 

(2) § 172, pag. 397, se egli aveva 1' esófago tanto largo da poterlo in- 
ghiottire. 

(3) § '75' P a §- 399> v ' dovettero mettere de' ripari. 



II. 

EPIGRAFÍA ROMANA DE ASTORGA. 

Laudable ha sido y ha de ser la instalación de las lápidas 
romanas en un local ó Museo público, á cargo y bajo la custodia 
de los Municipios, de las ciudades ó villas, donde tan preciados 
monumentos se descubrieren. Páginas auténticas y fundamenta- 
les de la historia de los pueblos, el que así las conserva instru- 
ye á sus moradores, y contribuye poderosamente al mancomu- 
nado estudio de nacionales y extranjeros. 

El Municipio de Astorga vio tiempo atrás, no sin sentimiento, 
cómo no pocas de aquellas preseas monumentales, luego que se 
descubrían se trasladaban á León, ó más lejos; y que las más de 
aquéllas á las cuales no había cabido la misma suerte, corrían 
peligro de menoscabo por estar expuestas al aire libre, algunas 
con acceso difícil y conveniente, y todas sin clasificación metó- 
dica. El deseo de proveer al resguardo de tan caras prendas de 
historia patria las tuvo largo tiempo incrustadas por la parte de 
adentro en un paredón, á uno y otro lado de las puertas de en- 
trada del paseo público, cuyo nombre de la Sinagoga excita do- 
lorosos recuerdos (i). Los más de los propietarios particulares 
se retraían de ceder ó depositar las lápidas romanas, para que 
así figurasen al descubierto; y los eruditos que daban cuenta de 
ellas en país extranjero, por ejemplo el sabio Hübner, no podían 
menos de reflejar en sus obras, leídas por todo el mundo, la in- 
grata impresión que aquello les producía. Ahora ya es otra cosa. 
Las lápidas, decorosamente expuestas en el Museo municipal, 
van aumentando su número con los nuevos descubrimientos y 
con la espontánea donación, ó depósito de confianza, que hacen 
los propietarios de ellas; en términos que hay que reformar por 



(i) Véase el tomo vu del Boletín, páginas 149 y 150. No se ha recogi- 
do aún, que yo sepa, ningún monumento de la- que fué poderosa aljama 
hebrea de NiVilDUN (Astorga). 



208 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

varios lados las descripciones, interpretaciones y copias difun- 
didas en todo el mundo sabio por el segundo volumen del Cor- 
pus inscriptionutn latinarum. 

A este nuevo estado se ajusta la Monografía intitulada Epigra- 
fía romana de la ciudad de Astorga, que nuestro antiguo corres- 
pondiente D. Marcelo Macías ha escrito y publicado en los nueve 
números del Boletín de la Comisión de Monumentos históricos y 
artísticos de Orense (i) desde el mes de Octubre de 1 901 hasta 
el actual de Febrero de 1903. Teniendo á la vista los monumen- 
tos originales, ó bien las más auténticas copias de algunos que 
se han perdido, el Sr. Macías hace la reseña de 58 inscripciones 
romanas, históricas de Astorga, casi todas halladas en esta ciudad, 
lia tenido en cuenta todos los escritos de Hübner sobre el asunto; 
ha examinado detenidamente en sus propios originales los epí- 
grafes que se conservan, notando las dimensiones, cualidad, es- 
tado, adornos artísticos y caracteres paleográficos; ha dado inter- 
pretación y explicación sobria, clara y razonada de los letreros, 
por manera que en adelante el Museo municipal de Astorga posea 
sobre este ramo de la historia patria cumplido esclarecimiento. 

Una inscripción insigne, que reflejaba el sincretismo del culto 
romano-helénico á Júpiter, y del pérsico al Sol invicto Mithras, 
en el decurso del siglo ni, se guardaba en el xvn en las casas de 
Ayuntamiento de la ciudad, y desapareció en la nueva obra que 
se hizo en el siglo siguiente (Hübner, 2634). Tres signos milita- 
res; ó quizá tirsos, y dos medias lunas al uno y otro lado del signo 
central, esmaltaban el exergo superior de la inscripción: 

I(ovi) o(ptimo) m(aximo), \ Solí invicto, Libero | Patri, Genio 
praetor(ii), \ O(uintus) Mamil(ius) Capitolinus \ iurid(icus) per 
Flaminiam \ et Umbriam ct Piceuum, \ leg(atus) Aug(usti) per 
Asturiam ct \ Gallacciam, dux leg(ionis) VII g(eminac) p(iae) 
fe(licis), I praef(cctus) acr(arii) Sat(urni), pro sahltc \ sua et 
suorum . 

Con esta inscripción, lastimosamente extraviada ó perdida, da 
principio el Sr. Macías á su reseña epigráfica. Expone discreta- 

(1) Números 22 y 30. 



epigrafía romana de astorga. 209 

mente la significación é importancia de cada uno de sus incisos, 
siendo muy de notar la explicación que hace del título de dux 
«jefe, ó caudillo del ejército sin mando territorial. Este cargo, 
creado á consecuencia de la separación de los dos órdenes civil 
y militar, empieza á conferirse en el reinado de Septímio Severo, 
y se le encuentra establecido ya de una manera general en el 
año 237 (i). El carácter puramente militar de dicho cargo res- 
ponde á la genuina significación de dux (d ducendo), jefe ó adalid 
que guía al combate. En tiempo de Constantino llamáronse 
duces (duques) los jefes militares que mandaban las tropas de una 
provincia». Quizá revolviendo los legajos de escrituras que hayan 
quedado, relativos á la obra de las casas de Ayuntamiento en el 
siglo xviii, se podrá seguir la pista de tan codiciada presa, ave- 
riguando el sitio donde fué á parar y se esconde. 

No sería menos interesante el indagar el paradero que cupo á 
la segunda lápida (Hübner, 2635), que reseña el Sr. Macías, y 
que fué redactada en el siglo iv con estilo muy parecido al de la 
primera : 

I(ovi) o(ptimo) m(aximo) \ [Fab(ius)] Aco(nius) Catullí \ ñus, 
vir consii | laris, praeses \ prov(inciae Callcciae, \ pro salute sua 
| suorumque \ omnium posuit. 

El examen ocular y atentísimo de la tercera (Hübner, 2643), 
que se halla en el Museo municipal, y mide 0,85 m. de alto por 
0,55 de ancho, ha procurado al Sr. Macías la ocasión de fijar la 
lectura del nombre del dedicante de la lápida, Truttedius Cle- 
mcns, proc(urator) Asturiae et Gallaeciae, á los Manes de su es- 
posa Marrinia Prócula, y de inferir «de la elegancia de los carac- 
teres que este epígrafe es probablemente del siglo 1». No indica 
Hübner las dimensiones de la cuarta (2642), ni las de la quinta 
(2638), que estuvo partida en dos pedazos, empotrados á bas- 
tante distancia uno de otro en el paredón del paseo público, y 
que ahora se ven convenientemente ajustados en el Museo mu- 
nicipal. Ambas inscripciones son asimismo de gran precio; porr 



(1) «Lampridio, Alex. 51. — Capitolino, en la Vida de Gordiano III, 
habla también de duces honorati.» 

TOMO XLII. 14 



210 BOLETÍN de la real academia de la historia, 

que en la cuarta se menciona Calpurnius Quadratus proc(urator) 
Angustí, y en la quinta sale nombrado un saccj'dos Romae ct 
Angustí ad I.ucum Aug(usti), flamen provincíac Hispaníae Cite- 
rioris, trib(unus) mil(iium) kg(ionis) I Italicae. Por igual tenor, 
en las demás que atesora la colección de Hübner, algo halla 
siempre el Sr. Macías que retocar ó que añadir de verdadero 
aprovechamiento. Véase, por ejemplo, cómo discurre acerca de 
los cuatro primeros renglones de la inscripción sexta (Hübner, 
2639): O(uiutus) Cumclhis \ Q(uhiti) [f(ilius) F\ab(ia) Cclcr 
Brac(ara) \ v(ctcranus) [l\cg(ionis) II Ad(iutricis) h(ic) s(itus) 
an(norum) LXXV. «Esta inscripción fué enviada por el insigne 
Jovellanos á la .Academia déla Historia (5, 1817, p. xn), y dada 
á conocer por D. José Ortiz, de quien la tomó Hübner. Estuvo 
en una ventana de la escalera de la cárcel, donde la copió don 
Eduardo Saavedra, valiéndose de una escala. Cuando se derribó 
la cárcel, D. Andrés Martínez Salazar la vio entre los escombros, 
y no contento con copiarla, logró del Alcalde que se la trasla- 
dara á la Casa consistorial, donde se conserva (i). Mide 1,40 m. 
de alto por 0,54 de ancho, y como se ve en la transcripción que 
hemos hecho en vista del original, tiene una ranura que corre de 
arriba abajo por el principio de losrenglones, hecha para adaptar 
á ella la reja de hierro de la ventana. El ancho de la ranura es, 
en todos sus puntos, de 0,052 m., y no hay en ella más espacio 
que. para una letra del tamaño de las demás, de donde resulta que 
en la línea 3. a debe leerse V • LEG, y no VET • LEG, como lee 
Hübner». 

«La línea 2. a es la única que ofrece alguna dificultad. El sabio 
epigrafista berlinés, en vista de que la tribu de los Bracarenses 
era la Ouirina, convierte el BRaC en BRIC, optando por una de 



(1) A este ilustre astorgano y al erudito y concienzudo autor de la 
Historia de Astorga, D. Matías Rodríguez Diez, mis muy caros amigos, se 
debe el que hayan sido trasladadas á las Casas consistoriales las lápidas 
que estaban en el paseo público, y que con ellas se guarden algunas otras 
que han aparecido después, y que, gracias á la constante solicitud y dili- 
gencia del señor Rodríguez, por cuanto pueda ilustrar y enriquecer la his- 
toria de dicha ciudad no se han perdido». 



epigrafía romana de astorga. 



estas dos interpretaciones: Q. f(ilius) Fab(ia) Celer Bri\x(ia)\ ó 
Q. f. A\rn(iensi)~\ Celer Bri[x(ello)\, pero es el caso que el epí- 
grafe dice clarísimamente AB y BRaC, como leyeron Jovellanos 
y Saavedra; y el que la tribu de los Bracarenses fuese la Qui- 
rina no es, á nuestro juicio, razón bastante para enmendar la 
inscripción en una de las formas que propone Hübner. Sabido 
es que en el último siglo de la república, las tribus perdieron el 
carácter geográfico, de circunscripción ó domicilio que habían 
tenido desde un principio, para tomar el personal hereditario ó 
puramente de familia. De aquí que, durante el imperio, la indica- 
ción de la tribu no sirviese para otra cosa que para distinguirse 
los ciudadanos romanos de los que no lo eran; y por eso tal in- 
dicación vino á ser inútil, y muy rara vez se la encuentra en los 
monumentos, desde que Caracalla extendió el derecho de ciuda- 
danía á todos los habitantes del imperio. Bien pudo suceder, 
pues, que Quinto Cumelio Celer fuese bracarense, y sin embar- 
go estuviese adscrito á la tribu Fabia, como se declara en el 
epígrafe» (i). 

«Es de advertir que el poco espacio de la ranura solo con- 
siente suplir la F de FAB; la otra F que debía seguir á la 0, 
para expresar la filiación de Cumelio, no cabe allí, é indudable- 
mente se la omitió al esculpir el epígrafe» (2). 

En tan dilatado campo de observación y ejercicio no debe pa- 
recer extraño que al Sr. Macías se puedan hacer algunos reparos 
de escasa monta; pero que importa señalar, antes que en forma 
de libro, con oportunos fotograbados se publique su trabajo tan 
meritorio. En las inscripciones 14. a , 18. a , 19. a y 20. a (Hübner, 
2656, 2646, 2656 y 2648) salen varios nombres griegos, sobre 
los cuales no resplandece el limac /ador et mora de Horacio. 



(1) Tampoco repugna, antes bien es cierto, que en varias ciudades de 
España, por sucesiva colonización ó reparto de población romana, vieja y 
nueva, cupiese doble, y aun triple, afiliación de tribus. 

(2) No tengo por indudable la omisión. La primera Fpudo ser de me- 
nor tamaño, como lo es la vocal de BRaC en la misma línea. También las 
dos e/es pudieron atarse una con otra oponiendo sus dos trazos horizon- 
tales y apoyándolos con elegante simetría en el único vertical y común á 
las dos. 



2 1 2 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

AuSij, 9<xu % uaaTá;, ^o'Swo?, ejcíxXtiois desvirtúan su ortografía; y lo que 
peor es, en la 1 8. a Eustomus (VJaToaoc) cojea sonando Eustonus; 
y en la 19. a óóo-.vo: (róseo) se expone por el geográfico 'Pooto; (na- 
tural de la isla de Rodas). Tampoco apruebo que los nominati- 
vos latinos de la 3. a declinación, terminados en o, como Senecio 
(inscr. 13. a , Hübner, 2657) so traduzcan en romance, como si 
fuesen de la segunda. 

Como era justo, el Sr. Macías atiende con singular interés á 
las inscripciones relacionadas con los estudios geográficos. La 
25. a de su reseña (Hübner, 5662), que afortunadamente se con- 
serva en las Casas consistoriales, ofrece un problema de resolu- 
ción difícil. Es el cipo funeral de Cayo Pelgo Cámalo, de la 
tribu Scaptia, hijo de Lucio, cuyas designaciones llenan con le- 
tras grandes, pero no bollas, las tres primeras líneas. En las dos 
siguientes está la dificultad. El Sr. Saavedra las copió 'de esta 
manera: 

/;/,/// VALER *EVEX 



IIVI ANLVIHSS' 



Hübner así: 



4. a VALEREVEX 

5. a VI-AN-LVIH-SE 

El Sr. Macías atestigua que «en la 4. a aparecen separados 
VALER y EVEX, como copió Saavedra, y en la 5- a no se dice 
H'S'S como leyó éste, sino H'S'E, como rectificó Hübner, de 
donde resulta que no se trata de dos difuntos, sino de uno solo». 
Para bien plantear el problema, ya que sobre la lectura tan dis- 
cordantes andan los pareceres, es necesario publicar la fotogra- 
fía del monumento. Entretanto sospecho que el verdadero sen- 
tido sea valer(iensis) ev(ocatus) ex \c\h(orté) VI, an(norum) L VI, 
h(ic) s(itus) e(st). La cohorte sería la de los vigiles, ó quizá la 
sexta pretoriana, y para sospecharlo me fundo en las inscripcio- 
nes 2610, 5232 y 6087 de la colección de Hübner. 

Atinado, nuevo y justísimo es el comentario que el Sr. Macías 
ha hecho de la inscripción (Hübner, 2647) L(ucins) Cosconius 
L(ucü) f(ilius) I Vallaten{s\s) augur \ h(ic) s(itus) e(st). S(it) t(ibi) 



epigrafía romana de astorga. 213 

t(erra) l(evis). « Vallata-», dice, «patria del augur Lucio Cosconio, 
era la mansión más próxima á Astorga, de la calzada que partía 
de esta ciudad, dando origen á las vías 32 y 34 del Itinerario de 
Antonino; una de las cuales iba á Tarragona y la otra á Burdeos, 
ó la Aquitania. Generalmente se la reduce á Villadangos, pue- 
blo situado entre Astorga y León, en la carretera que une estas 
dos poblaciones; pero en nuestra opinión no debió de estar allí, 
sino en Villar de Mazarife ó de Manjarín, como le llaman los 
paisanos, donde aún se conservan restos de la calzada romana. 
Esta lápida es el único monumento epigráfico en que aparece la 
mansión de Vallata.» Por mi parte añadiré, en comprobación 
de lo asentado por nuestro docto correspondiente, que pertene- 
cen al Ayuntamiento de Chozas de arriba, así Villar de Manjarín 
como Vanuncia, y que en este último lugar (mal escrito Vanen- 
za) fué probablemente sepultado Cosconio. Once inscripciones 
de Astorga y de época romana, desconocidas á los lectores de 
Hübner, reseña el Sr. Macías. Estimo que deben reproducirse en 
el Boletín académico por el mismo orden con que han sido pu- 
blicadas (36. a -43. a , 49. a , 52. a a, b) y el resumen de lo principal 
del estudio que ha hecho acerca de ellas nuestro sabio corres- 
pondiente. 

1. 

Rosetón. 

Q_« VARIVS 

REBVRRIF 

MATERNVS 

I SEVRRVS 

TRANSMIN1 

AN-XIIX 

H • S • EST . 

Es de granito, en buen estado de conservación; alta, 1,30 m.; 
ancha, 0,70. La posee D. Leoncio Núñez en su casa de la calle 
de la Catedral. 

Quinto Vario Materno, hijo de Reburro, y fallecido en edad 



214 boletín de la real academia de la historia. 

de 1 8 años, fué de la gente de los Seurros, del convento jurídico 
de Lugo, y natural de Transminio, lugar situado en el distrito de 
aquella gente (Sciirbi de Plinio, Seooppoí de Ptolemeo), cuya va- 
riante onomástica se depura por esta inscripción que corrige el 
texto vulgar de Plinio. Ptolemeo asignó la ciudad TaXafiívT] por ca- 
pital de los Seurros, nombre que se ha supuesto estar viciado, en 
razón de que el Itinerario de Antonino coloca entre las estaciones 
de Luco Augusti (Lugo) y Ponte Ncviae (paso del río Navia) la 
estación de Timalino', mas los que esto creen no han observado 
que son muchas las variantes del Itinerario (Timalino, Toma- 
lino, Ticoalino, Tunalino), y que el trabajo principal consiste en 
escoger y fijar la forma del verdadero nombre. Este parece que 
fué Transminium, al otro lado del Miño ú oriente de la cuenca 
del mismo río, respecto de la ciudad de Lugo. Esta es la primera 
de las inscripciones españolas donde salen nombrados los Scti- 
rros, en cuya comarca, y por ventura como capital, quizá debe 
incluirse la villa de Sarria. 

2. 

Rosetón. 
B A E B I V S 
LATRO • NIG 
RI-FVXAMA 
IBA RCENS 
1S- AN • XIII 

HoSoE 

«Cipo de granito, procedente de un derrumbamiento de las 
murallas sobre el corral de una casa del arrabal de Rectivía. Re- 
cogido por el Ayuntamiento fué llevado á las Casas consistoria- 
les, donde se conserva. Mide un metro de alto por 0,49 de an- 
cho, y el tamaño de las letras es de 0,08.» 

Bebió Patrón, hijo de Níger, tenía 13 años de edad cuando 
falleció en Astorga. 

«La ciudad d<- Uxama Barca estaba en el país de los Autrígo- 



epigrafía romana de astorga. 



215 



ncs (Ptolomeo, 2, 6, 53), y no debe confundirse con la Uxama de 
los Arevacos, que figura en el núm. 1 6.°, apellidada por aquel 
geógrafo 'Ap-yaTXat ó 'Apyika (2, 6, 56); y en algunas inscripciones 
Argcla ó Argelorum, ó Argaela, Argaelorinn.-» 

«Los Autrígones eran uno de los grupos ó familias en que se 
dividían los Berones, que habitaban al Sudeste de los cántabros. 
Estrabón los llama Allótrigas. Eran rivales de los cántabros y 
aliados de los romanos, y su defensa fué el pretexto que Roma 
buscó para declarar á aquéllos la guerra. Leovigildo dio el nom- 
bre de Autrigonia á lo que hoy se llama Cantabria, cuando en el 
año 579 dividió á España en nueve provincias. Úxama Barca co- 
rresponde al lugar de Osma de Yaldegobia, partido judicial de 
Anana, en la provincia de Álava.» 

«Este epígrafe es tanto más interesante, cuanto que en la co- 
lección de Hübner solo hay otro en que se haga mención de 
Úxama Barca, encontrado junto al pueblo de Quintanilla de las 
Viñas, cerca de Lara de los Infantes, provincia de Burgos.» 

La inscripción de Quintanilla (Hübner, 2854) °t ue estaba em- 
potrada en la ermita de Nuestra Señora de las Viñas, debería ser 
reconocida por la Comisión de Monumentos de Burgos. Sus co- 
pias difieren, pero convienen tanto entre sí como con la nueva 
inscripción del nombre geográfico Uxama Ibarca. Con esta for- 
ma epigráfica parece que puede rectificarse, ó por lo menos ex- 
plicarse la de Ptolemeo: : J;a¡i.a Bápxa. 

La raíz Ibar con la significación de vega, valle, ó llanura ribe- 
reña, se encuentra en muchos nombres geográficos del país 
vasco-navarro. 



D M 
S V L P I C I O 
P L A C I D I N O 
AN«LV- SVLPI 
CIVS« MESSoR 
PATRONO «OPTI 
MO • F • C • 



2l6 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

«Esta lápida de mármol gris fué encontrada al rebajar la mu- 
ralla, con el plausible intento, aún no realizado, de convertirlo en 
hermoso paseo desde el jardín hasta el amplio solar del antiguo 
castillo. Apareció partida en dos pedazos, uno de los cuales se lo 
llevó un labrador del arrabal de San Andrés, y el otro un ve- 
cino del de Rectivía. Habiendo visto uno de ellos D. Matías Ro- 
dríguez, no solo averiguó el paradero del otro, sino que, con celo 
digno del mayor aplauso, procuró que el Ayuntamiento los re- 
cogiera y trasladara á la Casa consistorial, donde se conservan.» 

«Mide 1,05 m. de alto por 0,66 de ancho; el tamaño de las le- 
tras es de 0,07, y los puntos son triangulares. En la parte infe- 
rior vense muy bien esculpidos y agrupados con arte un casco 
con cimera de crines y cola flotante, dos lanzas y una espada; á 
un lado un peto y al otro un escudo, y en los extremos dos ja- 
rroncitos, de los que salen sendos tallos ondulantes, formando 
sencilla greca de hojas en relieve, que sube por uno y otro lado 
del epígrafe hasta la parte superior, hoy mutilada. El casco y el 
peto figurados en la lápida indican que Sulpicio Placidino fué jefe 
militar; pues solo los centuriones y jefes militares llevaban casco 
coronado por un penacho, ó con cimera de crines y colas flotan- 
tes; y desde la reorganización del ejército en tiempo de Camilo, 
solo algunos jefes usaron la coraza de dos piezas, peto y espaldar; 
la de los simples legionarios estaba formada de láminas metáli- 
cas, y se llamaba lorica segméntatela 

4. 

D M 
IVNIÁE • BLAESIL 
LAE • ANN • XX 
IVL1VS' OCVLATI 

VS«VXORI« 
PIENTISSIMAE 

«Pequeña lápida de 0,42 m. de alto por 0,27 de ancho, ex- 
traída de la muralla el año 1 895, y conservada en el Ayunta- 



EPIGRAFÍA ROMANA DE ASTORGA. 2 I 7 

miento. La parte superior afecta la forma de frontón con una 
roseta á cada lado.» 

Contribuye este epígrafe á fijar la dudosa lectura del epígrafe 
5741 de Hübner, que se halló á orillas del río Pilona, y se con- 
serva en Villamayor, del partido judicial de Infiesto (Asturias). 



TI -1VLIO' VEGETO 
SAB1NVS«L1B 

«Lápida de mármol, de hermosos caracteres, de la época an- 
toniniana. Tiene 0,80 m. de largo por 0,30 de alto, y el tamaño 
de las letras es de 0,07. Fué extraída del cimiento de uno de los 
cubos de la muralla, y llevada á la Casa consistorial, donde per- 
manece.» 

Quizá no fué sepulcral, sino puramente honorífica, y dedicada 
por el liberto Julio Sabino al pie do la estatua de su patrono, 
cuyo prenombre parece que deba leerse Ti(bcrio) mejor que 
T(ito). 

6. 

Rosetón. 

D1S • ¡A 

T-SEp-MARTIALI 

p • SEp- BERVLLA • MARITO 

PIENTISSIMO 

AN-LXXXV'H-S'E 

«Esta lápida fué extraída de la muralla y utilizada para umbral 
de una puerta en la planta baja del Seminario. Allí estuvo hasta 
hace poco que reparó en ella el docto canónigo D. Antonio Ber- 
jón, y con muy plausible acuerdo hizo que se la colocara de la 
manera más conveniente en una pared del jardín de dicho esta- 
blecimiento. Mide 0,83 m. de alto, por 0,58 de ancho. Sobre el 
epígrafe hay un bello rosetón encerrado ontre dos líneas quo si- 



2l8 BOLETÍN Dli LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

muían un frontón, adornadas por la parte exterior de rayitas, y 
completan el decorado dos hojas como de yedra y dos á modo 
de corazones en la parte exterior.» 

El Sr. Macías aprovecha la ocasión de advertir acerca del cog- 
nombre de Septimia Berulla, cómo éste «se deriva de la voz 
griega [fypuXXos», en castellano berilo, pero de género femenino en 
griego; y cómo aparece en las inscripciones 2233, 3599 y 6006 
de Hübner. La V que precede al nombre Scp(timia) no es pre- 
nombre, sino primera letra, ó sigla, de p(osuit). 

7. 

D M 
IVL* 

AM-f-MAE 

MAT" 

SANCTIS 

SIMAE MIN 

CIRI FIL 

«Lápida de mármol que se conserva empotrada en la fachada 
de una casa de la calle de San Marcos, del arrabal de San An- 
drés, sirviendo de antepecho de una ventana. Mide 0,73 m. de 
alto por 0,6l de ancho; decoran la parte superior dos rosetones, 
y la inferior está mutilada. Ofrece este epígrafe la particularidad 
de que la mayor parte de las aes y emes presentan la misma 
forma que tenían en la escritura cursiva, mientras que algunas 
otras y las enes llevan en los extremos superiores, achatados, las 
rayitas ó cuernecitos con que aparecen frecuentemente adorna- 
das, á partir de Diócléciano.» 

Compara el Sr. Macías el sobrenombre Anima de la difunta 
con otros ejemplos del mismo que se notan en las inscripciones 
de Eria y Palencia. Con él pueden relacionarse el éuscaro ama 
(madre), el 1 astellano ama (nodriza) y el latino amita (tía); y á 
l,i misma idea corresponde el dictado mat(ri) sanctissimac, que 



epigrafía romana de astoRga. 219 

se atribuyo á Julia Amma, antes de expresar su filiación Miníicii) 
Ciri fil(iac). Análogo á este último es el nombre de Minicia 
Atta, que se desprende de una lápida sepulcral descubierta en 
León (Hübner, 2684, pág. 9 1 3), también quebrada por su parte 
inferior, donde seguramente se lee: 

d o m s 

MINICIE 

ATTEANNO 

RV XXXI PO 



Este letrero leonés, atendida su forma paleográfica, se reduce 
al siglo m y iv. Quizá fué cristiano, como el que vamos exami- 
nando de Astorga. La cruz marcada en el cuerpo de la inscrip- 
ción, ó en la mitad de su frente, caracteriza los antiguos epita- 
fio^ cristianos de la región galaica, hallados en San Pedro de 
Arcos y en San Eusebio de la Peroja (i). La misma cruz, acom- 
pañada más tarde del a y «, ó sustituida por el crismón, califica, 
ó mejor dicho cristianiza las siglas D(is) M(anibns) dándoles di- 
verso sentido (2) que explican otras, por ejemplo D(eó) M(agno), 
B(onac) M(emoriae). Era natural que los primitivos fieles indica- 
sen su esperanza de la resurrección final, anunciada por Job y 
prometida por Jesucristo, con arreglo á la doctrina del apóstol 
San Pablo, en su epístola á los Romanos (xiv, 8): Sive cnim vivi- 
mas. Domino vivzmus; sive viorimnr, Domino morimnr. Aclara- 
rán la cuestión otras inscripciones, menos dudosas, que real- 
mente provengan de la primitiva cristiandad de Astorga, harto 
numerosa y floreciente en la segunda mitad del siglo 111. 



(1) Boletín, tomo xlii, páginas 136 y 141. 

(2) Le Blant, Inscriptions cliréticimes de la Gaulc, núm. 321 B. 361-362, 
470 B, etc. Paris, 1856. — Al entrar en prensa este informe recibo carta 
del Sr. Macías, fechada en 20 de Febrero, donde atestigua que el signo de 
la cruz en la inscripción astorgana no es adventicio, y que su palo de cruz 
latina no es perpendicular, sino inclinado hacia la derecha. 



220 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

8. 

D-M 

SIMILIAVGVSTORVM 

NOSTRORVERN... 

VIXIT- AN • X... 

«.D(is) M(anibus). Simili Augustorum nostror(imi) vern\ac. \ 
Vixit an(nos) X... 

«Cipo marmóreo de 0,46 m. de alto por 0,45 de ancho, muti- 
lado por la parte inferior, que probablemente contendría el nom- 
bre del dedicante. Apareció en el derribo del trozo de muralla 
contiguo á la casa de la calle de la Catedral, de mi amigo don 
Leoncio Núñez, que la guarda con las otras dos que ya hemos 
reseñado. A juzgar por las letras, que son del siglo 111 ó iv, los 
Augustos á que se alude en el epígrafe tal vez sean de la época 
de la Tetrarquía. Sabido es que se le llamaba vcrua al esclavo 
nacido en la casa de su señor.» 

El esclavo Símilis nació probablemente en alguna casa ó finca 
de la comarca de Astorga, patrimonio de la Casa imperial, admi- 
nistrado por el empleado ó dispensador de los Césares entonces 
reinantes, el cual erigiría el monumento. Conforme á esta expli- 
cación procede la de otro epígrafe de Astorga, reseñado por 
Hübner bajo el número 2645: D(is) M(anibus) \ Augustalis \ ser- 
vi fide I lissimi \ Ltipianiis Aug(usti) disp(ensator). 

9. 

Anillo gnóstico de oro con inscripción griega. De este objeto 
preciosísimo he dado ya cuenta á la Academia (i). 

(1) Boletín, tomo xlii, páginas 80 y 144-153. En la 80, lín. 23, y en la 
153, lía. 31, se deslizaron respectivamente <1<>s errores de imprenta: xa 
por aa. y cü; por z\:. En la 151, linea 8. a , donde se da el nombre 'AvOtJXioí 
por equivalente del número 378, se me pasó el advertir que tampoco es 
improbable ■ ra combinación como sería Tó U {¿a É ó la ogdóada), con- 
trapuesto al Tó A y Tó Q del Apocalipsis. 



epigrafía romana de astorga. 



10. 



«En 1867, al desembrozar ele orden del Ayuntamiento parte 
del alcantarillado romano de la ciudad, aparecieron, entre otros 
objetos, una mano colosal de bronce (i), dos pequeños toros, ó 
cosa parecida, del mismo metal, en mediano estado de conserva- 
ción, un denario de la familia Egnatuleia y monedas de cobre de 
algunos emperadores; un ágata de anillo con grabado de lo más 
fino, representando un guerrero, y varios fragmentos de vasos 
de barro. El Gobernador civil de la provincia (2), que á la sazón 
se hallaba en Astorga, se llevó á León los objetos encontrados, 
excepto los fragmentos de cerámica, que recogió mi querido 
amigo el Sr. Martínez Salazar. En uno de éstos se ve un conejito 
muy bien figurado, y en otros dos sendas marcas ó estampillas, 
que dicen así: 



EXOF'VL /// ANI 



Ex of (fiema) de UL{pi]ani. 
De la oficina de Ulpiano. 



PAT-TR 



Otro alfarero de aquel mismo nombre (Ulpiano) aparece en 
otra estampilla encontrada en Villafranca de los Barros (Hüb- 
ner 6257 216), Fita, B. de la A, t. xxv, p. 55).» 

La estampilla, descubierta en Villafranca de los Barros, omite 
la preposición ex; la de Astorga, designada por el Sr. Macías con 
la letra «b», tiene puntos de semejanza con la de Tarrago- 



(1) Compárense los fotograbados de otras manos epigráficas, insertos 
en el Boletín académico, tomo x, pág. 242; xm, 329. 

(2) D. Manuel María Rodríguez Monge. Su hija y heredera, doña 
Carmen, que reside en Madrid (calle de la Flor baja, 2), no conserva nin- 
guno de estos objetos; los cuales fueron en buena parte cedidos á D. Ri- 
cardo Velázquez Bosco, hoy individuo de número de la Real Academia 
de Bellas Artes de San Fernando. 



222 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

na (4970 504) T-PÁTERNI y la de Cartagena (6257 193) 
P-TER. 

Finalmente, con buen acuerdo ha ilustrado el Sr. Macías su 
doctísima disertación con un apéndice de seis inscripciones no 
inéditas, pero insignes y directamente relacionadas con la ciudad 
de Astorga. Da remate ;í este apéndice una noticia, que segura- 
monte apreciarán ó tendrán en mucho los continuadores de la 
obra inmortal de Ilübner: 

«Cuando en el pasado mes de Septiembre (i) me hallaba 
en Astorga ocupado en la investigación y estudio de los monu- 
mentos epigráficos recientemente descubiertos, mi querido ami- 
go, el laureado escritor gijonés y meritísimo jovellanista D. Julio 
Somoza, me notició lleno de júbilo dos felicísimos hallazgos lite- 
rarios, hechos en Gijón, de extraordinario interés para la epigra- 
fía española: el de una copia, sacada en la biblioteca de la Uni- 
versidad de Salamanca por Jovcllanos y su secretario D. José 
Acevedo Yillarroel, de una obra inédita del insigne obispo de 
Segovia (2), D. Diego de Covarrubias de Leyva, titulada Enchiri- 
dion (3) — y no citada por Nicolás Antonio ni otros bibliógra- 
fos — que contiene un tratado de Epigrafía española con 1 56 
epígrafes, y algunas disertaciones sobre varios puntos de erudi- 
ción; y el de la mayor parte de los MS. de Jovellanos que se 
creían perdidos, y que con otros muchos papeles que le perte- 
necieron, estaban arrumbados en un desván.» 

«Entre éstos hay un legajo de Lápidas é inscripciones, la ma- 
yor parte de Galicia, 12 pertenecientes á Astorga, que mi buen 
amigo se apresuró á remitirme. Por fortuna las 12 existen aún, 
é indudablemente fueron copiadas del original, puesto que por 
aquel entonces ninguna de ellas había sido publicada, siendo muy 
extraño que entre dichos epígrafes no figure el de Q. Ciimclins, 



(1.) 1902. 

(2) Años 1 564- 1 577. Antes lo lué de Ciudad-Rodrigo (1559- 1564). 

(3) Ceún indicó que el original del Enchiridion fue encontrado por 
Jovcllanos en el Colegio mayor de San Bartolomé de Salamanca. 



EL CASTILLO DE VIVERO. 



n. 6 de esta colección (i), pues consta que Jovellanos envió 
copia de él á la Academia.» 

«Las transcripciones á que nos referimos solo difieren en tal 
cual letra de las que aquí publicamos; pero en la de Procidus 
Tritalicum, n. 16 (2), vense, á manera de siglas rituales, E • M • C, 
y allí no hay, ni se conoce que haya habido jamás semejantes 
letras. La interesante lápida Memmius Barbaras (3) aparece ya 
partida en dos pedazos, y el epígrafe C ■ Pelgus, n. 25 (4), tan 
difícil de restaurar con seguridades de acierto, estaba por en- 
tonces tan borroso y deteriorado como cuando lo copiaron 
Hübner y Saavedra.» 

Hübner citó y manejó la obra epigráfica de D. Diego de Co- 
varrubias, titulada Enckiridion, y transcrito asimismo por Jove- 
llanos (5). Poseía este ejemplar D. Valentín Carderera; y de su 
cotejo con el que ha descubierto D. Julio Somoza pueden resul- 
tar enseñanzas útiles. 

Madrid, 13 de Febrero, 1903. 

Fidel Fita. 



III. 
EL CASTILLO DE VIVERO. 

La Comisión provincial de Monumentos de Lugo solicita del 
Gobierno que sea declarada monumento nacional una artística 
puerta de la villa de Vivero, puerta llamada, sin duda por su as- 
pecto, el Castillo. 

Consta la construcción de un plano cuadrangular de dos cuer- 



(1) Hübner, 2639. La extrañeza puede cesar, dado caso que el legajo 
se escribiese antes que Jovellanos hiciese reparo en esta inscripción. 

(2) Hübner, 5077. 

(3) Hübner, 2638. 

(4) Hübner, 5662. 

(5) Corpus inscriptionuvi laiinarum, vol. 11, pág. xi, núm. 20. Berlín, 1869. 



224 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

pos principales que separa una imposta de molduras, y está flan- 
queado por dos cubos á manera de columnillas de ligeras bases 
y anillos que rompen un poco la monotonía de su altura. En el 
primer cuerpo se abre la puerta, de arco rebajado, con jambas 
é intradós de baquetones, y con grandes dovelas de cuña que 
contribuyen á hacer más aparente este ingreso sobre el para- 
mento general de la muralla, compuesto de no muy perfecta 
sillería. En la parte superior de los vanos de este muro, bajo la 
imposta horizontal, hay dos escudos de armas que se apoyan en 
resaltos de sencillo perfil y que campean entre dos medias co- 
lumnillas abalaustradas. 

Análoga es la decoración del segundo cuerpo, cuyo centro 
llena un gran escudo con las armas imperiales, encuadrado por 
una moldura en la base, medias pilastras esculpidas en ambos 
lados y acabando en su parte superior por un frontón roto por 
cierto busto con corona que sale del tímpano. Cuatro placas con 
bustos en relieve completan esta decoración. 

Corona toda la obra un antepecho ó barbacana con saeteras, 
de la que surgen tres torrecillas cónicas á manera de garitones 
volados, cubiertos á su vez por cuerpos cónicos de airosos re- 
mates. Seis merlones con saeteras y bustos guerreros en su cima 
completan el aspecto militar de la puerta. 

Compréndese por esta breve descripción, aun sin advertir que 
las labores esculpidas no son de ejecución primorosa, y recono- 
ciendo las buenas proporciones del conjunto, que se trata de un 
monumento interesante digno de aprecio, y sobre todo de. cui- 
dadosa conservación. Pero también se advierte que no es obra 
preeminente, ni como defensa militar donde se contengan pro- 
blemas de fortificación de singular rareza, ni tampoco modelo 
perfecto de arte. No se ve en ella la coexistencia de elementos 
arábigos, románicos y bizantinos que la Comisión de Lugo descu- 
bre, con entusiasmo que induce á error, y solo domina con ex- 
clusivo imperio el carácter propio del Renacimiento español y no 
en circunstancias tan extraordinarias que hagan de la puerta del 
puente de Vivero obra única ó excepcional. 

En otros informes, y con el asentimiento de la Academia, he 



EL CASTILLO DE VIVERO. 



225 



mantenido el criterio de que, aun siendo de efectos casi ilusorios 
la declaración de monumento nacional, solo debe hacerse en favor 
de aquellos que por sus esclarecidos recuerdos y por sus relevan- 
tísimas circunstancias artísticas salen de la linea común. O aquella 
declaración honorífica significa algo, tenga ó no transcendencia, 
ó es menester escatimarla para atribuirla en casos muy especia- 
les, pues si alcanza á los comunes no reportará estimación posi- 
tiva ó llegará á ser ineficaz del todo. Aplicando estos principios 
al caso presente, la puerta de Vivero no puede obtener dicha 
declaración, que todavía no han logrado monumentos de mérito 
é importancia muy superiores. 

Mas, como según da á entender la Comisión de Lugo, puede 
ocurrir que por impulsos de la ignorancia ó- por intereses parti- 
culares cualquier mal pensado acuerdo municipal hunda la pi- 
queta en aquel artístico monumento, conviene que se encargue 
á dicha Comisión de que esté alerta con nunca dormida diligen- 
cia para que no se justifiquen sus temores ahora ni después, acu- 
diendo en caso de peligro á los medios que la ley establece para 
impedir un lamentable desafuero. 

Por lo expuesto, tengo la honra de proponer á la Academia: 

I.° Que represente al señor Ministro del ramo que no proce- 
de la declaración de monumento nacional á favor de la puerta 
del puente de Vivero. 

2.° Que se estimule el celo de la Comisión de Monumentos 
de Lugo para que, empleando los medios que la ley concede, 
evite cualquier acuerdo municipal, si se tomase, que perjudique 
la conservación íntegra de dicha construcción. 

A la Real Academia someto este dictamen para que resuelva 
lo más acertado. 

Madrid, 27 de Febrero de 1903. 

Juan Catalina García. 



tomo xlii. 15 



VARIEDADES 



i. 

UN SARCÓFAGO CRISTIANO DEL SIGLO V. 

En la colección manuscrita de inscripciones recogidas por el 
erudito benedictino P. Juan Sobreyra, que se conserva en la bi- 
blioteca de la Real Academia de la Historia, aparece una, inte- 
resantísima por muchos conceptos, encontrada cerca de la igle- 
sia de San Eusebio de la Peroja, feligresía perteneciente al Ayun- 
tamiento de Coles, en esta provincia. Incluyóla Hübner en sus 
Inscriptiones Hispauiae christianac , en donde figura con el nú- 
mero 137, añadiendo, con referencia al P. Sobreyra, que se 
conservaba en casa de D. Francisco Feijóo, señor del Bamio. 
Desde fines del siglo xvm, en que debió tener lugar el hallazgo 
de este importante monumento, perdióse por completo su me- 
moria, hasta que vio la luz en el catálogo del sabio berlinés. Pos- 
teriormente, el ilustre académico P. Fidel Fita lo reprodujo en 
un notable trabajo que publicó en su número de Diciembre de 
1902 el Boletín de la Real Academia de la Historia, en el cual 
su autor solicitaba nuestra atención, excitándonos á indagar su 
paradero. 

No se había perdido, por fortuna, tan curiosísima inscripción, 
como otras muchas que han desaparecido para siempre por el 
escaso celo que España muestra en conservar estos monumen- 
tos, no obstante depender de ellos en gran parte el que algún 
día puedan disiparse las nubes que envuelven y ocultan á nues- 
tra vista importantes sucesos de su historia. En la casa solariega 
del Bamio, donde primero fué recogido y depositado el sarco- 



UN SARCÓFAGO CRISTIANO DEL SIGLO V. 



227 



fago, perseveró hasta que, recientemente , nos hizo generoso do- 
nativo de él, para nuestro museo, su actual poseedor el ilustrado 
médico y diputado provincial D. Segundo Feijóo Montenegro. 

Xo es, como asegura Hübner, una lápida sepulcral, sino un 
sarcófago de granito, toscamente labrado, que mide 2,09 m. de 
largo por 0,52 m. de ancho y 0,45 m. de profundidad (i). El 
hueco interior, ya que no tenga la forma antropoide, tan frecuen- 
te en los siglos xi y xu, ofrece, sin embargo, un espacio semicir- 
cular para la cabeza. Hacia el lado^de ésta, y en la cara anterior 
del sarcófago, hay la inscripción que reproduce el fotograbado 
siguiente: 




Avito en j" (Cristo}) murió á la edad de 27 años. 

Hay, como se ve, entre la copia de Hübner (2) y el original 
algunas diferencias, entre ellas el número de años, que es de 27 y 
no 37) y la palabra abreviada ANN, que en el epígrafe es ANNI. 

Califica Hübner esta inscripción, como es natural, de edad in- 
cierta, pero la supone del siglo vm ó quizá más reciente. Aumen- 



(1) En carta del 22 de Febrero último me escribe el Sr. Vázquez Núñez 
que el sarcófago «no tiene tapa». ¿La tuvo? 

(2) No hay que olvidar que es la del P. Sobreyra. Su equivocación en 
la lectura del xxvn, hace sospechar si por ventura el IN, que leyó, estaba 
entonces tan oscuro é indeciso como ahora. Los trazos remanentes, como 
ya lo indiqué (Boletín, t. xlii, p. 142), permiten que se lea f(a)m(u)l(u)s 
Ch(risti). 



228 'BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

tarín su importancia si así fuese, atendiendo á los escasos que son 
los epígrafes sepulcrales de esta época, hecho fácilmente expli- 
cable por el estado de honda perturbación de la España cris- 
tiana, poco menos que aniquilada por la invasión agarena, y en 
continua intranquilidad é incesante guerra con los enemigos de 
su fe. Tan escasos son, que en los 535 catalogados por Hübner 
no encontramos, salvo algunos epitafios de personajes de alcur- 
nia real, más que ocho pertenecientes á los siglos vin y ix. 

Ignoramos las razones que hayan movido al sabio epigrafista 
á fijar en el siglo vm la fecha en que fué grabada la inscripción 
de Avito; pero, sean éstas cuales fueran, tenemos forzosamente 
que disentir de sij opinión; y aunque no sea esta la vez primera, 
lo hacemos, sin embargo, con el temor consiguiente, por el pro- 
fundo respeto que á todos inspira la abrumadora autoridad del 
que consagró su vida entera á ilustrar las antigüedades ibéricas. 
Sirve de disculpa á nuestra audacia, en primer lugar, que Hüb- 
ner no logró ver este monumento ni otro alguno de la provin- 
cia, porque la única vez que trató de visitarla en 1 88 1, al llegar 
á Orense el día 15 de Septiembre, como preguntara por el ilus- 
tre escritor D. Juan Antonio Saco, única persona de la ciudad 
con quien entonces sostenía relaciones epistolares, supo la terri- 
ble nueva de su fallecimiento, ocurrido aquel mismo día. Suceso 
tan triste fué causa de su inmediato regreso, privándole de in- 
vestigar nuestras inscripciones, sobre las que hubiera derramado 
la viva luz de su claro ingenio. 

No tuvo, pues, Hübner más datos á la vista para fundar su 
presunción que la copia del epígrafe, tomada de los manuscritos 
de Sobreyra. Esto solo, sin embargo, bastó al P. Eita, en su tra- 
bajo ya citado, para atribuir al siglo iv ó mediados del v la fecha 
de la inscripción. Lo mismo pensamos nosotros, y vamos á ex- 
poner las razones que sirven de base á nuestra opinión. 

Es ciertamente difícil atribuir, con probabilidades de acierto, 
una fecha á las inscripciones que carecen de ella, pero no tanto 
que no se pueda por medio de estudios comparativos y lógicas 
deducciones llegar á fijarla, las más de las veces con diferencia 
de pocos años. Los excelentes trabajos de los insignes epigrafis- 
tas cristianos de Rossi y Le Blant, y el método cuyo descubri- 
miento es común á ambos, son el más seguro guía para cuantos 
quieran dedicarse con provecho á este linaje de estudios. 

Lo primero que ocurre al tratarse de epígrafes pertenecientes» 



UN SARCÓFAGO CRISTIANO DEL SIGLO V. 229 

á los primeros siglos -del Cristianismo es comparar las inscrip- 
ciones gentílicas con las cristianas. Las primeras comenzaban 
casi siempre con la invocación á los dioses Manes y contenían 
los nombres del muerto (praenomen , nomen y cognomen), los 
de su padre, edad, profesión, patria y otros muchos detalles. Du- 
rante algún tiempo siguieron los cristianos este mismo formula- 
rio, pero pronto lo fueron modificando y formándose un estilo 
propio en armonía con sus nuevas creencias y modo de ser. Em- 
piezan, como es natural, por suprimir la invocación á los Manes, 
sustituyéndola por símbolos cristianos, tales como el crismón(l), 
el pez místico, el ancla, la paloma, la cruz. Paulatinamente van 
desapareciendo casi todas las circunstancias que figuraban en las 
leyendas paganas. La patria del cristiano es el cielo; su única 
familia, Cristo; sus honores, profesión y condición social, cosas 
perecederas que no merecen citarse. Los tres nombres que ge- 
neralmente distinguían al ciudadano romano son reemplazados 
por uno solo, y éste, con un símbolo que acreditase la fe del 
muerto y la indicación de su edad, constituyeron casi en abso- 
luto los datos esenciales que figuraban en los epígrafes cristia- 
nos hasta el siglo v próximamente. 

Desde esta fecha sufren importantes modificaciones. Una de 
■ellas es la de señalar la fecha de la muerte, lo que no. se ve nun- 
ca en los epitafios de los paganos, por el profundo terror que les 
inspiraba el día fatal, mientras que para los fieles, morir era na- 
cer en la vida eterna. Desígnase á los muertos con las expresio- 
nes famulus Dei, famulus Christi, que vienen á reemplazar á la 
■de la condición social, que no existe para el verdadero cristiano, 
el cual no es libre ni siervo sino en Cristo, como dijo S. Pablo: 
«Qui enim in domino vocatus est servus, libertus est Domini; si- 
militer qui liber vocatus est, servus est Christi» (2). Finalmente, 
empiezan á usarse las fórmulas: Hic jacet, hic requiescit, requies- 
cit in pace, requievit in Domino, recessit, rccessit fide Dci, mor- 
tuus est, sepultas est, etc. 

Expuestas estas breves consideraciones que hemos creído in- 



(i) En una inscripción del año 295 (De Rossi , Tnscriptiones clirisiianac 
iirbis Romae, t. 1, n. 20), elay w están disimulados de esta manera: VIRGO 
MOR[TjVA ES TVSw ET A | NVLLINO CONS = Virgo mor[t]ua es(t) 
Tus Ico) w ct a (A)nullitio C07is(ulibus). — F. F. 

(2) Epístola I á los Corintios, cap. 7, v. 22. 



230 boletín de la real academia de la historia. 

dispensabas, concretémonos al estudio do la inscripción que nos: 
ocupa. Desde luego, su misma concisión sirve á la vez para indi- 
carnos que su antigüedad es grande, pero no tanto que deba- 
mos ir á buscarla más allá del primer tercio del siglo iv. Xo con- 
serva ya este epígrafe ninguno de los elementos esenciales en 
los del paganismo, los cuales siguieron siendo frecuentes hasta 
algún tiempo después de la paz dada á la Iglesia por Constanti- 
no el Grande. 

Otra indicación reveladora, á nuestro juicio, de gran antigüe- 
dad, es el nombre del muerto. Efectivamente, Avitus es un cog- 
nomen frecuentísimo en la epigrafía pagana de nuestra penínsu- 
la, lo mismo que en gran parte del mundo romano. En la colec- 
ción de Hübner (i) encontramos en 66 inscripciones el nombre 
de Avitus y en 40 el de Avita ; en cambio puede decirse que es 
único el de nuestro sarcófago en los monumentos funerarios de 
la España cristiana, pues de dos más que encontramos en Hüb- 
ner (2), el uno se presta á distintas interpretaciones, y el otro 
figura en una inscripción no sepulcral, que el sabio berlinés juz- 
ga pertenecer al siglo iv (3). 

Las demás fórmulas que constituyen la esencia de los epitafios 
cristianos, y que faltan en éste, acreditan también su remoto ori- 
gen. Famulus Dei aparece por primera vez de una manera indu- 
bitable en la epigrafía española en el año 466, en una inscrip- 
ción de Santa María de la Regla (Hübner, I. H. CH. núm. II3)_ 
En el mismo año encontramos también por primera vez la fór- 
mula rcccssit in pace. Requievit inpace no se halla hasta el 482, 
en una inscripción de Medellín (núm. 42). La expresión p/ics mi- 
nus, añadida á los años de vida, figura en nuestras lápidas cris- 
tianas solamente desde el 504- La indicación del día de la muer- 
te, que los cristianos tardaron en llevar á sus inscripciones lapi- 
darias, siguiendo en los primeros siglos la costumbre pagana de 
no citarla, tampoco la encontramos hasta mucho después de 
promediar el siglo v, á no ser en un epígrafe de Mérida, de fines 
del siglo iv, en el que á Hübner le parece dudosa la fecha. 

(1) Inscripfümes Hispaniae latinae, passim. 

(2) Inscríptionum Hispaniae christianarum supplcmentum, 350. 368. 

(3) Acerca de 1"- varones ilustres nacidos en Galicia, que llevaron el 
nombre de Avito en la segunda mitad del siglo iv y en la primera del v, 
discurre extensa y eruditamente el Sr. López Ferreiro en sus Estudios 
histó rico-críticos sobre el Priscilianismo (Santiago, 1878). — F. F. 



UN SARCÓFAGO CRISTIANO DEL SIGLO V. 23 1 

Ninguna de las fórmulas señaladas, ni otras muchas que fuera 
ocioso enumerar, figuran en la inscripción de Avitus, siendo, 
como son, de uso constante después de las fechas indicadas. Ne- 
cesariamente hemos de conjeturar, por lo tanto, que en la épo- 
ca en que se grabó no eran aún conocidas dichas fórmulas. 

La cruz que figura en la segunda línea, y que reemplazó mu- 
chas veces al antiguo crismón en los monumentos que estudiamos, 
la tenemos en nuestra epigrafía después de promediar el siglo v. 
Este es el detalle. más moderno que encontramos en el epígrafe 
sepulcral de Avito. 

En el terreno paleográfico pocas enseñanzas podremos dedu- 
cir de esta inscripción, ya que lo tosco de la piedra en que está 
grabada y las faltas que encontró en su superficie obligaron al 
lapidario — no muy hábil tampoco— á colocar irregularmente las 
letras y darles tamaños distintos, amén de otras imperfecciones. 
Esto no obstante, la forma de los caracteres concuerda en gene- 
ral con la de otros monumentos de los siglos iv y v, como puede 
verse en la magistral obra de Hübner Exempla scripturae epi- 
graplúcae latinae. Compárese nuestra inscripción con algunas de 
las épocas citadas, y especialmente con las que llevan los núme- 
ros 764 y 769, grabada la primera entre los años 394 y 402, y 
la segunda entre 36 1 y 363, y en ellas podrá observarse la se- 
mejanza de varias letras, sobre todo las M, N, V, T y R, que 
son las más características. La U que se ve en los años de Avito, 
sustituyendo á la V generalmente usada, se encuentra, no solo 
en inscripciones paganas (Hübner, I. H. L. núm. 601 : M(arito) 
SUO— N.° 5729: BOUICIO, TUMVLU), sino también en mu- 
chas cristianas, de las que solo citaremos la señalada con el nú- 
mero 371 y que se atribuye al siglo iv ó v. 

Finalmente, en el terreno gramatical, solo mencionaremos el 
cambio de E por I en la palabra FVET, que es frecuentísimo, 
no solo en Galicia, donde más predominó, sino en otras regiones 
de España: Para no extendernos demasiado, fijémonos solo en 
el núm. 2918 (Hübner, I. H. L.), en que se lee POSVET; en el 
5393, FECET, y en el 2997, MERENTESSEMO, KARESSE- 
MO, FECET. 

Resumiendo: la fecha del sarcófago que hemos venido estu- 
diando debe fijarse, á nuestro entender, entre la segunda mitad 
del siglo iv y la primera del v. No antes, por no conservar la 
inscripción ninguno de los caracteres de las paganas: los tres 



232 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

nombres, la invocación á los Manes, la indicación de la patria, 
de la familia, de la condición social. Tampoco después, por la 
ausencia de ciertas fórmulas esenciales en los epígrafes cristia- 
nos, desde que estos adquirieron estilo propio, tales como famu- 
lus Dei, hic jacet, rcquicscit in pace, la expresión plus minus, apli- 
cada á la edad,- y otras. Con estos datos coinciden también los 
caracteres paleográficos. 

Si quisiéramos concretar más, no encontraríamos quizá argu- 
mentos bastantes para ello; así y todo, nuestra opinión es que la 
inscripción de Avito pertenece á los primeros años de la quinta 
centuria. 

Arturo Vázquez Núñez (i). 



II. 

NUEVAS INSCRIPCIONES DE IBAHERNANDO, CUMBRE 
Y SANTA ANA 

Publicadas por el inolvidable Dr. Hübner catorce inscripcio- 
nes romanas en el tomo xl, páginas 544-46 (Junio 1902) del Bo- 
letín de la Real Academia de la Historia, y poco después otras 
seis nuevas por nuestro excelente Marqués de Monsalud en el 
tomo iv, páginas 285-87 de la Revista de Extremadura, podría 
creerse agotado el filón que la epigrafía hispano-romana hallara 
en la dehesa de Las Mezquitas, término de Ibahernando, partido 
de Trujillo. 

Un reciente viaje por aquellos pueblos vecinos arriba indica- 
dos nos ha deparado, sin embargo, otras ocho inscripciones más 
de dicha época, convenciéndonos de que probablemente quedan 
muchas por descubrir en aquellos sitios. No hemos sacado calcos 
por falta de tiempo y porque juzgamos preferible la inmediata 
traslación de casi todas las piedras graníticas, en que se muestran, 
al Museo provincial. 

El cogn ornen Norbano que en las citadas inscripciones de Hüb- 



(1) Del Boletín de la Comisión provincial de Alojamientos históricos y 
artísticos de Orense, Enero-Febrero, 1902. 



NUEVAS INSCRIPCIONES DE IBAHERNANDO, CUMBRE Y SANTA ANA. 233 

ner se presenta dos veces y otras dos en las del Marqués de Mon- 
salud, aparece en otras tres de las ocho que van á ocuparnos, 
dato importantísimo para la historia de la comarca norbense. 

1) D M S 
Q_ CAECL 
O CEL I i 

D(is) m(anibus) s(acrum). Q(uinto) Caec(i)l(i)p Celi(i) f(ilio). 

Dimensiones aproximadas del cipo, 50 era. de alto por 20 de 
ancho. Muestra hacia arriba una flor cuadripétala y se encuentra 
sobre la pared de un cercado, á pocos metros de la puerta de 
una casamata, en el sitio denominado dehesa de Roa ó Roda, 
térmimo de la Cumbre, en dirección y hacia la mitad de la distan- 
cia entre ésta y Santa Ana. El nombre de Roa es en sí una reve- 
lación de la raíz del de Rumies, pueblo del que no dista una legua. 

2) Q_V I N T I A 
A A A X V E 
SERVA • N • 
III H«S"STL 

Quintia Maxu\iii\e serva an(uorum) III h(ic) s(ita). S(it) t(ibi) 
¿(erra) l(evis). 

Dimensiones aproximadas 50 era. por 20. Empotrada á regular 
altura sobre el muro de la casa núm. 12, calle Vieja de Ibaher- 
nando, y coronada por una flor exapétala. 

3) ROS • C • F 
M«SVA I 

Ros(cia) C(aii) f(ilia) Mes(sorina?) v(ixit) a(nno) I. 
De grano muy fino. Se halla en la fachada principal del Pala- 
cio en Ibahernando. También tiene roseta de seis hojas encima. 

4) n o R B A 
NVS ■ L • F 
R C • S E R 
IVS • A • !X 
H • S • E • S • T 

L 

Norbarms L(itcii) f(ilius) R(tt)c(i)scrius(?) a(nnorum) IX, h(ic) 
s(itus) e(st). S(it) ¿(erra) l(evis). 

Torna á mostrarse el consabido nombre Norbanus, y cualquic- 



234 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

ra diría, al repetirse tantas veces, que la ciudad Norba no distaba 
mucho de aquellos sitios, si Hübner no nos hubiera enseñado su 
verdadero emplazamiento junto á Cáceres actual. Sin duda á 
una jornada al oriente de Norba existieron, por lo menos, dos 
grandes núcleos romanos: uno hacia las Mezquitas, junto á la er- 
mita de la Jara y no demasiado lejos de Roda 6 Roa, y otro en- 
tre Botija y Salvatierra, aparte del clásico de Santa Cruz. Su 
existencia se justifica por dos razones: la de ocupar los tres 
puertos principales (estratégicos) de esta sierra y de la de la 
Zarza, como pasos desde Medellín á 'a meseta del Tajo y la de 
laborear las minas de galena argentífera que de aquella época 
datan, á uno y otro lado del río Tamuja, minas cuyos placeres 
acaso tengan algo que ver con el nombre de Plaseuzuela, allí 
cerca. Nos prometemos investigaciones detenidas sobre dichos 
dos núcleos, y es fama que en las inmediaciones de Botija me- 
nudean los hallazgos arqueológicos, sobre todo de monedas ro- 
manas. 

'La piedra en cuestión aparece en el dintel de una puerta de 
cierta casa en la calle de la Vuelta (Santa Ana). Dimensiones, 
110X20 cm. 

5) N ' lx 

H-S-E-S-TtL 
IVL1VS 
F • C • 

Es la mitad inferior de un cipo, y su lectura no ofrece dificultad. 

6) . L'NAI-VI 

D I V S • C 
I'-NIC-II 

Dimensiones, unos 40 cm. de lado, y acaso sea la parte superior 
de la precedente. Yace suelta tapando una portada de cercado 
á los Alcázares al SO. y tocando con las casas de Santa Ana. 

7) L-NORB 
A N V S 
I ANC IN 
VS • AÍDA 
NI ■]' S 
ARA • B* F 

L(ucius) Norbanus Tanciuus Aeidani f(ilius) S(aluti) ara(m) 
b(onum) f(actum). 



NUEVAS INSCRIPCIONES DE IBAHERNANDO, CUMBRE Y SANTA ANA. 23? 

El giro de esta inscripción votiva es idéntico al de la 4109 de 
Hübner. 

De estrecho parentesco con las anteriores — y en especial con 
las que en Belvís, Brozas, Coria, Casas de Coria, Hoyos, Santa 
Cruz, Torre de Don Miguel, Villamesías, Villar del Pedroso y 
Badajoz, tienen el nombre de Tancino, según Matías R. Martínez 
cita — la espléndida ara tiene unos 90x40 cm., bien labrada, con 
zócalo y cornisa y se halla en el muro occidental de la casa vieja 
de la dehesa Estragana (?), término de Santa Ana y á unos dos 
kilómetros de Las Mezquitas. 

8) I • NORBiV 

I- Q_VIIV« 

•\CI r VA« 
AR/ P-V- 

T(itus) Norbanus T(iü) f(ilius) Qui(n)tu(s) \Ai\a(e)cina(e) ara 
p(osita) v(otum) \s(olvit)~\. 

Está hermosamente labrada, pero ya casi ilegible, especial- 
mente el cuarto renglón. Queda recogida bajo el establo de di- 
cha casa. 

No terminaremos este apunte sin mencionar el berraco proto- 
histórico que hemos visto emplazado sobre un tajamar del puen- 
te de Botija en el Tamuja. De JO cm. de largo por 40 de alto y 
30 de grueso, muestra ese imponente tallado propio de las escul- 
turas de aquella edad, y no presenta huellas de escritura en ca- 
zoletas. Debiera pasar al Museo provincial y publicarse en foto- 
grabado. 



Logrosán (Cáceres) 11 Febrero 1902. 



Mario Roso de Luna, 
Correspondiente. 



NOTICIAS 



Memorial histórico español. Colección de documentos, opúsculos y an- 
tigüedades que publica la Real Academia de la Historia, tomo xli. — Re- 
laciones topográficas de España. Relaciones de pueblos que pertenecen hoy á 
la provincia de Guadalajara , con notas y aumentos de D. Juan Catalina 
García , Académico de número. Tomo i. Madrid, 1903. — En 4. , pági- 
nas viii -f- 442. 

Contiene este volumen, aumentadas y anotadas con exquisita erudición 
y discreta sobriedad, 23 relaciones de las que mandó se hiciesen Fe- 
lipe II en toda España, y de hecho no se extendieron más allá de Castilla 
la Nueva, Murcia, Extremadura y Jaén. Notorio es el mérito é importan- 
cia de esta gran colección, que ha permanecido hasta el presente inédita 
y ha comenzado á ver la luz pública en el Memorial histórico español. El 
ilustre Académico, cronista de la provincia de Guadalajara, á cuyos des- 
velos ha confiado la Academia la edición de las relaciones de pueblos, 
que hoy pertenecen á la expresada provincia, ha llenado cumplidamente 
su cometido. Descartando de las relaciones la superfluidad del estilo no- 
tarial que las abruma con su hojarasca, y separando de la paja el grano, 
ofrece á los lectores del Memorial el texto correctísimo, lo anota para 
esclarecerlo, cuando fuere menester, y añade al pie de cada relación lo 
que su ímproba labor en registrar archivos é inspeccionar los monumen- 
tos le ha producido para poder completar con datos seguros é imprescin- 
dibles la historia de cada pueblo hasta la edad presente. Los compren- 
didos en este volumen son los siguientes: 1. Alcocer. — 2. Alhóndiga. — 3. 
Alocén. — 4. Archilla. — 5. Atanzón. — 6. Auñón. — 7. Berninches. — 8. Bu- 
dia. — 9. Carrascosa de Henares. — 10. Espinosa de Henares. — 11. Fuence- 
millán. — 12. Fuentes. — 13. Hiendelaencina. — 14. Jadraque. — 15. Pareja. — 
16. Peñalver. — 17. Retuerta (despoblado). — 18. San Andrés del Rey.— 19. 
Trillo. — 20. Valdeavellano. — 21. Valdelloso (despoblado). — 22. Valdesaz. — 
23. Viana. 



NOTICIAS. . 237 

índice de pruebas de los Caballeros que han vestido el hábito de Calatrava, 
Alcántara y Montesa desde el siglo X VI hasta la fecha, formado por D. Vi- 
cente Vignau, Jefe del Archivo histórico nacional, de la Real Academia 
de la Historia, y D. Francisco Rafael de Uhagón, Ministro del Tribunal de 
las Ordenes, de la Real Academia de la Historia. Madrid, 1903. — En 4. , 
pág. viii -f- 362. 

Ha venido este libro á cumplir el compromiso que contrajeron sus au- 
tores (cuyos nombres valen por todo encomio) al publicar en 1901 el 
índice de Caballeros que han vestido el hábito de Santiago. 



i Colón extremeño? — Con este lema ha escrito D. Vicente Paredes, anti- 
guo correspondiente de nuestra Academia, una serie de disquisiciones 
muy eruditas sobre el origen español y extremeño de la familia de Cris- 
tóbal Colón. La conclusión ó remate de tan interesante estudio (1) re- 
suelve las siguientes preguntas: 

t Por qué causas puede sospecharse que Colón fuera nieto del judío con- 
verso D. Pablo, Obispo de Cartagena? 

i. a Por lo que indica el cuidado que tuvieron él, sus hijos y herma- 
nos en ocultar los nombres de sus padres. 

2. a Por el significado oculto de su antefirma y la necesidad que se su- 
pone tuvo de ocultar su verdadero apellido. 

3. a Porque era muy instruido en los sagrados textos hebraicos. 

4. a Porque todo lo quería en nombre de Santa María. 

5. a Porque quería ayudar al rey de España á conquistar á Jerusalén ó 
conquistarla él, pero juntando el dinero para ello en Genova. 

6. a Porque decía que no era él el primer Almirante en su familia. 

7. a Por su personalidad física y moral. 

8. a Porque siendo de raza judía, hijo de un cristiano de Plasencia, 
tienen fácil explicación sus obras y pensamientos.» 

Sobre la causa primera sostiene el Sr. Paredes, por vía de conjetura, 
que «muchas y muy grandes fueron las razones por las que se callaron 
por Colón, sus hermanos é hijos, los nombres de los que dieron el ser al 
grande y admirable descubridor de América. En el caso de que la tradi- 
ción, nuestras suposiciones y la leyenda fueran ciertas, no se hubiera des- 
cubierto el Nuevo Mundo, si hubieran revelado sus nombres ó los pueblos 
verdaderos en que nacieron, durante el tiempo en que con tanto afán el 
mísero Cristóbal demandaba el auxilio de la magnánima Isabel. Desgra- 
ciado, perseguido y maltratado fué después que consiguió su intento; pero 

(i) Revista de Extremadura^ núm xnv. Febrero, 1903. 



238 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

mucho peor lo hubieran pasado él y sus parientes, si después de conse- 
guido hubieran revelado los nombres de sus progenitores.» La caída y 
muerte de D. Alvaro de Luna, patrocinador de judíos y conversos, dio 
principio á la declarada hostilidad religiosa y política que se suscitó con- 
tra ellos. Pocos sobrenadaron; ninguno dejó de resentir el golpe de la 
tormentosa catástrofe: rari nantes in giirgiie vasto. Los rayos de la Inqui- 
sición acabaron con unos, y el edicto de terrible expatriación alejó á 
otros de las playas de su querida España, y aún tiene alejados á sus des- 
1 endientes de habla castellana. El nombre de judío quedó infamado, y el 
de converso ó cristiano nuevo, tan degradado y repulsivo como nadie lo 
ignora; de lo que es buen testigo en Palma de Mallorca el barrio de los 
que el vulgo torpe é indocto llama por escarnio xuetas (1). 

La causa segunda se corrobora con la autoridad de Fr. Alonso Fernán- 
dez, escritor de los Anales de Plasencia, donde refiere la prosapia, méritos 
y descendencia del gran rabino Selemóh Haleví, que al bautizarse tomó el 
nombre de Pablo de Santa María, por estimar que descendía del linaje 
sacerdotal y regio de la Virgen Santísima. Obispo primeramente de Car- 
tagena, y de Burgos más tarde, vinculó en sí y en los hijos que había te- 
nido antes de su conversión, altísimas dignidades de la Iglesia y del Es- 
lado, y singularmente el amor y estudio de las Letras sagradas en que 
todos ellos sobresalieron. Cinco hijos tuvo: cuatro varones, D. Gonzalo, 
obispo de Plasencia, D. Alonso, obispo de Burgos, D. Pedro y D. Alvaro, 
que tomaron todos el apellido de Sania María; y una hembra que fué la 
madre de Cristóbal Colón. El cual en su testamento decía: <D. Diego, mi 
hijo ó cualquier otro que heredare este Mayorazgo, después de haber he- 
redado y estado en posesión de ello, firme de mi firma, la cual es una 
X con una S encima, y una M con una A romana encima, y encima una S, 
y después una Y griega con una S encima, con sus rayas y vírgulas, como 
yo ahora fago, y se parecerá por mis firmas, de las cuales se hallarán mu- 
chas, y por esta parecerá». 

• S • A • S • 
X M Y 

Siguiendo la dirección del trazado de esta firma y del pensamiento 
que la dictó, parece que el sentido puede ser: 

1 .) XS = A'poferenj, léase Christoferens (Cristóbal). 
2.) De abajo arriba: 

MAS = matris. 

De arriba abajo: 

SAM = sanetzc. J/ariae. 

(i) Es decir, marranos, de xua (tocino) en dialecto mallorquín, del latín s.ts (cerdo). 



NOTICIAS. 239 

3.) YS = Eljysabeth (Tsabel) sororij. 

Y leyéndose YS á la manera hebraica, ó de derecha á izquierda, ó lo 
que es lo mismo, de arriba abajo, nos dará la primera y última conso- 
nante de la expresión así figurada, como sucede en XS (Christoferens) re- 
sultando: 

■nbn nabrc 

.Selemóh Halevz', nombre hebreo de Pablo de Santa María. < Colón para 
que así pareciera por su firma, encarga mucho que á lo último se ponera 
una Y griega precisamente y una S encima >. Si quería recordar su 
linaje Mesiánico (XS=óebet hammesía/), no podía menos de seña- 
lar también cómo se autorizaba este noble título por los dos nombres 
que tuvo su abuelo materno. «Leída como hemos propuesto — -dice el se- 
ñor Paredes — la firma del inmortal Colón, nos vendría á decir que era 
descendiente de Isabel, hermana (ó pariente, cognata) de la madre (de 
Jesús") Santa María, y que perteneciendo á la familia de la Madre de Cris- 
to, debía apellidarse Santa María como los hijos del converso D. Pablo... 
Al entrar Colón en España el año 1485, estaba en todo su esplendor el 
rigor de la Inquisición: Torquemada iba á procesar á los obispos de 
Avila y Calahorra con el pretexto de descender de linaje de judíos; únase 
á todo esto, que el que suponemos pudiera ser su tío, D. Alonso, obispo 
de Burgos, por ser hijo de converso había escrito, aunque no lo imprimió, 
según hemos dicho, un libro que era muy comentado y leído en defensa 
fie los de su clase; esto haría que Colón, como muy previsor, ocultara el 
nombre de sus padres durante sus gestiones, para que no fuera impedi- 
mento á sus propósitos su procedencia judaica; porque sabido que hu- 
biera sido, no solo hubiera originado el fracaso de sus gestiones, sino que 
hubiera puesto en peligro su existencia en la Península. Conseguido el 
favor de los Reyes Católicos, tampoco podría declarar los nombres de 
sus padres, ni decir á qué familia española pertenecía uno de ellos ni el 
pueblo en que había residido antes de su emigración; porque en Marzo 
del mismo año en que se embarcó para ir á descubrir la América, se pu- 
blicó el edicto para expulsar á los judíos, y hubiera sido infamante para 
la familia de uno de los dos cónyuges el que se supiera que uno de sus 
individuos se había casado con otro de origen judío. Cuando llegó Co- 
lón en 1470 á Lisboa ya se recelaba y perseguía y eran mal mirados en la 
Península los de la raza judaica; por lo cual, entonces ya trataría de ocul- 
tarlo; y para ello, en lugar de llamarse de su apellido de Santa María, le 
dejaría envuelto en las cifras de su antefirma, para poder disponer de él 
cuando le conviniera, y pudo adoptar el apodo de Colomo que tendría 
su padre por haberse encontrado, como hemos dicho, en el ataque ó 
reencuentro de la Colomera, aldea cercana de Sevilla.-/ 



240 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Por igual estilo de seria y discreta investigación va examinando el señor 
Paredes las demás causas que figuran en su programa, haciendo particu- 
lar hincapié en la 4. a y 5. a : Todo lo quería Colón hacer en nombre de 
Santa María; quería ayudar al rey de España á conquistar á Jerusalén, ó 
conquistarla él, pero juntando el dinero para ello en Genova . 

El Sr. Paredes da remate á su estudio diciendo: «Los expuestos son los 
fundamentos que he podido encontrar, de lo que la tradición dice, lo que 
dice la guía inglesa y lo que escribió Madoz. De ellos, cada uno admita ó 
deseche los que según su juicio sean ó no admisibles. Yo no pretendo 
falsificar la Historia, y tendré tanto gusto en verlos completamente refu- 
tados, como perfectamente comprobados». 



Los estudios lüstóricos y arqueológicos en Cataluña en el siglo X l III se 
titula el discurso leído por D. Antonio Elias de Molins el día 8 de Febrero 
en la recepción pública en la Real Academia de Buenas Letras de Barce- 
lona. Trató en esta oración, preferentemente, de los merecimientos del 
P. Jaime Caresmar, dando á luz un catálogo de sus obras. D. Francisco 
Carreras y Candí, que contestó en nombre de la Academia, hizo manifes- 
tación de los servicios prestados por el Sr. Elias de Molins, con especia- 
lidad en la organización y catalogación del Museo Arqueológico de Bar- 
celona, y en la publicación del Diccionario biográfico-bibliográfico de escri- 
tores y artistas catalanes del siglo XIX. 



En la sesión del 6 del corriente, como asistiese á ella ocupando el si- 
llón de Académico de número el Excmo. Sr. D. Francisco Silvela, actual 
Presidente del Consejo de Ministros, invitó el Sr. Director á los señores 
D. Pablo Gil y Gil y D. Pedro Gascón de Gotor, correspondientes en Za- 
ragoza, que también se hallaban presentes, á que informasen acerca del 
peligro que corre de enajenación y demolición la célebre Casa de la In- 
fanta en aquella ciudad y de los medios que se han puesto y pueden po- 
nerse en práctica para la conservación y el mejor destino conveniente á 
dicho edificio, que atendido su mérito artístico é histórico puede estimarse 
como que reúne todas las condiciones de monumento nacional. El Sr. Sil- 
vela se manifestó complacido de las declaraciones hechas con perfecto 
conocimiento de causa por ambos correspondientes, proponiéndose in- 
fluir para que por el Gobierno se arbitren recursos que se apliquen á la 
salvación de tan importante edificio y á la instalación en el mismo del 

Museo provincial de Zaragoza. 

F. F.— C. F. D. 



tomo xui. Abril, 1903. cuaderno iv. 

BOLETÍN 



DE LA 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



INFORMES 



i. 

ESTUDIO POLÍTICO MILITAR DEL CONDE DE BARCELONA 
RAMÓN BERENGUER III EL GRANDE. 

Proponiéndose la distinguida Sociedad barcelonesa Juventud 
Conservadora solemnizar de una manera permanente y útil á la 
cultura nacional la mayor edad de S. M. el Rey, anunció en I.° de 
Febrero de 1902 concurso para premiar los autores de los 
mejores trabajos que se presentasen en el plazo de tres meses, 
sobre 18 temas de diversos asuntos, principalmente históricos, 
políticos, económicos y sociológicos, y á la cabeza, como era na- 
tural, uno poético acerca del fausto suceso que motivaba el cer- 
tamen. Para cada temase ofrecieron un premio y dos menciones 
honoríficas, siendo costeados los premios respectivamente por 
S. M. la Reina, SS. AA. RR. los Príncipes de Asturias y la In- 
fanta Doña Isabel, y personas eminentes ó patricios celosos de 
dentro y fuera de la ciudad de Barcelona. 

A excepción de dos temas, para todos los restantes hubo di- 
versos y distinguidos competidores, llegando á 55 los trabajos 
presentados, que fueron sometidos á un Jurado compuesto de 
personas competentes presididas por el Excmo. Sr. D. Manuel I Ju- 
ran y Bas, Presidente de la Real Academia de Buenas Letras de 
Barcelona, quienes, después de examinarlos detenidamente, solo 
TOMO xlii. 16 



242 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

encontraron dignos de premio siete. Uno de los que alcanzaron 
tan honrosa distinción fué el que versaba sobre el siguiente tema: 
Estudio político militar sobre el Conde de Barcelona Ramón Be- 
renguer III el Grande^ que compuso un brillante oficial del Cuerpo 
de Ingenieros militares, casi recién salido de la Academia de 
Guadalajara, D. Joaquín de la Llave y Sierra, el cual "obtuvo, en 
competencia con dos trabajos galardonados con menciones hono- 
ríficas, el premio ofrecido por el capitán general de Cataluña. 

Y habiéndose impreso la Memoria laureada en la referida ciu- 
dad por Tobella y Costa en los primeros días del presente año, su 
autor, rindiendo natural homenaje á nuestra Corporación, se ha 
servido ofrecerla un ejemplar que, por acuerdo de nuestro 
dignísimo Director, y con beneplácito de la misma, ha pasado á 
informe del que suscribe. 

Y á la verdad que el trabajo histórico del Sr. La Llave y Sie- 
rra, aunque solo ocupa 91 páginas en 4. español, tiene mucha v 
nutrida doctrina por la disposición con que ha sido impreso y 
por el estilo conciso y claro con que está redactado. 

Su importancia y mérito consisten principalmente en que el 
autor no se ha limitado á desempeñar el asunto sobre que ver- 
saba el tema, ó sea el estudio histórico militar de! Conde Ramón 
Berenguer III, sino que ha querido ampliarlo extraordinariamente 
exponiendo, á manera de antecedente, una serie de conocimien- 
tos históricos sobre las diversas ramas de la actividad humana 
para bosquejar el estado político y social, no solo de Cataluña, 
sino de Europa, en la época en que dicho Conde vivió: único ca- 
mino que, según declara el Sr. La Llave en la breve introducción, 
puede conducir á la concepción exacta y cabal de los hechos 
que aquél llevó á cabo, y á encontrar el criterio racional con que 
han de ser apreciados y calificados los actos que ejecutó den- 
tro y fuera de su propio territorio. 

Aplicando el Sr. La Llave su predilecto método de exposición 
y crítica histórica al asunto concreto del tema elegido, ha dedi- 
cado tres de los cuatro capítulos que comprende su trabajo ¡í la 
parte preliminar ó introductiva. 

Lleva or epígrafe el primer capítulo: listado social de Cata- 



RAMÓN BERENGUER III EL GRANDE. 243 

luna en los fines del siglo XI y comienzos del XII, y para desem- 
peñar en breve espacio tarea tan abrumadora, trata muy .suma- 
riamente de las siguientes materias, en párrafos numerados por 
este orden: origen y categorías del régimen feudal en dicha re- 
gión, en el resto de la Península y en otros países de Europa; 
poder político; legislación, modo de administrar justicia y tribu- 
tos; comercio y moneda; Artes, desarrollo intelectual y literario 
y Arquitectura. Se propone en el segundo capítulo exponer el 
estado militar del mundo, y especialmente el de Cataluña en la 
época del nombrado Conde de Barcelona. A este efecto nuestro 
joven autor fija su atención singularmente en los siguientes asun- 
tos, que son objeto de otros tantos párrafos, demostrando en 
ellos indudable competencia : organización y táctica militar y 
reclutamiento; armas personales; fortificación y poliorcética; ma- 
rina militar, táctica y técnica navales, armas y organización, Y 
en el tercer capítulo, y bajo el epígrafe Cronología del mundo me- 
diterráneo occidental en el tiempo de Ramón Berengucr el Grande, 
pasa revista en sendos párratos muy breves á los siguientes 
pueblos: España árabe, Castilla, Aragón, Francia y Estados pon- 
tificios, describiendo su respectiva situación política á grandes 
rasgos. 

Construida, con los materiales históricos enumerados, lo que 
pudiéramos llamar figuradamente la plataforma social en que 
han de desarrollarse los más importantes acontecimientos de la 
vida del Conde de Barcelona, dedica el Sr. La Llave el iv y úl- 
timo capítulo de la Memoria premiada, intitulado Historia polí- 
tica externa del reinado del Conde Ramón Berenguer III el 
Grande, al estudio biográfico de este último, reseñando las prin- 
cipales circunstancias concernientes á su persona, desde el trágio i 
fin de su padre; las accidentadas vicisitudes del tiempo en que 
estuvo bajo tutela; los hechos políticos y militares, terrestres ó 
marítimos que llevó á cabo ó en que fué principal actor, inicia- 
dor ó director, sin omitir los datos concernientes á sus enlaces 
matrimoniales, sucesión y disposición testamentaria, hasta su fa- 
llecimiento; concluvendo el estudio biográfico con el juicio que 
del príncipe barcelonés ha formado el Sr. La Llave, y que sin 



244 boletín de la real academia de la historia. 

dejar de sor muy favorable se halla formulado con la austeridad 
propia del que aspira á que en sus fallos resplandezca la justicia 
por cima de todo otro sentimiento de nuestro corazón, por puro 
y noble que sea. 

Tal es, en abreviado resumen, la Memoria premiada por la 
Juventud Conservadora de Barcelona sobre el Conde Ramón Be- 
renguer III. Aun cuando en la parte dedicada al estudio histórico 
militar del mismo, que es el asunto propio y peculiar del tema, 
el autor se ha limitado, como reconoce con laudable sinceridad, 
;í recoger las enseñanzas que brotan de las fuentes de conoci- 
miento á que ha acudido, y que, según él, no son tan puras y 
abundantes como fuera su deseo, sin preocuparse de aumentar- 
las 6 depurarlas, no cabe negar que ha demostrado poseer gran 
caudal de conocimientos en diversas disciplinas del saber, adqui- 
ridos en edad muy temprana y cuando su actividad cerebral se 
hallaba totalmente ocupada en el áspero y complejo aprendizaje 
de otras ciencias y artes bien diferentes de aquellas. 

• Por eso, el que suscribe, al terminar esta breve reseña de la 
.Memoria escrita por el Sr. La Llave, se cree en el deber de 
consignar la complacencia que le ha producido su lectura, y 
espera que la Academia, participando de ella, alentará con su 
aplauso al distinguido oficial de nuestro ejército para que conti- 
núe utilizando las singulares facultades con que le dotó la Provi- 
dencia y su decidida vocación por el estudio y exposición de la 
I [istoria de los pueblos, cuyo acertado desempeño va siendo de 
día en día más difícil. 

Madrid, 6 de Marzo de 1903. 

Bienvenido ( )liver. 



LAS ISLAS DE SALOMÓN. 245 



II. 



RELACIONES DEL DESCUBRIMIENTO DE LAS ISLAS DE SALOMÓN, 

TRADUCIDAS AL INGLÉS POR LORD AMHERST DE HACKNEY (i). 

Cerca de treinta años han transcurrido desde que el Sr. Amherst 
de Hackney se propuso hacer versión inglesa de las narra- 
ciones de viajes de Mendaña, con destino á la Sociedad Hakluyt, 
hasta que ha salido á luz, y esto, explicado en el prólogo, porque 
durante el período de los primeros trabajos fueron apareciendo 
ejemplares manuscritos en bibliotecas de Londres, de París, de 
Madrid, de Sevilla, y sentido el deseo de obtener copias, de 
comprobarlas, de estudiar las variantes y de identificar los nom- 
bres primitivos de lugares y cosas con los que actualmente tienen 
en las mismas islas , hizo necesario buscar y designar en ellas 
personas entendidas que, con los manuscrito.s á la vista, fueran 
reconociendo y anotando cuanto pudiera interesar á la curiosi- 
dad de nuestros días, todo lo cual realizó el Lord, obteniendo el 
concurso de dos almirantes de la marina británica y del coman- 
dante de su yacht de recreo, para la estimación de los derrote- 
ros; de altos empleados y misioneros para confrontar los datos 
de Etnología y de Historia natural ; de especialistas que le pro- 
porcionaran fotografías, y al fin de literato conocedor del archi- 
piélago, como lo es Mr. Basil Thomson, que diera unidad y con- 
junto á la tarea de los traductores. 

Con decir que no era esta sencilla, dada la condición de alguno 
de los originales, de lectura tan difícil aun para los familiarizados 
con la paleografía, que algunas abreviaturas no han podido des- 
cifrarse satisfactoriamente, se advierte que el Sr. Amherst de 
Hackney no ha perdonado diligencia que condujera á la correc- 



(1) «The discovery oí the Solomon islands by Alvaro ele Mendaña in 
1568, translated from original spanish manuscripts. Edited with introduc- 
tion and notes by Lord Amherst of Hackney and Basil Thomson>. Lon- 
don. Printed at the Bedford pres. 1901. 2 vol. 4. 



246 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

ción y lucimiento de la obra, incluso la de emplear á sus propias 
hijas en la labor minuciosa y pesada de la comprobación. 

Las relaciones contenidas en los dos tomos con que el Lord 
ha favorecido galantemente á esta Academia son seis, que algo 
difieren en el texto, pero que no se contradicen, antes bien se 
completan en el objetivo de referir él viaje emprendido por 
Alvaro de Mendaña. 

I )c la primera, redactada, mejor dicho, dictada por Hernán Ga- 
llego, piloto mayor de la expedición, se conocen tres ejemplares. 
El Dr. Guppi insertó fragmentos traducidos al inglés en su libro 
The Salomón Islands. 

La segunda, escrita por Pedro Sarmiento, fué copiada por 
D.Juan Bautista Muñoz y publicada en español por D. Luís 
Torres de Mendoza en la Colección de documentos inéditos de 
indias, 1. a serie, tomo v. 

La tercera comprende la primera parte del escrito de Men- 
daña; la dio á conocer la misma Colección valiéndose de copia 
sacada por Muñoz en el Archivo de Simancas, y está falta de 
algunas hojas. 

La cuarta, segunda parte del mismo, se conserva en la Biblio- 
teca de esta Academia, Colección Yelázquez , tomo xxxvi; la 
estampó D. Justo Zaragoza en su Historia del descubrimiento de 
las regiones Austriales (i), es más breve que la anterior y con- 
signa voces de los isleños. 

La quinta, anónima, se guarda en la Biblioteca nacional de 
París. Es obra de persona ilustrada -y observadora. No ha llegado 
á conocimiento del Sr. Amherst de Hackney que, habiéndola 
copiado por mi mano, se dio al público acá en el Boletín de la 
Sociedad Geográfica de Madrid (2). 

1 1 ) Madrid, 1876, tres tomos. Insertó dos relaciones del primer viaje 
de Mendaña con noticia de algunas más, impresas ó manuscritas. Dos 
existen en el Archivo de Indias, notable la una, aunque incompleta, como 
arriba se dice, por haberla escrito Pedro Sarmiento de Gamboa. 

(2) Año 1895, tomo xxxvu, páginas 410-426, con titulo de Relación 

de lo sucedido en el viaje que hizo Alvaro de Mendaña en la demanda de 

la Nueva Guinea, la cual ya estaba descubierta por Tñigo Ortiz de Retes, que 

1 on f '/Halólos de la tierra de Nueva España el año de 1544 i 1 567 á 1569). 



LAS ISLAS DE SALOMÓN. 247 

La sexta es de Gómez H. Catoira (sic) escribano mayor de la 
armada y tenedor de los rescates. Encontró el manuscrito don 
Pascual de Gayangos entre los del Museo Británico, y por su 
amistad con Lord Amherst le asesoró en el reconocimiento y 
copia, sin determinar la abreviatura del primer apellido del autor 
ni asegurarse que el segundo sea Catoira, Catoira ó Zatoira, que, 
en verdad, no parece tener desinencia castellana; D.Juan Bau- 
tista Muñoz la extractó para su Colección de documentos, y tam- 
bién I). Martín Fernández de Navarrete con destino á la suya. 

La séptima y última, que se halla también en el Museo 
Británico, dista mucho del interés de cualquiera de las otras, 
como puede juzgarse por el título: Particular noticia dada al 
capitán Francisco Cadrcs por un indio llamado Chepo, viejo de 
115 ó 120 años, acerca de las islas de Salomón, sus nombres, etc. 

Siendo en conjunto conocidas entre nosotros, lo que ha de 
importar, y fijará sin duda la atención de la Academia, es el jui- 
cio crítico que al nuevo compilador inglés merecen, y que am- 
pliamente explana en introducción de 85 páginas. 

Observa en principio que las islas de Salomón, el más impor- 
tante y remoto grupo de los del mar Pacífico, fueron descubier- 
tas en 1 568 en expedición despachada por orden del Gobierno 
español, que se entretuvo seis meses en el reconocimiento y que 
llevó al Perú, de regreso, relaciones tan exactas y detalladas, que 
pasados trescientos treinta y tres años es posible por ellas iden- 
tificar, bahía por bahía y punta por punta, no obstante lo cual, 
aunque no pocas naves fueron destinadas posteriormente á bus- 
carlas, se perdieron á la vista de los europeos, al punto de dudar 
los geógrafos de- su existencia real y borrarlas de los mapas y 
cartas de marear, mientras Carteret y Bougainville no volvieron 
á dar con ellas en el siglo xvm , y eso teniendo el archipiélago 
ocho islas grandes, en línea casi no interrumpidas de 600 millas. 
Quizás no haya en la historia de los descubrimientos caso más 
raro y curioso. 

De esta historia se vale el autor para reseñar cumplidamente 
las navegaciones de los españoles, desde que Vasco Núñez de 
Balboa entró por su pie en las aguas del mar del .Sur con el 



248 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

estandarte de Castilla, refutando de paso las ligeras aseveraciones 
de un marino francés, de haber sido compatriotas suyos los pri- 
meros aradores del Pacífico. 

Llegando á la jornada objeto de la recapitulación, presenta 
bosquejos biográficos de los comandantes y personas de viso: 
Mendaña, Gallego, Sarmiento, Ortega, Enríquez, y no pocas 
obras españolas ha tenido que consultar á fin de reunir los 
datos (I). 

Emprende á seguida, en compendio, la narración crítica del 
viaje, observando cuanto de notable abarca é ilustrando las refe- 
rencias con una carta general del mar Pacífico en que está traza- 
da la derrota de los navios en los viajes de ida y vuelta; con 
otra carta del archipiélago de Salomón destinada á desarrollarlos 
reconocimientos hechos á bordo del bergantín de la escuadra, 
y con vistas de las islas, tipos de sus naturales, casas ó barra- 
cas, sepulturas, ídolos, embarcaciones, armas, utensilios, en 
buenas fototipias. Dedica especial cuidado á la identificación de 
lugares y nombres que los españoles les impusieron, así como á 
los de la fauna y la flora y á los de las voces indígenas y su co- 
rrespondencia, que se leen en las relaciones. Discute las opinio- 
nes del Dr. Guppi (2), quien, aun teniendo en cuenta el espíritu 
de la época, encontró tachas que poner á la humanidad de los 
castellanos, alabándola por su parte, comparándola con laque se 
puede considerar en posteriores exploraciones de europeos, sin 
excluir las de sus coterráneos, en las jornadas de la Perouse, 
Roggewein, Schouten, Surville, Cook, d'Entrccasteaux, Hamil- 



(1) Paréceme que, sin embargo, no ha llegado á sus manos un libro 
qne pudiera servirle; el Boletín de esta Academia, tomo xxvm, año 1896, 
donde se halla el informe que se me encomendó acerca déla publicación 
de Sir Clement R. Markham, presidente de la Sociedad Real Geográfica 
de Londres y nuestro digno Correspondiente, Narratwes of the voyages 
of Pedro Sarmiento de Gamboa to the Straits of Magallam. London. Prin- 
ted for the Hakluyt Society, mcccxcv, informe al que agregue docu- 
mentos hasta entonces desconocidos, luego ampliados en mi historia de 
la Armada española, con los que se deben á investigación de nuestro 
difunto compañero Jiménez de la Espada. 
2 1 Tiie Solomon Islands. 



LAS ISLAS DE SALOMÓN. 249 

ton, etc., pensando dejar demostrado que siendo de admirar el 
arrojo, la constancia, la destreza, el sufrimiento de los navegan- 
tes españoles, se adquiere convicción de que no ha habido 
exploradores que hayan hecho tanto ni detallado los descubri- 
mientos como ellos lo verificaron en el siglo xvi. 

Se ocupa, por final, de los viajes repetidos en el xym, con los 
que se consiguió el nuevo encuentro de las islas dudosas, pen- 
sando que, si los geógrafos franceses lograron justificar la exis- 
tencia é identificar su posición sin más datos que los muy con- 
cisos de Cristóbal Suárez de Figueroa (i), es obvio que de ha- 
berse publicado las relaciones ahora compiladas en el tiempo en 
que fueron escritas, no pasaran dos siglos sin encontrar lo que 
con tamaña exactitud estaba descrito. 

Tal es, en ligero resumen, la obra con cuyo envío ha obse- 
quiado lord Amherst de Hackney á esta Academia, y con la 
que divulgará en Inglaterra noticias y apreciaciones que nos 
honran. 

Estimo no ser ociosa la indicación de semejanza que por las 
fototipias de la obra se deducen, entre los naturales de las islas 
de Salomón y los bubis de la de Fernando Póo, con estar tan 
apartadas unas de otra. Los tipos son bastante parecidos; algunos 
tienen asomos de barbas, andan desnudos, cubriendo las partes 
sexuales con cierta bolsa á modo de suspensorio, que nada tiene 
de común con los aparatos usados con tal fin en casi toda la 
Oceanía y en el continente africano; gastan brazaletes en los an- 
tebrazos, y consiste la gala principal en un sombrero, cualquiera 
que sea la. forma, prefiriendo las europeas. Se nota asimismo mu- 
cha semejanza entre los objetos de madera labrada, especial- 
mente en utensilios. 

Cesáreo Fernández Duro. 



'0 En los Hechos de D. García Hurtado de Mendoza. 



25O BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 



III. 



DOS VIAJES REGIOS. 

(1679 Y IÓ66). 

Es proverbial la magnificencia desplegada por nuestros Reyes 
de la Casa de Austria en sus viajes y expediciones. Aun en las 
apocas de mayores apuros financieros se gastaban enormes su- 
mas con este motivo, no solo por el Estado, sino por las ciuda- 
des, A-illas y lugares, y también por los señores y magnates que ó 
residían en ellos ó iban acompañando á las Reales personas, ha- 
ciendo algunas veces excepción á esta regla Carlos V y Fe- 
lipe II. 

La relación del viaje hecho en 1 679 por la Reina María Luisa 
de Orleahs para casarse con Carlos II de España, publicada re- 
cientemente por el distinguido y erudito hispanófilo Mr. H. Leo- 
nardon (i), justifica una vez más nuestro aserto. 

Existe el original de esta Relación en nuestra Biblioteca Na- 
cional, y su autor es D. Joseph Alfonso Guerra y Villegas, que, 
según parece, ejercía el cargo de Rey de armas principal, ha- 
biendo también desempeñado los de ayuda de la furriera de cá- 
mara y aposentador. Su redacción es por todo extremo desorde- 
nada, confusa y deficiente, siendo bien extraño que al cabo de 
cuarenta años de servicios no conociera bien, ó desconociera por 
completo, algunos de los nombres y de los títulos de los más es- 
clarecidos personajes que formaban parte de la regia comitiva. 
Es, sin embargo, por otros conceptos, interesante y curioso este 
documento. 

Emprendióse el viaje objeto de esta relación á fines del mes 
de Septiembre de 1679. Las personas que en él tomaron parte 
pertenecían las más de ellas á la casa de la Reina Madre, y fue- 



(1) «Relation du voyage fait en 1679 au devant et a la suite de la Reine 
Marie Lmiisc d'Orléans, femme de Charles II.» — Extrait du Bulleiin hispa- 
nique de 1902. 



DOS VIAJES REGIOS. 25 I 

ron enviadas á la frontera de Bidasoa para recibir en ella, y acom- 
pañar después hasta encontrar al Rey, á su joven y nueva sobe- 
rana. Hija ésta de Monsieur y de la difunta Madame, Enriqueta 
de Inglaterra, habíase ya desposado por poderes en Francia con 
el monarca español, habiéndose concertado este matrimonio por 
instancias de Luís XIY á la terminación de la paz de Ximega. Á 
este efecto, el primer plenipotenciario español en ella, Marqués 
de los Balbases, pasó de orden de Carlos II á París de embajador 
• ■xtraordidario, á fin de concertar este enlace, como lo efectuó, 
acompañando después á España á la regia desposada. 

Formaban parte del séquito : como Mayordomo mayor, el 
Marqués de Astorga y otros dos mayordomos; como Camarera 
mayor, la Duquesa de Terranova y cinco damas; el Duque de 
< )suna como Caballerizo mayor, acompañado de su yerno el Du- 
que de Uceda; de bracero, el hijo del Marqués de Villa-Manri- 
que y dos meninos; tres señoras de honor; dos azafatas; tres se- 
ñoras en concepto de guarda-mujeres; una dueña de retrete y 
cuatro camaristas. De la furriera iban el aposentador mayor y 
otros once empleados; de la tapicería, cuatro; de la caba, otros 
cuatro; de la panetería, frutería, sausería, cerería y guarda-joyas, 
cuatro por cada oficio; del Estado de Damas, cinco; del Estado 
de Camaristas, dos; guarda-damas, cuatro caballeros; reposteros 
de camas, cuatro; ujieres de saleta, dos; ujieres de vianda, uno; 
porteros de cámara, fiambrero, uno; despensero mayor, dos; co- 
cineros mayores, dos, y varios ayudas, portadores, mozos de ofi- 
cio y entretenidos; busier, uno; escuderos de á pie, cuatro; por- 
teros de damas y ayudas, tres; cocinera, una; barrenderas de cá- 
mara, dos; enfermera, una; lavanderas, tres: la de cámara, la de 
boca y la de estado; monteros de cama, cuatro; panadero de 
boca, uno; pastelero, uno, proveedor de la nieve; capellán y li- 
mosnero mayor; capellanes de honor, dos, y un ayuda de orato- 
rio; caballerizos, dos; furrier, ayuda de caballeriza, uno; correos, 
tres, y aposentadores de caminos, dos. 

Con esta numerosa comitiva, que fué luego acrecentándose 
por diversos motivos, y á la que se agregó luego una buena par- 
te del séquito francés que traía la Reina, puede imaginarse el lee- 



252 boletín de la real academia de la historia. 

tor que no faltarían piques, disgustos, rozamientos, cuchilladas y 
lances cómicos y hasta trágicos. 

El martes 26 de Septiembre salió todo este acompañamiento 
palaciego de Madrid, quedándose á dormir en Alcalá de Hena- 
res en el palacio llamado del Cardenal. El autor describe ligera- 
mente algunos de los monumentos antiguos, históricos ó arqueo- 
lógicos de las poblaciones por donde pasa y las cosas y costum- 
bres que más le chocan, refiriendo no pocas fábulas y tradicio- 
nes. El 27 en Guadalajara, en el palacio del Duque del Infantado. 
El 28 en Hita, donde poco antes de llegar volcó un coche en 
que venía una dama de la Reina, quedando bastante maltratada. 
Pasando por Jadraque, Paredes, Berlanga, San Esteban de Gor- 
maz, Aranda de Duero, donde se recibió orden de S. M. de acor- 
tar las jornadas por no salir la Reina de París hasta el 22 de Sep- 
tiembre, Gumiel de Mercado y Lerma, llegó la comitiva el vier- 
nes á Burgos, no sin haber ocurrido antes otros vuelcos de co- 
ches y caído enfermas algunas personas. Siguió aquélla su mar- 
cha por Briviesca, Pancorbo, Miranda de Ebro, Vitoria, Salinas, 
( )ñate, Zumárraga, Tolosa y Hernani, llegando el lunes 16 de 
Octubre á Irún. La lluvia los molestó tanto en estas últimas po- 
blaciones, que parecía otro diluvio universal. «Pasamos, dice, em- 
barcados á Fuenterrabía, donde vimos el muelle y la fábrica de 
los navios, reconociendo su fortaleza, que es muy buena». En 
este punto vieron las piezas de artillería ganadas á los franceses 
en el famoso sitio de 1638. «El castillo es muy fuerte y capaz... 
Xo hay guarnición para defensa por causa de no pagarse á los 
soldados y estar desnudos, y no pagarse quince meses há: enfer- 
medad antigua de España. — Frente de este mismo lugar está la 
ermita por donde bajó el Almirante de Castilla, Marqués de 
Mortara y demás señores que dieron con el socorro y batalla 
terror á los franceses y valor para resistir á los españoles, que se 
hallaban con gran necesidad de todo... Pasamos á Andaya, villa 
do Francia, donde nos agasajaron mucho. Es la gente más corte- 
sana y limpia que he visto en mi vida... Martes: Fuimos otra vez 
á Andaya, lugar muy pulido de Francia, con hermosas casas y 
limpieza. I lay tiendas muy ricas de mercaderes, aunque se vende 



DOS VIAJES REGIOS. 253 

mitad más caro que en España. En esté lugar hicieron algunos 
criados de señores y de la familia de S. M. algunas raterías, de 
que se pudo originar algún tumulto; mas los franceses cedieron 
la razón que les asistía, por no alterar el lugar en tiempo de bo- 
das...» «El día / de este mes de Septiembre se dio noticia cómo 
el Gobernador y justicia de Fuenterrabía habían dispuesto en el 
castillo, que es la casa donde en otras ocasiones se hospedaron 
personas Reales, juzgando fuese la casa á ella; y viendo se que- 
daba en Irún, después de haber dado sus quejas y representado 
su cariño, hubo diferentes desazones; y el alcalde de Fuenterra- 
bía fué á la casa de la conferencia, donde se han de hacer las en- 
tregas, con vara alta de justicia, dando á entender era de su ju- 
risdicción aquella ribera, y saliendo los franceses le quebraron la 
vara, maltratándole de palabra, y procurando pasar á la obra, 
trató el alcalde de escapar con la vida, dando gracias á Dios». 

El día 25 de ( )ctubre por la noche «hubo un huracán tan so- 
berbio que se llevó la casa de la conferencia q entregas, que era 
toda de madera, con quatro piezas, formada á la orilla de la ría 
desde su fundamento. Hase vuelto á hacer nueva, algo más pu- 
lida, aunque es cierto es fábrica bien desengañada, pues más. 
parece palomar de barajas que casa para depósito de una señora 
esposa del mayor monarcha del orbe; y es que sienten mucho 
los franceses gastar dinero sin provecho, como ellos dicen... Los 
días 2~, 28, 29 y 30 pasaron de Francia muchas familias á ver 
el cuarto que se tenía en el palacio de Irún para la Reina nues- 
tra señora, y las mugeres vestidas á la francesa en cuerpo y dadas 
de la mano con sus maridos. Es cierto que son mugeres hermo- 
sas. Usan de gran llaneza; y estos días se entraban hasta donde 
estaba la Camarera mayor y se sentaban junto á ella y escudri- 
ñaban los trajes de España con notable atención y cuidado, to- 
cando y manoteando todo quanto había, sin reservar cosa alguna: 
de donde se infiere lo jovial con que se tratan en Francia. — Este 
mismo día fué, con orden del [Mayordomo mayor, D. Alonso 
Carnero, secretario de Estado, que pasa á Flandes, que está 
nombrado para las entregas á San Juan de Luz, donde se ha- 
llaba S. M., para saber de cierto si había de ser al otro día 31 de 



254 ETIN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Octubre, martes, la función; y se dio aviso se dilataba para el 
jueves, creyéndose ora la causa la competencia que so juzgaba 
hay entre el Marqués do los Ralbases y el Príncipe de Harcourt, 

sobre quién lia de venir á la mano .derecha de S. AI., do que so 
originan los grandes gastos que se le siguen al Rey nuestro 
señor cada día que so atrasa esta entrega y la necesidad que 
padecen los criados, siendo el gasto que hacen grande y en 
plata, v la ración se compone de seis reales y medio do vellón. 
Dios sobre todo». La citada competencia fué resuelta á favor del 
Príncipe de I larcourt, á quien Luís XIV había encargado condu- 
cir á la Reina hasta la frontera y acompañarla después hasta el 
lugar donde encontrase á Carlos II. Colocóse el Príncipe á la de- 
recha de la Reina en el momento de la entrega al Marqués de 
Astorga, su mayordomo mayor, salvando la dificultad el de los 
Ralbases pasando algunas horas antes á España. 

«I.° ido Noviembre) día de Todos Santos, fui á San Juan de 
Luz... á ver á la Reina nuestra señora, y habiendo algunos cria- 
dos do S. M. españoles, entramos á besar la mano, haciéndonos 
gran demostración de cariño y agasajo. Después salió á comer 
en público una grande y costosa comida, estando cuantos qui- 
sieron presentes muy cerca de S. M. Después fui á ver al Mar- 
qués de los Ralbases y pedirlo licencia para hablar á S. M., la 
cual pasó á pie desde palacio á una casa particular, acompañada 
del Príncipe de 1 larcourt y otros muchos monsiures y señores. Al 
^alir de ella di memorial á S. M. y lo envió al punto al Marqués 
de los Ralbases. Fué á vísperas dejándose ver muy despacio; 
que es cierto iba tan bolla como un ángel. El día antes salió á la 
mañana á embarcarse en el muelle que os muy bueno. Había 
muchos y grandes bajeles, todos con su artillería de piezas de 
hierro, pasado el puente, que es todo de madera, de largo 
de 150 pasos... «El día 2 de Noviembre se dio aviso venía S. M. 
á la casa de la conferencia, y saliendo el Marqués de Astorga y 
la Camarera mayor, las damas -y toda la demás casa en forma; 
y después de toda esta prevención y aparato, S. M. despachó 
corr o en (pie di.') cuenta había estado indispuesta, siendo, según 
se dijo, la causa un vahído de un desconocido (sic) en un dedex». 



DOS VIAJES REGIOS. 255 

«Este día una embarcación de Fuentérrabía llevaba bandera con 
la cruz de Borgoña, lo cual sintieron mucho los franceses, por 
haber cuatro días antes preso los de Fuentérrabía las personas 
v marineros de una chalupa (por llevar bandera de Francia i el- 
los vecinos del lugar de Andava. Y bajando á la marina todos 
con escopetas y pistolas, y todas las embarcaciones que llegaban 
al puerto las sacaban con una maroma la calle arriba, con tanto 
estruendo y alboroto que se temió los soldados de Fuentérrabía 
no disparasen artillería y tuviésemos alguna novedad ; con que 
se llegaron con escopetas los franceses viendo la chalupa de 
Fuentérrabía con determinación de matar á los que venían en 
ella y quemarla. Y lo pusieran por obra á no haber un español 
que entendía la lengua, y oído el intento se tué corriendo y dio 
aviso para que quitasen la bandera, executándolo así, siendo en 
la ocasión presente el remedio eficaz para aplacar el fuego que 
estaba empezado á encender».— «Yiernes. El día 3 de Noviem- 
bre tocaron los clarines de la Camarera mayor al amanecer dando 
noticia eran las entregas sin falta, con lo cual se puso toda la 
familia de la Casa Real de golilla, habiéndose visto tantas y tan 
costosas galas que parece imposible que la ponderación lo exa- 
gere, pues el más pobre corrió este día parejas con el rico. Las 
libreas del Marqués de Astorga y Duque de Osuna fueron mu- 
chas y costosas, unas de bordados de oro y plata, otras de enca- 
jes de primorosas labores, no habiéndose visto en España día de . 
más lucimiento, coronando esta grandeza los Duques de Osuna,. 
Uzeda y Marqués de Astorga. Siguióse á esto para el acompaña- 
miento y recibimiento dos compañías de caballos... siendo los 
mejores montados que se han visto en la milicia española... Des- 
pués que llegaron los coches de palacio con las damas, se que- 
daron á la orilla de la ría, y el Mayordomo y la Camarera mayor 
de la parte de España, estando la marea llena, cubierta de em- 
barcaciones, unas doradas, otras coloradas y otras de diferentes 
colores. La de S. M. era de escultura de figuras doradas, y en 
medio de ella de la hechura de una cama colgada, cielo y cortinas 
de tela pasada de oro encarnada, y las ventanas con vidrieras de 
cristal y á las espaldas un escudo de armas de España con su 



256 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

corona imperial, y toda la barca en círculo de pinturas de ninfas 
en sus atributos. Llevábanla á remolque otras chalupas, y los ma- 
rineros vizcaínos todos vestidos con sus casacas de terciopelo 
negro y botónos de plata. Iban en otra los caballeros de las tres 
provincias de Vizcaya, Álava y Guipúzcoa, con muchas y ricas 
galas, vestidos casi á la francesa, sin faltar señora de todas ellas 
que viniese embarcada, procurando dejar pobre á Milán con sus 
telas pasadas, propio ánimo de la nación española». 

«S. M. llegó á la casa de la conferencia á las cinco de la tarde 
en su carroza, trayendo consigo á la embajatriz princesa de 
Harcourt y su Camarera. Entró con su mascarilla, y habiéndose 
apeado entró en la casa de ías entregas, que estaba colgada y 
entapizada, donde estaban la mayor parte de la nobleza de Fran- 
cia, de hombres y mujeres. Después salió al puente de madera 
haciendo ala la compañía de caballos que traía S. AL, aguardando 
en él al Mayordomo mayor que pasase, haciendo al mismo tiem- 
po salva real la caballería española. Toda la familia de el Mar- 
qués le acompañó hasta la conferencia, donde entró con el se- 
cretario de Estado D. Alonso Carnero; y habiendo leído los po- 
deres que traía de la Magestad Católica del Rey nuestro señor, 
y hecha relación de ellos, se sirvió la colación y bebidas que 
tenían de la parte de Francia prevenida. Habiéndose concluido 
esta función, S. M. despidió los Mariscales de Francia y demás 
gente con notable alegría; y saliendo al puente entró en la falúa 
Real, y en pasando la ría, parte de España, se le hizo salva real • 
por la caballería española, y dando aviso las centinelas que había 
puestas en diferentes partes, se disparó la artillería de Fuenterra- 
bía, con que S. M. llegó embarcada hasta la iglesia de Irún, donde 
la volvió á recibir lá caballería haciendo otra salva. Estábala es- 
perando á la puerta el obispo de Pamplona, I). Fr. Pedro Roche, 
religioso francisco. Habiendo hecho la ceremonia á S. M., entró 
dentro de la iglesia, donde se comenzó el Te Deum ¡audamus, y 
echándola la bendición episcopal, dio S. M. gracias, y saliendo se 
fué á pié, sin querer entrar en silla ni coche, á palacio, acompa- 
ñada de toda su familia española y francesa, llevando la falda la 
Duquesa de Terranova, su camarera mayor, iba S. M. con un 



DOS VIAJES REGIOS. 257 

vestido bordado de oro y guarnecido de diamantes el jubón, los 
calados y la media manguilla, y un collar de diamantes y una 
joya grande de lo mismo, y muchos clavos, con que entró en pa- 
lacio tan galanteada de su belleza que parecía un paraíso, entre 
la Marquesa de los Ralbases (i), con un vestido bordado de oro, 
llena de diamantes, y una gargantilla de perlas como avellanas 
pequeñas, muy iguales, con su hija la Duquesa de San Pedro (2), 
todos los extremos de diferentes piedras preciosas, y en medio 
de los pechos una joya de una águila imperial muy rica. 

»Entraron muchas madamas ricamente vestidas, y seis damas 
de la Cámara admirablemente vestidas. Dióse antes de la cena un 
gran refresco, participando todos los caballeros de Francia, sien- 
do tanta la gente de todos estados que concurrió, que era impo- 
sible pasar por las calles. El arcediano de Madrid, que iba por 
limosnero mayor de la Reina nuestra Señora, así en la conferen- 
cia como en Irún, repartió aqueste día mas de 600 reales de á 
ocho arrojándolos. 

»Aquesta noche, á la hora de las seis, vino un repostero de 
camas francés, con orden de S. M., para reconocer la cama que 
se le tenía prevenida, y mandándome llamar el señor Marqués 
de los Ralbases, me la dio para que se pusiese la que traía S. M. con 
colchones de pluma, la cual se puso, dejando la otra de respeto, 
añadiendo á esto el repostero que S. M. había dado esta orden y 
le había dicho no se juzgase á desaire ni á poca confianza el que 
mandase (esto), sino tan solamente el sosegar bien en ellos, como 
tenía de costumbre. 

»E1 sábado salió S. M. á misa á la iglesia parroquial de Irún, á 
la hora de la una, en la carroza que se llevó de España, llevando 
consigo á la Camarera mayor, poniendo al estribo como caballe- 
rizo mayor al Duque de ( )suna, pasando á pié ala iglesia; á quien 
siguió el Duque de Uceda, vestido maravillosamente á la france- 
sa con un vestido bordado cuajado de oro; después el Marqués 



(1) D. a Ana Colonna, hija del Condestable de Ñapóles, Marco Antonio 
Colonna. 

(2) D. a Isabel Spínola. 

tomo xlii. 17 



258 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

de los Balbases, y en habiendo pasado el coche de S. M., fué 
también á pié el Mayordomo mayor, llevando por bracero á Don 
Antonio Manrique de Guzmán, su sobrino, hijo mayor del Mar- 
qués de Villamanrique, y toda la familia suya de una librea azul 
muy rica. Después de haber vuelto á palacio, mandó S. M. la 
entrasen á besar la mano las tres provincias de Vizcaya, Álava y 
Guipúzcoa, cada una de por sí. Después mandó entrase la Casa 
Real á la misma ceremonia, diciéndole el intérprete el oficio de 
cada uno. 

»A esta misma hora mandó el Mayordomo mayor pasase Don 
Juan Clavero, aposentador mayor de palacio, al primer tránsito, 
á disponer el hospedaje de S. M., que era la villa de Hernani... 
A esta misma hora mandó el Mayordomo entrase á servir con 
capa D. Gabriel de Silva, mozo de oficio de la furriera, el más 
antiguo, y sirvió la vianda... con que gozó los honores de 
ayuda... 

»A las ocho de la noche salió S. M. á la pieza grande donde 
se sentó en su -silla, y á mí se me mandó servir la almohada, que 
toca al tapicero mayor, por no haber quien la sirviese, y junta- 
mente serví las de la Camarera mayor y la Señora madama go- 
vernante (i), que es viuda y la trae S. M. De este otro lado estu- 
vo Madama... (2) y las damas y demás señoras; y de este otro 
lado el Duque de Osuna y el Duque de Uceda; y en saliendo 
S. M. empezaron á cantar y tocar hasta en número de 38 músi- 
cos y dos músicas con gran variedad de instrumentos y clavicor- 
dio; y habiendo tocado y cantado, S. M. se entró en su cuarto, 
donde mandó se le entrase el clavicordio, lo cual hicimos D. Ga- 
briel de Silva, mi compañero y yo; y preguntando á S. M. dónde 
mandaba se pusiese, respondió en español con notable gracia: 
«Pónganle encima del tocador». S. M. danzó en su Cámara delan- 
te de sus damas, y despachó correo para S. M. la Reina Madre, 
mandando poner en el sobrescrito: «A la Reina mi Señora y mi 
Madre»; de donde se colige, habla muy bien la lengua española. 



d 1 Mme de Clérambault, viuda del Mariscal del mismo nombre. 
(2) En claro. 



DOS VIAJES REGIOS. 259 

Salió á cenar en público, hallándose presentes los Duques de 
Osuna y Uceda y el Mayordomo mayor; á la mano derecha la 
Camarera mayor, y detrás de la silla y arrimadas á ella las da- 
mas de la Cámara y el ama que la crió, sirviendo á la mesa la 
vianda los meninos, la cual dejaban en manos de las damas, sir- 
viendo la copa D. a María Andrés d*e Guzmán, copera, hija del 
Marqués de Villamanrique, y de trinchanta D. a Francisca Enrí- 
quez de Velasco, hermana del Duque de Uceda, y D. a Manuela 
de Velasco su prima, la tocadora y las meninas. 

»S. M. parece que estaba disgustada por habérsele perdido un 
perrico de falda; y habiendo parecido, cenó, aunque poco. La 
causa fué haber un francés, su criado, que la hacía los panecicos, 
dicho no le daban harina, y que por esta causa no había dado 
más que tres... 

»Hubo muchos dulces y bebidas. Quítela mesa y tijera á S. M. 
después de haber cenado y le quité la silla. Fué de mucho gusto 
para mí lograr esta ocasión, si después de esto hubiera la ración 
para comer... Remitió S. M. esta misma noche la bandeja, azafate 
redondo de ámbar, guarnecido con grande primor de filigrana y 
piedras, al Sr. Duque de Orleans su padre, que es cierto alhaja 
digna de tan soberana persona. 

»Se me mandó de orden de la Camarera mayor sirviese el 
chocolate á tres monsiures de Francia, dejando á cada uno en la 
mano la jicara y salva por no tenérsela debajo cuando lo toma- 
ban, pues les parece son príncipes en el término del mandar. 
A los músicos mandó dar S. M. sesenta doblones, habiéndoles 
mandado dar á otros franceses más de 800 rs. de á ocho, con 
que íueron beneficiados y contentos. Dióse esta y otras cantida- 
des del dinero del Rey nuestro señor. 

»E1 domingo 5 de Noviembre salió S. M. delrún en la carroza 
que se llevó de Madrid, que es toda de tela verde, toda bordada 
de oro, con escudos de Castilla y flores de lis de clavazón, muy 
rica, dorada, y sus vidrios cristalinos, dos muy grandes á las tes- 
teras y cuatro pequeños á los lados, acompañando á S. M. las 
compañías de caballos que van mencionadas, y por todos los 
lugares que pasó hasta llegar á Hernani , donde hizo noche , las 



2ÓO BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

de infantería de las milicias de naturales provincianos, haciendo 
salva con la mosquetería... S. Al. salió á los halcones dé la posada 
más de dos horas, dejándose ver de todos, vestida á la francesa, 
con un vestido bordado de plata, su sombrero negro con plumas 
blancas y una bengala en la mano, que más parecía un valiente 
campeón que no señora mujer. Cenó en público S. M. mandando 
dejasen entrar en palacio á los monsiures franceses, que ya se 
despejaban como se estila en España; con que todo el mundo 
entra //asía ¡a cama de S. M., aunque sean lacayos, á todas horas, 
con que resultará de esta desorden alguna nueva orden. 

»Por la mañana S. M. salió de Hernani á caballo y la tocadora 
que tray consigo, que.se llama Madama ele... (i) y la Camarera. 
mayor en la puerta de palacio para marchar, y al lado derecho 
de S. M. el Marqués de Astorga á caballo, como Mayordomo 
mayor, el I >uque ele Osuna se entró con su caballo por entre los 
dos, quedándose en medio al lado derecho; de que resultó que 
llegando S. M. á Tolosa este mismo día, un cochero de los de 
un coche tumbado, embarazó el paso al Marqués de Astorga en 
la puerta de palacio, haciendo tanta junta que le obligó el Mar- 
qués mandase á un soldado de la guardia le diese de palos, y al 
mismo tiempo bajó el Duque de Osuna que estaba en el balcón, 
y con el bastoncillo se los dio á los soldados de la guarda, diciendo 
no había de consentir se maltratase á ningún criado de la Reina; 
y el Marqués cabeceando y montado en cólera (dijo): «Yo tam- 
poco he de dar lugar á que se me embarace el paso y se dé 
orden para ello siendo Mayordomo mayor, y no Jo he de con- 
sentir.* Y á todo esto está presente la Reina, y la Camarera 
mayor con su mucha prudencia lo medió de suerte eme por 
entonces se apaciguó... Este mismo día quiso el Duque de Osuna 
ordenar;! D. Joseph de Salazar, capitán de la caballería que va 
de orden de S. M. el Rey nuestro Señor, acompañando á la Reina 
nuestra Señora, para que pasase adelante, y no lo quiso hacer, 



(n En blanco. Según nota de M. Leonardon, era Mlle. de Grancey, 
hija <le] diíunto general «leí mismo título, que servía á la Reina como de 

azafata. 



DOS VIAJES REGIOS. 2()I 

diciendo no podía obedecer á S. E., pues solo la orden del Rey 
obedecía y no otra alguna, y marchó adelante. 

»Las señoras francesas las desnudan hombres y descalzan, 
con que se. ahorran de muchas criadas, dándonos á entender el 
estilo y llaneza y la poca malicia con que se sirven. 

»E1 arcediano de Madrid, cumpliendo con su sangre y grandes 
prendas, procuró que S. Al. esté con gusto, procurando contarla 
algunas cosas, de que S. M. gusta mucho, con que se pasa con 
alegría algo de las descomodidades del camino. 

»Martes, 6. — Vino S. M. á hacer noche á Villafranca. En él 
cenó en público S. ¡VL, habiendo antes jugado á los naipes con 
algunos franceses y francesas y perdido 6o doblones... Este 
mismo día martes un criado do la guarda mayor tuvo unas pala- 
bras con un cochero de los coches de Toledo... y después de 
haberle tirado al mísero hombre un pistoletazo y faltádole lum- 
bre después de ajustado, sacó el espadín y se le atravesó por el 
cuerpo... 

»S. M. anduvo esta noche muy alegre, probándose chapines 
y á veces cayéndose con ellos, que era comedia verla por aque- 
lla casa hecha un vivo retrato del Rey nuestro Señor, así en lo 
parecido que es el rostro como en la viveza que tiene. Quiera 
nuestra fortuna la tenga para darnos á España tantos iníantes que 
podamos repartir para otros reinos... 

»Miércoles, á 8 de Noviembre. — Vino S. M, á hacer noche á 
Villarreal de Zumárraga. Llegó S. M. de noche por haber comido 
tarde, diciendo no se sentía buena, preguntando en la mesa 
dónde se hallaba el Rey; y esto con tanto cuidado que se presu- 
mió era su curiosidad juzgar iba el Rey nuestro Señor siguién- 
dola, y que ya la había visto, según el cuidado que llevaba en 

v 
llegando á palacio, mirando muy despacio no solo su cuarto pero 

lo más interior de las piezas apartadas, y habiéndola, dicho 
si S. M. gustaba de quedarse aquel día á descansar, respondió 
deseaba mucho llegar presto á los ojos del Rey, y que así elixía 
el caminar pasando adelante. 1 lubo esta noche música y jugó S. M. 
con algunas madamas francesas. 

»Jueves, g. — Vino S. Al. á la villa de Oñate... 



2Ó2 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

»Este mismo día llegó á encontrar á S. M. el Conde, de Alta- 
mira, marqués de Almazán, con recado del Rey nuestro señor. 
Iba vestido á la francesa con su vestido todo bordado cuajado 
de oro. Las camaristas se quedaron esta noche sin posada por 
haber entrado en la que tenían repartida dos damas, siendo de 
harto sentimiento para todos se hiciese esta demostración con 
criadas tan de adentro de la Reina nra. Señora. Cenó S. M. en 
público con grande inmensidad de gente forastera que se halló 
presente. Hubo música de franceses cantando y tocando, siendo 
tantos los que había que no dejaban servir la vianda, recostán- 
dose sobre las mesas sin cortesía ni atención; y todo se tolera 
deseando hallar al Rey nro. señor para lograr la execución de 
etiquetas... Este día se cree llegó orden del Rey nro. señor para 
que el Duque de Osuna pasase adelante. Dícese ha sido por el 
disguto que tuvo con el Mayordomo mayor. 

» Viernes 10. — Vino S. M. á Salinas, lugar más nombrado por 
su cuesta que por su grandeza... Muchas señoras subieron la 
cuesta á pié... 

»Sábado 1 1. — Venimos á Vitoria, habiendo llovido todo el día, 
de forma que S. M. no entró en público por el mal temporal, 
ocasionando el que cayesen malas más de 40 personas... 

»A1 otro día, que fué domingo, salió S. M. en público á caballo 
desde Santa María á palacio, llevando las varas del palio unos 
.caballeros... 

»A la hora que llegó S. M. la noche antes hubo invención de 
fuego con muy buen artificio; después la comedia que dieron 
título El jardín de Falerina, estando adornadas así las piezas 
donde se representa como el demás cuarto de la Reina de la 
tapicería rica que el Rey nro. señor tiene, que se llama de los 
Atributos de la Fama... Estaba S. M. vestida á la. francesa, con 
muchos diamantes y el pelo puesto á rizos en forma de' guirnal- 
da y á trechos muchos clavos de piedras muy preciosas, braza- 
letes de lo mismo y una gargantilla de perlas mayores que ave- 
llanas gruesas (remito á la vista); con que S. M. hermosa, el 
vestido rico, mucha gracia, abundancia de diamantes y mirada 
con ojos de españoles, símbolos de lealtad, discurra, el curioso 



DOS VIAJES REGIOS. 263 

cuál estaría... Quisiéronla dar una almohada y á otra señora 
irancesa en aquella misma línea en que se hallaban, y lo contra- 
dijo la Mortara, teniendo causas lexítjmas para ello, y le valieron. 
Empezóse la loa. Fué muy buena, y á trechos repetían en ella 
con música de á cuatro esta redondilla: 

Si no naciera 
Reina precisa 
por sí lo fuera 
María Luysa. 

»Así no tuviera algunos equívocos, que se pudieron excusar; 
que en tocando al menor ápice al solio soberano de los Reyes, 
es querer ver executado quien tal hace, lo que con las burlas 
tramoya en las veras vuelo... La comedia tuvo su con qué. A los 
que la representaron echara yo á galeras, porque no discu- 
rren que las comedias las ocasiones en que se dicen las hacen 
buenas ó malas. En fin se acabó, y muy gustosa S. M. pasó á su 
cuarto, donde pidió la cena á las doce, tocando primero la turba 
de músicos galianenses, con que S. M. se fué á recojer á las doce 
y media. 

»Huvo fiesta de toros en los dos días siguientes: y en el prime- 
ro de ellos comedia, la de Pedro de Urdemalas, y fuegos por la 
noche. «S. M. se vistió á la española, pero luego al punto se puso 
á la francesa... Vino el Marqués de la Vega, mayordomo de la 
Reina madre., como embaxador á S. M., con la joya de diaman- 
tes y perlas, arracadas, manillas y otras cosas, siendo de tan ex- 
cesivo valor, hermosura y grandeza, que solo pudo hallarse en 
poder de una Reina de España..;» 

»Aquí se supo SS. MM. no iban por Valladolid por ser invier- 
no y el tiempo riguroso; aunque se le representó al Rey... los 
grandes gastos y prevenciones que tenía hecha la ciudad, se 
resolvió había inconveniente. 

«Todas las tres provincias desde Miranda de Ebro á la ida y 
venida nos fué acompañando, de suerte que todo era besamanos 
de síndicos, procuradores generales y diputados, que ya estába- 
mos muertos según el acompañamiento, sin hacer otra galante- 



264 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE .LA HISTORIA. 

ría más que dar lugar á que- nos llevasen un ojo por les mante- 
nimientos y en plata, que no pasa la moneda deSegovia, sino es 
la calderilla y ochavos gordos...» y se lamenta el autor de la ex- 
traordinaria carestía de los comestibles «donde el piadoso lector 
puede considerar la piedad de estos lugares, y tan pagados de 
su tierra que no hay otra mejor, en medio que siempre está llo- 
viendo y no se ve legua de cielo de montuosa que es. Dios me 
libre de tierra tan desventurada que á cada instante se enoja y 
encapota el cielo con ella...» 

Martes (día 14) vino S. M. en litera á Miranda ele Ebro, pri- 
mer lugar de Castilla... Miércoles. El martes vino S. M. á la villa 
de Pancorbo, y habiéndose sentido indispuesta, recetó un inglés, 
doctor químico, que no entiende de medicina, una bebida de 
tres onzas de jarabe de adormideras, sin dar cuenta al Mayor- 
domo mayor, como es de obligación, ni saberse en la botica, 
siendo milagro de la gran misericordia del Señor no quedase 
muerta, según lo afirmaron los doctores... y más estando aguar- 
dando el achaque , y después tenía una bebida que darla , y 
sabiéndolo el Mayordomo y la Camarera, alborotando palacio 
entraron al cuarto de la Reina, y reconociendo la bebida, la pro- 
bó el Mayordomo mayor y los doctores, hallándola cálida en ter- 
cer grado y de tan mal sabor y color, que se presumió alguna 
traición; y preguntado qué bebida era y de qué se componía, 
respondió no lo quería decir, con que se confirmó la sospecha 
por nuestros doctores... Fué forzoso no salir de Pancorbo hasta 
el viernes por la mañana... Esta noche S. M." estuvo muy alegre 
y nos mostró el jubón rico, que se componía de la joya que la 
Reina madre, nuestra señora, le invió, y de la que le había dado 
el Sr. Duque de Orliens, su padre, y la que le invió el Rey nues- 
tro señor, y otras muchas de diamantes y piedras preciosas, es- 
tando tan jovial que fué motivo para que la Marquesa de Mortara 
hiciese representación á S. M. de los españoles, suplicándola los 
mirase siempre como á buenos vasallos, usando siempre de su 
mucha piedad, habiéndolo hecho en otras partes D. Juan de 
Yillavicencio... — El viernes: S. M... hizo noche en Briviesca, 
lugar del Condestable de Castilla, en un gran palacio suyo... — 



DOS VIAJES REGIOS. 265 

El sábado se vino á Ouintanapalla... quedándose atascado el coche 
de la familia de la Marquesa de Mortara, siendo preciso traer á 
las criadas á caballo diferentes personas por venir cerrando la 
noche y ser grande la niebla. El consuelo que pudieron tener 
era el que los pantanos perdieron el respeto á la persona de S. M., 
pues cayó la litera en que venía dos veces, siendo Dios servido 
no se hiciese daño ni espanto... 

»Llegó esta noche el Patriarcha de las Indias... (con dos cape- 
llanes de honor) con orden del Rey... para llegar primero á dis- 
poner todo lo necesario en el oratorio donde á S. M. se le habían 
de dar las bendiciones. Con que entre las IO y las II, domingo 
por la mañana, llegó S. M., y el Duque de Híjar, Medinaccli y 
Condestable en Ouintanapalla, donde se hizo esta ceremonia, 
sirviendo el velo el arcediano de Madrid, revalidándose el matri- 
monio. Entró S. M. y le salió (á recibir) á la penúltima pieza la 
Reina nuestra señora; y se turbó algo, y se fué á poner de rodi- 
llas, y el Rey nuestro señor la recibió en los brazos; y acabada 
esta función se metieron en el coche, dando el Rey... el mejor lu- 
gar á su esposa. 

»SS. MM. volvieron á Burgos dentro del coche entrambos... 
Así que S. M. llegó á Palacio, se despejó luego. Sin duda no igno- 
raba las desórdenes de los franceses, entrando hasta la cama; y 
aun en Pancorbo, según el estilo de Francia, un doctor entró y 
hizo una untura en parte reservada á persona harto soberana. 
Dicen es costumbre usar esta llaneza en Francia; pero yo digo 
aquel refrán tan vulgar de: á la tierra que fueres, haz como vieres. 
Cesó esta costumbre, reformándola el Rey... con su mucha pru- 
dencia. 

»E1 lunes por la tarde S. M. la Reina... salió en público, á 
caballo, debajo de palio. Fué á la iglesia mayor acompañada de 
la Camarera mayor y damas, vestida á la española, tocada en 
melena, sombrero de plumas blancas, admirablemente prendida... 
Acabada esta función que fué breve, salió S. M. acompañada de 
muchos Grandes de España, volviendo á caballo. Llevaba las 
varas del palio la ciudad. Estaban las calles entapizadas y colga- 
das... Fué S. M. á palacio y se comenzó una invención de luego 



2Ó6 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

muy bien dispuesta, con muchas luminarias y luces. Empezóse 
la comedia de Eco y Narciso, y no se concluyó por estar S. M. 
cansada, aunque se levantó á las diez y media de la mañana. Ha- 
biendo pasado á descansar á la misma hora por la noche, y en- 
trando por la mañana la primera vez, estaba S. M. y el Rey 
nuestro señor sin vestirse; luego pasó á su cuarto, dejándose por 
olvido el espadín en la cabecera de la cama de la Reina... con 
que entrando mi compañero D. Miguel Vidal le tomó y S. M. al 
otro día le rescató por cuatro doblones. No me tocó nada.— Es- 
taba el palacio, que es muy grande, todo adornado de las tapi- 
cerías ricas del Rey nuestro señor, y entre ellas la de Carlos 
.Ouinto y batalla de Túnez y la Goleta: obra sin segunda. — Antes 
que la Reina... fuese á la iglesia en público, estuvo en el Con- 
vento de las Huelgas, fuera de los muros de esta ciudad... — El 
martes fué el Príncipe de Harcourt, de la sangre Real de Fran- 
cia, á besar la mano á S. AI. en una muy graciosa carroza, y 
grande acompañamiento. A la tarde hizo la misma función el 
cabildo... (i). — Esta tarde hubo una muy graciosa mogiganga en 
borricos, y los que iban caballeros iban ridiculamente figurados: 
unos de gallos, otros de avestruces, otros de papagayos en sus 
jaulones y otras mil maravillosas figuras. Por lo horrible rema- 
taba la fiesta un carro y dentro una matrona sentada en su silla, 
y por sitial dos viejas tan lindas como ella, con sus carátulas de 
una vara, con grande alboroto. Después hubo una máscara muy 
lucida, aunque no tuvo luces por ser por la tarde. Era de caba- 
lleros ciudadanos y gente honrada. Corrieron muchas parejas. 
Después acabó la comedia comenzada la noche antes de Eco y 
Narciso... 

»Miércoles, hubo fiesta de toros en Burgos. Uno de ellos mal- 
trató á un archero, y se entretuvo con un alguacil de Corte... Este 
día se volvieron á Francia Madama Grancey, deuda de la Reina 
nuestra Señora, y el Príncipe de Harcourt. Cierto es harto her- 
mosa criatura, desenvuelta y airosa, y montaba á caballo con 



(i) El Arzobispo, D. Enrique de Peralta, había fallecido el 20 de 
Noviembre. 



DOS VIAJES REGIOS. 267 

gran valor. Dióscle de ayuda de costa para el camino mil doblo- 
nes y otras cosas, y dicen que dos mil ducados de renta en el reino 
de Xápoles. 

«Jueves, 23 de Noviembre, vinimos á la villa de Lerma, y lle- 
gando SS. MM. al entrar por junto á los mesones, siendo más de 
las seis de la noche y haciendo muy obscuro, cayó la litera»; y á 
no ser tanta la diligencia de los dos caballerizos que iban junto á 
ella, la caída hubiera sido mayor. «No se lastimaron cosa, á Dios 
gracias... El Rey nuestro señor venía á (la parte de) los caballos, 
dando mejor lugar á la Reina nuestra Señora. Todo lo puede el 
cariño. Quiera Dios se gocen mil siglos.» 

»E1 viernes vinieron SS. MM. á la villa de Aranda de Duero... 
Como por ser de patrimonio Real estaba toda la villa llena de lu- 
minarias y luces, habiendo gastado dos mil reales en fuegos, y para 
el día siguiente diez y seis toros, dando á entender estos vasallos 
que, aunque pobres y llenos de tributos, no faltan á la lealtad que 
acostumbran...» 

En este día y lugar acaba la relación de D. José Guerra, que 
ha sido anotada é ilustrada con curiosas noticias por el diligente 
investigador Mr. Leonardon, que se propone escribir la historia 
de esta desventurada soberana, teniendo ya, según nuestras no- 
ticias, muy adelantado su trabajo, para el que ha reunido curio- 
sos é interesantes documentos. 

Para completar hasta cierto punto el asunto de la anterior re- 
lación, nos ha parecido conveniente, á fin de dar una idea de la 
despedida que los Reyes y la Corte de Francia dispensaron á la 
nueva Reina de España, y del viaje que ésta hizo desde París á 
Orleans, publicar á continuación las dos siguientes relaciones, 
muy raras y poco conocidas;. y por ser tan culminante el punto 
de las entregas y estar tratado por D. José Guerra con obscuri- 
dad y deficiencia, añadir otra tercera relación, extractada, por 
ser algo difusa, dedicada á este asunto. 



Relación verdadera en que se declara y da cuenta de las fiestas 
Reales que se han celebrado en 20 de Setiembre des te ano de lójg 



2Ó8 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

en la ciudad de París, Corte del Christianísimo Rey de Francia^ 
por la salida de la Sereníssima señora dona María Luisa de Bor- 
dón, dichosa esposa de nuestro invicto Monarca y señor D. Carlos 
Segundo, el Pescado, escrita aun caballero desta Corte por un her- 
mano suyo asistente en dicha Corte de París (i). 

Siempre lio tenido á la Nación Francesa por su generosidad en 
grande estimación, porque habiendo precedido los días pasados 
el célebre día de los desposorios de nuestro Rey y Señor con la 
Sereníssima señora Madamosela Mana Luisa de Borbón, hija del 
Sereníssimo señor Duque de Orleans, con la mayor pompa que 
se puede discurrir, como escribí á vmd. en carta aparte, hoy es 
el día más afortunado que he visto, pues habiéndose determina- 
do la ¡ornada para esa Corte, salen los Reyes Christianísimos á 
la función más gustosa para SS. MM. que han tenido jamás, acom- 
pañando hasta tres leguas desta Corte á nuestra Católica Reina en 
un mismo coche, en que van las tres Majestades: á la mano de- 
recha, en la testera nuestra Reina, como huéspeda; á la siniestra 
la de Francia, y á los caballos el Rey, que como tan capaz y cor- 
tés ha cedido el derecho que le dio la naturaleza y la dignidad... 
I )ispúsose infinito número de caballerías, que rizando gargotas de 
plumas, emulación del viento, en hileras bien ordenadas, con ga- 
las sin segundas de inestimable valor, manifestaban al mundo su 
i meza. Seguía á este numerosísimo exército todo el aparato y 
adorno de la Casa Real de la Reina nuestra Señora, compuesto 
de 36 acémilas con reposteros de inestimables telas, con las 
armas de España y Francia bordadas de tanto realce de oro, que 
parecía se había agotado en ellas todo el de ( Mir. Después entra- 
ron otras tantas de su dignísimo Padre el Serenísimo señor Du- 
que de ( )rleans, que por lo rico é inmensidad de labores eran 
inapreciables. Después, mezclados unos con otros, 48 lacayos de 
las dos casas con libreas, aunque de diferentes colores, de costa 
incomparable, á quienes precedían otros tantos pajes, de cuyo 
vestuario, por lo curioso, sutil y vistoso, no so atreve á decir ni 
pronunciar nada la lengua; solo digo que parecía cada uno un 

(1) Dos hojas folio, sin pie de imprenta. 



DOS VIAJES REGIOS. 269 

Narciso. A éstos todos los oficios ele las Casas Reales con los Ma- 
yordomos y Caballerizos mayores, que en competencia eclipsa- 
ban sus galas el oro de la Arabia y las púrpuras de Tyro. Luego, 
como he dicho, las tres personas Reales. Iba nuestra Reina tan 
entendida como hermosa, con vestido ala española digno y corres- 
pondiente á su dignidad. No quiero decir de las galas de los se- 
ñores Reyes de Francia, porque no caben en el guarismo sus 
precios. El... Delfín acompañaba después este portentoso aparato, 
tal vez en coche, tal vez á caballo, peinando plumas al aire, brio- 
so Alarte francés. Cierra esta máquina Real con los... Duques y 
Madamoselas de ( )rleans, padres y hermanas de nuestra Reina Ca- 
tólica, que su adorno y galas pueden dar envidia á la naturaleza. 
Proseguían los Embaxadores de todos los Príncipes de Europa 
con infinitas riquezas de vestidos, así en sus personas como en 
los criados de sus casas; entre los cuales sobresalían nuestro Mar- 
qués de los Balbases y Duque de Pastrana con sus dos hermanos, 
que generosos cuanto ricos echaron el resto de su liberalidad. 
Contar los Príncipes de la Sangre, referir los Duques, Marqueses, 
Condes, Mariscales, Monsiures y demás nobleza que acompaña- 
ban esta función, no cabe en la aritmética. Decir lo infinito del 
pueblo, la alegría, los vítores á las dos Coronas, no lo puede com- 
prender lengua humana. Publicar las carabanas de la Caballería 
y los regocijos, assí de los naturales como extranjeros, es inapea- 
ble. Manifestar los festines de saraos, comedias, fuegos, artillería, 
mosquetería y demás instrumentos bélicos que han hecho las sal- 
vas, es imperceptible. Solo digo que parece que Dios obra por 
el brazo derecho de su fe nuestra Monarquía española, á quien 
debemos rendir infinitas gracias. Mañana 21, proseguimos nues- 
tro viaje acompañando S. A. R. hasta Orleans, donde estaremos 
uno ú dos días. Están prevenidas grandes fiestas. No se sabe de 
cierto si el Serenísimo señor Duque llegará hasta Irün, porque 
esto anda muy secreto. De lo que fuere sucediendo daré cuenta 
á Vmd., cuya vida guarde nuestro Señor. — París, 20 de Setiem- 
bre de 1679. 



270 boletín de la real academia de la historia. 

Relación diaria verdadera de lo que sucedió en él viaje de la Rey- 
na nuestra Señora desde 20 de Setiembre que salió de la corte de 
París hasta 25 en que S. M. quedaba en la ciudad de Orlicns (i). 

Porque se que á Y. M. y á los que oyeren estas breves pala- 
bras les ha de servir de un dulce rato... seré verdadero, como 
testigo de vista de lo sucedido en el viaje de nuestra Serenísima 
Reina Católica, desde la gran Corte de París, de donde salimos á 
20 de Setiembre hasta Orliens, en que se rematan las noticias 
que debo dar á v. md., como le prometí en la antecedente, y pro- 
seguiré hasta llegar á esa Corte. — Hoy 20, á las tres de la tarde, 
llegamos á este parage de Charlé con todas las Casas Reales, don- 
de fuimos hospedados con magnificencia nunca imaginada. Es 
un lugar moderado, excelente sitio, muy capaces habitaciones, 
regalado en extremo de todo género de caza de monte y infini- 
ta volatería. Referiré los festines del villanage hechos á los Re- 
yes Christianísimos y Reina Católica en breve espacio. Parece 
era prevención de -muchos días, pues se vieron un gran número 
de instrumentos que parecían una muy bien concertada capilla. 
Los disfraces de las danzas pastoriles parecía se habían traslada- 
do en los de la Arcadia, con que hubo infinito que admirar y 
muchísimo en que paladear el gusto, la risa y la chacota. 

A las cuatro y media de la tarde se despidieron las Mages- 
tades Christianísimas de nuestra Católica Reina y de su padre, 
en que hubo de entrambas partes, entre lágrimas y alegría, accio- 
nes de finos amantes. Al despedirse en bien compuestos escua- 
drones, hasta seis mil caballos, hicieron mil carabanas militares en 
íorma de pelear, disparando sus carabinas y pistolas, que pare- 
cía día de juicio, aunque de inmenso gusto, quedando solo para 
el acompañamiento hasta Irún cincuenta compañías de á caballo, 
la gente más escogida de las Guardas del Rey... Los días 21 y 
22 hicimos nuestro viage felicísimamente, saliendo á recibirnos 
d<- todos los lugares del paso, que son muchos, con grandes fes- 
tines de variedad de danzas y instrumentos, teniendo las calles 
muy adornadas de colgaduras que permitía la capacidad de los 

Es continuación de la anterior. — 2 hojas fol., sin pie de imprenta. 



DOS VIAJES REGIOS. 27 I 

pueblos, sembradas de yerbas y flores olorosísimas, y en las ca- 
sas con inmensidad de regalos de carnes de todos géneros, ade- 
rezadas conforme al gusto de cada uno, frutas y dulces, que pa- 
cía no hacer falta los de la Corte por su abundancia. El día 23 á 
las diez de la mañana partimos á Satramber, ciudad bastantemen- 
te capaz, bien murada y fortificada, á cuya cercanía empozó la 
artillería haciendo salvas y alternativamente la mosquetería por 
tres veces. Recibió aquella nobilísima ciudad á nuestra Reina, 
como si lo fuera de Francia, con infinitos júbilos y vítores á los 
dos Monarcas (que si bien han sido las paces tan deseadas por 
España, no han sido menos apetecidas por la Francia), acompa- 
ñando á S. M. y AA. RR. hasta un suntuoso palacio, capacísimo 
para hospedage del mayor Monarca, así en la multitud de las 
piezas como en el adorno riquísimo y particular de sus salas. El 
Senado ó Ayuntamiento mandó colgar todas las calles por don- 
de pasó S. M., que, así las paredes como lo oloroso de las yerbas 
y flores, parecía una amenísima primavera. Lo sonoro de los cla- 
rines, lo ruidoso -de las caxas, lo armonioso de las chirimías, el 
concierto de la variedad de los instrumentos, adormecían los sen- 
tidos. Antes de anochecer fueron todos los Monsiures, Caballe- 
ros y Madamas de aquella ciudad á besar la mano á S. M. y 
SS. AA., en que hubo mucho que ver, porque iban costosísima- 
mente vestidos y las Madamas riquísimamente adornadas, aun- 
que por lo bellas necesitaban de pocas galas, porque parecían 
unos serafines. Hubo grandioso aparato de fuegos de arte ma- 
yor y de manos, correspondiendo la mosquetería. Después se 
siguió una comedia en francés intitulada El Polifcino, en que tu- 
vimos los españoles un rato de grandísimo entretenimiento y el 
más gustoso que se puede imaginar, así por los dichos sutilísi- 
mos y pronunciados con tan linda gracia, particularmente de las 
mugeres, como por lo ridículo de los trages que fueron mu- 
chos (i) y á la usanza del reino, que fué el mayor sainete 

que he visto. Acabada la comedia con todo género de música, 
clarines, tambores y chirimías, se despidió el Ayuntamiento de 

(1) Roto el papel como media línea. 



272 boletín de la real academia de la historia. 

S. M. y \A., y se entraron á cenar. Sentáronse á la mesa S. AI., 
SS. A A. Kl\., las señoras Madamoselas sus hijas, y la señora Du- 
quesa di' Montpénsier, hija primogénita del difunto Duque de 
Orlicns. Compúsose el banquete de veinte y cuatro platos de va- 
rios géneros de aves y de terneras excelentísimas, demás de en- 
saladas dispuestas con grandioso artificio, variedad de dulces, 
fruta, confitura, que rodaba por los suelos. Y si la mesa de los 
amos fué tan autorizada, no fué menos abundante la de la fami- 
lia. A- nuestro Marqués de los Balbases, Duque de Pastrana, sus 
hermanos, amigos y confidentes, los regalaron con grandísima li- 
beralidad y abundancia, y en verdad que no fui yo de los peor 
librados. 

El día 24 llegamos á la ciudad de Orliens, cabeza de los Es- 
tados del Serenísimo Señor Duque (i). Llegamos á la una del 
día, saliendo á recibir á S. M. y AA. RR. los Magistrados, ciudad 
v demás tribunales con la mayor pompa y ostentación que he 
visto. Los vestidos de los Príncipes son de variedad de telas con 
guarniciones de oro y plata, de labores exquisitas. Las libreas de 
sus casas de felpas de diversos colores, con guarniciones de plata, 
unas con encaxes y... (2) las calles colgadas riquísimamente. 
Al dar vista á esta ciudad hizo la salva por tres veces la artille- 
ría y mosquetería, que es mucha. Había cuatro arcos muy gran- 
des, á trechos, adornados con muchas estatuas y pinturas de 
perspectiva. En el primero pintados los Reyes de España con 
su mote cada uno, y de una mano salían las armas de cada uno 
y los géneros del reino ofreciéndoselos á la Reina. Huvo ocho 
danzas prodigiosas, entre las cuales había una danza gallega, que 
parecía habían nacido en Galicia, A las cuatro de la tarde salió 
una mojiganga harto ridicula y digna de ser vista. Al anochecer 
aparecieron doce quadrillas de á ocho caballeros con diferentes 
vestidos de color muy ricos y briosísimos caballos, con xaezes 
de gran valor, en la plaza de palacio, y corrieron máscara con 
grandísima destreza. A las 8 de la noche huvo en el salón Real 



(1) Sigue la descripción de esta ciudad. 

(2) Roto un trozo pequeño del papel. 



DOS VIAJES REGIOS. 273 

un sarao de Madamas y Monsiures harto bien danzado, en que 
entraron cuatro damas de la Reina nuestra señora, con quienes 
danzaron el Sr. Duque de Pastrana, sus dos hermanos y el Duque 
-de San Pedro, yerno del Sr. Marqués de los Balbases. Y por re- 
mate danzó un canario, el de Pastrana, con tanta destreza, que 
dejó á todos los circunstantes admirados y aturdidos. 

FA día 25 hubo grandísimos festines de músicas y danzas, y á 
la tarde una portentosa comedia italiana, intitulada La gran Ce- 
nobia, excelentemente representada. A que se siguieron gran- 
diosos artificios de fuego que aturdían los sentidos, correspon- 
diendo la artillería y mosquetería. Después hubo una concerta- 
dísima y celestial música, rematando con un sarao gallardo. Los 
regalos han sido muchos; las posadas como para Príncipes, con 
gran limpieza de camas y demás ropa. Los gastos son á cuenta 
del Rey Christianísimo, que en no molestar á los vasallos es muy 
atento y vigilante. Mañana 26, se prosigue nuestro viaje á Espa- 
ña. Dios nos le dé tan feliz como hasta aquí, y á Vmd. guarde 
como suplico. — -Orliens, 25 de Setiembre de 1 679. 



Noticia segunda de las entregas de la Reina nuestra Señora 
y primera del viaje de S. M. desde Irún á Madrid, en carta es- 
crita de Tolosa á 6 de Noviembre de ióyg (1). 

... A 3 del corriente, informado el Excmo. Sr. Marqués de 
Astorga que la Reina nuestra Señora estaba en ánimo de venir 
á hacer noche en Irún, mediante la solemne ceremonia de sus 
Reales Entregas, salió S. E. antes de las doce del día á la ría con 
la Corte y su Casa; una y otra tan pomposa y lucida que excedió 
á todo lo imaginable en estos requisitos. Al mismo paso fueron 
llenándose de todo género de gente, cabalgaduras y carruajes, 
los espacios de las orillas del Bidassoa más oportunos á gozar de 
la vista de S. M. en su pasaje. Lo propio sucedía en la otra ori- 



(1) En la imprenta de Bernardo de Villadiego, impresor de S. M. — 
Con privilegio. — 6 hojas, en 4. 

tomo xlii. 18 



274 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

lia y territorio de Francia, y en la misma corriente bien dilatada 
del río, afanando la multitud de barcos de todos portes á fuerza 
de velas y remos en ocupar puestos acomodados á su intento. 
Pero con porfía que á los innumerables mirones causó diverti- 
miento y lástima; pues algunos navichuelos se fueron á pique, 
chocando con otros sobre la pretensión del mejor lugar. Lo que 
á algunos parecerá increíble á oirlo contar es que ni en agua ni 
en tierra sucedió la (más) mínima desazón entre españoles y fran- 
ceses, aunque todo estaba mezclado de unos y otros. Lo más que 
hubo fueron quejas amorosas de los últimos de que aquella tarde 
nos entregaban lo mejor de su reino. En lo demás, todas fueron 
recíprocas muestras de hermandad y amistad... Cuatro horas co- 
rrieron hasta la que se esperaba; mas no las dejaron contar por 
una los varios pasatiempos de bailes, meriendas y otros hechizos 
de la vista y del tiempo. 

Serían las cuatro cuando al Sr. Marqués de Astorga lo avisa- 
ron de parte de S. M. que había venido ya de San Juan de Luz 
á la Casa de las Conferencias. A esta noticia mandó S. E. em- 
barcar la Corte, y fué obedecido prontamente, aunque sin trope- 
lía y en la más decorosa orden, particularmente de las damas, 
á quien solicitaban en todos la mayor veneración, los requisitos 
de la suma modestia, junta con los extremos del buen aire y de 
la riqueza y aseo de las galas. 

Entonces tomó el Sr. Marqués su góndola, y llevando al lado- 
de ella la góndola Real, apercibida y adornada como para tal Se- 
ñora, fueron ambas y las demás del cortejo á tomar tierra en la 
isla de los Faisanes... Tampoco me detendré en describir la cir- 
cunferencia y situación de la misma isla, ni el edificio que se re- 
paró y alhajó en ella para esta ocasión, siendo materiales más 
propios de la Relación principal que se habrá de hacer de todos- 
estos sucesos. 

Entró S. E. en la Casa, donde humillándose á S. M. besó su 
Real mano, y cubriéndose inmediatamente después la hizo un 
razonamiento, cuya energía halla su más cabal ponderación en la 
sangre, dignidad y comprensión del orador. Respondióle nuestra 
augusta Reina con inexplicable agrado, llenando de admiración 



DOS VIAJES REGIOS. 275 

con lo discreto y soberano de las expresiones á todos los qué tu- 
vimos suerte de poderlas oir. Pasó consecutivamente el Sr. Mar- 
qués á los cumplimientos y ceremonias con la nobleza francesa, 
y especialmente con el Excmo. Sr. Príncipe de Harcourt, que por 
tantos títulos ha merecido la honra de que el señor Rey Chris- 
tianísimo le encargase tan excelsa prenda hasta consignarla, como 
sucedió un instante después al Sr. Marqués de Astorga. Leyéron- 
se primero los recíprocos poderes de una y otra parte, y puestas 
en ejecución las Entregas, en virtud de aquellos instrumentos 
acudieron los circunstantes, damas y caballeros, cada uno según 
su graduación, á besar la mano á la Reina; los franceses llorando 
la cercana separación de su asistencia y los nuestros rebosando 
ufanía y contento. 

Acabada (permita V. S. que me explique así) esta toma de po- 
sesión de nuestra parte y de despedida de la otra, con un mismo 
acto de obsequio, salió el Sr. Marqués con S. M., que sirviéndo- 
la S. E. se embarcó en la Góndola Real, entre la armonía de 
veinte coros de clarines, á cuya suave melodía propagaban cien 
ecos en los valles del contorno. Todo conspiró en aumentar y 
perfeccionar las circunstancias de tan alegre celebridad. Pareció 
había ahorrado el tiempo su más apacible serenidad para gastar- 
la toda aquel dichosísimo día. El sitio que por sí abunda de cuan- 
to más puede prendar la vista y ofrece el más hermoso paisaje 
que sepa fingir la imaginación en el espacio de muchas leguas, 
con una mezcla de mar, de ríos, torrentes, árboles, colinas vesti- 
das y desnudas, lugares esparcidos en una y otra orilla del Bi- 
dassoa, con proporción que casi convence á la naturaleza de ha- 
berse dexado guiar del arte, fué teatro á una fiesta que promete 
y afianza á España las fiestas más propias de su conveniencia y 
deseo; y para ceñirlo todo en los más breves términos, de una 
pluma muy calificada que V. S. conoce: fué aquel mar y tierra 
ten Paraíso. 

Para que durase más la pompa triunfante de la Reina de tan- 
tos mares en aquella divertida navegación, iba como de propó- 
sito recogiéndose la marea desde que empezaron á moverse los 
remos; de suerte que S. M., con toda su Corte, se dexó llevar 



276 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

por la ría ahajo antes de poner pie en nuestra orilla. Allí se tra- 
bajó al desembarco, y habiendo la Reina pasado de la góndola á 
la silla que en el propio paraje se le tenía apercibida, salió el se- 
ñor Marqués de Astorga á su lado, á pie, hasta ponerse con 
S. M. en palacio... 

Con el nuevo aumento de huéspedes que vinieron con S. M. 
será Fácil argüir cuan lleno de gente se hallaría Irún aquella no- 
che, y cuan bien se logró la disposición económica del Sr. Mar- 
qués de Astorga, pues todos quedaron acomodados harto mejor 
de lo eme se pudo esperar de lo limitado del lugar. Pero también 
es verdad que la casa de S. E. fué la que sirvió más al desahogo, 
como quiera que por su representación acudió á ella lo más cali- 
ficado de la nobleza francesa, que buena parte halló cubierto, 
camas y alhajas muy decentes junto con una espléndida mesa; v 
los que menos participaron de la sobrada prevención de su des- 
pensa. La misma noche despachó S. E. un extraordinario al Rey 
dándole cuenta por mayor de la función de aquel día, y guardan- 
do para otro tiempo menos embarazado las particularidades de 
ella, pues éranle por entonces tan caros los momentos, que ape- 
nas pudo recogerse á las dos de la mañana á un poco de des- 
canso, aunque no á dormir, negándole los cuidados de la pesada 
carga hasta los mínimos instantes de treguas. Mucho se había 
hecho hasta allí, pero faltaba lo más y del mayor aprieto en la 
partencia de S. M., resuelta para ayer. Al venir de Madrid, 
con los malos tiempos casi continuos que habían roto los cami- 
nos, á pesar del trabajo, gasto y aplicación con que las comuni- 
dades habían sudado en componerlos, es fácil considerar lo que 
padecería el carruaje, y lo dificultoso de reemplazarle, teniendo 
á las espaldas la otra jornada del Rey. Añadíase venir el tren de 
la Reina más copioso de gente y ropa de lo que estaba previsto; 
mas á todo han ocurrido con la mayor eficacia la solicitud y ar- 
bitrios de este vigilante ministro. 

El sábado madrugó S. E., si madrugar se puede decir de quien 
no durmió la noche; y fué á saber cómo S. M. la había pasado, y 
anunciarla los buenos días sirviéndola con el almuerzo, en cuyo 
retorno recibió nuevas y siempre mayores muestras de agrado. 



DOS VIAJES REGIOS. 277 

De allí, mientras la Reina acababa de vestirse, fué á visitar á los 
Sres. Príncipe y Princesa de Harcourt y á los Sres. Marqués y 
Marquesa de los Balbases, disponiendo de camino mucha^ cosas 
pertenecientes á aquel día y el siguiente. Acabadas aquellas vi- 
sitas, volvió S. E. á Palacio para llevar á la Reina á la Iglesia, no 
habiendo querido S. M. oir misa en casa por un reparo bien 
exemplar y digno de su augusta piedad: y fué ponderar la dife- 
rencia que hay entre ir á pagar el debido obsequio á la Majestad 
Divina en su propia casa, ó hacerlo en nuestras mismas habita- 
ciones, cuando no hay impedimento legítimo que embarace aque- 
lla más solemne demostración. Y nadie negará el que S. M. no 
ganase mucho en ella, pues al pasar por las calles la dio el pue- 
blo, cuya voz es la de Dios, infinitas bendiciones. 

Aquel mismo día festejó el Sr. Marqués de Astorga al señor 
Príncipe de Harcourt con un banquete el más suntuoso que se 
pueda imaginar. Los convidados fueron cuarenta entre españo- 
les y franceses, todos títulos y personas de la primera calidad. 
Las viandas se previnieron y sirvieron conforme á los usos de 
ambas naciones; y á la verdad, abundó todo lo más raro, ex- 
quisito y que más se alaba en España y Francia, así de comidas 
como de bebidas y frutas varias, excelentes y bien sazonadas. 
Entre tanto número de huéspedes no faltó quien admirase el 
ver tanto oro y tanta plata en mesas y aparadores. Las saludes 
de SS. MM. Imperiales, Católicas, Christianísimas y Británicas y 
de las personas Reales de sus cuatro Casas se celebraron con 
repetidos giros y sacrificios de cristales vacíos durante más de 
dos horas con satisfacción y regocijo indecible, alentado de las 
conversaciones más curiosas y peregrinas y de una música esco- 
gida de voces é instrumentos, á más de trompetas, clarines y 
timbales, que á cada brindis llenaban los aires de su armonioso 
ruido. La Reina todo lo oía con grata apacibilidad, y tampoco 
faltó quien para su mayor divertimiento la hiciese penetrar las 
noticias de los frecuentes y recíprocos choques de las tazas y 
de sus efectos, aunque todos paraban dentro de los límites de 
una perfecta y regular alegría. 

Ayer executó la Reina nuestra Señora su partida de Irún en 



27S BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

litera; y sin alargarme á todas las individualidades de este su- 
ceso... solo diré llegamos á hacer noche en Hernani... De Her- 
nani hemos llegado esta tarde á Tolosa... S. M. ha gustado de 
hacer la jornada de hoy á caballo... Dios guarde á V. S. muchos 
años. — De Tolosa á 6 de Noviembre de 1679». 

( Continuará.) 

A. Rodríguez Villa. 



IV. 



MANUSCRITOS ARÁBIGOS EN EL ARCHIVO GENERAL DE LA 
CORONA DE ARAGÓN. 

Allá por los años de 1888, al verificarse la Exposición Univer- 
sal de Barcelona, ocurrióme el deseo de estar unos días en 
aquella ciudad. En cuanto supo el docto D. Manuel de Bofarull 
que yo iba, me preparó una muy agradable sorpresa: presentó- 
me á la primera visita que hice al Archivo una caja donde se 
guardaban una multitud de pergaminos y papeles arábigos. 
Excuso decir que desde aquel momento ya no me acerqué á la 
Exposición, sino que desde el amanecer hasta la caída de la tarde, 
no hice otra cosa que meterme en un cuarto reservado del Ar- 
chivo, para examinar á mi placer la balumba de papeles viejos, 
hasta entonces, puede decirse, inexplorados. Lo único que ense- 
ñan al público son unos cuantos rollos egipcios, cuya forma ex- 
cita la admiración de los curiosos, pero cuyo fondo es de los 
menos interesantes. 

Pensé (¡ue lo más urgente que debía hacer con aquellos ma- 
nuscritos ora su ordenación y clasificación, porque estaban mez- 
clados v revueltos sin ningún orden, juntos los de fecha diferente 
y los de procedencia más variada. De aquellos cinco ó seis días, 
únicos de que podía disponer, salió este catálogo, del cual saqué 
dos copias, una para el Sr. Bofarull y otra para mí. 



MANUSCRITOS ARÁBIGOS. 279 

Por una rápida ojeada comprenderá fácilmente la Academia 
el valor histórico de esta mina de documentos. Se conservan casi 
todas las comunicaciones diplomáticas que se cruzaron entre los 
monarcas y autoridades aragonesas y las potencias musulmanas 
en el espacio de sesenta á setenta años, en época memorable, 
■durante la cual intervino Aragón en casi todos los asuntos del 
Mediterráneo, desde Marruecos hasta los grandes imperios de 
Oriente, es decir, desde fines del siglo xm hasta mediados del xiv, 
especialmente durante el reinado de Jaime II. 

El catálogo, tal como lo hice , no es presentable, ni mucho 
menos se puede publicar; está lleno de imperfecciones y aun se 
han deslizado errores graves, por la prisa nerviosa con que hube 
■de redactarlo, sin tiempo para consultar libros, ni colecciones, ni 
nada; es apunte ligero de rápida exploración. Pero si no es obra 
cuidadosa y acabada, la creo suficiente para formarse una aproxi- 
mada idea de la riqueza que se guarda en aquella preciosa 
cajita. 

Contiene más de I 50 piezas diplomáticas; la mayor parte co- 
municaciones oficiales de Reyes ó Ministros musulmanes, dirigi- 
das á los Reyes de Aragón ó á las autoridades aragonesas. La 
mitad, aproximadamente, proceden de la Cancillería de los reyes 
moros de Granada; otras son de Marruecos, fechadas en Pez y 
Tremecén; otras, de Bugía, Túnez y Trípoli; otras, de Oriente, 
á saber, Egipto y el imperio Turco; aparte unos pocos documen- 
tos de asuntos interiores de los moros valencianos del tiempo de 
Jaime el Conquistador y reinados posteriores. 

Solo de las relaciones con el reino de Granada se conservan 
los originales de siete tratados de paz, algunos de alianza ofensi- 
va y defensiva entre ambas potencias contra los castellanos, y 
más de 70 cartas de reclamaciones, notas diplomáticas, etc.; de 
Marruecos, 38 documentos, es decir, dos tratados y 36 cartas; de 
Bugía, Túnez y Trípoli, un tratado y 31 notas diplomáticas; de 
Oriente, ocho ó nueve cartas y varios tratados muy extensos; y 
otras menudencias, que serían importantes si no hubieran apare- 
cido al lado de tan hermosos documentos. 

A toda esta riqueza de primer orden puede añadirse otra no 



2S0 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

despreciable, á saber, los documentos catalanes que en el misma 
archivo se guardan, relacionados con esos asuntos de moros. 

El Sr. D. Manuel de Bofarull se había encariñado con la magna 
empresa de dar á luz unos y otros, asociándonos los dos para ese 
trabajo; y me dijo que pensaba excitar el celo de los Gobiernos 
españoles para que ayudasen á publicar esa colección tan intere- 
sante para España, como material de estudio de la conducta de 
nuestros abuelos con las potencias musulmanas. 

Al Sr. de Bofarull y á mí nos pareció entonces temeridad que 
un particular ciudadano acometiese solo y sin ayuda la publica- 
ción de una obra de la cual seguramente en la Península no se 
han de despachar media docena de ejemplares. 

Así transcurrieron muchos años, hasta que el pobre D. Ma- 
nuel murió sin el gusto de ver siquiera comenzada tamaña em- 
presa. 

De sentir sería que, enterados los arabistas extranjeros de la 
existencia en España de tales tesoros, viniesen á explotarlos. Es 
casi seguro que no pasaría mucho tiempo sin que vieran la luz 
en cualquier publicación oficial de la multitud de escuelas espe- 
ciales dedicadas á esta clase de estudios, instituciones que en esta 
tierra, que fué musulmana, no se estilan, ni aun se conciben. 

Pero gracias á Dios, tras de nosotros, ya algo viejos y pesimis- 
tas, viene juventud más valiente y emprendedora á quien no 
arredran las dificultades. 

Creo que la Academia se congratulará al saber que un discí- 
pulo mío, de los más distinguidos, joven que apenas acaba de 
salir de la escuela y ya figura con mucho realce en las oposicio- 
nes á la cátedra de lengua árabe de Madrid, D. Ramón García 
de Linares, tiene el propósito de ir á Barcelona á sacar copias 
fotográficas de todos los documentos de la sección granadina, la 
más asequible, interesante y rica, para publicarla después toda 
entera. 

Tengo la confianza de que, ya que no se pide para tamaña 
empresa ayuda oficial ni protección de ninguna clase, no en- 
contrará este joven dificultades en aquel Archivo, ni se le dirá 
que no están catalogados los documentos, puesto que el catálogo 



EXCURSIÓN EPIGRÁFICA. 28 I 

lo hice yo y lo he regalado al personal de aquel .Archivo, y se le 
facilitará la tarea ofreciéndole condiciones para sacar las fotogra- 
fías, supliendo la buena voluntad del ilustrado jefe D. Francisco 
de Bofarull y de los empleados las deficiencias del servicio, ya 
que no hay en nuestras bibliotecas local á propósito para impre- 
sionar y revelar las placas fotográficas. 



Madrid, 27 de Marzo de 1903. 



Julián Ribera, 

Correspondiente. 



V. 

EXCURSIÓN EPIGRÁFICA POR VILLAR DEL REY, ALHAMBRA, 
VENTA DE LOS SANTOS, CARTAGENA, LOGROÑO Y ORENSE. 

Villar del Rey. 

Esta villa del partido de Alburquerque, en la provincia de 
Badajoz, entra por vez primera en el mapa romano de España, 
merced á una lápida votiva, inédita, de la que me ha dado noti- 
cias (i) y enviado calcos D. Tomás Romero de Castilla. Mide el 
neto del ara, donde está la inscripción, 0,43 m. de alto por 0,27 
de ancho. 

Desde tiempo inmemorial, este monumento ha permanecido 
engastado en una de las paredes de la iglesia parroquial de aque- 
lla villa. En sus letras del primer siglo, altas 0,05 5 m., es muy 
de notar el empleo de II en lugar de E, que reproducen muchas 
lápidas de su época (2). 

TIIVSCA 
PllTRlll 
F • IOVI 
V-A-L-S 

Teusca Peirei f(ilia) Iovi v(otum) a(nimo) l(ibens) s(olvit). 

A Júpiter Teusca, hija de Petreyo, cumplió de buen grado su voto. 

(1) Carta de] 7 de Octubre de 1902. 

(2) Hübner, pág. 1.180. 



282 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

La primera impresión de ánimo que me produjeron los calcos 
fué la de leer Tliusca y no Teusca. El nombre Tusca es frecuen- 
te en nuestras inscripciones; y la variante de th por / no carece 
de ejemplos: Tcmison (5288), Themison (2022); Tetis (157), Tke- 
tis (53/, 876, 877). Pero el Sr. Romero de Castilla, á la vista del 
ara original, ha leído TIIVSCA, que por más que sea nombre 
nuevo en la epigrafía española, tiene segura explicación. Así en 
Corao de Asturias (5742) ocurre el nombre femenino Tea, en 
Coria el de Máxima Tcia (5307) y en Cáceres el de la gens 
Teia (714)- Estimo ser probable que de Tea se derivó Teusca, 
sin que sepamos á punto fijo la verdadera significación de estos 
nombres. * 

En Erejenal de la Sierra, la antigua Ncrtobriga Concordia Ju- 
lia sale (976) Petreia, hija de Marco; pero hasta el presente, en 
ninguna lápida española se había mostrado el masculino Petrcius, 
nombre que tuvo el famoso general, compañero de Afranio, y 
acérrimo defensor del partido de Pompeyo en nuestra Penínsu- 
la. En su campamento militaban valientes tropas de ástures, vet- 
tones y celtíberos, que opuso al de Julio César, en Lérida, como 
lo cantó nuestro Lucano (i): 

His praeter Latias acies erat impiger Astur, 
Vettonesque leves, profugique a gente vetusta 
Gallorum, Celtae miscentes nomen Hiberis. 

Villar del Rey está situado sobre el río Albarragena, que di- 
vide su término del de Alburquerque sobre la derecha del 
Guadiana. No lejos se levanta el santuario de Nuestra Seño- 
ra de Bótua ó Bótova, donde estuvo, á lo que parece, la man- 
sión Budua del itinerario de Antonino, B;¿£oua de Ptolemeo, 
Búrdoga del Ravenate. El radical céltico de este nombre geo- 
gráfico se puede observar en Burdigala (Burdeos) y en el voca- 
blo castellano borda (choza). 



(1) Pitar sal, tv; 8-10. 



EXCURSIÓN EPIGRÁFICA. 283 



Alhambra. 



Registra Hübncr cuatro lápidas romanas (3229-323 1 ), pro- 
cedentes de esta villa nobilísima, sita al oriente de la provin- 
cia de Ciudad Real, entre Villanueva de los Infantes, su capital 
de partido, y la famosa Argamasilla de Alba, á la que más que 
las ruinas, todavía no exploradas, de la ciudad romana Mnrum, 
han hecho célebre las aventuras de D. Quijote, y de su fiel es- 
cudero. Sobre la cima de un cerro de color rojo, del que ha to- 
mado su nombre arábigo, perdiendo el de Laminiíivi ó Lámini, 
descuella Alhambra, dominando por todos lados una fértilísima 
vega, que surca el río Azuel, tributario del Guadiana. Equivocó- 
se Madoz (i), reduciendo esta villa antiquísima á la mansión Ca- 
putfluminis Anae del itinerario de Antonino, que está junto al 
nacimiento del Guadiana, cerca de la Osa de Montiel; ni van 
más acertados los autores que colocan la ciudad de Lámini en 
Fuenllana, fuera de cuyo término (2) y dentro del de Alhambra, 
se halló la magnífica inscripción (Hübner, 3228) Lfucius) Livius 
■Lupus I Genio mnnici \ pi Laminitani \ loco dato ex \ decreto 
Ordi j nis signum \ argcntcíim \ ciim bomo, sita \ pecunia fe- 
cit I idemque dedicavit. 

Acerca del actual paradero, dimensiones y lectura de las tres 
lápidas sobredichas, no poco me han servido las noticias é im- 
prontas que he logrado de la buena amistad de D. Perfecto Urra, 
tenaz y muy docto promovedor de los adelantos arqueológicos 
en Santisteban del Puerto, como bien lo sabe la Academia (3). 
En carta del 14 de Diciembre de 1 90 1 me escribió: 

«Resultando inútiles todas mis gestiones para obtener impron- 
tas de las lápidas de Alhambra, mandé exprofeso á mi maestro 



(1) Diccionario geográfico, tomo 1, pág. 600. Madrid, 1848. 

(2) Boletín, tomo xxxix, pág. 431; xxx, 258. — A las próximas lagunas 
de Ruidera paréceme que alude el nombre de Lamini, cuyo radical célti- 
co es comparable al de los vocablos griegos XtfjnQv, V.\x^. 

(3) Boletín, tomo xxxviii, páginas 422-424; 463-470; xxxix, 335, 336, 
420-431; xl, 81-84, 87. 



284 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

de molino D. Juan Pérez con dirección á dicho pueblo para sa- 
car los calcos que envío á usted por este correo. Al pedirlas yo 
las copiaron de un libro (1) que tienen en el Ayuntamiento»; 
libro el cual, por lo mucho que abarca, aprieta poco en el caso 
presente, no habiendo consultado el autor las fuentes originales. 
«Estos soberbios monumentos estaban tendidos en el suelo entre 
porquería, con las inscripciones boca abajo, y nadie 'se ha ocu- 
pado hasta ahora, que lo ha hecho mi encargado, de buscar hom- 
bres que con palancas las volvieran». 

1. — Hübner, 3229. 

Pedestal marmóreo con rotura de la cornisa superior. El már- 
mol se tomó de la cantera Ballestera, propiedad de los Duques 
de Medinaceli, cuyo administrador es el Sr. Urra. 

El neto de la inscripción mide 50 cm. de alto por 32 de an- 
cho. Letras altas de 4 á 3 cm. 

ALLIAE- HA- ué 
C A N DID AE 
C V R A N T E 
LlClNIA'C" F 

MACEDONI 
CA • M ATRE 
COLLEG1VM 
ANENSE-MAI 
CLIENTES -ET 
10 LIBERTI • mu 

////ONAE-POS 

Alliae M(arci) [f(iliae)] Candidae, curante Lirínia C(ai) /(¿lia) Macedó- 
nica matre collegium Atiense mai(us) clientes et liberti \patr\onae posuerunt. 

A Alia Cándida, hija de Marco, cuidando de ello su madre Licinia Ma- 
cedónica, hija de Cayo, erigieron este monumento, como á patrona, el co- 
legio Anense mayor y sus clientes y libertos. 



( 1 ) Diccionario histórico geográfico de la provincia de Ciudad Real, por 
D. Inocente Hervás y Buendía. 



EXCURSIÓN EPIGRÁFICA. 2S5 

La lectura del renglón 8, ANENSE'MAI, me parece segura 
en vista del calco. El cuerpo colegiado (collegiuní) ó asociación 
de la que era patrona Alia Cándida, debía ser muy numeroso, 
toda vez que se distinguía en mayor y menor. Sospecho que 
tomó su nombre Anense del rio Ana (Guadiana). 

2. — Hübner, 3231. 

Soberbio pedestal de mármol de la Ballestera, que mide 1,22 
metros de alto, y de ancho, por las molduras, 0,60, y por el neto 
de la inscripción, 0,40. Letras altas, 0,043. 

L • MACEDÓNICA 
C-L-S'FILIAE 
FLAMINICAE • P 
OL-HEDYMELES 
PATRÓN AE 
O P T I MAE 
S-P-P-L-DD-O 

L(ichiiae) Macedónica, C(ai) L(icinii) S(perat¿?) filiae, flaminicac p(erpe- 
tuac) C(aius) L(icmius) Hedy nieles patronae optimae s(ua) p(ecunia) p(osuü), 
l(oco) d(ato) d(ecreto) 0(rdi/üs). 

A Licinia Macedónica, hija de Cayo Licinio Sperato, flamínica perpe- 
tua, á su óptima patrona, Cayo Licinio Hedímeles hizo labrar á su costa 
este monumento en el sitio que le fué dado por decreto de los decu- 
riones. 

El sobrenombre r,owj.¡.Xr[; (dulce cantor) del dedicante puede 
aludir al oficio que acaso tenía en el templo de Roma y Augus- 
to, del que era flamínica perpetua Licinia Macedónica. 

Este pedestal y el anterior permanecieron en el sitio indicado 
por Hübner hasta mediados del año 1901, conviene á saber, «en 
la meseta de entrada á la puerta Norte de la iglesia parroquial»; 
el primero (Hübner, 3229) á mano izquierda del espectador de 
la puerta, subiendo por las gradas de la escalera, y el segundo 
(3231) á mano derecha. Erna noche del mes de Mayo ó Junio 
del referido año fueron quitados de su sitio por los mozos del 
pueblo, y se dejaron boca abajo «á unos ocho metros de la esca- 
lera y frente á la puerta, y allí continuaban cuando Pérez los 



286 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

calcó», después que hubo volcado y devuelto á la luz del sol las 
inscripciones. 

3. — Hübner, 3230. 

Pedestal de mármol blanco de la Ballestera; alto, 62 cm.; an- 
cho, 37. Sigue adosado al lado izquierdo de la puerta boreal de 
la iglesia. 

p • licinio • p • f 

gal-máximo 
praefecto 
cohortis- ii 

gallorvm 
e q_v i t a t a e • i n 
dacia • tribvno 
militvm'leg- vii 
clavdiae-piae 
fidelisp-licin'vs 

l1cinianvs 

FRATRI 

P(ublio) Licinio P(ublii) f(ilio) Gal(erla) Máximo, pr defecto cohorlis II 
Gallorum equitatae in Dacia, tribuno militum leg(ionis) Vil Claitdiac piae 
J/dclis, P(ublñis) Licinius Licinianus fratri. 

A Publio Licinio Máximo, hijo de Publio, de la tribu Galería, prefecto 
de la cohorte segunda ecuestre de los Galos en Dacia, tribuno militar de 
la legión séptima Claudia, pía, fiel, erigió este monumento su hermano 
Publio Licinio Liciniano. 

Dos estatuas de mármol, sacado de la misma cantera, descabe- 
zadas, una de varón y otra de mujer, están en la puerta meridio- 
nal de la iglesia, tocando con los pies en el suelo y adosadas en 
la pared. «Suponen los vecinos del pueblo», me escribió el señor 
Urra (i), «que una y otra estatua estuvieron colocadas sobre los 
pedestales antedichos»; y si así fué tendríamos los retratos escul- 
turales de Licinio Máximo y de una de las dos matronas: Alia 
Candiría, ó bien Licinia Macedónica. Espero que, dándose opor- 

1 1 I Carta del 6 de Febrero de 1902. 



EXCURSIÓN EPIGRÁFICA. 287 

tuna ocasión, se haga el examen técnico y obtengamos fotogra- 
fías. 

Lo cierto es que en los postreros años del siglo xvi, los tres 
pedestales y las dos estatuas, según lo refiere (i) quien lo vio, no 
sin estropear la copia délas inscripciones: «Alhambra, tierra ber- 
meja» dice, «adonde se hallan dos estatuas hermosísimas, que 
están á la entrada de la iglesia, y es hombre y mujer, con sus 
togas; y quitóles un caballero, pasando por allí, las cabezas y llé- 
vaselas, porque no podía llevar las estatuas; tienen inscripcio- 
nes...» No cita este autor, como existente en Alhambra, la ins- 
cripción, qne pronto veremos en Venta de los Santos; y fué con- 
fundida por otros autores posteriores con la dedicada á Licinio 
Máximo. 

Falta saber cuándo, cómo y en qué sitio se descubrieron los 
tres pedestales y las dos estatuas por vez primera, reponer éstas 
en su propio lugar, y recobrar, si fuere posible, las cabezas, ave- 
riguando quién era el menguado caballero que despojó la noble 
villa de Alhambra de sus mejores joyas de arte romano. 

Venta de los Santos. 

4. — Pedestal de estatua. — Hübner, 3237. 

Es de mármol, color rojizo veteado de negro, y sacado de la 
cantera Ballestera, como los tres sobredichos de la villa de Al- 
hambra. Está roto por sus lados izquierdo é inferior, siendo sus 
mayores dimensiones 37 cm. de ancho por 47 de alto y 25 de 
grueso. Existía, no há mucho, empotrado en el frontispicio de la 
Venta de los Santos, que dio su nombre á la tercera aldea del 
antiguo Ayuntamiento de Montizón, elevándose poco más de un 
metro sobre el nivel del suelo, á mano derecha de la puerta de 
entrada, y sufriendo más de una vez las pedradas de los chicue- 
los. El propietario de la venta, D. Antonio Alfaro, lo donó en 



(1) Román de la Higuera, Historia eclesiástica de Toledo, tomo 1, li- 
bro iv, cap. 3. Códice 34 de la Biblioteca nacional, fol. 174 vuelto, 175 
recto. 



288 boletín de la real academia de la historia. 

I.° de Julio do IQOI, para su mejor conservación, á D. Perfecto 
Urra, el cual, pocos días después (i), me describió el calvario por 
el que hubo de pasar tan interesante lápida histórica (2). 

Por fin, en 21 de Agosto, quedó instalada en el Museo de San- 
tisteban. 

\P(Úblio) Licinio Liciniano \p\raefccto [c]ohoríis Vil [R] haetorum[e}quita- 
tac i n \G\ermania \f\ribuno [milit]iim leg(ionis) XXII [Primig}euiae picc 
[Jidclis p/ac fecto. . . 

A Publio Licinio Liciniano prefecto de la cohorte séptima ecuestre de 
los Rhetos en la Germania, tribuno militar de la legión xxn Primigenia 
pía y fiel, prefecto de... 

El haberse arrancado este pedestal del sitio que ocupaba en 
la Venta de los Santos, ha manifestado el desfalco que ha sufrido 
en su espesor ó caras laterales. La faz lateral, á derecha del es- 
pectador, contenía una inscripción cuyo neto encuadraban mol- 
duras parecidas á las de la faz delantera, aunque más sencillas, 
como acontece en el monumento de León (Hübner, 2663), eri- 
gido por los ¿quites, ó cuerpos de caballería, de la legión vn Ge- 
mina, en honor del emperador Antonino Caracalla. La fecha de 
la dedicación, que en este monumento es el día 25 de Septiem- 
bre del año 216, debió también marcarse en la cara lateral del 
pedestal de Licinio Liciniano. 

Tal como hoy se ve, se veía mutilado este insigne monumen- 
to en 26 de Mayo de 1599- Lo atestigua el secretario (3) de 



1 1 1 Carta del 13 de Julio. 

(2) ■ Ayer 112 de Julio) fue arrancada de la antigua venta, y está depo- 
sitada en casa de D. José Merino, ilustrado párroco de las tres aldeas, 
hasta que convengamos dónde ha de colocarse. Cargada en un mulo la 
traían á esta su casa, cuando antes de tocar en Aldeahermosa, hizo el al- 
calde pedáneo que la volvieran á Montizón, fundado en que el pueblo se 
sublevaba porque se traían la piedra. Tengo para mí que la sublevación 
era pretexto, que se habría de pronto desvanecido con untar la mano del 
fulano, en lo que no vino bien mi guarda mayor para no sentar preceden- 
tes. Quedó, pues, la piedra en depósito en casa del párroco, y ni por pienso 
ha de volver adonde primitivamente estuvo, porque allí servía para col- 
gar gallos y matarlos á balazos.» 

(3) ¿El Maestro Francisco de Medina? 



EXCURSIÓN EPIGRÁFICA. 



289 




TOMO XLII. 



19 



29o boletín de la reae academia de la histok ¡a. 

I). Rodrigo de Castro, cardonal arzobispo de .Sevilla, en el Diario 
que escribió v que se conserva en la biblioteca de nuestra Aca- 
demia, titulándolo Jornada del cardenal desde Valencia á Sevilla. 
Hice así (i): «Miércoles, 26, después de -oír missa, y de comer, 
salió de aquí (2) á las diez, antes de medio día, y fué cinco leguas 
más adelante á tener la noche en la Venta de los Sanctos. A la 
puerta de la Venta está una piedra antigua quebrada (3). — Jue- 
ves, 27, á las siete de la mañana salió de aquí, y passó tres leguas 
á comer en la venta de S. Andrés. En un pilar de la ermita, que 
está cerca della, ay una piedra antigua quebrada con, estas le- 
tras (4)». 

No sería extraño, sino muy posible, que en Alhambra haya 
comparecido ó se descubra un pedestal cuya inscripción repro- 
duzca afortunadamente y complete la de la Venta dé los Santos. 
Así en Barcelona, Vich, San Andrés de Llavaneras, Ciudadela 
de Menorca y én otros parajes, el riquísimo liberto Licinio Se- 
cundo obtuvo innumerables amigos y corporaciones que le dedi- 
caron semejantes pedestales y estatuas en testimonio de grati- 
tud (5); pero los autores que han colocado el epígrafe de Venta 
de los Santos en Alhambra no dicen que lo viesen en esta villa, 
donde por cierto no se encuentra. Señalan las mismas dimensio- 
nes, letras y cortaduras; y no es verosímil que en dos monumen- 
tos de un mismo texto, cuando se labraron, se hubiesen á la vez 
marcado el deterioro del tiem.po y la sevicia de los hombres por 
idéntico estilo y con igual resultado. 

Las piedras viajan; y ninguna precaución es inútil, tratándose 
de averiguar el sitio de su primer descubrimiento, cuando son 
epigráficas é interesan á los adelantos de la Geografía y de la 
Historia. Por esto el Sr. Urra ha prestado un eminente servicio 



(1) Colección Salazar, estante 15, grada 3. a , n. 89, doc. 50. 
Puebla de Montiel del Príncipe. 

(3) Dibuja la inscripción tal como en el fotograbado aparece. 

(4) Es el fragmento epigráfico del pedestal erigido por la ciudad de 
lingo (Santistcban del Tuerto), al emperador Adriano, hacia el ano 121. 

Publiqué su fotograbado en el tomo xxxvin del Boletín, pág. 465. 

(5) Boletín, tomo jcxxi, páginas 228 y 229. 



EXCURSIÓN EPIGRÁFICA. 



291 



á nuestro Instituto académico, no solamente con la esmerada 
revisión de los cuatro pedestales sobrenombrados y con atender 
á su conservación decorosa en Santisteban y en Alhambra, sino 
además con asegurarse pericialmente que fueron cortados de una 
misma cantera, que harto conoce, por depender ella de su admi- 
nistración económica. Está situada la cantera Ballestera sobre las 
cimas de Sierra Ventosa, cerca de la divisoria de las provincias 
de Ciudad Real y de Jaén y dentro de ésta, enfrente dc.To- 
rrectlver, como lo indica la hoja 863 del Mapa topográfico de Es- 
paña por el Instituto Geográfico. Corresponde Torrealver proba- 
blemente al Castrum ferratum ó Castro ferral que se rindió al 
ejército cristiano con las importantes plazas de Baños y Vilches, 
á consecuencia de la victoria de las Navas de Tolosa (16 Julio 
12 1 2), y le dejó expedito el paso y la retirada para circunvalar 
á Baeza, Los alrededores de Torrealver están cubiertos de esco- 
riales de las minas de hierro de aquellos parajes, explotadas por 
los romanos, visigodos y muslimes. Una vía romana pasando por 
este sitio ponía en comunicación la que desde Cazlona (Castillo) 
se dirigía á Santisteban (Hugo) y la que al otro lado de la Sierra 
iba desde Alhambra (Lamini), siguiendo por la izquierda del 
Guadiana sin parar hasta Mérida. Entre Torrealver y la Balles- 
tera hay una fuente, en cuya orilla se han recogido monedas 
romanas (i), y se espera lograr el feliz hallazgo de inscripcio- 
nes votivas. 

Entre la Venta de los Santos y Alhambra se ven sobre el 
mapa de la provincia de Ciudad Real las villas de Almcdina y 
Villanueva de los Infantes. La insigne inscripción de Almedi- 
na (2), abierta en el pedestal de la estatua del emperador Anto- 
nio Pío en el año 1 46, ya no existe. Fué bárbaramente picada la 
faz epigráfica «para formar un tosco dibujo, ó enrejado, de líneas 
horizontales y verticales» (3), midiendo el pedestal 93 por 85 era. 
Reservo para otro estudio las dos de Villanueva (4) procedentes 

(1) Carta del Sr. Urra, fechada en 6 de Agosto de 1901. 

(2) Hübner, 3236. 

(3) Carta del Sr. Urra, fechada en 14 ce Agosto de 1901. 

(4) Hübner 3232, 3235. 



292 BOLETÍN de la real academia de la historia. 

de Rochafrida, antigua jurisdicción de Alhambra. Su actual 
poseedora no permitió á D. Juan Pérez, delegado del Sr. Urra, 
que procediese á calcarlas (i). Pretextó la fina atención de enviar 
directamente á la Academia los calcos, que vendrán cuando y 
si Dios quisiere. 

Cartagena. 

El busto de mármol amarillo, alto 1 8 cm., hallado en esta ciu- 
dad, del que nos dio noticia (2) D. Diego Jiménez de Cisncros, 



TKy v - 




ú m^SkF Bt % 


y-'ffl 


Wmt ^^ , 




■1 TlT. 

1 . 


' ■ 


■H -.-•■'»_ ' ^jís 









me trajo á la memoria otros cuatro bustos de fisonomía y tocado 
análogo, pero de mejor arte, (pie se descubrieron en aquella 
misma capital de la España Cartaginesa y se conservan en el 
Musco provincial de Murcia. Acerca de ellos mediaron en 1 867 
las comunicaciones siguientes: 



(1) Carta del 7 Enero 1902. 

(2) Boletín, tomo xm, pág. 129. 



EXCURSIÓN EPIGRÁFICA. 293 

i. — Del Director general de Instrucción pública al Gobernador de la 
provincia de Murcia (5 Junio). 

«Habiendo llegado á noticia de esta Dirección general que al 
hacer obras en un pozo del Monte Sacro en Cartagena se han 
hallado y extraído del mismo tres bustos de mármol, al parecer 
de la época griega ó cartaginesa, que representan, según noticias 
adquiridas extraoficialmente, el l.° á Baal ó Moloch, el 2.° á 
Venus ó Minerva, y el 3. que tiene dos caras, una acaso la de 
Mercurio y la otra la de Ceres, los cuales continúan en poder del 
dueño ele la casa, que es un pobre jornalero, así como un pavi- 
mento de mármol con un mosaico alrededor, que se han dejado 
en el mismo sitio, volviendo á terraplenar, ha acordado que — 
poniéndose de acuerdo con la Comisión de Monumentos y con 
D. Andrés Alcoladq, Ingeniero de minas y Jefe de ese distrito, 
que ha sido la persona por cuya diligencia se ha tenido la noti- 
cia — procure V. S. adquirirlos mencionados bustos con el me- 
nor gravamen posible, pero debatiendo libremente el precio 
con su dueño; al cual propondrá la cesión del terreno necesario 
para las excavaciones que hayan de emprenderse, ó en caso de 
que no quiera cederlo, tratará V. S. de averiguar las condiciones 
con que otorgará permiso para hacerlas, dando cuenta de quedar 
cumplido todo y enviando un croquis.» 

Lo mismo se ordenó, ponderando y encareciendo la impor- 
tancia del encargo, en otra comunicación expedida el día 6 de 
Julio. 

2. — Del Gobernador de Murcia al Director general de Instrucción pú- 
blica (5 de Agosto). 

«Tengo el honor de elevar á manos de V. I. (i), para la reso- 
lución que crea más conveniente, las adjuntas diligencias practi- 
cadas por los individuos de la Comisión de Monumentos históri- 
cos y artísticos de esta provincia en unión con D. Andrés Aleo- 
lado, Ingeniero Jefe de minas de la misma, en cumplimiento de 
las órdenes de V. I. de 5 de Junio y 6 de Julio próximos pasa- 

(1) Vuestra Ilustrísima. 



2<)4 boletín de la real academia de la historia. 

(los, para la adquisición de tres bustos de mármol, ds época an- 
tigua, extraídos de un pozo del monte sacro de Cartagena, de 
propiedad particular, debiendo manifestara V. I. que, hallándose 
esta Comisión conforme con lo acordado por los individuos de 
su seno, á quienes delegó para llevar á cabo las gestiones acor- 
dadas por esa Superioridad para la referida adquisición y la del 
terreno donde se hicieron los descubrimientos, tengo una satis- 
ión al encarecer á Y. 1. la importancia de las antigüedades 
halladas y de las que, según la opinión muy fundada de personas 
inteligentes, deben hallarse sepultadas entre aquellas ruinas ve- 
nerandos restos, al parecer, de alguno de los templos en que se dio 
culto á los dioses de la antigua ciudad de los Escipiones. En las 
mismas diligencias aparecen los presupuestos aproximados, tanto 
del coste de los bustos; como de los trabajos de investigación 
que sean necesarios, llamando muy particularmente la atención 
el noble desinterés del dueño del terreno.» 

Esta comunicación y la precedente fueron copiadas y dirigidas 
por el Secretario de la Academia D. Pedro Sabau, y por acuer- 
do de la misma á D. Aureliano Fernández Guerra (15 de Junio 
y 2 de Diciembre), remitiéndosele al propio tiempo «cuatro lámi- 
nas fotografiadas y los documentos originales que se mencionan 
en la comunicación del Gobernador de Murcia (5 de Agosto), 
para que, con la devolución de los mismos, informe á la mayor 
brevedad posible lo que juzgue oportuno la Comisión de Anti- 
güedades». 

Tan excelentes propósitos se frustraron en 1 868 con los tras- 
tornos que acarreó la Revolución de Septiembre. En la Junta pú- 
blica, que celebró la Academia, cuando amagando la tempestad 
se anublaba la faz política de la Nación, notició D. Pedro Sa- 
bau (i) los pasos dados y acuerdos tomados por la Corporación 
«con el fin de que pueda el Gobierno adquirir tres antiguos bus- 
tos de mármol, eme descubrió en dicha ciudad de Cartagena el 



(1) Noticia de las Actas de la Real Academia de la Historia, leída en 
Junta pública de 7 de Junio de 1868, por D. Pedio Sabau, Académico de 
número y Secretario, pág. xin. Madrid, 1868. 



EXCURSIÓN EPIGRÁFICA. 295 

jornalero Antonio Sánchez (i) al hacer obras en el pozo de su casa, 
á cinco metros de profundidad, donde encontró además de Los 
bustos, un pavimento de mármoles y mosaicos; los cuales esta- 
ba dispuesto á ceder por módico precio», y consentía que en su 
casa se hiciesen exploraciones, sin más condición que la de abo- 
narle los perjuicios. Con esta ocasión la Academia expuso al Go- 
bierno las reglas que aquellas exploraciones, y en general en to- 
das las de su clase, deben observarse; y el Gobierno dictó en este 
sentido las disposiciones más urgentes y perentorias.» 

El número I de esta colección fotográfica es el tipo arcaico y 
mucho más bello, que corresponde al encontrado recientemente 
en la calle Larga de San Cristóbal y fotografiado por el Sr. Jimé- 
nez de Cisneros. La barba de aquél, rizada á la manera asiría, se 
hace guedejuda en éste con mayor naturalidad, conserva tan solo 
algún indicio del simbólico tocado de la cabeza; y trueca en una 
las dos hileras de enroscados rizos que adornan la frente del 
adorado numen (2), el cual presumo fuese el Hércules Gaditano 
que tuvo aras en Cartagena, como lo prueba la inscripción 3409 
de Hübner. 

Las fotografías de los cuatro bustos, atesoradas por la Acade- 
mia, y que representan los originales á raíz de su descubrimiento, 
marcan las dimensiones siguientes: 



(1) En las Actas académicas del 6 de Diciembre de 1867 es llamado 
J isc Antonio Sánchez, y se dice que su casa estaba situada en la calle del 
Cuerno, y que en dicho día la Comisión de Antigüedades leyó su informe, 
que fué aprobado. 

(2) Véase Müller, Numismatiqtie de rancienn& A/rique, tomo 11, pigims 
75 Y 76; ni, 17, 43, 146. Copenhague, 1861 y 1862. 



296 . 



BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 



í.— Alto, 17 cm. 




Baal ó Moloch, según se creía en 1867 



EXCURSIÓN EPIGRÁFICA. 



297 



2. — Alto, 24 cm. 




Venus ó Minerva, según se creía en 1867. En la mejilla iz- 
quierda el lunar, 6 peca, fué labrado de intento con viva entona- 
ción de color morado. 



2 9 8 



boletín de la real academia de la historia. 



3. — AlLo, i/ cm. Es el anverco del 4. 




Mercurio, según se creía en 1867. 



EXCURSIÓN EPIGRÁFICA. 



2(J9 



4-— Alto, 17 cm. Es el reverso del 3. 




Ceres, según se creía en 186; 



300 boletín de la real academia de la historia. 

La influencia del arte asirio-caldeo, del que tiene la Academia 
en su musco dos modelos originales, traídos de Nínivc por don 
Antonio López de Córdoba (i), algo se deja sentir en estos bus- 
tos, mejorados por el buen gusto de la Hélade. Este se transluce 
también de varios monumentos hallados en Denia, Cádiz, Elche y 
Turis (2) y en otros puntos de nuestras costas meridionales, don- 
de ha dejado indelebles huellas la civilización oriental, anterior á 
la invasión y dominación de los celtogalos (3). 

Los cuatro bustos figuraron en la Exposición provincial de Be- 
llas Artes, celebrada en Murcia en Septiembre de 1868. Adquiri- 
dos para el Musco Arqueológico de esta ciudad están comprendi- 
dos bajo el número 13 en la vitrina 3. a del salón principal. En 
dicho año procuró su adquisición nuestro doctísimo compañero 
1 ). Adolfo Herrera, é hizo excavaciones en el sitio del Monte 
Sacro donde se habían hallado, resultando así el encuentro de 
varias pinturas murales que donó al Museo Arqueológico Nacio- 
nal. Xadie mejor que él podrá reunir todos los datos que la crí- 
tica exige para fallar sobre el origen y destino que tuvieron estas 
obras de arte cartagenero, que deben compararse á las de los 
mejores tipos numismáticos de esta región, indicados por don 
Jacobo Zóbel (4). Por de pronto, ya se puede afirmar que los bu- 
cles que ciñen la frente á manera de corona ó diadema elegan- 
tísima, los rizos de la barba y del cabello son artificiales, y que 
(Ir ellos hay que hacer cuenta al investigar cuál es el verdadero 
tipo etnológico de las cabelleras vellosas, que distinguen el mo- 
netario ibérico. 

En lo tocante á la epigrafía romana no deja de tener interés- 
a comunicación que hoy recibimos de la Subcomisión de Monu- 
mentos de Cartagena. La cual ha recibido en donativo para su 



(1) Reproducidos en facsímile y explicados por el Sr. Riaño en el 
Boletín, tomo xxvii, págs. 265 y 266. 

(2) Boletín, tomo iv, pág. 21; vn, 49; xn, 352 y 353; xxxi, 427-435; 
xxxvii, 439. 

(3) ídem, tomo xl, págs. 532 y 537. 

(4) Estudio histórico de la moneda antigua española, tomo 11, págs. 105 
y 106. Madrid, 1880. 



EXCURSIÓN EPIGRÁFICA. 



301 



museo un fragmento de lápida que existía «empotrado en las ta- 
pias del arsenal de este departamento». No lo veo registrado por 
Hübner. Mide 75 cm. de ancho por 26 de alto. Contiene dos 
renglones. En el primero el punto de separación es cuadrado, 
destacándose de los vértices de los ángulos rayas simétricas, 
como en la piedra ibérica de Ampurias (I). El segundo está bo- 
rroso, y á duras penas se dejan ver al principio las letras S\ . 
Debió de ser un sillar, que compaginado con otros daría razón 
de la obra de algún edificio público: 



DEDECVRION 
SV 



...\l(oco) d(a/o)?] de(creto) decurion(um) su\a p(ecunia) f(aciendum) coi- 
r(<wit)\ 

... habiéndosele dado el lugar por decreto de los dt/curionrs, cuidó de 
que á sus expensas se hiciese la obra. 

La Subcomisión ha depositado este fragmento en el local do la 
Sociedad Económica. Un calco ó una fotografía que nos viniese 
resolvería quizá las dudas que abrigo sobre la restitución del ren- 
glón segundo. 

En sus cartas del 21 y 5 de Marzo últimos, D. Diego Jiménez 
de Cisneros nos habla de otros descubrimientos verificados en 
Cartagena. Supo que en un sitio de la ciudad, que llaman Ram- 
bla abortada se habían encontrado, años atrás, varios objetos 
romanos, y entre ellos una lápida, que está empotrada en una 
pared de la finca y ha sido vista y dibujada por él en escala 
de '/ju- El monumento es un sillar, que descubre la faz anterior 
y la posterior, cuya arista mide 1, 20 m. En la faz anterior, cuya 
altura es de 24 cm., se desarrollan tres renglones de inscripción 
con puntos cuadrangulares. 



(1) Boletín, tomo xxxvi, pág. 499. 



302 boletín de la reai. academia de la historia. 

SEX 'NVMISIVS' L-S- LARIB min/mé 
ET «SIGNA «ET- ARAM -FACIVN „inn 
COIRAVIT-ET EISDEM-DEDIC iiniu 

Sex(tus) Numisius L(iberalis?) s(acrupt) Larib[us] el signa ct ara»; fa- 
c/'un | dum \ coiravit el eisdem dedic\avit \ . 

Sexto Numisio Libera] ;í los Lares hizo y dedicó e] sagrario, las estatuas 
y el ara. 

En Tortosa (Hübner, 40631 falleció Lucio Numisio Liberal, 
natural de Córcega, que sirvió 1 3 años de soldado en la galera 
de tres órdenes de remos, llamada Marte, de la armada pretoria 
de Ravena. El mismo cognombre Liberalis cabe pensar que tu- 
viese Sexto Numisio, cuyo prenombre no consiente pensar en 
un siervo, ó que L ■ S se. explique por L(ucii) s(ervus), 

El suplemento de lo que sigue en el primer renglón cabe que 
sea Larib(us) Aug(ustalibtis). Con esta inscripción del tiempo 
de Augusto se compagina otra del de Tiberio (Hübner 5Q2Q), 
que en el año 1875 se descubrió, dentro de los cimientos de la 
casa del Sr. Pedreño, junto á la plaza que llaman Puertas de 
Murcia: C(aio) Lactilio M(arci) f(ilio) A\paló\ \ duumvir(o) 
qiLÍnq(ucnnali), \ Lares Augustales et \ Mcrcurium piscatores \ ct 
propolae de pecun(ia) sita /(aciundium c(oiravere) i(idemque) 
p(robarunt). 

Los objetos hallados en la Rambla antedicha son: clavos y una 
fíbula (rota) de bronce; una pesa de plomo piramidal, con ori- 
ficio en la cúspide, que pesa unos 45 gramos- anillos de plomo, 
que unidos pudieron servir de collares ó brazaletes; una lucerna 
de barro basto fracturada; un pedestal de estatua toscamente 
labrado; restos de urna cineraria, una tapadera de las misma; 
COn esta marca L, y pedacitos de barro cocido, procedentes de 
vasijas de diversas formas. Cuando se hizo la excavación se mos- 
tró un pozo lleno de huesos humanos y cubierto por una plan- 
cha de cobre epigráfica, que ha desaparecido; muchas ánforas 
fracturadas, pero algunas en buena conservación, v muchísimas 
monedas de bronce, caracterizadas por el busto dejano y la tri- 
reme, y ninguna de familia patricia ó consular. 



EXCURSIÓN EPIGRÁFICA. 30 }. 

Avisa tarrfbién el Sr. Jiménez de Cisneros que siendo, como 
es, Secretario de la sección de Ciencias en la Sociedad de Ami- 
gos del País, ha rogado al dueño de la nueva lápida que permita 
su traslado al museo de dicha Corporación, donde so guardan 
otros monumentos cartageneros de la misma estirpo gentilicia, 
conviene á saber, el de la liberta Xumisia (Hübner 3489), el de 
Cneo Numisio liberto de Cneo (3486) y el de Cavo Numisio 
Clemente (3485). 

Añade (I) que al gran fragmento do la inscripción del séviro 
augusta! Marco Bebió, publicado en el tomo xxxvm del Boletín, 
pág. 471, ha de juntarse otro fragmento que ha encontrado en 
el mismo sitio, esto es, en el castillo de la Concepción, donde 
permanecen visibles «cuatro fustes de pilastras acanaladas y dos 
basas de grandes dimensiones. «Estos días he hallado ese trozo, 
que tiene de grueso 28 cm,, cortado. diagonalmente para encajar 



//íEX'AEMILIVJ- 

C-CLGDI; 
T" 



en el muro del torreón, del cual formaba parto y se ha despren- 
dido hace muy poco tiempo. Es de caliza compacta y muy dura, 
marmol basto de la localidad, muy abundante aquí y muy usado 
por los romanos.» 

Puede que muy corea se encuentre el fragmentó, ó fragmentos, 
que deben integrar la lectura del que ha recogido el Sr. Jiménez 
de Cisneros. La inscripción contuvo probablemente la serie de 
varios nombres, propios de varios individuos, quizá maestros do 

obra, ó asociados de algún gremio: [S\ex(íus) Aemil'iis , 

C(aius) C¿odizi\s ¡, T(itus) V[alerius? ]. 

VA segundo nombro se deja adivinar por medio do otra lápida 
de Cartagena (Hübner, 346 1 ), donde comparece C(aius) Clodius 
Gratko, que dio libertad á su esclavo Panfilo. Por cuatro lápidas 

(1) Carta del 3 de Marzo de 1903. 



304 BOLETÍN DE L.A REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

están asimismo representados (Hübner, 3423, 3424, 3509, 35 IQ ) 
los Emilios y los Valerios de Cartagena. 

Finalmente, el Sr. Jiménez de Cisneros envía dibujos de tres 
estampillas, las que se marcaron con una punta ó estilete de caña 
en el barro, antes de cocerse, de una orza (alta 4, ancha 8 cm.) 
encontrada á la profundidad de unos dos metros, al abrirse los 
cimientos de la Casa del Ayuntamiento. De estas marcas de le- 
tra cursiva, así como de la publicada en el tomo presente del 
Boletín, pág. 130, convendrá que se nos envíen ejemplares 
fotográficos. 

Logroño. 

A D. Roque Cillero, catedrático y Secretario del Instituto ge- 
neral y técnico de Logroño, he debido calcos y ejemplares foto- 
gráficos, algo imperfectos, de las siguientes inscripciones. 

I. — Ara encontrada en Varea, dentro del término de la ciudad, 
en el paraje donde estuvo la célebre Vareia de Tito Livio y Pu- 
nió, Oúapía de Estrabón, Ouápsia de Ptolomeo, Vereia del Itinera- 
rio de Antonino. Ara de piedra arenisca, alta 0,34 m.; ancha por 
delante y detrás 0, 1 8; ancha en las caras laterales 0,16. Letras 
del siglo n, altas 0,022. 

I O v i 

O'M* 
SEMPRo 
NÍA • DAT 

lovi o(ptimo) m(axinto) Setnpronia da/. 

A Júpiter óptimo máximo, Sempronia le hace este don. 

El estilo, conciso y elegante, de esta inscripción, se asemeja al 
de la consagrada en Lisboa (Hübner, 1 JÓ) á la diosa Concordia: 
Concordiae \ sacmm \ M(arcus) Baebius M(arci) f(ilius) \ m(uni- 
ceps) tn(unicipií) Felic(itatis) Jul(iae) \ dat. 

Es la primera que sale de Varea, donde tantas se ocultan, para 
dar fe de vida de aquel grande y postrero emporio de la navega- 



EXCURSIÓN EPIGRÁFICA. 305 

ción del Ebro. Pasó inadvertida á Hübner, si bien se publicó (i) 
en 1883 y en compañía de la siguiente. 

2. — En Murillo de Río Leza. Esta villa, limítrofe de la de Agon- 
cillo (2), distante dos leguas al S.-SE. de la ciudad de Logroño 
y en la confluencia de los ríos Leza y Jubera, comprende cien- 
tro de su término parte del territorio que perteneció á Barbaria- 
11a (despoblado de San Martín de Barberana), por donde cruza- 
ban la vía imperial de Briviesca á Zaragoza y otras que se inter- 
naban desde la derecha del Ebro hacia Atamil y Arnedo. Tres 
miliarios del siglo ni (Hübner, 4880-4882), que se conservan en la 
iglesia parroquial, y los restos de la calzada imperial que á trechos 
se descubren, explican la razón de haberse hallado en Murillo el 
ara que nos preocupa; alta 0,52, ancha 0, 22. Letras del siglo 11, 
altas 0,035. 

MERCVRIo 
COA1PETAL! 
FL A V IVS 
FLAVIA/VS 

VETERA^VS 
V'S ' L • M. 

Mercurio Compciali Flavius Flavianus veteranas v(otum) s(olvit) l(ibens) 
ni (e rito). 

A Mercurio, que preside á las encrucijadas de los caminos, ha cumplido 
de buen grado y lealmente su voto Flavio Flaviano veterano. 

En la Memoria de la Biblioteca provincial de Logroño, que pu- 
blicó en 1883 D. Mariano Loscertales, dio noticia de la presente 
ara y de la- precedente (3), no comprendiendo su sentido y es- 
tropeando su lectura (4). 



(1) No sin errata del último vocablo, que leyeron PAT. 

(2) La más antigua forma que se conoce del nombre de esta población 
es Sagoncillo, lo que indica que el romano sería Sagontia ó Sagontiola. 

(3) «También hay dos lápidas romanas (en la Biblioteca) que se halla- 
ron, según cuentan, una en la referida Varea y otra en el pueblo «le Mu- 
rillo de Río Leza; dedicadas la primera á Júpiter, que por su forma debió 
servir para los sacrificios, y la segunda á Mercurio para las libaciones. 

(4) Leyó la primera así: Jovi \ o. m. | Sem pro \ nia pal. Y así la segun- 
da: Mercuri(o) \ (immor)tali \ Flavi s \ Vetcranus \ o. i. m. 

tomo xlii. 20 



306 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Por otro conducto Iíübncr tuvo conocimiento del ara de Mer- 
curio; pero con tan mala suerte como se ve por las indicaciones 
imperfectas que pudo recoger: 
5810. En Leiva de Logroño. 

MERCVRl ////////// 
////PETALI ////.-/////// 

I )escripsi ex ectypo a Guerra misso. Fuitne Mercurio competali? 
«5811. En Leiva de Logroño; arula alta circiter m. 0,30, lata 
0,20, litteris rudibus, altis m. 0,025. 

O o 

M////NERVE 

A R A M A T 

LVCVBRVV 

C P F 

«Descripsi ex ectypo imperfecto, quod Guerrae, a quo accepi, 
misit amicus aliquis mihi ignotus, cjui adnotat: «la piedra está de- 
teriorada por todas sus caras, ángulos y aristas, y parece que en 
la parte superior hay tina concavidad á manera de f ácido; et de 
eis quae v. 1 praecedunt: parecen estos signos. 

Fortasse: Minerve \ a rain at \ lucu\ni\ Bruv (... ?) \' c(ultores) 
p(onendam) f(eccrunt).» 

1 [übner, con su claro y certero tino, adivinó bien que en el se- 
gundo renglón del ara de Mercurio debía leerse Competali. Sobre 
el sitio del descubrimiento estuvo mal informado; pues Leiva, de 
la provincia de Logroño, harto lejos está de la. capital, y corres- 
ponde á la antigua Libia de Plinio y del Itinerario, 'OXtjSa de Pto- 
lemeo. Dentro de su jurisdicción, en el cerro de Herramélhiri, se 
descubrió el epígrafe 2907, notable por su valor filológico y geo- 
gráfico ( 1 ). 

I >e] ara de Minerva, hallada con la de Mercurio en Murillo de 



(1) T(ilus) Mflgilius I Rectugem '/(ilus) \ Uxama \ Argaela \ a(nnorum) 
XXX j h(ñ v ilus) c(sl). 



EXCURSIÓN EPIGRÁFICA. 



307 



Río Leza, no se sabe el paradero; pero queda el Sr. Cillero en 
averiguarlo. 

A tan buen amigo debo la adjunta fotografía de una de las dos 




IVUATV 

1VUNAÍ 

ANXílli I Bl 
lYhVVNiHRAVs 

SiBiETBL! 

F O 




308 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

lápidas de Alberite, cuyas copias me envió y publiqué en el 
tomo xi. i del Boletín, pág. 533 (1). 

En el segundo renglón se ven trabadas la c y la i; y so prolonga 
el trazo interior de la V hasta darle figura de E, circunstancia que 
importa observar para que no so tomo por O la C postrera de 
todo el epígrafe. Más notables que la bella decoración del exer- 
go superior son los arcos de puente que están esculpidos ó bos- 
quejados en el inferior, y serían los de la vía romana sobre el río 
tregua, la cual se dirigía hacia el Oriente en busca de la mansión 
de Barbariana (2). Quedan por examinar los tres miliarios de 
Agoncillo y las numerosas inscripciones de Tricio, cuya lectura 
Hübner se abstuvo de fijar por no tener quien le proporcionase 
buenos traslados ó facsímiles. 



Orense. 

En el Museo provincial de Orense existen dos aras votivas, 
cuyos ejemplares fotográficos ha tenido la bondad de proporcio- 
narme I) Arturo Vázquez Xúñez. La primera lleva el número 4 
y la segunda el 98 en dicho Museo. 

I. — Se halló en San Juan de Baños de Bande (Hübner, -530). 
Ls de granito. Letras altas 6 cm.; y el espacio en que se com- 
prenden mide 38 X 26. Ha publicado y comentado el texto con 
exactitud y acierto el Sr. Vázquez Núñez en el Boletín de la 
Comisión de Monumentos de Orense (Mayo de 1 898), tomo 1, 
pág. 26. 



LTn calco le debo asiqaismo de la inscripción de Rasillo <1<- Came- 
ros, publicada en el tomo xxm, pág. 367. 
121 En «los lápidas sepulcrales de Segovia (Boletín, tomo xm, páginas 

313 v 3141 se ve diseñado por el mismo estilo el famoso acueducto de 
aquella ciudad. A taha de monumento-, epigráficos que declaren el año 
en (|ue fueron labrada- semejantes obras de acueductos y puente-, su 

diseño en otros de época determinada permite indagar la que le- con- 
viene. 



EXCURSIÓN EPIGRÁFICA. 



309 




NYMFS 
B O E L I 
VS • RVF 
VS • FRO 
SALVTE 
SVA«V« S 



Nymfis Bo&lius Rufus pro salutc sua v(otum) s(olvit). 

A las Ninfas. Exvoto de Boelio Rufo por la salud que de ellas obtuvo. 



310 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Del nombre Boclius paréceme que son afines Bovius (3/8. 
301 1 ), Bovalus (2485 ) y po^Xá-n); (boyero). En otro lugar (i) hablé 
de esta lápida. 

2. — No la reseña Hübner. 

DIANE 
FA« SAT 
V R N I 
N V S o 
EXV • P 

Dian: Fa(bius) Saturninus ex v(oto) p(osyit). 
A Diana. Exvoto de Fabio Saturnino. 

Acerca de esto monumento, que publicó por primera vez,, 
escribió el Sr. Vázquez Núñez (2): 

\ra de granito en perfecto estado de conservación, que mide 
0,70 m. de altura por 0,32 de ancho. Alto de las letras 0,06. 

Fué descubierta en Febrero de 1 898 por el labrador Antonio 
Calviño, en el monte llamado Louredo, inmediato al río Miño, 
entre los pueblos de Reza y Freijendo, á unos 3 km. de Órense. 
En 28 del citado mes, el vocal de la Comisión de Monumentos 
I ). Manuel Hermida, con noticias del hallazgo, se dirigió á dicho 
punto acompañado de los señores Macías y Vázquez, habiendo 
logrado la adquisición de este precioso monumento, que está hoy 
en el Museo provincial. 

Los naturales del país aseguran que en Castro Louredo se han 
encontrado en varias ocasiones piedras con inscripciones y dibu- 
jos, sillares labrados, trozos de armas y otros muchos restos an- 
tiguos. .Aún hoy se ven, según dicen, letras y signos grabados 
en las peñas. 



Madrid, 27 de Marzo de 1903. 



FiDEl Fi'l \. 



(1) Boletín, tomo xi.i, páginas 497 y 498. 

(2) Bol. de la Com. de Mon. de Orense, tomo 1, páginas 31 y 32. 



VARIEDADES 



INVENTARIO 

DE LAS 

ANTIGÜEDADES Y OBJETOS DE ARTE 

QUE POSEE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA (i) 



CIVILIZACIONES PRIMITIVAS.— ARTE PREROMANO 
OBJETOS INDEFINIDOS 

I. — Gran hacha de piedra pulimentada, de una especie de pór- 
fido, de corte de doble bisel, convexo, rota en parte. 
Largo: 0,225 m -! ancho mayor: 0,075. 

2. — Hacha de piedra negruzca, de corte biselado y casi recto, 
pulimentada toscamente, rota por el otro extremo. 

Se halló en el soto de las Perdices, cerca de Antequera. Regalada por 

el académico Sr. Uhagón en Junta de 15 de Diciembre de 1899. 
Largo: 0,090 m.; ancho del corte: 0,075. 

3. — Hacha de piedra tallada, de corte ancho y convexo. 

Procede del origen del río Burbia (Galicia), y la ofreció el académico 

Sr. Saavedra en 1 1 de Febrero de 1 898. 
Largo: 0,1 17 m.; ancho del corte: 0,096. 

4. — Cuchillo de pedernal, algo corvo,, tallado, con tres facetas en 
el lomo, despuntado. 
Longitud: 0,180 m. 

(1) No se incluyen las medallas, monedas é inscripciones, de que se formará inventa- 
rios especiales. 



J 12 BOLETÍN DE LA REA1 VCADEMIA DE LA HISTORIA. 

5. — Hacha de piedra negruzca (diorita?), redondeada, con corte 
lado y algo convexo. 
Longitud: 0,109 m -'. del corte: 0,050. 

.Ira negra (diorita?), con corte biselado y poco 
convexo. 
I. ngitud: 0,095 m.; «leí corte: 0,034. • 

7. — Hacha de piedra negra, pulimentada, roto el mango, con 
una ranura en el lomo, aplastada, de corte muy redondeado. 
Longitud: 0,114 m.; mayor anchura: 0,070. 

S. — Doce hojas de cuchillo do pedernal, algo corvos, algunos 

despumados, tallados. 

Recogidas en término de Arganda y donadas á la Academia en sesión 
de 25 de Septiembre de 1891 por D. Bonifacio de León. 

1 adémico Sr. Vilanova publicó un informe en el Boletín de la 
Academia, tomo xi.x, con un grabado representando una hoja de 
lanza, también de piedra, y un utensilio con muesca: faltan csío> 
dOS objetos. 

Longitud media de los cuchillos: 0,090 m. 

9. — Hoja de lanza, despuntada, de piedra tallada, con dos face- 
tas ó chaflanes en el lomo. 
Longitud: 0,058 m.; ancho: 0,013. 

IO. — Hacha-martillo, pulimentada toscamente, de piedra negra 
(diorita: . 

I . mgitud: 0,100 m. 

II. — Hacha de piedra negra, pulimentada, con corte de doble 
bisel algo cóncavo, y con una ranura honda en el lomo. 

Largo: 0,053 m.; ancho del corte: 0,052. 

12. — Hacha-martillo de piedra, labrada toscamente, con ancho 
orificio circular y dos escotaduras laterales. 
Largo: 0,067 m - 



INVENTARIO DE ANTIGÜEDADES Y OBJETOS DB ARTE. 313 

13. — Trozo de una sierra de pedernal, con dos facetas ó biseles 
tallados en el lomo. 

Remitido por D. Francisco Benito Delgado en 1892. 
Longitud: 0,030 m. 

14. — Guijarro toscamente pulimentado en forma de punta de 
lanza, algo roto. 

Procede de la antigua Lancia. 
Longitud: 0,067 m.; anchura: 0,038. 

15. — Piedra amfibolita (?) prolongada, terminando en punta por 
un lado y por otro en corte biselado, con pulimento. 

Procede de Lancia. 

Longitud: 0,060 m.; anchura del' corte: 0,010. 
1 

16. — Hoja de lanza de pedernal tallado, planas ambas caras, los 
cortes en bisel, está rota. 

Se halló en Lorca, distrito rural de Béjar, en la cantera de donde se 

sacó piedra para el puente de Lorca. 
Largo: 0,105 m -¡ cincho del corte: 0,051. 

1 7- — Hacha de piedra pulimentada, de corte biselado y casi 
recto, un poco roto en un lado. 
Largo: 0,100 m.; ancho del corte: 0,028. 

18. — Caja con tres cuchillos, otro pequeñísimo, y cuatro núcleos 
de hacha, todos de pedernal á medio tallar: hay, además , un 
punzón con agujero roto. 
Hallados en Valdocarros (Arganda). 

19. — Varios trozos de cuchillos y puntas de lanza de pedernal 
tallado, algunos sin concluir el trabajo. 
Proceden del mismo lugar. 

20. — Una caja que contiene varios trozos de vasija de barro: un 
medio disco de piedra y dos guijarros en que se cree ver 
la labor del hombre. 
Hallados en 1889 en el cerro de los Jarales, frente á la Fuensanta 
de Lorca. 



314 boletín de la real academia de la historia. 

21. — Vaso de barro negro, en forma de catino ó cazuela ancha, 
de boca saliente, labrado á mano, con dos zonas horizontales 
hechas con adornitos incisos, que conservan en parte un 
relleno de yeso. El asiento del vaso adornado está por seis 
zonas que forman estrella, de la misma labor, y que parten de 
una especie de nimbo liso central. Tiene algunas roturas en 
los bordes. 

Se halló con los seis siguientes en la estación prehistórica de Ciem- 
pozuelos en 1894, y sobre ellos publicó el Boletín de la Academia 
un informe en el tomo xxv, páginas 436 y siguientes. 

Diámetro de la boca: 0,236 m.; altura: 0,082. 

22. — Otro de la misma forma y barro, con dos zonas paralelas 
en la boca y vientre, otra en el interior, varias en la parte 
convexa del asiento al exterior y cruz con nimbo cóncavo 
debajo. La ornamentación es, pues, más rica y conserva casi 
todo el relleno de yeso. Está muy rajado y recompuesto. 
Diámetro de la boca: 0,235 m -'> altura: 0,081. 

.23. — Otro de forma y riqueza ornamental y buena conservación 
del relleno decorativo como el anterior, muy bien conservado. 
Conserva adherido y en una ganga de arena parte de los hue- 
sos del brazo del cadáver con que fué enterrado. 
Diámetro de la boca: 0,237 m -> altura: 0,72. 

24. — Catino pequeño en 1 forma de taza casi semiesférica , con 
zona de labores incisas y rellenas en el exterior de la boca y 
cruz con nimbo liso en su parte inferior. También , como 
todos, ele barro negro, entero. 
Diámetro de la boca: 0,150 m.; altura: 0,062. 

25. — Otro de la misma forma que el anterior, con una sola faja 
de labores incisas y rellenas de. yeso en el exterior de la boca 
y liso lo demás. Resquebrajado , recompuesto y con algunas 
roturas <-n los bordes. 
Diámetro: 0,141 m.; en la boca: y 0,055. 



INVENTARIO DE ANTIGÜEDADES Y OBJETOS DE ARTE. 315 

26. — Olla de vientre semiesferoidal con alta boca caliciforme. El 
exterior adornado de fajas de la misma clase y adorno que en 
los vasos anteriores. Resquebrajado y algo desportillado en 
la boca. 
Ancho de la boca: 0,171 m.; alto: 0,130. 

2J. — Vaso de barro basto, de forma cilindrica ensanchada en su 
parte inferior, con dos asas y tosquísimos toques de pintura 
negra. 
Alto: 0,168 m.; diámetro de la boca: 0,105. 

28. — Dolium ó tinajilla de barro con dos pequeñas asas de eje 
horizontal, ventruda, con muchas fajas circulares de color rojo 
y algunas indefinidas del mismo color. Rotos el fondo, algunos 
bordes de la boca y un asa. 
Altura: 0,468 m.; diámetro de la boca: 0,236. 

29. — Vaso de barro negro cocido, de forma cilindrica, con estrías 
circulares y asiento cónico truncado; un poco roto en la boca. 
Alto: 0,106 m.; diámetro de la boca: 0,120. 

30. — Parte inferior de un vaso de barro, semiesférico, hecho sin 
torno. Tiene dentro una tapadera' que no debe ser suya. 

31. — Vaso de barro negruzco y de grano grueso, de ancha boca 
y pie estrecho; presenta en éste, y en el arranque del vientre, 
dos zonas de círculos concéntricos incisos , rellenos de una 
pasta blanca que recuerda la decoración de los cinco vasos 
prehistóricos de Ciempozuelos. 
Alto: 0,060 m.; diámetro de la boca: 0,095. 

32. — Vaso de tosco barro negruzco, cocido, ele borde saliente. 
Puede ser prehistórico. 
Alto: 0,09 m.; ancho de la boca: 0,08. 

33. — Anzuelo de cobre de época desconocida. 
Longitud: 0,104 m - 



3 l6 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

34. — Broche elíptico de bronce, muy tosco y sin labor de ador- 
no, con restos de la aguja. 
Eje mayor: 0,033 m - 

35. — Punta do lanza con lomo por ambos lados que se ensan- 
chan hacia el arranque; éste conserva dos de los tres clavos 
que la sujetaban al asta. 
Largo: 0.184 m.; ancho en su extremo de arranque: 0,086. 

36. — I lacha de bronce, con dos aletas anulares, corte convexo, 
roto en un extremo. Quizá no es propiamente hacha, sino 
utensilio de minero. 

Hallado en las minas de Castillejo, junto á Cangas de Onís, por el in- 
geniero D. Enrique Gibandau, quien la ofreció á la Academia 
en 1 86 1. 

Largo: 0,104 m. 

37. — Hacha de bronce, de corte convexo y de dos biseles, con 
aristas de resalto en ambos lados y en el arranque las conca- 
vidades para sujetarla al mango. 

De la misma procedencia que la anterior. 
Largo: 0,137 m. 

38. — Hacha de bronce, de corte ancho y convexo, lados cón- 
cavos, casi planas sus caras. 

Se halló en las ruinas de Valeria (Valera de arriba), Cuenca, en 1884. 

La regaló á la Academia su individuo de número Sr. Gómez de 

Arteche, Junta de 9 de Marzo de 1894. 
Largo: 0,170 m.; ancho del corte: 0,095. 

39. — Hacha de bronce, análoga á la anterior, pero menos per- 
fecta. 

Procede del lugar de Moneo, cerca de Cangas de Tineo, donde se 
halló en Febrero de 1888. Regalada por el Sr. Gómez de Arteche 
en 9 de Marzo de 1894. 

Largo: 0,175 m.; ancho del corte: 0,097. 

(Continuará.) 

El Académico-Anticuario, 

Juan Catalina García. 



NOTICIAS 



Vida intima de Sagas/a. — El Dr. D. Matías Alonso Criado , Correspon- 
diente de la Academia y Cónsul general de Chile en la República del 
Uruguay, ha dedicado á este Cuerpo literario un artículo histórico con- 
tinente de muchos datos hasta ahora desconocidos, que, con el título de 
la cabeza, publicó por folletín el diario de Montevideo, El Progreso espa- 
ñol, en Febrero de este año. Se ha recibido con aprecio. 



Cartas náuticas. — En Egea de los Caballeros se ha descubierto un 
atlas compuesto de seis hojas en pergamino, de 0,435-m. >< 0,32 m., firma- 
das por Joan Martínez de Messina, cosmographo del Rey nro. segnor. En 
ñapóles any 1591. 



Bulletin hispanique. Bordeaux. — En el número 1 del tomo v se insertan 
los siguientes artículos: La nodriza de Doña Blanca de Castilla, por don 
Francisco Simón y Nieto, con facsímile de un privilegio de D. Alfonso el 
Noble. — Ate relégala ct Minerva restituía, comedia representada en Alcalá 
de Henares en 1539 ó 1540 ante el príncipe D. Felipe, por Mr. Alfred 
Morel-Fatio. — Mariano José de Larra, por D. Enrique Piñeyro. — El caste- 
llano el America. Fin de una polémica, por D. R. J. Cuervo. — Bibliografía.. 
por varios críticos. — Sumario de revistas consagradas á los países de len- 
guas castellana, catalana y portuguesa. 



Partida de bautismo del autor dramático D. Francisco de Leybay Ramírez 
de Arellano— «En Málaga, á catorce de Junio de mil seiscientos treinta. 
yo el Licenciado Juan Bermúdez, en esta parroquia de Santiago, bauticé 



3 l8 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA VE LA HISTORIA. 

á Francisco, hijo de Antonio de Leyba y de D. a Catalina Ramírez, su mu- 
jer. Fué mi padrino Diego Jiménez de lá Sierra; advertíle el parentesco 
espiritual y obligación de enseñarle la doctrina cristiana. = Ldó. Juan 
Bermúdez Pineda.=Lorenzo Navarro. 
Existe en la parroquia de. Santiago, Libro de Bautizos correspondiente 
ida por X. Díaz de Escovar.) 



Partida de sepelio del autor dramático í). Francisco de Leyba. — «En diez 
v ocho de Febrero de 1667 se sepultó en el convento de Ntra. Sra. de 
las Mercedes el cuerpo de I). Francisco de Leyba, Clérigo de Menores 
órdenes, y feligrés de esta parroquia del Sr. San Juan. En la calle de Santo 
Domingo. No testó. Se le dijo vigilia y misa: Firma Dr. Diego S. Marz. 
Truxillo. 

Al margen se hace notar, y el entierro lo pidió su cuñado D. Anastasio 
de Ayliar. 

Parroquia de San Juan, Libro 3. de Defunciones. Folio 25. 



Partida de bautismo de la célebre actriz Rita Luna. — «En la ciudad de 
Málaga, el primer día del mes de Mayo de mil setecientos y setenta años, 
yo Don Pedro Barela, Cura de la Iglesia parroquial del Señor Santiago de 
esta ciudad, bautice á Rita Vidal, hija legítima de Alphonso Royo y de 
Magdalena dan í 1, su mujer, residentes en esta ciudad: declaró dho. su 
Padre no aver tenido otra hija de este nombre, y aseguró con juramt° que 
nació el día veinte y ocho del mes de Marzo próximo pasado. Fueron sus 
padrinos Manue! y Rita Xaser, su mujer, v. s de esta ciu. d Alos cuales ad- 
vertí <■! parentesco espiritual que con su aijada y p. e5 han contraído y la 
oblig. " de enseñarle la Doctrina Xptiana: Fueron testigos Antonio Ramí- 
rez y Joseph de León, \v de esta ciu. d , que doy fée. — D.Pedro Barela.» 

Al margen se añade: Por auto del Señor Provisor, en fecha 1 1 de No- 
viembre de i7')i> 5e mandó anotar y borrar en esta partidalo que enella 
se manifiesta. Malaga y Xoviembre once de 1786.— -Dr. Xerez.» 

La enmjead 1 insistió en borrar el apellido Royo y anteponer al úcAl- 
phonso ef nombre de Joaqitin. 

IJ expediente para la 'enmienda se incohó á virtud de escrito de Mi- 
guel de l'.orja y Espinosa, en nombre de Rita Alfonso. (Primero se puso 
Rita Luna y luego se borró en el escrito, pero se nota.) Declaran como 
testigos los actores José Gálvez, Joaquín Martínez y Manuel Zambrano. — 
((".opiado por N Díaz de Escovar.) 



NOTICIAS. 319 

Nuevas fuentes históricas de la Inquisición española. 

1. — Archivo Histórico Nacional. — Catálogo de las causas contra la íe se- 
guidas ante el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición de Toledo y de las 
informaciones genealógicas de los pretendientes á oficios del mismo , con un 
apéndice en que se detallan los fondos existentes en este Archivo de los 
demás tribunales de España , Italia y América. Madrid: Tipografía de la 
Revista de Archivos , Bibliotecas y Museos. 1903. En 4. , viii -}- 690 páginas. 

La publicación de este libro se debe al Excmo. Sr. D. Vicente Vignau 
y Ballester, Jefe del Archivo Histórico Nacional é Individuo de número 
de nuestra Academia. El Prólogo dice así: 

«El Archivo Histórico Nacional ha logrado reunir todos los papeles 
procedentes de las Inquisiciones de España, América é Italia que sobre- 
vivieron á la supresión de este Tribunal en 1834, y que se refieren á los 
Tribunales de Barcelona, Canarias, Córdoba, Cuenca, Granada, Logroño, 
Llerena, Mallorca, Murcia, Santiago de Galicia, Toledo, Valencia, Valla- 
dolid y Zaragoza, Lima, México y Cartagena de Indias, en América; y 
Palermo y Sacer en Sicilia y Cerdeña respectivamente, faltando solo para 
completar esta rica colección los expedientes, causas y libros que perte- 
necieron al Consejo Supremo de la misma, y que se conservan en el 
Archivo de Simancas. 

Desgraciadamente, ya sea por el odio que este Tribunal inspiraba, ya 
porque, á diferencia de lo que ocurrió con otros Tribunales y Consejos 
suprimidos, se creyera que sus papeles no servían para nada, ello es que 
de la mayor parte de las Inquisiciones solo se han salvado los documen- 
tos y libros que separaron los comisionados de Hacienda, como son los 
pleitos fiscales, cuentas de Receptoría , Depositaría , escrituras de censos, 
secuestros y confiscaciones. Son excepción de esta regla los archivos de los 
Tribunales de Córdoba, Granada y Sevilla, que contienen buen número 
de informaciones genealógicas de los aspirantes á oficios de la Inquisi- 
ción; el de Valencia, que conservaba toda su documentación, rescatada 
en parte, por una feliz casualidad, del poder de un pirotécnico, cuando 
va había destrozado gran cantidad de causas y expedientes; y, por últi- 
mo, el de Toledo, que es el más importante de todos, por conservar ínte- 
gros sus fondos. La mayor parte de estos papeles se llevaron al Archivo 
central de Alcalá de Henares, donde los catalogó el laborioso empleado 
del Cuerpo D. Francisco Fresca, muerto recientemente después de haber 
vestido algunos años la sotana de la Compañía de Jesús (1). De Alcalá 
fueron trasladados estos fondos á este Archivo por Real orden de 10 de 



(1) El P. Francisco García Fresca nació en Vitoria, capital de Álava, en 24 de Agosto 
de 1831; entró, ya sacerdote, en la Compañía, á 9 de Octubre de 1S80, y falleció en Bur- 
gos á 15 de Diciembre de 1894. 



320 boletín de la real academia de la historia. 

Febrero de 1897, donde los trabajos del P. Fresca han servido de bas< 
para la publicación de este Catálogo, que ha aumentado y preparado 
liara la impresión el celoso é inteligente oficial D. Miguel Gómez del 
Campillo. — Vicente Vignau. — Pobrero de 1903». 

Este volumen irá seguido de otros que lo completen y faciliten su 
aprovechamiento. Si vinieren al Archivo Histórico Nacional los expe- 
dientes, causas y libros que pertenecieron al Consejo Supremo de la In- 
quisición, archivados actualmente en Simancas, y la Colección no dejare 
nada que desear, ésta será la mejor de su clase en todo el mundo. 

2. — Auto de fe and few, by E. N. Adler. Oxford, 1903. 

El erudito autor, hermano del Gran Rabino de Inglaterra, ha ofrecido 
en donativo á la Academia el primer ejemplar de tan interesante publi- 
cación. Divídese en nueve tratados: 

I. Materials for the History of the Jews in Spain after the Expulsión. 
II. Table of Autos de Fe celebrated in Spain (años 1257-1826). 

III. Table of Autos celebrated outside Spain (años 1288- i 821). 

IV. Authorities. 

V. The Bibliography of J. Mendes dos Remedios. 

VI. Tudor England, Spain, and the Jew. 

VII. The Story of José Díaz Pimienta. 

VIII. Supplementary Table oí Autos de Fe celebrated in Spain (años* 
1459-1781). 

IX. Table oí Autos celebrated in Portugal and its Colonies (años 
1 531-1744). 

La obra de Mr. Adler es útilísima. Representa uno de los primeros 
pasos que se han dado lealmente para abarcar en todo su conjunto é ín- 
tima trabazón la más terrible de las funciones del Santo Oficio, ó sus 
Auto. 1 ; de Fe, en el Antiguo y en el Nuevo Mundo. 



D. Pelegrín Casades y Gramatres, Director de la Revista de la A: 
ción Artístico- Arqueológica Barcelonesa, ha notificado á la Academia el 
reciente descubrimiento de varias lápidas romanas de Barcelona, inéditas 
é insignes, que en el próximo cuaderno del Boletín verán la luz pública. 

F. F.— C. F. D. 



tomo xlii. Mayo, 1903. cuaderno v. 

BOLETÍN 



DE LA 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



INVENTARIO 

DE LAS 

ANTIGÜEDADES Y OBJETOS DE ARTE 

QUE POSEE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 



(Continuación) (i). 

40. — Hacha de cobre, de corte convexo y lados cóncavos, con 
lomo en ambos lados, de doble bisel, con una aleta anular algo 
rota en su arranque. 
Longitud: 0,194 m.; ancho del corte: 0,053. 

41. — Hacha de cobre, de corte convexo y lados cóncavos, bise- 
lado el corte, con lomo en ambos lados, de dos aletas anulares, 
una rota. 

Se halló en el Castro del río Navia, llamado Vilachá. Presentada por 

el Sr. Saavedra en sesión de' 1 1 de Febrero de 1898. 
Largo: 0,200 m.; ancho del corte: 0,056. 

42. — Pico de hierro, de aguja muy prolongada y gran agujero 
cilindrico para recibir el mango. 
Largo: 0,257. 

(1) Véase el número anterior, pág. 311. 

tomo xlii. 2I 



322 BOLETÍN de i. a real academia de la historia. 

43. — Hachuclilla enconada, do corte convexo y con agujero para 
enmangarla. 
Longitud: 0,212 m. 

44. — Tejo de bronco lanceolado, que pudo ser una lanza de fun- 
dición imperfecta. 

Encontrado en el Norte de la provincia de León, y lo regaló el aca- 
démico Sr. Saavedra, quien lo había recibido de D. Dámaso Merino. 
Largo: 0,153 m.; mayor anchura: 0,062. 

45. — Tosco hierro de chuzo, redondeado y hueco por el lado del 
mástil y con cuatro facetas por el extremo agudo, despuntado. 
Largo: 0,142 m. 

46. — Hachuela de bronce, de corte poco convexo, hueca en la 
otra extremidad, con una aleta anular algo rota. 
Largo: 0,049 m -*> ancho del corte: 0,034. 

47. — Trozo de hoja de lanza ó puñal de hierro, roto por ambas 
extremidades. 
Largo: 0,042 m.; mayor anchura: 0,021. 

48. — Hoja de lanza, de cobre, despuntada, con doble escotadura 
en el extremo opuesto. 
Largo: 0,065 m. 

49. — Punta de punzón de bronce, aplanado, con tres agujeros 
redondos y uno alargado en su parte más ancha y arranque 
roto, con unas muescas. 
Largo: 0,066 m. 

50. — Hierro de lanza, de cuatro facetas, con mango y cuerpo 
huecos, bastante deteriorado. 
Largo: 0,182. 

51. — Hoja de lanza, de hierro, con resaltos muy pronunciados 
en ambos lomos, muy deteriorado y roto en dos pedazos. 
Largo: 0,185. 



INVENTARIO DE ANTIGÜEDADES Y OBJETOS DE ARTE. 323 

52. — Planchuela irregular de plomo con unas inscripciones ibé- 
ricas hechas á la punta. Tiene una soldadura moderna. 

Se halló en una mina de Sierra de Gador (Almería), y lo regaló don 

Antonio González Garbín en 1862. 
Véase la Noticia de las actas de la Academia, leída en 1868, pág. xvi. 

Se grabó en el Boletín de la Academia, tomo xxv. 
Longitud mayor: 0,175 m -í altura: 0,101. 
* 
53- — Planchuela irregular de una pizarra silúrica, rota, con ins- 
cripciones ó grafitos en sus dos caras. 
Longitud mayor: 0,169 m.; altura mayor: 0,083. 

54- — Bastón en el que hay fijos seis clavos y escarpias y tres 
grapas de puntas todo de hierro. 

Según una nota, estos seis clavos fueron sacados de otros tantos crá- 
neos humanos. 

55. — Objeto de bronce que consta de tres anillos que arrancan 
de los lados* de un triángulo, con una ranura como única labor. 
Arte y uso desconocidos. 

56. — Anillo de bronce, muy corroído; no se distingue si la placa 
tuvo algo grabado. 

57. — Cuerpo de una fíbula de bronce, sin guardas ni aguja y for- 
mada por una plancha con labores incisas, espigadas en la 
parte curva. 

Presentado por el P. Fita en 31 de Mayo de 1895. 
Longitud: 0,083 m -! ancho de la plancha: 0,021. 

58. — Contera de vaina de cuchillo, de hierro, con remate globular. 
Longitud: 0,071 m. 

59. — Medio cuchillo de cirugía, que conserva íntegro el mango, y 
' solo la primera parte de la hoja de un solo corte, de hieiro 
todo. 
Longitud: 0,052 m. 



324 boletín de la real academia de la historia. 

6o. — Punta de lanza, do cobre, con escotaduras en su arranque, 
dos filos cóncavos y bastante destrozada. 

Se halló en 1840 en las ruinas de la antigua Zalia, entre Vélez-Málaga 

y Zafarraya. 
Longitud: 0,053 m.; mayor anchura: 0,023. 

61. — Otra semejante, despuntada, con dos agujeros para sujetarla 
á su asta. 

De la misma procedencia. 

Longitud: 0,034 m.; mayor anchura: 0,032. 

62. — Vastago de bronce, más grueso por su centro, y de uso y 
época desconocidos. 
Longitud: 0,108 m. 

63. — Un punzón de bronce y cinco agujas de lo mismo, todas 
con su ojo, dos de ellas despuntadas, así como el punzón. 
Longitud media: 0,090 m. 

64. — Yuguito de hueso muy recortado, con un agujero en la parte 
central superior y las dos punteadas. Uso y origen desco- 
nocidos. 
Longitud: 0,068 m.; altura: 0,017. 

65. — Varios restos de aretes, anillos, etc., de bronce, muy dete- 
riorados. 
Proceden de los campos de Porcuna y se hallaron en 1840. 

66. — Hoja ele lanza de bronce. 
Largo: 0,181 m.; ancho: 0,037. 

* 
67. — Torques de oro formado por un tallo de sección cuadrán- 
gulas que acaba en dos especies de bellotas, también de oro. 
Tiene la forma de semicírculo prolongado. 

Diámetro: 0,142 m.; de punta á punta de un extremo: 0,095. Pesa 
174 gramos. 



INVENTARIO DE ANTIGÜEDADES Y OBJETOS DE ARTE. 325 

68. — Dos grandes aretes de plata, con diente para cerrarlos y 
bula que encubre el muelle ó juntura de ambos brazos. De 
cada uno pende un vastago cilindrico, algo aplastado, recubier- 
to de estrías; de este vastago, y hueca también, sale una bola. 
De plata de mala ley. 

Regalo del académico D. Vicente de la Fuente. 
Diámetro aproximado: 0,052. 

69. — Otro igual, más pequeño, sin diente ni bola de la sutura de 
ambos brazos: desprendida la bola en que termina. De mala plata. 
Diámetro: 0,040 m. 

70. — Reproducción en madera de encina, en forma de esfera trun- 
cada por sus polos, con esta marca pintada en una sección: ^ £• . 
Es reproducción de un objeto de bronce con dichos caracte- 
res incrustados en plata y de peso de IÓO gramos, que se halló 
á 2 km. de Malpartida; según dictamen del anticuario Sr. Fer- 
nández Guerra, el original es un sólido de bronce, esto es, una 
pesa del siglo xm, cuyos caracteres equivalen al núm. 58. 
Otros creen que son celtibéricos. 

La reproducción fué enviada por el Sr. Marqués de Castrofuerte. 
Eje: 0,026 m.; diámetro de la sección: 0,024. 

71. — Zarcillo de oro, de forma circular y tres anillitas: de la cen- 
tral pende otra pieza ovalada, con facetas, en una de las que 
hay en relieve filigranado la representación del falo (?). 

Presentada por el académico Sr. Fita en 6 de Octubre de 1893 en 
nombre del Sr. Thomson. Procede de la antigua Termancia (Soria). 
Peso: Dos adarmes. 

72. — Huesos humanos y de varios animales y dos trozos de 
brechas con huesos recogidos en la cueva prehistórica de 
Fresnedón (Cáceres). 
Regalo del correspondiente D. Vicente Paredes. 

73. — Trozo de una mandíbula humana que conserva cinco dien- 
tes y muelas. 



326 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

74. — Asta de ciervo fosilificada, con la punta aguzada. Se igno- 
ra la procedencia. 
Largo: 0,145 m - 

75. — Fragmento de una tabla de mármol blanco y en el borde un 
animal esculpido que tione la mitad delantera de león y el resto 
como de un monstruo marino. 
Largo del monstruo: 0,136 m. 

76. — Trozo de una tabla de mármol blanco; incrustados en ella, 
y do mármoles de colores, aparecen un toro, un ara y encima 
una inscripción quo dice <+> £ <b . d b ^ • 
Dimensiones: 0,20 m. X °> l 9- 

"-■/. — Figura ele bronce, desnuda, con hermosa pátina, imberbe,, 
con torques abierto al cuello, de apariencia andrógina, con 
una esfera en la mano derecha. Parece ser un ídolo ibérico. 

Procede de la testamentaría de Lorichs. 
Altura: 0,1 13 m. 

78. — Cabrita de bronce, de cabeza y cuernos sin proporciones,, 
rota las patas traseras, horadada el lomo por un agujero, qui- 
zá para que sirviera colgada como amuleto, ó de emblema 
colocada en el extremo de un mástil. Arte bárbaro y pri- 
mitivo. 

Se halló en Aleas (Guadalajara). 

En su mayor altura: 0,046 m. y 0,073 de largo. 

79. — Figurita varonil, de bronce, imberbe, con los brazos dobla- 
dos en actitud de orar, la cabeza algo levantada: cada pie surge 
del extremo de una horquilla de la misma fundición. Quizá de 
arte ibérico pero adelantado. 
Altura sin la horquilla: 0,081 m. 

80. — Estatuita de bronce, de sexo varonil, pero el rostro, los pe- 
chos y el pelo recogido parecen femeninos. El brazo izquierdo 



INVENTARIO DE ANTIGÜEDADES V OBJETOS DE ARTE. 327 

extendido y el derecho doblado, 'y en actitud de fulminar un 
manojo de rayos que empuña. 
Altura: 0,074. 

81. — Figurita de bronce toscamente fundido, de torso aplastado 
por ambas faces, extendidos los brazos y las manos, que so 
relativamente grandes, ceñida á la cabeza una tenia, y pen- 
dientes en la parte posterior unos como rizos. Viste túnica de 
cortos brazos, ceñida con cinturón de ancho broche, y rodea 
su cuello una franja que se cruza atrás y delante, la que, así 
como el cinturón y alguna parte de la túnica, lleva adornos de 
circulitos incisos. Arte bárbaro y de muy dudosa autenticidad, 
si no es que se ha hecho sobre el vaciado de un objeto autén- 
tico y primitivo. 

No se conoce el origen. 
Altura: 0,067 m - 

82. — Busto humano de bronce, de pecho redondeado, con ca- 
beza sin pelo ni barba: dobla el brazo izquierdo y la mano, con 
solo cuatro dedos, sobre el pecho, y solo tiene la indicación del 
muñón del derecho. Está hueco: se dispuso la cabeza de modo 
que pudiese ser colgado merced á una hendidura medio tapada 
en su centro por una chapita. La parte inferior del busto pre- 
senta cuatro orificios, sin duda para que pudiera clavarse en 
el extremo de un arma ó astil.. Arte extraordinariamente bár- 
baro: las facciones y la división de los dedos apenas indicadas. 
Altura: 0,067 m. 

83. — ídolo ibérico de bronce, varonil, desnudo, separadas la pier- 
nas, aunque en disposición paralela, pegados los brazos al cuer- 
po y las manos sobre el vientre, cabeza mal dibujada, con el 
cabello recortado y cuello muy grueso. En la espalda un disco 
saliente como cabeza de clavo achatada y adherida. 

Procede de la testamentaría del Sr. Jiménez Serrano, y se cree que 

se halló en la provincia de Jaén. 
Altura: 0,084 ni. 



328 boletín de la real academia de la historia. 

84. — Estatuita de bronce, de sexo indefinible, en forma de placa, 
con la cabeza, la indicación de las manos y la de los pies sa- 
lientes, cubierta de arriba abajo con un paño entreabierto, un 
poco en el pecho y más en el vientre. Arte primitivo y muy 
tosco. 

Procede de la testamentaría del Sr. Jiménez Serrano, y se cree que 

se encontró en la provincia de Jaén. 
Altura: 0,064 m. 

85. — Figurita de bronce análoga á la anterior, pero menos indi- 
cadas las manos: la cabeza manifiestamente cubierta con un 
gorro que corresponde á todo el cuero cabelludo, bastante co- 
rroída la superficie y con una raya que partiendo del hombro 
derecho baja hasta señalar la separación de ambas piernas. No 
se sabe de dónde procede. 
Altura: 0,071 m. 

S6. — Estatuita en bronce muy mutilada, pues ha perdido mano y 
parte del brazo derecho, mano izquierda y pierna derecha, lis 
varonil, .imberbe, con el tocado rematando en punta, apenas 
indicadas las facciones. En el brazo izquierdo una especie de 
de manípulo. 
Altura: 0,079 m. 

87. — Estatuita análoga á la anterior, también varonil, entera: le- 
vanta la mano derecha en actitud de arrojar un objeto que 
tiene en ella y que está incompleto: en el brazo izquierdo un 
paño como trenzado y de remate lanceolado. El arte es mejor 
que en la precedente. 
Altura: 0,089 m - 

88. — Figurita de bronce, varonil, con las partes sexuales exage- 
radas, abiertas la piernas, brazos doblados, falto de manos y 
pies, mal indicadas las facciones. Arte ibérico, de muy torpe 
dibujo y ej'ecución. 
Altura: 0,095 m - 



INVENTARIO DE ANTIGÜEDADES V OBJETOS DE ARTE. 329 

89. — Toro de bronce, al que se rompió el cuerno izquierdo, caído 
el rabo hasta el suelo. Descansa sobre un plinto de la misma 
fundición y está recorrido á cincel. 
Altura: 0,086 m.; anchura mayor: 0,107. 

90. — Estatuita ibera ó ibero-fenicia, al parecer de bronco, de mala 
fundición, cubierta de pies á cabeza con un manto sin pliegues 
que, abierto sobre el pecho, permite ver la túnica interior y 
un collar con pendeloco en forma de losange. En las manos, 
ocultas bajo el manto, lleva un vaso informe. Los pies, juntos, 
salen por bajo del manto. 

Se cree hallada en Jumilla. De dudosa autenticidad. 
Altura: 0,150 m. 

91. — -Estatuita tosca, de bronce, de arte análogo al anterior, pero 
sin indicación de brazos ni separación de los pies; el manto so- 
bre la cabeza forma, una especie de alta tiara cónica. Mala con- 
servación. 
Altura: 0,073 m - 

92. — Representación en bronce de un cuadrúpedo aplastado so- 
bre el suelo, de base plana y superficie superior algo convexa, 
extendidas las cuatro patas. En sus extremidades, y en el cen- 
tro del cuerpo, tiene en su base siete remates como de clavos. 
Arte indefinido y tosco: la cabeza mejor labrada que lo demás. 
Longitud: 0,047 m - 

93. — Figurita de bronce en forma de caballo, toscamente hecha, 
aplanada, con círculos y ánulos incisos en ambos lados. Parece 
el adorno de una gran fíbula. Arte primitivo, quizá ibérico. 
Altura: 0,043 m -! longitud: 0,054. 

94. — Medio torillo de bronce, hecho en sentido longitudinal, de 
formas bárbaras. En la cara de la sección ó corte la leyenda 
hecha con puntos: 



330 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

En el lomo un signo. 

Probablemente la figura del toro entero se serró por medio para que 
ambas partes, de la que una es ésta, sirviese de tésera de com- 
probación. 

Regalado á la Academia por el correspondiente en Huete D. Braulio 
Ciui jarro. 

El anticuario Sr. Fernández Guerra escribió de este y otros objetos 
en el Boletín de la Academia, tomo i, páginas 129 y siguientes, y 
acompañó una lámina donde se representa este medio torillo. 

Altura: 0,03o m.; longitud: 0,057. 

95. — Serpiente de cuerpo ondulado, de cabeza plana y con ore- 
jas y ancha cola, de bronce. Debió servir para el pasador de 
una fíbula, aunque no se advierte por dónde estaba unida al 
resto del utensilio. 

Escribió de ella el Sr. Fernández Guerra, y la publicó en lámina en 
el tomo 1 del Boletín de la Academia, páginas 129 y siguientes. 
Fué regalo de D. Braulio Guijarro, correspondiente en Cuenca. 

Longitud: 0,071 m. 

96. — Cabeza de clavo (?) circular, de bronce, representando una 
cabeza de león de frente, rodeada de una serie de puntos. Arte 
bárbaro. 

Tarragona, 1853. 
Diámetro: 0,024 m- 

97- — Jabalí de bronce, de tosca forma, dobladas las extremidades 
sobre un plinto dividido en cuatro fajas. En su lomo en arista 
se levantan los arranques de dos anillas que tuvo. Está roto y 
resquebrajado, sobre todo en su parte posterior. 
Longitud: 0,220 m.; altura: 0,163. 

98. —Silbato de barro cocido en forma de cuadrúpedo, mal mo- 
delado: el orificio para. silbar en la cola: cuatro mus «i los lados 
y uno en íorma de anillo para colgar en el cuello. Tiene rota 
una oreja. 
Longitud; 0,100 m. 



INVENTARIO DE ANTIGÜEDADES Y OBJETOS DE ARTE. 33 1 

99. — Cordero de barro cocido, de mal arte, rotas las patas. Tie- 
ne impresa varias veces esta marca 8. 

Longitud: 0,077 m -; sito: 0.032. 

IOO. — Relieve en piedra caliza representando medio cuerpo de 
mujer desnuda con abundantísima cabellera ó tocado muy 
ampuloso. Regalado por rl Sr. Marqués de la Vega de Armijo 
en 1902. 

Alto: 0,140 m.; ancho: 0,135. 

IOI. — Pieza de marfil en forma de tarja redondeada, de dos hojas 
separadas por un nervio, ahuecado por detrás, con dos labores 
curvilíneas caladas. 

Uso y época ignorados. 
Altura: 0,059 m.; ancho: 0.041. 



PUEBLOS ORIENTALES 

102. — Parte superior de una estela de piedra, cuadrangular, no 
labrada por detrás: en los lados de la estela, en relieve, los 
órganos genitales del hombre y de la mujer, y en el frente un 
jeroglífico egipcio. Sobre la estela el busto de una persona 
con tope bajo la barbilla y en el pecho el escarabajo sagrado. 
Está rota la parte superior de la cabeza. 

Arte egipcio. 
Altura: 0.263 m - 

103. — Largo cuchillo de acero, ligeramente corvo, de un solo 
corte, con empuñadura de hueso teñido de verde é incrusta- 
ciones metálicas. En un lado de una hoja grabada una inscrip- 
ción árabe, con otros adornos, y en el reverso un jarro con 
una planta: la empuñadura está damasquinada. 

Arte persa. 
Longitud: 0.565 m. 



332 boletín de la real academia de la historia. 

104. — Idolillo egipcio de barro con esmalte verde. En el reverso 
un jeroglífico de arriba abajo. Aparece de pie, cruzados los 
brazos y con tope bajo la barbilla. 

Altura: 0,091 m. 

105. — Gran escarabajo egipcio, de piedra verdosa como serpen- 
tina. En su base grabada una representación hierática. 

Segúa el Sr. Minutoli la adquirió su padre en Egipto. 
Eje mayor: 0,064 na.; menor: 0,045. 

106.— Grupo de dos estatuillas sentadas en una especie de diván, 
en cuyo reverso hay un cartucho con jeroglíficos egipcios gra- 
bados. 

Donación de la señora de O'Reilly; según nota presentada por la 
misma, representan á Pehon, sacerdote de Phtah y Hora, sacerdote 
de Ammon, y fueron adquiridos por el Sr. Bernal de O'Reilly en 
Egipto. 

Autenticidad dudosa. 

Altura: 0,1 10 m.; ancho: 0,080. 

107. — Tato Dad, comunmente llamado Nilómetro, porque se 
dice que era copia de las columnas que servían para medir la 
altura de las aguas del Nilo. Es de barro esmaltado con color 
verde claro, y tiene un orificio para colgar. Tiene cuatro gra- 
dillas y la superior roto un ángulo. 

Alto: 0,030 m. 

108. — Figurilla egipcia de mujer desnuda, apoyada en una pilas- 
trita, sobre un plinto cuadrangular. Le falta desde la cintura 
para arriba, y tuvo en la parte posterior un agujero para col- 
gar. Es de barro con esmalte de color verde manzana. 

Altura: 0,029 m. 

109. — -Unos fragmentos de papiro egipcio con letreros. 
Regalo del Sr. Minutoli. 



INVENTARIO DE ANTIGÜEDADES Y OBJETOS DE ARTE. ^ } } 

lio. — Escarabajo egipcio, de pasta ó piedra blancuzca, con je- 
roglífico grabado en su base. 

Regalado por D. Miguel Tenorio, quien lo adquirió en Egipto en 1858. 
Eje mayor: 0,017 m -l menor: 0,013 m - 

III. — -Trozo de barro con parte de una máscara en relieve, con 
tocado parecido al de muchas esculturas egipcias. 
Alto: 0,160 m. 

112. — Fragmento de tabla de mármol blanzo que representados 
figuras humanas, masculina y femenina, entre dos palmeras, 
una con fruto, y dos serpientes fantásticas detrás de dichos 
árboles: las figuras con trajes egipcios, y encima de ellas pla- 
netas y algún signo del Zodíaco, todo inciso y dado de color 
negro ó rojizo. 

Es regalo del Sr. Hernández Sanahuja, según el cual procede del' 
famoso sepulcro que se supone egipcio y fué hallado en Tarragona. 
Dimensiones: 0,17 m.Xo,ii5. 

113. — Otro trozo de placa de mármol blanco, con figuras de 
hombres, animales y monstruos, incisas y pintadas de negro. 

Falso como el anterior y de igual procedencia. 
Dimensiones: 0,165 m. X °, I0 3- 

114. — Un cartón que contiene los objetos siguientes: 

I.° Un collar de abalorio de canutillos separados porcuen- 
tecillas, de color azul; pende de su centro un escarabajo de 
barro que debió estar esmaltado del mismo color. 
Dimensiones del escarabajo: 0,06 m. de largo, por 0,035 l ' c ancho. 

2.° Otro collar en forma de escala, de abalorios de canu- 
tillo. 

3. Un collar de cuentas y discos horadados, en número 
de 22^ y de loza esmaltada azul. 

4. Alas de escarabajo, de la misma materia y agujerea- 
das. Arte egipcio. 



334 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

i 15. — Medio cuerpo de estatua egipcia en piedra caliza. 

Regalado por el Sr. Marqués de la Vega de Armijo en 1902. 
Alto: 0,220 m/, ancho: 0,160. 

i 16. — Cuadro con marco de un dibujo en colores del juicio del 
alma, egipcio: obra moderna. 

117. — Trozo de relieve asirio en piedra, mostrando la parte de- 
lante de un caballo y parte de un guerrero. Se cree que re- 
presenta los caballos del carro de Senacherib. 

Fue regalado á la Academia por D. Antonio López de Córdoba en 

185 1 y procede de Kouyunjik (Nínive). 
Alto: 0,640 m. 

118. — Trozo de un relieve asirio que representa dos guerreros. 

De la misma procedencia que la anterior, y regalado por el Sr. López 

de Córdoba en la fecha expresada. 
Altura: 0,630 m. 

119. — Trozo de alabastro con una inscripción en caracteres 
cuneiformes, dispuesta en cuatro columnas. 

De igual procedencia. 

En el Boletín de la Academia, tomo xxvn, se publicó la traducción, 
asi como tres láminas representando estos tres monumentos asidos. 
Largo: 0,580 m.; alto: 0,320. 

I 20. — León de biscuit sentado sobre un plinto con inscripciones 
cuneiformes grabadas. Es moderno. 

Largo: 0,1 16 m.; alto: 0,070. 

121. — Hoja lanceolada de piedra, de bordes irregulares y que- 
brados, con caracteres cuneiformes grabados. Arte asirio ó 
derivado de él. 

Lo trajo D. Atlollo Rivadeneyra del sepulcro de David en Susa. 
Longitud: 0,1 3 1 m. 



INVENTARIO DE ANTIGÜEDADES Y OBJETOS DE ARTE. 335 

122. — Cuatro piedrezuelas, una labrada en esfera, y una cuenta 
de ámbar. 

Recogidas por D. Miguel Tenorio en Jerusalcn, y regaladas por el 
mismo en 1858. 

123. — Estatuita varonil de bronce, de arte indostánico. Se levanta 
de pie sobre un pedestalillo de formas y molduras oblongas, 
que parten de un plinto cuadrado. Cubren su desnudo cuerpo 
unos como collares, altos y bajos; en los brazos brazaletes; en 
la cabeza una tiara y pendientes anulares en las orejas; en cada 
mano un objeto á manera de pebetero. Las piernas dobladas. 

Perteneció á la testamentaría del Sr. Jiménez Serrano. 
Altura: 0,139 m - 

124. — Tantur ó tubo de plata grabado y relevado en toda su su- 
perficie con adornos que recuerdan el estilo europeo de la 
primera mitad del siglo xvm, modificado por el gusto oriental. 
Es de forma de trompa, aunque la boquilla está cerrada por 
chapa; junto á la boca más ancha hay fijas tres anillas, y de 
una arranca un cordón de seda azul celeste, y de éste arrancan 
otros tres de la misma clase un adorno con tres grumos orbi- 
culares afiligranados. Del central, que es el mayor, penden ca- 
denillas de plata, adornadas de pequeños discos sencillos y ter- 
minando en otros mayores afiligranados y calados. Las cade- 
nillas de plata en cada pendiente de éstos son 13; hay dos 
incompletos y sin disco, y alguno de estos medalloncitos están 
rotos. 

Según nota presentada por la donante, este objeto lo usaban 
las señoras drusas como adorno de la cabeza, acomodado sobre 
una almohadilla, inclinado hacia adelante y sujeto con cadena 
de plata, de donde se suspendían también los pendientes. 
Rodeaba el tatur el velo blanco con que se rebozaban todo el 
cuerpo. Las tres borlas de plata afiligranada servían de con- 
trapeso á este aparato y descendían hasta la cintura. 

Este adorno sirvió á la princesa Haídar, viuda del gobernador druso 
del Líbano. Su familia, que vivía en Becfahía, pertenecía á la reli- 
gión de los maronitas. 



336 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Regalado por Doña Manuela Redondo de Berna] de O'Reilly, por con- 
ducto del académico Sr. Arteche, en 26 de Mayo 1899. 

Altura del tubo: 0,505 m.; peso: 875 gramos, incluyendo los cordones 
de seda. 



125. — Cadena de plata para sujetar el tatur á que se refiere la 
papeleta anterior. Es de sencillos anilletes enlazados; remata 
en dos ganchos con filigrana y una piedra roja cada uno, y de 
otras dos cadenillas cuelgan los pendientes circulares, afiligra- 
nados y clorados. Del borde de cada uno de ellos cuelgan cinco 
cuentas rojas montadas en plata y dos hojuelas cordiformes. 

Regalado por la señora de Bernal de O'Reilly en la fecha indicada. 
Longitud de la cadena hasta el borde exterior de los pendien- 
tes: 0,690 m.; peso: 96 gramos. 

126. — Adorno de tocador, de plata. Se compone de un tubo ce- 
rrado en sus extremos por medias esferas, en cuyo centro hay 
una piedra roja; en el sentido de su eje tiene un cartucho 
adornado con seis piedras como las anteriores y una central 
que parece ser turquesa, y penden de 61 cinco Golgantes en 
forma de lima, en cuyo centro se engasta una piedra ó pasta 
verde opaca (falta en una); de su centro cuelga un triángulo 
con labores de filigrana, piedras rojas en los ángulos y una 
turquesa en el centro; de ambos lados del tubo, y huecos como 
él, con espirales ligeramente grabadas, cuelgan otros dos con 
cinco planchuelas recortadas en los bordes y colgantes; todo 
sujeto con una cadenilla de plata. 

Lo usaban las mujeres del pueblo en Siria, y se dice que en 
los tubos llevaban mercurio, como antídoto contra el mal de 
ojo, ó algodón empapado en esencias olorosas. 

Regalado, por conducto del Sr. Gómez de Arteche, por la señora 
Doña Manuela Redondo de Bernal de O'Reilly, en 26 de Mayo 
de 1899. 

Peso: 21 1 gramos. 

127. — Medallón ovalado de plata filigranada; el cristal rodeado 
de un cerco de filigrana, en el que se engastan ocho imita- 



INVENTARIO DE ANTIGÜEDADES Y OBJETOS DE ARTE. 337 

ciones de diamantes; penden del borde 1 4 colgantes peque- 
ños cordiformes y uno central cruciforme, con una pequeña 
turquesa en el centro. Pende el medallón de una cadena tam- 
bién de plata. 

Regalado por la misma señora viuda de O'Reilly en el día mencio- 
nado. 
Peso: 89 gramos. 

128.— Medallón circular de plata afiligranada, biconvexo, liso en 
el reverso con una piedra roja engastada en el centro del an- 
verso, que forma una tapa fija por charnela; penden del borde 
nueve colgantes de formas distintas. Cuelga de una cadena, y 
los lados de ésta se unen con otra cadenilla que sostiene una 
especie de pasador afiligranado, en forma de media luna, con 
dos piedrezuelas engastadas (faltan otras dos) y cuatro colgan- 
tillos de filigrana. 

Del mismo origen y uso que el anterior y regalado por la misma do- 
nante en la fecha expresada. 
Peso: 131 g. 

129. — Dos pendientes de oro, con chatón y adornos globulares. 

Donación de la misma señora, según la que proceden de sarcófagos 

antiquísimos de Siria. 
El arte de estos objetos es muy antiguo, pero no puede señalarse la 

época ó civilización á que corresponden. 
Peso: adarme y medio y medio cuarto. 

130. — Otros dos pendientes de oro, desiguales, el uno semejante 
á los anteriores, el otro más pequeño y sencillo. 

De la misma procedencia. 
Peso: un adarme y medio cuarto. 

131. — Sortija de oro, con un grueso topacio convexo y pulido; 
la unión de cada extremo del anillo con la caja de la piedra 
representa tres hojas; en la parte exterior del anillo hay ligeras 
labores romboidales incisas. 

Donación de dicha- señora; según la nota que remitió fue encontrado 
tomo xlii. 22 



338 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

este objeto en uno de los sarcófagos vecinos de la tumba llamada 
del Rey Hiram, cerca de Tiro. 
Diámetro aproximado del anillo: 0,025 m -! peso: 5 adarmes y cuarto. 



132. — Gorro usado por las mujeres de Bethlen (Judea) y sobre 
<■! que llevan cántaros, cestas, leñas y otros objetos. Es circu- 
lar, de pana negra, con gruesa armadura; en la parte posterior 
de un bordado de estambres, y remata en lo demás en un re- 
borde cilindrico. Por delante lleva tres filas de monedas cosi- 
das y casi superpuestas y otra de plaquitas mal fundidas, todo 
al parecer de plata. Las monedas turcas son en dos filas ma- 
yores que en la otra y forman entre las tres el número de 83 
y los colgantes el de 30. De dos salientes colgantes ú orejeras 
cuelga una cadena ele plata, rematando en broches, y col- 
gantes de ella ocho monedas turcas y en el centro un duro 
español de Carlos IV, año de 1803. 

Donación de la misma Sra. de Bernal de O'Reilly, según la que las 
monedas de este adorno ó tocado constituyen la dote dé la porta- 
dora, aunque no tiene aplicación económica, ni el marido puede 
usar de ella por ningún motivo. 

133. — Varios trozos cuadrangulares, hojas de palmera con ins- 
cripciones incisas al parecer de escritura malabar. 
Regaladas á la Academia por el Sr. Minutoli. 



ANTIGÜEDADES AMERICANAS 

134. — Hacha de pórfido verdoso ó serpentina, de corte muy 
abierto en forma de media luna. 
Largo: 0,128 m.; ancho del corte: 0,147 m. 

135. — Un cartón en que hay fijas trece puntas de flecha de pie- 
dra cuarzosa, talladas y algunas sin concluir de tallar. 

Según una indicación de la caja donde estaban, proceden de Colum- 
bia y el Maryland 1 Estado-Unidos). 



INVENTARIO DE ANTIGÜEDADES Y OBJETOS DE ARTE. 339 

136. — Un cartón con doce puntas de lanza y de flecha, de rocas 
distintas, talladas y alguna sin concluir. 
De la misma procedencia. 

137. — Un cartón con nueve puntas de lanza de varias clases de 
piedra y todas sin concluir. 
De la misma procedencia. 

138. — Un cartón con nueve núcleos sin concluir de lanzas de 
piedra. 
De la misma procedencia. 

139. — Objeto de piedra verdosa con manchas negras, de forma 
de castañuela, pulimentado, con la base cóncava y redondeado 
y abiselado en la otra extremidad. 

Regalo del P. Fr. Gaspar Tovía, según el que es objeto usado por los 
indios abijiras, que viven entre los ríos Ñapo y Curaray (América 
meridional). Véase el Boletín de la Academia, tomo xv, pág. 496. 

Longitud: 0,070 m.; mayor anchura: 0,042 m. 

140. — Boquilla de pipa de piedra veteada de verde, con dos ale- 
tas casi triangulares, el tubo redondo. La usan los salvajes ame- 
ricanos para fumar. 

Donativo del académico D. Antonio Delgado en 1860. 
Largo del tubo: 0,074 m. 

14 1. — ídolo de barro con barniz negro. Aparece sentado sobre 
un objeto cilindrico, apoyadas las manos en las rodillas, con 
collar, en la cabeza una especie de diadema de labores acana- 
ladas y rematando en dos orejeras circulares con agujero. 
Está hueco y tiene varios pequeños orificios: sobre la espalda 
un lagarto en relieve, y en las orejeras, asiento y otras partes, 
labores incisas de círculos y medios círculos. 

Arte mejicano. Autenticidad dudosa. Rotos la mano derecha y el pie 

izquierdo. 
Altura: 0,320 m. 



^40 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

[42. — ídolo de barro cocido y rojizo, con manchas negras pro- 
ducidas por el fuego; aparece estar sentado con las manos cru- 
zadas sobre las rodillas. El arte es muy tosco; el cráneo y los 
carrillos se prolongan en forma de aletas redondeadas; nariz y 
barbilla muy salientes. 

Arte mejicano. Autenticidad dudosa. 

Regalado por la madre ( >rlí, de la Congregación del servicio domes- 
ticó, en 25 de Octubre de 1895. 
Altura: 0,210 m. 

143. — Vaso peruano de barro rojo, de uso desconocido, de forma 
humana femenina, con agujeros en ambos lados del cuello y 
en el vientre y dos hendiduras en el asiento; tiene rota la 
cabe/a. 
Altura: o, ¡6o ni. 

144. — Una caja que contiene los objetos siguientes, que, según 
algunas notas sin autorizar que los acompañe, proceden de Cali- 
fornia y de Colombia, y, en efecto, por el carácter de dichos 
objetos pertenecen á las antiguas civilizaciones americanas: 

1 lacha de piedra pulimentada y biselada de granito. 

' )tra más pequeña, biselada y pulimentada de amfibolita. 

( )tra más tosca. 

< ruijarro pulimentado y que parece un pulidor. 

( )tra hacha rota en sus dos extremos. 

Cuatro núcleos de hacha á medio tallar de cuarzo. 

Punta de lanza de obsidiana. 

Dos trozos de roca roja. 

Dos puntas de Hecha talladas. 

I [acha de corte convexo y cuerpo plano, de cobre. 

Dos cazoletas de barro recubierto de pintura blanca con la- 
bores de color rojo; tienen mango, representando uno una per- 
sona v otro una cabe/a de animal. 

I >os pipas de barro con labores sencillas incisas. 

Formón de piedra negra; en sus caras tiene grabados ligera- 
mente un hombre con arco y varios animales. 



INVENTARIO DE ANTIGÜEDADES Y OBJETOS DE ARTE. 34 1 

Tres trozos de palo, que quizá fueron de flecha. 
Un trozo de vegetal muy filamentoso. 

Varias cortezas de árbol; en dos hay grabado unos animales. 
Cuatro zapatos ó escarpines hechos con toscos tejidos y en 
mal estado. 

Pedazo de red de pescar. 

Esterilla con labores de varios colores. 

145. — Vaciados de las inscripciones de dos tablas sobre que 
apoya sus manos un ídolo que se halló cerca de Trujillo (Perú) 
y que posee el Sr. Conde de Guaqui. 
Regalo de D. Marcos Jiménez de la Espada. 

146. — Maza rústica de madera, de forma cónica, seccionada y 
con arranque ó mango. 

Hallada con la momia de un guanche en Cananas, desde donde fué 
remitida á la Academia. 



CIVILIZACIÓN CLASICA.— ARTE HISP ANO-ROMANO. 
IMITACIONES CLÁSICAS. 

147. — Capitel corintio, de piedra caliza, descantillado. 
Alto: 0,280 m. 

148. — Varios trozos de piedras con labores, como molduras, me- 
dios huevos, imbricaciones, etc. 
Proceden del llano de la Consolación. 

149. — Dos trozos de revestimento de muro con superficie pin- 
tada en zonas azules y rojas y algunas labores blancas de cír- 
culos que se cruzan. 

150. — Cuadro en que se han incrustado seis trozos de pinturas 

murales, romanas, como las anteriores. 
« 
Alto del marco: 0,295 m -'> ancho: 0,289. • 



342 boletín de la real academia de la historia. 

151. — Cuadro en que se han incrustado dos trozos de pintura 
mural, con dibujos incisos. 
Alto del marco: 0,217 m -*> ancho: 0,223. 

[52.— Cuadro conteniendo trozos de pintura mural represen- 
tando ornatos arquitectónicos, círculos y otras labores toscas. 
Alto: 0,590 m.; ancho: 0,590. 

153. — Geniecillo con alas, en bronce desnudo; en la mano dere- 
cha sostiene una pátera con frutos, y cuelga de la izquierda un 
racimo. Descansa sobre un plinto de metal de sección oblonga. 
Arte romano de no perfecta ejecución, aunque bien concebido. 

Se ignora su procedencia. 
Altura, sin la base: 0,058 m. 

I 54. — Estatuita en bronce de Júpiter Stator, desnudo, falto de 
la mano derecha y de ambas piernas desde las rodillas para 
abajo; con la mano izquierda recoge el manto doblado que cae 
del hombro. En la espalda derecha tiene un agujero redondo 
inscrito en un rehundido cuadrangular. 

Se halló en Mantos y lo dio á la Academia su individuo D. Antonio 

Delgado. 
Altura: 0,144 m - 

155- — Figura de bronce, varonil imberbe, desnuda, rotos los. 
brazos y las piornas desde las rodillas. En el vientre se ven 
tres rayas horizontales. 
Altura: 0,139 m - 

I 56. — Estatuita de bronce representando á Hércules con barba 
y corona de laurel, desnudo; en la diestra extendida muestra 
tres objetos indefinibles; con la izquierda empuña la clava y 
en el brazo sostiene la piel del león. La base circular de 
bronce sobre que se levanta es moderna. Arte romano per- 
fecto y de esmerada ejecución. 

Procedí- de la testamentaría tic Lorichs. 
Altura, sin la peana: 0,080 m. 



INVENTARIO DE ANTIGÜEDADES Y OEJETOS DE ARTE. 343 

157. — -Estatuita de bronce representando á Venus desnuda, ador- 
nada la cabeza con una diadema muy desarrollada en forma 
de concha ó media flor; con la mano izquierda aprieta sobre 
el pecho una poma; apoya la derecha sobre la cabeza de un 
niño desnudo, que á su vez tapa las partes pudendas de la 
diosa con un ramo sostenido por aquél con la mano derecha. 
Ambas figuras se levantan sobre una base de forma redon- 
deada y que pertenece á la fundición del grupo. 

Según el Sr. Minutoli, procede de las ruinas de Mérida, pero su auten- 
ticidad es dudosa. 
Altura: 0,091 m. 

158. — Estatuita de Mercurio, en bronce, desnudo, con el petaso 
y los pies alados, roto el izquierdo y sin la mano derecha; 
ialto del caduceo que tuvo en la izquierda y sobre el hombro 
un sencillo manto ó clámide recogida. En el brazo izquierdo 
tiene pátina rojiza. 
Altura: 0,103 m - 

I 59- — Busto de bronce, femenino, hueco, elegantemente vestido 
de chitón y manto, descubierto el hombro derecho; diadema 
en la cabeza, de la que caen bucles sobre los hombros. Parece 
una divinidad. De notable arte romano, por su belleza, quizá 
helénico. 

Procede de las ruinas de Ampurias. 
Altura: 0,088 m. 

160. — Estatuita en bronce, de Venus púdica; con un paño de 
menudos pliegues se tapa las partes pudendas y algo del pe- 
cho izquierdo; tiene peinado muy elegante, uno de cuyos 
bucles cae sobre el pecho. Está falta del pie derecho, pero en 
lo demás muy bien conservada, y el peinado y plegado del 
paño hechos con minuciosidad y elegancia. Bello arte romano. 

El Sr. Delgado la dio á la Academia, y dicho señoría había adquirido 
de D. Antonio María Blanco como procedente de las ruinas de Sa- 
gunto. 

Altura: 0,124 m. 



544 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

iói. — Estatuita de bronce que representa á un actor desnudo y 
con el cuerpo muy velludo, á manera de salvaje, con bien tra- 
zada máscara, en actitud de correr, apoyándose en el pie de- 
recho y Levantado el otro y los brazos extendidos como si 
declamar. i. 

Altura: 0,090 m. 

162. — Figurita en bronce, de mujer, con túnica y pallium; detrás 
de los pies parte de un objeto indefinible. 
Altura: 0,065 m. 

163. — -Figurita de bronce (?) de Mercurio, con petaso de borde 
estrecho y alto y con alas, desnudo; cruzan su pecho dos cor- 
dones para sostener la clámide que cae sobre el brazo izquierdo; 
en la mano de este lado el caduceo y pendiente de la diestra 
una bolsa. Tiene á sus pies un animal que parece cordero. 
Buen dibujo y poco limpia. 

Lo dio á la Academia en 1861 D. José María Pérez Barnueda, según el 
cual lo encontró en los desmontes del cerro del Molino de Viento, 
en el centro de aquella ciudad. 

Altura: 0,067 m - 

164. — Figurilla varonil de bronce, rotos los brazos y la pierna 
izquierda totalmente desnuda; el peinado en forma de diadema, 
hn el pecho muestra una raya incisa de arriba abajo, cortada 
por otras dos horizontales; tiene torcida la pierna derecha. 
Altura: 0,085 ni. 

165. — Figurita varonil de bronce muy corroído; está envuelta en 
un palio ó himatión cogido sobre el pecho con la mano diestra 
y la izquierda caída á lo largo del cuerpo; parece que con 
aquélla sujeta un objeto redondo. Fn la parte superior de la 
cabeza tiene un agujerito; falta del pie derecho. El dorso de la 
estatuita está aplanado. 
Altura: 0,095 ,n - 

166. — Estatuita en bronce de un gimnasta, desnudo, con una 



INVENTARIO DE ANTIGÜEDADES Y OBJETOS DE ARTE. 345 

banda para tapar las partes pudendas; unidas las piernas y íijo.s 
los pies en el suelo, inclina grandemente la cabeza hacia atrás 
y levanta los brazos, ambos mutilados, todo en actitud de dar 
salto atrás. Cubre su cabeza un gorro sujeto al cuello por un 
cordón. 
Altura: 0,076 m. 

167. — Estatuita de plata, con pátina ennegrecida, del dios Pan; 
terciada sobre parte del pecho una muy corta clámide; con la 
diestra muestra la syrinx 6 flauta campestre de seis tubos des- 
iguales; con la izquierda sostiene el pedum, cuya vuelta se 
apoya en el hombro. De la espalda sale un adorno curvo, que 
debió ser para colgar la estatua. Ésta tiene por ojos dos rubíes 
tallados, y por consiguiente, puestos modernamente. 

Arte clásico, pero, según creo, moderno. 
Procede de la testamentaría de Jiménez Serrano. 
Altura: 0,105 m - Pesa, con el moderno pedestalillo de bronce sobre 
que se levanta, 342 gramos. . 

168. — Figurita de bronce de un geniecillo; doblado el brazo iz- 
quierdo, cuya mano sostiene un objeto indefinible; con la de- 
recha empuña un vaso en forma de alabastrón ó ungüentario. 
En la cabeza una diadema alta, y las alas parecen haber estado 
unidas á otro objeto, quizá á un vaso. Falto de las piernas 
desde más arriba de las rodillas. 

Hallado en Tarragona en 1853. 
Atura: 0.043 m - 

169. — Estatuita de bronce de Mercurio, desnudo, con petaso 
alado, la bolsa en la mano derecha, rota la izquierda y el ex- 
tremo de la clámide recogido en el brazo del mismo lado. Falto 
de ambos pies. 

Procede de Ronda la Vieja. 
Altura: 0,075 m - 

I/O. — Estatuita de bronce dorado, desnuda, sin indicación de 
sexo. Representa un niño con la barbilla apoyada sobre las 
manos cruzadas, que á su vez se apoyaron sobre un báculo, 



^ 4 6 boletín de la real academia de la historia. 

que falta, según indica el agujero donde entraba. En la cin- 
tura v garganta de los pies lleva armillas de doble aro. 

Arte clásico, pero de muy dudosa autenticidad. Más parece moderno. 
Altura: 0,070 m. 

171. — Estatuita de bronce de actor con máscara, cruzadas las 
manos sobre el vientre; falto de ambos pies y quebrantada la 
pierna. izquierda. Ciñe la corta túnica un cordón. Está muy 
corroído. 
Altura: 0,066 m. 

172. — Busto de Júpiter Serapis en bronce, barbudo y con el con- 
torno de la cabellera recogido en forma de diadema; se levanta 
sobre un pequeño pedestal labrado con dibujos incisos; sobre 
la corona el moduis. 
Altura: 0,057 m. 

173. — Remate de bronce, en forma de cabeza de carnero, muy 
artística, con adornos de círculos concéntricos incisos. Arte 
romano de buena época. 

Procede de Bobadilla, y lo regaló el Director de la Academia Si". Mar- 
qués de la Vega de Armijo. 
Altura: 0,024 m -; largo: 0,040. 

I 74. — Adorno de bronce fundido, que representa una cara hu- 
mana de frente, con el pelo y largos bucles que cuelgan á 
ambos lados en forma de tosco trenzado. Salen de ambos 
lados del cráneo y de la parte superior tres topes, el último 
roto. El reverso sin labrar. Arte bárbaro, pero con imitación 
de una máscara romana. 
Altura: 0,050 m. 

175. — (h-an dedo humano, de bronce, que sale de una masa in- 
formo de plomo, destinada á incrustarse en una fábrica. 

R« ¡indo á la Academia por D. Alejandro Millán en 1860. Sirvió para 
so-tener una de las inscripciones romanas que hubo en el puente 
de Alcántara, y se recogió en 1859 cuando se restauró dicho puente. 

Longitud de la falange doblada: 0,035. 



INVENTARIO DE ANTIGÜEDADES Y OFJETOS DE ARTE. 347 

1/6. — Clipeo circular de plata llamado el gran disco de Teodosio. 
Representa un pórtico con cuatro columnas acanaladas que 
sostienen un frontón; delante un emperador romano, sentado, 
de frente, con nimbo; á ambos lados varias figuras humanas, 
así como en el exergo. Alrededor la leyenda referente á Teo- 
dosio. 
Hallado en Almendralejo en 1847. El anticuario de la Academia don 
Antonio Delgado imprimió acerca de él una disertación ó memo- 
ria, publicada en Madrid, 1849, en 4-° 
Tiene de diámetro 32 pulgadas; es de plata de ley de 976 milésimas, 
y pesa 533 onzas y 5 ochavas, según el mismo Sr. Delgado. Está 
doblado por la mitad y le faltan algunos trozos. 

177- — Estatuita varonil de alabastro, de un arte muy perfecto. 
Está falta de la cabeza y del brazo y pierna derechos; éste 
desde la rodilla y además no tiene el pie siniestro. Con la 
mano izquierda saca unos frutos de un saco entreabierto, roto 
también en su base. Arte romano, aunque algunos lo creen 
del Renacimiento. 
Altura: 0,115 m - 

178. — Dos cabezas unidas por detrás representando, una el ros- 
tro de una joven, cuyos ojos debieron ser incrustados, pen- 
dientes de cobre dorado movibles y gorguerín estriado; la otra 
es cabeza de lobo, con las concavidades triangulares de los 
ojos dispuestas también para recibir una incrustación; la boca 
entreabierta. Se asientan estas cabezas ó máscaras huecas en 
la extremidad de un tubo semicilíndrico; cerca de la otra ex- 
tremidad quedan restos de haber tenido asa. Todo de bronce. 

Es diíícil señalar el uso de este singular monumento. El Sr. Amador 
de los Ríos, que lo publicó con lámina en el tomo 1 del Boletín de 
la Academia, presume que sirvió de caño á una fuente ó baño, lo 
que no es seguro, según entiendo. Cuanto al arte á que pertenece, 
también con inseguridad, puede llamarse romano ó mejor hispano- 
romano. 

Hallóse en 1860 con otro igual, que ha desaparecido, en el pago de 
Máquiz, término de Menjíbar (Jaén), y lo regaló á la Academia 
en 1 86 1 D. Manuel La Chica. 

Largo del medio tubo: 0,205 m -; a ^ to c ^ e ^ as cabezas: 0,145. 



^S BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

179. — Cabeza dé Lobo de bronce, hueca, con cuello prolongado 
semicilíndrico y también hueco, con una gran asa en la cerviz; 
la boca, ojos v demás caracteres muy semejante á la cabeza 
de lobo del objeto antes descrito. 

Fué hallada con otra muy maltratada, pero igual, en el pago 
de Máquiz juntamente con la doble cabeza antes descrita. Es- 
tudiada en el mismo lugar del. Boletín por el Sr. Amador de 
los Ríos, y regalada también por el Sr. La Chica. De arte y uso 
muy dudosos. 
Longitud mayor: 0,235 m -> altura: 0,124. 

180. — Cabeza femenina, de mármol, de buen arte, con peinado 
muy elegante, rotos la nariz y los labios. 
Altura: 0,252 m. 

181. — Relieve en barro cocido, representando un busto de mujer, 
de frente, con cabello tendido á ambos lados y dispuesto en 
bucles, con collar. Algo roto en sus bordes. Arte romano. Debió 
ser una antefija. 

Procedente del reconocimiento de la vía romana de Uxama á Augus- 
tóbriga, hecho en 1860 por D. Eduardo Saavedra. Regalo del mismo. 
Alto: 0,145 m. 

182. — Relieve de barro cocido, hueco, representando una divi- 
nidad femenina (¿Ceres?), sentada en un ancho sitial, con cabe- 
llera partida y una especie de ancho nimbo que remata arriba 
por una boca cilindrica; á los lados del cuello dos pequeños 
orificios, cuatro más encima de los pies, que descansan sobre 
un plinto y asoman bajo la túnica de la figura. El relieve tiene 
algunos trozos de pintura obscura y los pechos presentan la 
misma circunstancia. Mediano modelado, que es más perfecto 
en el rostn >. 
Altura: 0,3 1 7 m. 

183. — Busto de mármol blanco, serrado por detrás, que repre- 
senta una bacante coronada de pámpanos. Algo rota. 
Alto: 0,150 m. 



INVENTARIO DE ANTIGÜEDADES Y OBJETOS DE ARTE. ^49 

184. — Cabeza imberbe, en relieve, de pasta ó cera blanca, repre- 
sentando á Commodo, y fijada sobre un cristal elíptico á ma- 
nera de camafeo. Bastante deteriorada. 
Moderno, imitando lo clásico. 

185. — Otra, también imberbe, de pasta ó cera blanca, y acomo- 
dada sobre un vidrio como la anterior. 

186. — Máscara de un fauno (?), en relieve, sobre una piedra ó 
pasta gris. La máscara tiene una como diadema de laurel, y los 
carrillos son dos hojas de planta. 

Hallado en las excavaciones de Tarragona en 1853. 
Alto: 0,025 m -; ancho: 0,020. 

187. — Máscara de Pan ó sátiro, barbada, sobre un trozo de barro 
cóncavo, que debió pertenecer al asa de un vaso. 

Se cree que procede de Tarragona. 
Altura: 0,058 m.; ancho: 0,035. 

188. — Asa de bronce en forma de cabeza de toro, poco labrada, 
y que sirvió de asa á un objeto como pátera, lucerna ó acaso 
fíbula. 
Alto: 0,035 m - 

189. — Capitel de pilastra de piedra, representando una máscara 
humana, con una especie de diadema de plumas. 
Alto: 0.390 m. 

190. — Parte anterior de un pie izquierdo de una estatua de ala- 
bastro: tiene desprendido el dedo gordo. ¿Arte romano? 
Largo: 0,152 m. 

191. — Trozo de una antefija de barro cocido, que conserva la 
mitad inferior de una máscara femenina. 

192. — Busto de uña estatuilla de barro, femenina: de lo alto de 
una especie de capecete, que cubre su cabeza, baja una sierpe,. 



350 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

cuya cabeza está rota, y rodea el cuello y el pecho. ¿Arte 
romano? 
Alio: 0,060 m. 

193. — Trozo de antefija de barro, representando una cabeza hu- 
mana de anciana. 

Procede de la vía romana de Uxama á Augustóbriga. Regalo del señor 
Saavedra. 

Alto: 0,1 10 m. 

194.— Otro trozo de antefija de barro cocido, representando una 
cabeza de mujer, de frente. De igual procedencia que la 
anterior. 
Alto: 0,077 m. 

195. — Trozo de mármol que parece el borde de un disco, recu- 
bierto en la superficie de una greca con hojas y frutos. 

Procede de Ampurias. 
Largo: 0,225 m -í ancho: 0,09. 

196. — Trozo de un relieve en mármol blanco, representando un 
rostro, de perfil, con la boca entreabierta, sin ojo y con pelo ri- 
zado verticalmente; en el reverso otra cara con oreja de fauno. 
Dimensiones: 0,15 m. X 0.13. 

197. — Trozo de un relieve en mármol, que solo conserva una 
cabeza imberbe y una parte del busto. 

Procede de Pueblan ueva (Albuera). 
Dimensiones: 0,1 13 m. X 0,085. 

198. — Tabla de caliza, pulimentada, rota; en el centro grabado 
un como sistema planetario dentro de un semicírculo de sig- 
nos también grabados, que parece quieren ser jeroglíficos 
egipcios. 

Procede de Tarragona, y la regaló el Sr. Hernández Sanahuja. Su fal- 
sedad parece notoria. 
Largo: 0,34 m.; ancha: 023. 



INVENTARIO DE ANTIGÜEDADES Y OBJETOS DE ARTE. 35 1 

199. — Asa de bronce, algo rota, y representando una figura feme- 
nina, cuyo cuerpo ciñe una toga de pliegues paralelos. 

200. — Pie de mesa, de mármol, rematando en una cabeza de león. 

Alto: 0,360 m. 

201. — Torso de estatua de mármol, varonil, con un ave bajo el 
brazo izquierdo. Se halló en Alcázar del Rey (Cuenca). 
Alto: 0,540 m. 

202. — Torso de estatua de mármol, varonil. 
. Alto: 0,580 m. 

203. — Anillo de vidrio negro en forma de camafeo. 
Procede de unas excavaciones en Teba. 

204. — En talla en vidrio negro y azul, cuya representación no se 
distingue. 
Dimensiones: 0,008 m. X 0,006. 

205. — Piedra grabada en ágata roja, representando un delfín, y 
encima un tridente. 
Dimensiones: 0,011 m. X 0,010. 

206. — Trozo de pasta negra, en forma de camafeo, represen- 
tando la cabeza barbada de un viejo. 
Fué'del Sr. Minutoli. 

207. — Camafeo de vidrio, con pasta blanca para el relieve, figu- 
rando una cabeza juvenil con el pelo corto y ensortijado y 
mirando á la derecha. Algo roto en los bordes. 

Del Sr. Minutoli. 

Eje mayor: 0,021 m.; menor: 0,011. 

208. — Pasta azul fundida en forma de camafeo, donde se ve la 
cabeza de un león, de frente. 

Del Sr. Minutoli. 

Eje mayor: 0,023 m.; menor: 0,019. 



352 boletín de la real academia de la historia. 

209. — Camafeo de pasta con la figura de Hércules desnudo, con 
la maza al hombro y la piel de león al brazo; está falto casi de 
la mitad. 

Del Sr. Minutoli. 
Altura: 0,034 m. 

2IO. — Piedra grabada en cornalina; representa á Psiquis con un 
jarrón, sentada, y delante un amorcillo tocando dos flautas 
{tibia- pares). Está rota en dos partes y pegada. 
Eje mayor: 0,027 m -! menor: 0,021. 

211. — Piedra grabada, elíptica, en ónice, con un busto femenino, 
mirando á la izquierda, con velo y diadema; algo rota en el 
borde. 
Eje mayor: 0,015 m. 

212.— Cuadro que reproduce en colores un mosaico romano do 
Ampurias; hecho y regalado á la Academia por D. Esteban 
Paluzie. 

213. — Dibujo en tinta del trazado que forman las teselitas del 
mosaico anterior, hecho por el mismo Sr. Paluzie. 

214. — Varias teselitas de vidrio ó piedra, en su mayoría azules, 
que sirvieron para un mosaico. 
Se hallaron en Tarragona en 1853. 

215. — Varios cubitos ó teselas de piedra, de las que entraban en 
la composición de los mosaicos. 

2l6. — Cinco trozos pequeños de mosaico con grecas y labores 
geométricas. 

217. — Cuarenta y cinco ladrillitos romboidales de pavimento 
r< imam ». 

218. — Tres trozos de mosaico de labor geométrica muy sencilla. 



INVENTARIO I)K ANTIGÜEDADES Y OBJETOS DB ARTE. 353 

2 1 g. — Cinco ladrillos do pavimento de forma imbricada, de barro. 

220. — Ladrillito romboidal de pavimento. 
Largo: 0,098 m.; ancho: 0,049. 

221. — Caja con un ladrillito cuadrangular y cuatro romboidales, 
desiguales, de los que se usaban en los pavimentos. 
Proceden de Villafranca de los Barros. 

222. — Ocho ladrillos de pavimento romano para formar una 
labor imbricada, como los del número anterior. 

223. — Una caja con seis ladrillitos romboidales para pavimento. 

224. — Una caja con trozos insignificantes de mosaico, vasijas de 
barro, pórfido, etc. 
Proceden de las excavaciones de Tarragona. 

225. — Fragmento de pizarra azulada con una greca. fio meandros 
y otra de rombos encontrados, todo grabado en hueco. 
Se cree que procede de Tarragona. 

226. — Fragmento do un trozo do pavimento, imitando mármol 
do brecha y hecho con comento y piedrezuelas. 

Debe proceder de Tarragona. 
Su mayor dimensión: 0,210 m. 

22"/ .- — Una caja con tros trozos de mosaico, y cuatro do vaso dr 
barro, de barniz rojo, con labores hechas con impronta (de los 
llamados saguntinos) y un remato do vaso do barro común. 

Se encontraron en las ruinas fie Termancia y los regak) el correspon- 
diente D. Lorenzo Aguirre en 1887. 

228. — Fragmento do mosaico (opus vermicnlatum) de dibujo in- 
definido. 

Se encontró en Valdeorras (Orense) y lo regaló D. Manuel Herbella 

y Pérez en 23 Abril 1897. 
Altura: 0,310 m. 

tomo xlii. 23 



354 BOLETÍN DE I.A REAL ACADEMIA DE l.A HISTORIA. 

229. — Mosaico romano, con rosetones, tracerías lineales y hojas 
(opus vermiculatum >. 

Alto: 0,880 m.; anche: 0,880. 

230. — Varios trozos y teselitas de vidrio azul, procedentes de un 
mosaico. 
Encontradas en la huerta de los baños <ie Caldas de Mombuy. 

23I. — Mosaico de la misma clase, representando una ánfora ro- 
jiza con perfiles negros. 
Alto: 0,460 m.; ancho: 0,460. 

232. — Cuadro en que se han incrustado varios trozos pequeños 
de mosaico romano. 
Altura: 0,470 m.; ancho: 0,440. 

233. — Cuello y boca rotos, de vidrio irisado, de un frasco ó 
ampolla. 

Según un papel que tiene dentro, procede de las excavaciones de la 

estación de Palencia. 
Altura: 0,045 m - 

234. — Ampolla de vidrio de base ancha y de forma cónica, con 
cuello ancho y prolongado. Contiene una hoja recortada, y en 
ella hecha ;i la punta una inscripción en caracteres desconoci- 
dos, v en papel aparte una inscripción griega interpretada que 
Masdeu refiere á Córdoba (Historia critica de España, tomo v, 
inscripción núm. 26). 

La hoja v el pape] son exraños á la ampolla. 
Altura: 0,100 m. 

235. — L ngüentario de vidrio irisado. 

Se encontró, en presencia del académico Sr. Fits dentro de una urna 

cineraria en Carmona. 
Altura: 0,013 m - 

236. — Ungüentario de vidrio irisado, con la boca rota. 
Altura: 0,081 m. 



INVENTARIO DE ANTIGÜEDADES Y OBJETOS DE ARTE. 355 

25J. — Ampolla de vidrio, algo resquebrajada en su cuello. Con- 
tiene una cantidad de tierra ó ceniza endurecida y está lacrada 
modernamente. El asiento permite que esté en pie. 

Altura: 0,1 10 m. 

238. — Lucerna de barro bilychnis, con asa de palmeta; en el 
centro el busto de Apolo con corona radiada. El asa está 
pegada. 

La ofreció el académico Sr. Saavedra en Junta de 21 de Junio de 1895. 
Diámetro: 0,070 m.; altura: 0,025. 

239. — Lámpara ó lucerna de barro, con asa anular y adornada 
con labores impresas; en el centro la representación de una 
figura femenina con cetro y sentada entre dos animales; el de 
la derecha parece un pavo real. (¿Juno?) En el asiento se ve la 
marca de fábrica en relieve y círculos concéntricos incisos. 

Se descubrió en Tarragona, junto al muelle, y la regaló el Sr. Hernán- 
dez Sanahuja en 1861. 
Diámetro: 0,084 ni.; altura: 0,030. 

240. — Lucerna de barro, rota lamyxa, sin asa. El relieve superior 
representa una biga regida por un hombre que empuña un lá- 
tigo. En el asiento dos signos incusos. 

Diámetro: 0,074 m.; altura: 0,021. 

241. — -Cubierta de una lámpara de barro, rota, pero en cuyo 
centro se ve en relieve un león devorando un ciervo. 

Regalo del Sr. H. Sanahuja en 1861: se encontró en Tarragona en las 

excavaciones de 1859. 
Anchura mayor: 0,042. 

242. — Trozo de barro, probablemente dé una lámpara, donde se 
conserva el relieve de la cabeza de Mercurio con el petaso 
de alas. 
Anchura mayor: 0,033. 



jc6 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DF. LA HISTORIA. 

243. — Otra de barro, de myxa rota, sin asa, con una concha im- 
presa en su cubierta y «los aletas. 

Se encontró cerca de Peñafiel en 1876. Regalo de] Sr. Saavedra. 
Diámetro: 0,076 m.; altura: 0,033. 

244. — Otra de formas redolidas, sencillas, con asa anular. 
Diámetro: 0,063 m.; altura: 0,026. 

245. — Otra con la myxa rota, asa anular, y un rosetón de doce 
hojas impreso en la cubierta. 

La donó el Sr. Hernández Sanahuja en 1861, y, según el mismo, se 

halló en Tarragona en un sepulcro romano. 
Diámetro: 0,072 m.; alto: 0,026. 

246. — Otra de formas toscas y sin labores, asa anular, con myxa 
muy ancha y un agujerito en el arranque de la misma. En el 
asiento A I I 
Diámetro: 0,074 m.; alto: 0,041. 

247. — Otra de barro negro, en forma de pina, asa circular en su 
parte más alta, myxa de boca de hacha y asiento circular. 
Recompuesta. 

Procede de Tarragona y la donó el mismo Sr. Sanahuja en 1853. 
Longitud: 0,125 m.; alto: 0,074. 

248. — Otra con la myxa rota, sin asa y un relieve en la cubierta, 
figurando un león. En el asiento una T. 
Diámetro: 0,056 m.; alto: 0,025. 

249. — Otra de labor sencilla, con tres topes en el anillo superior, 
roto el fondo de la cubierta y sin asa. Entre los círculos con- 
céntricos que adornan e¡ asiento la palabra FORTIS. 
Diámetro: 0,056 m.; alto: 0,030. 

25°- — Otra do barro, con barniz negro, rotas asa y myxa; en re- 
lieve, sobre la cubierta, una especie do grifo marino y un delfín; 
en el asiento la marca de fábrica incisa. 
Diámetro: 0,072 m.; alto: 0,034. 



INVENTARIO DE ANTIGÜEDADES Y OBJETOS DE ARTE. 357 

251. — Otra con restos dé barniz negro, asa de anillo, myxa rota, 
con la figura de un perro en relieve corriendo sobre la cu- 
bierta. En el asiento una marca. 
Diámetro: 0,010 m.; alto: 0,028. 

252. — Otra de barro negruzco, myxa de forma de hacha, rota, 
asa de anillo, todo de sencilla labor. 

Regalo del Sr. Hernández Sanahuja en 1861. 
Diámetro: 0,043 m -'> alto: 0,025. 

253. — Otra de myxa rota, asa de anillo y con tres círculos de 
adornos globulosos formando la orla exterior de la cubierta. 
Diámetro: 0,065 m *> alto: 0,025. 

254. — Otra con la myxa rota, asa anular y en el centro en re- 
lieve una cabeza barbada, mirando á la derecha y con casquete 
En el fondo incusa la marca: IVNDRAG. 

Hallada en Tarragona. Donativo del Sr. Sanahuja en Octubrr de 1861. 
Diámetro: 0,074 m.; alto: 0,028. 

255. — Trozo de barro con barniz rojo, de forma como cilindrica, 
hueco, Con ocho agujeros á manera de bocas de mecha; pa- 
rece, en efecto, una parte de gran lámpara de muchas mechas. 
Largo: 0,27 m. 

256. — Otra con el asa de anillo rota, rota también la cubierta, 
que tuvo relieve y orla exterior de pámpanos y racimos. Marca 
de fábrica incusa en el asiento. 
Diámetro: 0,076 m.; alto: 0,026. 

257. — Otra sin asa, myxa de boca de hacha, con dos aletas re- 
cortadas. En el asiento la marca de fábrica incusa. 
Diámetro con las aletas: 0,083 m -j alto: 0,028. 

258. — Otra de barro con barniz rojo, muy sencilla, con asa agu- 
jereada. Está muy recompuesta. 
Diámetro: 0,079 m -; altura: 0,027. 



¡ 58 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

259. — Otra de barro con barniz rojo, de forma redondeada, pero 
alargada-, con tope para asirla; en el fondo de la cubierta una 
representación indefinible y orla de flores. En dicha cubierta 
dos agujeros. 
Diámetro: 0,005 m.; altura: 0,034. 

260. — Otra de barro con barniz negro, asa anular. En la cubierta 
el relieve de un niño alado asido á una rama de vid; dos agu- 
jeros en la tapa y orla de medios huevos. En el asiento tres 
caracteres celtibéricos. 
Diámetro: 0,069 m.; altura: 0,023. 

2ÓI. — Otra de barro de barniz rojo, con la myxa y el asa rotas, 
dos agujeros en la tapa y unas hojas de pámpano con dos uvas 
y una aleta picuda. 
Diámetro: 0,066 m. con la aleta; altura: 0,034. 

262. — Otra pequeña y muy sencilla, sin asa. 

Regalada por el Académico Sr. Benavides. 
Diámetro: 0,050 m.; altura: 0,024. 

263. — Otra de myxa larga, asa rota, con una faja exterior en la 
cubierta formada por puntos y una oreja ó aleta. 
Diámetro: 0,050 m.; alta: 0,023. 

2Ó4.— Fusaiola de barro, de forma cónica, agujereada en su eje, 
y de base cóncava. 
Diámetro: 0,032 m.; altura: 0,015. 

265. — Otra semejante, también de barro. 
Diámetro; 0,032 m.; altura: 0,020. 

266. — Ungüentarlo ó vaso de tocador de vidrio con irisaciones. 
Altura: 0,1 15. 

267. — Ungüentarlo ó vaso de tocador de vidrio, de boca de gran 



INVENTARIO DE ANTIGÜEDADES Y OBJETOS DE ARTE. ^g 

reborde, cuello cilindrico muy prolongado y depósito coni- 
forme. Está impregnado por dentro de un barro rojizo. 
Altura: 0,173 m. 

268. — Otro, de barro, roto en la boca. 

Descubierto en Tarragona en las excavaciones de la nueva rambla 

en 1860. 
Alto: 0,080 m. 

269. — Otro, de barro, de vientre abultado, con pie. 

Según el Sr. Sanahuja, se halló en Tarragona debajo de las ruinas 

del templo de Neptuno en el Fuerte Real. 
Altura: 0,165 m - 

270. — Otro, de barro, de cuerpo abombado, con pie; boca rota. 

Se encontró en Puerta de Tierra (Cádiz), en los desmontes del 

ferrocarril, en 1855. Lo regaló el académico Sr. Delgado. 
Altura: 0,196 m. 

271. — Otro, de barro, de forma análoga á la del anterior, rota la 
boca, y ahora limada la rotura. 
Altura: 0,121 m. 

272.— Otro, también con la boca rota y limada. 
Altura: 0,090 m. 

2J3. — Otro, de barro rojo, de forma de bombillos, con el cuello 
alargado, algo roto en su parte inferior. 
Altura: 0,165 m. 

274. — Otro, de cuello algo acampanado. 
Alto: 0,1 17 m. 

275. — Otro análogo al anterior. 
Alto: 0,098 m. 

2/6. — -Cubierta de una lámpara romana de barro, algo rota en el 
borde y representando en relieve una cabra. 

Regalo del Sr. Paluzie. 
Diámetro: 0,070 m. 



360 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

2J/. — Otra, de barro, con barniz rojo, bastante rota y que en el 
relieve central representa la lucha de 1 lércules y un centauro. 
Se cree procede <1<' Tarragona. 

278. — [artillo de barro obscuro, con dos asas, de que conser\ :i 
una, de boca cónica rota. 
Descubierto por el Sr. Sanahuja en Tarragona en 1861 y donado por 

el mismo á la Academia en Octubre de dicho año. 
Altura: 0,141 m. 

279.— Catino de vidrio irisado en buen estado de conservación. 

I. o ofreció á la Academia su director el Sr. Marqués de la Vega dé 
Armijo en 17 de Mar/o de 1899, y procede de una sepultura des- 
cubierta en la Vega de Armijo (Córdoba). 

Diámetro de la boca: 0,185 m. 

2S0. — Vaso de vidrio irisado, de forma de media esfera prolon- 
gada y con boca algo saliente. Adornado de moldurillas cir- 
culares y de labores en hueco fusiformes, elípticas y redondas. 
Muy roto. 
Diámetro de la boca: 0,096 m.; alto: 0,080. 

28l. — Urnilla de barro cocido, con tapa, cuadrangular, apoyada 
en cuatro pedúnculos. En las dos caras mayores tres ruedas 
estampadas con líneas rectas y en las dos caras pequeñas una 
sola rueda. El campo de unas y otras adornado de circulitos 
con punto central, también estampados. Recompuesta. ¿Arte 
romano? 

Regalo de la Excma. Sra. Duquesa viuda de Abrantes. Hallada en su 

dehesa de Ahin, provincia de Toledo. 
Longitud: 0,182 m.; latitud: 0,085 m.; altura: 0,108. 

282. — Vaso de barro basto, en forma de bombilios, con asiento y 
dos asas, rota la boca estrecha. 
Alto: 0,225 m.; diámetro de la base: 0,095. 

283. — Vaso de barro basto, casi en forma de aribalo, de cuello 
prolongado, boca ensanchada y un asa. 
Alto: 0,200 m.; diámetro de la boca: 0,043. 



INVENTARIO DE ANTIGÜEDADES Y OBJETOS DE ARTE. 361 

284. — Vaso de barro de forma de ánfora muy alargada, con dos 
asas, rota la boca. 
Alto: 0,307 m.; diámetro de í;i base: 0,071. 

285. — Jarrito de barro rojizo, con una asa, boca sobrepuesta algo 
cónica. 
Altura: 0,170 m.; diámetro de la boca: 0,027. 

286. — Vaso de barro rojo, de boca ancha, con dos asas, ador- 
nado el vientre con pezo.nes y en ellos incrustadas unas gui- 
jarrillas. 
Alto: 0,094 m.; diámetro de la boca: 0,083. 

287. — Vaso de barro, de boca ancha y pié estrecho, con tres 
asas anulares y una moldura cóncava bajo el reborde de la 
boca. El pie roto. 

Regalado con los dos siguientes por el correspondiente D. Vicente 
Paredes, según el que se encontraron en la Cueva del Castañar de 
Ibón. 

Alto: 0,104 rn.; diámetro de la boca: 0170. 

288. — Catinillo ó cazuelita de barro con el borde y una faja ex- 
terior y otra interior pintados de rojo. Recompuesto y roto en 
la boca. 
Altura: 0,047 m -I diámetro de la boca: 0,1 13. 

289.— Otro igual al anterior, sin zonas de color, entero. 
Altura: 0,047 m -'> diámetro de la boca: 0,1 13. 

290. — Catinillo de barro, con reborde. 

De la misma procedencia. 

Alto: 0,028 m.; diámetro mayor: 0,102. 

291. — Jarrita de barro, en forma de bombilios, con una asa \ 
boca algo abierta. 
Altura: 0,197 m -! diámetro de la boca: 0,050. 



362 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

292.— Vaso de barro, de vientre esferoidal, cuello cilindrico y 
boca ensanchada, con dos asas y dos zonas do ranuras con- 
céntricas. 

Según una ñuta que conserva, fué hallado en Tarragona en el Cam- 

padoforo, Mayo de 1861 . 
Altura: 0,138 m.; diámetro de la boca: 0,058. 

293. — Vaso de barro, de forma esferoidal, con cuello corto, boca 
rota y dos asas; presenta unas molduras cóncavas en el vien- 
tre y zonas concéntricas de ranuras junto al cuello. 
Altura: 0,180 m.; diámetro del asiento: 0,074. 

294. — Ánfora muy prolongada, de cuerpo de bombilios, con dos 
asas, boca de gran reborde. 
Altura: 0,552 m.; diámetro de la boca: 0,073. 

295. — Anforilla de pie agudo, con dos asas. La boca algo rota. 
Altura: 0,325 m.; diámetro tic la boca: 0,094. 

29o. — Ánfora de barro, de pie puntiagudo, con dos asas, recu- 
bierta de una capa de adherencias tobáceas del sitio donde es- 
tuvo enterrada. 
Altura: 1 m.; ancho de la boca: 0,150. 

297. — Sarta formada por varias cuentas de vidrio horadadas, 
blancas y de colores, de varias formas y tamaños. 
Se hallaron en Uxama. 

298. — L na cajita conteniendo varios trozos de vasos de vidrio, 
con incrustaciones de adornos de colores dentro de la masa. 
Algunos parece que han sido pulimentados modernamente, 
mientras otros han perdido el brillo que tuvieron, pudiendo 
observarse en éstos la técnica de esta clase de vidrios, que 
suelen llamarse Millefiori. 

Casi todos proceden de Tarragona, y fueron regalados por el señoi 
Minutoli: alguno procede de Ampurias. 



INVENTARIO DE ANTIGÜEDADES ,,Y OBJETOS DE ARTE. 363 

299. — Fragmento del asiento de un vaso de vidrio, notable por 
su irisación argentina y por los resaltos ó nervios que parten 
del centro. 

300. — Varias piececitas de forma de botones ó discos de vidrio 
ó pasta, algunas dentadas. Una de éstas tiene tres caracteres 
ibéricos, probablemente hechos modernamente. 
Proceden de Tarragona. 

301. — Varios trozos de cuello y cuerpo de un vaso de vidrio, di- 
color melado, con. irisaciones. 
Proceden de Palencia, estación. 

302. — Trozo de vidrio azul y sobrepuesta una capa de vidrio 
azul más claro, y en ella hecha en relieve con impronta una 
cabeza de Medusa. Bastante rota en sus bordes. 

Del Sr. Minutoli en 185... 
Diámetro: 0,034 m. 

303. — Objeto de vidrio, en forma de pedum ó báculo con cayada, 
roto en el otro extremo. Uso desconocido. 

Procede de Tarragona: regalado por el Sr. H. Sanahuja en 1861. 
Longitud: 0,064 m.; grueso: 0,005. 

304. — Fragmento de piedra especular. 

Procede de las excavaciones de Tarragona, y lo envió el Sr. Sanahuja 
en 1861. 

305. — -Lámpara de barro, imitando las de metal, sin asa; bien 
conservada. 
Longitud: 0,085 m -"> diámetro: 0,060. 

306. — Fragmento de un vaso de vidrio azul, con tres resaltos; se 
pulimentó en parte modernamente para conocer su composi- 
ción. 
Se halló en las excavaciones de Tarragona, 1853. 
Alto: 0,043 m -"> 0,035. 



}Ó4 BOLETÍN DE I.A REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

307. — Fragmento de un vaso de vidrio, dividido en dos pedazos, 
sobre los que se ve en relieve la representación de una cua- 
driga; hermosa irisación y arte romano muy perfecto. Es 
notable. 

Procede de las excavaciones de Tarragona. 

Longitud: 0,043 m - 

308. — Seis bolas de una substancia azul porosa. Deben ser colo- 
res preparados. 

Proceden de- las excavaciones de Tarragona en 1853. 

30;). — Trozo de vidrio ó cristal de roca opaco, y en él un relieve 
redondo con una águila con las alas abiertas. Obra notable. 

Se halló en las excavaciones de Tarragona de 1853. 
Longitud: 0,030 m. 

310. — Esferoide de vidrio de color melado verdoso, con incrus- 
taciones de otra parte blanquecina. 

Procede de Tarragona. 

Alto: 0,015 m.; diámetro: 0,019. 

3 I i .— Ánfora basta, de barro cocido, para granos, agua, vino, etc. 
Alto: 0,850 m. 

312. — Otra semejante. 
Altura: 0,930 m. 

313. — Pondus de barro, circular, con orificio en el centro. 

Procede de las excavaciones de Tarragona. 
Diámetro: 0,081 m. 

314. — Vasito de barro rojo, en forma de tiriajilla, con asiento 
plano y circular y boca ancha. 
Alto: 0,058 m.; diámetro de la boca: 0,031. 

315. — Otro de la misma clase, de boca muy estrecha. 
Alto: 0,040 m.; diámetro del asiento: 0,015. 



INVENTARIO I)li ANTIGÜEDADES Y OBJETOS DE /\RTK. 365 

316. — Una caja conteniendo varios trozos de vasijas de barro y 
vidrio. 

Proceden de las cercanías de Peñafiel, y fueron hallados y regalados 
á la Academia en 1876, por D. Eduardo Saavedra. 

317. — Caja en que se contienen: una teja pequeña de sección 
semicircular; trozos de ladrillo y de vasijas en general bastas, 
alguna fina y además trozos de pedernal que parecen núcleos 
prehistóricos. 

Se encontraron en el pago de Valdocarros (Arganda), y los regaló á 
la Academia D. Alfonso Benito Al faro. 

318. — Pátera de barro rojo común; rota en el borde. 
Altura: 0,040 m.; diámetro: 0,185. 

319. — Cilindro de piedra algo imperfecto; estuvo agujereado por 
su eje, pero se taparon los agujeros con otra piedra. 
Eje mayor: 0,190 m. 

320. — Teja pequeña, de sección semicircular, algo prolongada; 
rota y pegada. 
Longitud: 0,173 m. 

321. — Cartón con cuatro tro/os de vasija común. 

^22. — Tambor ó cilindro do barro cocido, de uso desconocido, 
pero quizá perteneció al fuste de una columna. 
0,16 m. de diámetro X 0,08 de eje. 

323. — Ladrillo de barro cocido, paralelográmico, con inscripcio- 
nes latinas de relieve en sus dos lados. 
0,29 m. X 0.185. 

324.— Teja de barro cocido, bastante rota. 
Largo: 0,51 m. 



366 BOLETÍN DÉ I \ REAL ACADEMIA DÉ LA HISTORIA. 

325.— t Vitrina con gran número de tro/os de la cerámica roja 
con barniz, llamada comunmente saguntina; casi todos dios 
muestran relieves y ornamentos hechos con estampilla; algu- 
nos tienen la marca del alfarero. Proceden de Tarragona, Ca- 
latayud, Burgo de Osma, Segovia y otros puntos, y son dona- 
ciones de los Sres. Sanahuja, Saavedxa, -Moro y otros. 

326. — Pátera romana de barro con barniz rojo del llamado sa- 
guntino; desportillada. 
Diámetro: 0,147 m. 

327. — Otra semejante, también desportillada. 
Diámetro: 0,165 rn - 

328. — Otra semejante. 
Diámetro: 0,167 m - 

329. — Pátera de barro muy sencilla. 
Diámetro: 0,145 m - 

330. — Pie circular de barro y pintado de negro de una vasija. 
Diámetro: 0,085 m. 

331. — Vasito de barro con pie; tuvo una faja exterior rota en las 
partes separadas del vaso. 
Se halló en Tarragona. 
0,025 m - 

332. — Pie circular de un vaso de barro rojizo. 
Diámetro: 0,038 m. 

333. — Ánforita de barro, desbocada. 

Altura: 0,165 m. 

334. — Vaso de barro rojizo, de cuello alargado y ensanchado en 
la boca. 

Alto: o. 1 15 m. 



INVENTARIO DE ANTIGÜEDADES V OBJETOS DE ARTE. j6? 

335. — Jarrito de barro negro, con boca ensanchada y asa; roto 
en la boca. 

Se halló en Tarragona y lo donó el Sr. Sanahuja. 
Alto: 0,070 m. 

336. — Vasito de barro rojo con barniz negro; falto del asa. 
Alto: 0,070 m. 

337. — Trozo de barro rojo, en cuya superficie convexa hay en 
relieve una tosca cabeza. Quizá es prerromano. 
Alto: 0,080 m. 

338. — Vasito de ancha boca y de barro rojizo con asiento cir- 
cular. 
Alto: 0,070 m.; diámetro de la boca: 0,071. 

339. — Vaso de ancha boca y pie casi cilindrico, con dos asas, ch- 
ías que penden unos anillos de barro. 
Alto: 0,060 m.; ancho: 0,080. 

340. — Pátera pequeña de barro rojizo. 
Diámetro: 0,090 m. 

341. — Otra semejante. 
Diámetro: 0,090 m. 

342. — -Otra semejante. 
Diámetro: 0,085 m. 

343.— Copa ancha de barro, con pie de forma cónica truncada. 
Alto: 0,070 m.; ancho de la boca: 0,095. 

344.- — Vasito de barro rojo, de pie estrecho y boca muy ancha 
y con reborde algo roto. Contiene trigo carbonizado y car- 
bones. 
Alto: 0,087 m.; diámetro de la boca: 0,090. 



j68 BOLETÍN DE l.\ REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

5 J.5. -Jarrito de barro rojizo, de boca elíptica, con pie y un asa. 
Alto: 0,075 m - 

3 (.6. Catinillo de barro de borde recogido. 
Diámetro de la boca: 0,090 m. 

347.- -Otro semejante, de borde saliente. 
Diámetro de la boca: 0,95 rh. 

348. — Vasito de barro rojizo, de borde cilindrico. 
Diámetro de la boca: 0,065 m.; alto: 0,035. 

349. — Vasito de barro, de boca alargada y en forma de cáliz. 
Alto: 0,050 m.; diámetro de la boca: 0,045. 

350.— Vaso de barro rojizo, de boca cilindrica, con asa; roto en 
el vientre. 
Alto: 0,077 m - 

351.- Vasito de boca caliciforme, de barro rojizo cocido; roto. 
Alto: 0,068 m.; ancho de la boca: 0,073. 

352. — Vaso de forma semejante á la del anterior; roto. 
Alto: 0,088 m.; diámetro de la boca: 0,075. 

353. -—Catinillo de borde saliente y de barro rojizo. 
Alto: 0,050 m.; diámetro mayor: 0,070. 

554. Vaso de vientre esferoidal, de barro rojizo y falto del 
cuello y del asa. 
Alto: 0,128 m. 

(Continuará.) 

El Académico-Anticuario, 

Juan Catalina García. 



DOS VIAJES REGIOS. 369 

INFORMES 



1. 

DOS VIAJES REGIOS. 
( 1 679 y i 666). 

(Conclusión) (1). 

«En la despedida de la Reina nuestra Señora del Serenísimo 
Sr. Duque, su padre, y partida de S. M. de la villa de Amboise, 
se quedó la primera parte de la Relación diaria de su viage hasta 
llegar las noticias posteriores de su continuación, cuya serie es 
la siguiente: 

El día 2/ de Setiembre llegó S. M. á dormir de Amboisa á 
Mantelán, pequeña villa de la provincia de Turena, donde no 
ocurrió cosa digna de contarse. 

A 28, habiendo á mediodía pasado el río Creusa en el puerto 
de Pila, arribó á la tarde á Chateleraut, villa considerable, á cuyo 
ingreso la recibieron el Corregidor, el Deán de la iglesia de Nues- 
tra Señora, los Magistrados del Presidial (ó Audiencia) y de la 
Elección, y se detuvo allí todo el día. 

A 30 llegó á Poitiers, ciudad de las principales de la Corona, 
así por su grandeza como por su hermosa situación... Recibieron 
á S. M. á la puerta el May re y Esclavines (Corregidor y Regido- 
res), y haciéndola primero una elegante oración, la presentaron los 
demás el dosel, debajo del cual pasó entre dos hileras de ciudada- 
nos armados á las casas de la ciudad, en que la tenían prevenido 
el hospedage con la mayor decencia y grandeza; y todo hubiera 
corrido con igual satisfacción á no haberlo aguado la misma no- 



(1) Véase el número del Boletín correspondiente al mes de Abril. 
En la pág. 273 de é!, donde acaba la relación fechada en Orleans á 25 de 
Septiembre de 1679, debía haberse colocado la que arriba empieza, que 
es continuación del viaje de la Reina desde Orleans hasta la frontera es- 
pañola, y que por descuido, que dispensarán los benévolos lectore~ se 
omitió. 

tomo xlii. 24 



37° BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

che la noticia lastimosa de la muerte del Serenísimo señor I )on 
Juan i i i. 

El día siguiente, primero de Octubre, oyó misa en la iglesia 
Catedral, en cuyas gradas el Deán, por estar ausente el Obispo, 
asistido de todo el cabildo, la hizo una plática tan atenta como 
discreta; y habiendo vuelto á palacio, vinieron á humillarse á las 
Reales plantas la Universidad, los Tribunales del Presidial y 
Elección, y la Generalidad de los mercaderes. En aquella misma 
ciudad dio una muestra bien plausible de su ánimo compasivo 
con las personas de mérito, despachando por la posta su proto- 
médico, el caballero Talbot, á cuidar de la salud del Conde de 
Montagú, teniente general de la provincia de Güiena, luego que 
supo se hallaba enfermo en Burdeos. 

V 2 prosiguió su camino de Poitiers á Lasiñán, de donde ape- 
nas llegada, salió á divertirse en el campo, no dando de sí aquel 
lugar en qué mejor entretenerse. 

A 3 vino á Mela, y de allí al día siguiente á San Juan de An- 
gelí, villa bien nombrada en las historias de las guerras que sus- 
citó el Calvinismo en Francia... El Lugarteniente de la Cámara 
criminal, que era el magistrado más considerable de ella, aguar- 
dó á S. Al. á la puerta con el gremio de los habitantes, y la hizo 
una oración bien culta y obsequiosa; después de la cual fué por 
medio de dos hileras de borgueses armados á apearse á la abadía 
de San Juan, de la Orden de San Benito, á quien debe la villa 
sus principios y su nombre. Recibiéronla el Prior y la Comuni- 
dad de los religiosos á la puerta de la iglesia; y con todas las ce- 
remonias prescritas por el Ritual Romano la condujeron al pie 
del altar mayor, de donde después de un rato de oración pasó 
al cuarto que la tenían apercibido, y recibió la misma tarde los 
cumplimientos de los Ministros Reales, del Presidial y Elección. 

A 5 permitió S. M. descansar el earruago , pero sin malograr 
su actividad la ocasión de salir por la tarde á buscar algunas lie- 
bres que correr, como lo consiguió muy á su gustp. 



(i) D. Juan de Austria, hijo natural de Felipe IV, que tanta parte 
había tenido en este enlace, falleció el 17 de Setiembre. 



DOS VIAJES re<;ios. 571 

A 6, temprano, fué al Convento de las Madres religiosas de 
Santa Úrsula, que por no haberlas en España no será ocioso 
decir profesan un instituto quizá el más útil y aun necesario de 
todos los de mugeres que ilustran la Iglesia de Dios; pues á una 
vida muy espiritual y exemplar , se ocupan únicamente en la 
educación y enseñanza de las niñas, que aprenden, distribuidas 
en escuelas regulares, no solamente todo lo que toca á doctrina 
y virtudes christianas y más propias de su estado, pero á leer, 
escribir, bordar, hacer encajes y todos géneros de manufacturas 
de abuja, con subidísimos primores. Oyó, pues, la misa en la 
iglesia de aquella Santa casa, y partió para la ciudad de Xaintes, 
donde llegó á las tres de la tarde... 

A encontrar S. M. salió buen espacio fuera el Marqués de Iar- 
nac, lugarteniente del Rey de las provincias de Xaintonge y 
Angomez, capitaneando una tropa de cien gentileshombres y 
cuarenta guardias á caballo. A la puerta fué recibida por el Co- 
rregidor y los ciudadanos y en famosa orden militar que fueron 
costeando la Real carroza hasta entrar en el Real Palacio del 
Obispo, donde se le tenía apercibida la posada con grande os- 
tentación. Allí recibió la misma tarde los cumplimientos del ca- 
bildo de la Catedral, del Presidial y Elección. La propia tard<- 
llegó el Marqués de Effiat , primer gentilhombre de la Cámara 
del Sr. Duque de Orleans, que volvía de Madrid, donde había 
estado de parte de S. A. R. con carácter de Enviado Extraordi- 
nario á manifestar al Rey nuestro señor su reconocimiento á la 
honra de haber S. M. elegido á su Serenísima hija por esposa. El 
Marqués la entregó una carta de S. M. que fué recibida como de 
tal parte. Las preguntas que se hicieron al portador todas fueron 
respondidas muy al nivel de su discreción, y de la inexplicable 
satisfacción con que se había apartado de los pies de nuestro in- 
comparable Monarca; de suerte que en todo el viaje hasta Bur- 
gos, bien se puede decir no habrá tenido nuestra Reina otro 
mejor día. La mañana siguiente fué á misa á la Catedral, á cuya 
puerta salió á recibirla el Obispo, vestido de pontifical, y la hizo 
una excelente plática. A la tarde fué á caza, servida de toda la 
nobleza. 



372 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

\ 8 fué á dormir ;í Pons, yá 9 al pequeño Niort, ambos luga- 
res de poca monta. 

A io llegó S. M. á Blaya, fortaleza fabricada en la orilla del 
gran río Garona, para embarazar á los navios enemigos el subir 
por la ría, que mediante la creciente de la mar tiene fondo bas- 
tante para los de mayor porte. Saludóla al (Mitrar todo el nume- 
roso bronce de la plaza y de muchos navios que estaban en la 
ría, sin que la inmensa perspectiva nunca antes vista de las olas 
conmovidas, ni el ruido de más de dos mil cañonazos, ni la tur- 
bación del aire, con cuyas nubes peleaban las del humo de los 
cañonazos, hiciese más novedad en el ánimo y semblante de 
S. M. que si se hubiera criado entre los mayores desconciertos 
de los elementos. 

Allí desde más arriba que Bórdeos, así de la misma ciudad 
como de los lugares que costean á la Garona, había traído la cu- 
riosidad de verla llegar, un sinnúmero de embarcaciones de la 
gente más cortesana de el país. Mas sobre todo fué loable la 
atención con que los jurados de Bórdeos la hicieron aprestar un 
barco muy capaz, todo aforrado en damasco carmesí y guarní - 
cido de franjas de oro, que en nombre efe aquella ciudad le pre- 
sentó Mr. de Ris, intendente ó Veedor general de la Generali- 
dad, acompañado de dos de los mismos jurados, para llevar á 
S. M. con los principales de su séquito á la misma ciudad, como 
sucedió al día siguiente. 

Al partir, como al llegar, tronó la artillería de la ciudadela y 
navios; y si bien dicen vale su estruendo á despejar el aire y di- 
sipar los nublados, no se vio nada semejante en esta ocasión. 
Antes al contrario, se opuso la lluvia y el viento con tal porfía á 
la navegación, que en más de siete horas á fuerza de remo, ape- 
nas se pudieron aguantar las cuatro leguas que hay de Blaya á 
Bórdeos. Lo que esta ínclita ciudad sirvió entonces á nuestra 
Reina, bien merecía que se alargara el estilo á apuntar algo de 
sus grandes preeminencias de antigüedad, riqueza, benignidad 
de clima, nobleza, valor, urbanidad de sus naturales y otras do- 
tes naturales y adquiridas que la constituyen por una de las más 
insignes de el mundo, no que de el reino de Francia... Al des- 



DOS VIAJES REGIOS. 373 

^embarcar halló S. M. á los Jurados que la aguardaban en su traje 
<le ceremonias y la recibieron debajo de un dosel de brocato de 
•oro y plata. Bien entendida queda la multitud de gente forastera 
y natural y el adorno de las calles y las otras demostraciones 
que correspondieron á la primera de la más regular atención, y 
todo se ciñe en que no fueron inferiores á las que se hubieran 
hecho para las mismas Christianísimas Magestades. El Castillo 
Trompeta (así llaman la ciudadela) contribuyó á la celebridad 
con tres salvas de toda su artillería, como los navios que estaban 
en el puerto. Cuando la Reina tomó su coche, se puso la Ciudad 
delante llevando el dosel hasta el palacio del Arzobispo, donde 
fué aposentada S. M.... Para que S. M. pudiera honrar á la mis- 
ma Ciudad con su Real presencia unos tres días, concurrió el 
motivo, aunque bien sensible, del mal tiempo, que apenas fran- 
queaba una hora libre de lluvia y fué parte para que se alargara 
el plazo hasta el día 18. Mas aquella nobleza y ministros no per- 
donaron fineza alguna para suavizar á la Augusta huéspeda el 
tedio de la detención, debiéndola los españoles un entrañable 
deseo de yerse entre ellos desde el momento que nuestra buena 
suerte la destinó y declaró por esposa de nuestro Monarca. 

A 12 fué con todas las circunstancias de su grandeza á oir 
misa en la iglesia metropolitana de San Andrés, á cuya entrada 
el Arzobispo, vestido de pontifical, la dio el agua bendita y de 
besar la Cruz, haciéndola consecutivamente una muy respetuosa 
oración. De la iglesia volvió á palacio, donde por estar el día 
muy turbado, le pasó en conversaciones y visitas del Cabildo, 
de los Jurados en forma de ciudad, de la Universidad y de los 
Tribunales de Justicia, como también de la principal nobleza de 
la provincia. Pero á la noche dio un espléndido sarao á las da- 
mas que duró muchas horas. 

A 13 oyó misa en la iglesia de los reverendos Padres de la 
Compañía de Jesús, que estimaron á S. M. con expresiones de 
la mayor veneración la honra de haber fiado su conciencia de 
un religioso de la misma Compañía. De alli subió al Castillo 
Trompeta, fortaleza de nueva fábrica edificada para escarmiento 
de las inquietudes que produjo la menor edad de el Rey Chris- 



374 boletín de la real academia de la historia. 

tianísimo. Pasó S. M. por toda la circunferencia interior de la 
plaza, haciéndose explicar las principales máximas de su regu- 
laridad, y hallándose el Conde de Montagú todavía achacoso 
en la casa, le hizo la honra de asomarse á la ventana de su apo- 
sento y preguntarle por su salud. 

El día 14 oyó misa en la iglesia de religiosas de la Visitación 
de Nuestra Señora, de el Instituto de San Francisco de Sales, y 
.1 la tarde fué á la Cartuja, donde la admitieron en el convento 
en virtud de un breve que poco antes de su partencia de la Cor- 
te de Francia le había remitido S. S. 

A 15, día de Santa Teresa, la llevó su devoción por la maña- 
na á las Carmelitas que llaman de el Gran Convento, donde con 
gran edificación de la multitud, que á cualquiera parte seguía 
sus pasos, asistió á los Oficios divinos. La tarde, por ser algo se- 
rena, convidó á S. M. á gozar del campo. 

A 16 y 17 se hizo ver á caballo al pueblo á ida y vuelta de la 
caza, y ambas noches repitió á las damas el divertimiento de la 
conversación y sarao, pero sin que ni uno ni otro valiese á ali- 
viarlas el pesar de su partencia cercana. 

Desde Bórdeos á Bayona, por el camino más breve de las 
Landas, que llaman de Bórdeos y son unos arenales despobla- 
dos, menos unos mesones para los pasageros, solo hay 30 leguas; 
pero fué forzoso alargarle de ocho ó diez por el otro de las pe- 
queñas Landas, para encontrar lugares capaces de alojar tanta 
gente, aunque los más bien desiguales, excepto las ciudades de 
Castres y 1 )ax. 

Al salir de Bórdeos, fué la primera jornada á Castres, que es, 
episcopal y harto bien situada... Allí recibió nuestra Reina los 
mismos honores que en otros lugares de la misma calidad. Lo 
propio se puede decir de Dax, otra ciudad con obispo y presi- 
dia!, á mitad del camino de Castres á Bayona, excusándose por 
mayor brevedad el hablar de los lugarcillos de por medio. 

En Bayona, ciudad que á más de ser episcopal y tener presi- 
dia] es fortaleza de frontera, hicieron á S. M. un recibimiento 
muy ostentoso y con las circunstancias propias de la mucha su- 
posición de la plaza. Allí se aguarda dos días el poder del Señor 



DOS VIAJES REGIOS. 375 

Rey Chrístianísimo para que de su parte hiciera el señor Príncipe 
de Harcurt las entregas; y habiendo llegado, se prosiguió la jor- 
nada á San Juan de Luz é Irún, donde á 3 de Noviembre se exe- 
cutaron las entregas»... 

No solo fué fecundo en curiosas relaciones francesas y españo- 
las este aparatoso viaje, sino que también lo fueron todos los ac- 
tos principales de este regio enlace, de cuyas relaciones, por su 
mucha extensión, no nos es posible ocuparnos aquí. Son, entro 
otras, dignas de leerse las siguientes: . 

«Descripción de las circunstancias más esenciales de lo suce- 
dido en la augusta y célebre función del Desposorio del Rey 
nuestro señor Don Carlos segundo con la Sereníssima Real Prin- 
cesa Doña Alaría Luisa de Borbón. Executado en el Real Sitio 
de Fontanebló á 31 de Agosto deste presente año de 1679. Por 
carta de un caballero que se halló presente, escrita á otro desta 
Corte á 2 de Setiembre». 

«Relación de la fiesta que el Excmo. Sr. Marqués de los Bal- 
bases, embajador extraordinario del Rey nuestro señor (Dios le 
guarde) á S. M. Christianísima, dio á la Reina nuestra señora 
Doña María Luisa de Borbón, en el palacio que S. E. habitaba 
en París, á 7 de Setiembre, 1679. — Traducida del francés». 

«Descripción de la pompossisima entrada que á 14 de Setiem- 
bre del presente año 1 679 hizo el Excmo. Sr. Duque de Pastra- 
na y Francavila, Príncipe de Melito, Conde de Saldaña, Marqués 
de Argecilla, etc. Pmibajador extraordinario do S. M. al señor 
Rey Chrístianísimo. Con los señores Don Gaspar y D. Iosef de 
Sandoval Silva y Mendoza, sus hermanos. En carta de un caba- 
llero que estuvo presente, escrita deOrleans á 24 de Setiembre». 

«Relación de la forma en que salió de esta Corte é imperial 
villa de Madrid el Excmo. Sr. Marqués de Velada y Astorga, 
Mayordomo mayor de la Reyna nuestra señora D. a María Luisa 
de Borbón, á 26 de Setiembre deste año 1679, llevando la Real 
Casa de S. M. al viage de Irún por la Reyna nuestra señora». 

«Relación de la salida que hizo el Excmo. Sr. Duque de Ossu- 
na, del Consejo de Estado de S. M., cavallerizo mayor de la 
Reyna nuestra señora D. a María Luisa de Borbón. A 4 deste 



376 boletín de la real academia de la historia. 

presente mes de Octubre, 1070. De orden de S. M. para venir 

sirviendo á la Reyna nuestra señora». 

«.Relación de la salida que hizo de esta Corte el señor I). losef 
de Silva, gentilhombre de la Cámara y primer cavallerizo del 
Rey nuestro señor, en seguimiento de S. M. á recibir la Reyna 
nuestra señora D. a María Luisa de Orleans. A 4 de Noviembre 
tic 1679». 

«Relación muy puntual y verdadera de lo sucedido desde el 
día 19 hasta el 23 de Noviembre del presente año 1679 en las 
primeras vistas de sus Magestadrs <>I Rey nuestro señor D. Car- 
los segundo y la Reyna nuestra señora D. a María Luisa de Bor- 
bón (Dios la guarde) en el lugar de Ouintanapalla, y en la en- 
trada y fiestas que se les hicieron en la muy noble y muy más 
leal ciudad de Burgos. En carta de 22 de Noviembre 1679, es- 
crita en la misma ciudad». 

«Dichas de Ouintanapalla y glorias de Burgos. Bosquexadas 
en carta escrita de Aranda de Duero á 25 de Noviembre 
de 1679.» 

«Descripción verdadera y puntual de la Real, magestuosa y 
pública entrada que hizo la Reyna nuestra señora D. a María Luisa 
de Borbón, desde el Real Sitio del Retiro hasta su Real Palacio, 
el sábado 1 3 de Knero deste año de 1680, con la explicación de 
los arcos y demás adornos de su memorable triunfo.» 

«Segunda descripción de la Real entrada que la Reyna nues- 
tra señora executó el sábado 13 de Enero deste año de 1680, 
con las demás noticias de los días 14, 15, 16 y 1 7 de dicho 
mes.» 



Noticias del viaje de la Infanta D. a Margarita María, despo- 
sada con el Emperador Leopoldo /, desde Madrid hasta Roveredo 
(Tirol) en ib 66. 

La casualidad de haber encontrado en el Archivo de la Casa 
del Lxemo. Sr. Duque de Alburquerque, Marqués de Alcañices, 
algunas noticias tan curiosas como poco conocidas sobre este 
viaje, que apenas mencionan nuestras historias, al tiempo que me 



DOS VIAJES REGIOS. 377 

ocupaba del anterior, me ha inducido á insertarlas aquí, como 
tan semejantes por su asunto á las antes referidas. 

Concertado en los últimos años del reinado de Felipe IV el ca- 
samiento de la infanta Margarita María, hija suya y de su se- 
gunda muger D. a Mariana de Austria, nacida en 12 de Julio 
de 1 65 1, con el emperador Leopoldo I, no pudo» celebrarse 
por poderes .hasta el día 25 de Abril de 1 666 (i) en Madrid, 
representando á S. M. I. en tan solemne acto el Duque de Me- 
dinaeeli, en presencia del rey niño Carlos II y de la Reina Go- 
bernadora, con asistencia del Conde de Pethinguen, embajador 
imperial, y de los Grandes de la Corte. Recibió al día siguien- 
te la imperial consorte repetidos parabienes de toda la fidelidad 
española (escribe un autor coetáneo), y de todos los Consejos, y 
al mismo tiempo se despidieron de S. A., que les dio á besar su 
manó; y el 28 del mismo mes, día designado para la marcha,. se 
despidieron las dos Magestades, Madre y Hermano, de la señora 
Emperatriz con las demostraciones de ternura y cariño tan natu- 
rales en semejantes casos. 

Fueron designados para el honorífico empleo de Camarera 
Mayor y de Mayordomo mayor, respectivamente, de la Empera- 
triz Infanta, hasta que se hiciesen las entregas en los confines del 
César, los Duques de Alburquerque. Era la Duquesa de la ilustre 
Casa de Armendáriz, Marquesa de Cadreita, tan ponderada por 
su belleza como admirada por su discreción y virtudes. D. Fran- 
cisco Fernández de la Cueva, octavo Duque de Alburquerque, 
era aquel ilustre y animoso magnate que, siendo todavía muy jo- 
ven, combatió denodadamente como voluntario en el famoso sitio 
de Fuenterrabía de 1638, hallándose «no en la Corte de los Ge- 
nerales, sino con una pica en la primera hilera de los escuadro- 
nes»; que sirvió luego en Flandes al Rey con una pica; y ascen- 
dido allí por su valor y pericia militar al cargo de maestre de 
campo de un tercio de infantería, le vistió á su costa; que en la 
sangrienta batalla de Chatelet (26 de Mayo de 1 642) escaló una 
y otra vez las trincheras enemigas con la espada en la mano al 

(1) Había fallecido ya Felipe IV el 17 de Septiembre de 1665. 



378 BOLETÍN DE I .A REAL ACADEMIA DK LA HISTORIA. 

fronte de su tercio; c|iu ■ desempeñó luego el difícil cargo de Ge- 
neral de la Caballería de Milán, y con el mismo pasó á Mandes. 
Prisionero estuvo dos veces en Rocroy y se libró con la espada, 
escribiendo al Rey: «Ningún día me ha debido tanto servicio 
V. M. y ninguno me ha debido menos. mi vida». < )btuvo después 
repetidos triunfos sobre los franceses en Cataluña por mar y por 
tierra; y elevado al alto ministerio de Virrey de Méjico, lo des- 
empeñó con tanto acierto y prudencia, eme su virreinato fué uno 
de los más prósperos y brillantes (i). Con posterioridad fué nom- 
brado v de nuevo acreditó sus talentos militares, cómo Capitán 
general de la armada Real del Océano, y más adelante como 
Teniente general de la misma. Hallándose el Duque en la Corte 
sirviendo en la Cámara de S. M. y ofreciéndose la jornada de la 
Emperatriz D. a Margarita, aceptó el ir sirviéndola hasta las en- 
tregas, cuando otros de su alta posición social se excusaron con 
diferentes protestos, por las grandes molestias y enormes gastos 
que debía ocasionar el viaje; siendo tanto más de agradecer este 
servicio en el Duque, cuanto que lo aceptó sin vacilación hallán- 
dose enfermo, de suerte que desde la cama salió para asistir á la 
jornada, sin reparar en el inminente riesgo de su vida, habiéndo- 
le durado su achaque, acaso por esta temeridad, más de un año 
después que salió de la Corte; y sin que por esto faltase en el 
curso do todo el viaje: á la continua asistencia y servicio de 
S. M. Cesárea, y á las múltiples atenciones y cuidados que exi- 
gía el numeroso séquito que la acompañaba. 

Tan numeroso, como puede verse por la siguiente Memoria de 
la familia que el Excmo. Sr. Duque de Alburqucrquc, mi señor ; 
sacó de Madrid para la jomada que hizo con la Señora Empera- 
triz de Alemania. 

Criados. — D.Juan García, capellán; I). Joseph González, ca- 
pellán; í). Pedro Fernando de Villarroel, capellán de la Guar- 
dia; D. Gabriel Fernández de Madrigal, caballero del hábito de 



(1) El />iti///, de Alburquerque en la batalla de Rocroy, por A. Rodríguez 
Villa, c Informe en desagravio de tan ilustre procer, presentado ala Real 
Academia de la Historia por D. Cesáreo Fernández Duro. Madrid, 1884. 



DOS VIAJES REGIOS. 379 

Santiago y secretario de S. E.; D. Antonio de Ubilla, del hábito 
de Santiago y secretario de cámara; D. Juan Filloretc, del hábito 
de Alcántara y secretario de lenguas; D. Juan Vázquez, caballe- 
rizo, del hábito de Santiago; D. Alonso de Herrera, mayordomo, 
del hábito de Santiago; D. Gonzalo de la Cueva, gentilhombre, 
del hábito de San Juan; D. Francisco de la Cueva, gentilhombre, 
del hábito de .San Juan; D. Pedro Berrocal, maestresala; D. Agus- 
tín de Salazar, gentilhombre; D. Juan de Arévalo, maestresala; 
el abad D. Baltasar de Zupicle; D. José de Cambarte, contralor; 
Bernardino de la Torre, tesorero. 

Paxes. — D. Bernardino de Rivadeneyra, del hábito de San 
Juan; D.Francisco de Rivadeneyra, del hábito de San Juan (y 
otros veintiséis más, cuyos nombres omitimos en obsequio de la 
brevedad). 

Ayudas de Cámara. — D. Miguel de Irribarren, oficial de la Se- 
cretaría; Diego de Cabrera, ayuda de Cámara y guarda-ropa (y 
otros diez más). 

Oficios. — Pedro de Echauri, veedor; Juan de Espinosa, veedor; 
Antonio de Sierra, botiller; Joseph Garracine, ayudante; dos mo- 
zos de botillería; Francisco Carrasco, repostero de plata, y otros 
cinco ayudantes y mozos; Jorge Melchor, cocinero, y otros tres 
más; dos ayudantes de cocina; dos mozos de cocina; Joseph de 
Moya, despensero, y tres ayudantes y mozos; dos trincheros; un 
criado de damas; un guarda-ropa; dos mozos de estrado; dos 
mozos de retrete, y Juanillo, esclavo. 

Caballeriza. — Joseph Hidalgo, cochero mayor; dos sota-coche- 
ros; Joseph Pérez, cochero de Cámara; otros tres cocheros; tres 
mozos de muías; diez y seis lacayos; catorce mozos de silla. 

Esclavos. — Amathe, Trasama, Alí, Buzala y Ayga. 

Criadas. — D. a Francisca Rodríguez, dueña; otra dueña; diez y 
seis damas; ocho mozas de servicio. 

Toda esta comitiva, en la que no se cuentan otros muchos 
criados que desempeñaban oficios secundarios y servían á su vez 
á otros de más categoría, caminaba por cuenta y gasto del Du- 
que de Alburquerque. Así se comprende que solo los gastos de 
despensa y repostería, desde que S. E. salió de Madrid el 28 de 



j80 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Abril hasta el 2 do Noviembre que ontró en Genova, importa- 
sen 2 1 .333 pesos; las raciones, 6.40 1 pesos; los salarios, hasta fin 
de Diciembre, 355 pesos; el importe de los carruajes y acemile- 
ros, según ajusto y contrato hecho con Juan López, desde Ma- 
drid hasta Gandía, 3.208 pesos; por varias compras de telas pre- 
ciosas, objetos de plata y gastos extraordinarios satisfechos en 
I tenia, Barcelona, Genova y otros puntos, 15.000 pesos, sin con- 
tar los aprestos hechos en Madrid de carruajes, caballerías, li- 
breas, trajes bordados, etc., etc. I )o suerte que bien puede cal- 
cularse aproximadamente, más bien más que menos, que los gas- 
tos de esta jornada le importaron al Duque de Alburquerque de 
dos millones y medio á tres de reales. 

Pasando por Hinojosas y Bonete, y descansando en Gandía, 
llegó la regia comitiva á Denia, donde, después de reposar unos 
días, embarcó en la armada real de España, á la que escoltaban 
las galeras de Malta y las del gran duque de Toscana el 16 de 
Julio. Hizo de allí rumbo la armada á Barcelona, adonde llegó 
ol 18, acompañada de 27 galeras, siendo recibida con grandes 
salvas y festejada todo el tiempo que permaneció en la ciudad 
condal (i). En ella cayó levemente indispuesta la Emperatriz In- 
ianta, y para prevenir todo sobresalto en la Reina madre la es- 
cribió la Duquesa de Alburquerque la siguiente carta, á la que 
contestó al margen S. M. — Dice así: 

«Señora. — Hoy han llegado á esta ciudad los dos correos que 
\ . M. mandó despachar á -los 14 y I 5 del corriente, en que he 
recibido las dos respuestas de V. M. á lo que escribí á los 1 1 y 
12 del, y en conformidad de mi obligación y de lo que V. M. se 
sirve de mandarme estoy continuando en servicio de la señora 
Emperatriz con el cuidado y celo que V. M. (sabe), y tengo sin- 
gular atención á que S. M. C. estyle en todo las horas naturales 
que observaba ahí y que no haya espejo ninguno como V. ¡VI.; y 



< 1 i Véase la Verdadera relación de las fiestas y recibimiento que en 
Barcelona se hizo ;i la Majestad Cesárea de la Serma. Sra. D. a Margarita 
de Austria, emperatriz de Alemania, y juntamente de su embarcación y 
acompañamiento . Madrid, 1666. 



DOS VIAJES REGIOS. 38 1 

puedo asegurar á V. M. que la destemplanza de ayer no la oca- 
sionó ninguna causa de que pudiese originarse; esta noche lo ha 
pasado tan bien S. M. C, que desde las diez y media hasta hov 
á las ocho de la mañana durmió sin dispertar; á esta hora hube 
de recordarla, por disposición de los médicos, que habiendo he- 
cho junta sobre si se le daría un poco de mana, salió resuelto por 
mayor parte de ella dejarse de usarse por si la costumbre que se 
espera se encontrase con la evacuación que había de seguirse; con 
que se vino á determinar recibiese una ayuda de medesina pur- 
gante, con que ha obrado unas duresas que persuaden haber he- 
cho provecho el espelerlas, y todo hoy se ha sentido con muy 
buena disposición y semblante, esperando en Nuestro Señor que 
mañana no ha de corresponder asydente ninguno. Así lo quedo 
pidiendo á su Divina Magestad para que se pueda salir de aquí 
con la brevedad que cierto conviene. Guarde Dios la C. R. per- 
sona de V. M. como la christiandad ha menester. — Barcelona 22 
de Julio de 1666 años. — La Duquesa de Alburquerque, Marque- 
sa de Cadereyta». 

Al margen de la primera cara está la contestación, escrita 
también de mano de la Reina, que dice: 

«Duquesa: Recibo tu carta con sumo gusto por las buenas no- 
ticias que me das de la buena disposición con que se hallaba mi 
hija; pido (á) Dios que mañana tendré muy buenas nuevas de no 
haber habido correspondencia. Estimo que me escribas de tu 
mano, con que podrás todo lo casero decirme más fácilmente 
que no por secretario. No dudo del cuidado que pones en la asis- 
tencia de mi hija, y yo estoy muy satisfecha á ella. Continuarás 
el darme todas las noticias que te pareciere por minutos, que no 
tengo otro alivio después que se fué mi hija que ese. Dios te 
guarde. — De Madrid á 2/ de Julio, 1666. — Yo la Reina» (i). 

Salió S. M. Cesárea de Barcelona el IO de Agosto, repuesta 
ya de su indisposición, tomando la escuadra el rumbo de el Fi- 
nal, adonde llegó felizmente el día 20 de Agosto. 

Esperábala en este puerto D. Luís Guzmán Ponce de León, 

(1) Originales en el Archivo del Excmo. Sr. Duque de Alburquerque. 



382 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

gobernador del Kstado de Milán, y apenas se descubrió la Capi- 
tana Real de España hicieron salvas de artillería y mosquetería 
desde el castillo y baluartes de la plaza, á que correspondieron 
las galeras del convoy. DesembarcóS. M. Cesárea en una puente 
de madera de 200 pasos de longitud, prevenida para este efecto, 
v que sobresalía del mar y remataba en un hermoso arco triun- 
fal, costosísimamente aderezado, adonde pudo llegar la galera 
Real con el costado del tabladillo. Por este puente entró I). Luís 
Ponce en la Real y besó la mano á la señora Emperatriz, que le 
mandó cubrir de primera clase, como á gobernador y capitán ge- 
neral del Estado de Milán. 

El desembarco se ejecutó yendo la Magestad Cesárea de la 
mano del I hique de Alburquerque, y al pie del arco triunfal 
5 la Cruz episcopal que el obispo de Savona tenía en sus ma- 
nos, acompañado de toda la clerecía, y montó en una vistosísima 
carroza de fábrica extraordinaria, asistida de la Duquesa de Al- 
burquerque. Dióse principio al acompañamiento en esta forma. 
Iban delante los capitanes y cabos más principales de las mili- 
cias del Marquesado del Final, á quienes seguían D. Carlos de 
Este, Marqués de burgo Mainicr; el Duque de Avito; el Marqués 
de los Balbases, general de la caballería del Estado de Milán; 
1 ). Diego Alvarado, gobernador del Final; Frey Juan Galdeano, 
bailío de Elbe, general de las siete galeras de la religión de San 
luán ele Malta; el duque de Tursis, que lo es de las galeras de la 
escuadra de Genova; el Marqués de Yillafranca, de las de Sici- 
lia, y el Marqués de Bayona, de las de España. A estos seguían 
los dos hermanos del Duque de Alburquerque, los Marqueses de 
la Guardia y Povar, mayordomos de semana, el padre confesor, 
el capellán mayor y el Cardenal D. Jerónimo Colona; y á lo úl- 
timo las damas, que iban delante de la carroza de la persona im- 
perial. Marchó la Hmperatriz y su comitiva en esta forma en di- 
rección al Burgo, donde se repitieron las salvas hasta llegar á la 
iglesia de San Juan, cantándose en ella el Te Dewn en acción de 
gracias por la felicidad del viaje. Pasó después S. M. Cesárea al 
palacio ducal, que estaba riquísimamente alhajado, viéndose en 
magníficas mesas copioso número de viandas, y habiéndose sen- 



DOS VIAJES REGIOS. 383 

tado la Emperatriz en la mesa del mayor salón, la presentó Don 
Luís Ponce de León cantidad de riquísimas joyas, y entre otras 
curiosidades se llevaron el aplauso seis cajas de vara y media de 
largo y una de ancho, forradas de tela encarnada y plata, tacho- 
nadas sobre muy ricos galones de puntas de oro de Milán. Estas 
cajas contenían varios dulces de Italia, dispuestos en ellas con 
tanto primor y aseo, que merecieron llevarse la vista de los 
circunstantes; dos de las cuales envió S. M. Cesárea á la Reina 
nuestra Señora en una falúa que al día siguiente salió de vuelta 
de Barcelona con aviso de la feliz entrada en el Final. 

En este puerto se entretuvo la Emperatriz once días, asistida 
y festejada del gobernador del Estado con famosas meriendas y 
bebidas extraordinarias, y en ellos recibió los parabienes de dife- 
rentes Príncipes, y especialmente de monseñor Turiano, gentil- 
hombre del Papa Alejandro VIL 

Miércoles, primero día de Setiembre, salió S. M. Cesárea del 
Final, acompañada de D. Luís Ponce y de numeroso congreso 
de títulos y caballeros italianos que la condujeron aquella noche 
á la villa del Caño y el día siguiente á Sping, donde el Marqués 
de Palavicino, capitán de las guardas del Duque de Saboya, vi- 
sitó á S. M. Ces. en nombre de su Príncipe. 

Viernes, 3, se hizo la jornada á Ayguas, y allí fué visitada y 
hospedada magníficamente por la Duquesa de Mantua y Monfe- 
rrato. El día siguiente se hospedó en el convento de religiosos 
dominicanos del Bosco del Figuerol. Domingo, 5> cm Alejandría 
de la Palla, en cuya plaza se le hizo á S. M. solemne recibimien- 
to. Lunes, 6, en Castelnovo de Scrivia. Martes siguiente, en Vo- 
gera. Aquí fué visitada por I). Antonio de Saboya, gobernador 
de Villafranca de Niza. El miércoles, 8, hizo jornada á Pavía, 
siendo felicitada por un gentilhombre enviado por la Señoría de 
Lucca^descansando en aquella ciudad hasta el sábado 1 1 del 
mismo mes que se encaminó á la de Milán, si bien con impedi- 
mento de la mucha agua que llovió en este y los siguientes 
días. 

En dicha ciudad entró S. M. de incógnito con cincuenta ca- 
rrozas de seis caballos cada una, asistida del Duque de Albur- 



384 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

querque, que por entóneos se hallaba muy congojado de cuarta- 
nas, y del Gobernador de] Estado, y con ellos fue á dar gracias 
;i Píos á la iglesia del Domo, alojándose luego en el palacio du- 
cal en tanto que se perfeccionaron los arcos triunfales que para 
la entrada en público estaban prevenidos y maltrataron las 
aguas. 

Esta entrada se celebró miércoles. I 5 de Setiembre, y hu' de 
las más ostentosas y graves que se han ejecutado en Italia en 
honor de Príncipe Católico, así en nuestros tiempos como en los 
antecedentes. Fueron tantos y tan costosos los arcos triunfales y 
el adero/o de calles, balcones y ventanas de la ciudad por donde 
se celebró esta entrada, que han merecido darse á la estampa (i) 
la mayor parte de ellos, delineados en láminas de bronce, para 
que de los esmeros con que D. Luís Ponce de León se adelanta 
en el servicio de la augustísima Casa de Austria, quede perpetua 
memoria en los venideros siglos. Fueron muchos los fuegos arti- 
ficiales que esta noche se esparcieron por la vaga región del aire; 
v las máquinas y nuevas invenciones que famosos artífices fabri- 
caron con el violento artificio de la pólvora, fuera de la entrada 
cubierta del castillo, tales y tan extraordinarias, que admiraron 
generalmente á los ingenios más relevantes de aquella ciudad, 
formando, ya las invencibles águilas del Imperio de Alemania, ya 
los incontrastables castillos y leones de Fspaña : festejo que 



1 11 No hemos podido encontrar esta Relación impresa y tan primoro- 
samente ilustrada como aquí se indica. Un año después, siendo el Duque 
de AJburquerque virrey de Sicilia, escribía desde Palermo á D. Diego Za- 
pata, ministro de S. M. C. en Milán, en S de Julio de 1667, la siguiente 
carta, sumamente importante para aclarar este punto. 

Illmo. Sr.— Sr. mío: El Sr. D. Luís Ponce me dice ha pedido á V.S.I. me 
remita los papeles de los arcos y demás tiesta-- aue se hicieron á la Señi ira 
Emperatriz cuando se halló en esa ciudad. Y por haberse acabado va de 
escribir el libro de aquella jornada y no faltar para darle á la imprenta 
otra cosa que estos papeles, no puedo dejar de cansar á Y. S. I. suplicán- 
dole me l.i- remita con toda brevedad para que salga á luz esta obra, por- 
que se ha e< hado va de menos en Madrid y ve Y. S. I. lo que conviene no 
-i- deje olvidar nada, de lo que en ella sucedió, para que en lo de adelan- 
te se hallen las noticia- necesarias, como le fueron ahora las del Viaje (li- 
la Reina nuestra Señora, pues fué el timón 1 on que navegamos en el últi- 
mo (le S. M. < ... 



DOS VIAJES REGIOS. 385 

S. M. Ces. estuvo mirando desde los baluartes del castillo, sir- 
viéndola opulenta merienda el castellano, que lo era el muy no- 
ble caballero D. Baltasar Mercader. Después de los fuegos se re- 
presentó en Palacio una comedia con varias perspectivas y di- 
vertimientos de música y saínetes, los cuales continuaron los si- 
guientes días. 

El viernes 17 de Setiembre, primer aniversario del falleci- 
miento de Felipe IV, quiso la Emperatriz que se celebrase el 
duelo en la iglesia del Domo, vistiendo S. M., las damas y la no- 
bleza de aquel estado, luto de Corte. 

Sábado, 18, entró en Milán el Marqués de la Grana á visitar á 
S. M. Ces. de parte del Emperador, y la presentó un collar de 
diamantes y cantidad de cadenas de oro y ricas joyas. El lunes, 
20, hizo esta función el Marqués Alfonso Palavicino, capitán de 
las guardas de archeros del Duque de Parma; el día siguiente el 
Marqués Silvio Molza, gobernador de la ciudad de Reggio, de 
parte del Duque de Módena; el jueves, 23, D. PYancisco de Pal- 
ma, en nombre de la república de Lucca; el viernes, 24, el procu- 
rador Vallier, embajador de la de Yenecia, ofreciéndola asistirla, 
hospedarla y regalarla en nombre de su Príncipe, en los lugares 
del Estado veneciano por donde se había de hacer el tránsito á 
Alemania. En nombre del Duque de Saboya felicitó y cumpli- 
mentó á la Emperatriz el Conde Felipe de Aglie, mayordomo 
mayor del Duque, el 24 del mismo mes. Finalmente, el 29 salió 
do Milán S. M. Ces., y por un navillo ó canal hizo la primera 
jornada en una vistosísima góndola, betunada de verde y bruñida 
de oro, con vidrieras de cristal, cortinas y cielo de damasco, y 
alfombrada de ricos tapices ajustados á la capacidad del bajel. 
Llevaba seis remeros vestidos de damasco verde franjeado de 
rica plata, y navegó á la Canomía, villa distante veinte millas de 
Milán, donde ya estaban esperando los coches de la comitiva. 

Desde aquí se prosiguieron las jornadas por las tierras del Mi- 
lanesado hasta entrar en las de Yenecia, siendo todas muy pe- 
nosas por las continuas lluvias. En los confines estaban los Em- 
bajadores venecianos esperando á la Emperatriz, recibiéndola, 
hospedándola y convoyándola con tanta majestad y grandeza 
tomo xlii. 25 



386 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

como merecía su imperial persona, de quien se despidió I). Luís 
Ponce de León, volviéndose á Milán, colmado de honras y fa- 



x-ores. 



A 8 de ( )ctubre se hizo la jornada á Roveredo, primer lugar 
de Trento, y allí fué magestuosamente recibida y agasajada del 
Cardenal de Harrac, obispo de aquella ciudad, y del Príncipe de 
Díetenreschtein, mayordomo mayor que había de ser de la Em- 
peratriz, asistidos de copioso número de Príncipes, caballeros y 
milicias de aquellos Estados (1). 

Roveredo era el punto designado para verificar las solemnes 
entregas, y felizmente existe en el Archivo de los Duques de 
Alburquerque la siguiente minuciosa Relación manuscrita, que 
contiene interesantísimos detalles de estas ceremonias. 



Relación de la entrada de S. M. Cesárea, la Señora Empera- 
triz, en el lugar de Roveredo, y de su entrega hecha por el Duque 
de Alburquerque, por plenipotencia del Rey y Reyua mies tros se- 
ñores, al Cardenal de Harrach y Principe de Dictristain, que la 
traían del /imperador. 

Domingo, á las cinco de la tarde, llegó S. M. á Roveredo. An- 
tes de entrar, estaba de la otra parte del río un escuadrón de in- 
fantería que hizo salva. La entrada fué en esta forma. El coche 
de respeto iba delante; luego cuatro trompetas del Duque de 
Alburquerque con casacas negras y banderolas bordadas de oro. 
Tras ellos el coche del mayordomo mayor, en que iba el Duque 
á mano derecha; á su lado izquierdo el Marqués de la Guardia, 
mayordomo más antiguo; á la proa el Marqués de Pobar, mayor- 
domo; al estribo D. Antonio Messia, menino y brazero. Detrás 
iba toda la familia del Duque y tres literas suyas. Seguíanse lue- 
go dos trompetas de la Señora Emperatriz con sus casacas ne- 
gras; luego Pedro de Retana, cochero mayor; luego el coche de 
la Señora Emperatriz, en que iba S. Al. Cesárea, y á la proa la 



(1) De la relación existente en la Biblioteca de la Real Academia de la 
Historia, Papeles de Jesuítas, tomo 173. 



DOS VIAJES REGIOS. 387 

Duquesa de Alburquerque, camarera mayor; seguían los coches 
de las Señoras de honor, Marquesa de Lanzarote y D. a Leonor 
Fajardo, guarda mayor; y en el otro iban las damas D. a María de 
Toledo, D. a Christina y P. a Melchora Zapata. 

Llegóse á Palacio, donde á la puerta de él, de la parte de 
adentro, estaban el Cardenal de Llarrach y el Príncipe de Die- 
tristain. Apeóse S. M. C; llegó el Cardenal, y haciendo la reve- 
rencia y dándole la bienvenida, entregó carta del Sr. Empera- 
dor. Luego la hizo reverencia, aunque sin hablar, algo más apar- 
tado, el Príncipe de Dietristain. Subió S. M. C. á su cuarto, y 
luego se retiraron á sus casas los ministros y criados alemanes; 
y aquella noche y día siguiente sirvieron los españoles y la Casa 
del Rey nuestro señor, y lo continuaron hasta hacer las en- 
tregas. 

Lunes por la mañana salió S. M. á misa á la iglesia de San 
Marcos con saya entera de velo de peso, blanco, bordada de 
torgal de oro y mayates. El vestido de la Duquesa de Albur- 
querque de chamelote de color de ala de cuerbo, guarnecido de 
encajes de plata y negro. D. a María de Toledo, de chamelote 
encarnado con tres guarniciones de plata bordado. D. a Chris- 
tina, de tela de oro, verde, guarnecido de lama blanca y tor- 
éales de oro bordado. D. a Melchora Zapata, de tela de prima- 
vera, con encajes de Yenecia, de plata; el Duque de Alburquer- 
que vestido de raso pardo, bordado de bichos de oro y flores de , 
todos géneros de cartulina de plata y enrrejado de filigrana. Su 
librea de chamelote verde bordada con torgales de oro y lente- 
juelas de oro. Componíase de cien vestidos; treinta pajes; diez 
ayudas de cámara; treinta lacayos; seis cocheros; cuatro trompe- 
tas; cuatro moros; dos reposteros de estrado; dos mozos de re- 
trete; seis litereros; reposteros de plata y de ropa blanca; seis 
mozos y los cocineros. El Marqués de la Guardia, su vestido de 
ormesí amusco (T), bordado de plata al canto. D. Antonio de 
Messia, su vestido de ormesí color de caña, bordado al canto de 
plata y negro: la librea de sus criados de paño acanelado guar- 

7 

(1) Color pardo obscuro. 



588 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

nocido do franjas de oro y verde. El Marqués do Pobar do or- 
mesí amusco, bordado do hojuelas do plata quajada; y la libroa 
de sus criados de terciopelo 'verde guarnecido con fránjasele 
oro y plata y plumas blancas y verdes. I). Iñigo Fernández del 
Campo, do paño acanelado, bordado al canto de oro y plata; sus 
criados, do paño verde, guarnecidos de franjas de oro al canto. 
I >. Diego Bonifaz, do rico amusco bordado de plata al canto; y 
la librea de sus criados de paño aceitunado, guarnecidos de fran- 
jas de terciopelo labrado verde. D. Francisco de Lira, sobreor- 
mesí liso azul celeste, todo bordado de plata pasada; la librea de 
sus criados de paño verde guarnecido con franjas de plata y oro 
al canto. D. Isidro do Ángulo, de paño acabellado, bordado al 
canto de plata y oro. Fl Guarda-joyas un vestido de paño amus- 
co bordado de plata al canto. El contralor, un vestido de paño 
amusco bordado al canto sobre raso plateado, toréales amuscos. 
El despensero mayor, D.Juan de Valdivia, de paño amusco bor- 
dado de plata al canto. El Sumiller de la caba, un vestido de 
paño amusco bordado al canto de torcal de seda verde. D. Pe- 
dro Altura, maestro de la Cámara, de paño amusco bordado al 
canto de plata. I). Pedro de Yillaroel y de la Cueva, sobrino del 
I )uque de Alburquerque, de paño amusco bordado al canto do 
plata y oro; 'a do sus criados, de paño amusco y cabos de lama 
blanca y botonadura de plata. D. Gabriel de Madrigal, de la Or- 
den de Santiago, socrotario de S. M. y del Duque de Albur- 
querque, <\c raso amusco bordado al canto de plata pasada. Don 
Antonio de l billa, caballero de la Orden de Santiago, secretario 
do Cámara del Duque de Alburquerque y oficial de Estado, de 
paño amusco guarnecido de encajes de plata. D. Fian Vázquez, 
caballero de la Orden de Santiago, caballerizo del Duque de Al- 
burquerque, de paño amusco guarnecido de dos franjas de oro al 
canto y plumas blancas. I). Pedro Berrocal, un vestido de paño 
plateado, guarnecido de encajes de Venocia, grandes, de plata 
y oro. D, Agustín de Salazar, gentilhombre de Cámara del Du- 
que de Alburquerque, de paño amusco con cabos de plata y oro 
bordados. I >. Gonzalo de la Cueva, caballero de la ( )rden de San 
Juan, de paño amusco con cabos -bordados de plata y oro. Don 



DOS VIAJES REGIOS. 389 

Francisco de la Cueva, caballero de la Orden de San Juan, de 
paño amusco con cabos bordados de plata y oro (i). Todos es- 
tos llevaban cadenas de oro y plata y plumas blancas y encarna- 
das. Joseph Gambarte un vestido de paño de Holanda, color 
aplomado obscuro, con cabos de raso bordados de plata. Pedro 
de Retana, cochero mayor de la Sra. Emperatriz, un vestido de 
paño amusco bordado de plata al canto. D. Fernando Maestría, 
secretario y oficial mayor de D. Iñigo Fernández del Campo, de 
paño amusco, bordado de oro y plata al canto». 

Domingo I O de Octubre se celebraron con toda pompa las 
entregas. Fué aquí visitada por el Conde de Sbalata, quien de 
parte del César la dio la bienvenida y la presentó un cofre en 
que le enviaba cadenas de oro y joyas de diamantes, esmeraldas 
y rubíes, las cuales mandó S. M. Ces. repartir esta misma noche 
á la gente de su familia, así entre la que se había de volver á 
Italia y España, como la que había de entrar en Alemania á su 
servicio. La Señora Emperatriz fué al otro día conducida por la 
mañana á la iglesia de San Marcos de aquella ciudad, y después 
de oir misa en su capilla mayor, donde se cantó el Te Deum, sa- 
lió á la puerta de la iglesia, y en ella el Duque de Alburquerque, 
en nombre del Rey y de la Reina Gobernadora entregó la per- 
sona de la señora Emperatriz al Príncipe de Dietrichstein y al 
Cardenal de Harrac, nombrados para este efecto por el Empera- 
dor de Alemania, los cuales la recibieron con la solemnidad y 



(1) Es, por cierto, bien extraño que no se cite para nada á D. Baltasar 
de la Cueva, Conde de Castellar, que estaba nombrado Embajador en Ale- 
mania, y debía ir acompañando á la Emperatriz, según se deduce del si- 
guiente despacho que, original, tenemos á la vista: 

«La Reyna Gobernadora. — Illustre Duque de Sermoneta, primo, de la 
insigne Orden del Tusson de oro, virrey y capitán general del reino de 
Sicilia. A D. Baltasar de la Cueva, Conde de Castellar, he nombrado por 
Embaxador en Alemania, y he mandado se le- den doce mil escudos de 
ayuda de costa: los quatro mil en esse Reyno, y los ocho mil en el de Ña- 
póles, en atención á los gastos que se le recrecen por haber de yr con la 
Emperatriz mi hija; y así, os ordeno y mando que los cuatro mil escudos 
se los hagáis pagar luego del dinero más prompto que hubiese en ese rey- 
no; que así lo tengo por bien. De Madrid á 27 de Febrero de 1666. — Yo, 
la Reyna. — Pedro Fernández del Campo de Angulo>. 



390 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

ceremonias contenidas en las instrucciones que de sus monarcas 
llevaban. Después de verificadas las entregas, el Duque de Al- 
burquerque, hecha una profundísima cortesía, se despidió de la 
Emperatriz, yendo á embarcarse en el Final, convaleciente to- 
davía de las cuartanas, en las galeras de Sicilia. 

Diez días se entretuvo S. M. Ces. en Roveredo, partiendo el 
20 de Octubre, atravesando el Tirol; pasando por la Carintia y 
entrando en la Stiria llegó el 23 de Noviembre á Schotenvien, 
lugar del Austria interior, doce leguas distante de la Corte de 
Viena. Impaciente el César por ver la deseada consorte, tomó 
la posta seguido de muy pocos caballeros, y en breve llegó á 
Schotenvien, dando aviso secreto al Príncipe de Dietrischtein 
de decir á la Emperatriz que habían venido unos caballeros de 
Viena á ponerse á sus pies y besarla la mano. Admitióles benig- 
namente S. M. á su audiencia, y al llegar al tercero «no pudo 
contenerse Amor gigante en los límites estrechos del obsequio; 
rompió la voluntad los tímidos grillos del respeto y al aplicar los 
labios á aquella adorada mano salió el alma á publicar verdades 
de! corazón amante... Quísose arrojar á sus pies la agradecida 
esposa á no haberla detenido el César, diciéndole en breves razo- 
nas lo que le dictó aquella noble pasión á vistas del anhelado ob- 
jeto... De este amable embarazo pendían los dos corazones de los 
Augustísimos esposos cuando entró la Condesa de Eril y las da- 
mas españolas que traían algunas grandes fuentes ó azafates. En 
el uno venía un sombrerillo con un cintillo de riquísimos diaman- 
tes, siendo el golpe de una joya de inapreciable valor; traía otra 
dama otra gran bandeja con un' cofrecillo de oro lleno de ricos 
presentes y raras joyas. Las otras presentaron algunas pirámides 
de confitura para refresco y algunos platillos de dulce» (1). 

Al día siguiente partió S. M. de Schotenvien y llegó á Naistat, 
donde la esperaba la Emperatriz viuda, en cuya compañía partió 
á Eberstorf, casa de campo, donde se d< tuvo hasta el 5 de Di- 
ciembre, en el que hizo su solemne entrada en \ iena. 

El recibimiento que se le hizo en esta ciudad y corte imperial 

(1) Vida c imperio de Leopoldo I. 



DOS VIAJES REGIOS. 39 1 

excede á toda ponderación, y necesitaríamos otro tanto espacio 
como el que llevamos ocupado solo para dar de él un pálido re- 
flejo. Remitimos al curioso lector á la obra citada, y sobre todo 
á las dos Relaciones que llevan por título: «Verdadera relación 
de la entrada y recibimiento que sé hizo á la Sra. Emperatriz de 
Alemania, D. a Margarita de Austria, en la ciudad de Yiena, en 
cinco de Diciembre del año pasado de 1 666, Granada, 1 666. — 
II Pomo d'oro, festa teatrale rappresentata in Yienna per l'au- 
gustissime nozze della Maesta di Leopoldo e Margherita. Vien- 
na, 1668.» 

Quedó tan prendada la Emperatriz Infanta de su camarera 
mayor la Duquesa de Alburquerque, que conservó con ella toda 
su vida cariñosa é íntima correspondencia, de la que copiamos, 
siquiera sea como muestra, la siguiente carta ológrafa: 

«Duquesa mía de mis ojos: El otro día recibí una carta tuya 
que fué para mí de mucho gusto, por saber en ella que tienes 
salud. Yo la tengo, á Dios gracias, y me va muy bien en mi pre- 
ñado, pues á 24 de éste cumplo siete faltas y siento muy bien la 
criatura, aunque hasta que la sintiese me trataron muy mal los 
gómitos; pero después que la he sentido no he vuelto á gomitar; 
y te estimo mucho los consejos que me das, que bien creo de tu 
buena ley serán de todo corazón; mucho siento haya malparido 
tu hija y que al Duque no se le hayan quitado las quartanas, y 
creo que cuando recibí tu carta estaría ya libre dellas, porque 
era de 16 de Abril, y en tanto como ha tardado en venir espero 
en Dios se le habrán quitado. Me guelgo mucho que estén tan 
lindos tus nietos como me clic^s; que Ana Antonia espero será 
muy linda menina de lo que naciere; mucho te estimo el cuida- 
do que has tenido de hacerme hacer las telas, que de tu buena 
ley siempre lo esperé. Dios te me guarde, Duquesa mía de mis 
ojos, como deseo. De Yiena á 20 de Agosto de 1667. — A tu hija 
darás muchos recados de mi parte. — Margarita María.» 

¡Lástima grande que soberana dotada de tantas gracias, virtu- 
des y talento, falleciera prematuramente á los veintidós años de 
edad, el día 13 de Marzo de 1673! 

A. Rodríguez Villa. 



39 2 boletín de la real academia de la historia. 

II. 

LA EPIGRAFÍA LATINA EN LA PROVINCIA DE ORENSE. 

on esto título ha sacado á luz en el tomo i del Boletín de la 
L omisión provincial de Monumentos históricos y artísticos di 
Orense (i) una muy docta monografía I). Arturo Vázquez Xúñez. 
En nuestra provincia», dice (2), «no ha visto el Sr. Hübner 
ninguna de las inscripciones que en ella existen, teniendo que va- 
lerse exclusivamente de los datos que en nuestros escritores pudo 
encontrar, siendo el principal el Sr. Barros Sivelo, que en sus 
Antigüedades de Galicia reúne una colección abundante, pero 
muy defectuosa, por la precipitación con que llevó á cabo sus 
importantes trabajos, tiernos creído, por lo tanto, muy conve- 
niente la publicación de un catálogo de las inscripciones latinas 
de la provincia de Orense, valiéndonos al efecto de los datos ya 
conocidos, y procurando rectificar muchos de ellos por medio 
del estudio directo de las lápidas que hemos podido ver en nues- 
tras excursiones por la provincia, así como de las que se han ido 
recogiendo y figuran ya en el Museo Arqueológico de esta 
ciudad. 

Para su clasificación nos hemos valido del método más gene- 
ralmente adoptado, agrupando las inscripciones en cuatro clases, 
cada una con su numeración aparte: 1. a , inscripciones consagra- 
das á divinidades; 2. a , honoríficas; 3. a , funerarias; y 4. a , piedras 
miliarias.» 

Dos lápidas de esta colección están representadas por exce- 
lentes fotograbados (3), que con los tres que han visto ya la luz 
pública en nuestro Boletín (4) podrán servir de fundamento á 
un buen tratado de paleografía Orensana. 



(1) Páginas 18-23, 25-33, 46-53, 65-67, 77-83, 98-105, 372-374, 4©6 y 407. 
Orense, Marzo 1898-Julio 1901. 

(2) Pág. 19. 

(3) Los clises me han sido prestados por el Sr. Vázquez Núñez. 

(4) Tomo xli, pág. 502; xlii, 227 y 309. 



epigrafía latina. 



395. 



1. 

Ara votiva á las célebres burgas de la ciudad de Orense. 

Es de granito, alta 83 cm., ancha 45. En 1841 la vio el Sr. Be- 
doya «coronando la fuente de la huerta, sobre las burgas, en la 
fábrica de curtidos de D. Santiago Sáenz» (i). Hübner la reseñó 
'bajo el número 2527. El Sr. Vázquez Núñez nos dice (2) que con 
posterioridad alano 1841, «al reedificar con mayores proporcio- 
nes D. Santiago Sáenz la fábrica de curtidos citada, colocó la 
piedra como coronamiento de una fuente de agua caliente que 
hay en la huerta del edificio, poniéndole una cruz por remate. 
Allí continuó hasta el mes de Enero de 1 897, en que por dona- 
ción do D. a Lucía Cabello Sáenz, pasó al Museo provincial de 
Orense, en donde se custodia.» 

Xo vio Hübner la piedra original, ni obtuvo impronta de ella, 
ni fotografía; por lo cual se excusan las vacilaciones que experi- 
mentó, sospechando que en la línea 3. a esté escrito A/baua, y que 
en la 4. a deba entenderse el nombre gentilicio Aeboso(cum), que 
le recordaba el de uno de las diez ciudades, ó pueblos, que en el 
año 79 de la era cristiana contribuyeron á la erección del puen- 
te de Chaves (2476): Aquiflavicnses, Aobrigenscs, Bibali, Coclcr- 
ni, Equaesi, Interamici, Limici, Acbisoci (var. Nebisoci), Onar- 
querni, Tamagani » . Evidentemente no puede admitirse Albausu 
ni es fácil compaginar Acboso(cum) con Aebisoci, y mucho menos 
con Nebisoci. 

El Sr. Vázquez Núñez lee y traduce: 

■Nympli/s Calpurnia Aebana Aeboso ex visn v(otam) s(olvit) l(ibens). 
Calpurnia Abana Aeboso cumplió gustoso el voto que hiciera bajo [a 
inspiración de un sueño á las Ninfas de las aguas.;> 

Dos reparos se me ofrecen en presencia del ejemplar fotográ- 
fico. En el renglón primero creo que se distingue claramente el 
nexo de hei, resultando el dativo arcaico Nympheis, influido por 



(1) Boletín, tomo xlii, pág. 156. 

(2) Pág. 20. 



394 boletín de la reai. academia de la historia. 




órense. Lápida de las Burgas. 



epigrafía latina. 395 

el griego vúfjwpais (i). En el renglón tercero no es cierto que deba 
leerse Abana. La última letra de este vocablo podría muy bien 
ser ;¿, porque ni tiene el travesano propio de la A, ni los palos 
de igual altura. Está debajo de otra N indubitable, y como ella 
de tamaño menor. Aseméjase á una J"* (ibérica) inclinada, y á la 
N del segundo renglón ; diferenciándose de ésta únicamente en 
estar inclinada y en la ondulación alternativa de los ángulos. Así 
que prefiero leer los renglones tercero y cuarto de esta manera 
Abajina Eboso(cum) , y enlazar la .terminación de Abanna con 
las de otros cognombres: Sísanna (2051, 2368), Turciuius (2671), 
Bondenna (5274), Uprenna (2160), Aninna (1586), etc. Por lo 
tocante á la estructura del gentilicio Eboso, cuyo complemento 
natural es Ebosocnm, básteme recordar la sobredicha inscripción 
del puente de Chaves y otra de Asturias (5739): Flavns Auledi 
f(ilius) Cabarcns gente Beriso. En esta inscripción el vocablo 
gente está designado por una o, que también puede interpretarse 
por tribu, gentilidad ó centuria indígena (2). 

♦ 2. 

Hace nueve años, fué descubierto á corta distancia de la Pue- 
bla de Tribes, en el predio llamado Sonto do Padrón, cuyo pro- 
pietario, D. Juan Gómez Núñez, me facilitó una copia, que expuse 
en el tomo xxvm del Boletín (3). En Marzo de 1 897 se trasladó 
al Museo provincial de Orense, donde permanece, y lo ha foto- 
grafiado el Sr. Vázquez Núñez con el objeto de fijar la lectura y 
desvanecer los reparos é incertidumbres que de los traslados 
hechos á mano se originan. 



(1) Varios ejemplos de semejante anomalía (ei por i) registra Hübner 
en la página 1 186. 

(2) Otro ejemplo, muy notable, presenta Hübner bajo el número 2601: 
Naviae Ancetolu(s) Au?-¿(ensis?) exs j Sesm [aco(rúm)?~\ votum possit, q(uoius) 
e(um) c(ompotem) f(ecit). En la inscripción siguiente (2602) el mismo río, 
divinizado, se llama Navia Sesmaca. No consta en qué lugar de Galicia las 
dos aras aparecieron, pero se puede presumir que sería no lejos de la 
Puebla de Tribes, ó cerca del río Navea. 

(3) Páginas. 522 y 523. Junio 1896. ■*• 



396 



BOLETÍN de la real academia de la historia. 




ij 



epigrafía latina. 397 

Es de piedra arenisca, y su tipo de letra corresponde á la se- 
cunda mitad del primer siglo. Fracturado por su base, mide 
63 cm. de alto por 66 de ancho; permitiendo suponer que fues 
un sillar cuadrado, asentado sobre otro de parecidas dimensio- 
nes, y coronado por otro, que completasen la exornación v el 
epígrafe, de conformidad con el hermoso monumento de Julia 
Tíbura (i); así denominada, por haber quizá nacido en la comar- 
ca de Tribés. 

Rota como está, es de gran valor geográfico la presente ins- 
cripción, descubierta en el Sonto do Padrón, dentro del término 
de la feligresía de Santa Alaría de Tribes. El paleográfico no lo 
es menos. Para fijar la lectura, importa notar los puntos separa- 
tivos de los- vocablos, el uso de los nexos y la doble configura- 
ción de la H, la X y la Y. Eos ángulos de la N y de la Y ya son 
perfectos ó concurrentes en un solo vértice, ya imperfectos ó 
truncados por un travesano horizontal. Esta segunda forma de 
la N; que se destaca indubitable en el renglón quinto, descubre 
en el segundo el nexo de i. ne. Ea primera forma de la N solo 
aparece en el renglón tercero, incluyendo el nexo de A para 
leerse AN, y distinguirse del nexo AV, que en el renglón segun- 
do comparece y se aviene con el nexo VA del renglón cuarto. 
Por último, no debo negar que al principio de este mismo ren- 
glón la C inversa, ó 3, designativa de la sílaba final del gentilicio 
ha de leerse cuvi, ó qnm] porque de ambas lecciones, ó maneras 
de escribir, los ejemplos abundan en todo el centro y nordoeste 
de España. 

POPILL1VS • HI 
RSVTVSFLAVINE 
ANDIECI • F-LANCI 
3 ' D Ó M O • V A 
COECI • AN • XXXII 
H-S'E 



(1) Boletín, tomo xlii, pág. 307. 



398 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Popillius Hirsutus Flavi(i) Neandieci f(ilius), Lanciq(um), domo Vacoeci, 
an(norum) XXXII, h(ic) s(ilus) c(st). 

Popilio Hirsuto, hijo de Flavio Neandieco, de la gente de los Landos y 
solar de Vaceco, fallecido en edad de 32 años, aquí yace. 

El nombre gentilicio Lanciq(um), que puede pertenecer á di- 
versas regiones no poco distantes entre sí (i), aparece distinta- 
mente en una inscripción (3088) de Malamoneda, despoblado de 
la provincia de Toledo. Lo cierto es que la patria de Popilio 
Hirsuto era Vacoecum, ó Vacoccis, ciudad ó población cuya -re- 
ducción geográfica, si no hubiere de buscarse cerca del río Vou- 
ga (2), tal vez se encontrará en el territorio de la ciudad que 
Ptolomeo llama \x-v.:i-(r. (Lanciati), situándola al oriente de 
Valdeorras v al occidente de Astorga; lo que nos lleva hacia 
Vicósende y Vascois, lugares de San Vicente de Carballeda, á 
mano izquierda del río Sil en la provincia de Orense. 

La capital de los Tíburi, Teípoupoi, era Nefistápp^a, la Neineto- 
briga de los itinerarios de Antonino y del Ravenate. Dos ins- 
cripciones ha devuelto á esta comarca el Sr. Vázquez Núñez, y 
nos ha dado conocimiento de otra inédita. Citaré sus pala- 
bras (3): 

- Hübner, 2604. 

AELIO SPORO 

IVLIVS FLAVINVS 

ET ATILIVS ASTVR 

H-EX'T 

Adió Sporo Julius Flavinas ct Atilius Astur li(crcdes) ex t(esiamenío). 
A Elio Sporo erigieron este monumento Julio Flayino y Atilio Astur, 
sus herederos testamentarios. 

Aunque I tübner la coloca en un lugar incierto de Galicia (4), 
se sabe que esta lápida fué descubierta en las inmediaciones del 



1 1 1 Hübner, Monumento, linguete ibericae, págs. 234 y 235. Berlín, 1893. 

(2) ¿En Viseo? 

(3) Tiburi (Tribes) 7 30', 43 o 45'-— Gigurri (Valdeorras) 8 o , 43 o 45'. 
-Lanciati 9 20', 43 o 30' '. — Asturica augusta (Astorga) 9 30', 44 o . 

(4) Páginas 48, 49 y 373. 






EPIGRAFÍA LATINA. 399, 



Puente Navea, y estuvo mucho tiempo colocada al lado derecho- 
del arco de la capilla de dicho puente. Hoy es propiedad, y se 
halla en la casa de la Sra. Marquesa de Trives, en el pueblo del 
mismo nombre. 
Hübner, 2605. 

D o M 
AT1LIAE ANNAE 
ANNORVM XXI 
ATILIVS ASTVR 

PATER 

D(iis) Mianibus) Atiliae Annae annorum XXI, Attlius Asiur pater. 

A los dioses Manes de Atilia Anna de 21 años de edad, puso este monu- 
mento su padre Atilio Astur. 

Muratori da cuenta de esta inscripción como encontrada en el 
pueblo del Quiero, nombre que no tiene ninguna entidad de po- 
blación en Galicia. Es de presumir (y así lo cree también Hüb- 
ner) que esta inscripción y la anterior hayan sido descubiertas 
en un mismo punto, puesto que en ambas se encuentra el nom- 
bre de Atilio Astur, como heredero testamentario de Elio Sporo> 
en la primera, y como padre de Atilia Anna en la segunda. 

Inédita. 

/mu /jiiii EVS 
/////,// ////////////// 
MAXIMVS 
EX VOTO 

Descubierta en el lugar de Santa Alaría de Trives. Hállase co- 
locada en una casa, propiedad de D. Darío Rodríguez y otros, 
en posición invertida y sirviendo de basa á un puntal de madera 
que sostiene el cobertizo de la escalera exterior de dicha casa. 
Resulta ilegible en su mayor parte, por habérsela destinado du- 
rante largo tiempo á afilar útiles de labranza.» 

Hasta aquí el Sr. Vázquez Xúñez. Toda vez que se conservan 
en Tribes la primera y la tercera de estas tres lápidas, y además 
la miliaria (4854 y 6224) de Puente Navea, importaría recono- 



JOO HOLET1N DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

cerlas, indicar sus dimensiones y presentarlas en fotograbado 
con el objeto de contribuir al estudio paleográfico y cronoló- 
gico de las mismas. I. a tercera, conjeturo que dice: 

\Dian e U\sulenius\ Maximus ex voto. 
Exvoto de Usulenio Máxime á Diana. 

Por lo tocante ;í la primera, la observación que ha hecho el 
Sr Vázquez Núñez esclarece y fija la significación del texto de 
Muratori, el cual apuntó que el monumento estaba «.in Calaccia 
ad Naviam fluvium» . El autor de la designación tradujo «-7V#- 
vea por «Navicfs»; y de aquí dimanó el error en que incurrieron 
(Van Bermúdez ( [) y < iortés (2). Por último, la segunda, que Mu- 
ratori puso «in oppido del Quiero» y hubo de encontrarse y co- 
locarse no lejos de la primera, conjeturo que se oculta en -San 
Sebastián 'de Piñoiro (3), distante un cuarto de legua de la Puebla 
de Tribes. 

Con lo dicho creo que bastará para recomendar y alentar los 
estudios epigráficos de tan celoso investigador como sabio 
maestro. 

Madrid, 17 de Abril de 1903. 

Fidel Fita. 



Navia, villa y cabeza de concejo en el principado de Asturias, con- 
finando con Galicia y con el mar Océano por el poniente y por el norte. 
Tolomeo la llama Flavionavia y la coloca en la orilla del río Naviluvion v 
•en la región de los pesicos. Se descubren en su recinto algunos rastros de 
su antigua población, entre los cuales se encontró esta inscripción, AELIO 
SPORO etc. Sumario de las antigüedades que hay en España, pág. 203. 
Madrid, 1832. 

(2) Diccionario geográfico-histo'rico, tomo ni, pág. 270. Madrid, 1836. 

El primer copiante del nombre de la localidad escribiría Pineiro; 
y de aquí la mudanza en Queiro, y por último en Quiero bajo la pluma de 
Muratori fácilmente se explica. 



HISTORIA DE LA VILLA DE BAENA. 401 

JII. 

HISTORIA DE LA VILLA DE BAENA (1). 

Honrado por el Excmo. Sr. Director de esta Real Academia 
con el encargo de emitir acerca de la enunciada obra el dicta- 
men pedido por el Ministerio de Instrucción pública, después de 
un detenido estudio y con la desconfianza propia de mis escasos 
conocimientos, expongo á tan respetable corporación el juicio 
que he llegado á formular. 

Es evidente, sin disputa, que aquí estamos llamados á deter- 
minar el mérito positivo y absoluto de las obras que se exami- 
nan; mas tampoco cabe duda en que las condiciones extrínsecas 
de las mismas obras y las peculiares de los autores contribuyen 
muchas veces á realzar y hacer más apreciable aquel mérito, ó, 
al contrario, al modo que en jurisprudencia las circunstancias ate- 
nuantes y agravantes modifican los grados de culpabilidad para 
la imposición de las penas. 

No es que pretenda yo supeditar en el caso presente á las in- 
dicadas condiciones accesorias el valor propio efectivo del libro 
de que estoy dando cuenta, y menos que me guíen simpatías 
profesionales, por grato que me sea ver á los militares distinguir- 
se en todos los ramos del saber; pero me parece oportuno, por 
un lado, hacer notorias las cualidades individuales de D. Fran- 
cisco Valverde, y por otro señalar la influencia que una pro- 
ducción de esta clase puede ejercer en el campo de las letras 
españolas. 



(r) Escrita por D. Francisco Valverde y Perales, Comandante de la 
Guardia civil, Comendador de Isabel la Católica, Correspondiente de la 
Real Academia de la Historia, con prólogo de D. Rodrigo Amador de los 
Ríos, individuo de número de la Real Academia de Bellas Artes de San 
Fernando, etc. Toledo, 1903. Un tomo de xxvi-536 páginas en 4. , ilustra- 
do con una vista general de dicha villa, un plano de la misma, un croquis 
déla batalla de Munda, 33 grabados representando edificios, monumen- 
tos, lápidas, imágenes y objetos artísticos, mas el retrato del autor. 

tomo xlii. 26 



402 boletín de la real academia de la historia. 

En cuanto á lo primero es muy poco lo que resta por decir 
después de haber consignado luminosamente en su prólogo el 
Sr. Amador de los Ríos los merecimientos del autor, bien cono- 
cido en esta casa por sus aficiones históricas y arqueológicas y 
por sus trabajos sobre estas materias, á las que ha sacrificado su 
reposo, su salud y sus medios materiales, mereciendo por ello con 
justicia y aplauso el nombramiento de Correspondiente de esta 
Real Academia. 

La Historia en sus mayores alcances, amplitud y generalidad, 
es una labor sintética y de integración, á la que solo se puede 
arribar gradualmente y por tramos sucesivos. Xo se comprende 
una verdadera historia universal sin el concurso de las más com- 
pletas de todos los países, comparándolas, concordándolas y se- 
leccionándolas, si me es permitido expresarme así. Análogo pro- 
cedimiento requiere la magna Historia de España que estamos 
esperando y se tardará mucho en conseguir, por su grandiosidad 
y extensión, por la escasez de elementos parciales constituyen- 
tes y por nuestra ingénita inercia y repulsión á las empresas ári- 
das y poco lucrativas. Así es que cualquiera libro de la índole de 
la Historia de Buena es una piedra más, ó un ladrillo siquiera, para 
la erección de nuestro futuro monumento historial, y por tanto 
digno de aprecio y atención; mayormente, si viene á roturar como 
éste un campo virgen y desatendido hasta el presente, pues no se 
conoce otro alguno semejante fuera de las lacónicas reseñas de 
los diccionarios geográficos ó las incidentales noticias ligeras do 
tratados de otra significación. 

Está la obra dedicada «al alcalde y concejales del ilustre Ayun- 
tamiento de Baena», en testimonio de agradecimiento por la 
protección que han prestado al autor, y la precede el interesan- 
te y bien escrito prólogo á que he aludido y que merece ser 
consultado. A continuación van dos capítulos especiales, y se- 
guidamente, en otros quince, el proceso historial de la villa de 
Baena, desde su origen presumible hasta el año de 1 868. 

El xvm se consagra á la descripción de los edificios religiosos 
y objetos sagrados, artísticos é históricos que encierra. Sigue 
una serie de biografías de personas notables tenidas por natura- 






HISTORIA DE LA VILLA DE BAENA. 403 

les de la villa; después veintidós «apéndices», consistentes en co- 
pias de documentos antiguos poco ó nada conocidos, algunos de 
ellos muy curiosos; y al fin una lista de los fundadores de aque- 
lla Sociedad Económica de Amigos del País, y otra de los corre- 
gidores y alcaldes que ha tenido Baena desde 1 591 hasta el co- 
rriente año de 1903. 

Volviendo á los dos capítulos que he llamado especiales, el 
Sr. Valverde emplea casi todo el primero, que también lo es de 
la obra, en una digresión acerca de la campaña de Julio César y 
de los hijos del gran Pompeyo enlaBética, y particularmente de 
la batalla de Munda, «considerando estrechamente unidos aque- 
llos sucesos con la historia de Baena, por haberse desarrollado 
en parto dentro de lo que hoy forma su término», aunque apar- 
tándose algo del objeto del libro (añade), y á pesar de no citarse 
para nada á Baniana en los antiguos relatos de dicha guerra. 
Con ese motivo discurre sobre la controvertida situación de la 
ciudad de Munda, que admite y da por cierto estaba en donde 
hoy la población de Montilla, cabeza de su partido en la provin- 
cia de Córdoba, á seis leguas de esta capital y cuatro de Baena. 
Como quiera que es de alta importancia histórica el descubri- 
miento del campo en que César ganó su última batalla, abatiendo 
el poder de los Pompeyos con transcendentales consecuencias 
para el pueblo romano, y en mi calidad de militar me juzgo obli- 
gado á seguir al autor en. este empeño, bien que sin aspirar á la 
solución de un tema en que tantos me han precedido bajo dife- 
rentes puntos de vista. Pero á fin de no interrumpir el asunto 
primordial del presente escrito, trataré de ello en forma de nota 
aparte. 

El capítulo segundo da á conocer unas cuantas antigüedades 
romanas y otras, principalmente inscripciones, las más de ellas 
sepulcrales, describiéndolas, comentándolas y consignando su pro- 
cedencia y paradero; bien pocas, seguramente, si se atiende á la 
abundancia que debe haber ignorada, según el número y catego- 
ría de las poblaciones y fortalezas que existieron en aquella tie- 
rra, y cuyos restos yacen cubiertos por el suelo cultivado y por 
las construcciones modernas; algunas han sido halladas por el se- 



404 BOLETÍN DE I.A REAL ACADEMIA DE I. A HISTORIA. 

ñor Valverde mismo, y de ellas tiene ya noticia la Academia, y 
entro las demás figura una muy notable por su singularidad, y 
es una cruz simbólica di- fe en nuestro Señor Jesucristo, hecha 
de metal fundido, de más de una tercia de altura, y pertenecien- 
te al siglo vi ó vil de nuestra era, la que ha adoptado como em- 
blema en la portada del libro. 

La composición del cuadro es acabada, el dibujo correcto, el 
colorido severo, los detalles selectos y relativamente armónico 
el marco, que aquí es la parte artística y tipográfica; formando 
un conjunto serio, agradable y proporcionado á la importancia 
del argumento. Abraza los asuntos convenientes, los distribuye 
y enlaza con el debido método y los expone con entera cla- 
ridad: omitiendo las nimiedades é insignificancias sin valor, las 
consejas y creencias vulgares infundadas y los apasionamien- 
tos v parcialidades en que es costumbre incurrir; y emplea, 
en fin, un lenguaje natural y persuasivo, exento de alambi- 
cados primores y pretenciosa exhibición personal, pero ador- 
nado de juiciosa erudición reveladora de sólida cultura inte- 
lectual. 

Por estos medios el autor se apodera poco á poco del ánimo 
del lector, quien va connaturalizándose con las evoluciones de 
los tiempos y haciéndose partícipe de los progresos de Baena en 
todos los órdenes; interesándose en los sucesos y alternativas en 
usos, costumbres, sentimientos religiosos, instrucción , beneficen- 
cia, policía, higiene, administración, justicia, agricultura, industria, 
Comercio y lemas rasgos característicos que constituyen la vida 
social. 

La atenta lectura de la obra da á entender las fatigas y des- 
velos del autor, BUS viajes y exploraciones, sus registros de archi- 
vos y bibliotecas, y los inevitables disgustos, desengaños, con- 
trariedades v dispendios; todo en beneficio de la instrucción ge- 
neral y particularmente dé los naturales del país, quienes se 
apresuran, sin duda, á adquirir el primer libro que los da á co- 
nocer al mundo y á sí mismos, si no quieren mostrarse ingratos 
é indiferentes á los beneficios de la ilustración. 

Por lodo lo dicho conceptúo la Historia de Baena de I). Lran- 



MUNDA rOMPEYANA. 405 

cisco Valverde como obra de mérito relevante, digna de figurar 
en todas las bibliotecas. 

La Academia, no obstante, resolverá conforme á su alta sabi- 
duría. 

Madrid, 17 de Abril de 1903. 

Adolfo Carrasco. 



IV. 



DISQUISICIÓN ACERCA DE LA ANTIGUA CIUDAD 
DE MUNDA POMPEYANA (1). 

Hasta ahora hay conformidad absoluta en cuanto á la existen- 
cia histórica de nuestra Munda, pero se desconoce enteramente 
su situación geográfica, dato indispensable para darse cuenta ca- 
bal de aquella guerra civil ferocísima en que se derramó tanta 
sangre española en ambos bandos, sin que ninguno de éstos se 
curase de tamaños sacrificios por parte de quienes de todos mo- 
dos habían de ser víctimas. Varias Mundas ha habido en la Pe- 
nínsula Ibérica (2), y aun muchas, si se ha de creer al Barón de 
I lumboldt, quien sostiene que munda significa monte, que con- 
servan los bascos en mendía, mundía y otras voces semejantes; 
el caso es acertar con la auténtica é indisputable. 

Se admitía generalmente que la Munda en cuestión fué la lla- 
mada hoy villa de Monda, de la provincia de Málaga y partido 
de Coín, la cual, sin embargo, no coincide en. sus señas topográ- 
ficas con la descripción que da Hircio en su Guerra Hispánica. 
Esta opinión irreflexiva, hija de resabios eufónicos (por más que 



(1) Adjunta al informe sobre la Historia de Baena. 

(2) D. Aureliano Fernández Guerra recuerda hasta siete en su Munda 
Pompeyana. Sin embargo, López Bustamante, en el Examen de las medallas 
atribuidas á Munda, afirma que ninguna de las poquísimas conocidas per- 
tenecen á ciudad alguna de este nombre. 



40Ó BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

algunos atribuyan etimología arábiga al vocablo Monda), ha pre- 
valecido hasta que Pérez Bayer la desvaneció en 1782, demos- 
trando que en aquellos contornos no podían evolucionar ni ba- 
tirse dos ejércitos tan considerables como los de César y Cneo 
Pompeyo, y que las distancias de tal población á otros lugares 
que juegan en aquella guerra no conciertan con los tiempos en 
que se afirma fueron recorridas por las tropas, esto aparte de no 
haberse encontrado por allí ruinas, inscripciones ni vestigios con- 
memorativos de Munda. Mas, si bien no pudo tener este empla- 
zamiento, menos le conviene el que se inclina á concederle el 
mencionado crítico, que es en la villa de Monturque (la antigua 
Meruera en la provincia de Córdoba, entre Cabra y Aguilar, á 
ocho leguas de la capital), porque en ella no concurren las cir- 
cunstancias locales requeridas, aunque no haya la dificultad de 
las distancias. 

Cortés y López, en su Diccionario geográfico c histórico (1836), 
rechaza la designación de Monturque, prefiriendo Montilla á seis 
leguas de Córdoba. A este parecer se adhiere el Sr. Valverde en 
su Historia de Bacna, y lo puntualiza con ayuda de un croquis 
muy expresivo y apoyo de varios estudios modernos de perso- 
nas competentes nacionales y extranjeras, explicando plausible- 
mente los lances de la batalla. 

I). Rafael Atienza y Huertos publicó en 1857 un folleto titula- 
do La Munda de los Romanos y su concordancia con la ciudad de 
Ronda: Ya se sabe que Ronda pertenece á la provincia de Mala- 
nga en sus límites con la de Cádiz y á once leguas de aquella ca- 
pital. El autor desecha las proposiciones que habían precedido, 
incluso la del Castillo de Víboras en la sierra de este nombre de 
la provincia de Jaén, cerca de la de Córdoba, indicada por Fer- 
nández de Sousa, y decididamente inaceptable. Reconoce que 
Ronda es la antigua Arunda, y dice que este nombre procede de 
Munda y luego se convirtió en Ronda. Refiere que allí hay una 
enorme piedra, que por su mucho peso no puede haber sido lle- 
vada de otra parte, y sirve de brocal á un pozo, en la cual se leen 
unos letreros latinos, cuya versión, según D.José VelaLópez, es: 
El senado y pueblo romano erigieron esta ara al dios Marte». — 



MUNDA POMPEYANA. 407 

«El César á la ciudad de Munda. Año I». Y concluye, que la po- 
sición elevada, la llanura adyacente, el arroyo que la corta y ac- 
cidentes de éste, cuadran con el relato de Hircio (quien no hu- 
biera dejado de mencionar, por cierto, el famoso tajo ó cortadu- 
ra). Queda en pie lo concerniente á las distancias. Lo único ad- 
misible es que Cneo, en el colmo de su desgracia-, acudiera á am- 
pararse de aquellas escabrosidades y se ocultara y fuera muerto 
en la caverna vecina, todavía denominada de Pompeyo. 

Toca ahora el turno á D. José Oliver y Hurtado, quien fué co- 
misionado, en 1864, por esta Real Academia, «para explorar el 
territorio en que debieron tener efecto los últimos sucesos de la 
guerra pompeyana». En cumplimiento, recorrió el Sr. Oliver «las 
ruinas, despoblados, accidentes topográficos y todo linaje de an- 
tigüedades de que pudo adquirir noticias en los parajes situados 
á la banda meridional del río Genil, por la parte en que corre 
fronterizo de la sierra, al Xorte de las ciudades de Málaga y Ron- 
da», haciendo buen acopio de medallas y objetos artísticos, así 
como de noticias históricas y geográficas; pero sin adelantar ni 
un paso en el descubrimiento de la anhelada Munda, á lo que no 
contribuyó poco la idea preconcebida de que esta ciudad se de- 
bía hallar necesariamente en aquel territorio, al Sur y próxima 
de Osuna, supuesto que una vez tomada Munda, se revolvieron 
sobre Osuna las huestes cesarianas, transportando para expugnar 
ésta los aprestos que habían servido en la otra, á causa de estar 
Osuna exhausta de arbolado legua y media ó dos en circuito. En 
la Memoria que sobre sus gestiones presentó á la Academia con 
el título de Viaje arqueológico, etc., declara que todavía no se po- 
día fijar el punto deseado, aunque congratulándose, con harta 
razón, de que por otros conceptos no habían sido infructuosas 
sus discretas investigaciones. Es de notar que no advirtió señales 
ni sospechas de Munda en los cerros de la Rosa Alta y del Ace- 
buche (de que luego hablaré), no lejanos de la Puebla de Cazalla, 
á pesar de la tradición extendida en este vecindario de que las 
ruinas que allí se contemplan deben ser las de Munda Pompeya- 
na; ni percibió indicios tampoco en el cerro de Cabeza de Repla, 
cerca del pueblo de los Corrales, que es donde situó Munda el 



408 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

arcediano do Ronda I). Laureano Padilla, cronista del emperador 
Carlos V; y renunció, por último, á su pasada propia opinión fa- 
vorable á Ronda la vieja, convencido de que ésta os la antigua 
Acinippo. 

En 1866 dio á luz I). Aureliano Fernández Guerra su Munda 
Pompeyana, que no os sino un dictamen sobre la Memoria de 
igual título de los Sres. D. José y D. Manuel ( )liver, premiada por 
esta Real Academia el año de 1860 en el certamen abierto para 
recompensar la mejor «Demostración del sitio que ocupó la céle- 
bre ciudad pompeyana de Munda», en la cual Memoria- se opi- 
naba que el sitio buscado era el mismo que hoy se llama Ronda 
la vieja, según acabo de consignar. El Sr. Fernández Guerra, en 
su eruditísimo y sabio escrito, desaprueba esta conclusión, lo mis- 
mo que las demás enumeradas, é igualmente la sierra de Estepa, 
á que antes se había inclinado, y Mezquitilla sobre el río Corbo- 
nes, de la provincia de Sevilla cerca de la de Málaga, que algu- 
nos habían indicado; unas por razones geográficas, otras por las 
topográficas, y las demás por las históricas, etc. Y sin determi- 
nar cuál sea en definitiva, simpatiza con el cerro y contigua lla- 
nada de la Rosa Alta, ya dicha, entre Osuna, los Corrales y Ca- 
zalla; por ser el punto estratégico y llave de todas las posiciones 
de la Bética, cruce de los diversos caminos por los que Poriipe- 
yo podía recibir socorros, en donde concurren los accidentes to- 
pográficos de rúbrica y el pie forzado de la proximidad de ( )su- 
na; item más, por el arraigado convencimiento en dicho señor de 
que no podía estar en el ángulo de terreno de la provincia de 
Córdoba comprendido entre el Guadalquivir y el Genil. 

A fin de poder juzgar desapasionadamente y sin prejuicios, es 
menester recordar en breve pero exacto compendio lo que apa- 
rece en la Gwrra Hispánica, atribuida á Hircio, que es la fuente 
en que Han bebido los autores sucesivos, aunque no habiendo to- 
dos digerido bien sus aguas, ciertamente algo turbias. 

Julio César desembarcó en Sagunto, y desde aquí en diez días 
con sus tropas se puso á marchas forzadas en Obuleo (Porcuna, 
en la provincia do Jaén). Cneo, el mayor de los hermanos Pom- 
peyos, estaba á la sazón sitiando á Ulia (Montemayor, de la pro- 



MUNDA POMPEYANA. 4OC). 

vincia y á una jornada de Córdoba), mientras el menor, Sexto, 
se mantenía en Córdoba. César, después de haber introducido 
un buen refuerzo en Ulia, se dirigió á amenazar á Córdoba, lo- 
grando así que Cneo abandonase el sitio de Ulia por ir á soco- 
rrer á Córdoba. Entonces César se apartó de esta plaza y em- 
prendió el sitio de Attegua (Teba la vieja, á media jornada de 
Córdoba y á la derecha del río Salso, hoy Cuadajoz). Cneo le 
siguió, yendo á situarse á media legua de Attegua, entre ésta y 
Ucubi (ó Lugubi, como le llama Hircio), á la parte opuesta del 
expresado río, para desde esta posición incomodar á su contrin- 
cante, como lo estuvo haciendo hasta que Attegua se rindió el 1 2 
de Febrero del nuevo calendario, año 45 antes de la era cristia- 
na. En vista 'de esto Cneo se acogió á los muros de Ucubi , si- 
guiéndose repetidos combates y peripecias que no son de mi ob- 
jeto. Por fin Cneo Pompeyo abandonó á Ucubi en los primeros 
días de Marzo, y fué á establecer su campamento en unos oliva- 
res al lado de Ipagro ( Aguilar, entre Montilla y Monturque á 
siete leguas de Córdoba). 

Aquí comienza la obscuridad de Hircio. Dice que César levan- 
tó luego su campo también, después de quemar á Ucubi, y atacó* 
seguidamente á Ventisponte (hacia Puente Genil, á orillas del río 
de este nombre y nueve leguas de Córdoba), que se entregó, 
desde donde, marchando contra Cárnica (que se supone en Car- 
cabuey, de la misma provincia de Córdoba y á once leguas de 
ésta), «acampó frente á Pompeyo, quien prendió fuego á la plaza 
por haberle cerrado sus puertas». E inmediatamente, sin transi- 
ción, noticias, referencias ni detalles, añade en concreto: «Ha- 
biendo llegado de allí á la llanura de Munda, César acampó en- 
frente de Pompeyo, y el día siguiente cuando quería partir, supo 
que Pompeyo estaba formado en batalla desde la media noche;», 
y César se determinó á dar el combate, día i/- 

A continuación, y antes de relatar la batalla, advierte que 
aquel país está lleno de montañas, «como ya había dicho». Cuen- 
ta que, terminada la acción, los enemigos se retiraron á Munda 
para defenderse en ella, y se procedió á la circunvalación; que 
Valerio se salvó en Córdoba con alguna caballería y dio aviso de 



4IO boletín de la real academia de la historia. 

la rota á Sexto Pompcyo, quien á la primera vigilia de la misma 
noche se ausentó de la ciudad. Por otra parte, Cneo Pompeyo, 
con algunas fuerzas de caballería é infantería, huyó á Carteya 
(Rocadillo en la bahía de Algeciras), donde estaba su escuadra 
naval, «á más de 40 Leguas de Córdoba», y sigue narrando los 
sucesos de Cneo hasta su muerte. Volviendo á César, refiere que 
éste, después de cercada Munda y confiado el'sitio á Fabio Má- 
ximo, marchó á Córdoba, que tomó; de ésta á Sevilla, de que 
también se apoderó; y luego lo mismo de Asta y de las demás 
ciudades que encontró á su paso hasta Cádiz; é intercala que la 
cabeza de Cneo le fué presentada al entrar en Sevilla el día 12 
de Abril. Más adelante especifica que los contornos de Osuna 
estaban talados por disposición de Pompeyo el menor, que se 
había encerrado en ella. 

Aunque estas cosas son muy sabidas, me ha parecido conve- 
niente recordarlas con toda fidelidad para fijar las ideas; y con 
el mismo objeto divido los comentaristas modernos de aquellas 
guerras en dos grupos bien definidos: el de los que suponen á 
Munda situada en la provincia de Córdoba, entre el Guadalqui- 
vir y <'l Geríil, y el de los que pretenden que la incógnita ciudad 
estaba fuera de la provincia, al otro lado del último de los cita- 
dos ríos; y empezaré por el primero de esos grupos, caracteri- 
zándole en la hipótesis de Montilla, que defiende y explica el 
Sr. Valverde en su Historia de Baena. 

Estando todos de acuerdo hasta que Cneo Pompeyo se trasla- 
dó á Ipagro (Aguilar) y César levantó su campo é incendió á 
Úcubi, de este punto partirán mis reflexiones. Valverde admite 
que Cneo permaneció en Ipagro ó sus inmediaciones hasta la 
víspera de la batalla. Entretanto César, á juicio del mismo autor, 
marchó por donde están Castro del Río y Baena, á contraco- 
rriente d'eJ río Marbella; tomó á continuación por la cañada que 
separa el monte Horquera de la sierra de Euque, y desembocó 
en la llanura de Cabra, llegando hasta Ventisponte; habiendo ro- 
deado y dado en todo este trayecto de 90 kilómetros el costado 
derecho al enemigo, que era dueño de los montes de dicho lado 
y estacionaba en aquellas campiñas de Cabra, Aguilar y Mon- 



MUNDA POMPEYANA. 4 I 1 

turque. Una vez tomado Ventisponte sin resistencia el 10 de 
Marzo, regresó César sin oposición por el mismo camino al aban- 
donado Ucubi (Espejo). 

Aquí no se sabe qué admirar más, si semejante marcha y con- 
tramarcha de flanco de un inmenso ejército con numerosa caba- 
llería por parajes tan estrechos y dificultosos, á la vista y alcance 
de un adversario fuerte y bien establecido, ó la apatía de ese ad- 
versario que lo consiente impasible, y sin más fin aparente que 
el de tomar á Ventisponte, y quizá á Cárnica á costa de un pe- 
queño desvío, si en efecto estaba en Carcabuey, fortalezas que 
nada embarazaban, ni habían embarazado, á no ser que el desig- 
nio hubiera sido cortar la retirada á Pompeyo enseñoreándose 
del puente, por no ser vadeable el Genil en la estación reinante; 
plan increíble, requiriendo tres jornadas penosas, mientras á 
Cneo le bastaba una corta para llegar al río, y en todo caso 
podía César impedirle el pasaje con solo seguir directamente el 
movimiento. Por lo demás, les fué factible acampar uno enfronte 
de otro en el tránsito de Ventisponte á Cárruca, en la forma que 
Valverde indica en su croquis. Pero, ¿adonde iba César cuando 
en los campos de Munda supo los preparativos de Cneo para la 
batalla? 

Pasadas estas cosas tan inverosímiles que calla Hircio, las sub- 
siguientes ya son explicables con arreglo á las distancias y situa- 
ciones. En efecto, pudo muy bien saberse en Córdoba la misma 
noche el desastre de Pompeyo, vera lo más lógico y natural que 
César se echase lo primero sobre dicha capital, como lo era 
igualmente que allí encontrase recogidas las legiones de libertos 
y prófugos, y la valerosa décimatercia, procedentes del ejército 
derrotado, por efecto de la corta distancia; y no lo es menos 
que el vencedor siguiera el curso del Guadalquivir y fuera some- 
tiendo por su orden Sevilla y las demás ciudades, hasta Cádiz, que 
le era adicta, en tanto que simultáneamente Fabio Máximo, en 
dirección paralela, iba desde Munda á reducir á Urso (Osuna, de 
la provincia de Sevilla); sin que se pueda objetar razonablemente 
á esto como obtáculo insuperable la necesidad que hubo de con- 
ducir á Urso los pertrechos que habían servido en Munda, aun- 



412 BOLETÍN DE LA REAX ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

que estuviera ésta en Montilla, no existiendo ya entonces ejér- 
cito de socorro que lo estorbara. Vese, pues, que en esta hipó- 
tesis lo ambiguo y cuestionable es lo relativo á la maniobra de 
los cesarianos de ucubi á Ymtisponte y viceversa, toda vez que 
las circunstancias del lugar del combate convienen con las señas 
que suministra Hircio, según los que han hecho el examen prác- 
tico y visual, lo que no sucede en los demás sistemas propuestos. 

Ahora vamos al segundo grupo, que reduciré al informe del 
Sr. Fernández (hierra, porque resume y rebate las otras opi- 
niones y es el menos opuesto á la acabada de considerar. Tomo 
el mismo punto de partida, Ipagro. Pompeyo se dirigió desde 
aquí á la remota Carteya, pasando por Ventipo (que equipara á 
Ventisponte), Márruca (las Marcas) y Urso (Osuna); pero desde 
ésta torció á su derecha, como en demanda de Sevilla, y en tér- 
mino de Cazalla (Cárula) presentó la batalla á su contrario, pu- 
diendo haber sido el sitio fijo del conflicto, al parecer del autor, 
el cerro de la Rosa Alta, por los motivos que quedan insinuados. 
Esta es la exposición; pasemos ahora á las observaciones. 

Seguramente en ese espacio comprendido entre Cárula (Ca/a- 
11a, de la provincia de Sevilla) y Ostippo (Teba, de la de Mála- 
ga), se hallaba el nudo estratégico de la porción de Hética i i ) 
del lado izquierdo del Guadalquivir; y si esta parte hubiera sido 
una comarca independiente y aislada, allí debía haber habido un 
poderoso núcleo de fuerzas para atender á cualquiera de las. ex- 
tremidades por donde se presentase una amenaza, para impedir 
al enemigo la comunicación entre puntos opuestos y para eva- 
dirse ó fraccionarse en caso necesario. Pero la defensa no estaba 
así organizada, sino que se acumulaba en Córdoba, posición cen- 
tral de toda la Hética, importante por sí misma y por sus enlaces 
con las demás principales de la región, y por radicar en el Gua- 
dalquivir, mediante el cual se comunicaba fácilmente con la po- 
derosa Sevilla y con el mar. Por eso cuando llegó César, todo el 



(i) Aunque hasta Octavio no se sancionó la división territorial espa- 
ñola de que era una parte la Bútica, ya estaba proyectada en el tiempo 
á que me refiero, y se presta muy bien á mis explicaciones. 



MUNDA POMPEYANA. 



413 



grueso de tropas de los Pompcyos se hallaba concentrado en 
Córdoba, en cuya provincia se desarrollaron los hechos culmi- 
nantes de aquella guerra. 

Si se dio la gran batalla en el cerro de la Rosa Alta, fué fortui- 
tamente y no de resultas de un plan combinado; pues según la 
hipótesis de que me voy haciendo cargo, César caminaba en di- 
rección paralela y un poco retrasado de Pompeyo por la dere- 
cha de éste (suponiendo que hubiera por donde hacerlo), y cuan- 
do Pompeyo cambió de rumbo, pasado Urso, tuvo que cortar la 
línea que seguía César, encontrándose ambos ejércitos sin pen- 
sarlo. Por cierto que al decir del aludido Oliver, la topografía del 
sitio difiere de la señalada por Hircio, á lo que se contesta, que 
en veinte siglos todo ha podido variar, allanándose los montes, 
cegándose los barrancos, cambiando de curso las aguas, etc. 

Remontando de nuevo al principio. ¿Adonde y para qué em- 
prendió Cneo tan prolongada caminata á través de toda la Boti- 
ca sin haber sido derrotado, dejando abandonada Córdoba á mer- 
ced de su enemigo, y con tal aglomeración de gente desmorali- 
zada por aquella especie de huida, tan difícil de mantener y mane- 
jar que formaba una columna de marcha de leguas de extensión? 
Porque si iba á Cartcya quedaba también desamparada Sevilla y 
otras plazas, y si lograba asirse de su ya quebrantada escuadra 
(insuficiente para embarcar el ejército), nada próspero podía pro- 
meterse estando Didio en Cádiz con la de Julio César; y si trata- 
ba solo de buscar el apoyo de una plaza fuerte para dar la bata- 
lla, no necesitaba ir tan lejos para encontrarla, incluso la misma 
de Urso ú Osuna, que se dejó atrás. 

Por otra parte, es bien raro que Hircio registre cuidadosamen- 
te la traslación del campamento de Pompeyo á unos olivares, y 
luego no diga nada del paso del Gcnil ni de la marcha de los dos 
ejércitos enemigos casi en contacto hasta la llegada al campo de 
batalla. Al describir este campo expresa que, «todo aquel país 
está lleno de montañas, como ya había dicho», siendo así que hasta 
este momento solo había hablado del territorio de Ucubi, Attcgua 
y cercanías en que se habían verificado los sucesos anteriores al 
planteamiento del campo de los olivares de Ipagro, y solo de es- 



414 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

tos sitios y no de otro alguno manifiesta la montuosidad en va- 
rios pasajes de su discurso, por lo cual la observación parece re- 
ferirse precisamente á estos sitios nada más. Terminada la bata- 
lla, dice que Cneo huyó á Carteya, añadiendo <já más de 40 
leguas de Córdoba»; y no se comprende á qué citar la distancia 
desde esta ciudad y no desde Munda, que era el punto de origen. 
Nótese (pie la distancia á Carteya viene á ser igual desde Córdo- 
ba que desde Montilla, la Munda del Sr. Valverde. 

Hay más todavía, y es que entre Yentipo y Urso no existía 
Curuca (en donde estuvieron fronteros los campos enemigos), y 
sí solo Márruca (hoy las Marcas); y como Hircio señala termi- 
nantemente Cárnica, se quiere subsanar esta discordancia supo- 
niendo que los copiantes de Hircio se equivocaron escribiendo 
Cárnica en vez de Márruca. 

Concluida la batalla, nada más propio que la fuga del vencido 
Cneo con unos pocos á Carteya, cualquiera que fuese la distan- 
cia, para ampararse en la escuadra; pero lo demás que se sigue 
carece de explicación racional. ¿Cómo desde aquí Sexto Pompe - 
yo recibió noticia de la catástrofe á tiempo para marcharse de 
( órdoba antes de media noche, previa distribución de riquezas y 
preparativos indispensables? ¿Cómo acudieron allí mismo en se- 
guida las legiones que habían podido salvarse, y no á Sevilla, que 
estaba más á mano, y mejor á la vecina Osuna ú otros lugares 
fortificados próximos? ¿Por qué César prefirió ir á tomar á Cór- 
doba primero que á Sevilla ú ( )suna, donde pudo coger á Sexto, 
que se trasladó aquí desde Córdoba? Y ¿por qué este Sexto fin- á 
guarecerse justamente en Osuna estando aún al lado César cir- 
cunvalando á Munda? Y ¿cómo no se puso impedimento al sitio 
de Munda desde la misma Csuna, que tantas disposiciones de 
defensa adoptó después de la batalla? (I). Estos reparos y otros 
varios que se podrían hacer son extensivos en mayor escala á 
las hipótesis de otras Mundas más lejanas de la provincia de Cór- 
doba, ya olvidadas por sus propios autores. A mí me parece que 



(1) También se prescinde aquí de Plinio, que coloca á Munda entre 
Urso y Ucubi. 



MUNDA POMPEYANA. 



415 

cualquiera mediano militar hubiera obrado muy diferentemente 
de como se supone lo hicieron César, Cneo y Sexto en la hipó- 
tesis que acabo de considerar. 

No abrigo predilección ni antipatía hacia ninguna de las Hun- 
das propuestas ni por las que aún no han salido á relucir, máxi- 
me no habiendo estudiado las localidades por mí mismo; pero 
considero como un tributo debido á la verdad exponer lealmcn- 
te las dudas que se ofrezcan en esclarecimiento de los hechos, ya 
que las deficiencias de la Guerra Hispánica, atribuida á Hircio, 
den lugar á todo género de suposiciones y fantasías, en su mayor 
parte ajenas á los principios de la ciencia militar, de que no es 
posible prescindir tratándose de una guerra. 

Ya redactado este papel, ha venido á parar á mis manos la 
Breve reseña de las campañas de Cayo Julio César en España, y 
examen crítico de la situación de Munda, por el comandante de 
Estado Mayor D. J. M. Sánchez Molero, que se publicó en Ma- 
drid el año de 1867, posteriormente á todos los escritos antes 
mencionados, y no puedo menos de dedicarla algunas palabras,. 
por cierto con satisfacción por su conformidad con mis aprecia- 
ciones, como no podía menos de ser, procediendo de los mismos 
fundamentos. 

Este jefe formó parte de la Comisión que por mandato del 
Gobierno, á ruegos del emperador Napoleón III, levantó el plano 
de la comarca que fué teatro de la guerra entre César y los Pom- 
peyos, y además practicó por cuenta propia repetidos y prolijos 
reconocimientos y estudios, dirigidos al objeto que expresa el tí- 
tulo de su obra. Las conclusiones son, que Munda no pudo estar 
de ningún modo al Sur del Genil, sino á la parte opuesta en la 
provincia de Córdoba ó muy cerca de ella; y que aunque no se 
puede adoptar todavía la solución de Montilla, es la que hasta 
ahora ofrece más probabilidades de certeza. 

A. Carrasco. 



NOTICIAS 



Los monumentos nacionales. — La España moderna , revista de Madrid, 
en el tomo correspondiente al mes de Abril inserta un artículo dirigido 
al K.xcino. Sr. Ministro de Instrucción pública, por D. Rodrigo Amador 
de los Ríos, de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, con el tí- 
tulo de este epígrafe. Empieza historiando los trabajos de la Comisión 
Coi/ral de Monumentos, 'instituida el año 1844 con objeto de velar en las 
esferas administrativas por la conservación de cuantos prestasen interés 
«n el doble campo del Arte y de la Historia y compuesta con personas de 
ilustración reconocida. Reseña los que sucesivamente han merecido la 
declaración de Nacionales, hasta el número de ochenta, incluidos en el 
catálogo publicado anualmente por las Academias de la Historia y de 
San Fernando; los clasifica en cuadros, por períodos históricos, y propone 
que modificando la nómina oficial se dividan en tres categorías, de forma 
que quede á cargo del Estado la conservación efectiva de los que entren 
en la principal, y se asigne á las Diputaciones y Ayuntamientos la de los 
componentes de las otras dos, obligando á estas corporaciones á consig- 
nar en los referidos presupuestos las cantidades necesarias para atender 
práctica y debidamente á una necesidad que tanto importa á la cultura. 



Eduardo Cat. — Ha fallecido en Argel el profesor de Historia y Geogra- 
fía Eduardo Cat, Correspondiente de la Academia. Entre las obras inte- 
resantes de que era autor son de citar: Vie, gloire et Üisgráces de Christo- 
pltc Colomh (París, 1882, in-12); Les grandes découvertes maritimes du 
>' ![/<• auXVfc siecle (Paris, 1882, in-12); Ckarles-Quint{Pavis, i883,in-i2); 
Cu Coin </e l'Alge'rie 1 Paris, 1883, in-12); Les premiéis explorateurs de 
l'Ame'rique (Paris, 1883, in-161; Les grands voy ages (Paris; 1883, in-18); 
Découvertes el explorátions du XV ÍL au XfXe siecle (Paris, 1884, in-12); 
Iissai sur la vie et les ouvrages du chroniqueur Gonzalo de Ayora, suivi de 
fragments inédits de sa Cl/ronú/ue (Paris, 1890, gr. in-8); Notice sur la car te 
de l'Ogopué (París, 1890, in-8); Précis de l'kistoire de l'Alge'rie francaise 
I Alger, 1890, in-16). 

En el último número de la Revista de la Asociación Artistico-ÁrqUeológica 
Enero-Marzo) ha salido á luz una de las lápidas romanas nuevamente 
des< ubiertas en Barcelona, de las que diferimos el hablar para otro cua- 
derno del Boletín, por sobra de material en éste. 

F. F.-C. F. D. 



tomo xlii. Junio, 1903. CUADERNO vi. 

BOLETÍN 

DE LA 

REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



INFORMES 



EMANUELE THERESE. 

SU HISTORIA POR LA INFANTA DE ESPAÑA DOÑA MARÍA DE LA PAZ, 
PRINCESA LUÍS FERNANDO DE BAVIERA. 

Cuando hemos tenido en España tantas Infantas, Reinas y has- 
ta Emperatrices que eligieran un monasterio para morada de re- 
cogimiento y oración, abandonando los palacios en que habían 
nacido y las fiestas y saraos con que se había querido retenerlas 
en el siglo, no parece debiera traerse á la memoria de esta Real 
Academia la de la hija de un soberano alemán, por ejemplar que 
hubiese sido su vida y por meritorios que fueran los servicios 
prestados por su padre á la dinastía que hoy rige los destinos de 
nuestra patria. Pero media una circunstancia que, no solo reco- 
mienda esa conmemoración, sino que parece exigirla, la de que 
el autor del escrito en que se ha hecho al público, es otra Prin- 
cesa, y esa española, joya tan preciada de nuestra Familia Real, 
que se haría verdaderamente lamentable el no comunicar á sus 
compatriotas la notabilísima producción de sus privilegiados ta- 
lentos. 

. Esa producción es la Historia de la Princesa María Ana Caro- 
lina, en el claustro Emanuélc Thérese, hija del Elector Maximilia- 
no Emanuel de Baviera, y el autor, la Infanta de España María 
tomo xlii. 27 



4i8 BOLETÍN de la real academia de la historia. 

de la Paz, princesa Luís Fernando do Baviera, también herma- 
na, ella, de nuestro inolvidable soberano Alfonso XII, é hijo, él, 
do otra Infanta, Amelia, viuda del Príncipe Adalberto, todos bien 
conocidos y estimadísimos en este país y su corte. Pero es que, 
además, la Infanta Paz pasa entre nosotros por poetisa notable, 
autora de composiciones que, como la dedicada á la Virgen do 
la Almudena, primera que dio á luz con aplauso universal, están 
revelando su gran piedad y un patriotismo, sobre todo, que la 
hacen doblemente cara á los españoles en general, y á los aman- 
tos de las letras en esta tierra que tanto se ha distinguido en su 
ejercicio. 

Todo eso y el culto que siempre he rendido á las virtudes, á 
la hermosura y el talento de tan excelsa princesa, ornato precia- 
dísimo do la Corte española, me mueve á ofrecer á esta Real 
Academia el juicio de su reciente obra, que el cielo hará no sea 
la última, habiéndose ya anunciado que se estaba preparando 
otra referente á la Historia de nuestra patria. 

La de la Princesa Emanuéle Thérese de Baviera es en extremo 
peregrina. Peregrina, sí; y más por lo que puede calcularse que 
por lo que se dice en la escrita por la Infanta Paz, atenta solo, 
como es natural, á narrar la vida y cualidades de su protagonista. 

Una niña en tan alta esfera nacida, de constitución física im- 
perfecta, según se dice, enfermiza, por consiguiente, y necesita- 
da do cuidados extrardinarios y do medicamentos que admiran, 
y con razón, por su número y calidad á la autora del libro, tenía 
que inspirar afectuoso interés y grandes preocupaciones para su 
porvenir. 

Véase con qué gracia, verdaderamente ática, cuéntala Infanta 
Paz el estado de salud de la Princesita tros años después de ésta 
venir al mundo: desgraciadamente, dice, la pobre niña no go- 
zaba dé buena salud. Siendo médico mi marido el Príncipe Luís 
Fernando, sea permitido á la mujer de un médico reproducir por 
completo el atestado de un doctor de Bruselas <•! 25 de bebrero 
de 1699, y en que hace constar su temperamento bilioso y lle- 
mático, así como su constitución, que califica de Rackitis». V 
después de ir designando minuciosamente la medicación impues- 



EMANUELE THERESE. 419 

ta por aquel doctor, entre cuyos componentes entra el que llama 
polvo católico, destinado á corregir el estado linfático de la infeliz 
enferma, añade nuestra egregia compatriota el párrafo siguiente, 
con tanto donaire como ingenuidad: 

«Cierto que el tratamiento medical de aquel tiempo era muy 
diferente del de nuestros días! He preguntado á mi marido qué 
es eso de los polvos católicos, y me ha contestado sonriéndose 
que ya no existen en la farmacopea moderna». 

Pues bien, esa niña, cada vez más delicada, presa frecuente- 
mente de la fiebre, de convulsiones, de catarros y, según es de 
presumir, de una tristeza muy extraordinaria, va á ser una se- 
gunda madre de hermanos menores que ella, su ángel custodio 
•en las adversidades de que la política de su patria hace víctima 
á toda su familia. 

Porque, sobreviniendo en Europa la llamada Guerra de Suce- 
sión á la corona de España por el fallecimiento de Carlos II, el 
padre de Emamtélc Théresc, el héroe de Buda, de Mohacz y Bel- 
grado al servicio de Austria, pero Gobernador desde 1 692 de 
nuestros Países Bajos, tomó partido por la Francia, y, de consi- 
guiente, por la causa de Felipe V. En un principio, y siendo fa- 
vorables las primeras campañas en Italia, Andalucía y Portugal, 
nada pudo turbar en Bélgica la marcha de las operaciones bajo 
la dirección de Maximiliano Manuel de Baviera, que mandaba el 
ejército franco-bávaro-español. Por entonces la Princesa, nacida 
en Bruselas el 4 de Agosto de 1696, debía hallarse en Munich 
con su madre Theresa Cunegonde, hija del celebérrimo Sobiesky. 
Pero poco después, victoriosos de Maximiliano en Hóchstádt, 
Marlborough y el Príncipe Eugenio, la Baviera quedó á merced 
del Emperador; Munich fué ocupada por los austríacos; la Du- 
quesa tuvo que retirarse á Venecia; sus hijos mayores salieron 
también desterrados, y solo quedaron en su palacio ducal la Prin- 
cesa y dos niños, resultando, como he dicho, Emanuéle Thérése, 
<le solos ocho á nueve años, el ángel custodio de sus infelices 
hermanos. 

Por cierto que los bávaros, queriendo mostrar su lealtad á los 
hijos de su Elector, á la manera de como lo habían hecho los 



420 boletín de i.a real academia de la historia. 

húngaros á María Teresa de Austria, y prorrumpiendo en acla- 
maciones parecidas, Antes morir como B avaros que padecer la in- 
justicia del Emperador, se sublevaron contra ella, cayendo, em- 
pero, vencidos en Sendling y Aidenbach. 

La situación de la Princesa, tan niña todavía, cada vez más en- 
ferma y hasta en peligro de perder la vista, llegó á hacerse difi- 
cilísima, aun bajo la dirección de un aya que, para colmo de con- 
trariedades, creía el Elector, según dice nuestra Infanta, poco 
propia para desempeñar tal cargo. Y sin ernbargo, de tal modo 
se manejó la Princesita con sus dos hermanos, que no mucho 
después, en 1706, su padre podía dirigirle consejos como el úl- 
timo á que se refiere en una de sus cartas. «No sabríais, la es- 
cribe, darme placer mayor hasta que la bondad Divina nos 
reúna, que el de hacer todo lo posible para lograr que se os per- 
mita escribirme cada semana, ó al menos cada quince días, y que 
yo sepa por vos misma cómo estáis vos y vuestros dos queridos 
hermanos y cómo empleáis el tiempo. Pensad cu que comenzáis 
á tener una edad que no debe emplearse inútilmente». 

Esa situación de la Princesa, ya he dicho, dificilísima, se agravó 
aún mascón la rota de Villeroi en Ramillier, de Vendóme en 
Oudenarde y de Villars, por fin, en Malplaquet, que, aun siendo 
ésta la última de las victorias del implacable Marlborough, caído 
en desgracia de su soberana, y á pesar de la grandiosa de Feli- 
pe Y en Villaviciosa, nos llevaron al ominoso tratado de Utrecht,- 
que puso fin á la guerra de Sucesión. 

La Infanta Paz nos sigue contando la vida de la protagonista 
de su interesante historia, ocupada, ya al tiempo de los prelimi- 
nares de Rastatt, en la restauración del palacio y de los jardines 
de Nymphcubourg, hoy morada de nuestra egregia compatriota, 
lo feliz que hacen presumir su dulcísimo carácter, el amor de su 
sabio y simpático marido y la salud de sus hijos, circunstancias 
todas que los leales de España consideramos como garantía la 
más eficaz de la dicha allí reinante. 

Por fin, en I 71 5, los austríacos evacúan Munich y (Mitran los 
bávaros entre delirantes aclamaciones de los habitantes que, sin 
la intervención de las autoridades, hubieran cubierto de insultos 



EMANUÉLE THÉRÉSE. 42 1 

y maltratado cruelmente á los que tantos años les- habían abru- 
mado con sus atropellos y exacciones. Con eso y con la vuelta 
del Elector, la situación de la Princesa cambió completamente, 
teniendo que tomar el rango y los traeres de tal Princesa, de que 
la habían privado las desgracias que parecían inacabables de su 
familia, pero de que, sin embargo, la futura carmelita ne s'en.tira 
pas trop mal, como se manifiesta en el hermoso libro á que me 
estoy refiriendo, escrito todo él en francés, sin duda para unlver- 
salizarlo mejor. Lo que sí conmueve es el cuadro en que se re- 
cuerda el recibimiento hecho á la Eléctriz al volver del destierro 
en su palacio de Munich, cuadro pintado en el antiguo Museo 
Nacional, al que prefiere con todo la Infanta, el que, destinado al 
palacio de Schleissheim, se enseña ahora en el nuevo Museo. 
Dando su narración por la de un testigo ocular, dice la Infanta: 
«Ninguno de ellos (los hijos) podía al principio proferir una pa- 
labra. Pero la Electora los reconoció á todos y los designó uno á 
'uno con sus nombres, por más que hubiesen cambiado de aspec- 
to á tal punto, que solo los ojos de una madre habrían podido 
reconocerlos.» 

Con ese motivo se extiende la Infanta Paz en recordar cuál 
era la educación literaria, escasa en verdad, que entonces se 
daba á las señoras, señalando en las cartas de la familia ducal de 
Baviera los infinitos errores de ortografía en ellas cometidos, y 
añadiendo, así como para disculparlas, este sentidísimo apostro- 
fe: «Los padres son á veces ciegos y los príncipes están en ge- 
neral más habituados á dejarse engañar; de ahí el que Max Ema- 
nuel, hablando de Carlos Alberto á la Reina de Polonia, su sue- 
gra, cuando el Príncipe no tema más de siete años, la dijese: le 
hacen la minuta de la carta segt'in lo que él manifiesta quererme 
decir, pero escribe sin agena ayuda y sin que nadie le lleve la 
mano.» 

No hay más tampoco, sino que escribía sobre la letra escrita 
antes con lápiz. 

Pero llega el año de I/l8 en que la Princesa cuenta ya 22 
años, y se observa en ella una vocación perfectamente manifies- 
ta por la vida del claustro, que, si contrariada al pronto por el 



422 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Elector, su padre, y por su abuela la Reina de Polonia, llegó- 
por fin á realizarse, tomando el velo en Octubre del año si- 
guiente. 

Y he aquí un fragmento de la obra de nuestra Infanta en que 
muestra sus condiciones de .historiador, como narrador y filó- 
sofo. 

Al recordar la carta en que la Princesa cuenta á una monja,, 
su amiga, las dificultades que se le oponen para contrariar su vo- 
cación, se dice: 

«Lo que parece haberla hecho una profunda impresión es la 
visita de su tío, el Príncipe Constantino (hermano de su madre) 
en el otoño de 1718, cuando el Príncipe tenía 38 años y ella 221 
la Princesa hace en una carta la descripción muy detallada de su 
persona, de su conversación, de sus maneras, y resume sus im- 
presiones en las siguientes palabras traducidas del alemán: «es,, 
en una palabra, el Príncipe más amable que se puede hallar en el 
mundo, y le amo de un modo inaudito.-» 

Mientras las demás cartas están cerradas con el escudo de Ba- 
viera, ella cierra esa con un sello que representa una columna 
coronada por un corazón y á cuyo pie se encuentra un Amorci- 
llo rodeado de esta inscripción: constant et fidele. 

«¿Habremos encontrado, añade la Infanta Paz, el sentido del 
enigma?» 

Jacques Xormand dice en su poema «le román de la Mar- 
quise»: 

Sombra indeleble ó deseo pasajero, 
Toda mujer tuvo algo de novela en su vida. 

«La respuesta de la religiosa es muy lacónica en ese punto; 
solo menciona el hecho de la visita y aprovecha la ocasión para 
dirigirla un largo sermón sobre sus deberes, aconsejándola, entre 
otras cosas, que no guste tanto de su espejo ni acaricie á su pe- 
rro, que cubra bien su garganta y no ría tan alto ni muestre tan- 
ta vanidad bailando. 

Es de presumir que la monja emplea su influencia en fortale- 
cer en la Princesa su proyecto de entrar en el claustro.» 



EMANU¿LE THERÉSE. 423 

«Pero nadie preguntaba si su corazón había hablado, añade 
trasladando un párrafo del escrito de A. Barine, apropiado al 
caso: era un tiempo aquel en quedas Princesas aún compren- 
dían su papel de tales Princesas, y lo aceptaban sin murmurar 
de sus humillaciones, entre las que era sin contradicción la más 
penosa la de que no se contase con ellas para nada en su propio 
matrimonio y no reclamar su parte en la dicha doméstica.» 

«Habíanse forjado también varios proyectos para la Princesa. 
En 1 7 14, después de muerta la Reina María Luisa de España, se 
trató de un enlace con Felipe V, y el embajador de Baviera, 
conde D'Albert, andaba en negociaciones; pero la política de la 
Princesa de los Ursinos y del futuro cardenal Alberoni, que fa- 
vorecían la candidatura de su compatriota la Princesa de Parma, 
desbarató el proyecto bávaro. Es muy probable que no se ha- 
blaría de él á nuestra María Ana Carolina. En el otoño del mis- 
mo año se quiso disponer otra vez de su mano; el Elector lo 
menciona en una carta de Saint Cloud de 19 de Noviembre á la 
Reina de Polonia.» Y tras de copiar esa carta, continúa la Infanta: 
«Esa alianza con Carlos Felipe (después Elector) le convenía por 
razón de Estado para realizar la estrecha unión con la casa Pala- 
tina. La abuela se entusiasmó con esa idea y escribió á su nieta: 
después de la restauración de la casa á sil primitivo lustre, no 
restaba para que se cumplieran todos mis deseos más que el placer 
de veros coronada. 

Ese pasaje se refiere sin duda á la carta de Max Emanuel; no 
está probado, empero, si mediaron serias negociaciones sobre tal 
proyecto. 

«El deseo de la abuela, el de ver una corona en la cabeza de 
su nieta, se realizó, pero al año siguiente y en un sentido más 
elevado: el 29 de Octubre de 1/ 1 9, María Ana Carolina tomó 
el velo en. el convento de Santa Clara de l'Anger de Munich». 

No se dirá que la Infanta Paz carece de condiciones de histo- 
riador, ni que la poesía la ofrezca obstáculos á su ejercicio. 

La Princesa Ana María Carolina, que en el claustro tomó ol 
nombre de Emanuéle Thérese de los propios de sus padres, hubo, 
según llevo dicho, de vencer varios y poderosos obstáculos que 



424 BOLETÍN DE I.A REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

S ' le opusieron á la realización de su santo y al fin alcanzado pro- 
pósito. La Infanta Paz los recuerda detalladamente, ocupando 
varias páginas de su interesante libro. 

¿Para qué enumerarlos? Al describirlos, hallaríamos nuevos 
motivos para admirar la entereza de la Princesa bávara y el ta- 
lento <lr la Infanta española, tanto en las excelencias de la narra- 
ción, siempre clara y no pocas veces candidamente intenciona- 
da, si así puede decirse, como en el estilo correcto, siempre 
también, y fluido. 

La vida del claustro no es generalmente fecunda en episodios 
que exijan narración que importe á la historia; y la de Emanuéle 
Thérése, en lo que corresponde á la estancia de la Princesa que 
llevó ese nombre, tiene que carecer de esa acción peculiar á la 
vida del mundo, más en una corte como la de Baviera y cuando 
sus soberanos habían tenido que soportar ausencia tan larga y su 
familia separación tan dolorosa. Así es que el libro de la Infanta 
Paz, después de describir el convento en que se había recluido 
la Princesa, la observancia de sus reglas y las ceremonias que en 
él se celebraban, y solo deteniéndose un poco en la de la toma 
de hábito de la augusta neófita, como en la de su solemne profe- 
sión, pasa á narrar las ocupaciones á que preferentemente se de- 
dicaba en los treinta y un años que aún vivió, aunque principal- 
mente á la penitencia y la oración. 

«El 9 de Octubre de 1750, á las cinco de la mañana, dice 
nuestra Infanta, se fué á buscar al Confesor, que le dio la abso- 
lución general. La moribunda, por propia iniciativa suya, pidió 
el renovar sus votos, que la fueron pronunciados por la Abadesa 
y hubo de repetir ella, con lo que oyó en seguida la santa Misa 
y comulgó. Se comenzó á recitar las oraciones de los muertos; 
ella inclinó la cabeza, que hubo de sostenerle el Padre superior, 
y Emanuéle Thcresc dio su último suspiro murmurando: ¡Señor, 
en tus manos encomiendo mi espíritu!, entre siete y ocho de la 
mañana del 9 de Octubre de 1750, de edad ya de cincuenta y 
cuatro años». 

A esa relación de la muerte de la Princesa María Ana Caroli- 
na, añade la autora de su historia la de sus funerales y el recuen- 



EMANUKI.E THERÉSE. 425 

.to de las virtudes que la adornaron, manifestando que, si en 
cuanto á sus talentos «no estaba á la altura de Madame Luisa de 
Francia, con quien no se puede menos de compararla, había 
ciertamente merecido la palma celeste, con lo que, y un breví- 
simo epílogo, termina la Infanta Paz su interesante libro. 

Adórnanlo, como se dice en la portada, dos frontispicios en 
colores, cinco láminas fuera de texto y 43 ilustraciones dentro de 
él, un cuadro genealógico y dos piezas de música, componiendo 
en su total un volumen de 83 páginas, mas la Tabla de nombres 
y los Apéndices; todo editado en hermoso papel, con caracteres 
de imprenta perfectamente limpios y estampas iluminadas, gra- 
badas ó de fototipia, tan elegantes como apropiadas al objeto de 
la narración de tan peregrina historia. El retrato en colores de 
la Princesa y los grabados del de la misma en los diferentes perío- 
dos de su vida hasta el de su muerte; los de sus padres, herma- 
nos y parientes próximos están presentados en el libro, dando 
perfectamente á conocer el mérito de los originales allí repro- 
ducidos; pero con particularidad fijan preferentemente la aten- 
ción las láminas que representan el Encuentro de la familia elec- 
toral después de su separación, el Concierto de familia en el pala- 
cio de Nymphenbourg en ijóo y las de interiores de habitaciones 
de aquel y otros edificios en que no se sabe qué admirar más, si 
la presumible belleza de los originales ó la perfección fotográfica 
de su reproducción. También son notables las dos piezas de mú- 
sica; la primera cantada en la profesión de la Princesa, y la se- 
gunda en sus funerales. 

Es necesario ver y examinar detenidamente el libro á que me 
estoy refiriendo, si han de admirarse bastante su lujo, así como 
las infinitas bellezas de su esmeradísima edición. 

Pero lo que nos toca admirar más, y como españoles ha más 
de satisfacernos, es la composición y el texto de ese libro, donde 
la Infanta Paz ha vertido las galas de su privilegiada inteligencia, 
de su espíritu de observación, de un celo que se revela con 
toda claridad en las investigaciones que habrá necesitado hacer 
para dar relieve histórico á su narración, y de un gran gusto li- 
terario. 



42Ó BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Felicitémonos, pues, de tener en España una dama más que 
haga honor á las letras patrias, con tanto mayor lustre para ellas 
cuanto más alta es la esfera en que ha de brillar un talento, que 
se hace no poco extraordinario en el sexo de quien así lo ex- 
hibe. 

La Academia hará de este informe el uso que crea más con- 
veniente. 

Madrid, 8 de Mayo de 1903. 

José G. de Artechf. 



II. 



DISCURSOS DE MEDALLAS Y ANTIGÜEDADES 

QUE COMPUSO EL MUY ILUSTRE SEÑOR DON MARTIN DE GURREA Y ARAGÓN, DUQUE 
DE V1LLAHERMOSA, CONDE DE RIBAGORZA, SACADOS AHORA Á LUZ POR LA EX- 
CELENTÍSIMA SEÑORA DOÑA MARÍA DEL CARMEN ARAGÓN AZLOR, ACTUAL DU- 
QUESA DEL MISMO TÍTULO, CON UNA NOTICIA DE LA VIDA Y ESCRITOS DEL 
AUTOR, POR DON JOSÉ RAMÓN MÉLIDA, DE LA REAL ACADEMIA DE SAN FERNAN- 
DO, BIBLIOTECARIO DE LA CASA DE VILLAHERMOSA. — 1902. 

Este es el título del libro publicado recientemente por la 
Excma. Sra. Duquesa de Villahermosa, que V. E., con acuerdo 
de la Academia, se ha servido mandarme para informe en 6 del 
actual, y que adjunto le devuelvo cumplimentado su mandato. 

En esto libro, la ilustre dama honra á los suyos, contribuyen- 
do al mismo tiempo al esclarecimiento y estudio de la historia 
patria en la época de su mayor esplendor, dando con ello prue- 
bas de su amor al progreso literario y al arto, pues procura sa- 
car ol partido posible de los valiosos documentos y produccio- 
nes notables que se conservan en su archivo familiar, haciéndo- 
los estampar con la esplendido/ y buen gusto que en el día per- 
miten los procedimientos gráficos en sus últimos adelantos, hasta 
el punto de poder figurar honrosamente al nivel de las primeras 
publicaciones do los países más adelantados. 



DISCURSOS DE MEDALLAS Y ANTIGÜEDADES. 427 

Y no es solo patente ejemplo de ello la obra en que me 
ocupo, sino también las que le han precedido: 

Vida de la V. Duquesa Dona Luisa de Borja y Aragón y 
del R. P. Tomás Muniesa. Edición impresa en Madrid en 1876. 

La Santa Duquesa. Vida y virtudes de la Venerable y Excelen- 
tísima señora Doña Luisa de Borja y Aragón, Condesa de Riba- 
gorza y Duquesa de Villahermosa, por el R. P. Jaime Xoncll. 
Madrid, 1892. 

La importancia de estas publicaciones no pasó inadvertida 
para la Academia ni para el mundo literario, que rindieron ho- 
menaje debido á la ilustrada señora por sus iniciativas en el 
desarrollo de los estudios históricos. 

La noticia de la vida y escritos de D. Martín de Gurrea, que 
precede á sus discursos, obra del competente arqueólogo Don 
José Ramón Mélida, ocupa cli páginas de nutrida lectura con 17 
láminas en fototipia de medallas y retratos de la familia Gurrea 
de Aragón y otras ilustraciones de gran interés artístico. 

Pero como el informe que debo dar á la Academia no se re- 
fiere á esta parte del libro, me concretaré solo á felicitar al se- 
ñor Mélida por el brillante resultado de su activa y penosa in- 
vestigación, la acertada crítica de las obras de D. Martín de Gu- 
rrea, las noticias biográficas que publica por vez primera y la 
erudición de que constantemente hace alarde en el transcurso de 
su trabajo. 

La labor de D. Martín de Gurrea se divide en dos partes: á la 
primera ha puesto el Sr. Mélida este título, precedido del emble- 
ma y lema que el autor ostentaba desde su boda con Doña • 
Luisa de Borja: «Aquí comienza el libro de los Discursos de Me- 
dallas y Antigüedades que compuso el muy ilustre Sr. D. Martín 
de Gurrea y Aragón, Duque de Villahermosa, Conde de Riba- 
gorza. Fueron sacados del volumen marcado x 1 36 en el depar- 
tamento de Manuscritos de la Biblioteca Nacional, y salen á luz 
con las medallas que en ellos se declaran, reproducidas de las 
del Monetario del Museo Arqueológico Nacional». 

Generalmente los numismáticos del siglo xvi solían dar á sus 
obras un carácter que distaba mucho de la precisión científica 



;j> BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

que después so ha venido observando en los siglos posteriores, y 
así vemos que unos se han ocupado exclusivamente en los retra- 
tos de emperadores y personajes que ostentan en las medallas y 
monedas; otros, del estudio histórico de un período, auxiliándose 
muy principalmente de sus acuñaciones; otros, del análisis de los 
monumentos arquitectónicos, que desde épocas muy remotas se 
se ven en aquéllas, y varios se han dedicado al examen de las 
representaciones mitológicas profusamente grabadas en las mo- 
nedas de la mayoría de las naciones y pueblos de la antigüedad, 
y de las que se ha sacado gran partido, ó al de las costum- 
bres, etc., etc. 

La apreciación del valor mercantil de las monedas ha sido 
también objeto de estudio en todas épocas y ha tenido más 
adeptos. 

Por lo regular, todos han olvidado detalles, empezando por 
uno de los más importantes: el módulo, que solían aumentarlo 
mucho dándole el mismo á todas las monedas, para que resulta- 
ra la obra más simétrica y hacer más visibles los detalles que in- 
teresaban al objeto principal del estudio. 

Esta falta de detalles en las descripciones hace imposible la 
reconstrucción de toda obra cuando las- monedas á que alude se 
han perdido, y así dice muy bien el Sr. Mélida en la pág. cxlii 
«que hubiera sido candido buscar las monedas mismas que pose- 
yó 1). Martín, y que bastaba buscar los tipos que describe». 

Sin embargo, el Sr. Mélida ni aun esto ha conseguido, como 
tampoco lo conseguiría nadie por las razones expuestas, por falta 
de datos. 

De las 90 medallas ó grupos de reducido número que debie- 
ran ir repartidas por ios Discursos, solo ha podido encontrar el 
Sr. Mélida, con más ó menos fundamento, 5§> y las 3 2 restan- 
tes las sustituye con un pequeño corchete, quizá de su in- 
vención. 

Las medallas que ha encontrado las publica con sus propios 
módulos, á pesar de que en la pág. cxxxiv dice: «En cuanto al 
texto de los discursos, el copista puso los títulos en capitales, 
como nosotros los hemos conservado en- la impresión, y dejó 



DISCURSOS DE MEDALLAS Y ANTIGÜEDADES. 429 

bajo ellos los claros correspondientes á los dibujos de las meda- 
llas que había en el original, cuyos sitios marcó con círculos, pol- 
los cuales se echa de ver el propósito de reproducirlas muy au- 
mentadas de su tamaño, como fué costumbre de los primeros 
numismatas y anticuarios, entre otros Guillermo Choul en su 
obra Discours sur la religión des anciens romaines, que don 
Martín tomó por modelo de la suya, según declara ál comienzo 
de la parte en que trata de las antigüedades.» 

Es innegable que ha sido grande la labor del Sr. Mélida para 
reconstruir la obra de D. Martín; pero dada la imposibilidad de 
hacerlo con toda precisión científica, creemos que debió concre- 
tarse á darla á la estampa tal y como la dejara su autor, hasta 
con los huecos de las mismas dimensiones, completando el estu- 
dio con notas y con cuantas reproducciones de medallas hubi :- 
ra tenido por conveniente, en la forma brillante y con la erudi- 
ción de que tiene dado pruebas. 

En lo que podemos llamar segunda parte de la obra hizo lo 
mismo que con la primera, consignándolo también en la portada: 

«Antigüedades. Los huecos que dejó el autor para represen- 
tarlas han podido llenarse con imágenes de las que mejor con- 
vienen con las descripciones.» 

Contiene dieciséis discursos, y emplea el mismo procedimien- 
to de sustituir con corchetes las láminas de las antigüedades que 
no tuvo la fortuna de encontrar. 

Y es casualidad que de todas estas antigüedades, tan solo la 
estatua de mármol, publicada en fototipia en la pág. 1 15, exis- 
tente en el Museo provincial de Zaragoza y antes en el palacio 
de Villahermosa del mismo punto, hubiera concordado con el 
manuscrito de D. Martín, si no faltara la descripción. 

El Sr. Mélida reproduce también en fototipia, pág. 133, otra 
estatua muy interesante de mujer de la época romana, sin ca- 
beza, existente en el mismo Museo y de la misma procedencia; 
pero de ella no se ocupa D. Martín en su manuscrito. 

Es cierto que los discursos de D. Martín se refieren más á la 
representación que ostentan las medallas, mármoles y objetos 
conservados en sus salones, que á la descripción de los mismos 



430 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

monumentos; pero aun siendo así, muchos de los detalles que 
consigna no se encuentran en las antigüedades suplidas por el 
Sr. Mélida, y por eso creemos y repetimos, que de no publicar- 
se la obra completa, debió haberse hecho tal y como ha llegado 
á nosotros. 

I )e todos modos, en ella se patentiza el partido que en el si- 
glo xvi sacaban los arqueólogos de sus monedas y antigüedades, 
auxiliándose de los clásicos y de los elementos que podían para 
sus disertaciones, hechas á veces con demasiada fantasía, pero 
siempre con buenos deseos y trabajo. Todas estas disertaciones 
y el material que acumularon para su labor han servido después 
de baso para formar los grupos de doctrina que costituyen las 
ciencias históricas. 

Tal es la importancia que en nuestra opinión tiene la obra de 
I). Martín y las de su época, obras que, como toda clase de mo- 
numentos, por regla general, deben conservarse empleando todos 
los medios, pero nunca reconstruirlos, y mucho menos por con- 
jeturas para no faltar á la verdad y dar base á la crítica. 

La duquesa de Yillahermosa ha prestado á la historia un buen 
servicio con su nuevo libro, y bien merece los plácemes de la 
Academia. • 



Madrid, 30 de Abril de 1903. 



Adolfo Herrera. 



III. 
DON ROSEL DE GRECIA. 

' REPRESENTACIÓN TEATRAL EN LA CORTE DE D. FELIPE II. 

El correspondiente en Lisboa, Sr. Sousa Viterbo, incansable 
investigador del Archivo de la Torre do Tombo, á quien se debe 
el hallazgo do muchos documentos curiosos con los que, por se- 
ries, ha ¡lustrado la historia patria, acabado descubrir y publicar 



DON ROSEL DE GRECIA. 43 I 

en archivo histórico portugués dos cartas dirigidas desdé Ma- 
drid á D. a Catalina de Austria, hermana del emperador Carlos V, 
reina de Portugal, dándole cuenta de ocurrencias íntimas en la 
Corte de Castilla. 

Según se advierte por el contexto de las mismas cartas, la co- 
rrespondencia confidencial debió de ser frecuente, dada la cor- 
dialidad de relaciones que se mantenía entre las dos familias rea- 
les de la Península, y muchos datos de los que no figuran en los 
papeles de cnancillería ni en los de índole cualquiera oficial con- 
tendría, prestándole el interés que encierra lo reservado al pú- 
blico. 

Por de pronto revelan las dos cartas recientemente encontra- 
das que no era la Corte de D. Felipe el Prudente tan austera, tan 
sombría ni tan inaccesible como generalmente se piensa, al me- 
nos durante la vida de la simpática reina D. a Isabel de Francia, 
joven, hermosa, inteligente, culta, á quien el pueblo apellidó Prin- 
cesa de la Paz. Influyente tal vez para el asiento de la capitali- 
dad en Madrid, lo fué, de cierto, en la transformación del alcázar 
antiguo en palacio cómodo y decoroso, de modo que en él tu- 
vieran aposento las Musas, y salones apropiados las damas y gen- 
tiles hombres concurrentes á los saraos, los músicos, los poetas, 
los asiduos á las grandes fiestas de Guadalajara y de Toledo que 
ella supo trasladar á Monzón á fin de compensar la monotonía de 
los negocios de Cortes, y que luego trajo á la villa blasonada del 
Oso y el Madroño con el beneplácito de su amante esposo, sub- 
yugado por la jovialidad y el atractivo con que de todos se hacía 
querer. 

Doña Bernarda Coutinha — que así firmó la autora de las car- 
tas — en la primera, datada á 8 de Febrero de I 565, refería que, 
repetidos los espectáculos de máscaras y muchas invenciones en 
las que emulaban la Reina y la hermana del Rey, D. a Juana, prin- 
cesa viuda de Portugal, proyectaron la representación de farsas 
que excedieran en aparato á las anteriores, y tan á pecho toma- 
ron los preparativos las damas de una y otra señora, que discu- 
tiendo ante todo la precedencia y forma de las diversiones y apo- 
yando con calor femenil las respectivas ideas, dieron á ¡a cues- 



432 boletín de la real academia de la historia. 

tión importancia suficiente para juzgar que debía resolverla la 
autoridad del Rey. 

Guardóse I). Felipe de tomar cartas en tan delicado asunto, 
dejándolo á la decisión de su mujer y hermana, principales intere- 
sadas, y aunque la presión de la crítica y el amor propio no de- 
jara de influirlas, lo hicieron sin tardanza, cediendo la Princesa 
por ser de menos entidad su plan, puesto que se limitaba á re- 
presentación privada á la que no invitaría más que á los servi- 
dores de la casa, mientras que á la de la Reina asistiría la Corte 
toda, y el aparato había de responder á las mayores exigencias. 

Quedó, pues, acordado que el espectáculo que tomaba á cargo 
de su dirección D. a Isabel de Yalois consistiera en una farsa de 
la historia de D. Rosel de Grecia, y contribuyendo á exornarla 
las damas con sus joyas, como pareciera aún poco, se pidieron en 
préstamo las del tesoro de la Catedral ele Toledo, enviadas al 
efecto en tanto número, que no quedó allí mitra de la que no se 
sacase la pedrería. En los trajes gastó la Reina cuatro mil duca- 
dos de su bolsa, y el brillo de la función realzó el rey D. Felipe ■ 
presenciándola detrás de una cortina. 

La informante Coutinha incluía en la carta una referencia, qui- 
zá argumento de la composición y nota de los personajes que la 
representaron, pero el anejo ha desaparecido, y es de sentir, pre- 
sumiendo explicara quién fué el autor del arreglo. Arreglo, digo, 
en razón á que por las noticias acopiadas por D. Pascual de Ga- 
yangos para su estudio de los Liaros de Caballerías, se compren- 
de que debía de estar en boga uno de los del fecundísimo autor 
de aventuras de la dilatada familia de Amadises, titulado: Parte 
tercera de la Ckrónica del muy excelente príncipe D. Florisel de 
Niqnea, en la anal se trata de las grandes hazañas de los exce- 
dentísimos príncipes don Rogel de Grecia y el segundo Agesilao, 
hijos de los exccllcntísimos príncipes don Florisel de Niqnea y don 
Falanges de Astra. La qual fué corregida por Feliciano de Silva 
de algunos errores que en la traslación que se hizo del griego en 
latín por el gran historiador Falistes Campaneo, avia. 

Impresa la primera edición en Sevilla en I53<5, fueron apare- 
ciendo sucesivamente siete más efi Salamanca, Evora, Lisboa, 



DON ROSEL DE GRECIA. 



433 



Zaragoza, y continuaba en favor la Historia, acabado el siglo, juz- 
gando por la plática entre el Caballero de la Triste Figura y el del 
Bosque (Don Quijote, Parto i, cap. xxiv), diciendo: 

«Y quisiera yo que vuostra merced le hubiera enviado, junto 
con Amadis de Gaula, al bueno de Don Rugel de Grecia, que yo 
sé que gustara la señora Luscinda mucho do Daraida y Carayá, 
y de las discreciones del pastor Darinel y de aquellos admirables 
versos de sus bucólicas, cantadas y representadas por él con todo 
donaire, discreción y desenvoltura.» 

La farsa no está comprendida en el abundoso Catálogo del 
teatro antiguo español, de I). Cayetano de la Barrera. (Ma- 
drid, 1860.) 

Menos se sabe de la que había de representarse en la Cámara 
de la Princesa, porque la carta próxima en la que D. a Bernarda 
se proponía describirla, no ha parecido hasta ahora. 

No ha encontrado tampoco el Sr. Sousa Viterbo indicio algu- 
no de la autora, aparte de los que suministran los timbres ó se- 
llos de las epístolas mostrando los blasones de los Pereiras y 
Henríquez. Presume fundadamente pudiera venir á Castilla como 
dama de la Princesa, madre de D. Sebastián, al ser ésta llamada 
por el Emperador para regir á España durante su ausencia y la 
del príncipe D. Felipe en Inglaterra y Flandes, misión en la que 
demostró raras dotes de sagacidad y discreción, gobernando 
maravillosamente, al decir de los coetáneos, (i) 

Acaso fuera la tal D. a Bernarda allegada ó parienta do don 
Cristóbal de Moura, menino favorito de la Princesa, futuro mar- 
qués de Castel-Rodrigo, el cual, por conservar entre los suyos 
el ilustre apellido de Coutinho, lo dio á la mayor de las hijas que 
adelante tuvo, mientras que á otra hizo nombrar D. a María de 
Moura. La diferencia de términos de Coutinha y Coutinho no es 
objeción que impida admitir el deudo, siendo por falta de fijeza 
en los apelativos, costumbre bastante común en la época, que 



(1) Don Manuel Serrano y Sanz ha dedicado á esta princesa artíc alo 
biográfico en sus Apuntes para una Biblioteca de escritoras españolas, obra 
premiada por la Biblioteca nacional. Tomo 1, Madrid, 1903. 

TOMO XLII. 28 



434 boletín de la reai, academia de la historia. 

las hembras concordaran el linaje con el nombre de pila, firman- 
do, por ejemplo: Formosella, las de apellido Fcrmoselle; Villa- 
faña, las de Villáfañe; Calinda, las de (¿alindo, y así muchas. 

Resta observar que en la curiosa mencionada espístola de 8 
de Febrero de 1565, D- a Bernarda se hacía eco del rumor pala- 
ciego de haber de partir en el mes de Marzo ó poco después la 
Reina, á fin de visitar á su madre en Bayona; y en efecto, consta 
que, acompañada del Duque de Alba y de otros magnates, em- 
prendió la marcha el 8 de Abril en comisión secreta, siendo re- 
cibida en la frontera por su hermano el rey Carlos IX de Fran- 
cia v por Catalina de Mediéis, madre de ambos, que la hospeda- 
ron en la referida ciudad de Bayona. 

Negociaron entonces el matrimonio de Carlos IX y de Ma- 
dama Margarita su hermana, con la tantas veces nombrada doña 
Juana y con el príncipe de España L. Carlos, no llegando á con- 
certarlos por la exigencia de los Estados de Flandes como dote 
de la Princesa; mas de otro asunto importante se trató: de la re- 
presión de la herejía en Francia, conviniendo, según Cabrera 
de Córdoba expresa, «en dar á las cabezas de los hugonotes una 
víspera siciliana.» 

Tan exactas parecen las demás referencias de la carta, sin ex- 
ceptuar las que tratan de minuciosidades de la Corte. Así los 
embajadores venecianos, como otros diplomáticos de fuera, en su 
número el Conde de la Ferriérc, juntaron datos hábilmente utili- 
zados por D. Antonio Cánovas del Castillo y D. Alfonso Danvila, 
para trazar bosquejos de aquélla en formas que consienten la 
sentada apreciación. 

Era la princesa D. a Juana señora de natural distinción y elegan- 
cia: alta, esbelta, rubia, de espléndida y graciosa hermosura, in- 
teligente y enérgica. Con alma de artista, sentía pasión por la 
música; tocaba varios instrumentos, ponía letra á las canciones, 
v aunque -modesta y un tanto retraída después de su viudez, bri- 
llaba y ejercía innegable influencia. Bfantóme la juzgó escribien- 
do: «C'estoit une des plus acomplies princesses étrangéres que 
j'aye point veues». 

Doña Isabel de la Paz, tercera mujer de Felipe II, tenía con 



DON ROSEL DE GRECIA. 435 

aquélla muchos puntos de semejanza en lo moral: eran también 
sus gustos artísticos y literarios; sus dotes sobresalientes, inteli- 
gencia, discreción, dulzura, y desde que llegó á España esta- 
blecióse entre ambas egregias damas corriente simpática que no 
tardó en constituir amistad conservada toda la vida, probable- 
mente por influir con la comunidad de ideas el contraste físico 
•de las personas y la disparidad en algunas de las aficiones, pues 
tenía la de Valois corta estatura, y poseyendo en sumo grado 
habilidad con que realzar los encantos de su belleza y majestad, 
vestía joyas y trajes de gran valor y nunca se puso dos veces el 
mismo en los primeros tiempos del matrimonio (i), al paso que 
D. a Juana, constante en el uso de ropaje negro, si bien de seda, 
solamente lo adornaba con las tocas de viuda, de crespón blanco, 
que terminaban en punta sobre la frente (2). 

En las fiestas, á que las dos eran muy afectas, se hacían notar 
-considerables diferencias, siendo en las de la Reina muy grande 
la ostentación y el concurso, y celebrándose las de D. a Juana á 
puerta cerrada en sus habitaciones, y más frecuentemente en 
jardines ó casas de campo, adonde acudían los. cantores é instru- 
mentistas de la Capilla real con otros que ella mantenía á sueldo, 
siendo el espectáculo aliciente principal por sí mismo. 

Asociábanse, sin embargo, en las diversiones, especialmente en 
los saraos, y la Princesa, madrina en las velaciones de la Reina 
y que lo fué también de pila en el bautizo de la infanta Isabel 
Clara Eugenia, salía á pasear á caballo con su cuñada, la acom- 
pañaba en la mesa cuando las ausencias del Rey consentían al- 
guna libertad en la etiqueta y pasaban juntamente largos ratos, 
en conversación familiar. 



(1) Esto enseña una relación de la época; no obstante, describiendo 
D. Manuel Mesonero Romanos el retrato pintado por Juan Pantoja de la 
Cruz, expresa haberla representado rubia, de pálido y gracioso semblan- 
te, como de unos veinte años, vestida de terciopelo negro y lazos rojos, 
con ricas joyas de perlas, rubíes y esmeraldas, y sosteniendo entre las 
manos una piel de marta con cabeza y garras de oro. 

(2) En el Monasterio de las Descalzas Reales de Madrid 'sé conserva 
también retrato de la princesa D. a Juana, su fundadora. 



43^ BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

De tan buena conformidad no participaban siempre las res- 
pectivas damas, conjunto brillante de distinción celebrado en li- 
bros y poesías, como lo hizo Jorge de Montemayor en la Diana 
enamorada. Ocurrir solían cuestiones, piques y zarandajas en que 
aparecía el antagonismo que, sobre todo entre españolas y fran- 
cesas, se mantenía latente, llegando á las veces á preocupar al 
Rey. 

En tales ocasiones so hacía muy difícil á los cortesanos no per- 
der el tino entre las intrigas y complicaciones en que necesaria- 
mente tomaban parte las servidumbres distintas de ellas y las- 
del príncipe I). Carlos, de D. Juan de Austria, de Alejandro Far- 
nesio y de los Archiduques Ernesto y Rodolfo, estantes todos 
en Madrid. 

Confirmada con estas breves indicaciones la procisión de las 
noticias contenidas en la primera carta do D. a Bernarda Couti- 
nha, os tiempo de tratar de la segunda, datada á 20 de Diciem- 
bre de 1566, si más extensa, no tan estimable en generalidades. 

Dirigida, lo mismo que la anterior, á la reina D. a Catalina do 
Portugal, tenía por objeto avisarla llegada del obsequio que ésta 
había encomendado como portador á uno de sus palafreneros y 
dar noticia anticipada de que al regresar conduciría en corres- 
pondencia agasajos de la princesa D. a Juana y do la dama escri- 
biente. 

El recibido consistía en guarniciones, paños finos, ámbar, ben- 
juí, cocos, porcelanas de la India, vajilla de madera, mas dospe- 
rritas preñadas de mucha estima provistas de camas y colchones 
de tafetán. La Princesa partió la dádiva con su hermana, como- 
siempre hacía; destinó partos proporcionadas á sus damas y á las 
monjas del Convento de Descalzas Reales, que había fundado y 
dotado en las casas en que nació, brindando un cachorro nacido 
de la perrita á los príncipes de Bohemia. En la remesa devuelta 
iban jamones, chorizos, jalea, azucarillos, orejones, con la segu- 
ridad de haberse preparado los comestibles en casa con la mayor- 
limpieza del mundo y de sor los chorizos castellanos reverendos 
— de mal nombre por cierto — tan buenos como las longanizas 
portuguesas, que gustaban al Rey y al príncipe D. Carlos; deli- 



DON ROSEL DE GRECIA. 437 

ciosas menudencias relativas á la moderación de la cocina real. 

Nuevas de otra especie insertó D. a Bernarda, cuidadosa de 
comunicar las que hacían ruido: una, la de presunción del em- 
barazo de Su Majestad, del que sin duda vino al mundo la in- 
fanta D. a Catalina; otra, la de haber sido encerrado en prisión 
D. Fadrique de Toledo, primogénito del Duque de Alba, por 
veleidades ó desmanes amorosos con D. a Magdalena de Guzmán, 
la que, protegida por la Reina, al pirecer, presentó demanda de 
agravio en que entendía el Presidente del Consejo; tercera, la 
marcha del arzobispo de Toledo (Fr. Bartolomé de Carranza), 
camino de Cartagena, para embarcar en un galeón y seguir á 
Roma, acompañado del arzobispo de Mallorca, obispo de Ciudad 
Rodrigo y tres inquisidores por avocar á sí la causa el Papa 
.{Pío V). Había dispuesto el Monarca, antes de la partida, que á 
su voluntad se facilitase al viajero de las rentas de la mitra lo 
gastado, y respondió conceptuosamente, que si era hereje todo 
pertenecía á Su Majestad, pero siendo católico el dinero era de 
los pobres, y no podía el Rey disponer de él; respuesta que se 
comentó en palacio. 

Considerando á estas epístolas como complemento de las de 
mano de D. Felipe sacadas de la obscuridad por M. Gachard 
en 1884, contribuirán al juicio del gran soberano católico, tras- 
ladándole desde las más elevadas esferas de la gobernación y la 
política, dentro de las cuales comunmente se le mira, á la más 
: pequeña de la vida privada. 

El Sr. Sousa Viterbo, descubridor de las últimas, piensa «que 
-de la colección de las primeras surge la fisonomía del austero 
monarca bajo un aspecto inesperado. Desaparece el jefe de la 
nación para dejar plaza al jefe de la familia. El Rey, que en el 
ejercicio del poder no conoce otra voluntad que la suya abso- 
luta, es también padre expansivo y afable que no desdeña des- 
cender al trato y conversación de cosas infantiles. Nadie presu- 
mía que fuera capaz de humanizarse tanto, lo cual prueba quo 
en toda alma hay germen de bondad que un día ú otro rompe, 
como flor entre hielo». 

Poco distaban de la apreciación los contemporáneos criados 



438 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

do su casa, bastante conformes al presentarle modesto, sobrio,, 
amante de los allegados, con intensidad de que se tuvo prueba 
evidente al ocurrir la muerte de D. a Isabel de Valois, que mucho 
le afligió, porque en opinión de su cronista mencionado, Cabrera 
de Córdoba, la entereza que admiraba en él el mundo no fué in- 
sensible, y más en pérdida de su compañera, amiga y madre de 
las hijas tan queridas, que á todos dolió, siendo reina tan moza, 
agradable, piadosa y caritativa, y á la princesa D. a Juana con 
extremo de instarla á cambiar de vida y recluirse. 

Véase ahora el texto de las epístolas escritas por la limpísima 
D. a Bernarda Coutinha: 

«Señora. — Nao uejo qua cousa nhua que seja boa que nao deseje 
en extremo pódelo V. a. uer e ja que ysto nao pode ser me puse 
a escreuer alguas cousas das que uejo, a Raynha fez hua farga 
da Estoria de don Rosel de grecia de que mando a V. a. hum 
papel da maneyra que se fez. gastou a Raynha nela quatro mil 
cruzados, porque todos os aderecos de la forao a sua custa, ti- 
ramdo a pedraria que as damas levauao por que esa nao fiquou 
nhua pessoa de nos na corte a que se nao pedise todas as joyas 
que tinhamos, ate se mandaren buscar a ced de toledo, que nao 
fiquou pedraria em mitra que ali nao uiese. Esta cousa das mas- 
caras se comencou agora a un ano estamdo nos en mongao entro 
a Raynha e a pringesa nosa sñora, em que auia muy tas enuen- 
goons do hua parte e doutra. agora fez a pringesa nosa sñora hua 
e a Raynha quis fazer esta, tinha a pringesa nosa sñora pera 
fazer outra e quijera que fora primeyro que a da Raynha. Semtio 
a Raynha de maneyra que pedio al Rey que pedise a pringesa 
quo a nao fizóse. El Roy so calou quamdo ella aquilb uio foy em- 
pesoa a pedir a pringesa nosa sñora que a nao quisese fazer pri- 
meyro que a sua. Entre as damas da Raynha e de su altega auia 
granules enfadamentos sobro ysto, dozemdo que compria a saude 
da Raynha nao so fazer a farga da pringesa nosa sñora primeyro- 
(¡ue a sua, a gemte de ca de fora zombauao todos destas ysto- 
rias. a pringosa nosa sñora a deixou de fazer, e me mandou cha- 
mar pora que uisse a da Raynha, a qua] uiráo todas as sñoras e 



DON ROSEL DE GRECIA. 439 

homens desta térra. As da pringosa nosa señora nunca as uio 
nhua pesoa de fora de su casa-. E el Rey por detras de hua guar- 
da porta a uio. estoutra que agora a de fazer nao sey como sera, 
eu auisarey a v. a. do que pasar. A Raynha dizem que uay uer 
sua may a bayona e que partirá de quinze de margo por diente, 
outros dizen que nao podera ser táo presto por que aimda El 
Rey nao ten nomeados os que am de yr con ella pera se po- 
derem fazer prestes, outros se facem ca prestes pera vn torneo 
de a cávalo que se ha de facer o primeyro domingo de margo. 
Su altega me faga merce de nao querer que ninguem sayba esta 
carta que eu excreuo a V. a. por que se nao sayba logo, qua 
noso sñor a uida da V. a. guarde e seu real estado acregemte 
como suas creadas desejamos. de madrid a 8 de íeuereyro 
de 1565. 

Criada de uosa alteza. — D. Bernarda Coutinha. 

A' Raynha nosa señora. 

(Torre do Tombo. — Corpo Chronologico. Parte 1. a mago 1 07, 
doc. 44.) 

Sñora. — üuamdo este mogo destribeira... chegou estaua dom 
Francisco na cama de hu grande catarro e febre que... pode 
fazer o caminho desse Reyno táo a seu salluo pello mao tempo... 
fez que shenáo cultasse cinco ou seis febres á algus dias mais sem 
sa... a esta causa fiz eu o que lhe vossa Alteza... mandaua que... 
me foi apresemtar a princesa ho presemte que lhe vossa Alte- 
za... que foi recebido della con muito contentamento porque 
alem de tudo seer muito bom, com que muito folgou, a vontade 
co lhe vossa Alteza sempre faz merce y stima tanto como he 
rezao, as gornigoees erao muito fermosas e muito boas, loguo as 
desenuolueo per amte mym e as guabou era estremo, e na ver- 
dade ellas erao pera ysso, porque eráo muitas e muito boas. 
Com ho ámbar e beijoim folgou em esfremo porque elle muito 
bom, e pareceme que partirá co a Emperatriz sua jrma com 
quem sempre parte do que lhe vossa Alteza manda, as procella- 
: ñas foráo as melhores do mundo. A meu quinhao coube hua du- 
zea que me sua Alteza deu e assy hu pedago danbar e duas liuras 



440 boletín de la real academia de la historia. 

de... A dona Margaidá de Cardona molher de Diz (?) Tristáo, 
mandou... ea de procellanas e hu pedago de anbar e quatro Hu- 
ras de bejoim c quatro pegas de paño, porque folgando muito co 
elle pora as... as achou que era muito mais delgado do que ellas 
custumam trazer. dos cocos taobem fiz repartigao assi com dona 
Margaidá com todallas criadas de cassa. A louga de pao ystimou 
era estremo pe... as freirás, e fallou mil oras na policía de vossa 
Alteza. Porem nao bastaua quao íermosa a louga de pao era 
senao que jnda... mandou a rregeita de como se auia de lauar 
pera ser sempre bramca. as freirás estad as mais contentes do 
mundo de terem táo fermosa baixela. tudo vinha muito bem tra^ 
tado porque este mogo destribeira de vossa Alteza teue muito 
bom cuidado do que trouxe, e assi vieram os c^chorinhos. Aqui 
em minha cassa lhe fizemos os colchóes do taffeta que vossa 
Alteza mandou, e tudo a princesa esteue guabando de quao 
pollido vinha. .; em quelles, vinháo leuaráo assy como veo, e com 
as camas comcertadas c sua Alteza tomando a bonetinha, come- 
gon de querer parir e diante da princesa parió hu filho. mandou 
a loguo pera minha cassa onde parió e inda a tenho aqui pera a 
mandar como ystier emxuta dos... grande hia ensaboado e aluis- 
simo. a princesa folgou muito... dahy a tres dias ho deu aos prín- 
cipes de Boemia. A cachorinha negra juda nao parió, ella e 
cachorino asy como vos tras a princesa sempre cosiguo e folgou 
muito co elles. representey este officio o melhor que pude en 
auzencia de dom Francisco, elle fer os outros presentes e dará 
rezao disso a vossa Alteza que eu a dou do que fiz. Nao escreuo 
a vossa Alteza muitas vezes porque nao sey sea cansad minhas 
cartas, mas quando se oíferecerem cousas que obrigue, sempre o 
farey co as nouas que qua ouuer principalmente da saude destes 
primeipes que he o co que vossa Alteza mais folgara. todos, louua- 
do nosso. Spnhor estao com saude. A Rainha se tem presumgáo 
que he prenhe e esta muy... que corto e muito despamtar pot^a 
os malíes que passou... que ha dir com el Rey a framdes o algua 
gemto da térra ero que sera verdade posto que ate guora nao 
ha cousa certa, ja vossa Alteza sabera que dom Fadrique filho 
do duque dAllua esta preso na... ota de... por dizer dona Mada- 



DON ROSEL DE GRECIA. 44 1 

nella de Guzmao que he cassada co... elle táobon disse a Kainha 
que era verdade que lhe tinha promettido de casar com ella e 
que nao casaría com outra nhua... destas pallauras que disse a 
Rainha deu ella hu scripto asinado da sua máo, dona Madanella 
tem mostrado en juizo umitas cartas de dom Fadrique en que 
ñas mais dellas lhe promette o cassamento.el"Rey tem remettido 
ho negocio ao presidente de consselho... ella está prosa na sua 
poussada, dizem que esperao cada dia semtenga do que sera, A 
princesa me mandou estes dous caixoes, hu de oregones e outro 
de Lurones bramcos que se me parecese quera cousa pera man- 
dar a vossa Alteza lhos mandase de minha parte, que ella por 
se... ho nao quería mandar da sua, e porque este mogo destrí- 
beira de vossa Alteza no achou aqui estas duas cousas tao pref- 
feitas como era rezáo que leuase, íblguey de a princesa me dar 
estes pera mandar a vossa Alteza. Aquem da minha miseria 
mando hua ca... xur que fiz era minha cassa e aprendí facello 
pera o fazer... vossa Alteza quamdo me Deus leuar a essa térra, 
e assy hua caixa dasucar rozado espomyado que se qua tem por 
cousa muíto boa, e hua panella de gillea que táobem aprendí a 
íazer en Vallenca e assy mando a vossa Alteza hua duzea de 
queíjos atadeiros despinosa, que nao pude aveer mais, e quatro 
chourigos a que qua chamam... pos... e sao elles tao reuerendos 
que nao ere quem lhe chama este nome que táobem he vianda 
castelhana, vosa Alteza os pode comer se lhe souberem bem, 
sem asco, porque se fizeráo era minha cassa co toda limpeza do 
mundo, e se folgar co elles mandarlhey mais. Receba vossa 
Alteza... mealha pois he presentada com tanto amor como a que 
... oí'fereceo no templo, disse-me este mogo destribeira que vossa 
Alteza mandara leuase de qua lingoigas: nao sao boas as que 
qua fazem. desse Reino as trazem a princesa multas vezes e 
folgua muito dellas porque as acha melhores que as de qua; 
reparte com el Rey das que lhe trazem, e com o principe, estaña- 
do pera cerar esta carta e este mogo destribeira pera partir, me 
mandou a princesa dez lacoes e dezoito... e hus poucos que lhe 
trouxeráo os frades de Guadclupe. pareciráo me... os lacoes, e 
posto que os queijos me nao pareceráo taes, os mando a vossa 



442 boletín de la real academia de la historia. 

Alteza, porque taobem me pareceo que a temcáo de mos a 
princesa mandar devia ser esta, esqueciame de dizer a vossa 
Alteza nesta carta que ho arcebispo de Tolledo era partido pera 
Roma pera ó papa detreminar sua causa, foise enbarcar a Carta- 
yena en hu gualiáo. vao com elle ho arcebispo de Malhorca e o 
bispo da Ciudad Rodriguo e tres inquisidores. Antes de sua par- 
tida lhe mandou el Rey dizer que lhe dessem a sua vontade o 
dinheiro que tinha gastado do seu Arcebispado; respondo lhe ho 
arcebispo que se elle hera ereye que tudo era de sua majestade 
e se era catholico que o dinheiro era dos pobres que lho nao po- 
día dar e... Afirmaráo ysto no Pago e amda amtre gente homra- 
da... A vossa Alteza cuya vida noso Senhor por muitos anos 
guarde c seu real estado acresente como suas criadas deseyamos. 
de Madrid a xx de dezembro de 1566. Criada de vossa Alteza, 
dona Bernarda Coutinha.» 

(Torre do Tombo. — Gaveta 1 5, Mago 20, n.° 18. — O docu- 
mento está bastante lacerado.) 

Cesáreo Fernández Duro. 



IV. 
EL LOAYSA DE EL CELOSO EXTREMEÑO. 

Muy digno de la atención que le consagra esta Real Academia 
es el estudio histórico presentado por D. Francisco Rodríguez 
Marín con el título de El Loaysa de El Celoso extremeño, que 
viene señalando un nuevo rumbo al estudio de las Novelas ejem- 
plares de Miguel de Cervantes Saavedra. 

Desde que salieron á luz aquellas admirables Novelas, han sido 
muchos los literatos españoles y extranjeros, algunos de gran 
fama, que les han consagrado su atención. Y tal predilección 
tiene causa conocida. 

El mismo Cervantes, al publicarlas, dijo hablando con el lector 
dé su Prólogo: «Solo esto quiero que consideres; que pues yo he 



EL CELOSO EXTREMEÑO. 443 

» tenido osadía de dirigir estas Novelas al gran Conde de Lemos, 
^algún misterio tienen escondido que las levanta». No era nece- 
sario tamaño estímulo ni aliciente tan poderoso para despertar 
la curiosidad. El extraordinario mérito del libro, su carácter par- 
ticular, la índole varia de los argumentos que en él se desenvuel- 
ven, contribuyeron también en gran manera al interés de las in- 
vestigaciones. 

Los apasionados del inmortal escritor ¡que son tantos!, se lan- 
zaron con ardor á escudriñar, desmenuzar y analizar los argu- 
mentos de las Novelas uno por uno, ansiosos de conocer el 
misterio qué tienen escondido, y que sin duda conocía el Conde 
de Lemos, en sentir de los investigadores. Unos creyeron en- 
contrarlo en los recuerdos de la vida de Cervantes en sus dife- 
rentes estados, que con mayor ó menor exactitud notaban en 
ellos; otros se fijaron en los sucesos contemporáneos á que se 
aludía, con total franqueza ó con meditado disimulo; quién atri- 
buía el misterio á los caracteres que juzgaban de personajes co- 
nocidos y eran pintados con rasgos magistrales, disfrazándolos 
con habilidad; quién, yendo* más al fondo y tomando mejor ca- 
mino, se fijaba en la índole misma de aquellas bellísimas narra- 
ciones y lo buscaba en la lección moral que de su contexto ge- 
neral se desprendía para todos los estados, siendo ellas pintura 
exacta de todas las clases sociales y censura de sus vicios. 

Han merecido el concepto de poco fundados todos esos jui- 
cios y otros muchos emitidos por los curiosos; y aunque nin- 
guno de ellos haya sido generalmente aceptado, han contribuido 
á que se sostenga vivo el interés, á que se estudien siempre las 
Novelas ejemplares, siendo objeto preferente de atención para 
los pensadores como para el vulgo, á causa del misterio que 
Cervantes declaró haber en ellas. 

Historiadores y literatos, biógrafos y críticos, han agotado las 
agudezas de su ingenio en la investigación del secreto de las No- 
velas. Xo hay una biografía de Cervantes, larga ó corta, en que 
no se haga exposición y análisis de sus argumentos, además de 
los artículos sueltos especialmente consagrados á su estudio; pero 
tanto en unos como en otros se fija señaladamente la atención, 



444 boletín de la real academia de la historia. 

como hemos dicho, en la indicación de los hechos históricos que 
se encuentran, en la verdad de algunos caracteres y en la minu- 
ciosa narración de los asuntos, examinándolos críticamente con 
mayor ó menor severidad. 

Pero la curiosidad no se ha dado por satisfecha, y la crítica 
mucho menos. Se desea la exposición ele los procedimientos es- 
táticos que nacían en el entendimiento de Cervantes para unir 
de una manera natural y agradable el suceso que trataba de na- 
rrar con la profunda lección moral que deseaba consignar en su 
escrito, y la pintura del estado social que, como síntesis de to- 
das, debía resultar para que fueran ejemplares. 

Por eso, con gran acierto el Ateneo de Madrid, fijando su aten- 
ción en esa curiosidad no satisfecha que dejábanlos diversos jui- 
cios sobre las Novelas de Cervantes, las presentó como tema para 
un certamen que logró brillante resultado, pues concurrieron 
dos Memorias, de las que fueron autores los Sres. D. Julián 
Apraiz, catedrático y director del Instituto de Vitoria, y D. Fran- 
cisco A. de Icaza, que, aun cuando no alcanzaron á llenar com- 
pletamente los deseos de los doctos* jueces del Ateneo, fueron 
consideradas de mérito bastante para que entre ambas se divi- 
diera el premio y las dos se hayan dado á la estampa. 

Muy poco tiempo después, en el mismo año 1901, vio la luz 
en Sevilla otro estudio histórico literario, del que por encargo de 
la Academia debo ocuparme. Se debe á la pluma del conocido 
escritor D. Francisco Rodríguez Marín, que hacía años se afana- 
ba en reunir datos y comprobantes para estudiar una de las más 
interesantes Novelas ejemplares, bajo un punto de vista nuevo y 
completo, y ha logrado presentar un trabajo erudito é interesan- 
te digno por muchos conceptos de las mayores alabanzas. Divi- 
de el Sr. Rodríguez Marín su libro en tres partes, dando en la 
primera cabida á los dos textos que afortunadamente se conser- 
van de la novela El Celoso', el primero tal como fué escrito por 
Cervantes, probablemente en los años últimos del siglo xvi, y 
copiado en su Miscelánea por el licenciado Francisco Pon-as de 
la Cámara, é imprimió D. Isidoro Posarte en el núm. 5. del Ga- 
binete de lectura española en 1 7/8; y el segundo, corregido y 



EL CELOSQ EXTREMEÑO. 445 

repasado por el autor, en la edición príncipe de las Novelas, Ma 
drid, Juan de la Cuesta, año 1613; facilitando así el conocimien- 
to de las notables variantes que entre ambos existen. 

En la segunda parte se encuentra los más precioso, lo más 
digno de llamar la atención. Ha añadido el Sr. Rodríguez Marín 
un capítulo á la historia literaria de nuestra patria, formando con 
prolijo estudio y laboriosidad la biografía del poeta Alonso Al- 
varez de Soria, del que apenas eran conocidos algunos rasgos 
muy ligeros y el fin desgraciado, y que, ilustrada con datos curio- 
sísimos y gran erudición, aumenta el caudal histórico de la ciu- 
dad de Sevilla en aquella época tan interesante. 

Después de tan cumplido estudio, se esfuerza el docto escritor 
en la tercera parte en llevar al ánimo de los lectores la convic- 
ción que en el suyo abriga, de que Alonso Alvarez de Soria es 
el Loaysa de El Celoso extremeño, ó lo que es igual, que Aligue! 
de Cervantes tomó por tipo al desventurado poeta para trazar 
los rasgos más salientes del carácter del pervertido calavera 
que causó la desgracia del anciano Carrizales. 

Después de muchas agudezas y de muy sutiles razonamientos, 
comprendiendo la dificultad de su intento, dice Rodríguez Marín 
con su característico gracejo: «¿Vas columbrando que el infe- 
»liz poeta hispalense Alvarez de Soria, cuya biografía tracé en la 
»segunda parte del presente estudio, fuese el dechado que Cer- 
vantes escogió para pintar, por cierto de mano maestra, su 
»Loaysa? ¿Me dices que no?». 

Como el trabajo lo merecía, y era punto verdaderamente cu- 
rioso, me decidí á indagar la opinión de algunos aficionados de 
reputación conocida, antes de consignar la mía, y en todos en- 
contré igual juicio: el libro del Sr. Rodríguez Marín es una ver- 
dadera joya por su erudición, por su lenguaje, por todas sus con- 
diciones literarias; pero en su última parte no convence, no de- 
muestra, á pesar de sus esfuerzos y de su ingenio, que Alonso 
Alvarez de Soria, poeta y tuerto, sirviera de tipo á Cervantes 
para trazar el Loaysa de El Celoso extremeño. 

Madrid, 22 de Mayo de 1903. 

José María Asensio. 



44^ BOLETÍN DE I.A REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 



V. 



MONUMENTOS ROMANOS DE SAN JUAN DE CAMBA, CÓRDOBA, 
LINARES, VILCHES, CARTAGENA, BARCELONA Y TARRASA. 

San Juan de Camba. 

En la provincia de Orense, diócesis de Astorga, partido judi- 
cial de la Puebla de Tribes y ayuntamiento de Castro Caldelas, 
de cuyo pueblo dista un cuarto de legua hacia el Sudeste, está 
la feligresía de San Juan de Camba, en cuya casa é iglesia parro- 
quial veíanse, hace algunos años, dos lápidas romanas insignes (i). 
La primera fué por Hübncr (4853 e¿) calificada de miliario, pues- 
to sobre la tercera vía de Braga á Astorga, imperando Nerva en 
el año 97 de la era cristiana. De aquí tomó pie, ó suficiente mo- 
tivo, nuestro sabio compañero, el Sr. Saavedra (2), para reducir 
la estación Praesidio del Itinerario de Antonino «á Castro Calde- 
las, en el camino que enlaza la vía de Geira con la de Larouco». 
Afortunadamente no se ha perdido tan precioso monumento, y 
ha sido objeto de nuevas observaciones á D. Arturo Vázquez 
Núñez (3). 

«Por donación», dice, «del limo. Sr. Obispo de Astorga, pasó 
en Mayo de 1897 a l Museo provincial de Orense. Es una piedra 
de granito de forma rectangular, que mide 0,78 m . de altura 
por 0,58 de ancho. Las letras tienen 0,07 de altura. En la línea 3. a 
forman grupo la N y la T. Hübner la coloca entre los milia- 
rios, pero en nuestra humilde opinión no debe serlo, puesto que 
debajo de la última línea queda un espacio de 25 cm. en blanco, 



(1) Ceán Bermúdez, Sumario de las antigüedades romanas que hay en 
España, pág. 217. Madrid, 1832. 

(2) Discursos leídos ante la Real Academia de la Historia en la recep-. 
ción pública de D. Eduardo Saavedra, pág. 162. Madrid, 1863. 

(3) Boletín déla Comisión provincial de Monumentos histéricas y artísti- 
cos de Orense, tomo 1, pág. 47. 



MONUMENTOS ROMANOS. 



447 



que naturalmente debiera ocupar el número de millas y el punto 
hasta donde se contaban, sin que nada de esto exista. Además, 
es de observar que en todos los miliarios de Xerva figura su 
nombre en nominativo, mientras que aquí está en dativo. Debe 
ser, pues, la que nos ocupa una inscripción honorífica, y entre 
ellas la colocamos.» 

A tan buen amigo he pedido una fotografía, por donde nos 
quepa juzgar de la exactitud de sus doctas apreciaciones y do- 
tar con un ejemplar de segura época y año determinado la pa- 
leografía Orensana. 



£' r 't''.\¿*,< ■t'^'^í' ¿''fox V-t'fS, 






... ^A,kll^L' ¿fe £ Ltiú A 1 • i v 



La piedra es rectangular, y di\'ersa, por consiguiente, de las 
miliarias. Está gastadísima, por efecto del humo y do las llamas 
que en la cocina de la casa parroquial la corroyeron, rebajando 
la profundidad de las letras, deformando las últimas del I.°, 2.° 
y 4. renglón, y consumiendo (á mi parecer) los postreros, don- 



44$ BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

de quizá se leyó lo mismo que en las inscripciones 2516 

y 251;: 

CIVITAS 
LIMICORVM 

Para colmo de desgracia, en balde ha buscado el Sr. Vázquez 
Núñr/ en la sacristía de la iglesia parroquial de San Juan de 
Camba el ara (2524), mal copiada en el año 1 787 por D. Pedro 
Rodrigue/, de esta manera: 

ABIA • FELAESVRAFRO 

SACRVM 
/// OS1TVMC- V-*A VICCISION 

Abia ¿I'clacsuraeco? sacrutn \ji\ositum cura Viccisionis. 

listaba esta inscripción en la pared de la sacristía, á espaldas 
del altar mayor, y quizá no será muy difícil averiguar, si no estu- 
viere oculta por espesa capa de cal ó por otro accidente, cómo 
y cuándo se trasladó á otro sitio. 

El giro gramatical de ésta se aviene con el de otra inscripción, 
peor copiada, eme Ceán Bermúdez redujo á Castro Caldelas (i); 
pero que Hübner (2 5 51), siguiendo á Muratori, colocó en cierto 
problemático Castro de San Cristóbal: «In Castro Sancti Chri- 
stophori in Gallaecia». Muratori la copió así de segunda mano: 

D-D 

CAYCEI • SAC 

SACRVM XISIT 

XIX-FL'DEDICAVIT 

PRO SALVTE SVA ET SVORVM 

La copia, que divulgó Ceán Bermúdez, no difiere de ésta sino 



(1) Pág. 218. 



MONUMENTOS ROMANOS. 



449 



en suprimir el rasguillo ó nexo de VL en el renglón segundo y 
en dar á leer Caveci en lugar de Cauleci. 

En los renglones 3. y 4. están visiblemente estropeados los 
vocablos XISIT XIX, que fácilmente pudieron tomarse de 
POSIT I VM V. Conjeturo que toda la inscripción diría: 

D(ibus) d(eabus) Caulecisa?cis sacrum positum V(alerius) 
Fl(avus) dedicavit pro salute sua et stionim. 

En el mismo paraje (¿Castro Caldelas? ¿Castro de San Cristó- 
bal?), donde se halló esta inscripción, se veían además nada me- 
nos que seis (2552-2557) de sumo precio para la historia militar 
de España. Una de ellas (2553) expresaba la parte que había to- 
mado en la erección de un monumento á Júpiter (año 167), en- 
tre otros jefes de las tropas que guarnecían la fortaleza, Valerio 
Flavo, centurión de la cohorte primera de los gallegos. 

A ningún punto de Galicia, por de pronto, me parecen aco- 
modarse mejor estas inscripciones militares que á Castro Calde- 
las ó Praesidium, centro de la grande arteria estratégica ó vía 
nova de Braga á Astorga con su ramal hacia Monforte de Le- 
mus, después de cruzar el Sil por Barca de Paredela. Acaso des- 
colló Praesidium sobre la altísima cima del Carengo, á cuya 
sombra (Caulecisaeco?) se guarece la villa de Castro, asemeján- 
dose por esta situación á la de Peña Amaya (Ammaia Patricia), 
que descubrió y describió D. Romualdo Moro (i). 



Córdoba. 

Fragmento marmóreo hallado hace pocos días por D. Rafael 
Ramírez de Arellano en la cámara central de los baños árabes 
en el campo de los Mártires, al practicarse derribos y excavacio- 
nes, que darán á conocer la mazmorra de aquéllos. 

Mide 14 cm. de ancho por 7 de alto. Letras del siglo 11, altas, 
35 mm. Puntos cuneiformes. 



(1) Boletín, tomo xix, páginas 527-531. 

TOMO XLII. 29 



450 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 



ORNELI VS 
OCALVS, 



[T(itus)> C\ornelius [T(iti) l(ibertus)> Cr\ocalus... 
Tito Cornelio Crócalo, liberto de Tito... 

El cognombre Philocalus puede también suplirse, pero Cro- 
calus se ajusta mejor á las condiciones simétricas del renglón que 
antecede. Con este fragmento pueden relacionarse los de la ins- 
cripción 2217. 

Linares. 

En carta del 28 de Abril pasado, fachada desde Burdeos, 
Mr. Horace Sandars me dice lo siguiente: 

«Tengo el gusto de enviarle una impronta de una inscripción 
en piedra arenisca, encontrada recientemente, ó hace apenas tres 
semanas, cerca de las ruinas de la antigua ciudad de Castillo, y 
que es propiedad de D. Marcos Monteagudo, vecino de Linares, 
aficionadísimo á la Arqueología. La piedra está conservada cui- 
dadosamente por su dueño, el cual me dio, con mucha cortesía, 
el permiso de sacar copia y fotografía de ella. La parte que lleva 
la inscripción mide 43 cm. de altura por 25 de anchura, y las 
letras solamente 3 cm. á excepción del primer renglón, donde 
son de mayor tamaño». 

En el calco, que á nombre de Mr. Sandars ofrezco á la Acade- 
mia, se ven esculpidas serpientes, simbólicas de la diosa de la 
venganza, que mi '1 rengíón segundo campean. 

La inscripción ha sufrido varios golpes de la herramienta que 
la puso de manifiesto, y estragó no solamente el remate de la 
primera línea, sino también el principio de la 3. a , 4. a y 5. a El tipo 
paleográfico es del tiempo de los Flavios, ó de la segunda mitad 
del primer siglo de la era cristiana (i). 



(1) Hübner, fixempla scripturae cpi&raphicae latinae, núm. 424-428. 
Berlín. 1 H85. 



MONUMENTOS ROMANOS. 




45 1 

•1 




lj**.*~*t 



DEAE • NEM /// 

SI 
DEC-FONTEIVS 
APOLAVSTVS 

CVM • SVIS 

V • L • A • S o 

Dea Nem[é\si Dec(umus) Fonteius Apolaustus tum suis v(otum) l(ibens) 
mo) síolvit. 

A la diosa Némesis cumplió ele buen grado el voto, que le había hecho 
con sus parientes y allegados, Décumo Fonteyo Apolausto. 

Es notable esta lápida, en primer lugar, cuanto al prenomhre 
y cognombre del dedicante Fonteyo. Del prenombre Décumus 
un ejemplo teníamos en Sevilla (1232). Del cognombre grie- 
go Apolaustus (cLno\a.u<TTÓq), equivalente al latín iucundus, no es 
tan rara la aparición (968, I/Ó9, 2841, 3/49 a.). En segundo lu- 
gar merece observarse que tan solo dos aras consagradas á Né- 
mesis en España se habían dado á conocer: una de seguro en 
Córdoba (2195) y otra probablemente (i) en Martos (1662). 

En Lisboa (253) sale nombrado Nemesio hijo de Telémaco, y 

(1) Compárense Corpus inscriptionum lali/iarum, vol. 11, mím. 5474; 
vol. vii, números 45 y 46. 



452 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

en Évora (5 191) hubo un co'.egio ó corporación que formában- 
los Nemesiaci. 

El sitio puntual, en donde so ha descubierto el exvoto de Fon- 
teyo á la diosa Némesis, se halla fuera del recinto de la antigua 
Cástulo, y cerca de la puerta llamada de las Cisternas. 

Vilches. 

Al calco de tan interesante inscripción acompaña Mr. Sandars,. 
y nos ofrece, el de la que lleva el número 325 1 en la colección de 
Hübner, y permanece en las casas del Ayuntamiento de La Caroli- 
na. Importa fotograbarla, atendidas las variantes ó rectificaciones 
que el calco introduce en la edición admitida por Hübner. En los 
renglones 2. y 3. leo: \C\eleris f(ilio), d(ecreto) d(cciirionnm) mn- 
nic\ipí\ B(lavi) Baesuccitani. En el 7 '.°, fuueris exequias statuam. 

Trabada íntimamente con esta grande inscripción geográfica 
estuvo la 3252. Acerca del paraje donde se halló y del corte 
lastimoso que sufrió á mediados del siglo xvn, Mr. Sandars echa 
de menos, no sin justa razón, que Hübner no haya citado á don 
Martín Ximeno, cuyo texto (i) dice así: «La Torrecilla es otro 
lugar con grandes ruinas de población, media legua de Vilches, 
de donde se truxo á esta villa (2) una piedra que por ser muy 
grande, fué menester dividirla en dos partes para poder llevarla, 
en la cual se lee una antigua inscripción latina, de donde parece 
que allí fué el Municipio Flavio Esbaesuccitano.» Siguiendo á 
Ximeno, también se equivocó Rus Puerta en la interpretación 
del renglón 16, leyendo [M(imicipii)\ Esbaesuccitani, donde hay 
que leer \civ\es Baesuccitani] pero su error es claro indicio de 
que en aquel tiempo estaba ya resentida ó mellada en parte y 
destrozada la piedra. Acertó Ximeno, prevaleciéndose de esta 
inscripción y pensando que Bacsucci ha de colocarse en la To- 
rrecilla ó en Vilches; Lamini, en Alhambra; Vivatia, en Raeza, y 
Tugia, en la torre de Toya, cerca de Cazorla. 



(1) Catálogo de los obispos de las iglesias catedrales de la diócesis de 
Jaen,pág. 189. Madrid, 1654. 

(2) Vilches. 



MONUMENTOS ROMANOS. 



453 



Afirma que la piedra se llevó á Yilches, dividida en dos partes. 
Una de ellas, según Rus Puerta, se puso y estaba en el barrio de 
San Miguel y la otra en el barrio bajo. Ha procurado Mr. San- 
dars indagar el paradero de estos fragmentos, y se dispone á ex- 
plorar «las grandes ruinas de población» que junto al arroyo del 
Rey deben existir en la Torrecilla. Atendiendo á la inscripción 
5091 (i) y á la densidad de pobladores atraídos por la riqueza de 
las minas, presume que allí estuvo la ciudad de Baesucci y en 
Yilches la de Egelesta. 

Cartagena. 

No carece de interés la inscripción sepulcral, inédita, de la que 
nos envía un dibujo con la noticia de su reciente hallazgo la sub- 
comisión de Monumentos de Cartagena (2). La piedra caliza obs- 
cura, que encierra el epígrafe dentro de sencillo y elegante mar- 
co, es casi cuadrada, midiendo 45 cm. de ancho por 43 de alto. 
La forma de las letras, muy parecidas á las de la inscripción 3413, 
que se labró igualmente en Cartagena, corresponde á la primera 
mitad del siglo m. 




A(ulus) Baebius Antioais. Hilanis l(ibertus) fet.it. 

Aquí yace Aulo Bebió Antíoco. Su liberto Hílaro le hizo este monu- 
mento. 



(1) Q(uintus) M[anl]üis Q(uinti) f(ilius) \ Bassus Egelesta \ ñus a[n]- 
j7(orum)... 

(2) Comunicación del 28 de Abril de 1903, firmada por D. Manuel 
Fernández Villamarzo y dirigida á D. Cesáreo Fernández Duro, Secreta- 
tario perpetuo de la Academia. 



454 



BOLETÍN de la real academia de la historia. 



Entro los renglones 2.° y 3. se sobreentiende k(ic) s(itus) 
e(st). I )e semejante laconismo adolece el epitafio (6030) Sagun- 
tino de Cneo Bebió Plácido. En otra inscripción (5927) de Car- 
tagena sale también mal escrito Antiocus, notable para demos- 
trar el sonido (k) de la ch latina, que perdió la aspiración de su 
origen griego y llegó á suprimirla gráficamento. 

Barcelona. 

En la Revista de la Asociación artístico-arqneológica Barce- 
lonesa (i), llevo expuesta mi opinión acerca de una importante 
lápida del siglo Augusteo, que-mide 43 era. de alto, 75 de ancho 
y 33 de fondo, y ha salido á luz en la parte exterior de la mura- 
lla romana hacia la esquina de las calles de Aviñó y Bajada de 
San Miguel. 




. (1) Núm. 35 (Enero-Marzo, 1903), páginas 61-63. — El clise fotográfico 
me ha sido prestado por D. Pclegrín Casades, director de la Revista. 



MONUMENTOS ROMANOS. 



455 



V(iva) Quiniia mulieris liberta Privata sibi et O(avovTt) Q(uinto) Manió 
Qfuinti) /(iberio) Modesto contubernali. 

Viviendo Quincia Privata liberta de Quincia, hizo labrar este monu- 
mento para sí y para su difunto marido Quinto Marcio Modesto, liberto 
de Quinto. 

Dos libertos de cierta Quincia, que fué quizá la patrona de 
Privata, han perpetuado su memoria: Cayo Quincio Micón en 
Mataré (i) y Tito Quintio Rufión en Tarragona (2). Un Quinto 
Marcio, asimismo, suena en dos lápidas, una de Mataró (3) y otra 
de Barcelona (4). 

De Quintius se formó el cognombre que aparece en dos lápi- 
das barcelonesas: 

1) Hübner, 4595. 

\Q(uintus) Qicinti?'\us Quintio... 

2) No registrada por Hübner. Existe en el Museo .provin- 
cial (5); mide 26 cm. de alto por IO de ancho, y está señalada 
con el número 393. 

QVINTIo 
IOVI • Ve 
SO • LIB 

Quintio Jovi vo(tum) so(lvit) lib(ens). 

Quinción á Júpiter, cumplió de buen grado el voto que le había ofre- 
cido. 

Antes que se mostrase la inscripción funeral de Modesto, ha- 
llóse otra (6166) en el mismo paraje, la cual manifiesta no ser 



(1) C(aius) Quintius, Q(uintiae) S'everae lib(ertus), Myronus, sevir Augus- 
talis. Hübner, 4616. 

(2) T(itus) Quinc(tius) mulieris lib(ertus) Rujio. Hübner, 4420. 

(3) L(ucius) Marcius Q(uinti) f(ilius) Gal(eria) Optatus, aedilis Tarra- 
cone, duumvir Ilurone el duumvir quinquennalis, primus praefectus Asluriae, 
tribun(us) militum legionis secundae Augustae, anno(rum) XXX VI in Phrygia 
decessit. Hübner, 4616. 

(4) Marciae Q(uinli) f(iliae) Gratillae. Hübner, 4580. 

(5) Catálogo del Museo provincial de antigüedades de Barcelona, por don 
Antonio Elias de Molins, pág. 23. Barcelona, 1888. 



45^ BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

privativo de los esclavos el contubernio: Domitia L(uczi) liber- 
ta) Aucta I sibi ct \.P(ublió) Fabio Primioni \ contubemali. 

Por lo tocante á la explicación de las siglas v y @ básteme 
citar una inscripción aquitánica de la ciudad de Auch (i), que 
corre parejas con la presente de Barcelona, y dice así: 

viv 

MARTIALIS • Q_V 
ADRATI'F • SIBI «ET 
("> MAXIMILLA 
E-IVLII'FILIAE- VX 
O R I • ET • N ATIS 
SVIS 

Viv(us) Martialis Quadraii f(ilius) sibi et O(avyjar)) Maximillae, Jalii 
f(iliae) uxori et natis suis. 

Viviendo Marcial, hijo de Cuadrado, hizo labrar este sepulcro para sí, 
para su difunta esposa Maximila, hija de Julio, y para sus propios hijos. 

Sin salir de España tenemos en Sagunto dos incripciones fu- 
nerales (3914, 6031) que encabeza la sigla V(ivus). Hacia el re- 
mate de otra de Barcelona (4586) se declara esa misma sigla con 
todas sus letras. 

Tres objetos de arte arquitectónico se han descubierto al pro- 
pio tiempo y en el mismo sitio que la inscripción funeral de 
Privata, conviene á saber: un fragmento de arquitrabe, un pe- 
destal con su zócalo y dos fustes ó pedazos de fuste de columna 
embebida, muy notables por su decoración crucifera y alusiva 
probablemente al crismón (?f) cristiano. Su diámetro mide 
56 cm., y la altura de cada uno la sexta parte de 9 diámetros 
(5,04 m.), es decir, 84 cm., pudiéndose conjeturar que formaron 
parte de, una grandiosa basílica ó de otro edificio público. 

Por todo el lienzo meridional de la antigua muralla meridio- 
nal de Barcelona, cuya puerta estaba defendida por el castillo, ó 

(1) Corpus inscriptionumlalinanim,w\. xm, 474. Berlín, 1899. Compá- 
rese la de Luchón, cuyo texto reproduje en el tomo xxv del Boletín, 
pág. 286. 



MONUMENTOS ROMANOS. 457 

castro de Regomir, han aparecido inscripciones y otros monu- 
mentos romanos, de los que en diferentes tiempos de la Edad 
Media se aprovecharon los restauradores de obra tan importan- 
te. Pláceme, á este propósito, traer á colación un documento 
inédito, fechado en l.° de Noviembre de 1032, que he visto y 
copiado en el archivo de la catedral. Está registrado en el tomo 1 
de los Libri Antiquitatum, fol. 146 v., 147 r., y dice así: 

Carta qiLod canónica dedit eldesindo turres et muros apud alai- 
zinos, ítem castrum regumir et turran ventosam. 

In nomine domini Ego Guadallus gratia dei episcopus sánete 
sedis barchinonensis una cum caterva cannonicorum meorum 
donatores sumus tibí eldesindo. 

Certum quidem et manifestum extat onnibus qualiter necessi- 
tas oportuna nobis exigit construere muros civitatis barchinone, 
eorumque turres murare. Quamobrem donamus tibi fideli nostro 
suprascripto eldesindo turres et muros cum aliquid de térra qui 
se convertit cum ipsos muros vel turres. Que est hec omnia in 
moeniarum ordine eiusdem civitatis barchinone ad meridianam 
plagam in locum quem dicunt Alaizinos, qui est inter ipsum 
castrum regumirum et ipsa torre ventuosa. Advenit nobis pre- 
fata omnia per vocem predicte matris nostre ecclesie vel per 
ullasque voces. Que affrontat iamdicta omnia de parte circi in 
térra de condam eimo femina, vel de sancti petri, et habet 
dextros vn et cubitos 11. De aquilonis in muros eiusdem civitatis 
forinsecus et habet dextros vn et cubitos 11. De meridie similiter 
et habet dextros vn et médium. De occiduo in térra de condam 
iamdicta eimo femina et habet dextros vn et médium. Hos dex- 
tros sunt a dextro maiore. Quantum iste affrontaciones includunt 
et isti dextri ambiunt sic donamus tibi vel posteritas tua usque in 
terciam et quartam generationem ea omnia prelibata abintegre 
cum exiis et regressiis earum ad tuum plenissimum proprium et 
posteritati tue suprascripte, et de nostro iure in tuo tradimus 
dominio et potestate ut facías vel faciant exinde quod volucris 
vel voluerint vindendi donandi sen comutandi salvo tamen nego- 
cio nostre matris ecclesie prelibate. In eo modo et ordine ut dari 
facías per unumquemque annum domino deo et prelibate ecclesie 



458 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

libram unam core tu ol poslcritas tua. Et post obitum predicte 
posteritati tuo rovortantur prefata omnia bene condirocti in iure 
matris nostre ecclesie iamdictc sino ulla inquietudine. Hec omnia 
tibí contradimus ut ipsas turres et muros bene eos construas ve! 
hedijices. Quod si nos donatores aut aliquis homo utriusquc sexus 
contra hanc donacionem venerit pro inrumpendum non hoc 
valeat vindicare, set componat aut componamus tibi prenotata 
omnia in duplum cum omnem tuam imeliorationem. Et in antea 
ista donatio firma permaneat omnique tempore. Actum est hoc 
kalendis novembris anno 11 regni henrici regis. -Hf Guadallus ac 
si indignus gratia dei episcopus. S tK- Remundus levita. S -Hf bo- 
nifilius levita. -Hr Johannes levita. -Hf Sigifredus levita. S -Hí- Dal- 
rñatius levita. S -Hf Remundi clerici. Goceíredus presbiter. -Hf S -Hf 
Borucius presbiter. S -Hf belli hominis, cognomento geraldus le- 
vite, exarator cum litteras superpositas in linea vn ubi dicit sedis. 
et sub die et anno profixo. 

Dio noticias de esta escritura el P. Flórez (i): «El obispo Gua- 
dallo con todos sus canónigos cuidaron de erigir las murallas y 
torres de Barcelona, que qon las invasiones de los moros estarían 
muy maltratadas, y encargaron la obra á un vasallo suyo llama- 
do Eldesindo, que parece tenía en nombre de la iglesia una por- 
ción de tierra en confín de las murallas con carga de una libra 
de cera, v le dejaron la tierra- por tres ó cuatro generaciones, 
después de las cuales debía volver todo bien reparado á poder 
de la iglesia.» Y con efecto, no había pasado aún medio siglo, 
desdo que e] terrible Almanzor un lunes, 6 de Julio de 985, ha- 
bía entrado por asalto la ciudad (2), y no contento con saquear- 
la ó incendiarla, la desmanteló y arrasó, dejando hacinados los 
escombros que habían de servir para la reconstrucción de los 
muros y torreones. 

Pero más que Eldesindo , restaurador do una porción de las 
murallas de Barcelona en 1032, es acreedor á eterno recuerdo 
de la posteridad el magistrado romano que construyó las primi- 



(1) España Sagrada, tomo xxix (2. a edición), pág. 221. Madrid, 1859. 

(2) Boletín, tomo vn, pág. 192. 



MONUMENTOS ROMANOS. 459 

tivas. Acaba de revelarnos él mismo su nombre, Cayo Celio, 
según aparece de lo que me ha escrito (i) el Sr. Casades: 

«Hace unos diez ó doce días, en la montaña de Monjuí y en 
su cementerio llamado del Sudoeste, se descubrió una gran lápida, 
cuyas letras, profundamente labradas, alcanzan á unos once cen- 
tímetros de alto, y cuyos vocablos están divididos por puntos 
triangulares. 



C • COELIVS • AISI • F 
íí • VIR • QVIN ■ JWR 
TVRRES • PORTAS • 
FAC • COER • 



Con ella han sido hallados, en el mismo sitio, cuatro fragmen- 
tos de piedra de forma combada, con sendos epígrafes en su 
parte convexa, que sin duda se referían á la obra indicada por 
la gran lápida, siendo sus letras altas 9 centímetros. 



I.° 


[¿FA?] DILLVS 


2.° 


C • IVLIVS'A 


3-° 


L'LICINIVS" A 


4-° 


A 



Con estos fragmentos se han descubierto asimismo los restos 
del molduraje de la parte superior de un entablamento. Cada uno 



(1) Carta del 21 de Marzo de 1903. 



460 boletín de la real academia de la historia. 

de estos bloques, en la parte que tuvo oculta dentro de la cons- 
trucción, está señalada con estas letras: 

Q VII Q_ V Q_ V 

Finalmente se han hallado fragmentos de columna, distinguién- 
dose uno de ellos por su fuste y base ática.» 

Hasta aquí el Sr. Casados. Xo le ha sido posible hasta ahora 
proporcionarme fotografías de tan interesantes inscripciones, ni 
el plano de la localidad donde se han descubierto. 

La fotografía de la gran lápida nos dirá si algo hay que suplir 
ó enmendar en la interpretación que propongo: 

C(aius) Coelius, Atisi f(ilius), duumvir quin(quennalis) mur(os) turres 
portas fac(iunda) coer(avit). 

Cayo Celio, hijo de Atiso, duúmviro quincuenal, cuidó de que se hi- 
ciesen los lienzos de las murallas, los torreones y las puertas (de la pre- 
sente ciudad). 

Semejantes inscripciones del tiempo de la República romana, 
antes que Augusto se apoderase de ella, han comparecido en Sa- 
gunto (6021 a), Cartagena (3425, 3426, 3427, 3433, 3434), y 
Jerez de la Frontera (5405). La inscripción de Cayo Celio, esti- 
mo que se vería á la entrada de cada una de las cuatro puertas 
del recinto amurallado. Los cuatro fragmentos y los bloques 
también epigráficos, recordaban algunos nombres de los (¿a[ed¿- 
les\? y ¿qu\aestores?\) que intervinieron en la obra, y tal vez en la 
parte de la muralla, ó ele la construcción que les cupo. Básteme 
citar á este propósito una inscripción de Cartagena (3426): 

M(arcus) Cornelius , M(arci) f(ilius) Gal(crid) Marcellus , 
aug(tir) quinq(utnnalis) rniirum a porta Popillia ad tiirrim pro- 
ximam pcd(iim) CXLVI et ultra turr(im) p(edum) VI, d(ecreto) 
d(ccuriorum) f(aciundum) c(uravit) ¿(dem)q(tic) p(robavit). 

Por ventura la ciudad que amuralló Cayo Celio no es la actual 
cuyo centro está en la pla/a de San Jaime sobre la cima del 
monte denominado Táber por los documentos de la Edad Media, 
sino que es el castro del Puerto, hacia al desagüe del Llobregat, 



MONUMENTOS ROMANOS. 46 1 

en la falda del Monjuí, donde radica el cementerio del Sudoeste. 
Con los nuevos descubrimientos, la historia antigua de Barcelona 
ha inaugurado un período de investigación fecundísima. 



Tarrasa. 

Mosaico de Egara. A los monumentos arqueológicos consis- 
tentes en tres inscripciones romanas y una visigótica (i) y otras 
de las iglesias de Santa María (excatedral), San Pedro y San Mi- 
guel de Tarrasa, en la provincia de Barcelona (2), hay que ¡untar 
un mosaico nuevamente encontrado en el cementerio antiguo de 
la parroquial de San Pedro. De tan interesante encuentro me ha 
dado noticia D. José Soler y Palet (3), correspondiente de nuestra 
Academia (4). 

«Para construir un panteón, excavóse no ha mucho el suelo 
del cementerio, y á la profundidad de dos metros se mostró y 
echó á perder una porción de bello mosaico, con el propósito de 
enterrar, como se dijo, á un recién finado. Por fortuna han que- 
dado trozos, cuya prolongación se oculta debajo de la tierra, que 
convendría remover y despejar, no solamente en atención á que 
la humedad de aquel suelo es perjudicial á la conservación de los 
templos, sino también porque se puede esperar el descubrimien- 
to de las sepulturas de los obispos de Egara ó de algunas inscrip- 
ciones insignes.» 

Madrid, i.°de Mayo de 1903. 

Fidel Fita. 



(i) Inscriptioncs Hispaniae latinae, núm. 4494, 4495, 6144. — lnscriptio- 
nes Hispaniae christianae, núm. 190. 

(2) Boletín, tomo xxxiii, páginas 5-79. 

(3) Carta del 22 de Abril de 1903. 

(4) Ha trasladado á Barcelona su domicilio, calle del Consejo de Cien- 
to, núm. 299, piso i.°, puerta i. a 



462 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 



VI. 



DON CIRÍACO M. VIGIL Y SUAREZ-BRAVO. 

A i." de Abril de 1903 ha fallecido -en la ciudad de Oviedo 
este preclaro hijo suyo, digno de toda alabanza. No allí solo eran 
conocidos y apreciados sus méritos literarios; había merecido 
elogios de nuestros maestros españoles Fernández Guerra, Ga- 
yangos, Cuadrado, y no se los escasearon los hispanófilos Hüb- 
ner, Frassinelli, Tailhan, Beer, entre muchos. 

Nació D. Ciríaco en Oviedo en 1819; cursó en su Universidad 
los estudios de la facultad de Filosofía y Letras, y fué, entonces 
y después, alumno siempre premiado en la Escuela Ovetense de 
Dibujo v en la de la Academia de Bellas Artes de San Fernan- 
do, dirigida por el insigne Madrazo. Protegido por el primer 
("onde de Canga-Arguelles, sirvió por breve espacio de tiempo 
un modesto empleo en la Dirección de Propiedades del Estado; 
desde 1 848 volvió á su país, consagrándose por entero á las in- 
vestigaciones históricas y artísticas, afán de toda su vida, que 
debió de heredar, toda vez que su abuelo D. Simón y su padre 
I). |uan de Dios fueron paleógrafos y genealogistas distinguidos. 

Nombrado sucesivamente Archivero de la Diputación y Cro- 
nista de Asturias, obtuvo diplomas de correspondiente de las 
academias de la Historia y de Bellas Artes, mas el oficial de 
Lector titular de letras antiguas, antes de la creación del Cuerpo 
Nacional de Archiveros, Bibliotecarios y Anticuarios. 

La labor ejercitada en el Archivo provincial bastaría para per- 
petuar su nombre, consideradas su perseverancia y la inteligen- 
cia con que supo organizar aquel conjunto de papeles y dotarlo 
de índices y catálogos que pueden servir de modelos; pero no 
fué única; tomó á su cargo también la ordenación del Archivo 
de la Audiencia del Principado, registró el de la Catedral y otros, 
sai ando traslados de diplomas discutidos ó ignorados, en acopio 
Itastante para acometer empresas de más aliento, ya que conta- 



DON CIRÍACO M. VIGIL Y SUÁREZ-BRAVO. 463 

ba con la destreza y facilidad de su mano (en tiempo en que no 
se contaba todavía con el auxilio de la fotografía), y podía ¡lus- 
trar con delicados dibujos á sus descripciones y aun á las' de ge- 
neralidad y de importancia tanta como la publicación de los «Mo- 
numentos arquitectónicos de España.» 

Habiendo contribuido á fundar en 1 842 El Nalón, primera Re- 
vista provincial de donde arranca el renacimiento literario del 
país, por sí, contando con el amparo de la Diputación y del Mu- 
nicipio, dio á luz la notable obra 

Asturias monumental, epigráfica y diplomática, ilustrado con 
188 láminas. (Oviedo, Imp. del Hospicio, 2 tomos folio, 1887); 
después, la 

Colección histérico-diplomática del Ayuntamiento de Oviedo. 
(Oviedo, Imp. de Pardo, Gusano y Compañía, 1 888); 

Heráldica asturiana y catálogo armorial de España, seguido de 
leyes y preceptos, órdenes de Caballería, de la bibliografía del bla- 
són y de genealogía del Principado. (Oviedo, 1902); 

Noticias biográfico -genealógicas de Pedro Menéndez de Aviles, 
adelantado y conquistador de La Florida, continuadas con las de 
otros asturianos que figuraron en el descubrimiento y colonización 
de las Américas. (Aviles, 1892.) 

L uadro sinóptico de senadores y diputados á Cortes, diputados 
provinciales y Comisión permanente, Consejeros y Jefes políti- 
cas de la provincia. (Oviedo, 1 88 5.) 

Ha dejado inéditas, Genealogías de las principales Casas y fa- 
milias de Asturias, que son un tesoro de noticias de todas clases. 

Durante la prolongada campaña literario-artística pudo de- 
clararse á Vigil inválido de la Arqueología, como á los que las 
campañas militares producen. En excursión al antiquísimo tem- 
plo de Santa Cristina, la máquina del ferrocarril de Lena le cer- 
cenó una pierna; mas así como al almirante holandés llamado 
Pie de palo por accidente parecido, no impidió la pérdida del 
miembro la continuación de su carrera, así también prosiguió 
I ). Ciriaco la suya, si con menos expedición, con igual voluntad 
y constancia hasta el fin de su vida. 

La edad, el trabajo, y más que todo la modestia, la afabilidad 



464 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

y la ejemplaridad cristiana, le conquistaron genera] estimación 
que ha de poner á su memoria entre la de los beneméritos de la 
patria v las de los que más han contribuido al conocimiento de 
sus glorias. 

El Sr. D. Fermín Canella y Secades, Vicepresidente de la Co- 
misión de Monumentos de Oviedo, ha publicado en La Opinión 
de . Isturüzs sentida necrología, de la que tomo los datos para este 
ligero apunte. 

Cesáreo Fernández Duro. 



VIL 
TAPICES DE LA CORONA DE ESPAÑA. 

No fueron, en verdad, hueras palabras ni promesas vanas, an- 
tes bien espontáneo ofrecimiento pronta y fielmente cumplido, 
el que hiciera ante nosotros nuestro ilustre compañero el Conde 
viudo de Valencia de Don Juan, cuando al tomar posesión de su 
sillón do académico nos anunciaba en su interesante, ameno y 
eruditísimo discurso, que se ocupaba en allegar materiales, in- 
quirir noticias y conjuntar datos curiosos y antecedentes disper- 
sos que sin aeran de texto, ilustración é historia de la flor de la 
tapicería de la Corona de España, maravillosa y sorprendente 
colección, no digo superada, ni siquiera igualada por pueblo ni 
nación del mundo entero. 

En electo, días ha entregó el Conde de Valencia, como dona- 
tivo destinado S la Biblioteca de esta docta casa, los dos volúme- 
nes en folio apaisado que contienen la reproducción de 135 pa- 
ños de los más notables y curiosos de las distintas series que 
constituyen el rico tesoro de los 2.000 tapices, aproximadamente, 
que pertenecen á la Corona, contando naturalmente en este nú- 
mero los grandes, medianos y chicos, sobrepuertas y entre- 
paños. 



TAPICES DE LA CORONA DE ESPAÑA. 465 

El intentar y acometer empresa de tal magnitud é importan- 
cia es ya por sí esfuerzo digno de todo encomio; el haberla sa- 
bido realizar en la forma y manera con que se ha llevado á 
cima, constituye mérito especialísimo y servicio muy señalado 
á la historia de este arte suntuario tan extendido y estimado en 
los siglos xv, xvi y xvn, y cuyos productos de alto lizo son en el 
día buscados con tal afán por Museos, coleccionistas y anticua- 
rios, que su valor y precio adquieren, en ocasiones, fabulosas pro- 
porciones, á punto tal, que poco tiempo hace pagó por un solo 
tapiz un opulento norteamericano (Pierpont Morgan) la enorme 
suma de dos millones y medio de francos, y á nuestro mismo 
compañero, en su calidad de Vicecomisario general de la última 
Exposición Universal de París, se le hicieron serias ofertas por 
respetables entidades de abonar un millón y medio de francos 
por un solo paño de la serie llamada Conquista de Túnez, por el 
que representa la Revista de Barcelona. 

Bien merecía, pues, esta espléndida colección de tal manufac- 
tura industrial reunida en el lapso de los siglos por encargos, 
adquisiciones y herencias de nuestros reyes, el honor de ser re- 
producida en estampa, no tanto como exhibición y alarde de lo 
que poseemos, sino como documento histórico que indica y que 
señala el proceso de la tapicería en la marcha de los tiempos, y 
como escuela de enseñanza en donde los artistas pueden estu- 
diar con fruto y con provecho, no precisamente los procedimien- 
tos mecánicos del alto y bajo lizo, ya conocidos y tal vez perfec- 
cionados en el día, pero sí las artes de la composición y del di- 
bujo y las mil curiosidades de indumentaria que en ropas, telas, 
trajes, armas, paramentos y muebles contienen estos preciosos 
é interesantes paños. 

Y conviene hacer constar que, si los 135 reproducidos son de 
mérito y valor incontestable, quedan todavía un centenar que no 
les van á la zaga en grandiosidad 6 importancia, pero cuya re- 
producción era imposible, por estar, como están, adosados á los 
muros de estancias y salones de nuestro regio Alcázar, constitu- 
yendo su más bello y admirado adorno, no prestándose por su 
colocación á impresionar las placas fotográficas que han menes- 
tomo xlii. 30 



466 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

ter de la luz meridiana para que no se pierdan perfiles y de- 
talles. 

lie aquí el índice de las tapicerías reproducidas en los dos 
volumen s publicados: 

TOMO I 

El Nacimiento de Jesús (i paño). 

La misa de San Gregorio el Grande (i paño). 

Historia de la Virgen María (4 paños). 

Episodios de la historia de la Virgen (2 paños). 

Historia de David y Bethsabé (10 paños). 

Historia de San Juan Bautista (4 paños). 

Episodios de la pasión de Jesucristo (2 paños) 

Moralidades (4 paños). 

San Jerónimo (1 paño). 

Dosel del Emperador Carlos V (3 paños). 

La Pasión del Salvador (4 paños). 

Los honores (3 paños). 

Fundación de Roma (6 paños). 

Los actos de los Apóstoles (9 paños). 

La Conquista de Túnez (10 paños). 

La Conquista de Túnez (paños 10 y 11). 

La cena Pascual (1 paño). 

La venida del Espíritu Santo (1 paño). 

TOMO II 

La adoración de los Reyes Magos (1 paño) 

Vertumnio y Pomona (6 paños). 

Historia de Ahraham (7 paños). 

El Apocalipsis de San Juan (8 paños). 

Historia de Escipión el Africano (7 paños). 

Los siete pecados capitales (6 paños). 

ídem id. id. (4 paños). 

Mono:- ó grotescos ¡<> paños). 

Las tentaciones de San Antonio Abad (4 paños). 

Historia de Ciro el Grande (10 paños). 

Historia de Diana ó Artemisa (7 paños). 

Tapicería del. dormitorio del Rey D. Carlos III (2 paños) 

Acompañan á las láminas breves pero substanciosas observa- 
ciones y noticias, escritas en español y en francés por el Conde 
de Valencia, indicativas de lo más importante que á cada colec- 
ción atañe: autor de los cartones, asunto que representan, rótu- 



TAPICES DE LA CORONA DE ESPAÑA. 467 

los é inscripciones de las cartelas, lugar donde se tejieron los pa- 
ños y por quién, personaje que los encargó y vicisitudes é his- 
toria de aquellos que la tienen. 

Y si esta prolija y pacientísima labor de investigación y de es- 
tudio merece plácemes sin tasa para nuestro competente y res- 
petable compañero, siéntese al par nuestro amor propio nacio- 
nal halagado y satisfecho por lo que respecta á la esmerada es- 
crupulosidad, á la intachable fidelidad, al lujo y al buen gusto 
con que ha sido ejecutada y presentada obra tan importante y 
tan útil, dejando de pagar el acostumbrado tributo á la industria 
extranjera, merced á los progresos y adelantos que los señores 
Hausser y Menet han introducido en sus talleres y oficinas, mon- 
tados hoy á la altura de los mejores de Europa. 

La encuademación misma de las tapas, donde campea el im- 
perial blasón de Carlos V, exactamente tomado del pendón exis- 
tente en la Real Armería, y que es el mismo llevado por el Cé- 
sar á la conquista de Túnez, es un modelo de sobria elegancia y 
de atinada distinción. 

Una vaga, pero gratísima esperanza flota y se vislumbra en las 
últimas líneas del Apéndice con que el autor termina su trabajo; 
déjasenos esperar que á esta serie de tapicerías flamencas pu- 
diera seguir un tomo tercero comprensivo de lo más selecto que 
poseemos de la tapicería española, fabricación que implantara en 
nuestra patria en el primer tercio del siglo xvm el rey Felipe V, 
haciendo venir de Amberes al tapicero Vandergoten y sus hijos, 
á cuya habilidad y pericia se deben muchos de los paños que 
decoran los sitios reales de El Escorial, El Pardo y el Alcázar de 
Sevilla, valiéndose de cartones dibujados por el genial pintor 
Goya y Lucientes y por otros artistas de mérito. 

Grato ha de ser, lo espero, á esta Real Academia, ahora como 
siempre que se presenta justa y propicia ocasión, consignar su 
agrado y tributar loanzas á obras que, cual la presente, reúnen á 
la importancia histórica la utilidad artística, engalanada por ende 
con los primores de una acertada y perfecta ejecución. 

Madrid, 29 de Mayo de 1903. 

Marqués de Laurencín. 



468 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 



VIII. 

EL EMPERADOR (-ARLOS V Y SU CORTE. 

(1522-1539) 

Siendo todo cuanto se refiere á la historia del emperador 
Carlos V de extraordinario interés, nos ha parecido útil y con- 
veniente dar á conocer un códice que posee la Real Academia 
de la Historia, donde se encuentran noticias, desconocidas las 
unas, que ilustran, amplían y confirman hechos ya conocidos 
las otras, y todas de carácter auténtico y fidedigno, como reco- 
gidas por un testigo de vista que de continuo asistía en la corte 
cesárea y estaba en frecuente trato y comunicación, rio solo con 
los más eminentes personajes do ella, sino con el mismo Em- 
perador. 

Es este precioso códice, tan importante como poco conocido- 
y utilizado, un registro de cartas de D. Martín de Salinas, encar- 
gado de negocios del infante D. Fernando, hermano del César. 

El manuscrito, que forma un volumen de 418 folios de 0,282 
de alto por 0,21 de ancho, es de letra del siglo xvi, y contiene 
las cartas que Salinas escribía al infante I). Fernando y á su ínti- 
mo amigo el tesorero de S. A., Salamanca, dándoles cuenta, no 
solo de los negocios, intereses y noticias particulares de que es- 
taba encargado, sino también de la vida del Emperador, de los 
más notables sucesos que ocurrían en la corte, de los actos y pa- 
receres de sus ministros, de lo que pasaba y se murmuraba, y, en 
fin, de lo que á modo de gacetilla reflejaba la pública opinión; 
todo ello tan galanamente escrito, con tanta discreción, llaneza 
y á veces con tal donaire y gracia, que cautiva la atención y des- 
pierta su relato vivísimo interés. Las más de las cartas y las más 
amenas son las que dirige al tesorero Salamanca. La primera está 
fechada en Bruselas á 28 de Abril de 1522, y la última en Lo- 
groño á II de Noviembre de 1539- Debía constar esta corres- 
pondencia de otros tomos, á los cuales hace á veces referencia 



EL EMPERADOR CARLOS V Y SU CORTE. 469 

en varias ocasiones, pero no hemos podido averiguar su para- 
dero. 

Según dice en su primera carta, llegó Salinas á Bruselas «sá- 
bado 26 de Abril» de 1 522, donde á la sazón tenía su corte 
Carlos V, del que no se separó ya en muchos años. Como el 
volumen es muy abultado, las cartas, en general, largas, y la le- 
tra y los renglones muy metidos, como buena parte del conte- 
nido de estas cartas se refiere á asuntos particulares, á gestiones 
económicas, encargos y comisiones de índole privada, sin valor 
histórico, solo hemos transcrito los párrafos que realmente lo 
tienen para hacer más amena y provechosa su lectura, resultando 
su conjunto un libro semejante al de las Relaciones de Cabrera 
de Córdoba referentes al reinado de Felipe III. t 

Del autor solo he podido averiguar, aparte de lo que él mismo 
refiere en sus cartas, que figuraba entre los gentileshombres de 
la casa del Emperador en los años de 1520 á 1 53 1 (1). El códice 
fué adquirido por compra por la Academia en 1 80 1; y un curio- 
so que lo leyó á fines del siglo xvn ó principios del xvm le puso 
algunos epígrafes y llamadas en los pasajes más notables. No lo 
cita el diligente historiador belga Mr. Gachard en su obra Les 
bibliotheqnes de Madrid ct de l ' Escurial. 

El viaje del Emperador desde Flandes á Inglaterra en 1 522; su 
estancia en aquella corte; su venida á España; el estado lastimoso 
de pobreza, carestía y desconcierto político y administrativo en 
que la Península se hallaba á causa de la general perturbación 
producida por las Comunidades; los medios de gobierno que Car- 
los V.empleó para mejorar la situación pública; el descomedido 
frenesí que se apoderó de todas las clases sociales de pedir mer- 
cedes por pretendidos servicios hechos en ausencia del monar- 
ca; las ingeniosas y contundentes respuestas que éste les oponía; 
las noticias de las guerras sostenidas en España, en Flandes, en 
Italia, en Alemania y otras partes, y muchas otras curiosas noti- 



(1) «Etat des arréages das aux personnes de la maison de- l'Empe- 
reur, de 1520 á 153 1 . — Voyages des Souverains des Pays-Bas». — Tomein, 
pág. 309. 



% 

470 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

cias que no suden encontrarse en crónicas, historias, biografías 
ni en documentos oficiales, y que hoy son tan codiciadas porque 
reflejan el estado social, las costumbres, el modo de pensar y 
obrar de los ciudadanos todos, están hábilmente tratados en estas 
cartas, que seguramente han de contribuir á ilustrar en gran ma- 
nera uno de los períodos de más memorable recordación de nues- 
tra historia. 

Convendría acaso que estas cartas fuesen acompañadas de 
abundantes notas para aclarar algunos conceptos y hechos; pero 
sobre ser los más de ellos de fácil investigación para el lector eru- 
dito, le fatigarían y distraerían de la lectura del texto y resulta- 
ría imposible la publicación en nuestro Boletín, por su excesiva 
extensión. En este concepto, solo nos atendremos á las más ne- 
cesarias. Y como la ortografía de este códice varía, según varía 
el copista, hemos preferido seguir, por lo general, la moderna, 
menos en los casos que requieran la más estricta exactitud. 

A través de esta correspondencia, sobre todo en los primeros 
años de ella, se advierte en los párrafos referentes á las relacio- 
nes entre Carlos y Fernando cierto desvío y tibieza de afectos 
fraternales del primero respecto del segundo, de que más ó me- 
nos encubiertamente se queja á veces Martín de Salinas. 

Las causas de este desafecto son bien conocidas, pero convie- 
ne aquí recordarlas para la mejor explicación de muchos pasajes. 
Refiérense unas á la diversa educación de estos Príncipes, á su 
apartamiento y falta de trato en su infancia y á sus opuestos ca- 
racteres; otras á razones políticas que llegaron á producir entre 
ellos profundos recelos y desconfianzas. 

Nacido Carlos en los Países Bajos, y educado en la antigua 
Corte de Borgoña, cuyo esplendor y fausto antiguos contrasta- 
ban ahora con su sencillez y frialdad, por morir el padre en lis- 
paña cuando el Príncipe solo contaba seis años de edad, y que- 
dar la madre tan trastornada con sus manías, que para nada se 
ocupaba de sus hijos, no es-de extrañar el carácter melancólico 
y reservado qué le dominó en los primeros años de su juventud. 
Los Estados de los Países Bajos ofrecieron la tutela de Carlos al 
emperador Maximiliano, cuidado que el abuelo paterno descargó 



EL EMPERADOR CARLOS V Y SU CORTE. 47 I 

en su hija Margarita, la viuda del malogrado príncipe D. Juan. 
Fué constante anhelo de su abuela D. a Isabel la Católica en los 
últimos años de su vida, y de su esposo el rey D. Fernando, hasta 
que murió, que viniese Carlos á España á educarse á su lado, á 
conocer nuestro idioma, gobierno y costumbres, pues que había 
con el tiempo de gobernar estos reinos. 

Ni D. Felipe, ni Maximiliano, ni D. a Margarita consintieron ja- 
más en ello, oponiéndose más tenazmente todavía á tan justa 
pretensión los nobles flamencos más influyentes. 

¡Cuan otras hubieran sido la suerte de España y la vida políti- 
ca del Emperador á haberse éste educado desde sus más tiernos 
años al lado de sus abuelos D. Fernando y D. a Isabel, maestros 
ambos excelentísimos en el arte de gobernar á su pueblo! No lo 
quiso así la divina Providencia, y dirigido por su tía, D. a Marga- 
rita, por el príncipe de Chimay y Adriano de Utrech, y pode- 
rosamente dominado por Guillermo de Croy, señor de Chiévres, 
llegó á la edad de quince años, quedando desde ella emancipado 
de la tutela y en posesión absoluta del Gobierno de aquellos paí- 
ses. Cuando salió de manos de sus gobernadores y maestros, no 
se tenía en general una alta idea de la inteligencia del Archidu- 
que, opinión desfavorable que confirmaba su aspecto físico. Des- 
tinado á reinar sobre buen número de pueblos diferentes, no co- 
nocía más idioma que el francés. No le era familiar la lengua la- 
tina, cuyo conocimiento era tan útil en una época en que gene- 
ralmente se empleaba en las relaciones diplomáticas; el futuro 
rey de Castilla y de Aragón, de Ñapóles y de Sicilia, no hablaba 
español ni italiano; el nieto de Maximiliano, para quien su abuelo 
ambicionaba la Corona imperial, jamás habló alemán, ni aun pa- 
rece que, á pesar de haber nacido en Gante y de haber reco- 
mendado Maximiliano á Margarita que aprendiese el thiois, nun- 
ca pudo conversar el flamenco (i). 

Revelaban al parecer un desarrollo intelectual imperfecto su 
boca entreabierta, sus ojos casi inmóviles, la dificultad que ex- 



(1) E. Gossart: Notes pour servir a l'hisioire du regne de Charles- Quiñi. 
Bruxelles, 1897. 



472 boletín de la real academia de la historia. 

perimentaba en el habla. Era frío y taciturno, y todos le encon- 
traban demasiado sorio para su edad. En las audiencias que daba 
á los Embajadores hablaba poco, y cuando lo tenía que hacer 
con alguna extensión, se limitaba á repetir una lección aprendi- 
da. Generalmente Chiévres ó el Canciller respondían por él, ó se 
concretaba á decir que remitiría el asunto á uno de sus minis- 
tros. Si de improviso se veía obligado á hablar, retirábase para 
conferenciar con ellos la respuesta que había de dar. 

Más afortunados los gentileshombres encargados de su educa- 
ción física, consiguieron que su discípulo se aficionase apasiona- 
damente á toda clase de ejercicios corporales, á las armas, á la 
equitación y sobre todo á la caza, conservando durante todo su 
reinado las tradiciones de la edad caballeresca, ya por entonces 
á punto dr expirar. 

En el estudio del arte ele gobernar fué su principal maestro el 
Sr. d<- Chiévres, de origen francés, cuya influencia sobre el jo- 
ven Príncipe fué tan considerable que por completo anuló la de 
los otros consejeros. La autoridad que llegó á adquirir sobre Car- 
los le valió el epíteto de altcr rex, con que le designaban los Em- 
bajadores venecianos. Por consejo de este ministro empezó ("1 
Archiduque á despachar los negocios de Estado, examinando por 
sí mismo los despachos que le presentaban, presidiendo los Con- 
sejos y haciendo en ellos relación y juicio de los negocios, hasta 
que en su presencia se decidían. Esta sujeción, á la que el sobe- 
rano gustosamente se sometía, le dio á pesar de sus pocos años 
precoz penetración y gravedad. Tan ele su gradóse había some- 
tido al ascendiente y predominio -de Guillermo de Croy, que 
habiéndole algunos de sus consejeros, y aun su misma tía Mar- 
garita, aconsejado que se sustrajera de esta dependencia volun- 
taria, tomó por entonces por emblema de su escudo la palabra 
Nondum. 

Dos partidos poderosos se disputaban, desde la emancipación 
del Archiduque, la preponderancia en la Corte. Era cabeza del 
uno Margarita, que deseábala alianza inglesa; Chiévres lo era del 
otro, tendiendo á eliminar del gobierno á la prudente y animosa 
Princesa, y á no escatimar las concesiones á trueque de vivir en 



EL EMPERADOR CARLOS V Y SU CORTE. 473 

paz con Francia. Vencida en esta contienda política la tía del so- 
berano, é irritada con la arrogancia de sus adversarios, que eran 
los que habían precipitado la emancipación de Carlos, vióse obli- 
gada á escribir la apología de sus actos, que presentó en pleno 
Consejo el 20 de Agosto de 1515a su sobrino , siendo leída en 
su presencia. Y aunque mereció de éste corteses palabras y pro- 
mesas, es lo cierto que siguieron triunfantes el Sr. de Chiévres 
y sus amigos en el ánimo del Archiduque (i). 

Pasemos ahora la vista á otro cuadro totalmente distinto. 

El infante D. Fernando había nacido en Alcalá de Henares el 
año 1503; de allí le llevó su abuela la reina D. a Isabel á Sego- 
via, y después á Arévalo, para que en esta villa se criase. Dióle 
por aya á D. a Isabel de Carvajal, mujer que había sido de San- 
cho del Águila, y por médico al Dr. Juan de la Parra, siendo go- 
bernadores de su casa sucesivamente los obispos D. Diego Ramí- 
rez de Guzmán y D. Antonio de Rojas. A la muerte de la Reina 
dispuso D. Fernando el Católico que D. Pedro Núñez de Guz- 
mán, clavero de Calatrava, fuese ayo del Infante y gobernador 
de su casa, Fr. Alvaro Osorio su maestro, y Sancho de Paredes 
su camarero. Durante el breve reinado de D.Felipe y D. a Juana, 
para sustraerle de alteraciones y pendencias dispuso su padre 
que fuese trasladado a Simancas, donde vivió aposentado en las 
casas de la madre del Almirante. 

Apenas se supo la muerte de D. Felipe, trató el partido fla- 
menco de apoderarse del Infante. El castillo de Simancas estaba 
á la sazón al cargo de Diego de Cuéllar, que le tenía por Mr. de 
Laxao, á quien el difunto esposo de D. a Juana había hecho mer- 
ced de aquella tenencia, una de las más importantes de Castilla. 
Con astucia y embustes, los flamencos y sus partidarios se es- 
forzaron por llevar al castillo al joven Infante, y merced á la di- 
ligencia de Núñez de Guzmán no llegó á caer en su poder, lle- 
vándole á Valladolid con las debidas precauciones y en sus bra- 
zos el Obispo de Catania, hermano del Clavero, instalándole en 
las casas de la Cnancillería. Excusado parece advertir que el de- 

(1 ) Th. Juste: <Charles Quint et Marguerite d'Autriche». 



474 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

signio del partido flamenco era llevar al infante á Flandes ábuen 
recaudo, á fin de sustraerle de la influencia castelana. Pasó algún 
tiempo al lado de su madre, hasta que, vuelto el Rey Católico de 
Ñapóles, le llevó casi siempréá su lado, enseñándole con su ejem- 
plo y haciéndole asistir á los Consejos y á las audiencias de los 
Embajadores, amándole tiernamente todo el tiempo que vivió; 
porque el Infante era de linda y graciosa disposición, blanco y 
colorado, bien proporcionado, con el cuerpo derecho y bien sa- 
•cado, los cabellos rubios, mucho y muy bien puestos, la boca 
grosezuela, el rostro lleno, las narices cortas y bien hechas, los 
ojos grandes y hermosos, el semblante agradable, que llevaba 
las voluntades de todos los que le miraban. Era ingenioso y agudo, 
más de lo que su edad pedía, y juntamente con la agudeza era 
tanta su memoria, que á cuantos con él trataban, grandes y pe- 
queños, excedía en sus agudezas, no livianas como otros niños, 
sino de mucho seso y peso. De manera que cuando llegó á la 
edad de nueve años ya parecía capaz para dar y recibir consejo. 
Era muy sufrido, sabía disimular, inclinado al campo y monte- 
rías. Naturalmente era amigo de justicia y de verdad... No era 
muy liberal, que en esto y en todas las demás condiciones y en 
el gesto y en el andar era un retrato parecido sobremanera de 
su abuelo el rey D. Fernando, que por esto le amó tanto el Rey 
v tuvo los pensamientos que vemos. Era demás desto amigo de 
algunas artes de manos, como pintar, esculpir, y sobre todo de 
fundiciones de metal y hacer tiros de artillería y pólvora y dis- 
pararlos. 1 lolgaba de que le leyesen crónicas y contasen hechos de 
armas... Era muy osado, que casi de nada había miedo... Comía 
demasiado. 1 [olgábase de oir locos y de ver y tener aves diver- 
sas y animales fieros. No era recio de fuerzas, antes delicado... 
Esto <s, dice Sandoval, lo que su maestro Francisco Alvaro es- 
cribe del Infante y su niñez. 

No es, por tanto, de maravillar que, dado el amor que el Rey 
Católico profesaba á su nieto Fernando, le encargase en el testa- 
mento que hizo en Burgos en 1512 la gobernación de los reinos 
de Castilla v de Aragón, tanto por haberse criado este Infante á 
la manera y costumbres de ellos, como por creer que el prínci- 



EL EMPERADOR CARLOS V Y SU CORTE. 



475 



pe D. Carlos no vendría ni estaría aquí de asiento para regirlos 
y gobernarlos como era menester. Mas cuando cuatro años más 
adelante se vio ya el anciano monarca próximo á la muerte, y 
llamó á sus más leales consejeros para aconsejarle en aquel tran- 
ce final lo que debía proveer, éstos le pusieron de manifiesto el 
gravísimo peligro que la paz del reino corría si se obstinaba en 
sostener lo dispuesto en su referido testamento. Porque, no obs- 
tante ser el Infante tan excelente en virtudes y buenas costum- 
bres, que alejaban de él toda sospecha, era de poca edad y ne- 
cesitaba, por tanto, ser dirigido y aconsejado por otros, de quie- 
nes no se podía tener tanta confianza de su recta intención. De 
suerte que, dejando al Infante por Gobernador y á más con los 
Maestrazgos, estando ausente el Príncipe y viviendo la reina 
Doña Juana, el menor inconveniente era el no venir á España Don 
Carlos, porque viendo á su hermano apoderado de los reinos, no 
faltaría quien le pusiese tantas dificultades para su venida que 
entibiasen su propósito de realizarla, incitando al fin -y á la pos- 
tre las vanidades del mundo y el brillo del poder al Infante á ha- 
cer lo que no era propio de su condición. Accedió el rey Don 
Fernando á lo que le proponían sus consejeros, y casi llorando 
mandó que lo ordenasen así en forma testamentaria, procurando 
anular de tal suerte el testamento de Burgos, que no quedara de 
él la menor huella. «Y en lo de los Maestrazgos, ¿qué me acon- 
sejáis?», añadió el Rey. A lo que respondieron que lo mismo 
que le habían dicho respecto al gobierno de Castilla y por las 
mismas razones. «Verdad es lo que decís, repuso el Rey; pero 
mirad que queda muy pobre el Infante». A lo que respondieron 
los consejeros que la mayor riqueza queS. A. podía legar al In- 
fante era dejarle en buena unión y conformidad con su hermano 
mayor D. Carlos, que había de ser el Rey, porque quedando 
bien con él siempre libraría mejor, además de que S. A. le podía 
dejar en el reino de Ñapóles lo que su voluntad fuere, con lo que 
cesaría el inconveniente de los reinos de Castilla y aprovecharía 
á la defensa de aquel otro. Conforme á este parecer, mandó en 
su postrer testamento al infante D. Fernando 50.OOO ducados 
anuales en el reino de Ñapóles. Apenas firmó el católico mo- 



476 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

narca el testamento, á toda prisa redactado, y á poco de recibir 
la extremaunción, falleció á la media noche siguiente entre la 
una y las dos del 23 de Enero de I 5 16. 

Este infausto suceso aumentó la sorda agitación que minaba 
las ("orles en que vivían los dos hermanos. Los partidarios del 
Infante, que eran muchos y muy influyentes, apoyados en el 
testamento ya invalidado del Rey Católico, y usando de las más 
indignas supercherías, trataron de declarar ilegal la regencia de 
Cisneros y de proclamar á Fernando Gobernador general del 
reino. En esta trama figuraban como principales actores el mismo 
ayo del Infante, I). Pedro Núñez de Guzmán, y su maestro Fray 
Alvaro < )sorio, obispo de Astorga. Si á esto se añade el propó- 
sito que abrigaba el emperador Maximiliano de procurar le su- 
cediese en el imperio su nieto Fernando, porque decía que la 
grandeza de la Casa de Austria sería más duradera sosteniéndola 
(ios Príncipes que concentrada en manos de uno solo, idea que 
volvió á renacer después del fallecimiento de Maximiliano, se 
comprenderá perfectamente la tirantez de relaciones que sobre 
todo en los primeros años del reinado de Carlos se advierte entre 
los dos Príncipes hermanos y el recelo y desvío con que durante 
ellos trat(') el mayor al menor. 

Estaba Carlos I muy al corriente de cuanto en España se tra- 
maba: y asi, estando en Aranda su hermano Fernando, y los 
gobernadores Cisneros y Adriano, á primeros de Septiembre 
de 1517 escribió á éstos para que á todo trance separasen de la 
compañía del Infante á su ayo, á su preceptor, á su caballerizo 
Suero del Águila y á oirás personas de su servidumbre, por 
tratar con los Grandes del"reinp de favorecer al Infante en per- 
juicio suyo. Ejecutólo así el Cardenal Cisneros, no sin alguna al- 
teración de los despedidos, colocando al Marqués de Aguilar en 
el cargo que desempeñaba el Comendador mayor contra la ex- 
presa voluntad del Infante. «El cual requirió al Cardenal que le 
ayudase ó que le hiciese saber lo que entendía hacer por él en 
este casi >. De lo cual el Cardenal se maravilló mucho, entendiendo 
que aquellas palabras eran más sueltas de lo que convenía á la 
edad del Infante; v le dijo <|ue él no le podía dar otra ayuda sino 



EL EMPERADOR CARLOS V Y SU CORTE. 477 

cumplir y ejecutar lo que el Rey su hermano le mandaba, y que 
aquello debía él también hacer y haberlo por bueno. En lo cual 
pasaron algunas palabras, de que ni el Infante se tuvo por con- 
tento del Cardenal, ni el Cardenal de él, porque antes solían ser 
amigos». 

A tal extremo llegaron las cosas que, á no hallarse al frente 
del Gobierno un hombre de las condiciones de Cisneros, acaso 
hubiese estallado en Castilla una rebelión más sangrienta y trans- 
cendental que la de las Comunidades, por el amor que el pueblo 
y los Grandes profesaban al Infante, y la aversión y repugnan- 
cia que al Rey y á sus consejeros, como extranjeros, tenían. 

Decidido estaba ya D. Carlos á sacar de España á su hermano 
y llevarlo rodeado de flamencos á Flandes y á Alemania después, 
porque, como escribe Sandoval, con grandísima facilidad se le- 
vantaran todos con el infante D. Fernando, que aun solo el 
nombre ganaba las voluntades de los españoles; pero en aque- 
llos momentos no era prudente realizar este propósito, porque 
ésta hubiera sido la chispa que incendiase rápidamente la ho- 
guera preparada. Reservó con buen acierto la ejecución de este 
proyecto para cuando él estuviese en España, como en efecto 
lo hizo. Mas entretanto, y para aplacar aquella formidable con- 
juración, escribió á su hermano y á Cisneros tan enérgicas cartas 
como puede comprenderse por la lectura de los siguientes ' 
párrafos: 

«Illmo. Infante: Muchas veces y por diversas partes he sido 
informado que algunas personas de vuestra casa os ponían en 
gran deservicio de la Católica Reina (i), mi señora, émío, é daño 
vuestro; y otras hablaban palabras feas y malas en desacata- 
miento y perjuicio de mi persona y hacían otras cosas dignas de 
mucho castigo; de lo cual después fuimos largamente avisado... 
en el mes de Agosto pasado, y dicho y requerido... lo mandase 
proveer; lo cual no quise hacer sin vos advertir primero dello, 
como lo hice, rogándovos mucho en la carta que sobrello os es- 
crebí, os escusásedes de oir semejantes dichos y os acordásedes 

(1) La Reina Doña Juana. 



478 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

siempre del amor que yo os tengo y del cuidado en que vivo 
por vuestro acrecentamiento, porque tengáis en el mundo el es- 
tado que yo deseo y vos merecéis. Agora por diversas cartas... 
he sido informado que en ello pasasteis adelante muy desorde- 
nadamente y que las personas que gobiernan vuestra casa son 
las más culpadas, así por consentillo y no castigallo, como por 
ser participantes en ello, y lo que peor es, me escriben que al- 
gunas dellas se ha desmandado á hablar y escribir á algunos 
Grandes y ciudades desos reinos cosas escandalosas y bolliciosas. 
Y porque todo esto, como veis , si no lo remediásemos sería 
en desérvimiento nuestro y daño vuestro, que es cosa que yo 
sentiría... envió á mandar al Comendador mayor de Calatrava 
que se vaya á residir en su encomienda, y al Obispo de Astorga 
á su obispado; y en lugar de ellos que estén en vuestro servicio 
y acompañamiento el clavero de Calatrava D. Diego de Gue- 
vara y Mr. de Laxao, mi embaxador, á los cuales mando que su 
cuidado y diligencia estén en daros y haceros todo el placer y 
servicio que sea posible, y que vuestra persona esté en la estima 
que merecéis. Y porque, como vos sabéis, éstos están ausentes, 
hasta tanto que lleguen, envío á mandar que esté en vuestro ser- 
vicio y compañía D. Alonso Tellez Girón, hermano del Marqués 
di' Yillena, según que más largamente de mi parte estas y otras 
cosas el Reverendísimo Cardenal de España y Mr. de Laxao, mi 
embaxador, os hablarán...» 

En el mismo sentido y con órdenes apremiantes escribió á 
Cisneros, enviándole al efecto la instrucción (i) necesaria para 
cumplir este encargo, que por haberla publicado ya en mi Es- 
tudio sobre ¡a Reina Dona Juana (2) no se inserta aquí. 

Tan á gusto del Rey cumplió el Cardenal sus órdenes, que 
con fecha 22 del mismo mes y año le escribió dándole las gra- 
cias. 

El mismo día que firmaba esta carta en Middelbourg se em- 
barcaba Carlos en Mesinga con su hermana Leonor, el Sr. de 



(1) 7 de Septiembre, de 15 17. 

(2) Páginas 499, 500 y 50 1 . 



EL EMPERADOR CARLOS V Y SU CORTE. 479 

Chiévrcs, el canciller Le Sauvaige y una cohorte numerosa de 
personajes flamencos. 

Desembarcó en España el Rey con todo este nublado de co- 
dicias y ambiciones el 19 de Septiembre de 1 5 1/; y ya en las 
Cortes reunidas en Valladolid en I 5 1 8, pidieron á S. M. los pro- 
curadores de ellas «que el Infante D. Fernando no saliese de es- 
tos reinos hasta tanto que él (D. Carlos) fuese casado y tuviese 
hijos.» A que respondió el Monarca, esquivando todo compro- 
miso, que de ninguna cosa tenía más cuidado que del acrecen- 
tamiento del Infante por lo mucho que le amaba, y todo lo que 
se mandase proveer cerca de su persona sería para su aumento 
y bien de estos reinos. 

Tan lejos estaba el Rey de acceder á lo solicitado en este 
punto por las Cortes, que habiendo ido poco después á Aranda 
de Duero, donde residía su hermano, desde allí mismo le despa- 
chó para Flandcs, acompañado de Mr. de Beurren, mayordomo 
mayor de S. M., que dejó en su cargo á su hijo, que se llamaba 
como él, y de muchos extranjeros y muy pocos castellanos. Par- 
tió el Rey para Aragón á fin de ser jurado, y allí también los 
Grandes del reino pidieron que el día que jurasen á D. Carlos 
habían de jurar al infante D. Fernando, su hermano, por Prínci- 
pe, entretanto que S. M. se casaba. Enojóse grandemente Don 
Carlos por aquella exigencia, y suscitóse recia contienda entre 
los Grandes de Castilla y los de Aragón, viniendo á las manos 
sobre ello, de que resultaron no pocos heridos, hasta que el Rey 
y el Arzobispo Gobernador del reino aragonés consiguieron so- 
segarlos. Graves dificultades encontró el Rey paja su juramento 
lo mismo en Castilla y Aragón que en Cataluña y \ r alencia; mas 
atrepellando por todo, y con el ánimo fijo en salir lo más pronto 
posible de España, preocupado con ceñirse la corona imperial, 
se embarcó en la Coruña el 20 de Mayo de 1 520, dejando estos 
reinos en el mayor desorden y agitación, entregados á las débi- 
les y no concordes manos de los gobernadores, para recibir, tras 
empeñada lucha, de la que salió vencedor, la corona imperial 
de manos de sus electores en Aquisgran el 23 de Octubre de 
1520, verificándose su segunda coronación como P^mperador y 



480 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Rey do Lombardía, mucho después on Bolonia, por mano de Cle- 
mente Vil en 1530. No ora ya por esto tiempo, escribe Juste, el 
adolescente que inscribía en su escudóla modesta divisa Noiidum; 
era el Emperador que anunciaba su glorioso destino por esta 
otra divisa: Plus ultra. Admirábase en él la habitual serenidad 
de su espaciosa frente, la fina penetración de sus ojos, la majes- 
tuosa calma que revolaba su actitud llena de soberana gravedad, 
cual se le contempla en los admirables retratos de Ticiano. En 
su mirada siempre serena ó inmóvil, apenas se podía adivinar la 
más fugitiva huella de las emociones que le agitaban. Reflexivo, 
reservado, expresándose siempre con moderación, inspiraba res- 
peto á todos los que le miraban, conciliándose á la par por su 
dulzura el afecto de los que le servían. 

Había, entretanto, estallado en Castilla la tormenta que ama- 
gaba desde la llegada á España del rey D. Carlos. Hondas per- 
turbaciones en lo civil y económico produjo el movimiento de 
las Comunidades, y por haber seguido su partido muchos de los 
servidores y partidarios del infante D. Eornando, y marchádose 
no pocos á su lado después de la derrota de Villalar, fué éste 
nuevo motivo de recelos y suspicacias del Emperador respecto 
de su hermano, por más que estuviese bien ajeno á todas estas 
rovuoltas ol nieto predilecto del Rey Católico. 

Acabada la dieta de Worms, fué el Emperador á celebrar el 
27 de Mayo de 1$2I las bodas del Infante en Linz con Ana, her- 
mana del rey Luís de Hungría, celebrándose al mismo tiempo 
en este reino las do Luís con María, Infanta de Castilla, hermana 
del César, quien volviendo luego á los Países Bajos, y compren- 
diendo la absoluta necesidad do su presencia en España, partió 
de Bruselas el 24 de Mayo do 1522. En este momento os cuando 
empieza la interesante y amona correspondencia de I). Martín 
<h- Salinas, en la que nos presenta al Emperador y su Corte, no 
con la forma brillante y acabada de un tratado histórico, sino á 
pinceladas sueltas, casi día por día, copiando los personajes del 
natural, reflejando las diversas corrientes de la opinión y dando 
la más deleitable variedad dv noticias y datos útilísimos para 
servir .1 una historia general de aquel tiempo, resultando un con- 



BARCELONA ROMANA. 48 I 

"junto más natural que artístico, más real y positivo que gran- 
dioso y apologético (i). 

A. Rodríguez Villa. 



IX. 
BARCELONA ROMANA. SU PRIMER PERÍODO HISTÓRICO. 

En el plano de Barcelona,- que realza el tomo ni del Diccio- 
nario enciclopédico hispano-americano (2), se destaca vistosísima, 
escalonándose sobre la falda y ladera Sudoeste del Monjuí, mi- 
rando al mar y al faro del Llobregat y en la conjunción de las 
dos carreteras del antiquísimo puerto y de Antúnez, la gran ne- 
crópolis, de cuyo seno, al abrirse recientemente una sepultura, 
han brotado varias lápidas epigráficas y monumentos arquitectó- 
nicos, seguramente anteriores al primer siglo de la era cristia- 
na (3). La carretera del Puerto va en derechura al próximo 
barrio de Hostafranchs , en donde se descubrió, hace quince 
años, el fragmento de un miliario de la via Augusta, erigido en. 
el promedio del primer siglo, imperando Claudio (4). Otros dos 
miliarios reflejan asimismo la vida militar y comercial de la opu- 
lenta Barcelona romana: uno (Hübner, 4955), fué hallado en 
Monjuí y es conmemorativo de Vetranión, asociado en el año 350 
al solio imperial por Constancio II; otro (4956), que vi en Santa 
Eulalia de Ronsana (Aurcntiana) y procuré que fuese cedido al 
Museo provincial (5), es del tiempo de la República. 

Del mismo tiempo, y del de Julio César lo más tarde, es la 
eximia inscripción de Cayo Celio, que nos ha dado á conocer la 

(1) En los números próximos se publicarán las cartas de Salinas. 

(2) Pág. 206. Barcelona, 1888. 

(3) Véanse las páginas 459 y 460 en el presente cuaderno del Boletín. 

(4) Boletín, tomo xu, pág. 361; xvm, 463. 

(5) Boletín, tomo xix, pág. 535. — La distancia de xxi millas romanas 
•corresponde aproximadamente á la de 32 kilómetros que se cuentan des- 
de la estación ferroviaria de Barcelona á la de Las Franquesas, punto 
poco distante de Santa Eulalia de Ronsana. 

tomo xlit. 3 1 



482 



EOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 




BARCELONA ROMANA. 483 

primera erección de las murallas romanas de Barcelona. El estilo 
gramatical del epígrafe me indujo á proponer esta conclusión; 
pero ahora , en vista de la fotografía del monumento, que hoy 
mismo he recibido, enviada por el Sr. Casades, me parece estar 
al abrigo de toda contradicción ó recelo en contrario. 

La piedra fué cortada de una de las canteras del Monjuí, poco 
distantes del cementerio sobredicho; se labró con la figura de 
tabla, característica de los epígrafes barceloneses, midiendo 
1,18 m. de ancho por 0,54 de alto. La altura de las letras alcan- 
za 1 1 cm. en el renglón l.°, 9 en el 2.°, y 8 en el 3. y 4. 

Varios monumentos, no anteriores á los postreros años del 
primer siglo, dan á Barcelona el dictado de Colonia Favcntia 
Julia, Augusta Pía Barcino (1). El de Faventia Julia, indicado 
por Plinio en el año JJ de la era cristiana (2), se ilustra por otros 
parecidos de muchas ciudades españolas, que los tomaron agra- 
decidas á la munificencia de Julio César: Felicitas Julia (Lisboa), 
Libcralitas Julia (Evora), Pax Julia (Beja), Concordia Julia 
(Frejenal de la Sierra), Colonia Julia Romula (Sevilla), Colonia 
Julia Virtrix Triumphalis (Tarragona). A falta de inscripciones, 
que han de buscarse para resolver la cuestión del origen y pri- 
meras edades históricas de Barcelona, la de Cayo Celio parece 
marcar una línea divisoria que ponen de manifiesto los restos de 
la triple muralla de Ampurias, los cuales permiten juzgar de la 
veracidad del relato de Tito Livio (3) y conjeturar las arcanas 
vicisitudes por las que pasó el recinto amurallado de Barcelona. 

Madrid, 29 de Mayo de 1903. 

Fidel Fita. 



(i) Hübner, 4536-4539, 4541-4548, 6149. 
• (2) «Flumen Rubricatum a quo Laietani. In <>ra, Colonia Barcino, 
cognomine Favcntia. Oppida civium romanorum, Baetulo, lluro.» 3, 3, 22. 

(3) «Iam tune Emporiae, dúo oppida erant, muro divisa. Unum graeci 
habebant a Phocaea, unde et Massilienses, oriundi; alterum Hispani. Sed 
graecum. oppidum, in mare expositum, totum orbem muri minus qua- 
dringentos passus patentem habebat, Hispanis retractinr a mari trium 
millium passuum in circuitu murus erat. Tertium genus Romani coloni a 
divo Caesare post devictos Pompei liberos adiecti; nunc in corpus unum 
confusi omnee, Hispanis prius, postremo et Graecis in civitatem Romanam 
adscitis.» xxxiv, 9. 



VARIEDADES 



INVENTARIO 

DE LAS 

ANTIGÜEDADES Y OBJETOS DE ARTE 

QUE POSEE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 



(Continuación) (i). 

355- — Catino ó cazuela de barro cocido, estropeado en sus 
bordes. 
Alto: 0,050 m.; ancho de la boca: 0,080. 

356. — Media boca y asa de una ánfora; en la boca y en hermosos 
caracteres la estampilla de SENTVG. 

})?J. — Vaso de barro rojizo, de cuerpo cilindrico en su parte 
superior. 
Alto: 0,070 m.; diámetro mayor: 0,1 12. 

}?S. — Jarrito de barro, de forma esferoidal, con pie, boca rota 
y asa. 

Alto: 0,13 m. 

359- — Olla de barro cocido, de ancho asiento circular. 
Alto: 0,21 m.; diámetro de la boca: 0,10. 

(1) Véase el número anterior, pág. 321. 



INVENTARIO DE ANTIGÜEDADES Y OBJETOS DE ARTE. 485 

360.— Jarro de barro con asa y asiento plano. 
Alto: 0,195. 

361. — Catinillo con pie y boca recogida de barro rojizo. 
Alto: 0,03 m.; diámetro mayor: 0,05. 

362. — Jarro en forma de bombilios, con asa y boca de pico. 
Alto: 0,08 m. 

363. — -Vaso de forma esferoidal, de boca estrecha y pie circular 
plano. 
Alto: 0,06 m.; diámetro de la boca: 0,035. 

364. — Vasija de cuello estrecho, 'asa y pie plano y circular; rotos 
el cuello y el asa. 
Alto: 0,16 m. 

365. — Otra semejante, también rotos el cuello y el asa. 
Alto: 0,18 m. 

366. — Vaso de barro de forma esferoidal, con asiento plano, roto 
en la boca. 
Alto: 0,060. 

367. — Vaso de boca estrecha y un pico para verter el contenido. 
Alto: 0,05 m.; ancho de la boca: 0,04. 

368. — Cuenta de forma cilindrica con sus dos caras planas con- 
torneadas; es de piedra ó barro muy fino, y está taladrada por 
su eje. 

Hallada en Almería en un pozo de mina. 
Alto: 0,017 m -'> diámetro: 0,021. 

369. — Una caja con fragmentos de vasos de barro rojo con pin- 
turas obscuras de poco mérito; uno de los fragmentos es el 
cuello de un vaso grande, y entre las labores pintadas está la 
cruz llamada suastila. 



486 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

370.— Otra con fragmentos informes y muy rotos en su mayor 
parte, y que proceden de utensilios de barro; algunos tienen 
labores incisas. 

371. — Otra llena de objetos semejantes á los que contiene la 
anterior. 

372. — Tapa discoforme de caja, de barro del llamado saguntino, 
con la impronta del alfarero. 
Diámetro: 0,050 m. 

373. — Ungüentarlo de vidrio blanco. 

Alto: 0,075 m - 

374. — Pátera con pie de barro con círculos concéntricos rojos en 
ambas fases; el pie roto. 
Diámetro: 0,21 m. 

375. — Catino de borde cilindrico prolongado, de barro negro, 
con pie. 
Diámetro: 0,13 m. 

376. — Ollita para ungüentos, de boca muy abierta, algo descan- 
tillada, de barro negro y de tosca factura. 
Alto: 0,04 m. 

377. — Parte inferior de un vaso de barro con relieves de figuras 
humanas y vasos do arte romano perfecto. 
Alto: 0,05 m. 

378. — Parte inferior de un vaso pintado de figuras rojas sobre 
fondo negro; se ve parte de dos figuras humanas, una sentada 
y otra do pie, dos sedes y en el asiento una cabeza de trente. 
Es dudosa la pintura. 

Hallado en Tarragona, debajo del pavimento de la Medusa. 
Alto: 0,065 m - 



INVENTARIO DE ANTIGÜEDADES Y OBJETOS DE ARTE. 487 

379. — Vaso de barro rojo con cuerpo cilindrico en su parte su- 
perior y con líneas contorneadas sencillas. 
Diámetro: 0,105 m. 

380. — Pátera de bordes recogidos de barro rojizo. 
Diámetro: 0,22 m. 

381. — Jafrito de barro negro, tosco, y que ha perdido el asa; 
tiene roto el cuerpo. 
Alto: 0,08 m. 

382. — Pátera de barro rojo con un pie muy bajo. 
Diámetro: 0,21 m. 

383. — irán trozo de teja plana, con reborde; en él grabaron 
con estampilla estas siglas L' O P. 
Dimensiones: 0,25 m. X °> 2 3- 

384. — Trozo de ladrillo con esta inscripción hecha con impronta: 
C • F • SATVRXI... 

Procede de la provincia de Segovia, y lo donó el Sr. Saavedra en 

1893. 
Dimensiones: 0,14 m. X 0,10. 

385. — Disco contorneado de barro, con agujero para colgar; 
. debe ser una tésera. 
Diámetro: 0,034 m. 

386. — Vaso de barro rojizo, de borde saliente y descantillado. 
Alto: 0,08 m.; ancho de la boca: 0,10. 

.387. — Otro semejante. 

Alto: 0,12 m.; ancho de la boca: 0,1 1. 

388. — Copa tosca de barro, con pie, de paredes gruesas. 
Alto: 0,1 1 m.; ancho: 0,12 m. 



488 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

389.— Vaso de barro con la boca recogida y muy descantillada.. 
Alto: 0,06 m.; ancho: 0,14. 

390. — Urna cineraria de barro rojizo, conteniendo restos de 
huesos. 
Alto: 0,20 m.; ancho de la boca: 0,14. 

391. — Urna cineraria de barro, de cuerpo cilindrico, con restos- 
de huesos en el interior. Se halló en la necrópolis romana de 
Carmona en presencia del académico Sr. Fita. 
Alto: 0,21 m.; ancho de la boca: 0,12. 

392. — Urna cineraria, de cuerpo cilindrico, de barro; tuvo senci- 
llas labores pintadas al exterior, y cerca de la boca muestra 
una gráfila de adornos incisos. 
Alto: 0,22 m.; ancho de la boca: 0,17. 

393. — Urna cineraria de barro, de cuerpo cónico truncado é in- 
vertido; boca de reborde. 
Alto: 0,19 m.; ancho de la boca: 0,16. 

394.- — Olla pequeña de barro, de boca de reborde. 
Alto: 0,14 m.; ancho de la boca: 0.12. 

395. — Urna cineraria de barro, de cuerpo cilindrico, boca de re- 
borde muy saliente y roto, con algunos adornos de trazos de 
color en el exterior. 
Alto: 0,15 m.; ancho de la boca: 0,12. 

396. — Urna ú olla de barro, que contiene entre tierra los restos 
de la incineración. 
Alto: 0,16 m.; anchura de la boca: 0,13. 

397. — Ánfora de barro cocido para granos, agua, vino, (4c; rota 
en la boca. 
Alto: 1,10 m. 



INVENTARIO DE ANTIGÜEDADES Y OBJETOS DE ARTE. 489 

398. — -Otra semejante, rota en el vientre y en el fondo. 
Alto: 0,90 m. 

399. — Otra, sin asas ni cuello. 
Alto: 0,70 m. 

400. — Otra, falta del cuello y de un asa. 
Alto: 0,97 m. 

401. — Otra de la misma clase, algo desportillada su boca. 
Alto: 1,03 m. 

402. — Fondo de una urna funeraria de barro, que conserva tierra 
y restos de huesos. 
Alto: 0,135 m. 

403. — Pocilio de plomo, circular, de boca recogida, toscamente 
hecho. 

Hallado en Bolullos (Huelva), y regalado por el académico Sr. Del- 
gado en 1860. 
Alto: 0,021 m.; diámetro del asiento: 0,051. 

404. — Catino ó copa ancha de bronce, con pie y reborde y tres 
orejas con agujero como para colgar. Está doblado y maltrecho. 

Regalo de D. Perfecto Urra; se encontró en Navas de San Juan 

(Jaén). 
Altura del pié al reborde; 0,044 m. 

405. — Catino de hoja de cobre, sin pie, con el reborde muy pro- 
nunciado y en él unos agujeros para colgarlo. 

Hallado con el anterior. 
Altura: 0,028 m. 

406. — Vaso de bronce en forma de cenochoe, con asa adornada 
con un cuadrúpedo, boca bilobulada, el vientre y facetas apla- 
nadas; en la base el arranque de tres topes; roto. 
Altura: 0,155 m - 



490 boletín de la real academia de la historia. 

407. — Lucerna de bronce, de una myxa, contorneada. Entre la 
boca de la myxa y el orificio central tres agujeritos. El asa se 
compone de dos tallos redondeados que so juntan sobre el ci- 
tado orificio. Algo rota en el fondo. 
Altura: 0,033 m -¡ diámetro mayor: 0,065. 

408. — -Lucerna de bronco, contorneada, de una sola myxa, algo 
rota; el asa está formada por un grueso anillo, y encima de éste 
una media luna. En el anulo exterior de arriba grabada una 
inscripción. 
Altura: 0,034 m.; diámetro mayor: 0,060. 

409. — Yasito de bronce con molduras contorneadas, con pie, 
cuello largo y cilindrico, y de forma de giittus sin asa. 
Altura: 0,082 m.; ancho de la boca: 0,018. 

410. — Catinillo de plomo, de fundición muy tosca en la superficie 
exterior; recogido el borde. 
Diámetro de su boca: 0,059 m. 

41 i. — Vaso de cobre en forma de bombilios, pero sin asa, con 
pie y labores contorneadas en éste y en la boca; roto y falto 
de algunos pedazos. 
Altura: 0,127 m -j diámetro de la boca: 0,044. 

412. — Vaso de cobre, muy destrozado y falto de gran parte de 
sus paredes y del fondo; boca con reborde al exterior y re- 
compuesto. 

Encontrado en la posesión del Sr. Marqu ás de la Vega de Armijo, Di- 
rector de la Academia, en su posesión de Bobadilla, y regalado por 
el mismo cu Junta de 3 de Noviembre de 1899. 

0,133 m. <\r altura: 0,065 ancho de la boca. 

413. — Peso ó pondus de bronce, de forma de esfera muy trun- 
cada por ambos polos. En uno de los planos hay una cruz 



INVENTARIO DE ANTIGÜEDADES Y OBJETOS DE ARTE. 49 1 

grabada con puntos, con la marca de que pesa 3.250 gramos 
(diez libras romanas). 

Procede de las excavaciones del cerro de Barañez (Huete), hechas 
por los Sres. Toledo en 1858, y fué adquirido por la Academia 
en 1 86 1. 

Diámetro de dicho plano: 0,068 m.; altura: 0,067. 

414. — Pesa de barro, prismática, con un taladro. En su plano su- 
perior una cruz en hueco y cuatro oquedades, una en cada 
ángulo. 
Alto: 0,159 m.; ancho en su base: 0,1 14. 

415. — Otra, también de barro, con dos taladros, descantillada en 
la base; prismática, de sección paralelográmica. 

Regalo del Sr. Saavedra: encontrada cerca de Peñafiel en 1876. 
Alto: 0,122 m.; lado menor: 0,040. 

416. — -Otra, de barro, redondeada, con dos taladros y una oque- 
dad en su parte superior, de base plana. 
Altura: 0,103 m - 

417. — Otra, de barro, de forma piramidal truncada, descantillada, 
con un taladro, y en la sección superior y en hueco un signo. 
Altura: 0,096 m. 

418. — Otra semejante, descantillada, sobre todo en un ángulo, 
con varios signos incusos en la sección superior y un taladro. 

Procede de Tarragona, como algunos otros. 
Altura: 0,082 m. 

419. — Peso de barro rojizo, prismático, con un orificio y cruz 
incisa en su cara superior. 
Alto: 0,063 m -'> ancho de la base: 0,034. 

420. — Otro de forma piramidal truncada, roto en la mitad inte- 
rior, con un taladro y cruz incisa arriba. 
Altura: 0,005 m - 



492 boletín de la real academia de la historia. 

421. — Otro de forma igual, descantillado, con un taladro y la 
cruz incisa arriba. 
Altura: 0,1 12 m. 

422. — Otro prismático, con taladro, oquedad en el centro del 
plano superior y cruz incisa. 
Altura: 0,134 m. 

423. — Otro también prismático, maltratado, taladro grande. 
Altura: 0,2 12 m. 

424. — Otro piramidal, truncado, maltrecho, con taladro y cruz 

encima. 

Hallóse en Ampurias y lo regaló el Sr. Palucie en 1859. 
Altura: 0,054 m. 

425. — Otro de la misma forma, con taladro y estrella incisa; des- 
cantillado en la base ^-«C^l 
Altura: 0,100 m. 

426.— Otro de la misma forma, con dos taladros. 
Altura: 0,060 m. 

427. — Otro de igual forma, con un taladro y algo roto en una 
arista. 
Altura: 0,092 m. 

428. — Otro prismático, con un taladro é incisos en la sección 
superior estos caracteres H U \ 
Altura: 0,085 m - 

429. — Otro de igual forma, con taladro y cruz incisa. 
Altura: 0,100 m. 

430. — Otro de la misma forma, algo roto, con taladro y cruz 
incisa. 
Altura: 0,108 m. 



INVENTARIO DE ANTIGÜEDADES Y OBJETOS DE ARTE. 493 

431. — Otro semejante, con taladro y estrella incisa. 

Se halló en Tarragona en 1853. 
Altura: 0,1 14 m. 

432. — Otro semejante, con un taladro. 
Altura: 0,100 m. 

433. — Otro semejante, con un taladro. 

Se halló en Tarragona en 1853. 
Altura: 0,105 m - 

434. — Otro semejante, algo estropeado, con agujero y cruz in- 
cisa, con un círculo en el centro de la misma. 
Alto: 0,102 m. 

435- — Otro semejante, maltrecho, con taladro único y cruz in- 
cisa arriba. 
Alto: o, 1 00 m. 

436. — Otro, descantillado, con taladro. 
Alto: 0,104 rn. 

437. — Otro, roto, con taladro y cruz incisa. 
Alto: 0,097 m. 

438. — Otro semejante, con taladro y un agujero en el plano 
superior. 
Alto: 0,095 m - 

439. — Otro, prismático, de secciones paralelográmicas, sin perfo- 
rar. Quizá sea ladrillito. 
Alto: 0,090 m. 

44O. — Otro semejante y también sin taladro. Quizá es ladrillito. 
Alto: 0,088 m. 



494 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

441. — Otro semejante y quizá del uso expresado. 
Alto: o, 95 m. 

442. — Otro, prismático, con taladro y arriba la cruz incisa con 
un agujero en su. centro. 

Alto: 0,097 m - 

443. — Parte superior de otro, con taladro, cruz y círculo central 
en ella inciso. En el círculo de relieve una A. 

Alto: 0,043 m - 

444. — Otro, piramidal truncado, de ancha base, un taladro, 
maltrecho. 

Donativo de D. Luís Bahía en i.° de Junio de 1895. 
Alto: 0,105 m. 

445. — Otro en forma de disco, con taladro. 

Fué regalado por el Sr. Palucie, como procedente de Ampurias, 

en 1859. 
Diámetro: 0,073 m. 

446. — Gran pondus de serpentina, de forma de disco, de mucha 
altura, con los dos planos desiguales, siendo más pequeño el 
de la base. Del superior y de dos anillas de bronce en él fijas, 
sale el asa con sus extremos en figura de cabezas de pato y el 
centro representando dos dedos humanos, también de bronce 
el asa, que es de elegante dibujo. 

Parecí- que pesa 16,232 gramos. 

Procede de las excavaciones que los Sres. Toledo hicieron en el 

cerro de Barañez en 1858. Adquirido por la Academia en 1861. 
Altura: 0,144 m. 

447. — Cuadro con un dibujo representando el trazado de un 
acueducto romano y de varias antigüedades de la misma época 
halladas en León en 1875; firma el dibujo D.Juan deMadrazo. 



INVENTARIO DE ANTIGÜEDADES Y OBJETOS DE ARTE. 495 

448. — Lingote de plomo de base plana y superficie convexa, con 
la inscripción M • P • ROSCIEIS • M ■ F • MAIC. 
Peso: 34 kilos. 

449.— Otro semejante con la misma inscripción. 
Peso: 33 kilos. 

450. — Piedra de molino, redonda, con agujero en el centro, la 
superficie superior algo convexa. 
Diámetro: 0,360 m.; alto: 0,180. 

451- — Otra de la misma forma, sin orificio. 
Diámetro: 0,330 m.; alto: 0,090. 

45 2 - — Otra, con gran orificio, con una cara convexa y otra cón- 
cava, con oquedades en aquélla. 
Diámetro: 0,450 m. 

453- — Otra, sin agujero. 
Diámetro: 0,400 m. 

454- — Fragmento de fíbula de láminas de bronce retorcidas, con 
un pequeño disco á manera de chatón adornado con círculos 
concéntricos. 

Se desconoce el origen. 
Largo: 0,053 m. 

455- — Adorno en forma de media luna, de bronce, apoyada sobre 
una bola, por cuyo centro pasa el eje que acaba en forma de 
rosca. Parece ser remate de un casco. 

Procede de las excavaciones de Tarragona. 1853. 
Altura: 0,057 m. 

456. — Barrita de bronce, rota por su extremo izquierdo y en una 
de cuyas caras se lee entre dos gráfilas de puntos: ATILI • Q • S 
Procede de Tarragona. 1860. 
Longitud: 0,055 m - 



496 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

457. — Gancho de bronce, en cuyo arranque hay un círculo roto, 
y cuyo remate es de forma de cabe/a de clavo. Uso desco- 
nocido. 

Se halló en Tarragona en 1853. 
Longitud: 0,042 m. 

458. — ( )bjeto de bronce, que parece una clava nudosa, y en este 
caso pudo ser de alguna estatuita de Hércules. 
Según un papel en que estaba envuelta, la remitió al P. La Canal don 

Joaquín Carrascosa, de Requena. 
Longitud: 0,070 m. 

459. — Pondúsculo de bronce, de forma de cono truncado; en 
su cara superior una marca (Semun.cia?), y en la superficie 
curva, incrustada de plata como la anterior, esta leyenda: 
C • CAESAR AVG • PP. 

Hallóse en Córdoba, y lo regaló á la Academia D. Manuel Codina en 

Octubre de 1861. 
Pesa 12 gramos y 88 centigramos. 

460. — Hebilla de cinturón, de bronce, de forma ovalada, con 
dos ranuritas paralelas en su desarrollo, rotas las asas. 
Longitud: 0,040 m. 

461. — Gran hebilla de bronce para cinturón, unido por dos char- 
nelas á una placa cuadrada, todo adornado de labores. En los 
ángulos de la placa tres cabezas de clavo, pues falta en uno y 
eh el centro el hueco donde hubo una piedra. 

Se halló en Uxama. 

Longitud: 0,1 12 m.; anchura: 0,054. 

462. — Pinzas de metal, de hojas anchas y planas, rematando en 
reborde. 
Longitud: 0,080 m. 

463. — Fíbula de bronce, semicircular. Conserva la aguja, aunque 
desprendida. 

Descubierta en los desmontes de Santas Gracias, en la línea férrea, 

junto á Espinosa de Henares. 
Longitud: 0,177 m. 



INVENTARIO DE ANTIGÜEDADES Y OBJETOS DE ARTE. 497 

464. — Fíbula casi circular, con su aguja movible, ele metal, y una 
cuenta de tierra verdosa y con estrías. 

Hallada en los desmontes del ferrocarril en Santas Gracias, cerca de 

Espinosa de Henares. 
Diámetro: 0,043 m - 

465. —Cartón en que hay fijos: 
Dos fíbulas completas. 
Tres sin aguja. 

Un pequeño brazalete, cuyas dos puntas rematan en 
botones. 

Dos piezas de hierro redondas. 

Una hebilla de cinturón sin aguja. 

Un objeto retorcido en una extremidad. 

466. — Cartón con estos objetos: 

Trozo de placa con cenefa de puntos y pequeños discos 
relevados. 

Palmeta calada. 

Dos eslabones de collar ó cinturón redondos y con agujero 
circular. 

Cucharilla rota. 

Fíbula sin aguja. 

Trozo de metal de uso desconocido. 

Falo pequeño con asa para colgar. 

Fíbula de brazos retorcidos. 

Dos especies de mamas de cabra con anilla para colgar. 

Tres plaquitas con escotaduras y sujetas por anillas á otra 
•circular común á ellas. 

Especie de pinzas sujetas arriba por una plaquita semies- 
feroidal. 

Todo de bronce. 

4.67. — Cartón con diez y seis objetos ó trozos de objetos de 
bronce, como son trozos de fíbula, de brazalete de placa, 
anillo, etc. 

tomo xlii. 32 



498 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

468. — Cartón con estos objetos de bronce: 
Cinco fíbulas completas. 
Otra con una especie de medio cascabel. 
Cuatro sin agujas. 
Aguja con muelle de fíbula. 
Dos campanilleas. 
Objeto que puede ser una fíbula. 

469. — Anillo de bronce; en la chapa dibujos indefinibles, pero 
que pueden ser dos serpientes delante de un ara. 

470. — Grueso anillo de plomo con piedra ó concha grabada an- 
tigua, redonda, representando á Marte con escudo y lanza y 
la leyenda MARS VLTOR. 

Lo regaló D. Ramón Barros Sivelo, correspondiente en Orense, según 
el cual fué encontrado en el despoblado de las Mourugas, Ayunta- 
miento de Río Caldo. 

4/1. — Anillo pequeño de bronce, muy toscamente labrado; en 
la chapita unas, líneas en forma de espiga. 

472. — Anillo de bronce con chapa cuadrada de resalto, sin labor 
alguna. 
Procede de Tarragona. 

473. — Anillo de bronce de aspecto de labor globular. Muy 
sencillo. 
Procede dé Tarragona. 

474.— Estilo de piedra verdosa clara, roto en el extremo superior. 

Procede de Tarragona y lo regaló el Sr. Hernández Sanahuja en 1861. 
Largo: 0,102 m. 

475.-^— Mango de pátera, de bronce, con dos cabezas de serpien- 
■ ■ t'-s labradas con incisiones; roto en' la otra extremidad. 
Longitud: 0,142 m. 



INVENTARIO DE ANTIGÜEDADES Y OBJETOS DE ARTE. 499 

476. — Fíbula de bronce, compuesta de dos chapas, una de cinco 
lados y otra en forma de hoja de espada, de punta redonda, 
unidas por un medio anillo; falta la aguja. 
Longitud: 0,154 m. 

477.— Otra fíbula igual, pero tiene rota la plancha larga y tam- 
poco queda la aguja. 
Longitud: 0,115 m. 

478. — Aguja de bronce, de ojo alargado. 
Largo: 0,064 m - 

479. — Aguja de bronce, con dos agujeros desiguales en un ex- 
tremo; éste acanalado. 
Longitud: 0,154 m. ■ 

480. — Aguja de bronce para tocado; es puntiaguda, y el otro re- 
mate forma un pequeño disco. Ouizá sea un auriscalpium ó 
limpia-oídos. 
• Longitud: 0,063 m. 

481. — -Letra F de bronce dorado, acanalada en su interior, que 
debió pertenecer á alguna inscripción romana; está soldada en 
su parte inferior. Ambos palos terminan en corte oblicuo. 

Se halló en una excavación junto al muro de Julia Celsa, y en la 

misma excavación se encontraron diez monedas romanas. 
Altura: 0,227 m -; largo del palo superior: 0,111. 

482. — Arete ó brazalete de bronce con diente para abrochar sus 
extremos y en éstos unas ligeras ranuras como adorno. 
Diámetro: 0,057 m. 

483. — Fíbula de hierro, de anillo semicircular adornado de mol- 
durillas, sin aguja. 
Longitud: 0,055 m - 



5<30 boletín de la real academia de la historia. 

484. — Figurilla de bronce, varonil, imberbe, con una especie de 
gorra plana en la cabeza; con ropilla ceñida, acuchillada como 
las anchas calzas ó gregüeScos; tiene unidas las piernas y Le- 
vantado el brazo izquierdo. De la cintura sale una promi- 
nencia. 

Ejecución tosca; puede ser del siglo xv ó principios del xvi. 
Altura: 0,045 m - 

485. — Sello de bronce, con placa cúadrangular y en ella SNSJ 

Según una nota, se encontró en los baños de Alhanje y fué regalado 
por el Sr. Villaescusa en 1854. 

486. — Fíbula de bronce, con su aguja y con anillo semicircular. 
Sobre los goznes de la aguja y dentro de un recuadro una ins- 
cripción romana. 
Longitud: 0,063 m. 

487. — Tres fragmentos de una tésera de bronce, con restos de 
inscripción romana. 

Procede de Bílbilis, donde los halló D. Romualdo Moro. El Sr. Fita 
escribió de este monumento y reprodujo la inscripción en el Bole- 
tín de la Academia, tomo xxm, pág. 520. Lo regaló el Sr. Marqués 
de Comilla-.. 

4S8.— Una cajita con ocho trozos de bronce, que son restos de 
un anillo, de un gancho de cadena y de fíbulas. 
Proceden de Tarragona. 

489. — Glande de bronce en forma de bellota, con asa anular en 
su parte superior. 

Se halló en Tarragona en 1833. 
Altura: 0,030 m. 

490. — Aguja de tocado, de plata, rematando en forma de cayada 
retorcida. 
Longitud: 0,087 m. 



INVENTARIO DE ANTIGÜEDADES Y OBJETOS DE ARTE. 501 

491. — Estilete de bronce, despuntado en ambos extremos, con 
un aplanamiento en su parte central como para cogerlo. 
Longitud: 0,1 10 m. 

492.— Fíbula de bronce, con su aguja, de forma de anillo circu- 
lar que se estrecha en sus extremos; roto uno do estos y el 
otro vuelve en forma de botón; adornada con estrías y líneas 
de punto espirales. Labor elegante, aunque el objeto está 
corroído. 

Procede de la antigua Lancia. 
Diámetro mayor: 0,039 m - 

493- — Anillo de bronce; tiene cinco puntos cuadrados y en línea 
junto á la chapa, y en ésta unas incisiones lineales que no se 
sabe si son caracteres de escritura. 

494. — Anillo sencillísimo de bronce, oxidado, sin chapa ni labor. 

495- — Anillo de bronce con puntos en los extremos desús abra- 
zaderas y chapa con letras romanas. 

496. — Anillo de bronce sin cerrar, que se estrecha en sus 
extremos. 

Procede de la antigua Lancia. 
Diámetro mayor: 0,023 m. 

497. — Anillo de bronce muy sencillo; sobre la placa prolongada 
se ven incisas unas líneas en forma de espiga. 
Diámetro: 0,020 m. 

498. — Dos placas de bronce, unidas por un extremo pegado á 
un asa anular, recortadas, y una de ellas adornada con toscas 
labores en relieve. Debieron servir como puño de una hoja de 
cuchillo, pátera, etc. 
Se halló en 20 de Junio de 1803 en la excavación del huerto de Ca- 
puchinos de Tarragona. 
Longitud: 0,048 m. 



¿02 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

499.— Hembra de un pasador de bronce con orificio cuadrado y 
pendiente de una cadenilla trenzada de cuatro aristas. 
Largo: 0,100 m. 

500. — Dos trozos de bronce dorados en el exterior procedentes 
de alguna estatua. 
Proceden de las excavaciones de Tarragona. 

;oi. —Lámina de bronce plana y estrecha,' retorcida en uno de 
sus extremos, como si formase parte de una fíbula, con rayas 
incisas y recubierta de una especie de barniz azulado. 
Largo: 0,070 m.; ancho: 0,004. 

502. — Instrumento de bronce, quizá para cirugía. Consiste en uri 
tallo que en un remate se engruesa en forma peraltada muy 
prolongada y en el otro en una placa acanalada; rota. 
Longitud: 0,1 14 m. 

503. — Varias cuentas ensartadas en un hilo. Parecen de ámbar 
y están muy corroídas. 
Proceden de los campos de Porcuna (Jaén). 1840. 

504. — Pinzas de muelle, de hierro. 

Halladas cerca de Peñafiel y regaladas por D. Eduardo Saavedra. 
Longitud: 0,070 m. 

505. — Placa de fíbula, circular; consta de una especie de cruz, y 
sobre su centro un tetón que acaba en un plano relleno de es- 
malto blanco; alrededor un anulo dividido en compartimien- 
tos cuadrangulares en que hay círculos, siendo de notar que 
éstos y aquéllos están recubiertos de esmalte de colores azul, 
blanco, rojo y amarillo; el borde exterior de esta curiosa pieza 
está calado por una orla de círculos. 

Se ignora la procedencia, pero estaba entre varios objetos de época 
romana, y probablemente anterior; y esto y el carácter del objeto 
hace presumir mi antigüedad. La ornamentación de esmalte es 
interesantísima si, como parece, el objeto es de aquella antigüedad. 

Diámetro: 0,044 m. 



INVENTARIO DE ANTIGÜEDADES Y OBJETOS DE ARTE. 503 

506.— Campanilla de cobre, cónica, con anilla para colgar. 
Altura: 0,026 m. 

507. — Instrumento de bronce, que termina por un lado en punta 
y por el otro se ensancha y aplana, con corte recto. Quizá fué 
instrumento quirúrgico. 
Longitud: 0,085 m - 

508. — Otro igual, pero despuntado. 
Longitud: 0,065 m * 

509. — Una caja con los siguientes utensilios de hierro muy mal 
tratados: 

Punta de lanza. 

Trozo de espada corva. 

Dos regatones. 

Dos asas huecas de vasija de metal. 

Unas anillas. 

Un clavo. 

Gran fíbula incompleta. 

510. — Fíbula de bronce de puente curvo y en forma de lomo. 
Diámetro: 0.032 m. 

51 1. — Cuatro anillitas de cobre en una caja. 

512. — Fíbula de bronce de puente anguloso. 
Diámetro: 0,045 m - 

513. — Arco ó puente de una fíbula de bronce con lomo de arista. 
Ancho: 0,035 m - 

514. — Un cartón que contiene: 

Una hebilla sin aguja, oblonga: 0,038 m. de ancha por 0,065 
de larga. 



504 . boletín de la real academia de la historia. 

I n arete circular abierto, roto en uno de sus extremos: 
0,045 nl - de diámetro. 

I )os fíbulas sin aguja; una de 0,088 m. de larga y otra 0,080. 

Una aguja de tocado, con los extremos en forma semiesfé- 
rica recubierta de una espiral. 

Estos objetos son de bronce y han sido donados por el académico 
Sr. Marques de Laurencín, quien los adquirió en Segovia. 1902. 

51 5- — Aguja de bronce, de tocador, con remates de glande. 
Largo: 0,058 m. 

516. — Aguja de bronce con cabeza de clavo. 
Largo: 0,134 m. 

517. — Pendiente de oro con labor de hilo retorcido, de forma 
algo alargada. 
Eje mayor: 0,021 m. 

518. — Empuñadura de bronce dorado, y con labores incisas, de 
un cuchillo, de cuya hoja solo se conserva el arranque; remata 
en su parte superior por una cabeza bifronte; de un lado, va- 
ronil con barba y pelo abundante; del otro, femenina con 
bucles; sobre ambas un anillo y á éste unido otro de hilo de 
cobre retorcido como para colgar el objeto. 
Buen arte romano. 

Procede de una mina de oro, que se labró en la provincia de Toledo- 
Altura, sin contar el anillo movible: 0,098 m. 

519. — Punta de lanza, de cobre. 

Hallada en un sepulcro romano en Eguilaz (Álava) en 1832. 
Largo: 0,1 14 m. 

520. — Hierro de lanza, muy oxidado, con dos escotaduras junto 
á su arranque. Despuntado. 
Se halló en las ruinas de la antigua Zalia, provincia de Málaga, entre 

Zafarraya y Vélcz Málaga, en 1840. 
Largo: 0,105 m. 



INVENTARIO DE ANTIGÜEDADES V OBJETOS DE ARTE. 505 

521. — Hierro de lanza muy agudo, con lomos de resalto y muy 
oxidado. 
Longitud: 0,203 m - 

522. — Hierro de chuzo, de cuatro caras. 
Largo: 0,188 m. 

523. — Otro semejante al anterior, pero más destrozado. 
Largo: 0,147 m - 

524. — Hierro de chuzo ó jabalina, en forma lanceolada aguda, 
con mango hueco para unirlo al asta. 
Largo: 0,145 m - 

525. — Hierro de cuchillo, corvo en el lomo y muy oxidado. 
Longitud: 0,146 m.; ancho: 0,030. 

526. — Medio hierro de lanza. 
Largo: 0,1 15 m. 

527. — Punta de dardo, muy destrozarla. 
Largo: 0,088 m. 

528. — Hierro de lanza despuntada y dos regatones, todos de 
hierro, muy corroídos. 
Longitud de la lanza: 0,105 m - 

529. — Hierro de lanza muy prolongado, con mango hueco para 
enhastar, con lomos de resalto. Está doblado. 
Mide, doblado, 0,280 m. 

530. — Otro semejante, también doblado, pero muy oxidado. 
Largo doblado: 0,235 m - 

(Continuará.) 

El Académico-Anticuario, 

Juan Catalina García. 



NOTICIAS 



El día 3 1 de Mayo la Academia celebró sesión solemne, presidida por 
su Director Excmo. Sr. Marqués de la Vega de Armijo, para dar posesión 
á D. Ricardo Beltrán y Rózpide de la plaza vacante por defunción del 
académico de número D. Juan Manuel Montalbán y resignación del electo 
D. Francisco Guillen Robles. El discurso del nuevo académico versó 
acerca del célebre escritor de los siglos xvm y xix, Isidoro de Antillón, 
considerándole como geógrafo, historiador y político. No parece que so- 
bre asunto tan nuevo como interesante se pueda decir más ni mejor que 
lo expuesto con sobria erudición, concertado método y bello estilo por 
el Sr. Beltrán y Rózpide, que al fin de su discurso escuchó justos aplau- 
sos de la numerosa y distinguida concurrencia que llenaba el salón de 
actos. Contestó en nombre de la Academia su Secretario perpetuo don 
Cesáreo Fernández Duro con la maestría que todos le reconocen, exci- 
tando también calurosos aplausos. A continuación leyó una breve Memo- 
ria, que será publicada en el próximo número del Boletín, de la adjudi- 
cación de los premios fundados por los Sres. D. Fermín Caballero y Mar- 
qués de Aledo. 



Conchas prehistóricas de Tenerife. — La prensa periódica de esta isla ( i) 
ha dado cuenta de haberse encontrado, á mediados de Marzo último, en 
una propiedad particular de la jurisdicción del Realejo-bajo, en el lugar 
denominado Zamora, casi á los tres metros de profundidad, una grande 
aglomeración de despojos de diferentes conchas, con señales éstas de 
haber -ido machacadas para aprovechar la parte alimenticia. 

Esos tres metros de que estaban cubiertos dicho-, despojos están for- 



(i) El Valle, periódico del Puerto de la Cruz, número del zz de Marzo de 1903. 



NOTICIAS. 507 

mados por un banco de basalto compacto de bastante profundidad, por 
depósitos de lava indicadores, al parecer, de un extenso período de con- 
vulsión geológica, y finalmente por una capa de ceniza. 

A los dos días de dicho hallazgo se practicaron en el mismo sitio nuevas 
excavaciones en presencia de nuestro entendido y laborioso correspon- 
diente el Sr. D. Manuel de Ossuna, encontrándose otros despojos análo- 
gos, á más de una extensa piedra que por su forma parece haber sido 
destinada á romper las conchas en cuestión. 

Todo ello puede arrojar nueva luz sobre la población primitiva de las 
Canarias. 



El profesor de la Universidad de Tubinga, Dr. Seybold, correspon- 
diente de esta Academia, ha remitido para nuestra Biblioteca dos cua- 
dernos, que comprenden texto y traducción alemana de un cuento árabe 
inédito, del estilo de los cuentos de Las muy una noches. 

La edición, elegante y esmerada, hecha sobre un manuscrito único de 
la Biblioteca de Tubinga, está ilustrada con eruditas notas y reproduc- 
ción fototípica de una página del original, en la que se advierte la voca- 
lización casi completa de todas las palabras con indicios manifiestos de la 
pronunciación vulgar. 

El cuento, que se titula Historia de Asid y Axomul, se reduce á las aven- 
turas de Asul, que va en Dusca de su prima y prometida Axomul, des- 
aparecida misteriosamente en el día en que debía verificarse el desposo- 
rio. Asul abandona su casa y corre en busca de su amada preguntando 
por ella de un modo ingenioso en todos los monasterios cristianos, junto 
á los cuales pasa; y aunque nadie puede darle noticias, y todos le acon- 
sejan que vuelva á su casa, sigue sus viajes con mil peripecias, y por fin 
consigue su objeto. 



Aclaraciones histéricas, publicadas en el diario de Tortosa La Verdad, 
bajo el pseudónimo de Monaldo Escudero, por Juan Bautista Bonfill y Pa- 
latsí. — Darmós, 9 de Mayo de 1903. 

Con este epígrafe va señalada la colección de artículos ilustrativos de 
la historia Tortosina, que su autor, D. Juan Bonfill, cura párroco de Dar- 
mós, ha remitido á la Academia. Da noticia del paradero actual de varias 
lápidas romanas; pero discute su lectura é interpretación con atrasado 
criterio y sin haber consultado la obra de Hübner, ni otras que al caso 
hacían. El artículo más provechoso es el dedicado á investigar el origen 
y fundadón de Hospitalet del l7ifa?ite, edificio gótico, que figura no poco 



508 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

en la historia de la revolución de Cataluña en el año 1640 (1), y del que 
decía Laborde (2), hace casi un siglo, que estaba rodeado de murallas y 
torre-, donde un Príncipe de la Casa de Aragón fundó un hospital para 
los pasajeros, con rentas suficientes para el objeto», que dejó de cum- 
plirse andando el tiempo, porque parte del edificio servía en 1809 para 
posada, parte para lúbrica de vidrio, y lo restante para un capellán que 
gozaba de las rentas. El Sr. Bonfill ha despejado la incógnita, copiando la 
inscripción monumental, fechada en 8 de Noviembre de 1343, que toda- 
vía en caracteres góticos está sobre el dintel de la puerta que^ daba in- 
greso á la más alta torre», y se lee así: 

►2<S Anno Domini m°.ccc .xliii , vi idus Novembris inclitus dominus 
In I fans Petrus, Illustrissimi Domini Jacobi bone memorie Regis | Ara- 
gonum filius, Comes Ripacurcie et montanearum de Prades, pro ani- 
ma I bus nobilium Comitum Impujjriarum] defunctorum, de pecunia ma- 
numiss I orie predictorum Comitqjp, juxta ordinationem sanctissimi in 
Christo pa | tris et domini, DominrT"lementis pape VI, hunc hospitalem 
funda vi t | dotavit et construí fecit ad honorem et laudem ¡ Dei et beate 
virginis Marie sub invocacione beato | rum apostolorum Petri et Pauli. 

El Sr. Bonfill ha enviado posteriormente á la Academia otra colección 
de artículos inéditos, que ilustran con nuevos datos la historia de Tortosa 
y se refieren á la parroquia de Santiago y á los dos Reales Colegios de 
tan insigne ciudad. Ha prometido indagar el paradero de la inscripción 
trilingüe, que fué descubierta hacia el año 1747 por el labrador Juan 
Martí en la villa de Vinebre, y descrita imperfectamente por D. Jacinto 
Gil, párroco de la Torre del Español (3). Pertenece esta inscripción á la 
época de los visigodos, y se presume que del mismo sitio provino la tri- 
lingüe que existe en Tortosa (4) y lleva en su reverso el monograma de 
Cristo. Es fama que la villa de Vinebre fué de antiguo población de he- 
breos, en cuyo distrito deben esconderse muchísimos monumentos, que 
pueden manifestar el arraigo que por ventura tuvieron durante la domi- 
nación romana los judíos en Tortosa y acreditar bajo nuevo aspecto la 
tradición (5) de haber sido primer obispo de esta ciudad San Rufo, discí- 
pulo del apóstol San Pablo. 



(1) Memorial histórico español, por la Real Academia de la Historia, tomos xxi y xxn. 
Madrid, 1889 y 1890. 

\z\ Itinerario descriptivo de las provincias de España, pág. 29. Valencia, 1816. 

(3) Hübner, Inscripthnes Hispaniae christianae, núm. 187. 

(4) lbid., núm. 186. 

(5) España Sagrada, tomo xlh (2. a edición), páginas 49-60. 



NOTICIAS. 



509 



Programa para el concurso que, en cumplimiento del legado que DO±V FRAN- 
CISCO MARTORELL Y PEÑA hizo á la ciudad de Barcelona, abre 
el Exento. Ayuntamiento Constitucional de la misma, . bajo las bases 
siguientes: 

i. a Se concederá un premio de veinte mil pesetas á la mejor obra ori- 
ginal de Arqueología española que se presente en este concurso, si lo me- 
reciere, á juicio del Jurado que se nombre. =2. a El expresado premio será 
adjudicado en el día 23 de Abril del año 1907, festividad de San Jorge, 
patrón de Cataluña. =3. a Se admitirán obras impresas ó manuscritas y 
de autores españoles ó extranjeros, terminando el plazo para la presenta- 
ción en la Secretaría de este Ayuntamiento el día 23 de Octubre de 1906 
á las doce de la mañana. =4. a Podrá estar escrita la obra que se presente 
en el concurso en los idiomas latino, castellano, catalán, francés, italiano ó 
portugués.=5. a La obra deberá presentarse anónima con un lema que 
corresponda al sobre de un pliego cerrado que deberá acompañarse, con- 
teniendo el nombre y domicilio del autor. =6. a Serán jueces ó censores 
en este concurso cinco personas idóneas, que elegirá este Ayuntamiento, 
y será su Presidente honorario el Alcalde Presidente de la misma Corpo- 
ración.=7. a El día 23 de Octubre de 1906, á las doce, se constituirá la 
Comisión encargada de llevar á cabo el legado de D. Francisco Martorell 
y Peña, bajo la presidencia del Excmo. Sr. Alcalde, y procederá desde 
luego á levantar acta de todas las obras que hubieren presentado, y al 
nombramiento del Jurado, ó sea de los cinco censores ó jueces de este 
concurso.=8. a El autor de la obra á quien se hubiere adjudicado el 
premio deberá publicarla dentro del término de dos años, contaderos 
desde la fecha de la adjudicación de aquél, debiendo entregar cinco ejem- 
plares á la Corporación municipal. Si no estuviera escrita en castellano 
deberá traducirla á este idioma para dicha publicación. =En el caso de 
que el autor de la obra no diere cumplimiento á las dos prescripciones 
que preceden, podrá el Ayuntamiento publicarla y traducirla á costas de 
la misma Corporación, reservándose los derechos de propiedad de la obra 
premiada, los cuales en caso contrario corresponderán al autor.=Barce- 
lona, 16 Mayo i902.=El Alcalde Constitucional, Juan Amat.=P. A. del 
Excmo. Ayuntamiento, el Secretario accidental, Gumersindo Colomer 
Codina». 

F. F. -A. R. V. 



ÍNDICE DEL TOMO XLII 



Págs. 
Informes: 

I. D. Juan Bautista Muño:.. Censura por la Academia de su 

«Historia del Nuevo Mundo». — Cesáreo Fernández Duro. 5 

II. Tablas de reducción del cómputo musulmán al cristiano y 

viceversa. — Eduardo Saavedra 60 

III. Dos antiguas relaciones de la Florida. — F. Fernández de 

Béthencourt ■...'.. 62 

[V. Dos basílicas alavesas. — Fidel Fita 68 

V. Inscripción arábiga de Benimaclet. — Fidel Fita 69 

Variedades: 

Hagiografía. El santo asalto de la Duquesa de Alba en 1603. Rela- 
ción contemporánea c inédita 73 

Noticia 80 



Adquisiciones de la Academia durante el segundo, semestre del 

año 1902 81 

Informi>: 

I. Documentos desconocidos sobre el Hospital de ¡a Latina, exis- 
tente en Madrid. — A. Rodríguez Villa 99 

11. La Inquisición, la Compañía de Jesús y el P. Jerónimo Román 

cíe la Higuera. — Ignacio Olavide 107 

III. Monumento erigido al historiador murciano Francisco Cásca- 

les. — El Conde de Roche 119 

IV. Nuevas antigüedades de Cartagena. —Diego Jiménez de Cis- 

neros 129 

V. Nuevas inscripciones. — Fidel Tita 130 



índice. 51 1 

Págs. 

Variedades: 

I. La inscripción arábiga de Benimaclet. — Francisco Codera. . 154 

II. Antigüedades de Orense. — J. M. Bedoya 155 

Noticias 158- 



Informes: 

I. Historia de España. Reparos sobre la traducción de la Ecle- 
siástica escrita por el Cardenal Orsi. — Miguel de la Igle- 
sia Castro 161 

II. Epigrafía romana de Astorga. — Fidel Fita 207 

III. El castillo de Vivero. — Juan Catalina García. 223 

Variedades: 

I. Un sarcófago cristiano del siglo V. — Arturo Vázquez Núñez. 226 
II. Nuevas inscripciones de Jbaliernando, Cumbre y Santa Ana. — 

Mario Roso de Luna 232 

Noticias .' 236 



Informes: 

I. Estudio político militar del Conde de Barcelona Ramón Be- 

renguer III el Grande. — Bienvenido Oliver 241 

II. Relaciones del descubrimiento de las islas de Salomón, tradu- 
cidas al ingles por lord Amherst de Hackney. — Cesáreo 
Fernández Duro 245 

III. Dos viajes regios (lójij-ióóó). — A. Rodríguez Villa 250 

IV. Alanuscritos arábigos en el Archivo general de la corona de 

Aragón. — Julián Ribera 278 

V. Excursión epigráfica por Villar del Rey, Alhambra, Venta de 

los Santos, Cartagena, Logroño y Orense. — Fidel Fita. . . 281 
Variedades: 

Inventario de las antigüedades y objetos de arte qzie posee la Real 

Academia de la Historia. — Juan Catalina García 311 

Noticias 3>7 



Inventarío de las antigüedades y objetos de arle que posee la Real Acá- 

' demia de la ///.r/cvvVT.^-Juan Catalina García 321 

Informes: 

I. Dos viajes regios (Iójq-ióóó). — A. Rodríguez-Villa 369 



5 I 2 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

PágS. 

II. La epigrafía latina en la provincia de Orense. — Fidel Ijita. . 392 

III. Historia de la villa de Baena. — Adolfo Carrasco 401 

IV. Disquisición a¡ crea de la antigua ciudad de Munda Pompeya- 

?ia. — A. Carrasco 405 

Noticias 416 

Informes: 

I. Emanuclc Thc'rcse. — José G. de Arteche 417 

II. Discursos de medallas y antigüedades. — Adolfo Herrera. . . . 426 

III. Don Rosel de Grecia. — Cesáreo Fernández Duro 430 

IV. El Loaysa de El Celoso extremeño. — -José María Asensio. . . 442 
V. Monumentos romanos de San Juan de Camba, Córdoba, Li- 
nares, Vilches, Cartagena, Barcelona y Tarrasa. — Fidel 
Fita 446 

VI. Don Ciríaco M. Vigil y Suárez-Bravo. — Cesáreo Fernández 

Duro 462 

VII. Tapices de la corona de España. — Marqués de Laurencín. . 464 
VIII; El Emperador Carlos V y su corte. (1522-1539.) — A. Rodrí- 
guez Villa 468 

IX. Barcelona romana. Su primer periodo histórico. — Fidel Fita. 481 
Variedades: 

inventario de las antigüedades y objetos de arte que posee la Real 

Academia de la Historia. — Juan Catalina García 484 

Noticias 506 

índice del tomo xi.n 510 



RECTIFICACIONES 



PAGINA 


LINEA 


80 


22 


1 53 


32 


288 


6 


> 


9 


320 


29 



DEBE DECIR 



400 



au 



Li\cinio Li\cinio, P(ublii) /(ilio) [G]al(eria) 

Liciniano Liciniano, hijo de Publio, de la tribu Galería 
Gramatres Gramatxes 



U\sulenius \ 



Us\ulenius\ 



BOLETÍN 



REAL ACADEMIA EE LA HISTORIA 



BOLETÍN 



DE LA 



REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



TOMO XLIII 




MADRID 

ESTABLECIMIENTO TIPOGRÁFICO DE FORTANET 

IMPRESOR I»E LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

Calle de la Libertad, núm. 29 

i go3 



En las uhras que la Academia adopte y publique, cada autor será res- 
ponsable de sus asertos y opiniones; el Cuerpo !•> será solamente de que 
las obras sean acreedoras á la luz pública. ■ 

Estatuto xxv. 



tomo xliii. Julio-Septiembre, Í903. cuadernos mil 

BOLETÍN 

DE LA 

REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 



INFORMES 



i. 

EL EMPERADOR CARLOS V Y SU CORTE. 
(1522-1539) (1). 

CARTAS DE D. MARTÍN DE SALINAS (2). 
1. 

(Al tesorero Salamanca. — Bruselas, i.° de Mayo, 1522.) 

La partida de S. M. (de Bruselas) estaba determinada para el 
dia que por mi carta hube dicho, y después la alargaron para el 

(1) Véase la pág. 468, cuaderno 6.°, del tomo anterior. 

(2) Al dorso de la primera hoja, que está en blanco por el anverso, 
hay escrito lo siguiente de letra del siglo xvi: 

Los nacimientos de los hijos del Rey de Romanos mi señor. 

Isabel. — Nació año de 1526, en Linz, á 9 de Julio, á 4 horas de la mañana. 

Maximiliano. — Nació á i.° de Agosto, año de 1527, á 11 ho'ras y xxx 
minutos después de medio dia, 

Ana. — Nació en Praga, á 7 de Julio de 1528, á cuatro horas de la mañana. 

Hernando. — Nació en Linz, á 4 de Julio de 1529, á tres horas después de 
medio dia. 

Alarya. — Nació en Praga, á 15 de Mayo de 1531, á quince minutos des- 
pués de medio dia. 

Madalcna. — Nació enYxpruque, á 14 de Agosto de 1532.a ocho horas y 
xxx minutos después de medio dia. 

Catalina. — Nació en Viena á 25 de Setiembre de 1533, de mañana, xv 
minutos antes de las cinco. 

Leonor. — Nació en Viena, á 2 de Noviembre de 1534, á las cinco hora- 
de la mañana. 

Margarita. — Nació en Yxpruque, á i0 de febrero de [536, entre tíos y 
tres horas antes del dia. 

Bárbara. — En carta escrita en Praga, -4 de Mayo de 1539, avisa al em- 



O boletín de l.\ real vcademia de la historia. 

viernes siguiente, y esperan un embaxador del Rey de Inglate- 
rra. El para que su venida, no se sabe. Muchos tienen sospecha 
que nuestra partida. 

2. 

{Al tesorero Salamanca.— Anver es, 7 de Mayo, 1522.) 

Lo que después se ha ofrescido es lo siguiente: que S. M. 
partió de la villa de Bruselas para esta villa de Enberes, y la cau- 
sa de su venida se dice que es á lo que las otras veces suele venir. 
El recábelo que llevará no lo se. Aquí es venido un otro embaxa- 
dor de Inglaterra, al qual estaban esperando, y le han hecho y 
hacen mejor acogimiento que solian. Unos quieren decir que 
trae dineros; otros que entreviene en las treguas. No son nuevas 
que por el presente se puede más saber. V lo que más se quiere 
decir es que si es emprestido que demanda el Rey de Inglaterra 
para en prchendas de su dinero dos piecas, las quales son Nyoport 
y drabelingas, y algo más de la redonda. Esto no se entiende 
que se sabe, pero no se puede escusar el dicho á las gentes. 
Así mismo, hoy dia 7 del presente, vino Gaitero con carta de 
crehencia del Mayordomo mayor, y era sobre que hacia saber 
á S. M. cómo los franceses entraban por tierra de Artuns, hasta 
cantidad de xv mil peones y dos mil de caballo, y que venían 
sobre Betuna; pero que en la verdad no era aquel su propósito. 
La calidad de la gente es de paganos de sus fronteras, pero en- 
tre ellos dicen que habrá dos mil alemanes y cuícos; y esto no 
lo pueden muy bien saber. El que los trae es mos. de Bandoma. 
En este estado está esto y con que hacen más mal de lo q ín- 
digo, en que mas como lo tienen de costumbre. Acá se meterá 
el mejor remedio que será posible, pero hacia aquellas partes y 
fronteras no se sabe que haya gente de armas ni creo que en las 



baxador Salinas que tiene una hija más que nació el postrero de Abrí] de 
dicho año, á las tres horas de la mañana, que se llama Bárbara. 

N. I». Este último párrafo es de letra posterior, como de fines del 
siglo 1 6.° 



EL EMPERADOR CARLOS V Y SU CORTE. 7 

otras tampoco. Mosior ele Sistense parte para entender en el re- 
medio. 

Así mismo vinieron ayer cartas á S. M. como por las tierras 
comunes en la partida de Ardcnia en tierra del Duque de Lo- 
rayna y de S: M. habia entrado mos. de Floranja con quinientos 
de caballo y dos mil peones, y habia robado y saqueado ciertos 
villajes y llevaba el botin; de suerte que el dicho mos. de Flo- 
ranja se iba con su presa y envió adelante el peonaje con una 
parte del butin, y como era tarde quedóse á dormir vn un villaje 
con toda su gente de caballo. En este tiempo los villajes robados 
se apellidaron y juntaron hasta 50 de caballo y 500 peones, y 
vinieron sobre el dicho mos. de Floranja, y llegando mataron 
las escuchas, y dieron sobre ellos, y fueron tan apretados que les 
•convino retraerse á las casas y allí les pusieron fuego en que 
■entre muertos y quemados fueron hasta quinientos, y algunos 
presos que serian hasta 60; y entre ellos prendieron á mosiur de 
Biraton, caballero de rescate de xx mil ducados. Entre algunos 
que prendieron fué un page de mos. de Floranja, y fuele traído 
un sayo á mostrar para ver si le conocería, y dixo ser de su se- 
ñor, el qual piensan ser muerto ó quemado; y ansi se tornaron 
•con esta victoria; y con que lo que les llevaron fué casi nada, 
porque lo que algo valia quedaba con ellos. Este mensagero vino 
con estas nuevas. Plegué á Dios sea más cierta que la que truxo 
la del Duque de Gueldes (i), el mensagero que habia dicho la 
nueva del Duque de Gueldes ser muerto; de otros muchos que 
hay aquí que tienen de costumbre de hacer lo mismo; que en 
toda esta tierra no se dice otra cosa sino que cada dia esperan 
á S. A., porque S. AI. le manda volver; y la mayor pena que 
tengo es de responder á estas preguntas. La partida de S. M. 
para Calés vamos haciendo, pero es tan grande la desconfianza 
de estas gentes que allá estaremos y no lo creeremos; y por esto 
no le puedo escribir cosa cierta, mas de que S. M. partió hoy 
para Gante. El Chanciller quedó en Bruselas: inviado Ir han á 
llamar y de prisa á causa deste Embáxador de Inglaterra. 

(1) Gueldres. 



S BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

Yo poso aquí en casa del señor Hernán dianez. Las cosas que 
habían pasado entre el Conde de Aguilar y D. Pedro Velez (de 
Guevara) había escripto parte dellas, las que se habían hecho 
hasta que mi posta partió: lo que después se ha ofrecido es que 
ya le escribí, y agora le torno á escribir porque el proceso vaya 
entero, cómo ha pasado y cómo están en prisión. — Vuestra mer- 
ced sabrá que con hartos dias antes que el Conde de Águila r 
veniese en esta Corte y tierra, se dixo cómo la avanguarda habia 
huido en la batalla de Navarra (i), y desto fué avisado el Duque 
de Xájera de sus servidores ó amigos, y el dicho Duque despachó 
unas cartas con un caballero de su casa, y en la instrucción que 
el 1 >uque le habia dado, decia que dixese á S. M. cómo á él le ha- 
bían escrito las palabras susodichas, y que S. M. podía bien creer 
el contrario, porque no le habian dicho verdad. Este caballero se 
detuvo en el puerto, más de miedo de la mar, que de otra cosa, 
más de dos meses que no pasó, y al fin quedó. Y en este tiempo 
el Conde de Aguilar pasó y dixo á S. M. como habia huido la 
dicha avanguarda. Después de haber dicho estas palabras el Conde, 
llegaron las cartas del Duque, que aquel su caballero como no 
pasó, inviolas á su hacedor del Duque, las cuales palabras dixo 
á S. M. Como el Conde lo supo, pensó que se obiesen dicho por 
lo que él habia dicho, y escribió al Duque una carta en que le 
hacia saber haberlas él dicho, y aun era verdad. El Duque no le 
respondió nada; pero créese que D. Pero Velez traía la respues- 
ta en su pecho. En este tiempo vino D. Pero Velez y fué al Em- 
perador y dixo á S. M. cómo después que él era venido habia 
sabido cómo á S. M. habían dicho lo susodicho, y que él hacia 
saber á S. M. como quien quiera que lo habia dicho, no habia 
dicho verdad. Parece ser que! Conde andaba pesquisando qué 
era lo que D. Pero Velez habia dicho al Emperador; y en este 
tiempo D. Pero Velez escribe al Conde una carta; la sustancia 
della era hacerle saber cómo él sabia que su señoría andaba pes- 
quisando quien hobiese dicho ;í S. M. las palabras susodichas, y 



Dada cerca de Pamplona entre franceses y españoles el último de 
[unió de 1521. Capitaneaba los españoles el Duque de Ñágera. 



EL EMPERADOR CARLOS V Y M CURTE. <) 

que le hacia saber á su señoría que no tomase trabajo de lo saber, 
porque él lo habia dicho; y quel que tal hobiese dicho, no decía 
verdad. El Conde le respondió ser él el que lo habia dicho, y que 
era verdad, y que no le podia á él responder, porque él tenia 
escripto al Duque de Xájera sobrello y tenia prendada su pala- 
bra; pero que en esta Corte habia caballeros que le responde- 
rían. Luego al segundo dia escribió el I). Pero Velez otra carta, 
la sustancia della es: que caso que fuese verdad lo quel decia, le 
hacia saber cómo era mal y ruinmente dicho, v no de caballero, 
como del estado y sangre donde venia, y que esto leharia cono- 
cer, porque lo que habia dicho era contra su Rey y contra su 
patria y parientes y muchos buenos caballeros; de suerte que el 
Conde no respondió y respondió D. Juan, su hermano, y en su 
carta era hacerle saber no ser suficiente el dicho D. Pero Velez 
para hacer campo, porque otro desalío habia hecho y no salido 
con su intención; y asimismo haber perdido la fortaleza de su 
Rey y otras menudencias. Este cartel no se ha habido, pero los 
otros tiene S. M.; y el segundo dia deste mes mandó S. M. al al- 
calde Ronquillo que los prendiese, el cual prendió al dicho Conde 
y le mandó estar en su posada, y á la hora cayó malo de congoxa 
y tiene tercianas. El D. Pero Velez no parece: creen que se pre- 
sentará. Está esto en este estado, pero toda esta Corte está mal 
con el Conde y no les parece bien lo que está dicho. 

El Virrey está aquí: de su partida hay la certinidad, que de la 
del rLmperador no sé cuando será. X. S. dé salud á v. m. y l p 
libre de malos vecinos, como yo deseo. 

3. 

(Para el Infante- -Gqnle, 12 de Mayo T522.) 

Las nuevas que desta Corte yo puedo escrebir son que S. M. 
está á Dios gracias bueno, y los franceses que por mis cartas pa- 
sadas escreví al Thesorero que habían entrado por Artuns,su 
venida habia sido á tomar la villa de Ras, porque ciertas perso- 
nas, en especial un clérigo, les vendian la villa, y este clérigo fue 
preso co*n todas las llaves de las torres y él descubrió el secro- 



io boletín de la real academia de la historia. 

to, y así como no hubo lugar su entrepresa, dieron la vuelta. 
I )'España no hay nueva ninguna, ni menos del Papa (l ) adon- 
de esté, porque á postrero de Marco se supo que llegó en C^ara- 
goca, después acá no han sabido cosa ninguna, ecebto de las 

carias que tiene escripias á los cardenales para que entiendan en 
la paz. Certificar yo la ida de S. M. en España haría yerro, por- 
que aun yo no lo creo. Por saber algo dello dixe al Chanciller (2) 
que para podeílo escrebir á V. A. me dixiese la declaración de 
la ida y pasada en España ó vuelta de Italia. El me respondió 
que él no tenia certinidad de cosa ninguna; que ya sabia su vo- 
luntad y que no me sabia decir otra cosa. Pareció que pude com- 
prehender de sus palabras estar en dubda. De lo que fuere, Y. A. 
será sabidor con toda diligencia. 



4. 

• I '¡va el Tese/ero Salamanca.— De Brujas, ij de Mayo, 
d las diez horas de la noche, de 1522.) 

Lo que después se ha ofrecido es que visto que el Emperador 
se detenia en esta villa algo más de lo acordado, como yo habia 
escrito por mi carta, no embargante que yo no toviese comisión 
para salir de la Corte por ver quel negocio lo demandaba, pare- 
cióme que fuera bueno que pues S. M. se detenia más de lo que 
yo quisiera, de me adelantar para thener hablado al Re)' y Reyna 
de Inglaterra (31. pero mirando, como tengo dichola comisión y 
así mismo ser cosa en que tocaba al Paiiperador tanto y niás que 
á S. A., yo di parte dello al Confesor (4) para ver lo que sobre 



1 1 1 Adriano VI. 

(21 Habian ya muerto en este tiempo los primeros y más famosos Con- 
sejeros del Emperador, Guillermo de Croy, señor de Chiévres, y Juan Le 
Sauvage, canciller de Borgoña, aquél en Worms el iS de Mayo de 1521, y 
éste en Zaragoza el 7 de Junio de 151S. Le reemplazó en el cargo de can- 
ciller el sabóyano Mercurino Arborino de Gatinara, jurisconsulto dé gran 
instrucción y prudencia. 

(3) Pidiendo auxilios contra les Turcos y en favor >\r] Infante. 

(4) Era confesor de] Emperador el monje franciscano Glapión, que 
falleció en Valladolid :i fines de Agosto de 1522. 



El, EMPERADOR CARLOS V Y SU CORTE. 



ello le parecía; y su parecer fue que yo fuera adelante, porque 
sin embaraco pudiese negociar, pero todavía le paresció que yo 
lo hiciese saber al Emperador. Yo hablé al Chanciller por saber 
su parecer sin que él supiese lo quel Confesor decia, y fue que 
era bien acordado de mi ida, pero que se hablase antes á S. M. 
Estando yo indeterminable á causa de ver que mi comisión no 
me daba lugar de salir desta Corte y en la instrucción que della 
me envió, no me mandan hacer otra cosa, visto la gran necesi- 
dad que su demanda requirie de brevedad, fuy movido á lo que 
tengo dicho. En este tiempo que no fue más de un dia, el Con- 
fesor sin ser de mi hablado, mas de lo que tengo dicho, me in- 
vió á llamar á casa del señor Pedro de Salamanca, y me dixo 
cómo él había hablado á S. M. sobrello, y que S. M. le habia di- 
cho que no debia ir sin él, á causa eme mi demanda yendo con 
él ternia más reputación y crédito. 

La partida de S. M. para Ingalaterra estaba determinada que 
habia de ser para xxn deste mesen Calés, pero aquel acuerdo no 
hay apariencia de lo cumplir, pues hacelle saber del dia deter- 
minado no se sabe, pero de irnos no se* dubda. Sélo de persona ■ 
•cierta. 

A 7 deste mes vino posta de Yenecia, del Embaxador (Alonso 
Sánchez) del Emperador, en que dice allienclc de las otras cosas 
que escribía, puso este capítulo en su carta, el cual me clió el Obis- 
po de Falencia (i) para que S. A. lo sepa, no para que por él se 
dexe de hacer cosa ninguna, pero porque es bien que de todo 
sea advertido: segund el capítulo reza no quiere que sea público 
por el clapno que se seguiría. (Decía este capítulo:) «Dicho me ha 
el Duque (el Dux) ele mí á él solo que poclria ser quel Turco no 
hiciese tanto por tierra como la gente piensa, porque el Qafy se 
mueve contra él, pero no me lo han informado de cierto ni Y. Y. 
mande mostrar saber esto, señaladamente que el Duque lo haya 
dicho porque aquí no le hiria bien' dello»... Ha dos días quel Em- 
baxador de Yenecia habló á S. M. Yo oí parte de la habla y era 



(i) El Dr. Mota, personaje muy influyente en la Corte del Emperador, 
en cuya compañía en Flandes había pasado largo tiempo. 



12 BOLETÍN de la real academia de la historia. 

qué! sabia cómo ante S. M. se decía cómo el dapno que los Tur- 
cos habían hecho en tierra de S. A., los dichos Venecianos habian 
seydo la causa: y que él hacia saber á S. M. que nunca tal les 
había pasado por pensamiento; que les habia pesado dello y otras 
muchas salvas. S. M. respondió que así era verdad haberse dicho 
y que él se maravillaba dellos, pues que por amigos los tenia. El 
ilicho Embaxador hizo todas las excusas que pudo. 

I >e España tenemos nueva como Laxao era llegado Jueves do 
la Cena (i/ .Abril) en Vitoria y que el Papa- estaba todavía en 
(^aragoca y su detenida era falta de bastimentos. Lo que después 
se habrá hecho no se sabe. 

5. 

(Para el Sr. Infante.— De Brujas d XVII de Mayo de 1522.) 

Lo que por mi carta yo puedo hacer saber á V. A. es como, 
á I )ios gracias, el Emperador está muy bueno y alegre por las 
buenas nuevas que cada día le vienen de sus exércitos, excebto 
de los Turcos, los quales le dan harta pena. 

6. 

(Para el tesorero Salamanca. — De Brujas á XXII I de Mayo de 1522.) 

Señor, las nuevas que en esta Corte hay son estas. S. AI. 
Dios gracias bueno y alegre , porque hoy en este dia le vino 
posta del campo cómo las cosas de allá iban tan bien que en 
toda Italia no le quedaba embaraco ninguno, excebto el castillo 
<!<• Milán, porque después de los desbarates se sabe cómo los 
franceses que allí habian quedado, habian enviado á demandar 
salvo-conducto para pasar en sus tierras por Cuica y son deli- 
berados de no sostener ninguna plaza. Bien creo questas nuevas 
ya las tienen allá, pero hágoselas saber. — S. M. se parte maña- 
na xxiii para ir á Calés, y esto es sin falta; y en su viaje creo yo 
se deterná cu Ingalaterra, según se tiene por averiguado, lo me- 
nos quel podrá más que haya tiempo y viento para del reino 
poder salir, porque todas las cosas que entrellos se han de con- 



EL EMPERADOR CARLOS V Y SU CORTE. [3 

certar, ya se cree questan, como no les dé embarazo para sus 
fiestas y hacer su viaje. 

S. M. ha ordenado su casa; y hoy día xxn se ha hecho publi- 
cación dello: de la suerte, por entero, no se puede inviar agora 
por la gran prisa, pero con la primera posta lo enviaré. En suma, 
de los thamarlanes españoles no quedaron sino tres: el uno Don 
Jorge (1), y el otro D.Juan de Qúñiga y D. Pedro de Guevara; y 
. otros algunos que sirven en los oficios de la tabla; y los otros que 
quedaron por pensiones, y á los esquieres todos van por pensiona- 
rios, excebto seis que han de servir la vianda, y como más larga- 
mente yo ge lo haré sabei*. Bien creo que podreys pensar que 
habrá algunos quexosos, pero á mí me parece que la buena orden 
más vale tarde que nunca; y aun más le digo, que creo questo 
no es más de comenzar. Juan de Pesquera puede decir que le 
valió la corona, porque tuvo respeto á quien le puso, y creo que 
le baxarán á la Orden de Castilla. 

El Chanciller escribe á S. A. sobre un cierto caso del médico 
de Madama; y porque á mí me han rogado otras personas que 
yo hobiese de escrebir sobrello á S. A., yo lo hago saber á v. m. 
para que miradas las personas que en ello entienden, v. m. vea 
lo que sobrello deben proveer, los susodichos me dieron esta 
minuta para que yo hobiese de escrebir á S. A., la cual yo envió 
á A", m. y no soy deliberado de hacer en ello más de lo que aqui 
digo y v. m. viere que cumple al servicio de S. A. 

Yo hago saber á v. m. que yo tengo mucha vigilancia por sa- 
ber si hay alguna esperanga quel Emperador diese la vuelta para 
Italia, y muchos lo querrían, en especial á los que en ella tienen 
alguna naturaleza; é otros al contrario , así que yo no puedo es- 
cribir cosa ninguna cierta; y si algo fuere, será antes de pasar 
adelante el viaje comenzado, pero ya podría ser todo segund el 
Emperador y Rey se acordaren. 

Lo que, señor, el Chanciller quería escrebir sobre el medien 
de Madama (2), con la gran prisa de la partida no lo ha podido 



(1) Hijo natural del Emperador Maximiliano. 

(2) Se refiere á la mujer del Infante D. Fernando. 



14 boletín de la real academia de la historia. 

hacer, y por ser cosa de encomienda y no por cosa de S. A. no 
se ha solicitado la carta. Yo he rescebido en esta villa á ruego 
del Sr. Alonso de Santagadea á Juan Fernandez de Villadiego, 
el cual v. m. bien conoce; si así subcedieren sus obras como del 
me informan, con su ayuda él será de mí bien tratado; y donde 
no el contrario. Su letra es esa de que escribo. Sabe escrebir 
francés y flamenco. Xo piense v. m. que dexo de escribir de mi 
mano por la pena, sino porque la letra sea más clara que lo es mis 
minutas, en que tengo para mi condición harto trabajo; é así que- 
do á servicio de v. m., rogando á Dios le dé salud como siempre 
yo le deseo. 



(Para el tesorero Salamanca. — De Granuche, á 5 de jamo de 1522 ) 

Yo rescebí la posta de v. m. hecha en el Bogen á quatro deste 
mes en la ciudad de Londres; y quiero por esta darle cuenta 
desde que partí de Brujas de todo lo que ha pasado, porque ha- 
berlo hecho antes no ha sido posible á causa de los muchos tra- 
bajos que hombre ha tenido con venir en este reino, que no es 
muy agradable la conversación del. 

Y. md. tiene letras mias despachadas en la villa de Brujas 
á xvu de Mayo y otras á xxm, el pie en el estribo, y por ellas 
le hice saber todo lo que hasta allí se habia ofrecido. Partió 
S. Al. de la dicha villa á xxv del dicho mes, y diosc tanta prisa 
que á los xxvu fuimos en Calés. Allí fué rescebido S. M. de algu- 
nos señores muy bien, y llegados luego otro dia con el más mal 
tiempo del mundo se determinó y partió. Yo le certifico que 
pasó de tal suerte que no quisiera haberlo hecho. 

Tenia allí el Rey de Inglaterra (i) muchas naos de armada 
para asegurar el viaje. Como la pasada fue así y súpita quedó 
toda la Corte en la dicha Calés por no poder haber tiempo; y al- 
gunos que pasaron no se hallaron bien delJo. De suerte que por 
no tener S. M. bestias ni vestidos se detuvo en Dobra tres dias, 

Enrique VIII. 



EL EMPERADOR CARLOS V Y SU CORTE. I t 

á donde vino luego el Cardenal (i ), y la tierra hallamos mal pro- 
veyda de viandas; de suerte que hasta llegar á esta ciudad de 
Londres hemos tenido harta